Reverón en el mar Caribe, foto del documental de Margot Benacerraf "Reveron". Somos una hemeroteca de textos y otras cosas hermosas, de ayer y de hoy y de mañana también.

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Pablo Neruda: Confieso que violé a una mujer… y no me arrepiento/ por viviana marcela iriart, 27 de octubre de 2017 / “Confieso que he vivido”, Pablo Neruda, Ed. Seix Barral, 2017








“Permaneció todo el tiempo con sus ojos abiertos, impasible”



La víctima fue su joven empleada doméstica, de la casta de los parias, cuando Neruda era diplomático en Ceilán (actualmente Sri Lanka). La víctima tuvo que seguir trabajando para su victimario después del ataque sexual.

Neruda llama a la violación sexual “experiencia” en su autobiografía Confieso que he vivido (pág. 103 en Seix Barral, 2017;  pág. 132 en Losada, 1974).

El libro fue inmensamente alabado cuando se publicó en 1974.  A nadie le importó que su autor confesara ser un criminal sexual. Su poesía era más importante.  En los 70 (¿sólo en los 70?)  una mujer violada sexualmente valía menos que las poesías del Premio Nobel de Literatura.






“Mi solitario y aislado bungalow estaba lejos de toda urbanización. Cuando yo lo alquilé traté de saber en dónde se hallaba el excusado que no se veía por ninguna parte. En efecto, quedaba muy lejos de la ducha; hacia el fondo de la casa.

Lo examiné con curiosidad. Era una caja de madera con un agujero al centro, muy similar al artefacto que conocí en mi infancia campesina, en mi país. Pero los nuestros se situaban sobre un pozo profundo o sobre una corriente de agua. Aquí el depósito era un simple cubo de metal bajo el agujero redondo.

El cubo amanecía limpio cada día sin que yo me diera cuenta de cómo desaparecía su contenido. Una mañana me había levantado más temprano que de costumbre. Me quedé asombrado mirando lo que pasaba.

Entró por el fondo de la casa, como una estatua oscura que caminara, la mujer más bella que había visto hasta entonces en Ceilán, de la raza tamil, de la casta de los parias. Iba vestida con un sari rojo y dorado, de la tela más burda. En los pies descalzos llevaba pesadas ajorcas. A cada lado de la nariz le brillaban dos puntitos rojos. Serían vidrios ordinarios, pero en ella parecían rubíes. Se dirigió con paso solemne hacia el retrete, sin mirarme siquiera, sin darse por aludida de mi existencia, y desapareció con el sórdido receptáculo sobre la cabeza, alejándose con su paso de diosa. 

Era tan bella que a pesar de su humilde oficio me dejó preocupado. Como si se tratara de un animal huraño, llegado de la jungla, pertenecía a otra existencia, a un mundo separado. 

La llamé sin resultado. Después alguna vez le dejé en su camino algún regalo, seda o fruta. Ella pasaba sin oír ni mirar. Aquel trayecto miserable había sido convertido por su oscura belleza en la obligatoria ceremonia de una reina indiferente.

Una mañana, decidido a todo, la tomé fuertemente de la muñeca y la miré cara a cara. No había idioma alguno en que pudiera hablarle. Se dejó conducir por mí sin una sonrisa y pronto estuvo desnuda sobre mi cama. Su delgadísima cintura, sus plenas caderas, las desbordantes copas de sus senos, la hacían igual a las milenarias esculturas del sur de la India. 

El encuentro fue el de un hombre con una estatua. Permaneció todo el tiempo con sus ojos abiertos, impasible. Hacía bien en despreciarme. No se repitió la experiencia.”


Confieso que he vivido (pág. 103)
Ed. Seix Barral

(Fuente del fragmento: Libros Maravillosos)






Cuando en 1978 edité la revista de cultura subterránea Machu Picchu  y publiqué en cada número un fragmento del poema Canto General de Pablo Neruda yo no sabía, porque no había leído el libro, que el Premio Nobel de Literatura había violado sexualmente a una mujer y lo contaba sin arrepentimiento en su autobiografía.

Ahora leí el libro y lo sé. Estoy indignada. Asqueada. Desilusionada.

Quisiera borrar sus versos de mi revista pero no puedo.
Lo único que puedo hacer es publicar su confesión.

Parafraseando a Oriana Fallaci: pobre Nobel, pobre Literatura, pobre humanidad.



EL ARCA EN LOS OJOS DE DON PANCHO, por José Augusto Paradisi Rangel, 2 de agosto de 1994, León, Guanajuato, México

 

Cuando Papá habla de la montaña,
su mirada se enciende. 
Mi madre benéfica sonríe,
todos estamos presentes.
Una neblina instantánea nos envuelve
CATEDRAL DE NUBES No.1


a ese concepto inmaculado de Dios: Francisco José Paradisi Rangel (PAQUITO)
y a la legión de ángeles que le acompañan con profunda extrañeza.


 

¡CUANDO YO ME VAYA ESTA VAINA SE DESTRUYE! sentenció tajante el viejo. Por su cabeza, altiva por el recuerdo de una nobleza incierta que se perdía en los meandros de una historia familiar que remontaba hacía más de un siglo a la lejana Italia y cana a pesar de las constantes arremetidas del BIGUENE negro humo, asistieron uno a uno los días, las horas, los minutos y los segundos transcurridos a lo largo de treinta años derramando con tanto esfuerzo dosis enteras de amor a la famélica protección de una selva en el norte de un no menos olvidado estado del centro de Venezuela.

A esa selva había llegado muchos años antes un suizo "de esos locos que andan por ahí" quien, alucinado por la saga de un tal Barón Humboldt, se vino para América a estudiar dizque "las especies" del lugar. Al contemplar el espectro enorme de seres, animales y vegetales, inmersos en la eterna transparencia melancólica de la neblina, no pudo contener la emoción y de inmediato se sumergió en la vorágine verde para inventariar de nuevo al mundo.

El catálogo se expandía más allá de los números así como su pasión por querer preservarlo. Un día tomó todos sus ímpetus y se presentó ante el mismísimo benemérito Juan Vicente Gómez (el de los 27 años de letargo) cuyos aposentos gubernamentales veían siempre al infinito marasmo vegetal desde la ciudad de Maracay. Con respiración entrecortada propuso al dictador decretar a esos montes del norte de Aragua " Parque Nacional". El senil analfabeta con la desconfianza propia de los andinos tomándose de sus frondosos bigotes replicó: ¿Y con qué se come eso, amigo? Entonces el suizo habló de conservación  sabiendo de antemano que al Benemérito le gustaban las plantas además de vivir en una ciudad verde por su férrea voluntad y que era capaz de poner preso al más pintao si no regaba a diario sus jardines. Logró entusiasmarlo con la idea del Primer Parque Nacional de Venezuela como signo de la modernización del país por él pretendida hasta sacarle de sus parcos labios un "lo tomaremos en cuenta, señor Pittier". Pero, más rápida es la vida que las palabras y el " lo tomaremos en cuenta" se quedó rezagado más allá de la muerte del dictador.

Después de tanto bregar por oficinas ministeriales el suizo vio cristalizada su idea con el nuevo régimen del general Eleazar López Contreras quien el 13 de febrero de 1937 decretó a su selva como "Parque Nacional de Rancho Grande" por una hacienda cafetalera que con ese nombre y hasta ese día subsistió solitaria en la zona. El suizo continuó catalogando plantas y animales, batallando por presupuestos conservacionistas hasta su muerte anegado de tanto esplendor en sus ojos. Años después se le hacía un reconocimiento póstumo decretando al parque, el 24 de marzo de 1953, Parque Nacional Henri Pittier, el primero de su género en el país.

Cuando el viejo llegó al parque ya la cabeza de Pittier miraba impávida, con sus frías pupilas de mármol blanco, a los viajeros que persignándose ante la ermita de la virgen del Carmen situada a su costado izquierdo en lo que llamaban "Estación GUAMITA", proseguían por una estrecha carretera al límite norte del parque: el mismísimo mar Caribe. Ver a los ojos del Pittier pétreo era preconizar un reino en este mundo que se transfiguraba de tanto verde en el más diáfano de los azules en la costa donde los antiguos esclavos, con sus cantos llenos de nostalgia por la pérdida del África original, fincaron el paraíso.

Virgen del Carmen 
Catedral de la Epifanía de la Resurrección de Nuestro 
Señor Jesucristo de Villa de Cura


Inventario Mundi C.I. 313620



El viejo se apasionó instantáneamente del lugar que el Ministerio de Agricultura y Cría con cargo de Perito Forestal encargado del parque en la Estación GUAMITA, le había encargado. Todo allí le recordaba su infancia llena de verdor y animales en la bucólica placidez de los llanos, donde a las vacas se les canta para ordeñarlas y no hay más brújulas que las estrellas mismas en la inmensidad sin norte topográfico de la sabana. A esos llanos llegó un día como peón a trabajar a los nueve años, benjamín de todos los peones, cuando su padre hijo del rico hacendado italiano los había abandonado a él y sus hermanos en el regazo de su madre, una mujer de tez morena que también se llamaba Carmen y de cuyos ojos aprendió el coraje pa´ ganarse el pan sin robá tras abandonar la escuela elemental para leer en los textos mismos de la naturaleza.

Su prodigioso empirismo eliminaba todo término latino por desconocimiento pero, la vasta experiencia adquirida en los llanos había perfeccionado una personalísima taxidermia al llegar al parque donde, al igual que el sabio suizo, se dedicó de nuevo a inventariar el mundo. Así pues; no sabía que el rabipelao era un marsupial americano pero, sí que tiene una bolsa en la barriga pa´ cargá sus crías y sabía de sus hábitos y madrigueras y los apuntaba en sus ojos sin el tamiz chocante de las lentes de las cámaras fotográficas de los gringos de National Geographic. Sabía de las orquídeas y su carácter aéreo y sus esporas y de las culebras y de que pican, muerden. ¡No te metas muchacho bajo las matas de bambú que ahí se esconden esas bichas! Sabía de plantas cuyas hojas por el envés son venenosísimas y por el revés el antídoto mismo. Todos los pájaros del mundo se alimentaron muchas mañanas en sus manos, hasta aquellos de nombres tan singulares como tapaculos, tucusos y chiritos.

Hizo muchas cosas el viejo por su parque. Cada noche los cinco hijos que había procreado con una mujer clara de nombre Elisa, abandonada como él por su padre y maestra de primaria por el destino, lo esperaban ansiosos cuando regresaba de la montaña, previa escala en un bar y con unas polarcitas en la cabeza, para escuchar de su viva voz los sucesos del día. Contaba no solo hallazgos naturales emocionadísimo sino, historias de los seres humanos que por allá pululaban. Una, cuando en los pozos que había construido en GUAMITA para delicia de los acalorados turistas, se iba ahogando uno que al tirarse un clavado se enredó con las ramas de un árbol en el fondo y él sintiéndose Tarzán, se lanzó a salvarlo. Otra cuando sostuvo una discusión enorme con un senador del partido de gobierno que quería consumir a fuerza de su investidura alcohol en el parque y eso estaba prohibido y tuvo que echarlo por sus pistolas recriminándole al envilecido: Ustedes hacen las leyes sólo pa´ que los jodidos las cumplan. Pues, ¡Jódanse ustedes también y aprendan a respetar sus propios entuertos! De todas sus historias la más divertida era la de una enorme serpiente que haciendo digestión cuando dormía en el hueco de un tronco segado le pegó tamaño susto a un guardabosques a quien se le había antojado deponer los frutos de su digestión en privado en ese preciso lugar. Sentado en el rupestre trono sintió algo frío y baboso y corredizo en sus asentaderas,  se despertó con enorme sobresalto  al compás  de las pestilentes  dianas. Con un presentimiento terrible se irguió como rayo, ratificando con horror la presencia del temible leviatán y emitiendo un grito espantoso se fue cerro abajo superando el obstáculo que imponían los calzones a media rodilla. Evento éste, que provocó la carcajada más prolongada del público del lugar.

Los ojos del Pittier pétreo no sólo vieron muchos turistas pasar, diseccionaron además, con la meticulosidad del sabio botánico, sus actitudes traduciendo en ellas los cambios ocurridos en el país desde que la cabeza fuera colocada en el pedestal al lado de la ermita. A la nación campirana con sueños de hacienda y ganado y el aún perceptible perfume de la inocencia en su gente sucedió una nación perversa por la destrucción de la economía petrolera y la mascarada de líderes liliputenses que vociferaban consignas estrafalarias ¡Por una Venezuela libre y de los venezolanos! y el pato y la guacharaca. Cosas que jamás cumplieron sus políticos, escaladores inescrupulosos, cuyos fraudes eran aplaudidos en las arcas de Miami y legalizados hasta el cinismo en los artículos de la propia constitución.

El parque también pasó ante la mirada de los turistas de un paraíso real terrestre y bucólico, donde el hombre se unía a la inmensidad del cosmos, a ser una simple y chistosa postal, a venezuelan souvenir de nuestro venezuelan curious way of life. No importaba que aquel lugar fuera el nido del 7% de las especies de pájaros de todo el mundo una vez al año en su eterna migración del norte al sur y viceversa ni que sus ríos fueran los veneros de un gran lago; ni sus árboles endémicos de 60 metros de altura, ni sus orquídeas, jabalíes, tigres y helechos arbóreos. Nada, al fin y al cabo las oficinas del Ministerio estaban en Caracas y a los señores pulcrísimos y de corbata les interesaba más el escocés en las rocas y un buen camenbert que irse a ensuciar las manos al monte aquel. Sólo al viejo y su cuadrilla de miserables les importaba. ¡Vamos, a jalar escardilla. Hay que limpiá los cortafuegos. Afilá machetes pa´que cuando llegue el verano los incendios no devoren al parque y las lluvias no traigan después la desgracia!

El Corazón de don Pancho, un antiguo electrocardiograma
en época de incendios forestales



El viejo sabía, sin conocer las rimbombancias técnicas de ahora, la enorme fragilidad de aquel extraordinario ecosistema. Fue sistemático en sus cuidados con el indefenso gigante verde hasta el día aquel de su sentencia, a los 65 años, cuando a los de Caracas se les hizo poco el presupuesto para sus vanidades y quitando los fondos para los cortafuegos anuales y otras cosas, encontraron en su apasionada defensa del lugar un escollo; valiéndose de la constitución lo calificaron de obsoleto, ordenaron su jubilación a 70% de la miseria que mensualmente percibía y lo cambiaron por un catrincito ingeniero en parques Forestales graduado en Oregon que sabía mucho de las Rocallosas y del Mount McKinley en la creencia que la gran montaña aragüeña era una simple derivada de éste. Mandaron al carajo toda su fabulosa taxidermia del mundo. Pero el viejo como aquel Vicente Cochocho de Teresa de la Parra cuya alma desconocía el odio. Siendo casi del mundo de los vegetales aceptaba sin quejarse las iniquidades de los hombres...hundido en la acequia o adherido a las lajas, zahiriéranlo o no, seguía como buen vegetal dando impasible sus frutas y sus flores".

La tragedia no se hizo esperar. Al año siguiente de su sentencia, a fines de agosto de 1987, un alud rasgaba los telones del paraíso. La cabeza de Pittier con pedestal y todo, la ermita y su Virgen del Carmen, la floresta misma con sus animales sucumbieron y miles de personas estamparon con su muerte el sello de la desidia en los novísimos cañones que la furiosa naturaleza dejó como recuerdo. El gobierno como siempre censuró toda información y trajo especialistas de Japón a investigar las causas del siniestro. No hubo culpables. Sólo el silencio, sólo el olvido y el arca acumulando minuciosamente las especies en el recuerdo y en los ojos de don Pancho.

Hace un par de años, estando en Venezuela, fui a ver al viejo a quién conocía desde mi infancia en las deliciosas vacaciones de GUAMITA. Pará mi era una especie de Llanero solitario que ejercía la justicia de manera particular, siempre gallardo, siempre héroe. Más allá de mi admiración por él iba la fantasía que despertaba. Aquella noche, que por cierto era de Año Nuevo, lo vi llorar por primera vez. Pensé que era por la muerte de dos de sus hijos: Moravia y Francisco, la mayor y el menor su homónimo perfecto.  Y no era así. Balbuceante me dijo "No es por eso. Todo vuelve a la naturaleza. Todo vuelve a Dios". ¿Entonces?, increpé. ¡Es por no haberles dado mejores caminos en la vida, por eso de la honestidad y la decencia, por esa vaina! ¡He sido un pendejo toda mi vida! Yo no le creí. El héroe de mi infancia estaba intacto. No es pendejo aquél que está cargado de tanto amor y fantasía. Respetando su dolor en silencio, me marché.

Cuando Papá habla de la montaña,
su mirada se enciende.
Mi madre benéfica sonríe, 
todos estamos presentes.
Una neblina instantánea nos envuelve.
CATEDRAL DE NUBES No.2




Hoy me acuerdo de toda esa historia porque las llanuras de Guanajuato lucen hermosísimas con las lluvias, engalanadas de tanto verdor y mi tenor favorito César Ortega acompañado al piano de la diminuta genial Teté Cuevas está cantando con esa insólita sensibilidad mexicana Si nos dejan de José Alfredo Jiménez y el tequila HERRADURA Reposado se me subió al cogote. Hoy me acuerdo que el viejo cumple 73 años de bregar por la vida y la memoria de su sonrisa me estremece: porque es mi padre, la mujer clara mi madre y porque en mi casa diariamente, a pesar de todo," hacemos con las nubes terciopelo".

 


©José Augusto Paradisi Rangel
2 de agosto de 1994, León, Guanajato, México
Cuadros: ©José Augusto Paradisi Rangel
 
 
 











DILUVIO, poema de Natasha Hernández, La Habana, 1988

 



I 

El tremendo diluvio nos obligo 

A cerrarnos a cal y canto 

Y a refugiarnos a la luz mortecina  

De una vela   

 

II 

Los vecinos se sientan en los balcones 

Al fresco 

Y comienzan las conversaciones voladeras 

De balcón a balcón 

Y se puede oír los relatos  

más disparatados 

Te enteras de la vida y milagros 

De las personas  

 

III 

La oscuridad crea una sensación de seguridad 

O de impunidad en la gente 

Como si estuviéramos solos en el universo    

 

IV 

Cuando estamos a oscuras  

Y no llueve 

La oscuridad es más llevadera 

 

 

 

Natasha Hernández

 Escritora y productora teatral cubana

1998 La Habana



Fuente: Armando Africano 

Foto: Internet





Caracas: terror en un teatro a oscuras / por Ibsen Martínez, El País, España, 8 de abril de 2019

 




A mediados de los años 70 del siglo pasado, el boom de precios que siguió al embargo de petróleo que los miembros árabes de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) impusieron a las naciones de Occidente que apoyaron a Israel durante la llamada Guerra del Yom Kippur, tuvo como consecuencia no prevista que Caracas dejase de ser un campamento petrolero de mediano tamaño y se convirtiese al fin en una compleja capital latinoamericana que, bien o mal, entró al fin en conversación con el mundo.

Por el mismo tiempo, las bárbaras dictaduras militares que ensombrecieron por completo el cono sur de nuestro continente, aventaron al mundo a decenas de miles de perseguidos políticos. No exagero al decir que muchos de quienes vinieron a la Venezuela incipientemente democrática de entonces, armados de talento, experiencia y visión, cambiaron para siempre nuestras vidas.

La expresión que mejor describe el impacto cultural de recibir y acoger, masivamente y de golpe, a gente como Tomás Eloy Martínez, Isabel Allende, Juan Carlos Genéo, Ángel Rama, es espabilar. Los sureños nos espabilaron. Uno de ellos fue un visionario, un avasallante actor y director teatral que vino de Córdoba: Carlos Giménez, el hombre que logró que el teatro se convirtiese en alimento primordial de los venezolanos, y en especial, de los caraqueños. Giménez supo convertirse en un bienhechor cazador de renta petrolera al lograr que el Estado subvencionara generosamente un inteligentísimo festival internacional de teatro.

Cada año, en abril,y a partir de 1973, Caracas se veía visitada por grupos como el Piccolo Teatro di Milano, La Fura dels Baus, La Zaranda, el Odin Teatret de Copenhague, La Cuadra de Sevilla, la compañía de Tadeuz Kantor, figuras como Lindsay Kemp, Peter Brook, o Kazu Ohno.

En menos de una década, la confluencia que vengo comentando hizo masa crítica y moldeó la masiva adicción al teatro en todas sus formas que hoy define a los caraqueños y sorprende a los corresponsales de guerra que nos visitan.

Nuestra ciudad no ha renunciado al teatro. Actividad nocturna por excelencia, ni el toque de queda decretado desde hace años por el hampa y, últimamente, tampoco el apagón universal que la dictadura militar corrupta e inepta pretende imponer al país en todos los órdenes, han hecho decaer la afluencia del público a los teatros. 

(...)

Seguir leyendo en El País

Fuente: El País

Nota: la foto de Carlos Giménez, los textos en negritas y los links son un agregado de este blog. 







Marlene Dietrich en las Tablas del Paradisi , exposición virtual de José Augusto Paradisi Rangel/ Argentina-México-El Mundo, 3 de octubre de 2021

 













José Augusto Paradisi Rangel
Contacto
 jparadsir@gmail.com






JOSÉ AUGUSTO PARADISI RANGEL


Querida Viviana te presento algunas de mis Marlenes en las Tablas del Paradisi,  óleos sobre madera de pequeños formatos, producción realizada en la alborada del vuelo de un maldito murciélago chino en los estómagos salvajes del bárbaro y totalitario pueblo de Mao Tse Tung. Exposición que fue pospuesta para mediados de este año.

 

Desde mis años 20 promisorios el drama de El Ángel Azul deslumbrando a Emil Jannings como el profesor Unrat , encarnado por una legendaria Marlene Dietrich es marca indeleble en mi asombro y mi querencia. Ese prodigioso ejemplo de aplastante seguridad femenina ha sido vestal del templo de mis investigaciones estéticas y anímicas sobre el hondo misterio femenino inmarcesible a la constreñida masculinidad, como diría mi Maestra de Canto, la genial María Luisa Tamez, de órganos externos que no sangran ni reproducen en sus entrañas la especie humana a la que pertenecemos. 

El Rostro del Misterio femenino encarnado en la mirada de Marlene Dietrich ha sido visitado y revisitado por mi pincel y mi silencio múltiples veces mientras escucho Lili Marlene y pienso en las desgracias de los autoritarismos y los enloquecidos hijos de Marte.

 

Por otra parte, me pides un breve currículum. Sólo te digo que con casi 40 años de trayectoria artística  en la aurora de mis 64 giros al sol: Nací Niño Gerber 1957 Special Edition en mi pueblo: Villa de Cura, para asombrarme del mundo y los seres que lo habitan. Comprendo que  como Jorge Luis Borges, a quien conocí en su única visita a Caracas en la extinta Librería Lectura, cuando degustó de la mano de Maria Kodama su primer zumo de papaya, que nosotros llamamos lechosa, y abrió sus inmensos y desorbitados ojos azules exclamando ¡Qué cosa linda que es este jugo!, no me enorgullezco de lo creado por mi angustia expresiva, sino del asombro constante y firme de la obra de los otros amanuenses de Dios rebasando geografías, idiomas e ideologías y repitiendo en mi memoria a Susana Rinaldi cantando: A un semejanteEs un asombro tener tu hombro y es un milagro la ternura. Y así, cantando con medio melón en la cabeza, así, hasta el último suspiro quiero seguir reflejado en los otros, como diría Octavio Paz, que me dan plena existencia.

 

Un enorme beso de aquí a las pampas argentinas de este nacido en las puertas de los llanos venezolanos,


José Augusto Paradisi Rangel.


 Ciudad de México, 27 de septiembre de 2021

 


Un cuento y un poema de Natasha Hernández



 






CIERTO QUE...

Mi amigo recogió las cáscaras del plátano que habíamos comido, en el improvisado desayuno, las envolvió en un nylon, camino hacia el frízer y las guardó, en el fondo, bajo mi sorprendida mirada

No me atreví a decir nada para no pecar de indiscreta, pero me alarmaba su conducta. Aquello no tenía sentido, a menos que mi amigo estuviera perdiendo la razón

Cierto que a veces la comida no alcanzaba para saciar el hambre, pero, no era para tanto

Mientras nos tomábamos una taza de café recién colado y conversábamos sobre el vivir diario, mi cerebro buscaba una lógica para aquella actitud: ¿Tendría un pajarito? Miré con disimulo buscando una jaula, agucé el oído esperando algún trino, pero nada

Seguimos charlando y yo observaba buscando alguna anomalía en su forma de comportarse, pero el tiempo transcurría como siempre, sin nada que alterara la cotidianidad. Quise convencerme de lo que había descubierto y con la mayor naturalidad, le dije: ¡Que rico estaba el plátano Jhonso! ¿Me regalas uno? Claro, contestó mi amigo y me puso delante otro, le quité la cáscara con premeditación y alevosía como los asesinos y observé su reacción

Y se repitió el fenómeno: mi amigo con toda parsimonia recogió las cáscaras, se dirigió al frízer y abriendo el nylon las juntó con las otras

Yo no pude más, y le dije: ¿Vas a hacer una sopa de cáscaras de plátano? Mi amigo me miró sorprendido, miró las sobras y soltó una carcajada –No mujer, son para mi suegra. ¡Pero…! ¿No vive en el campo?

Sí por eso le voy a congelando las sobras y una vez al mes se las mando. Me quedé consternada, guardar sobras, congelar... Para enviarlas tan lejos, ¿por qué? Mi angustia comenzó a crecer, mi amigo no podía estar bien, detrás de su normalidad, había un desequilibrio. Claro, no era saludable tener un frízer en la casa, vacío y esto unido a lo demás, había minado la resistencia psíquica del pobre hombre

Discúlpame, Pepe. ¿Pero allá no hay sobras, esa gente no come? ¿Esa gente la está pasando peor que nosotros? Y ¿tu suegra come cáscaras?

¡Claro que no! Son para el puerco que están criando, eso es una ayuda. Respiré más aliviada y levantando la mano, juré que cuanta cascarita me caiga en las manos, la depositaré como gesto de solidaridad en tu frízer.



La Habana, Julio de 1998






DILUVIO

I 

El tremendo diluvio nos obligo 

A cerrarnos a cal y canto 

Y a refugiarnos a la luz mortecina  

De una vela   

 

II 

Los vecinos se sientan en los balcones 

Al fresco 

Y comienzan las conversaciones voladeras 

De balcón a balcón 

Y se puede oír los relatos  

más disparatados 

Te enteras de la vida y milagros 

De las personas  

 

III 

La oscuridad crea una sensación de seguridad 

O de impunidad en la gente 

Como si estuviéramos solos en el universo    

 

IV 

Cuando estamos a oscuras  

Y no llueve 

La oscuridad es más llevadera 

 

 

 

Natasha Hernández

 Escritora y productora teatral cubana

1998 La Habana



Fuente: Armando Africano

















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Carlos Giménez, el último rapsoda en un fractal desorbitado del Paradisi: Rapsodia IV / por José Augusto Paradisi Rangel, Ciudad de México, 3 de septiembre de 2021

 



 

Rapsodia IV


Déjala bailar en paz o Caracas escenario del mundo


La hambruna, la efervescencia política de Polonia, la realidad de aquel país negada en la hegemonía roja de los medios de comunicación erigió en mi memoria los versos de nuestro poeta Francisco Lazo Martí:


“Es tiempo de que vuelvas,

es tiempo de que tornes…

Que tu pecho varonil exornes…”


Un día en medio de una propuesta cerca del Palacio de la Cultura y la Ciencia de contestatarias remeras azul cobalto con las siglas E y A por la espalda, y por delante a nivel del corazón la leyenda: Element Antikomunisticzny tomé la dolorosa decisión de dejar mi amada por siempre Polonia. La multitud de corifeos de un teatro libertario rodeando la horrenda copia stalinista del Empire State Building me envalentonó.


Aeropuerto Okencie de Varsovia vuelo a Frankfurt, de ahí a Nueva York, a Caracas en las extintas alas de Pan American. Nuevo parto. La letra del himno nacional polaco como salmo y renunciable en el corazón cuya posible traducción sería ¡Todavía Polonia no muere mientras estemos vivos! (Misma que me aplico cotidianamente como dosis de opio soñando la reconstrucción de Venezuela después de la pesadilla roja que nos troco en judíos errantes y diáspora hidrocefálica.


Muy delgado, exuberante melena, sandalias, overol malos olores desdibujando al niño de residencia universitaria del Opus Dei que, increíble pero cierto, fui,  un tesoro en el pecho forjado por mis viajes por Europa; y aquella procesión de verano a Grecia, descubrimiento de nuestra naturaleza cósmica mas allá del mal y del bien y la revelación, una noche báquica observando la grandilocuencia marmórea del Partenón desde el Ágora de Atenas, en palabras de Armando Rojas Guardia: de quién era yo al fondo de mí mismo.


Aterrizo en Caracas con un nido de cuervos desordenados en la cabeza, melena más escandalosa que la del actual Dudamel, medusa de mil sierpes sin oficios, beneficios ni proyectos. En el aire una gran expectación. Muy pronto se realizaría el V Festival Mundial de teatro de Caracas. Olimpíada de histriones del mundo entero. Era inevitable, la inclinada pendiente de mis asombros me empinaba finalmente al encuentro con el rapsoda para solicitarle empleo como traductor y guía en lengua polaca. El último rapsoda del teatro del siglo XX era mi destino; el oráculo de Delfos habló en el recuerdo del abrazo de la Gambaro en Maracay y su Teatro de la Ópera. Me esperaba en las oficinas de Rajatabla.


Quizás la encendida pasión que revelaron mis ojos más abiertos que nunca por la cultura polaca y mi periplo lo asombró. Lo cierto es que el bello rapsoda me tomó de inmediato para guía, traductor, asistente y cicerón del portento de Cracovia: Tadeus Kantor. Quizá vio en mi un San Jorge con lanza y armadura para vencer al dragón cuyos requerimientos y fama de difícil eran bocanadas de fuego en las orejas de los productores y realizadores de festivales de teatro del planeta.


Caracas, nuestra amada Caracas en democracia y libertad era una fiesta descomunal y Carlos visionario, con enorme justicia lo repito, la transformó en EL ESCENARIO DEL MUNDO.


El Decano de los rotativos de Venezuela: EL NACIONAL, nos bombardeaba con el arribo de los atlantes del teatro mundial. ¡Maravilla, a diferencia de otros festivales del mundo, todos alojados en hoteles contiguos: El Caracas y el Anauco Hilton cerca del novísimo Ateneo de Caracas, frente a nuestro Teatro Teresa Carreño en construcción! ¡63 teatros en activo en toda la ciudad en extensiones al interior de la República! Al finalizar las funciones cada jornada la gran rumba para festejarlos en el Teatro Permanente también muy cercano, en la antigua sede de la Cervecería Caracas: ¡un night club felliniano y tropical donde la alegría era Alka Seltzer de inextinguible efervescencia!


El soundtrack de ese festival fue sin duda la icónica producción de un auténtico “trabuco” musical en la triada de Chico Buarque de Holanda de Brasil, Willie Colón de Puerto Rico y la cereza del pastel en la voz de nuestra Soledad Bravo. Producción discográfica que produjo el milagro de romperles las férulas que ataban las caderas de cualquier histrión del mundo no nacido en nuestra desorbitada zona tórrida de las síncopas caribeñas.


No es por estar en presencia tuya, mi querido rapaz, pero tú estás mal, estás de lo peor. ¡Son las 10 y el baile está caliente y sigue llegando la gente y tú no la quieres dejar bailar…!


El Ateneo un geiser hiperactivo en pleno corazón de Caracas. Las noticias a todas horas y a deshoras: ¡Ovación de 45 minutos al Piccolo Teatro de Milano por su bellísima producción en comedia del arte de Arlecchino servitore di due padroni, dirigida por Giorgio Strehler, Goldoni soberbio en el Teatro Nacional; Katzuo Oono de Japón a sus 80 baila en la lentitud minimal de la danza Buhto su homenaje a Antonia Mercé en “Admirando a la Argentina” en el Teatro CANTV;  cuarenta y pico de brasileños desnudos estremecieron sambando cuatro horas Macunaíma bajo la batuta de Antunes Filho; que Wozzeck será afeitado en medio del público en la Sala Rajatabla con el Studio K de Budapest con el galanazo de Csaba Oszkay de soldado decepcionado de la Primera Guerra; que Argentina presenta del polaco Tadeusz Rózewicz Boda Blanca con Marilina Ross y Rubén Szuchmacher dirigidos por Laura Yussem ; que Inglaterra presenta una obra sobre los amores de Vaclav Nijinsky y Serguéi Diáguilev llamada “Chinchilla” sobre una cama de arenas de los Médanos de Coro; que llegan de invitados Clive Barnes del New York Times, que Hellen Steward de la Mamma de Nueva York, Skármeta de Chile; que Manuel Puig muy bahiano de gasas y sandalias griegas metedeo y para colmo en el Poliedro va a estar Sting y POLICE, y El Teatro La Candelaria de Colombia con todo y Enrique Buenaventura, Andrzej Wajda y su versión del Príncipe idiota de Fiódor Dostoyevski con Jerzy Radziwiłowicz y Jan Nowicki, y pronto, muy pronto, el ogro mayor Tadeusz Kantor, CRICOT 2 en coproducción con el Teatro Toscano de Firenze.


Después de cada premier una rumba y va de nuez  Soledad Bravo:


Detrás de un hombre triste hay siempre una mujer feliz y tras esa mujer hombres gentiles siempre hay mil…


Y yo desorbitado esperando a Kantor que ya había hecho de las suyas intentando detener un vuelo en el Aeropuerto Internacional de Milán produciendo un cataclismo en el departamento de logística que dirigía Giorgio Ursini Ursic. Carlos preocupado me veía, pero, con fe de que yo podría capotear el toro miura polaco. Faltaba poco para ese thriller que protagonizaría. Mientras me iba al Teatro Permanente a desestresar, mucho ron y Coca Cola y al centro de la sala cantando:


Son las seis y el baile revienta deja a esa negra contenta ¡déjala bailar en paz!


 

José Augusto Paradisi Rangel

Ciudad de México, 3 de septiembre de 2021.