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´DETALLES METAFÍSICOS´ de JOSÉ PULIDO, por Alberto Hernández, 27 de diciembre de 2025

 


 

Ed. Choroní, diciembre 2025


Gabriela Pulido Simne



**´Metafísica: Parte de la filosofía que trata del ser en cuanto tal, y de sus propiedades, principios y causas primeras. Modo de discurrir con demasiada sutileza en cualquiera materia. Lo que sí se discurre´**
**Diccionario RAE**
**En ´Detalles Metafísicos´ los grandiosos espacios de la memoria se reducen hasta alcanzar el prodigio de una sensible verdad de sentimientos (…) la palabra poética al trascenderse a sí misma roza el rostro de la eternidad y convierte lo metafísico en un destello de luz**
**Rodolfo Izaguirre**
1.-
Mirar lo imposible, lo inasible, lo que está más allá de lo físico, lo invisible al ojo común, lo que es posible advertir desde la memoria o desde ese ´destello de luz´ que la poesía le imprime a la existencia. ´El ser en cuanto ser´ o ´el ser y el no ser´ como un cuestionamiento, como el instante ontológico, el que se asoma al espíritu y allí respira: la metafísica, ese más allá de todo, detallada por la curiosidad de quien sabe que ese más allá es parte del instante, del momento en que las palabras se materializan, en el instante en que la voz que estaba apagada resuena para alentar el tiempo y el espacio. Modo de discurrir, como río material, líquido y metafísico de Heráclito, como la corriente que nos inunda y nos ahoga. O como los pensamientos traídos por los sentimientos y añadidos a lo invisible
En este poemario de José Pulido encaramos ambos espacios, ambas inmaterialidades: el ser y el no ser, ese fenómeno que ilustra lo interior, lo que no vemos y puede convertirse en forma, en nombre, en sujeto que respira, en hombre, en mujer, en ese ´prodigio´ que es nacer, el que se consagra a la fe, a ese asunto tan delicado, tan sutil como es soñar desde una existencia intocada.
La poesía será siempre metafísica: un detalle que se aborda desde el vacío y transforma el espíritu, lo renueva o lo borra, porque la poesía –para algunos pensadores- puede ser peligrosa. En nuestro caso, en el que concierne al ser, el poeta recurre al equilibrio o se asoma al abismo. Pero también puede deshacerse de lo sombrío y revelarse iluminada, abierta a todos los sentidos, al alma y al cuerpo. Entonces es Ser. La poesía es un Ser que nos habita, razón por la cual José Pulido, ese incansable constructor de imágenes, de historias y de afectos, se nos muestra con este hermoso detalle donde cabe toda la belleza que lo sostiene, que lo habita sin descanso, porque el poeta no deja de decir, no deja de cantar, de escribir como si conversara con el lector o como si hilara un fraseo diario, cotidiano, extraído de su condición de hombre de la calle, de su casa memorial, de su niñez y su creencia en todo lo que significa la fe en lo eterno, en lo que algún día podremos ver de otra manera, convertidos en polvo metafísico.
Sólo un poeta puede mirar más allá. Sólo un poeta hace visible lo invisible, pero también hace invisible lo visible. Un poeta es capaz de oscurecer o iluminar. Y de ese oscurecimiento emerge la sabiduría, la voz que clama desde la página en blanco y se revela en quien se le aproxima. Vivimos en un mundo extremadamente físico, vulgar muchas veces. Si retomáramos la sombra que nos sigue, seríamos capaces de cantar o contar lo que nos precede. En estos poemas de José Pulido está todo su ser: aquel que lo advierte en plena calle, bajo el sol genovés, pero también bajo la sombra de un árbol de su ciudad natal. Es universal y local. Es detallista de lo que siente y metafísico de lo que sabe ver y decir.
2.-
Soplos cotidianos, poesía coloquial, poesía conversada. El autor es atajado por la vida de todos los días en la que lo metafísico está en las palabras anónimas, en quienes son parte de la audición del autor. Por eso dice: ´Los problemas de la casa/ son los mismos que sufre/ el universo´. He allí ese todo que parte de los familiar hasta convertirse en un aforismo, en una máxima que cabe en la boca de cualquiera que pasee por la plaza Miranda de Villa de Cura o se oiga en un café de Roma. Y mucho más allá de esa expresión, una terrible que también forma del diario devenir: ´…hemos estado fabricando infiernos´, una crítica que no soslaya la realidad de todos los siglos, pero muchos más los actuales donde el averno tiene múltiples caras.
Nuestro autor revisa el ánima de un ser que sueña con un ´negro triste en otoño no es lo mismo/ que despertarse llorando en primavera´. Suerte de giro circadiano verbal en el que la metáfora se desliza hasta ´la zona en donde nada conocemos/ es mejor no pensarla porque existe…´. No se esfuerza la duda en aparecer, como en toda poesía, como en todo intento por encuadrar el mundo.
Su yo interviene y se pluraliza: dos maneras de detallar lo que fue invisible, lo inmaterial. De esta manera Pulido nos avisa en estos versos entrecortados: ´Me he quedado agotando lo profundo (…) lo imaginado ya está en el lugar de llegada (…) La forma del vacío puede ser tan triste (…) hoy tampoco saldremos si te duelen las alas´.
(Como un descanso, el libro nos ofrece en grafemas mucho más grandes una ironía y humor que en algunos poemas se enlaza con el resto de los textos. Dice así: ´Una oración en pleno camino de la lectura donde las galletas María y la Madre de Dios ruegan por nosotros en medio de un bolero en la radio.)
Aquí lo demuestra: ´¿De qué hablas con tu esposa cuando beben café´.
3.-
Instantes simbólicos en esta revisión humana desde la intuición aérea: ´Vi pájaros volando con angustia´, y dice como para él mismo: ´…las voces que hablan de toda materia inverosímil´.
De pronto, aparece el autor de ´La metamorfosis´, quien, de acuerdo con el ensayo de Karl Krispin Kafka paseaba en bicicleta por toda Praga. Aquí Pulido lo convierte en ´Kafka de la guarda´, ángel que se tropieza con Rilke en la puerta de un baño y allí ‘siguieron aguantando las ganas de orinar´. Verso crudo, abierto a cualquier interpretación.
José Pulido no olvida su fe, su creencia cristiana, pero lo hace desde la desnudez de las palabras, desde lo que ya hemos advertido, desde la verdad desnuda de lo diario.
En este segmento de un texto del venezolano podemos leer: ´La mujer ciega va llorando por toda la sala/ desvinculada de la hora del día/ su propia familia ha prohibido/ que se acerque donde hacen los milagros´. La imagen de Jesús es parte de esta breve historia incluida en un poema.
Insiste en esa profusa inclinación bíblica cuando exclama: ´…abundan los mensajes/ en las piedras más calladas´, aquella piedra que era Cristo, como tituló una vez Miguel Otero Silva. Jesús, personaje poético, inmaterial e inmortal, por tanto metafísico, parido por María, de carne y hueso.
4.-
Este es un libro la reencarnación. Un libro que nace y renace. Un libro renacido de las cenizas del silencio. Por eso dice: ´Ninguna pasión es infinita´. No obstante se pregunta: ´¿Qué hacer con el útero?´: la matriz de donde emerge la santidad o el portador del infiero. Y vuelve a ese ´él´ personal que envuelve al lector: ´…los huesos de la nostalgia (…) Estaba lleno de palabras´.
Y para remarcar lo anterior regresa a la infancia, allá en su pueblo donde están los afectos, la memoria y algunos olvidos: ´Los sábados nos escapábamos de la tristeza´, y en una transferencia anímica nos dice: ´Encierro el huracán en un poema/ encierro el dolor en un poema´.
Estos son ´los grandes espacios de la memoria´, como señala Rodolfo Izaguirre. Estos son los detalles metafísicos que José Pulido ha visto, ha descubierto desde la sencillez de los profundo, desde ese precipicio que aparece de pronto y se transforma en palabras.






 

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FEDORA ALEMÁN... única / por Jairo Carthy / Caracas, 15 de Febrero de 2026

 


Las actividades en el Museo del Teclado eran un torbellino de creatividad. Entre los proyectos de la Ópera de Caracas y los de la Dirección de Música, casi no se notaba la diferencia; éramos un solo equipo donde todos colaborábamos con todos. Al menos para nosotros, esa distinción no existía.

 

Además de escribir poesías y convertir la oficina en un "Kinder" (como ya les he contado), también sabíamos trabajar —¡y mucho!—. Uno de esos retos monumentales fue el homenaje a una mujer extraordinaria, ejemplo para generaciones y maestra de  muchos cantantes: la soprano FEDORA ALEMÁN. Estábamos absolutamente emocionados de formar parte de este proyecto.

 

Fedora, caraqueña de nacimiento, fue la primera venezolana en conquistar el mercado internacional con su canto lírico. Fue una pionera que rompió esquemas, pero lo que más nos cautivaba era su espíritu: siempre sonriente, alegre y con una belleza inigualable que conservó intacta a través de los años. Era un privilegio absoluto sumergirse en su mundo para intentar que sus objetos más preciados estuvieran representados en su exposición homenaje.

 

Pero para montar una muestra así, había que empezar por el principio: su casa. Ella con su especial carácter y dispuesta a ayudar nos dice: - Si quieren pueden ir a mi casa y registrar a ver qué les conviene llevarse-  Estabamos sorprendidos de tanta generosidad y camaradería.  Y así lo hicimos, fuimos a buscar y buscar entre las décadas de historia que ella, afortunadamente, había guardado. Entrar en la intimidad de su hogar era algo que nos daba mucho respeto, casi timidez, pero ella nos facilitaba todo con su dulzura:

— Ustedes llévense lo que necesiten; solo pregúntenme si encuentran algo y no saben qué es o a qué pertenece.

 

Encontramos carpetas, sobres, cajas y cajitas llenas de recortes de prensa de todo el mundo, fotografías familiares y escritos personales. Partituras dedicadas a ella por grandes compositores, vestuarios que había utilizado, premios, medallas, condecoraciones y muchas cosas más que contaban la historia de esta genial e importante artista. Salimos de allí con un verdadero arsenal  por lo que decidimos mudar todo ese material a la oficina para analizarlo y ordenarlo con calma, permitiéndole a ella mantener su espacio y su tiempo.

 

Al llegar al Museo con aquel cargamento de cajas y maletas, el primer reto fue: ¿dónde exhibimos los trajes?  Armando, siempre resolutivo, se fue a los depósitos de la famosa tienda Selemar. Allí consiguió un tesoro: un montón de maniquíes que hoy llamaríamos "vintage". Parecían sacados de los años cincuenta; eran verdaderas reliquias con mecanismos internos para ajustar las medidas de busto, cadera, cintura,tallas e incluso la altura. ¡Algo totalmente novedoso para nosotros!

 

Junto a estos, usamos otros más modernos y, al terminar la exposición, el dueño de la tienda quedó tan encantado con la Exposición, que se los regaló a Armando. Por su parte, Fundarte nos prestó las famosas "bateas": unas vitrinas tipo mesitas, perfectas para proteger con vidrio desde un documento hasta una joya siempre bajo llave, evitando que algún "admirador despistado” se llevara un recuerdo.

 

Parte del homenaje, era la producción de un Disco LP patrocinado por Fundarte con piezas memorables de su repertorio. Fue un honor ver que incluían las Bachianas Brasileñas, pues el mismísimo Heitor Villa-Lobos llegó a decir: "Fedora Alemán es la mejor intérprete de este trabajo".

 

Para la carátula del disco, hicimos una sesión de fotos y, como ya era tradición, la responsabilidad del maquillaje recayó sobre mí. Fedora tenía una piel de porcelana a pesar de los años y unos ojos tan expresivos que facilitaban enormemente mi labor. Nos divertimos muchísimo; ella, siempre coqueta y llena de simpatía, nos guiaba entre poses:

— Muchachos, ¡lo importante es el cuello!, decía entre risas y emrojecida, asegurándose de salir impecable. ¡lo importante es el cuello!

 

Un día estábamos reunidos en el museo Ana Cecilia, Nelly, Armando, Corina (la artífice de los detalles creativos más increíbles en este y otros trabajos) y yo, cuando de repente llegó Fedora para ver cómo iba el montaje. Mientras ojeaba los papeles que estábamos clasificando, Ana Cecilia —quien tenía más confianza por ser Fedora la suegra de su hermana Beatriz— le preguntó:

— Fedora, estamos viendo muchos poemas de admiradores de todo el mundo, pero nos llamó la atención este con un título tan raro...

De inmediato, Fedora se sonrojó y comenzó a reír. Todos nos quedamos intrigados. — ¿Cómo se llama el poema?, preguntó Armando. Nelly contestó: — "Las T de FA".

Nuestra diva soltó una risa pícara y muy ruborizada nos preguntó: —¿No entienden?. Y señalándose el busto con total elegancia, remató: — ¡Las T de Fedora Alemán! Es un poema muy bonito.

 

La carcajada fue general. Fue un momento mágico. Efectivamente, ella siempre había destacado por su porte y ese detalle de su anatomía que la hacía tan llamativa y elegante. Por supuesto, pusimos el poema en una de las vitrinas y pasamos semanas vigilando, entre risas, si el público descubría el secreto del título. Era, en verdad, una poesía sutil y muy respetuosa.

 

La exposición fue un éxito rotundo. Todo —la iluminación, los afiches que parecían flotar en el aire, los vestuarios— estaba a la altura de su trayectoria. Fedora se tomó el tiempo de agradecernos individualmente con esa calidez que solo tienen los grandes. Éramos, sin duda, un gran equipo.

 

Lo que nunca imaginamos en aquel entonces fue que, años más tarde, cuando la Ópera ya había desaparecido y cada uno de nosotros había tomado rumbos distintos, el destino cerraría el círculo: Fedora Alemán regresaría al Museo pero esta vez como Directora de Música y del Museo del Teclado.

Y así pasó.

 

Jairo Carthy

jcarthyc@gmail.com

 

 

 Más artículos en: Y ASÍ PASÓ
 
 

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Video de "LA CASA LILA" novela de Viviana Marcela Iriart: Un amor apasionado, erótico, misterioso, entre dos mujeres, acechado por la sombra de los crímenes de la pasada dictadura.

 

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Un amor apasionado, erótico, misterioso, entre dos mujeres, acechado por la sombra de los crímenes de la pasada dictadura.

Verano de los '80. Paola, corresponsal de guerra, viaja a una Argentina atravesada por las heridas de la última dictadura a visitar a su abuela, mecenas de Puerto de Caracoles, un encantador pueblito a orillas del mar fundado por sobrevivientes de las guerras europeas.

Allí se reencontrará con su amigo Fabián, actor, quien la invitará a una fiesta en una casa muy especial: La Casa Lila, habitada por la ceramista Luz y su marido Gabriel, arquitecto.
Esa noche, sin que nadie lo imagine, surgirá un amor que atravesará todos los tabúes y prejuicios . 


Fragmento:
"Esta historia que voy a contarles sucedió hace mucho.
En una época en que hombres y mujeres se desvivían, desolaban, revivían y morían, simbólicamente, por pasiones tan primitivas y lejanas como el amor.
Una época en que el amor se hacía cuerpo a cuerpo, sudor contra sudor, gemido sobre gemido.
Después llegó Internet.
Y la paz a los corazones.
Y el aburrimiento.
Será por eso que mis jóvenes amigas disfrutan tanto con esta historia y me piden una y otra vez que se las cuente".


Esta nueva edición de LA CASA LILA de Viviana Marcela Iriart,  publicada anteriormente en Amazon con gran suceso, surge de la necesidad de hacer más accesibles nuestros libros en América Latina y por eso  la publicamos en autoreseditores.com,  una plataforma colombiana que nos permite tener precios más económicos. 



Viviana Marcela Iriart (1958) es una escritora y entrevistadora argentina-venezolana.
Ha publicado los libros "Entrevistas" (a grandes personalidades de la cultura latinoamericana), "¡Bravo Carlos Giménez!" (rescate del legado del gran creador teatral), "Puerta Abierta al Mar" (teatro) y "María Teresa Castillo-Carlos Giménez-Festival Internacional de Teatro de Caracas 1973-1992" (de lectura gratuita).












"La Muerte Quiere..." nuevo pomario de Beatriz Iriart: video. Ediciones Choroní, 13 de febrero de 2026


 

"ABRAZO DE PALABRAS" de José Pulido: "Este es un libro de la amistad recorrida... un libro de abrazos con palabras, con la memoria intacta del afecto", Alberto Hernández, 8 de febrero de 2026

 





Ediciones Choroní, enero 2026


 

 


1.-

Poemas para varios homenajes. Este es un libro de la amistad recorrida a través de los tantos nombres que estuvieron y están cerca de la sintaxis afectiva del poeta José Pulido. Este, en verdad, es un libro de abrazos con palabras, con la memoria intacta del afecto. El país cultural, el país humano, el país de la poesía, el del teatro, el del canto y la danza, el país recogido en el silencio de un monólogo dialogado, en la conversación poética de quien escribe como si estuviera hablando con el cosmos, con el mundo entero, a través de una habitual sinceridad que atraviesa el tiempo.

Libro de personajes, de nuestros personajes, de los más sensibles e íntimos afectos. Libro donde el abrazo es el sentido más visible de la creación. José Pulido, una vez más, escribe conversando con ese alguien visible e invisible que la poesía crea para hacernos más humanos, más próximos al calor de la existencia. La sencillez, la metaforización del espíritu, el canto de ese hombre que ha conocido la amistad, la existencia de tantos nombres notables por su condición de periodista y de escritor que tiene en la poesía y en la narrativa el poder de decir, de no olvidar, de estar siempre presente en el acento de aquéllos que ya no están pero siguen estando en la imaginación del creador. Esta es una poesía celebratoria. Este es un libro que reconoce, brinda con el nombrado en los versos, suscita una emoción por una vez más estar al lado de quienes una vez fueron amigos, de aquéllos que siguen siendo activos en sus libros, en sus pinturas en sus cantos grabados, en sus fotografías, en sus silencios tan profundos, en la ciudad que indagan en nuestro vivir, en nuestro estar para que ellos continúen siendo el país que no queremos olvidar.

José Pulido es de los pocos poetas que habla de sus más íntimos países, porque cada nombre que menciona, que traza en sus versos, es la multiplicación de las voces que nos representan, de los teatros abiertos a la emoción inteligente, a la invención, al imaginario sagrado de una nación que debe recuperarse desde esos hombres y mujeres que se entregaron por entero a estudiarlo, a construirlo, a hacerlo más sensible, más humano, poético si se quiere, más allá de los dolores, afrentas y discordias.

2.-

En José Pulido tanto la prosa como la poesía encuentran un espacio para celebrar, para conjugar las voces que le darán forma a ese imaginario que no lo abandona: el autor habla, versifica desde lo cotidiano, ahonda en la personalidad del sujeto tratado, como es en este caso que hoy tocamos. Cada personaje homenajeado es un poema de una épica íntima, apegada a la amistad, a un relato que dibuja tanto al ser humano como a la obra que éste ha construido. Pulido escribe desde el arte del otro, desde ese arte que es de todos, porque ser escritor, pintor, figura de la danza, cantor, ensayista, director de teatro, dramaturgo convierte al creador en un todo que ya no se pertenece. Es ya no es él, es quien lo crea desde el poema. Y ese él es el otro que lo celebra, que se celebra desde él mismo. Las palabras son sensaciones, como las que expresan las creaciones artísticas. Por supuesto, José Pulido le escribe a sus cercanos, a quienes se lo merecen, no puede hacerlo para celebrar la fealdad, los malabarismos de la perversión de algunos que se dicen artistas.

3.-

En este ´Abrazo de palabras´ están, entre otros, que aparecen como referentes, María Teresa Castillo (quien es celebrada desde un corto reportaje, crónica poética que la describe desde su labor como propulsora del arte de otros); William Niño Araque, Bárbaro Rivas y su Petare, Abilio Padrón (en un soneto), Morella Muñoz, Sadel, Ana Enrique Terán, Manuel Puig, Cabrujas, Viviana Marcela Iriart, Caupolicán Ovalles y José Ramón Medina, María Kodama, Elizabeth Schön, Sonia Sanoja, Luis Brito, Hanni Ossott, Harry Almela, Alberto Hernández, Marilyn Monroe, María Félix, Arthur Miller, Miguel von Dangel, Rafael Cadenas en varios poemas, Salvador Garmendia, Manuel Caballero, Lyl Barceló Sifontes, Armando Rojas Guardia, la ciudad de Caracas, Rodolfo Izaguirre, Asdrúbal Colmenárez, Palomares, Isaac Abraham López, Luis Pastori, Eugenio Montejo también en varios poemas, Ramón Ordaz, Juan Liscano, Rafael José Muñoz, César Dávila Andrade, Frida, Reverón, Carlos Ayesta, Elisa Lerner, Carlos Giménez, el Ávila, Cabré. Es decir, aquí está parte del país sensible. Aquí esta ese abrazo que las palabras de José Pulido se han convertido en poesía.

(Este poemario fue publicado por la editorial Choroní, en enero de 2026).

 

©Alberto Hernández





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Jairo Carthy, actor para siempre: hacer teatro por el gusto de hacerlo, entrevista de José Pulido, Letralia, domingo 25 de enero de 2026

 

 

Jairo Carthy: “Durante más de treinta años estuve activo como actor, teniendo el privilegio de ser dirigido por los más prestigiosos creadores de esa época”.

El palo mayor de la balandra Isabel marca sobre el cielo el tardo vaivén del puerto adormilándose en la penumbra del atardecer.

Un marinero, cansado y alegre, se apoya en la barandilla mohosa, rota por las olas, y silba una canción que oyó hace mucho tiempo.

Ese es un fragmento del cuento “La balandra Isabel llegó esta tarde”, que escribió Guillermo Meneses, autor venezolano siempre vigente. A partir de ese cuento se generó una nueva y gran vivencia para el teatro venezolano, aunque quizás nunca se supo con certeza y Guillermo Meneses apenas lo habrá pensado.

En ese cuento se interesó Bolívar Films para hacer una película y logró captar para una coproducción a los cineastas argentinos Carlos Hugo Christensen y Enrique Faustin, cuya empresa se llamaba Chrisfa. La película se rodó en 1949 y se estrenó en 1950.

Fue dirigida por Carlos Hugo Christensen, cuyo asistente de dirección era el joven actor Horacio Peterson. Se rodó con guion de Aquiles Nazoa, música de Eduardo Serrano y protagonizada por Arturo de Córdova, Virginia Luque, América Barrio, Juana Sujo, Tomás Henríquez, Néstor Zavarce y María Gámez.

El joven Horacio Peterson fue alumno del pionero del teatro moderno en Chile, Pedro de la Barra. Su nombre era Horacio Collao, pero en el arte se consideraba hijo de don Pedro de la Barra y por eso escogió Peterson como apellido.

La balandra Isabel llegó esta tarde y trajo a Horacio Peterson: esa es la síntesis de un inicio que transformó el teatro venezolano.

 

Horacio Peterson encontró a Jairo Carthy

Horacio Peterson era un hombre teatro, un prodigio de la actuación, un maestro de la escena. Cuando llegó a Venezuela desde Chile, ya había protagonizado películas y había estado en varias obras de teatro. Actuó, dirigió, escribió y enseñó. Su vida fue una entrega al arte de la actuación. Él llevó a Carlos Giménez a Venezuela. Es obvio que el teatro venezolano contiene en su carisma esencial la exigente genética artística de Horacio Peterson.

Jairo Carthy dice algo que define muy bien lo que fue Horacio Peterson: “A Peterson había que reconocerle que te sacaba temperamento, volumen en la voz y fuerza interpretativa como fuera, gracias a esas técnicas vencí mi timidez e incluso llegué a hacer trabajos que nunca pensé que pudiera hacer y que nadie se atrevía a hacer”.

Jairo Carthy fue uno de los alumnos de Horacio Peterson. Es decir: fue uno de los seres elegidos y seleccionados para apasionarse eternamente por el teatro y dedicar su vida a la escena. Jairo ha cumplido al pie de la letra con ese designio.

La belleza como inspiración, la búsqueda de una expresión bien acabada y muy elevada en la actuación, han sido acompañantes de Jairo en su pasión por la actuación, en su alma vertida hacia el escenario.


Su devoción por la actuación y su entrega a esa existencia en la escena definieron su vida. Actualmente se dedica a escribir y a continuar su trabajo como diseñador. Ha publicado un libro que es memoria preciosa: Cómo soportar la vida con humor: las confidencias de un actor, una visión de lo que ha sido el arte de la actuación en Venezuela, una muestra de lo que se ha hecho y al mismo tiempo una narración fluida y optimista de todo lo que ha debido resolver para convertirse en actor y realizar una vida profesional en ese sentido.


Ediciones Choroní, 2025.
De venta en Amazon y en autoreseditores.com




Ese libro es una obra escrita con desenfado, precisión y hondura. El libro lo ha publicado la agrupación Escritoras Unidas & Cía. Editoras. Esa editorial generó el nacimiento de Ediciones Choroní, donde Jairo realiza diseños que reflejan su talento y dedicación.

Leer ese libro es enterarse de muchas intimidades importantes para conocer en profundidad el cuerpo y el alma del teatro venezolano. Para que se tome en cuenta la vida de un actor que lo ha dado todo por la escena y el arte, he aquí la entrevista con Jairo Carthy.

 

El dramaturgo y director José Ignacio Cabrujas junto con Jairo Carthy, durante un ensayo de la obra teatral Fiero amor, de 1989.



Trabajar con Palacios y Cabrujas

¿Puedes contar un poco tu experiencia con la ópera y el teatro?

Mi experiencia en el teatro ha sido lo mejor de mi vida. Fui alumno de Horacio Peterson, debuté con él y durante más de treinta años estuve activo como actor, teniendo el privilegio de ser dirigido por los más prestigiosos creadores de esa época. Es lo más importante que he realizado: tener una trayectoria en teatro y también en cine.

Comencé a trabajar en la Fundación Mito Juan Promúsica, destinada a la promoción de artistas de música clásica y a llevar sus carreras a un plano internacional. Fue creada y desarrollada por Mariangelina Celis, quien estuvo al frente durante muchos años, y yo a su lado apoyándola y aprendiendo, logrando que artistas de la talla de Abraham Abreu, José Francisco del Castillo, Harriet Serr, Antonio Bujanda e Isabel Palacios, entre otros, lograran su internacionalización.

En ese entonces conocí a Isabel Palacios, y como las actividades de Mito Juan finalizarían, me ofreció un cargo importante para trabajar con ella y con José Ignacio Cabrujas en la recién creada Ópera de Caracas. Acepté de inmediato; sentía que trabajando con ellos estaría un poco más ligado al teatro, y así fue.

Durante los años que duró la compañía aprendí muchas cosas: no sólo a entender y valorar cada título y compositor, sino lo difícil que era cantar de acuerdo a la tesitura que exigía cada partitura. Eso lo vivía a diario, pues teníamos el Taller Permanente de la Ópera de Caracas, donde se formaron muchos cantantes que luego hicieron una carrera profesional.

La ópera, sin duda, fue una gran escuela, y lamentamos mucho cuando se terminó. De la misma manera que un día Fundarte la creó, de un día para otro se terminó. Lo más triste es que el último montaje, que fue Don Giovanni de Mozart, tuvo un éxito sin precedentes. La puesta en escena de Cabrujas, la escenografía de José Salas y todos los que participaron en esa superproducción —cantantes, actores, coros, figurantes—, hicieron de ese montaje algo grandioso. Nunca nos imaginamos que, al caer el telón de la última función, sería el final de varios años de trabajo constante y superación.

 

¿Puedes hablar de tu colaboración y amistad con Cabrujas?

A José Ignacio Cabrujas lo conocía de lejos por mi trayectoria como actor. Lo admiraba no sólo como dramaturgo, sino como actor; verlo en La revolución junto a Rafael Briceño fue algo increíble. Estar presente en la noche del estreno mundial de El día que me quieras, de su autoría, interpretando el personaje de Pío Miranda, fue un privilegio que sólo pocos pudimos tener, pues el personaje era de Fausto Verdial y él retomó la temporada luego de recuperar su salud. Esa interpretación, y otras tantas, marcaron una admiración y respeto por él, sin imaginar que el destino me tenía preparada la sorpresa de conocerlo, convivir y hacer muchas cosas juntos.

Al trabajar en la Ópera de Caracas hicimos una amistad. Él había visto varios trabajos míos como actor y, por supuesto, para mí era muy importante trabajar con él. Allí, en la ópera, yo siempre estaba atento a lo que necesitaba, iba a los ensayos y aprendía.

Él tenía una relación con Isabel Palacios y, cuando se terminó la ópera, me fui a trabajar con ella en la Camerata de Caracas. Isabel y yo trabajamos juntos por más de cuarenta años, pero en la primera etapa de la Camerata no teníamos sede y por ello funcionábamos en la casa de Isabel. Los ensayos se hacían en una de las salas del Teatro Teresa Carreño. Ya José Ignacio e Isabel se habían casado y él tenía su estudio en esa casa. Gracias a ese trato diario y a la convivencia en esa casa, fui conociendo a un José Ignacio muy distinto al que se paraba a dirigir una ópera o una obra de teatro. Era muy tímido, muy genial y a veces muy torpe para muchas cosas; allí estaba yo dispuesto a ayudarlo y tenía una ternura increíble que contrastaba con esa voz de bajo profundo que tenía.

Nos llevábamos muy bien. A veces recibía personas en la sala y echaba cuentos y anécdotas, y yo me quedaba embelesado oyéndolas, aun teniendo cosas importantes por atender. Era increíble oír sus historias. Llegamos a tener una amistad tan grande que hasta su luna de miel con Isabel la dejó en mis manos; yo planifiqué todo para que fuera un viaje inolvidable desde que salieran de la recepción de la boda. Conocí al Cabrujas cocinero: era su verdadera pasión, siempre me lo decía: “Para mí es lo más importante y lo que más disfruto de la vida”. A veces me invitaba a almorzar, nos servíamos un whisky y, mientras cocinaba, hablábamos de muchas cosas, nunca de teatro. Por supuesto, los platos que hacía eran de un nivel sorprendente, muy elaborados; tenía una sazón exquisita. Era todo un chef que cuidaba al máximo los ingredientes; todo tenía que ser de primera calidad. Era todo un ritual sentarse a comer lo que había preparado.

Hicimos muchos planes juntos, unos se concretaron y otros no. Su muerte fue tan inesperada; tenía tanto que dar y estaba en su mejor momento como escritor de telenovelas, había muchos países que deseaban trabajar con él. Dejó un vacío enorme en muchos aspectos: como escritor (tenía varias columnas en la prensa y yo lo ayudaba en la logística del envío, etc., eran otros tiempos), como dramaturgo, como director, como amigo y como padre. En fin, era todo un artista. Qué bueno que lo pude conocer, disfrutar y aprender.

 

Escribir y diseñar

¿Estás escribiendo teatro aparte de los artículos?

No todavía, pero me encantaría hacerlo. Te confieso que siempre quise escribir, pero siempre me ha parecido que la literatura es un arte y una disciplina la cual respeto mucho. Pero he tenido tan buenos comentarios con mi libro Cómo soportar la vida con humor: confidencias de un actor, y ahora con la columna todos los domingos, que creo que me atrevería a escribir teatro. Podría ser fácil pues conozco, por mi experiencia como actor, los ingredientes que debería tener para que guste al público: las pausas, el ritmo, la duración... muchos detalles que pudieran serme útiles.

 

¿Dónde estás viviendo?

En Caracas. Aquí sigo a pesar de tantas cosas. No es fácil por toda la situación que se vive. La hiperinflación es tremenda y no es fácil para los que llegamos a la tercera edad; no tenemos oportunidades, parece que una trayectoria no es un buen aval para conseguir un empleo. Menos mal que las cosas a las que me dedico las hago por mi cuenta y así no dependo de nadie.

 

En estos inicios del nuevo siglo, ¿qué ha cambiado en tu modo de ver y hacer arte y cultura?

Definitivamente el concepto de hacer las cosas por el solo deseo de hacerlas. La entrega con que hace muchos años hacíamos todo ya no existe, ni la mística para enfrentar un trabajo en cualquier disciplina artística. Es cierto que la situación económica no ayuda, pero por ejemplo, yo trabajé en el diseño gráfico y allí sí cobraba lo justo; en cambio, hacer teatro era diferente, nunca estaba pendiente de cuánto me pagarían o si me pagarían. El amor al arte cubría todo y no sólo como actor: colaboré en muchas actividades teatrales y lo hacía sólo por el gusto de hacerlo. Pero ahora no es así; la gente que comienza quiere cobrar unos honorarios altísimos. No lo critico, pero a veces esa actitud hace que muchos proyectos no se lleven a cabo por los elevados costos en contrataciones.

 

¿Qué te entristece?

La falta de oportunidades que tienen los jóvenes actualmente en Venezuela. La falta de educación y los valores que se han ido perdiendo. A veces, cuando estoy con jóvenes y les cuento (yo hablo mucho) anécdotas o relatos, no lo pueden creer; creen que estoy exagerando y son las mismas cosas que yo viví cuando fui adolescente y que era lo normal para esos tiempos.

 

¿Cuáles palabras usas más?

“Excelente”, “muy bien”, “qué bueno”..., frases o palabras que conllevan algo positivo. Tampoco soy de las personas que les preguntas “¿Cómo estás?” y te contestan “¡Excelente! ¡Superbién!”, y te lo recalcan cuando tú sabes que no es así. Simplemente las empleo para dar énfasis a algo si se presta la ocasión. La verdad no me había dado cuenta sino hasta ahora que me preguntas.

 

¿Qué añoras?

Hacer teatro, volver a actuar, a crear un personaje, transformarme de nuevo en alguien más. Y tener presente que será la última vez; entonces sentiré que se cerró un ciclo que, como todo, tiene un final.

La escritura me llena totalmente; me da gusto escribir y que a la gente le guste o se entretenga y conmueva con mis relatos. Es algo que no esperaba, es un regalo con el que la vida me está premiando.