Desde las trincheras de la sensibilidad
Escribir el prólogo para el libro de un amigo de toda tu vida no solamente es un honor y un acto de amor; lo es también de afortunada justicia y de profunda complicidad. Han sido más de 50 años de historia compartida porque fuimos aliados en las trincheras de la sensibilidad. Una vida juntos, entrelazada por la música, el teatro, la cultura y el trabajo en instituciones tan entrañables como aquel inolvidable Mito Juan. Allí nunca llegué a saber a ciencia cierta qué hacía Jairo, porque el característico llamado de Mariangelina a “Ramoncito” surgía de mil razones distintas; y es que en esa Fundación se tejían utopías con la certeza de quienes sabían que el arte es la única patria duradera.
Después, en el Museo del Teclado, entre risas y cantos construimos un sueño: la Ópera de Caracas y su Taller de estudios. Trabajamos en equipo, siempre emocionados y divirtiéndonos a más no poder. Luego llegó lo que faltaba para sellar nuestra amistad: la Camerata, donde juntos custodiamos el silencio que precede a la primera nota y aprendimos que el pasado no está muerto si sabemos escuchar su polifonía. Fue así como en cada uno de esos espacios, este amigo y multifacético artista no solo estuvo, sino que fue el testigo atento, el ojo detallista y el oído fino que captaba los matices de nuestra época.
Durante todos esos años siempre me habían quedado preguntas sobre lo que pasaba dentro de él, porque Jairo casi siempre respondía con pocas frases (aunque a veces muy contundentes) o guardaba un hermético silencio frente a las situaciones y eventos que nos rodeaban. Jairo era como un libro cerrado. Pero ahora se abrió y al fin entendí; porque leyendo y releyendo sus maravillosos escritos veo que todo, absolutamente todo, hasta el más mínimo detalle, quedó guardado en su prodigiosa memoria. Lo aderezó con su sensibilidad, lo pulió con cada uno de sus talentos y al fin brotó su escritura como una fuente inagotable para hacernos hoy cómplices de todos esos momentos que sus bellos y grandes ojos presenciaron.
Decía Borges que la amistad no necesita frecuencia; sin embargo, cuando esa amistad acumula más de cincuenta años de complicidades, se convierte en una geografía sagrada. Escribir estas líneas no es solo presentar el libro de un amigo querido; es asomarse al espejo de una vida compartida, al eco de los pasos que dimos juntos en el empeño de sembrar belleza en un mundo que a menudo la olvida.
Hoy me siento honrada y feliz de presentar su obra escrita. Me siento parte invisible de los días que él evoca; alguien que atesora esos fragmentos hilados que él captura y sabe expresar con sus escritos, que son memoria viviente porque Jairo supo, como los buenos artistas, verlos, escucharlos, valorarlos, comprenderlos y recordarlos. Mirar atrás a través de la memoria de Jairo Carthy no es un ejercicio de nostalgia: es un rescate y la valorización del recuerdo.
Quien recorra estas páginas que él ha escrito descubrirá la voz de un hombre que posee un don escaso en estos tiempos de ruidos estridentes: el arte de ver con tino y nitidez, de escuchar los latidos subterráneos de los acontecimientos, de sentir con una empatía inquebrantable y, sobre todo, la sabiduría de saber callar cuando el misterio de la vida exigía reverencia. Él es hoy nuestra memoria viviente. Donde otros ven el olvido del tiempo que pasa, él rescata el detalle exacto, la anécdota que ilumina el alma de una década, el gesto que define a un creador.
Este libro no es un inventario de cenizas; es un mapa de hogueras que siguen encendidas en el pecho de quien las escribe y de quienes tuvimos la fortuna de caminarlas. Lector, tienes en tus manos las vivencias de una vida. Pasa la página y lee; y si conoces su bellísima voz y su manera única de hablar, trata también de escucharlo.
Isabel Palacios
Caracas 20 de Septiembre 2026
Y ASÍ PASÓ... Fue una columna de historias reales
Este espacio me permitió compartir relatos de la más variada índole. El objetivo principal fue siempre ofrecer una lectura entretenida a través de situaciones que me ha tocado experimentar. Todas las historias son reales, pues el arte de inventar nunca ha sido de mi agrado.
Durante muchas semanas, cada domingo, la gente esperó mis escritos. Gracias a ellos recibí los más diversos comentarios y elogios, viví los reencuentros más bonitos y sumé muchos nuevos amigos. Me decían lo conmovidos que estaban, hasta el punto de las lágrimas, o cómo algunas historias los habían hecho reír a carcajadas.
Eso para mí ha sido lo más valioso de esta experiencia. Por ello decidí celebrarlo con ustedes reuniendo en un libro - GRATIS - todos los artículos publicados, para que lo conserven y lo puedan difundir si es de su agrado.
Mil gracias por su apoyo…
Jairo Carthy

















