Reverón en el mar Caribe, foto del documental de Margot Benacerraf "Reveron". Somos una hemeroteca de textos y otras cosas hermosas, de ayer y de hoy y de mañana también.

ETIQUETAS

"CARLOS GIMÉNEZ MEMORY-Aproximación biográfica" de Viviana Marcela Iriart, prólogo de José Pulido, diseño gráfico de Jairo Carthy, Ediciones Choroní, septiembre 2026

 






“CARLOS GIMÉNEZ MEMORY-Aproximación biográfica” de Viviana Marcela Iriart, prólogo de José Pulido, diseño gráfico de Jairo Carthy y publicación de EDICIONES CHORONÍ, nos adentra en la vida, obra y pasión de un hombre que, en apenas 30 años, dejó una huella en el mundo teatral que ni el paso del tiempo puede borrar.

Pero…¿quién fue Carlos Giménez?


“¿Quién dirige con la mentalidad única de un Fellini, planea con la paciencia de un Kissinger, combina el arte y el comercialismo con la astucia de un Joe Papp y vive en Caracas, después de haber resucitado de entre los muertos? Carlos Giménez”. Jeff Levis, The Daily Journal, 1982

Alabado por Joseph Papp, Giorgio Strehler, Pierre Cardin, García Márquez, Jack Lange, The New York Times…¿quién fue Carlos Giménez, Argentina 1946-Venezuela 1993, el genio argentino-venezolano de la creación teatral?

“En Caracas hay un joven director que ha encontrado la esencia del estilo épico de Brecht y los elementos de los métodos de trabajo de Peter Brook, en soledad, lejos de los maestros europeos. Ese director es Carlos Giménez”. Glenn Loney, Universidad de Cambridge, 1986.

Carlos Giménez realizó su primera gira europea a los 17 años y a los 19 años recibió sus primeros premios internacionales en Europa.

“El Sr. Giménez crea un espectáculo con la belleza y la grandeza cromática de una pintura de Gericault y envía a sus personajes a girar en torno a ella en una danza hipnótica, pero sin difuminar las complejas líneas de la trama". The New York Times, 1987

En su corta vida, murió a los 46 años, sus montajes, que eran un canto a la libertad, revolucionaron, cautivaron, fascinaron, crearon polémica, y deslumbraron al mundo entero.

Adorado, odiado, perseguido, encarcelado, deportado, exiliado, torturado, difamado, endiosado… Carlos no se detuvo ante ninguna adversidad ni ante ningún elogio: en 29 años dirigió 101 obras de teatro en 7 país, realizó giras por 35 países de 3 continentes, creó más de 20 instituciones teatrales en Venezuela y Argentina, entre ellas el Festival Internacional de Teatro de Caracas y el Festival Latinoamericano de Córdoba, Argentina.

La adaptación y dirección de “El Coronel no tiene quien le escriba” (1989), de García Márquez, lo encumbró como uno de los mejores directores del mundo.

“Absolutamente emocionante. De veras no esperaba que fuera tan emocionante, tan conmovedora para mí y tengo la impresión de que para el público también porque me di cuenta de que todo el mundo quedó en suspenso desde la primera palabra hasta la última. No se oyó volar una mosca, no se oía respirar. Es emocionante realmente”. Gabriel García Márquez, Premio Nobel de Literatura México, 1989.

Viviana Marcela Iriart es una escritora y editora argentina-venezolana, fundadora de la editorial independiente Ediciones Choroní y del blog, canal de Youtube y página de Facebook de Carlos Giménez.
Ha publicado los libros “Bravo Carlos Giménez”, “María Teresa Castillo-Carlos Giménez-Festival Internacional de Teatro de Caracas 1973-1992” (de lectura gratis), “La Casa Lila” (novela LGBT), “Entrevistas” y “Puerta Abierta al Mar” (teatro).




De venta en AMAZON





Entrevista al Maestro José Pulido que será Huésped Distinguido en España después de haber sido premiado en Italia : “SIENTO QUE MI POESÍA ESTÁ SIENDO RECONOCIDA POR ENTIDADES QUE IMPORTAN MUCHO”/ Luciana Castillo, 29 de setiembre de 2026

 


El Maestro José Pulido será declarado Huésped Distinguido de la ciudad de Salamanca, España,  por el alcalde de esa ciudad, el 4 de octubre, dentro de la conmemoración del XXIX Encuentro de Poetas Iberoamericanos del que forma parte. En 2024 fue condecorado en Italia con  el Premio Internacional de Excelencia “Ciudad del Galateo - Antonio De Ferrariis Italia y en 2023 fue incorporado a la Academia Venezolana de la Lengua.

Este año ha publicado tres libros excepcionales: Abrazo de Palabras y  Detalles Metafísicos por la editorial Ediciones Choroní, y Ávila Vertical, fotografías de Jorge Luis Santos García con poemas en español e inglés del Maestro  Pulido y que actualmente está en exposición en la Sala Mendoza de Caracas. Y es parte del libro "El Quijote de Salamanca (o Quijotes para una Dama) del pintor Miguel Elías, que será publicado próximamente por  la Fundación Salamanca Ciudad de Cultura.    







Maestro Pulido, ¿cómo se siente al haber sido elegido Huésped Distinguido de la ciudad de Salamanca, dentro  del  XXIX  Encuentro de Poetas Iberoamericanos en Salamanca, España?


He sido invitado tres veces antes al Encuentro de Poetas Iberoamericanos de Salamanca pero esta es la primera vez que soy Huésped Distinguido. Siento que mi poesía está siendo reconocida por entidades que importan mucho porque Salamanca es fuente y sabiduría de nuestra lengua, Salamanca es ciudad y universidad de poesía. Quiero decir que no es solo una satisfacción para el ser humano, el ciudadano que soy: tiene más trascendencia para la poesía que trato de lograr. Soy un servidor de la poesía.

Me alegra mucho encontrar en Salamanca a tantos poetas que aman la poesía y la respetan. Es un buen alimento para el alma.


¿Puede decirnos qué poemas va a leer o es una sorpresa?


Siempre leo poemas que antes no he leído ahí. Pero sin duda alguna leeré poemas de los poemarios publicados. Cada poeta lleva uno o más libros y lee. Es más cómodo y se aprovecha para que conozcan esos libros. De los poemarios que he publicado tengo pocos a mano. Pero leeré como siempre: con emoción y ganas de compartir lo que hago. Y ganas de escuchar lo que otros escriben y dicen. Leeré poemas de los libros más recientes, en especial del poemario Detalles metafísicos.


Este año publicó dos libros de poemas con la  editorial independiente Ediciones Choroní: "Abrazo de Palabras" y "Detalles Metafísicos".  Cuál es la temática de "Abrazo de Palabras"?


Abrazo de palabras contiene algunos cuantos de los poemas que he escrito y sigo escribiendo sobre poetas, escritores, artistas que he conocido. Trato de rendir homenaje a los creadores de arte y muy especialmente a los poetas porque es algo que quiero hacer. Me gusta reconocer lo que hacen otros, me agrada luchar contra el olvido.

(Estuve publicado este año en tres libros. Abrazo de palabras, Detalles metafísicos y el libro Ávila Vertical en donde acompaño con poemas en dos idiomas a las fotografías de Jorge Luis Santos García).


¿Cómo nacieron esos poemas?


Abrazo de palabras es un ejercicio de amor, amistad y básicamente es un ejercicio de humildad. Trato de ser humilde y reconocer el valor de los demás. La humildad es esencial para alcanzar alguna vez la dimensión de la poesía. La humildad te permite reconocer tu tamaño interior, lo que en verdad eres. Si reconozco mis limitaciones y mis pocas virtudes entonces puedo merecer que la poesía me entregue alguna de sus músicas.


¿Cuál es la temática de "Detalles Metafísicos"?


Toda poesía es metafísica. Keats decía algo que me parece sublime: “Yo escribo lo que imagino”. Te respondo de modo más completo con algo que ya he dicho:

El pájaro vuela y canta. Si le cortas las plumas y deja de volar sigue cantando porque esa es su esencia. Solo muriendo deja de cantar. La vida se expresa cantando, se expresa volando, se expresa floreciendo.

Lo primero que debe entender quien desea entregarse a la poesía es que no se trata de un recurso para buscar poder; no es un oficio para buscar empleos y jerarquías pagadas; no es un modo de entretener al público y recibir monedas en un sombrero caído en el piso. El lenguaje es la máxima expresión de lo que en el reino animal se denomina ser humano. Y la poesía es la máxima expresión del lenguaje. Es aliento de alma, de imaginación, de sentidos interpretando la vida. La poesía es una luz que nos atraviesa y nos mide. No es algo que podemos usar como mercancía, como pieza ortopédica. Es la posibilidad de conseguir una pequeña emanación sublime hecha con nuestra tosca sentimentalidad.

Ser poeta es asumir un modo de existencia en el que se goza el martirio de descubrir quién es uno mismo, de sopesar las pocas cualidades y las escasas posibilidades que se tienen, ante los muchos defectos y las miles de trabas que te petrifican en cada uno de los instantes que quieres volar. Asumir el lenguaje de la poesía como quien adquiere una religión, es un atrevimiento casi suicida, porque nada te obliga más a acercarte a la verdad, ese utópico puerto de llegada. Hay que arrimarse al fuego de la verdad y arder en él.

Quien no percibe la poesía con la corazonada de que estamos errando todos los santos días, no tendrá un momento de serenidad que valga la pena. Una buena serenidad como la que llegaría si te estuvieran clavando las manos y los pies y de pronto necesitaras preguntar “¿Qué día es hoy?”

El tema de la poesía es poder estar presente en cualquier circunstancia sin poder expresar nítidamente para qué se está presente si la voz no tiene nada que ver con el coro. Ah, cuántoplacer molestar con música el viejo silencio.

 ¿Cómo nacieron esos poemas?

Los poemas del libro Detalles metafísicos surgieron como nacen todos: inquietando el alma, causando trasnochos porque bullen y persisten como si el corazón fuera un nido lleno de pichones que están ansiosos por dos cosas: cantar y volar. Y uno no sabe nada de nada. Uno tiene que abrirse el pecho y ver qué pasa.


 En relación a la poesía, qué es lo que le falta o le gustaría lograr?  Un premio de gran renombre? Una gran editorial que lo publiqué?


Nunca he sentido ni sentiré que me falta algo porque todos los días ando buscando y recogiendo emociones. Un premio grande no mejora la poesía aunque sirve para tener recursos económicos y lograr más comodidad para escribir. La mejor editorial es la que te publica por amor a lo que haces, como ha sucedido conmigo. He sido editado en poesía por puro amor de amigos. En una época anterior me publicaron mis viejos amigos Iraida Páez y Enrique Viloria; luego Gustavo Oliveros; Eziongeber Álvarez y mi hermana del alma Milagros Mata Gil. Ahora, una gran amiga muy querida y admirada por mí: Viviana Marcela Iriart, otra hermana del alma, es mi editora y para mí es un orgullo que ella sea mi editora porque soy uno de sus lectores y tenemos en común la admiración por Carlitos Giménez y el teatro de una época inolvidable.

Lo importante es la obra. Lo importante es saber si en verdad consigo un buen poema. En definitiva mi pasión y mi amor por la poesía es algo personal. Un placer solitario, como rezar a la poesía y que de vez en cuando ella escuche.


 Muchas gracias, Maestro, y que el Nobel de Literatura este año sea para Ud.


 No aspiro eso. Pero quisiera que se lo dieran a Jorge Luis Borges aunque parezca muerto.



EL CUERPO DE MARÍA

 

Hay que tener oídos de aves indefensas que no pueden volar

sensibilidad para escuchar el sueño matriz de las cigarras

es difícil reconocer una voz surgida del más hondo existir

muy pocas profundidades del hombre están habitadas

 

Su corazón era una diana completamente iluminada

y la voz articulada desde los abismos acertó como flecha

No significa que la voz profunda superara en valor

a los oídos y el alma que desentrañaron el mensaje

 

Desde un principio él estaba falleciendo en sus manos

él estaba pereciendo como cuerpo ante el feroz amor espiritual

y eso hacía posible que ambos corazones envueltos en lo inútil

 

decidieron amarse hasta que no pareciera amor lo enamorado

y esto es lo que podría pensarse de manera muy sencilla

respecto a cómo padeció ternuras la señora María Kodama

 

José Pulido

Del libro Abrazo de Palabras.



Portada: cuadro de la artista Claudia Patricia López Osornio.
Diseño gráfico: Jairo Carthy.
De venta en Amazon







Foto portada: Carlos Ayesta. Prólogo: Rodolfo Izaguirre.
Diseño gráfico: Jairo Carthy.
De venta en Amazon



De venta en librerías de Venezuela









SIEMPRE SE ESCUCHARÁN SUS PASOS EN LA ESCENA, por José Pulido, Premio Internacional de Excelencia “Ciudad del Galateo - Antonio De Ferrariis”, Italia 2024: prólogo del libro "CARLOS GIMÉNEZ MEMORY biografía" de Viviana Marcela Iriart

 


El Soneto 6 de William Shakespeare podría recitarse hoy en la tumba de Carlos Giménez, de Carlitos, como lo llamábamos y lo seguiremos llamando quienes tuvimos su amistad y el privilegio de verlo trabajando una obra de teatro, oficio que realizaba con la misma pasión que pusieron en boga los hombres y las mujeres que amaron el teatro y lo convirtieron en una magistral expresión del alma.

 

SONETO 6 DE SHAKESPEARE

 

No dejes que la cruda mano invernal estrague

ese verano tuyo sin que antes se destile:

conserva tu esencia en un precioso envase,

antes de que el tesoro más bello se aniquile.

 

No es vedada usura usar así la vida,

y alegra a quien paga la renta de buen grado;

hacer de ti una copia lo mismo supondría,

y si son diez por una, diez veces contentado.

 

Y más feliz diez veces aún te sentirías

si en otros diez iguales diez veces te copiases:

¿Entonces, al marcharte, la muerte qué haría

si a ti como heredero viviente te dejases?

 

No seas obstinado, que toda tu excelencia

ni Muerte ni gusanos obtengan por herencia

 

 

LA CONDICIÓN HUMANA

 

La condición humana, la sinceridad plena respecto a la condición humana. Lo que la gente no había advertido en su diario vivir. Eso le interesaba sobremanera a Carlos Giménez y lo expresaba en el teatro que organizaba y creaba sobre el escenario.

Él era un panorama humano, un destello de vida que no se apagaba. Y el fenómeno creador que lo acompañó desde siempre no resultaba fácil de descubrir pero cuando se avizoraba su fortaleza para dirigir, su magia para conmover era imposible dejar de admirar y querer lo que hacía.

El mundo podría estar encerrado en un frasco y Carlos lo miraría desde afuera y Carlos lo recorrería desde adentro y todo el cristal que el frasco usaba como envoltorio desaparecería cuando Carlos invocara la visión teatral.

Ese es uno de los puntos esenciales de lo que él sabía realizar: invocar la visión teatral y conseguir que la más alta expresión humana funcionara en un escenario y trascendiera hacia todos los senderos del alma.

Creo que Viviana Marcela Iriart fue una de sus amigas más observadoras, una de las más acuciosas y apasionadas a la hora de valorar lo que él lograba en la escena. Ella pudo mirar más profundamente en él, ella lo analizó como quien estudia las emanaciones del lenguaje que jamás deja de brillar.

Viviana Marcela ha logrado establecer una memoria sólida, irreductible, con su escritura y su noble deseo de que el olvido nunca toque la obra de Carlos Giménez. Ella es la muestra más clara y justa de lo que en última instancia anhela un creador en el arte: que alguien sea intensamente impresionado por la obra y haga posible que su recuerdo no desaparezca.

Porque en el teatro los escenarios se vacían y se vuelve a llenar con piezas, actores, escenografías, directores y dramaturgos, pero siempre hacen eso: se vacían y el público también va, viene y cambia: a veces para retroceder porque cada público debe comenzar de cero, desde el principio.

Viviana Marcela Iriart consigue que los nuevos públicos se empapen con las virtudes y la peculiaridad de Carlos Giménez, un hombre de teatro que se entregó tanto a esa pasión como cualquiera de los grandes teatreros que existieron transformaron en gran voz universal el lenguaje de las tablas.

No solo fulguraba en el oficio de hacer teatro, sino también en la propuesta existencial de amar el teatro. Hablando de pronto sobre el ángulo de una obra, Carlos Giménez podía extraer de sus sensaciones y conocimientos frases enriquecedoras que clarificaban cualquier niebla, que desenredaban cualquier madeja. Sus palabras salidas del hondo conocimiento de la escena, hacían más visible el alma de cualquier dramaturgo, de cualquier creador. Convertía en seres cotidianos a Shakespeare, Ibsen, Chejov, Ionesco, a cualquiera.

 

La biografía que ha realizado Marcela Viviana Iriart es una puerta amplia por donde es posible entrar al mundo de Carlos Giménez y amar más el teatro junto con él. Inclusive, hasta quienes no lo conocieron sabrán en algún momento que Carlos Giménez forma parte sustancial del teatro porque siempre se escucharán sus pasos en la escena.

 

© José Pulido

Diseño de portada del libro: Jairo Carthy

Próximamente publicado por Ediciones Choroní

 


Y ASÍ PASÓ / LA LUZ DE CARLOS GIMÉNEZ por Jairo Carthy / 27 de Septiembre de 2026

 


Hay anécdotas extrañas y mezquinas que quedan grabadas en la memoria. Ocurrió durante mi etapa de formación en la Escuela de Teatro, en el marco del III Festival Internacional de Teatro de Caracas, con el estreno de Las Lanzas Coloradas de Arturo Uslar Pietri, bajo la dirección del maestro Carlos Giménez.

 

La expectativa era enorme. Carlos había abierto el elenco a reconocidas figuras de la televisión, lo que sumaba un atractivo magnético para el público al reunir a las estrellas dramáticas del momento. La emoción se respiraba en el aire.

 

El estreno tendría lugar en el Teatro Municipal, una de las salas más majestuosas y de mayor aforo de Caracas de aquel entonces. Cuando llegué acompañado por algunos compañeros del Laboratorio Teatral Anna Julia Rojas, nos invadió un desconcierto absoluto: el lobby del teatro estaba desierto. Sin colas, sin bullicio, casi sin nadie. Nos preguntamos si nos habíamos equivocado de día o de hora, pero al mostrar nuestras credenciales del Festival, el portero nos confirmó que sí: era la noche del gran estreno.

 

Nos recibió una sala inmensa y sobrecogedora en su silencio, con sus balcones y su platea prácticamente vacíos. En ese ambiente enrarecido comenzó la función. El montaje era deslumbrante, cargado de efectos, con una escenografía espectacular de José Salas y un juego de luces y sombras donde la penumbra misma parecía actuar.

 

A los pocos minutos, la mezquindad hizo su entrada: pequeños grupos dispersos en la platea y los balcones comenzaron a boicotear la obra con risas despectivas, ruidos e interrupciones deliberadas. De pronto, uno de nuestros compañeros del Laboratorio - un prestigioso abogado, hombre maduro, tímido y apasionado por las artes escénicas -  se puso de pie. Con una voz firme y una impostación que jamás le habíamos escuchado, encaró al teatro entero:

-¿¡Qué carajo les pasa a todos!? ¡Qué falta de respeto para con los actores que están trabajando para nosotros! ¿Acaso alguno de ustedes ha dado algo o hecho algo por este montaje para que vengan a sabotearlo sin importar el daño que le hacen a la obra y al Festival?

 

No podíamos creer la valentía de nuestro amigo saliendo en defensa del escenario. En escena, la gran protagonista, Lupita Ferrer, le hizo una reverencia profunda y le envió un beso, gesto al que se sumó el aplauso conmovido de todo el elenco. Gracias a esa intervención digna, la función pudo llegar a su fin. Los saboteadores se retiraron en silencio y los pocos que quedábamos aplaudimos con el corazón encogido, entre la energía de la resistencia y el dolor de no comprender la ausencia del público.

 

Muchos años después comprendí la trama oculta: en aquel momento, Carlos Giménez era víctima de una feroz campaña de desprestigio promovida por la envidia y el prejuicio. Pero la templanza de Carlos aguantaba eso y más. Era un hombre de teatro integral que jamás se dejó intimidar. Aunque aquel amargo episodio lo llevó a un autoexilio temporal en España, su regreso fue glorioso: le demostró al mundo, con puestas en escena desbordantes de genio y originalidad, la inmensidad de su talento.

 

Décadas más tarde, en Ediciones Choroní, tuve el honor y el privilegio de asumir el diseño y la diagramación del libro ¡Bravo Carlos Giménez!. Sumergirme en sus páginas fue una aventura entrañable. Al diagramar los testimonios de artistas de todo el mundo que elogiaban su obra, sentí que lo conocía , quizás comprendiendo su legado con una cercanía muy especial.

 

Aquellos años 90 fueron oscuros y veloces. Las personas se marchaban de repente, en silencio, envueltas en la sombra de una "pandemia" que la sociedad ocultaba por prejuicio y que arrebató a tantos creadores extraordinarios cuando aún tenían un universo por entregar. Carlos Giménez, tristemente, no fue la excepción, dejando inconclusos proyectos deslumbrantes... en uno de los cuales el destino nos habría cruzado.

 

Ocurrió tras el estreno de Los juegos prohibidos de los Ángeles, de Manuel Caballero, dirigida por Rubén Rega, donde me correspondió el papel protagónico. Roberto Stopello, diseñador de iluminación de la obra, le había hablado de mi trabajo a Carlos, y el Maestro asistió a la función. Durante el brindis me felicitó con calidez y me hizo una pregunta que me dejó sin aliento: me propuso protagonizar y sumarme al Grupo Rajatabla para el montaje de El Mercader de Venecia de Shakespeare.

 

Acepté de inmediato, emocionado. Mi amado Germán Mendieta, actor pilar de Rajatabla, daba saltos de alegría imaginando que volveríamos a compartir tablas. Quedamos en reunirnos a la brevedad. Sin embargo, esa cita jamás llegó a concretarse. Durante la espera, la luz de ese ser maravilloso se fue extinguiendo lentamente.

 

Haber trabajado en las tablas bajo la dirección de Carlos Giménez habría sido una experiencia transformadora. Sin embargo, me queda la gratitud de haberme inmiscuido en su vida a través de las páginas de su libro, honrando a ese genio indomable.

 

Muchas cosas quedaron pendientes en mi carrera como actor; ese Mercader, sin duda, es una de las ausencias más queridas.

 

Y así pasó…

 

Jairo Carthy

jcarthyc@gmail.com

 


 



Y ASI PASO / LA CAMERATA... mi vida en la música antigua / por Jairo Carthy / Caracas, 20 de septiembre de 2026

 

¡Se acabó la ópera! Así, de repente, sin aviso previo y sin ningún finale apoteósico (como los que a mí me gustan). La sorpresa quedó dibujada en el rostro de cada uno de los que formamos parte de aquel sueño de Isabel Palacios y José Ignacio Cabrujas que tantos frutos dio. Durante cinco años, los cantantes venezolanos tuvieron una plataforma donde forjar una carrera; de la noche a la mañana, la incertidumbre, la desolación y ese vacío indescifrable se convirtieron en lo único que teníamos en común.

 

Pero, afortunadamente, a los pocos meses el panorama cambió por completo. Isabel tenía - como siempre - un plan B. Contaba con un grupo de música antigua llamado Camerata - que en aquellos días se definía jocosamente como “una familia de locos que gozan haciendo música antigua” -  y me invitó a trabajar con ella solo algunas mañanas. La idea era darle a ese proyecto una imagen institucional y ver si podíamos lograr grandes cosas, tal como lo habíamos hecho en la ópera.

 

Con el equipaje de aquellos años tan productivos, comencé a trabajar hombro a hombro con ella. Lo hacíamos en la mesa de su comedor: una superficie de roble macizo con bancos a cada lado que se metamorfoseaba cada mediodía para dar paso al almuerzo familiar. Todo lo teníamos dispuesto para esa transición exprés: en cajas especiales guardábamos el material de nuestra pequeña oficina, y una simple mesa con su máquina de escribir bastaba para echar a andar lo que estaba por venir.

 

Cambié entonces a los fieles y admirados amigos que había aprendido a conocer -Verdi, Puccini, Bellini, Donizetti, Bizet, Rossini-  por otros que en ese momento eran tan nuevos para mí como lo fueron aquellos en su momento. Así, Vivaldi, Bach, Monteverdi, Handel, Mozart, Purcell, Schumann y muchos más del período renacentista y barroco pasaron a formar parte de mi cotidianidad.

 

Cuando fuimos a otorgarle presencia jurídica al grupo para abrir una cuenta bancaria y cumplir con los requisitos de ley, nos topamos con que necesitábamos casi un apellido, pues «Camerata», por sí solo, no se podía registrar. Fue así como se le agregó el “de Caracas”, sellando un nombre que llevaríamos con orgullo durante décadas.

 

Había varios frentes: la Camerata Renacentista - que en ocasiones se transformaba en Camerata Medieval - , la Camerata Barroca con un coro de cuarenta voces mixtas, la Orquesta de Cámara Collegium Musicum y el grupo Memoria de Apariencias, encargado de dar vida a las óperas de los períodos que abarcaba la institución. Todo ello bajo la dirección, el talento y la inagotable creatividad de Isabel.

 

Los años fueron pasando y, con el tiempo, la Camerata de Caracas se convirtió en un ejemplo a seguir. Llegamos a tener sede propia y un equipo administrativo de diez y hasta doce personas. Así comenzó «la aventura moderna de la música antigua», como rezaba el eslogan que utilizamos durante años.

 

Este escrito no pretende abarcar toda la trayectoria nacional e internacional de los grupos; necesitaría muchas páginas para resumir lo que durante décadas atestigüé y ayudé a construir desde dentro. Fui parte de cada montaje, de múltiples festivales y de incontables ediciones discográficas, administrando los recursos financieros y manejando una imagen gráfica que siempre estuvo supervisada - y por lo general ideada - por la propia Isabel. Gracias a su valioso asesoramiento fui aprendiendo a recrear cada época: los colores, las texturas y las tipografías adecuadas según el estilo y el compositor. Fue una escuela perfecta cuyos resultados, muchas veces, fueron elogiados por la propia crítica.

 

Durante muchísimo tiempo, Isabel tuvo que demostrarle al gobierno y a la empresa privada que valía la pena invertir en la Camerata. Fueron décadas de grandes acontecimientos, de éxitos memorables, de ausencias inevitables y de un amor desmedido por lo que hacíamos. En las etapas en que estábamos holgados financieramente, todo era celebración; y cuando no era así, apretábamos filas. Jamás en todos esos años me pidió cuentas o me revisó un informe bancario. NUNCA. Lo que yo decía era ley. Esa confianza ciega fue el pilar de un vínculo indestructible y contará por siempre con mi agradecimiento infinito.

 

Nos unía una complicidad diaria. Teníamos frecuentes ataques de risa incontrolables; una sola mirada bastaba para saber exactamente qué pensaba el otro o qué debíamos hacer. La conocía al milímetro: sabía cuándo era el momento exacto para abordar un problema y cuándo era mejor guardar silencio.

 

Podría estar horas escribiendo sobre mis andanzas con Isabel a lo largo de más de cuarenta años. Desde nuestra juventud, cuando ella era artista exclusiva de Mito Juan Pro-Música y yo apenas me adentraba en el universo clásico, me enseñó a comprender y a querer primero la ópera y luego la música antigua. Recuerdo con entrañable nostalgia los momentos sencillos: ir juntos de compras, perder el sentido dentro de una papelería fascinados por cuadernos, libretas, lápices y bolígrafos, o acompañarla a elegir los vestidos de gala para sus conciertos como solista. Siempre la apoyé para que luciera radiante, porque Isabel poseía una belleza y una simpatía únicas que deslumbraban a todos.

 

En la Camerata no solo me limitaba a administrar, también a escuchar, a remodelar muchas veces la sede y darle vida y color.  Fui psicólogo y cómplice de muchos y muchas aventuras y tuve la oportunidad de resolver y a veces mejorar la vida de quienes trabajaban conmigo, recibiendo por ello no solo el respeto sino el cariño incondicional de cada uno. 

 

“La música que nunca conocimos” fue el eslogan para ofrecer al mundo la música del pasado de América a través de cinco festivales, con la presencia de musicólogos de gran relevancia internacional y agrupaciones que venían de diversos países a mostrar el fruto de sus investigaciones rescatando piezas olvidadas.

 

Muchos proyectos e inventos se hicieron en la Camerata de Caracas. Desde mi posición, vi cómo florecieron las carreras de jóvenes músicos y cantantes que llevaban el sello MADE IN CAMERATA - o lo que era lo mismo: MADE IN ISABEL - , pues ella era el corazón de todo, y el público se lo retribuía con aplausos calurosos en cada montaje. No hay duda: la Camerata es Isabel.

 

Un día, Isabel entró a mi oficina y me dijo:

- Mi amor, te quiero leer algo que escribí.

Cada texto que redactaba contaba con mi opinión, y yo era feliz teniendo la primicia absoluta de sus ideas

- Cuéntame, ¿qué escribiste? - le pregunté.

- Escribí una entrevista a Puccini.

- ¿Cómo así?… ¿Una entrevista?

- Sí, claro. Como si estuviera en esta época y un periodista lo entrevistara. Déjame leerte y luego te explico los detalles.

 

Así comenzó una faceta nueva e impactante: Isabel la dramaturga. Aunque ya había escrito artículos, ensayos e inclusive una obra de teatro llamada Genio y locura sobre la vida de Händel, ahora se arriesgaba a traer a la vida al mismísimo Giacomo Puccini en la época actual, el cual estaría maravillado por el mundo moderno. Mientras leía, interpretaba a ambos personajes: el periodista incisivo y el compositor soñador. Era un espectáculo verla. Con su cultura inagotable y su rigor de investigadora nata, lograba que todo sonara real, auténtico.

 

La felicité efusivamente, y entonces vino la mejor parte

-Te cuento -añadió ella- . La idea es que sea como un programa de televisión, donde el público asistente sea a su vez el público del programa. Mientras transcurre la entrevista, cantantes en vivo acompañados al piano interpretarán las arias más conocidas.

- ¡Qué maravilla, Isabel! - le dije -. ¿Y dónde lo quieres hacer?

Ella, sin saberlo, sembró en mí muchas ilusiones y sueños guardados con la respuesta que salió de su boca

¡- En nuestro teatro! Vamos a hacer un teatrico en la sala de la Camerata. Hablaré con Carlos y veremos qué tenemos para armarlo.

 

¿Un teatro? ¿Un teatro propio?... Mi corazón dio un vuelco. Aquel proyecto lo asumí como algo mío. Durante décadas de conciertos solo asistía a los montajes más apoteósicos - como el Mesías de Händel, Il Festino de Banchieri, la Pasión según San Marcos de Keiser, Fiestas de pasión y gloria o los estrenos de las óperas- ; pero esta vez me involucré en cada detalle. Diseñé una logística impecable para la reserva y venta de entradas numeradas. El público, que siempre agotó las entradas, quedaba maravillado por la organización y la calidez del espacio. Y yo los recibí en cada una de las funciones.

 

Durante el proceso de creación, supervisé de cerca el trabajo de Carlos, un joven talentoso y muy dispuesto. Le fui enseñando los secretos del escenario: la terminología teatral, la magia de las luces, la mística tras bambalinas. Logré sembrar en él esa misma pasión que luego se reflejó en cada temporada de La Entrevista.

 

Después de Puccini vinieron varias entregas dedicadas a Mozart, Monteverdi, Vivaldi y Beethoven, entre otros. Como siempre, disfrutaba del privilegio único de escuchar primero los textos en la voz de su autora. Y debo confesar que, aunque grandes actores interpretaban a los personajes, nadie lo hacía mejor que Isabel. Su encarnación de Beethoven, con el acento alemán que le imprimía y el matiz de su dificultad auditiva, era simplemente insuperable.

 

Ese teatrico despertó en mí algo que nunca se había dormido. A veces, cuando la jornada terminaba y me encontraba totalmente solo en la sede, me subía al escenario. Encendía los reflectores, sentía la madera bajo mis pies y comenzaba a improvisar un cuento, un chiste o una anécdota ante la atenta mirada de mi perra adorada, que vivía allí. En esa soledad comencé a soñar despierto. Planifiqué desde un espectáculo unipersonal - que luego se transformaría en libro - hasta montar una comedia del absurdo junto a Isabel que parecía escrita pensando en los dos. Ese espacio revivió el fuego sagrado de mi verdadera pasión: el teatro.

 

El lugar ganaba renombre, el público llenaba las funciones e incluso un director y dramaturgo reconocido presentó una de sus obras en nuestra sala. Todo fluía con una luz hermosa, hasta que irrumpió algo inesperado cuyos alcances jamás imaginamos: la pandemia del COVID-19.

 

Al principio no entendíamos nada. ¿Un virus? ¿Una cuarentena de unos días? Pronto la realidad nos golpeó. No fueron días, fueron años. El mundo se detuvo, el silencio se apoderó de las calles y los encuentros presenciales quedaron prohibidos. Para el arte vivo, el golpe fue devastador.

 

Y empezó el cambio… el sinsentido. Sin programación ni público, no era factible continuar. Pasaron algunos meses. Sabía lo que teníamos que hacer, pero no era fácil: toda una vida no se desecha ni se olvida así como así; eran muchos, muchísimos años.

 

Un día, recogí mis cosas - que no eran muchas- , bajé las escaleras y llegué al teatro. El escenario estaba a oscuras, las sillas vacías; ese espacio que hasta hacía muy poco contenía toda la vida, los aplausos y los ¡bravos! por lo que allí presentamos. Sentía un dolor profundo y callado, el recordatorio inevitable de que todo ciclo tiene su final. Encendí todas las luces y subí al escenario, sabiendo que era la última vez.

 

Las paredes de esa hermosa casa guardan para siempre incontables risas, momentos gloriosos y también algunas lágrimas. Pero también guardan mis ilusiones: el deseo ardiente de regresar a las tablas. Había llegado, entonces, el momento de hacer mutis.

 

Fui apagando las luces de la escena, poco a poco, lentamente. En el centro quedó encendido un solo reflector cenital, resplandeciendo en la penumbra como una pequeña llama rebelde .  Lo miré por un instante, con el corazón apretado de gratitud y nostalgia por todo. Caminé hacia el interruptor y, suavemente, lo apagué también.

 

La oscuridad abrazó el escenario, dejando a oscuras el espacio, pero guardando intactos, en el silencio de la memoria, mis sueños más queridos y los recuerdos de lo vivido durante tantos años… BLACKOUT…



Jairo Carthy

jcarthyc@gmail.com