la rebelión consiste en mirar una rosa

hasta pulverizarse los ojos


Alejandra Pizarnik


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Julio Cortázar and the cultural exile: "I'm in exile, but on the other hand, in my country, there are 26 million exiles in relation to us", interview (fragment) by Viviana Marcela Iriart, Semana Magazine, Caracas, September 1979











"What for me is and has been traumatic, is a phenomenon in which not everyone thinks, and in the case of an exiled artist it's fundamental. It's what I would call cultural exile: it's terrible when you realize that in your own country there is a barrier of censorship that means, for example, that I can not publish more books in Argentina. Then the realization – and this is frightening for me – I'm in exile, but on the other hand, in my country, there are 26 million exiles in relation to us. I am separated from my readers, but my readers are separated from me: my last book of stories in Argentina could not get published because there were two stories that angered the Junta. And this is not just a personal matter: there are 150 magnificent Uruguayan, Chilean and Argentine writers that cannot be published in our country.

In Chile, starting on September 11, 1973 , a young generation was taken by the Junta and enrolled in fascist schools run by the military. Six years have passed and they have lived the critical age (between 12 and 18) under that regime, thousands and thousands of children and Chilean girls who, right now, believe in the Junta, believe the in the national security state, believe that all of us are traitors. They believe that Chile is a country unjustly attacked and threatened. It's not their fault, poor things, because in six years they have become the same thing that Hitler did with the Hitler Youth, or Mussolini with the "balillas". Well, that is for me one of the most frightening things, and we can do nothing, intellectually. Because here I can tell you this, but no one will listen in Argentina, nobody will read it, you can publish it but unless someone carries it in their pocket, no one can read it there. "




© Viviana Marcela Iriart
Caracas, September 1979.
Published in November 1979
Semana magazine, Caracas
Photo: Eduardo Gamondés
Translation:©Julio Emilio Moliné


Full interview: click here








José Pulido entrevista a Alejandro Vignati: AUTOR DE BEST-SELLERS NO TIENE PARA COMER, El Nacional, 26 de diciembre de 1981



 

 

 


 

 

- Me cortaron los cuatro tendones de la realidad y entré en la zona del pánico ¿vos te fijas?

 

Alejandro Vignati habla sin apartar los ojos del río de gente que va y viene con paquetes. Los bombillos de colores, que se encienden y se apagan rodeados de tarjetas de Navidad y juguetería y rifas y música atosigante, tienen un ritmo similar a sus manos, que tiemblan, suben, se quedan quietas y vuelven a temblar y no halla con qué agarrárselas.

 

Su rostro tal vez no es conocido en Venezuela, pero ¿quién no ha visto por lo menos, en una librería cualquiera “El ocaso de los dinosaurios”, “Tercer tipo: contacto extraterrestre”, “El triángulo mortal de las Bermudas”, “Los grandes enigmas del cielo y de la tierra”, “El enigma de los templarios”, “La bella y la bestia”, “El ocultismo en el tercer reich”, “Henry Miller o la alegría del retorno” entre los otros escritos por este joven autor argentino?

 

Él, Alejandro Vignati, está ahora en Caracas, con parte de sus libros a cuestas y sus obras inéditas más recientes. Anda con poca ropa, no tiene con qué pagar el hotel y se come una arepa o un perro caliente de vez en cuando. Todo esto como resultado de tres detenciones en Argentina y tener que salir de su país con doscientos dólares en el bolsillo y sin conocer a mucha gente en Caracas. Aunque a cada rato menciona que se siente “demasiado feliz” por estar en Venezuela, sin embargo no deja de temblar, el miedo no lo abandona todavía y de repente pregunta, como para sus adentros, ¿no enviarán un comando a matarme? Luego se ríe y dice: “eso quedó atrás, tengo que hacer lo que me han dicho unos amigos: que ese año en Buenos Aires fue una pesadilla, un mal sueño, un mal año”.

 

Recientemente, Vignati logró el Premio Norte junto con Antonio Dal Masetto, compitiendo con unos tres mil novelistas de lengua castellana. Dal Masetto envió a ese certamen “El ojo de la perdiz” y Vignati su novela inédita “En la trastienda del lavadero chino” . Dal Masetto se encuentra en Buenos Aires durmiendo en un catre y comiendo día por medio: anda desempleado y no le dan trabajo así busque empleo de ascensorista. Es lo que dice, con ganas de gritar, Alejandro Vignati.

 

“Yo pasé doce años en Europa. Antes viví en los muelles del Bronx y en los puertos brasileños. En Europa logré un gran éxito editorial en cuatro años, pero finalmente me di cuenta de que las editoriales me pirateaban. Viví casi todo el tiempo en España hasta que me agarró el tango y sentí deseos de volver a Argentina. Apenas llegué note que no había trabajo para mí y lo decían claramente.

 

No encontraba a mis amigos y preguntaba por ellos, pero la mayoría ha desaparecido, están tres metros bajo tierra... fue entonces cuando se detuvo el primer carro silencioso, sin matrículas con tres rostros desconocidos en su interior... unos hombres altos, con pistola, que me dijeron solamente “entra” y me clavaron los cañones en la cabeza y la espalda. Me detuvieron la primera vez y no me dijeron por qué. Luego vino otra detención igual, aunque más terrorífica y me salvó en ambas ocasiones la cédula de identidad venezolana que llevo en mi cartera... la tercera vez fue hace pocos días y me volvió a salvar esa cédula bendita... me ayudó a salir Jorge Dáger, a quien le agradezco eso”, cuenta.

 

“Mira, vos –dice- cometí el error de volver a Argentina porque viví en Europa por amor, por amar a una mujer y por amor fue que escribí... por amor a una mujer, no a la literatura. No soy político, nunca quise hablar de política, pero parece que salí de Argentina por persecución ideológica. No podía estar allí porque el terror, la falta de libertad, y esas cosas no las puedo soportar, como el resto del pueblo, que se ha acostumbrado a ver una pistola desenfundada y a que maten a mansalva a alguien”.

 

Más de dos millones de argentinos han salido del país hasta la fecha, y el 40 por ciento de la población está desempleada. “Los médicos trabajan de ascensoristas, los odontólogos de plomeros, los arquitectos de taxistas... sólo los psiquiatras tienen trabajos, porque ha dicho el obispo de la localidad de Hurlingan que ha aumentado el índice de suicidios en la población bonaerense; gente desesperada por miles de causas... yo que nunca creí en los psiquiatras, he tenido que ver a uno porque ya no podía más”, se expresa el escritor y la llama de su encendedor trata de tocar, durante varios segundos, la punta del cigarrillo. Lo consigue. Cierra una mano, la mira y sonríe: “ya estoy mejorando del miedo ¿te fijás?

 

Sostiene que las dictaduras, y en este caso la Argentina, degeneran genéticamente a los pueblos, porque un pueblo que no recibe sangre nueva se degenera: “Argentina será la Esparta del Plata”, comenta.

 

“En Buenos Aires hay miedo inclusive hacia el prójimo. Vos no sabés si quien está cerca de ti es un colaboracionista, un delator que te va a interpretar mal y te va a pedir documentos, con ese toquecito en el hombro que tanto sobresalta”, añade.

 

 

90 DÍAS PARA COMENZAR DE NUEVO

 

 

Vignati tiene visa por 90 días y desea quedarse en Venezuela “trabajando aunque sea barriendo, cualquier cosa”. En 1973 se ganó el premio Apollinaire de poesía. “No le había dado mucha bola a la poesía hasta que gané ese premio. En realidad escribo realismo fantástico o algo parecido, pero busco un lenguaje nuevo que está apareciendo. Creo que he incorporado la tecnología a la literatura latinoamericana... ¿sabés? Tengo los dedos que se me van tras una máquina de escribir… ¡cómo son baratas las máquinas de escribir aquí! Quisiera escribir, pero trabajaré en lo que sea para no volver a Argentina; aquí en Venezuela la gente es distinta: en estas noches no tenía nada que comer y unos ciudadanos llamados Rafael Briceño, Ramírez, Marcelino Delgado, Atilano García e Isidro Castillo, sin saber quién era yo, reunieron dinero para que comiera tres días... me avergüenza decir eso, pero para mí es inolvidable un gesto así. También en el Hotel El Conde, donde estoy alojado, se han portado conmigo humanísticamente... el gerente, y los otros empleados... yo le dije al gerente: no me voy a escapar de noche con la valija, no se preocupe, yo no soy un delincuente... sólo me queda mostrar mis libros  y decir: este soy yo...”.

 

Ediciones del Norte, que actualmente es una de la más fuertes de Estados Unidos, patrocina el premio que lleva ese nombre y en el cual fue uno de los ganadores Alejandro Vignati. “En la trastienda del lavadero chino”, ha sido considerada, aún sin editar, una novela que tendrá éxito mundial.

 

En ella Vignati cuenta las cosas que le pasaron a un argentino en Río de Janeiro y en Barcelona. Es una aventura contada con el ritmo de “una canción en el infierno”, es violencia pura, realizada con un lenguaje que llega a cualquier lector y los desubica.

 

Vignati ha publicado varios best-sellers , entre otros: “Arde bruja, arde”, “Historia de las sociedades secretas” y, por supuesto, “El triángulo mortal de la Bermudas”.

 

En 1975 superó en ventas a Gabriel García Márquez en España y a los mejores autores del momento. Siempre ha estado en las listas grandes de ventas y su nombre ha circulado en los diarios y revistas de más prestigio a nivel internacional. “He vivido de la literatura, es mi oficio, pero en realidad uno descubre que hay editoriales que `piratean´ tus obras, que además venden más de lo que dicen... ahora estoy en contacto con Editorial Diana de México, para publicar y reeditar... sólo que deberé esperar hasta enero, cuando me comprarán cuatro libros míos, que debo enviarles, y adquirir una máquina de escribir”, explica.

         

La gente pasa y apenas se detiene. Ayer fue Navidad y hoy Alejandro Vignati está solo. Dice que la soledad no le pega ahora mucho porque en Venezuela camina libremente y un café es muy barato. Pero no hay remedio: está solo y sin un centavo en el bolsillo. Ayer pasó el día con un sándwich de queso y un café grande. Un cigarrillo de los que trajo de Argentina le sirve para dos ocasiones: lo enciende, lo fuma unos instantes y lo apaga.

 

Toda la gloria se reseca en sus maletas, toda la fama que ha recorrido el mundo parece escapar por un hueco abierto en la realidad. Más bien, Vignati se topó con la realidad, después de estar tanto tiempo viviendo en mundos que ama, que concibe en la ficción, en la tecnología de más allá del año 2000. Es muy joven y sin embargo tiene una producción literaria vastísima y una tendencia casi impulsiva a seguir escribiendo, como si escribir fuese su aparato circulatorio, su eje vital.

 

De repente no entiende por qué está así en Caracas, atenazado por la impotencia y una verdadera pobreza económica.

 

Habla de poesía, de literatura, de improviso le asaltan los fantasmas de esas horas de desvelo en las comisarías y sube la voz. Las manos tiemblan siempre. La Navidad titila.

 

¿Otro argentino? –murmura alguien cerca. Otro argentino. Él no oye porque le operaron un tumor en el oído izquierdo.

 

Repite que aquí lo han tratado muy bien y pide que nombren a López del Corral, que lo recibió con mucha gentileza. “Son todos muy gentiles... muchas gracias”.

 

Vignati no se mueve de la esquina de Carmelitas observando a la multitud. Anda vestido de bluyín y con una camisa roja. “Porque andaba con esta camisa, un policía me dijo en Buenos Aires: “Dame tus documentos” y me acusó de puto... “Vos tenés que ser maricón”, me dijo. Se ríe. Enciende la mitad de su cigarrillo y echa a andar calle abajo, hacia el Congreso Nacional.

 

Se detiene frente a un establecimiento donde venden máquinas de escribir y murmura para sí, aunque se oye claramente porque su voz no anda armonizada con su audición:

 

Pucha... ¡sos linda y barata!

 

 


 

INFORMACIÓN QUE PODRÍA INTERESAR

 

 

Esta entrevista de Alejandro Vignati la hice comenzando la década de los ochenta. Dos años después Alejandro murió en Caracas. En 1983 apareció muerto en un hotel. Y transcribo este dato:

 

En octubre de 1993, poco antes de su fallecimiento, el ufólogo catalán Andreas Faber Kaiser escribió: “Tampoco puedo sacarme de la cabeza el hecho de que mi amigo íntimo, compañero de investigación y auténtico hermano, el periodista argentino Alejandro Vignati, sumó ahora once años de muerte no aclarada aún hasta hoy, en un hotel de Caracas (Venezuela) desde donde estaba investigando para mi publicación ‘Mundos Desconocidos’ los últimos experimentos norteamericanos (…) Al cabo de dos meses escasos de su muerte me vi obligado a suspender la publicación de la citada revista”).

 








Fuente: José Pulido



Foto de Gabriela Pulido


Nació en Venezuela, el 1° de noviembre de 1945.Vive en Génova, Italia.

En 1989 obtuvo el Segundo Premio Miguel Otero Silva de novela, Editorial Planeta. En el 2000 recibió el Premio Municipal de Literatura, Mención Poesía, por su poemario Los Poseídos. Ha publicado cinco poemarios y nueve novelas. Desde el 2018 el Papel Literario de El Nacional creó la Serie José Pulido pregunta y publica las entrevistas que ha realizado a creadores y artistas.

Ha fundado y dirigido varios suplementos y revistas de literatura. 
Si se requiere información detallada sobre estas publicaciones, favor solicitarla a este correo: jipulido777@gmail.com


Forma parte de la Antología Por ocho centurias, XXI Encuentro de Poetas iberoamericanos, Salamanca, España, entre otras.

Ha sido invitado a festivales en Irak, Colombia, Brasil, Chile, España y Génova. Participó, en 2012, como invitado de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos que se celebran en Salamanca. En el 2018 y en el 2019 invitado al Festival Internacional de Poesía de Génova.

Publicaciones más recientes:

El puente es la palabra. Antología de poetas venezolanos en la diáspora.

Compilación: Kira Kariakin y Eleonora Requena, para Caritas.

Poeti Uniti per il Venezuela, Parole di Libertà (Poetas Unidos por Venezuela, Palabras de Libertad) publicado por Borella Edizioni, evento respaldado por la Associazione culturale Orquidea de Venezuela, con sede en Milán.

Poemario Heridas espaciales y mermelada casera editado por Barralibro Editores




Adriano y la Escritura por José Pulido





 

 


 

 

Un día estaba con los labios apretados y los ojos entrecerrados por el resplandor de la calle y parecía un recién nacido, con su cara roja y sus párpados trasnochados. Su saco sport lo contenía como cargado por una madre.

 

Pensé que miraba el mundo a través del velo rojizo que uno fabrica cuando cierra los ojos ante la luz solar, pero luego me di cuenta de que Adriano González León percibía el universo como si su cuerpo y su ánima fueran un cauce por donde obligatoriamente tiene que pasar un torrente.

 

Pasan los olores, los sabores, los chivos y los peces, las cabras y los crisantemos, la mar y el perfume de algo sublime, la radioactividad y el cosmos, las casas y las máquinas, los establecimientos comerciales y los bosques, las mujeres y la luna; el rayo, la lluvia, un cementerio y una bandada de golondrinas. Todo lo existente y más, se le vienen encima, formando una avalancha que asimila y se traga, en un segundo, porque a finales de cuentas él respira la materia y la transforma en un suspiro.

 

En aquel momento yo intentaba descifrar lo que hacía Adriano con la boca apretada en una línea horizontal y leve de camaleón dormido. Era un silencio tan breve, pero que en él parecía un siglo de mudez, porque uno está acostumbrado a que las palabras broten de su persona, sin principio ni final, de manera inagotable y hermosa.

 

Mucho después fue que tuve conciencia de lo que ocurría: Adriano González León estaba escribiendo en sus cuartillas espirituales y siguió haciéndolo cuando abrió sus ojos trujillanos y raspó los techos con una mirada que se insertó en el azul clarito y calculó la hora. Siempre anda escribiendo. Sobre todo, cuando lo atrapan los silencios como si hubieran agarrado a un turpial. Por eso es que necesita tanto conversar: para que se detenga un rato la máquina interior, que teclea con pulsaciones sanguíneas, con pálpitos acelerados, con taquicardias mitológicas.

 

Yo lo entrevistaba a cada rato, pero ese día quería hablarle de País Portátil, conversar con él sobre la novela, como cuando uno habla de un viejo amigo. Meditaba la manera de pasar la tarde leyéndole párrafos de País Portátil para verlo reencontrarse con aquellos textos y escuchar lo que tenía que decir de ese viejo compinche, de ese libro que a lo mejor estuvo meditando desde la infancia.

 

Pero no resultaba cómodo porque en aquellos días, cuando aún no había escrito Viejo, su amigo más nuevo; hablarle de País Portátil era como acusarlo de que ¿y entonces? ¿cuándo vas a escribir otra novela? Y eso que con País Portátil es suficiente para vivir siete vidas escabulléndose de los lectores, aunque usualmente sean poquitos y constituyan una minoría, sobre todo los buenos lectores, a Dios gracias.

 

Claro: aquellos que se la pasaban acosando a su Juan Rulfo particular, que si un solo libro, que si se te acabó el carburo, que si el ratón no te deja pensar, ni siquiera atinaban a comprender y a entender que Adriano González León anda escribiendo desde que nació. Desde que amanece hasta que se acuesta, a la hora que sea que ese desaguisado ocurra.

 

Y yo lo seguía por la calle, con País Portátil en el bolsillo del saco, deseando meter el diente a unas interrogantes y ansioso por degustar con el autor, unos cuantos capítulos, unos párrafos, en la barra de un bar donde las botellas absorban la poca luz.

 

Quería leerle, por ejemplo: "Ahora están allí, delante, todas las aglomeraciones del rojo y el violeta. En alguna parte los edificios se han puesto a botar humo, pintura, un almagre débil, trozos de papel para decorar, encajes, fondos transparentes de las mujeres. También en alguna parte se produce esa especie de melaza celeste que cubre la ciudad".

 

Buscábamos un restaurante: qué duda cabe. Pero cuando estábamos cerca, Adriano fue retenido por un grupo de estudiantes. Ellos nunca renuncian a que se acaben las clases de Adriano. Entonces, sin mayores esfuerzos, sin más motivación que estar rodeado de muchachas y muchachos, él soltó sus conocimientos y su poesía, desbordándolo todo, llenando de literatura el aire caluroso; Mallarmé rebotaba en un capó; Rimbaud lamía las hojas de una acacia; una metáfora entró, cual moscardón, por el oído de una muchacha y nunca se le vio salir por el otro; un acomodador de carros que estaba uniformado con chaqueta vino tinto, miró desde el frente del restaurante y gritó "¡epa, Adriano!", como si lo conociera desde los comederos de Valera. Y los ruidos y sonidos —campanas, sirenas, alarmas, bocinazos, cucharillas, tenedores y platos— que anuncian el mediodía, inventaron una jitanjáfora que sirvió como timbre para que Adriano terminara su clase magistral.

 

Hay que comprender que perennemente está escribiendo. Que él, en sí mismo, es un libro interminable, cuajado de dolores y de alegrías. Los dolores de la vida y la alegría de saber. Adriano sabe. Adriano vive cada segundo herniado de novela, mancado de poesía, afiebrado de cuentos. Él persiste en sí mismo, escribiéndose por dentro todo lo que está allá afuera.

 

Él es el país. Un país portátil que es de todos y de nadie, cuyos confines sólo pueden ser contemplados en su inmensidad por el propio muchacho de Valera. Que en este momento cierra otra vez los ojos y desaparece por fracciones de segundo, yéndose a descansar a ese mundo interior suyo, que nunca nadie podrá conocer verdaderamente.

 

Porque Adriano González León llora sin saber que llora, sufre sin saber que sufre. Se ríe con la vibrante tenacidad del hombre herido. Él sabe que está condenado a escribir hasta el último aliento, inclusive durmiendo, inclusive dormido. Su esencia es la escritura. Escribe, aunque se hunda en un marasmo. Es un hombre que se vino de Trujillo, escondido tras unos lentes de concha de tortuga, que lo hicieron correr desaforadamente, porque él está poseído, irremediablemente, por todos los demonios del abecedario.

     

 



Fuente: José Pulido



Foto de Gabriela Pulido


Nació en Venezuela, el 1° de noviembre de 1945.Vive en Génova, Italia.

En 1989 obtuvo el Segundo Premio Miguel Otero Silva de novela, Editorial Planeta. En el 2000 recibió el Premio Municipal de Literatura, Mención Poesía, por su poemario Los Poseídos. Ha publicado cinco poemarios y nueve novelas. Desde el 2018 el Papel Literario de El Nacional creó la Serie José Pulido pregunta y publica las entrevistas que ha realizado a creadores y artistas.

Ha fundado y dirigido varios suplementos y revistas de literatura. 
Si se requiere información detallada sobre estas publicaciones, favor solicitarla a este correo: jipulido777@gmail.com


Forma parte de la Antología Por ocho centurias, XXI Encuentro de Poetas iberoamericanos, Salamanca, España, entre otras.

Ha sido invitado a festivales en Irak, Colombia, Brasil, Chile, España y Génova. Participó, en 2012, como invitado de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos que se celebran en Salamanca. En el 2018 y en el 2019 invitado al Festival Internacional de Poesía de Génova.

Publicaciones más recientes:

El puente es la palabra. Antología de poetas venezolanos en la diáspora.

Compilación: Kira Kariakin y Eleonora Requena, para Caritas.

Poeti Uniti per il Venezuela, Parole di Libertà (Poetas Unidos por Venezuela, Palabras de Libertad) publicado por Borella Edizioni, evento respaldado por la Associazione culturale Orquidea de Venezuela, con sede en Milán.

Poemario Heridas espaciales y mermelada casera editado por Barralibro Editores




 

 

 

 


Julio Cortázar y el compromiso revolucionario: "¿por qué me voy a sentir obligado a poner la política en cada cosa que escriba? Mi literatura, entonces, sería muy mala" / entrevista (fragmento) de Viviana Marcela Iriart, Revista Semana, Caracas, septiembre de 1979








EL ESCRITOR Y SU COMPROMISO CON LA REVOLUCIÓN

“Yo tengo una gran latitud de enfoque en el plano de trabajo de los escritores. 

Yo creo que puede haber escritores puros, que no introduzcan ningún mensaje político en lo que hacen. Creo que eso es posible, y que su obra puede ser revolucionaria si es una obra creadora, que renueva, una obra bella.

Lo único que exijo en esos casos es que la persona que hace literatura pura, muestre con su conducta personal que no es un escapista.

Que si él no pone política en lo que hace, es solamente porque -por ejemplo- su vocación es escribir un soneto en donde la política no entre. Pero él tiene que demostrar con su conducta, con su responsabilidad personal, que tiene derecho a escribir esos sonetos. 

Mira, yo me divierto mucho en escribir literatura pura... El año que viene sacaré un libro, que estoy terminando, donde hay uno o dos cuentos con contenido político, los demás son cuentos fantásticos. Y creo que tengo derecho a escribirlos, porque mis lectores saben quién soy. Entonces, ¿por qué me voy a sentir obligado a poner la política en cada cosa que escriba? Mi literatura, entonces, sería muy mala, soy muy consciente de esto. No todo hombre ha nacido para la acción, no todo hombre tiene a veces ¿cómo decirte? las aptitudes físicas para jugarse en un plano de acción. 

No todo hombre ha nacido para ser soldado de una revolución. Puede ser un hombre de una vida interior, de una timidez de carácter, que lo lleva a escribir exclusivamente una obra que canta a la revolución. Pero yo no creo que se le pueda exigir una militancia práctica a todo el mundo”.



© Viviana Marcela Iriart
Fragmento de la entrevista
Revista Semana
Caracas, septiembre de 1979.
Publicada en noviembre de 1979

Entrevista completa: pincha aquí






José Pulido entrevista a Gabriel García Márquez







Hay una elite intelectual
que considera imposible
popularizar la literatura
G.G.M.




En el epicentro de una ventolera de playa, se desarrollaba uno de los tantos congresos de escritores que organizaban en La Habana. Gabriel García Márquez era el imán que atraía a periodistas de varios continentes, pero ninguno había logrado entrevistarlo. Como vieron que yo andaba con Miguel Otero Silva y el Gabo se la pasaba hablando con él, un entreverado grupo de periodistas latinoamericanos, españoles y franceses me insistió: “¿por qué no le haces unas preguntas y las compartes con nosotros?”. Yo no cargaba grabador. Sólo una pequeña libreta. Un rato después me acerqué a Gabriel García Márquez y Miguel Otero, quienes tomaban café negro y hablaban de todo menos de literatura. Le dije al Gabo, tratando de no parecer irrespetuoso “Si usted no me permite aunque sea un entrevista pequeñita, el dueño de El Nacional, que usted conoce muy bien, me va a mandar de regreso a Caracas”. Miguel Otero asintió poniendo cara de jefe terrible, tornándose cómplice de mi planteamiento. Y así comenzó la primera entrevista que le hice a Gabriel García Márquez. Luego, gracias también a ese otro escritor fabuloso que era Otero Silva, sostuve otras emocionadas y desatinadas conversaciones con el autor de Cien años de soledad y todos los demás títulos que nadie ignora.

La entrevista

El primer lote de mil ejemplares de “Crónica de una muerte anunciada” puesta a la venta por Casa de las Américas, se vendió en La Habana en menos de dos horas.
Gabriel García Márquez firmó más de doscientos de esos ejemplares, mientras conversaba con viejos conocidos, de los que tuvieron el privilegio de ser sus amigos cuando era un pendejo que nadie quería entrevistar.

Eso ocurría en La Habana, durante los primeros días de septiembre de 1981. En una mesita apartada, García Márquez habla con Otero Silva sobre sus días de pesca con Fidel Castro y otros cubanos y se recrea explicando por qué es un furibundo admirador de Hemingway.

-Hemingway me dio los mejores consejos que me han dado para escribir –dice el Gabo.

-Me enseñó que la obra literaria es como un iceberg, del cual sólo se ve una octava parte de su volumen, pero lo que sustenta lo visible son las siete partes que están bajo el agua... Me enseñó que muchos escritores se rompen la cabeza tratando de hacer diálogos que se parezcan a la vida real, porque no saben que los diálogos en la literatura sólo son reales cuando son literarios.

Vestido con bragas de mecánico y con las canas cenicientas ganándole terreno a los cabellos negros, García Márquez trata de zafarse de la firma de libros y de las entrevistas: “¿Para El Nacional? ¿Por qué no le dices a Otero Silva que me pague la entrevista?, fíjate que en Moscú me las pagan”, bromea.

Insistiendo en que es un hemingwayano, García Márquez enfatiza: “Hemingway me enseñó también que se puede hacer una literatura revolucionaria sin necesidad de pregonarlo en la misma literatura”.

Se levanta con ganas de alejarse. Está reacio a cualquier entrevista, pero accede a responder porque es como una conversación y no aparece a la vista ningún grabador. Sin embargo, desconfía de la libreta y apunta:

-Tú no vas a entender nada de lo que estás escribiendo ahí...

-¿Exactamente cuántos ejemplares se han vendido de Crónica de una muerte anunciada hasta ahora? ¿es cierto que será llevada al cine?- (preguntas desesperadas).

-En español se han vendido dos millones de ejemplares... ¿Me preguntaste si la iban a llevar al cine? Esa es una manía de los cineastas, pero hasta ahora no hay nada en concreto... es una manía perfectamente válida, por lo demás.

-¿A qué se debe el éxito de su último libro? Se ha dicho que está “hinchado” con letras grandes, que no es en realidad una novela. (Pregunta de novato patán).

El Gabo despliega su bigote de taxista, también harto ceniciento, cuando sonríe ante lo que seguramente ha sido una crítica permanente, respecto a “Crónica de una muerte anunciada”. (Si la letra es chiquita la gente se queja. Si es grande, se queja igual).

-La Crónica… está en la calle, con los cigarrillos, frente a los cines, en los estadios y los quioscos, con un precio bajo. Y la letra es grande para que la lean personas que carecen del hábito de la lectura. Yo sostengo que la literatura sí le interesa a la gente... Hay quienes se inhiben de ir a las librerías, que son como templos y cuando ven un libro así en la calle lo compran.

-Si uno se echa a la calle y escribe para muchos lectores, entonces el resultado es ese: dos millones de ejemplares vendidos en español –añade García Márquez.

Está que se va, como si le hubieran soltado las amarras, pero continúa hablando:
-Esa es la eterna lucha entre la buena y la mala literatura: disputar el mercado.

El viento entra con fuerza por un ventanal abierto, da vueltas entre cortinas y se lleva varias servilletas de las mesas como bailando un vals de Strauss. Un segundo después se ha ido. El Gabo parece recordar que no desea ser entrevistado. Pero tiene ganas de decir algo y quizá el periodista que tiene por dentro le ha hecho una pregunta.

-Hay un pequeño grupo de intelectuales de élite que considera imposible popularizar la literatura. Yo creo que lo malo es hacer concesiones para ensanchar ese mercado, pero uno no debe renunciar a estar en la onda popular... Yo estoy en esa onda...

En el Encuentro de Intelectuales, García Márquez fue el escritor más asediado y besado por las damas. A cada rato interrumpían la entrevista para abrazarlo y mancharle la cara con boquitas y bocotas de rouge. Olía a varias y distintas fragancias femeninas.

-En Europa hubo una edición “pirata” de la Crónica… y dicen que se agotó. ¿Eso es cierto?

García Márquez se ríe verdaderamente divertido por eso: “Yo soy partidario de los editores piratas porque gano lectores, que es lo que más le interesa a un escritor cuando ya tiene dinero con qué comer. Quien pierde es el editor legítimo”.

Se le pregunta respecto al comité de los siete que respaldaría la proyección cultural francesa, en la búsqueda de una estrecha relación con los pueblos latinoamericanos, y responde que a su juicio este organismo funcionará con mayor agilidad que otros.

-No será oficial, se mantendrá autónomo. Se reunirá cada año y tendrá un secretario general. Yo espero quedar en ese comité: es el sueño de mi vida.

-¿Qué ha pasado con la demanda de los personajes de la Crónica…?

El Gabo parece estar a punto de decir “no me preguntes eso”, pero comenta, desganado, que la demanda es contra unos periodistas.

 - Yo no tengo nada que ver con eso –especifica.

Ahora sí se distancia, no hay posibilidad de tirarle el anzuelo de otra interrogante, pero, sin embargo, antes de alejarse con su paso rápido, se asoma a la libreta de apuntes como un niño que desea ver lo que hierve en una olla y repite su comentario inicial, aderezado ahora con unas cuantas obscenidades de Aracataca:

-A mí me parece que tú no vas a entender un coño de esa vaina.






Fuente: José Pulido



Foto de Gabriela Pulido


Nació en Venezuela, el 1° de noviembre de 1945.Vive en Génova, Italia.

En 1989 obtuvo el Segundo Premio Miguel Otero Silva de novela, Editorial Planeta. En el 2000 recibió el Premio Municipal de Literatura, Mención Poesía, por su poemario Los Poseídos. Ha publicado cinco poemarios y nueve novelas. Desde el 2018 el Papel Literario de El Nacional creó la Serie José Pulido pregunta y publica las entrevistas que ha realizado a creadores y artistas.

Ha fundado y dirigido varios suplementos y revistas de literatura. 
Si se requiere información detallada sobre estas publicaciones, favor solicitarla a este correo: jipulido777@gmail.com


Forma parte de la Antología Por ocho centurias, XXI Encuentro de Poetas iberoamericanos, Salamanca, España, entre otras.

Ha sido invitado a festivales en Irak, Colombia, Brasil, Chile, España y Génova. Participó, en 2012, como invitado de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos que se celebran en Salamanca. En el 2018 y en el 2019 invitado al Festival Internacional de Poesía de Génova.

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Poemario Heridas espaciales y mermelada casera editado por Barralibro Editores




Julio Cortázar y América Latina: "En mi corazón América Latina existe como una unidad", entrevista (fragmento) de Viviana Marcela Iriart, Revista Semana, Caracas, septiembre de 1979




Julio Cortázar. Foto: Sara Facio



“Lo voy a decir de una manera sentimental, casi a lo Rubén Daríoen mi corazón, América Latina existe como una unidad. Soy argentino desde luego (y me siento contento de serlo), pero fundamentalmente me siento latinoamericano. Yo estoy en mi casa en cualquier país de América Latina, siento las diferencias locales, pero son las diferencias dentro de la unidad. Eso, en el plano personal. En el plano geopolítico, está la nefasta política de dividir para reinar, que han aplicado los norteamericanos desde hace tanto tiempo. Fomentando los nacionalismos, las rivalidades entre los países para dominarlos mejor, destruyendo el sueño de Bolívar de los “Estados Unidos de América del Sur” y creando diferentes países orgullosos, seguros de sí mismos, dispuestos a hacerse la guerra por cuestiones que no resisten un análisis profundo; eso es una realidad. 

Y yo pienso que uno de los deberes capitales de los políticos de izquierda, de los escritores revolucionarios, es intentar por todos los medios de luchar contra ese chauvinismo, que hace que un niño argentino en la escuela aprenda que él es mucho mejor y más que un niño chileno o paraguayo. Por cierto que en mi visita anterior hablé con venezolanos de la calle y su idea sobre los colombianos, su desprecio, su odio, me aterraron. Lo mismo, por supuesto, ocurre en el caso inverso. Es la prueba de que dividir para reinar funciona, que a los yankis les conviene seguir fomentándolo y que las dictaduras locales están encantadas de hacerlo”.


© Viviana Marcela Iriart
Fragmento de la entrevista
Revista Semana
Caracas, septiembre de 1979.
Publicada en noviembre de 1979

Entrevista completa: pincha aquí





UNA PASIÓN FRANCESA PARA USLAR PIETRI / José Pulido, El Universal 21 de febrero de 1997




La entrevista que le hice en 1997 cuando cumplió 91 años de edad.








Una alta y enorme ola de libros se eleva y parece a punto de caerle encima. Arturo Uslar Pietri, escritor de 91 años de edad, mencionado varias veces como candidato al Premio Nobel, va de un lado a otro de la biblioteca con una agilidad muy especial.

Podría movilizarse allí con los ojos cerrados: es el lugar donde pasa más tiempo. Busca datos, notas, párrafos, recuerdos, olores de tintas, aromas de rincones. En algún momento del día debe hablar consigo mismo preguntándose o respondiéndose inquietudes relacionadas con la existencia suya. Ha sido un hombre encerrado en una especie de fortín: Casi nunca sale de allí. Únicamente su voz y sus opiniones lo hacen. Sus libros, sus ideas, sus declaraciones: Uno solo de sus libros debe haber recorrido más calles de Caracas que él.

Sin embargo, en estos días tiene que salir hasta el aeropuerto y subirse a un avión. Arturo Uslar Pietri se prepara porque el miércoles 26 y el jueves 27 de febrero realizarán en París un homenaje a su persona y a su obra.

En realidad, este es un homenaje sin precedentes que ha comenzado desde hace más de un año con la traducción al francés de los libros Godos, insurgentes y visionarios y Los vencedores.  Ahora se presentará vertida al francés la obra El camino de El Dorado. Todos estos títulos han sido publicados en Francia por la editorial Criterion. El traductor de El camino de El Dorado es Philippe Dessommes Flórez, quien estará presente en los actos de París junto con otros invitados como el embajador de Venezuela  en Francia; Fernando Ainsa, director de ediciones de la Unesco; Astrid Avendaño, autora de la obra Arturo Uslar Pietri: entre la razón y la acción; Francois Delprar, Universidad de París III, presidente del Centro de Estudios de Literatura Venezolana; Gustavo Guerrero, Universidad de Amiens, secretario general del Centro; y Ghislain Ripauls, director de colecciones de la editorial Criterion.

El miércoles 26 de febrero habrá una conferencia en la Sorbona con la intervención de todas esas personalidades, quienes hablarán sobre la literatura y la vida de Arturo Uslar Pietri. El jueves, la UNESCO lo tiene como invitado de honor en un almuerzo con todas las delegaciones latinoamericanas.

RECONOCIDO POR EL MUNDO

El año de 1997 es un monstruo que a estas alturas ya se ha tragado los mangales, los caminos, el aire puro del Ávila, las flores, las matas, las arboleadas propias del valle de Caracas y también ha devorado a casi toda la gente caraqueña que nació a finales del siglo pasado y comienzos de este. Es un monstruo que rodea la zona, que ruge en torno a la casa del escritor con ganas de lanzarle una dentellada.

Arturo Uslar Pietri es el único autor venezolano que hasta los momentos ha recibido un homenaje de estas características en Francia.

–Voy a París invitado por la editorial Criterion, por la dirección de la UNESCO y el gobierno francés. El acto central va a ser la presentación del libro, y eso tendrá lugar en la Sorbona, el jueves de la semana que viene. Es una especie de homenaje que me hacen en la Sorbona con motivo de la aparición de este libro, El camino de El Dorado, en francés.

–¿Qué significa todo eso para usted y para el país?

–Lo que está ocurriendo me parece muy satisfactorio para la literatura venezolana, para nosotros que nos quejamos del poco interés que muestran hacia nuestra literatura. Esto se inscribe en un proceso intelectual muy importante que está ocurriendo en Francia.

–¿Podría explicarlo?

–Después de la II Guerra mundial se inició, particularmente en Francia, por motivos de la política de enfrentamiento Este–Oeste, un movimiento con un gran prestigio intelectual que se llamó “la literatura comprometida”, cuyo campeón era Sartre. Eso trajo como consecuencia que todo el interés de las principales editoriales se volcara hacía la literatura comprometida, hacia toda la literatura que estaba a favor de la revolución mundial. Los escritores que no estábamos en eso, que andábamos preocupándonos en cosas más permanentes pasamos a un segundo plano e incluso a un plano de menosprecio.

–Su obra ¿no fue editada antes en Francia?

–Yo fui el primer escritor latinoamericano publicado por la editorial Gallimard, que es una de las más prestigiosas de Francia. Gallimard editó Las lanzas coloradas. Eso anunciaba un gran interés por un escritor que tenía 24 años, y acababa de publicar ese libro. Sin embargo, vino el oleaje de la literatura comprometida y el interés de las grandes editoriales por mi obra disminuyó durante años. Lo que importaba era con quién se estaba afiliado, si se estaba dentro de la onda de la revolución o no.

–Resultó una etapa difícil para usted y para otros autores…

–Hace muchos años, cuando comenzaba esa situación, un gran escritor francés, Julián Benda, publicó un libro que se llama La traición de los intelectuales, en el que decía que los intelectuales estaban enrolándose en una lucha política subalterna y estaban perdiendo de vista el gran papel tradicional de gestores de pensamiento, de inteligencias abiertas, de cuestionadores de lo que está ocurriendo y que eso era muy lamentable y que iba a tener negativas consecuencias. Y las tuvo.

–Las circunstancias han cambiado.

–Con el colapso de la Unión Soviética y la caída del muro de Berlín ese panorama cambió radicalmente. Ya venía cambiando hace tiempo y hoy en día la literatura comprometida es cosa del pasado. En este momento hay una gran revalorización en Europa, particularmente en Francia y en España, de toda la literatura que quedó arropada por la literatura comprometida. Están buscando a los escritores que no se enrolaron, a los que pensaron por su cuenta, a los pensadores que expresaban cosas desde un punto de vista personal, individual y original.

–Volvieron al instante en que el nombre de Arturo Uslar Pietri les llamó la atención con Las lanzas coloradas.

–En esa búsqueda se ha vuelto a despertar el interés por mí en Francia y esta editorial Criterion, con apoyo de la UNESCO, ha venido publicando mi obra en francés: este es el tercer libro en un año y pico. Para mí es doblemente satisfactorio porque es un reconocimiento al más alto nivel, a la importancia que fuera de Venezuela tiene mi obra y es al mismo tiempo una afirmación de que la validez de mi obra es permanente. En este momento en que se ha liquidado toda esa literatura comprometida, reaparecen unos autores que estuvieron muy desdeñados.

Yo no entré nunca en la literatura comprometida, yo no me enrolé en el compromiso político de izquierda que dominó a la literatura francesa durante muchos años y gran parte de la literatura europea y de la hispanoamericana.

–Su obra ha sido traducida a varios idiomas. Usted ha contado con un reconocimiento internacional ¿no le parece?

–Libros míos han sido traducidos al francés, alemán, chino, checo, ruso, serbo–croata. El caso mío es muy particular. Durante muchos años hubo una verdadera antipatía por mi obra, que yo no voy a decir quiénes la sintieron ni por qué; que lo investiguen otros. Y desapareció el estudio de mi obra de las universidades. Hubo una actitud por motivos políticos locales: yo no estaba vinculado a los grandes partidos que dominaron el país, yo no tenía la simpatía de la gente que se hallaba vinculada a esos movimientos y entonces se trató de disminuir mi importancia y de mencionarme lo menos posible.

Aquí se llegó a extremos de que, a niveles muy altos del pensamiento de la docencia universitaria, se hicieron listas de los principales escritores venezolanos y a mí no se me incluía. Me han propuesto en todas partes para el Premio Nobel menos en Venezuela. Yo no he tenido familia política, no he tenido un partido detrás de mí, en todo caso ha habido desinterés puesto que no me pueden utilizar. A nivel universitario es más lamentable porque ahí no debió llegar la pasión política hasta el extremo de haberme excluido del campo de la enseñanza literaria a nivel universitario: Lo que importa son los pensadores y lo que dicen.

–Pero Monte Ávila le publica ¿no es cierto?

–Hay varios libros míos en Monte Ávila, que están por salir desde hace tiempo y yo espero que salgan. Casi no he editado en Venezuela. Monte Ávila ha editado algunas cosas mías, pero la mayoría de mis ediciones han sido hechas afuera, en México y España. En este preciso momento acaba de aparecer en México un libro de 800 páginas preparado por Carrera Damas, con una muestra de mi obra literaria.

LA SOLEDAD ES MAYOR

La casa de Arturo Uslar Pietri siempre ha sido un lugar rodeado de grama, de mangos, de cercas que van perdiendo el equilibrio. Adentro, los libros han ido elevándose en hileras implacables hasta tocar el techo. Es una casa que muestra unas cuantas puertas clausuradas, por donde ya no se transita. Cuando doña Isabel Braun, esposa del escritor, estaba viva, las plantas parecían más frescas, las obras de arte que adornan algunas paredes tenían un brillo de protección museística y ninguna araña osaba tejer su tela entre un libro y otro.

–¿No es demasiado fuerte la ausencia de su esposa?

–Es una tragedia horrible. Vivimos 57 años de matrimonio perfecto, nunca tuvimos ningún problema. Era una mujer admirable, pero aparte de eso yo he sido un hombre muy solitario, no he sido nunca un hombre de grupos. Pienso que la obra de un intelectual es fundamentalmente una obra en solitario, de hombre que reflexiona. Yo salgo muy poco. Durante semanas enteras no piso la puerta de la calle. Desde que nos casamos vivimos aquí. Yo he podido vivir en cualquier país del mundo, de este planeta y sin embargo me he quedado en Venezuela.

–¿Qué aconseja hoy a los autores jóvenes?

–Que se enserien, que piensen más en el mundo que en la pequeña capilla literaria que los rodea. Que tengan una visión abierta de cuáles son los grandes problemas de hoy en día en América Latina, de Venezuela y el mundo y que se salgan de esa especie de parcelita en que han ido cayendo todos, encerrándose en una insignificancia evidente porque lo que están es ocupándose de cosas que no tienen más interés que para el pequeño grupo dentro del cual funcionan.

–¿Escribe ahora en computadora?

–El periodismo lo sigo haciendo, pero estoy en una situación muy difícil por la falla de los ojos. Claro: no puedo escribir en máquina, que es lo que he hecho toda mi vida: sentarme ante una máquina de escribir. Muchísimo menos puedo entrar a trabajar con un procesador de palabras o meterme en Internet, de modo que todo eso se me ha convertido en una cosa inaccesible y entonces estoy limitado a dictar. Ya es una relación muy distinta, otra manera, otro medio, otra técnica de expresión que impone consecuencias, limitaciones, matices.

–¿Es cierto que está escribiendo otra novela?

–Desde hace muchos años tengo la idea de una novela que no sé si voy a hacer finalmente, con todas estas circunstancias... con estos problemas. Era una novela sobre lo que fue la ciudad de Potosí en la época colonial. Esa ciudad era un mundo mágico, que además sirve bastante para explicar la formación de América Latina. Ese es un tema que me ha interesado muchos años, en torno al cual ha reunido bastante material pero...

Arturo Uslar Pietri corta la frase momentáneamente mientras le echa una mirada intensa a la biblioteca, a las rumas de libros, a las sombras frescas que se escurren en las esquinas de la sala y caen como oscuro caramelo en los cucuruchos de los rincones. Afuera suenan los motores del 1997 cual disparos de artillería contra ese fortín, ataques del monstruo capitalista del 1997 contra el señor que protege la última muralla del ayer. El escritor vuelve al tema diciendo:

–He reunido bastante material, pero estoy un poco como Moisés...

–¿Qué ocurrió con Moisés?

–Qué vio la tierra prometida pero no entró en ella.




 ©José Pulido
El Universal
Caracas
21 de febrero de 1997



Foto de Gabriela Pulido

Nació en Venezuela, el 1° de noviembre de 1945.Vive en Génova, Italia.

En 1989 obtuvo el Segundo Premio Miguel Otero Silva de novela, Editorial Planeta. En el 2000 recibió el Pre
mio Municipal de Literatura, Mención Poesía, por su poemario Los Poseídos. Ha publicado cinco poemarios y nueve novelas. Desde el 2018 el Papel Literario de El Nacional creó la Serie José Pulido pregunta y publica las entrevistas que ha realizado a creadores y artistas.

Ha fundado y dirigido varios suplementos y revistas de literatura. 
Si se requiere información detallada sobre estas publicaciones, favor solicitarla a este correo: jipulido777@gmail.com


Forma parte de la Antología Por ocho centurias, XXI Encuentro de Poetas iberoamericanos, Salamanca, España, entre otras.

Ha sido invitado a festivales en Irak, Colombia, Brasil, Chile, España y Génova. Participó, en 2012, como invitado de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos que se celebran en Salamanca. En el 2018 y en el 2019 invitado al Festival Internacional de Poesía de Génova.

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