Reverón en el mar Caribe, foto del documental de Margot Benacerraf "Reveron". Somos una hemeroteca de textos y otras cosas hermosas, de ayer y de hoy y de mañana también.

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Y ASI PASÓ... HILDA VERA, TODA UNA DIVA... / por Jairo Carthy / Domingo 4 de octubre de 2026

 

En aquellos años de intensa actividad artística, uno de mis trabajos favoritos  - que hacía casi por puro placer - era el maquillaje para sesiones fotográficas. Hacía mancuerna con Marta Mikulán Martín, fotógrafa argentina de gran prestigio. Sus “clientes” eran generalmente del medio artístico: teatro, ballet, música clásica, cine y televisión.

 

Teníamos tal compenetración que llegamos a presentar la exposición Rostros de la Música. Sabíamos exactamente cómo domar la luz y las sombras para la fotografía en blanco y negro, que se usaba mucho en ese entonces, intensificando rasgos para que cada artista luciera impecable. En mi caso, el maquillaje surgió por necesidad actoral: en mi afán por transformarme para cada personaje, experimentaba conmigo mismo todo tipo de trucos e inventos. Por petición popular, terminé aplicando esos hallazgos en rostros ajenos. Me fascinaba el maquillaje de caracterización, aunque también asumí el eterno terror de todo maquillador: arreglar novias.


Un día nos contrató una celebridad de otra categoría. Una mujer de energía inagotable, sensualidad a toda prueba y estampa de fuego: nada más y nada menos que HILDA VERA, diva indiscutible de nuestro cine, teatro y televisión.

 

Nos citó en su casa para la sesión. Era un enorme y elegante apartamento en una de las mejores zonas de Caracas. Entrar allí era respirar talento y disciplina: las paredes estaban tapizadas de placas, premios, trofeos y reconocimientos a una carrera memorable.

 

Como el inicio de fotos siempre es tenso, mientras Marta montaba las luces, Hilda y yo coordinábamos el vestuario. Llegó el momento del maquillaje. Ella se puso una espectacular bata de seda blanca y yo encendí los motores. Para romper el hielo me gustaba hablar; la química entre maquillador y modelo es sagrada. Todo fluía de maravilla. El centro de atracción eran sus ojos.

 

Para las pestañas, yo utilizaba un rímel profesional en pasta negra que me había enseñado a usar el gran maquillador Francois Paredes. Se aplicaba con un cepillito especial y luego, con un alfiler largo, yo iba separando y destacando pestaña por pestaña con precisión quirúrgica.

 

En pleno proceso de microcirugía en el ojo izquierdo, Hilda me pregunta con absoluta desenvoltura:

 - ¿Y no me vas a poner de una vez las pestañas postizas?

 - No, Sra. Hilda - le respondí con mucha serenidad  -. No hace falta. Con mi técnica le van a quedar igual o mejor que las postizas.

Aquello fue como arrojar una chispa en un barril de pólvora. En un solo impulso se puso de pie, escandalizada:

- ¡No, no, no! Yo necesito pestañas postizas. Es lo lógico, ¡lo profesional! Yo no me tomo ni una sola foto sin las pestañas postizas.

Gritaba con tal vehemencia que Marta entró corriendo a la habitación para ver si había estallado una guerra.

- ¡Imagínate, Marta! - dijo la Diva, señalándome -. Dice este muchacho que no me va a poner pestañas postizas porque me las deja «mejor». ¡Tú estás loco! Si no me las pones, aquí no hay fotos.

 

Marta me tomó del brazo, me arrastró a un rincón y me susurró entre dientes:

- Jairo, por el amor de Dios, no le lleves la contraria. Ponle las pestañas y se acabó el drama.

 - Marta, no tengo problema en ponérselas. El problema es que no las tengo. Últimamente, no las uso y no las traje.

A Marta se le desencajó el rostro.

- ¡Pues sales corriendo a comprarlas! ¡El tiempo corre!  

De inmediato le dije: - ¿A dónde, Marta? ¡Hoy es Jueves Santo! Está todo cerrado y esto es una zona residencial.

 

En eso reapareció Hilda Vera. Con la bata blanca, el rostro a medio maquillar y un turbante improvisado en la cabeza, parecía el personaje de una película de los años cincuenta.

- ¿Y bien? ¿Me las vas a poner o no?

Marta intervino con una sonrisa ensayada que denotaba pánico puro:

- ¡Por supuesto, Sra. Vera! Lo que pasa es que Jairo va a buscarlas en mi estudio.  Ya regresa.

Me volvió a ver con unos ojos desorbitados que eran una súplica desesperada.

 - Claro que sí, ya regreso - atiné a decir.

En la puerta, Marta me despidió al borde del colapso:

- Trata de conseguirlas donde sea o este trabajo se va al carajo.

 

Salí disparado. La parte “positiva” del Jueves Santo era que Caracas parecía una ciudad fantasma: ni un solo carro en la calle, lo que me permitía volar de un extremo a otro. La parte trágica era que en esa época la Semana Santa era sagrada y nadie abría un local. Tampoco existían las cadenas de farmacias 24 horas de hoy en día.

 

Manejé en vano hasta que tuve una revelación: ¡las farmacias de turno! Tras dar vueltas desesperadas, encontré una farmacia pequeña. Me atendió una señora mayor que, milagrosamente, tenía una cajita de pestañas postizas con su pegamento incluido. Vi el cielo abierto. Por poco le doy un beso antes de salir volando de regreso. Estaba feliz.

 

Cuando reaparecí, a Marta le volvió el alma al cuerpo. Hilda estaba tomando un té, muy compuesta:

- Bueno, mi amor, pónmelas de una vez. Yo sin pestañas postizas me siento desnuda. 

Marta y yo nos miramos, provocaba risa la situación, pero la idea era no contradecirla:

- Claro Sra. Hilda la entiendo perfectamente -le dije yo.

Le coloqué las pestañas postizas en el ojo derecho – ambos ojos tenían mi técnica manual.  Llamé a Marta para que evaluara el progreso. Marta se acercó, miró fijamente el rostro de Hilda y dijo aliviada:

- ¡Buenísimo! Ya está lista, Sra. Hilda.

De inmediato salté yo: - ¡No, Marta! Falta el ojo izquierdo.

Marta se me quedó viendo. Al notar que el ojo izquierdo (sin postizas) lucía exactamente igual de tupido e impactante que el derecho (con postizas), entendió la jugada.

-Ah... ¡Claro! Excelente. Ya casi empezamos - disimuló Marta.

Y por supuesto le puse las pestañas que faltaban, aunque no hicieran falta.   

-Listo Sra. Hilda – le dije.

Hilda se miró en el gran espejo, ensayó una pose majestuosa y suspiró satisfecha:

-¡Ahora sí! La diferencia es del cielo a la tierra. Ahora sí estoy tranquila.

Se giró, me dio un beso y me dijo: “Eres un sol, Jairo. ¡Muchas gracias!”.

 

Lo que vino después fue un espectáculo inolvidable. Hilda se cambió cerca de cien veces: utilizaba atuendos de todo tipo, para toda ocasión, vestidos de gala, vestidos de cocktail, blusas entalladas con jeans mostrando sus curvas espectaculares, aderezadas por múltiples accesorios que ella manejaba con una destreza sorprendente: sombreros, plumas, estolas, pieles, Marabú de varios colores. Collares, pulseras, bufandas, zarcillos, era algo increíble y con la velocidad que lo hacía, se miraba en el enorme espejo que tenía, ensayaba rápidamente 2 o 3 poses y directo a las fotos.  Irradiaba una energía desbordante. 

 

Marta estaba al borde del colapso porque Hilda se movía mucho y con tanta fluidez que, cuando la cámara enfocaba, ella ya había cambiado de pose. Pasaba de frágil a sexy, de soñadora a dramática en cuestión de segundos. Fue una jornada agotadora, pero el resultado fotográfico fue sublime.

Hilda Vera demostró por qué era una leyenda insustituible. A pesar del tiempo tenía la fuerza y picardía de una joven, era maravilloso verla disfrutar la sesión de fotos.  Yo estaba agradecido de haberla conocido y poder verla en acción y compartir con alguien como ella, era toda una celebridad… Hilda Vera es un referente para muchas generaciones de futuros artistas por su disciplina, talento y amor por las artes escénicas.  

Y así pasó…

 

PD: A partir de ese Santo día, jamás volvió a faltar un par de pestañas postizas en mi maletín.






"CARLOS GIMÉNEZ MEMORY-Aproximación biográfica" de Viviana Marcela Iriart, prólogo de José Pulido, diseño gráfico de Jairo Carthy, Ediciones Choroní, septiembre 2026

 






“CARLOS GIMÉNEZ MEMORY-Aproximación biográfica” de Viviana Marcela Iriart, prólogo de José Pulido, diseño gráfico de Jairo Carthy y publicación de EDICIONES CHORONÍ, nos adentra en la vida, obra y pasión de un hombre que, en apenas 30 años, dejó una huella en el mundo teatral que ni el paso del tiempo puede borrar.

Pero…¿quién fue Carlos Giménez?


“¿Quién dirige con la mentalidad única de un Fellini, planea con la paciencia de un Kissinger, combina el arte y el comercialismo con la astucia de un Joe Papp y vive en Caracas, después de haber resucitado de entre los muertos? Carlos Giménez”. Jeff Levis, The Daily Journal, 1982

Alabado por Joseph Papp, Giorgio Strehler, Pierre Cardin, García Márquez, Jack Lange, The New York Times…¿quién fue Carlos Giménez, Argentina 1946-Venezuela 1993, el genio argentino-venezolano de la creación teatral?

“En Caracas hay un joven director que ha encontrado la esencia del estilo épico de Brecht y los elementos de los métodos de trabajo de Peter Brook, en soledad, lejos de los maestros europeos. Ese director es Carlos Giménez”. Glenn Loney, Universidad de Cambridge, 1986.

Carlos Giménez realizó su primera gira europea a los 17 años y a los 19 años recibió sus primeros premios internacionales en Europa.

“El Sr. Giménez crea un espectáculo con la belleza y la grandeza cromática de una pintura de Gericault y envía a sus personajes a girar en torno a ella en una danza hipnótica, pero sin difuminar las complejas líneas de la trama". The New York Times, 1987

En su corta vida, murió a los 46 años, sus montajes, que eran un canto a la libertad, revolucionaron, cautivaron, fascinaron, crearon polémica, y deslumbraron al mundo entero.

Adorado, odiado, perseguido, encarcelado, deportado, exiliado, torturado, difamado, endiosado… Carlos no se detuvo ante ninguna adversidad ni ante ningún elogio: en 29 años dirigió 101 obras de teatro en 7 país, realizó giras por 35 países de 3 continentes, creó más de 20 instituciones teatrales en Venezuela y Argentina, entre ellas el Festival Internacional de Teatro de Caracas y el Festival Latinoamericano de Córdoba, Argentina.

La adaptación y dirección de “El Coronel no tiene quien le escriba” (1989), de García Márquez, lo encumbró como uno de los mejores directores del mundo.

“Absolutamente emocionante. De veras no esperaba que fuera tan emocionante, tan conmovedora para mí y tengo la impresión de que para el público también porque me di cuenta de que todo el mundo quedó en suspenso desde la primera palabra hasta la última. No se oyó volar una mosca, no se oía respirar. Es emocionante realmente”. Gabriel García Márquez, Premio Nobel de Literatura México, 1989.

Viviana Marcela Iriart es una escritora y editora argentina-venezolana, fundadora de la editorial independiente Ediciones Choroní y del blog, canal de Youtube y página de Facebook de Carlos Giménez.
Ha publicado los libros “Bravo Carlos Giménez”, “María Teresa Castillo-Carlos Giménez-Festival Internacional de Teatro de Caracas 1973-1992” (de lectura gratis), “La Casa Lila” (novela LGBT), “Entrevistas” y “Puerta Abierta al Mar” (teatro).







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Entrevista al Maestro José Pulido que será Huésped Distinguido en España después de haber sido premiado en Italia : “SIENTO QUE MI POESÍA ESTÁ SIENDO RECONOCIDA POR ENTIDADES QUE IMPORTAN MUCHO”/ Luciana Castillo, 29 de setiembre de 2026

 


El Maestro José Pulido será declarado Huésped Distinguido de la ciudad de Salamanca, España,  por el alcalde de esa ciudad, el 4 de octubre, dentro de la conmemoración del XXIX Encuentro de Poetas Iberoamericanos del que forma parte. En 2024 fue condecorado en Italia con  el Premio Internacional de Excelencia “Ciudad del Galateo - Antonio De Ferrariis Italia y en 2023 fue incorporado a la Academia Venezolana de la Lengua.

Este año ha publicado tres libros excepcionales: Abrazo de Palabras y  Detalles Metafísicos por la editorial Ediciones Choroní, y Ávila Vertical, fotografías de Jorge Luis Santos García con poemas en español e inglés del Maestro  Pulido y que actualmente está en exposición en la Sala Mendoza de Caracas. Y es parte del libro "El Quijote de Salamanca (o Quijotes para una Dama) del pintor Miguel Elías, que será publicado próximamente por  la Fundación Salamanca Ciudad de Cultura.    







Maestro Pulido, ¿cómo se siente al haber sido elegido Huésped Distinguido de la ciudad de Salamanca, dentro  del  XXIX  Encuentro de Poetas Iberoamericanos en Salamanca, España?


He sido invitado tres veces antes al Encuentro de Poetas Iberoamericanos de Salamanca pero esta es la primera vez que soy Huésped Distinguido. Siento que mi poesía está siendo reconocida por entidades que importan mucho porque Salamanca es fuente y sabiduría de nuestra lengua, Salamanca es ciudad y universidad de poesía. Quiero decir que no es solo una satisfacción para el ser humano, el ciudadano que soy: tiene más trascendencia para la poesía que trato de lograr. Soy un servidor de la poesía.

Me alegra mucho encontrar en Salamanca a tantos poetas que aman la poesía y la respetan. Es un buen alimento para el alma.


¿Puede decirnos qué poemas va a leer o es una sorpresa?


Siempre leo poemas que antes no he leído ahí. Pero sin duda alguna leeré poemas de los poemarios publicados. Cada poeta lleva uno o más libros y lee. Es más cómodo y se aprovecha para que conozcan esos libros. De los poemarios que he publicado tengo pocos a mano. Pero leeré como siempre: con emoción y ganas de compartir lo que hago. Y ganas de escuchar lo que otros escriben y dicen. Leeré poemas de los libros más recientes, en especial del poemario Detalles metafísicos.


Este año publicó dos libros de poemas con la  editorial independiente Ediciones Choroní: "Abrazo de Palabras" y "Detalles Metafísicos".  Cuál es la temática de "Abrazo de Palabras"?


Abrazo de palabras contiene algunos cuantos de los poemas que he escrito y sigo escribiendo sobre poetas, escritores, artistas que he conocido. Trato de rendir homenaje a los creadores de arte y muy especialmente a los poetas porque es algo que quiero hacer. Me gusta reconocer lo que hacen otros, me agrada luchar contra el olvido.

(Estuve publicado este año en tres libros. Abrazo de palabras, Detalles metafísicos y el libro Ávila Vertical en donde acompaño con poemas en dos idiomas a las fotografías de Jorge Luis Santos García).


¿Cómo nacieron esos poemas?


Abrazo de palabras es un ejercicio de amor, amistad y básicamente es un ejercicio de humildad. Trato de ser humilde y reconocer el valor de los demás. La humildad es esencial para alcanzar alguna vez la dimensión de la poesía. La humildad te permite reconocer tu tamaño interior, lo que en verdad eres. Si reconozco mis limitaciones y mis pocas virtudes entonces puedo merecer que la poesía me entregue alguna de sus músicas.


¿Cuál es la temática de "Detalles Metafísicos"?


Toda poesía es metafísica. Keats decía algo que me parece sublime: “Yo escribo lo que imagino”. Te respondo de modo más completo con algo que ya he dicho:

El pájaro vuela y canta. Si le cortas las plumas y deja de volar sigue cantando porque esa es su esencia. Solo muriendo deja de cantar. La vida se expresa cantando, se expresa volando, se expresa floreciendo.

Lo primero que debe entender quien desea entregarse a la poesía es que no se trata de un recurso para buscar poder; no es un oficio para buscar empleos y jerarquías pagadas; no es un modo de entretener al público y recibir monedas en un sombrero caído en el piso. El lenguaje es la máxima expresión de lo que en el reino animal se denomina ser humano. Y la poesía es la máxima expresión del lenguaje. Es aliento de alma, de imaginación, de sentidos interpretando la vida. La poesía es una luz que nos atraviesa y nos mide. No es algo que podemos usar como mercancía, como pieza ortopédica. Es la posibilidad de conseguir una pequeña emanación sublime hecha con nuestra tosca sentimentalidad.

Ser poeta es asumir un modo de existencia en el que se goza el martirio de descubrir quién es uno mismo, de sopesar las pocas cualidades y las escasas posibilidades que se tienen, ante los muchos defectos y las miles de trabas que te petrifican en cada uno de los instantes que quieres volar. Asumir el lenguaje de la poesía como quien adquiere una religión, es un atrevimiento casi suicida, porque nada te obliga más a acercarte a la verdad, ese utópico puerto de llegada. Hay que arrimarse al fuego de la verdad y arder en él.

Quien no percibe la poesía con la corazonada de que estamos errando todos los santos días, no tendrá un momento de serenidad que valga la pena. Una buena serenidad como la que llegaría si te estuvieran clavando las manos y los pies y de pronto necesitaras preguntar “¿Qué día es hoy?”

El tema de la poesía es poder estar presente en cualquier circunstancia sin poder expresar nítidamente para qué se está presente si la voz no tiene nada que ver con el coro. Ah, cuántoplacer molestar con música el viejo silencio.

 ¿Cómo nacieron esos poemas?

Los poemas del libro Detalles metafísicos surgieron como nacen todos: inquietando el alma, causando trasnochos porque bullen y persisten como si el corazón fuera un nido lleno de pichones que están ansiosos por dos cosas: cantar y volar. Y uno no sabe nada de nada. Uno tiene que abrirse el pecho y ver qué pasa.


 En relación a la poesía, qué es lo que le falta o le gustaría lograr?  Un premio de gran renombre? Una gran editorial que lo publiqué?


Nunca he sentido ni sentiré que me falta algo porque todos los días ando buscando y recogiendo emociones. Un premio grande no mejora la poesía aunque sirve para tener recursos económicos y lograr más comodidad para escribir. La mejor editorial es la que te publica por amor a lo que haces, como ha sucedido conmigo. He sido editado en poesía por puro amor de amigos. En una época anterior me publicaron mis viejos amigos Iraida Páez y Enrique Viloria; luego Gustavo Oliveros; Eziongeber Álvarez y mi hermana del alma Milagros Mata Gil. Ahora, una gran amiga muy querida y admirada por mí: Viviana Marcela Iriart, otra hermana del alma, es mi editora y para mí es un orgullo que ella sea mi editora porque soy uno de sus lectores y tenemos en común la admiración por Carlitos Giménez y el teatro de una época inolvidable.

Lo importante es la obra. Lo importante es saber si en verdad consigo un buen poema. En definitiva mi pasión y mi amor por la poesía es algo personal. Un placer solitario, como rezar a la poesía y que de vez en cuando ella escuche.


 Muchas gracias, Maestro, y que el Nobel de Literatura este año sea para Ud.


 No aspiro eso. Pero quisiera que se lo dieran a Jorge Luis Borges aunque parezca muerto.



EL CUERPO DE MARÍA

 

Hay que tener oídos de aves indefensas que no pueden volar

sensibilidad para escuchar el sueño matriz de las cigarras

es difícil reconocer una voz surgida del más hondo existir

muy pocas profundidades del hombre están habitadas

 

Su corazón era una diana completamente iluminada

y la voz articulada desde los abismos acertó como flecha

No significa que la voz profunda superara en valor

a los oídos y el alma que desentrañaron el mensaje

 

Desde un principio él estaba falleciendo en sus manos

él estaba pereciendo como cuerpo ante el feroz amor espiritual

y eso hacía posible que ambos corazones envueltos en lo inútil

 

decidieron amarse hasta que no pareciera amor lo enamorado

y esto es lo que podría pensarse de manera muy sencilla

respecto a cómo padeció ternuras la señora María Kodama

 

José Pulido

Del libro Abrazo de Palabras.



Portada: cuadro de la artista Claudia Patricia López Osornio.
Diseño gráfico: Jairo Carthy.
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Foto portada: Carlos Ayesta. Prólogo: Rodolfo Izaguirre.
Diseño gráfico: Jairo Carthy.
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SIEMPRE SE ESCUCHARÁN SUS PASOS EN LA ESCENA, por José Pulido, Premio Internacional de Excelencia “Ciudad del Galateo - Antonio De Ferrariis”, Italia 2024: prólogo del libro "CARLOS GIMÉNEZ MEMORY biografía" de Viviana Marcela Iriart

 


El Soneto 6 de William Shakespeare podría recitarse hoy en la tumba de Carlos Giménez, de Carlitos, como lo llamábamos y lo seguiremos llamando quienes tuvimos su amistad y el privilegio de verlo trabajando una obra de teatro, oficio que realizaba con la misma pasión que pusieron en boga los hombres y las mujeres que amaron el teatro y lo convirtieron en una magistral expresión del alma.

 

SONETO 6 DE SHAKESPEARE

 

No dejes que la cruda mano invernal estrague

ese verano tuyo sin que antes se destile:

conserva tu esencia en un precioso envase,

antes de que el tesoro más bello se aniquile.

 

No es vedada usura usar así la vida,

y alegra a quien paga la renta de buen grado;

hacer de ti una copia lo mismo supondría,

y si son diez por una, diez veces contentado.

 

Y más feliz diez veces aún te sentirías

si en otros diez iguales diez veces te copiases:

¿Entonces, al marcharte, la muerte qué haría

si a ti como heredero viviente te dejases?

 

No seas obstinado, que toda tu excelencia

ni Muerte ni gusanos obtengan por herencia

 

 

LA CONDICIÓN HUMANA

 

La condición humana, la sinceridad plena respecto a la condición humana. Lo que la gente no había advertido en su diario vivir. Eso le interesaba sobremanera a Carlos Giménez y lo expresaba en el teatro que organizaba y creaba sobre el escenario.

Él era un panorama humano, un destello de vida que no se apagaba. Y el fenómeno creador que lo acompañó desde siempre no resultaba fácil de descubrir pero cuando se avizoraba su fortaleza para dirigir, su magia para conmover era imposible dejar de admirar y querer lo que hacía.

El mundo podría estar encerrado en un frasco y Carlos lo miraría desde afuera y Carlos lo recorrería desde adentro y todo el cristal que el frasco usaba como envoltorio desaparecería cuando Carlos invocara la visión teatral.

Ese es uno de los puntos esenciales de lo que él sabía realizar: invocar la visión teatral y conseguir que la más alta expresión humana funcionara en un escenario y trascendiera hacia todos los senderos del alma.

Creo que Viviana Marcela Iriart fue una de sus amigas más observadoras, una de las más acuciosas y apasionadas a la hora de valorar lo que él lograba en la escena. Ella pudo mirar más profundamente en él, ella lo analizó como quien estudia las emanaciones del lenguaje que jamás deja de brillar.

Viviana Marcela ha logrado establecer una memoria sólida, irreductible, con su escritura y su noble deseo de que el olvido nunca toque la obra de Carlos Giménez. Ella es la muestra más clara y justa de lo que en última instancia anhela un creador en el arte: que alguien sea intensamente impresionado por la obra y haga posible que su recuerdo no desaparezca.

Porque en el teatro los escenarios se vacían y se vuelve a llenar con piezas, actores, escenografías, directores y dramaturgos, pero siempre hacen eso: se vacían y el público también va, viene y cambia: a veces para retroceder porque cada público debe comenzar de cero, desde el principio.

Viviana Marcela Iriart consigue que los nuevos públicos se empapen con las virtudes y la peculiaridad de Carlos Giménez, un hombre de teatro que se entregó tanto a esa pasión como cualquiera de los grandes teatreros que existieron transformaron en gran voz universal el lenguaje de las tablas.

No solo fulguraba en el oficio de hacer teatro, sino también en la propuesta existencial de amar el teatro. Hablando de pronto sobre el ángulo de una obra, Carlos Giménez podía extraer de sus sensaciones y conocimientos frases enriquecedoras que clarificaban cualquier niebla, que desenredaban cualquier madeja. Sus palabras salidas del hondo conocimiento de la escena, hacían más visible el alma de cualquier dramaturgo, de cualquier creador. Convertía en seres cotidianos a Shakespeare, Ibsen, Chejov, Ionesco, a cualquiera.

 

La biografía que ha realizado Marcela Viviana Iriart es una puerta amplia por donde es posible entrar al mundo de Carlos Giménez y amar más el teatro junto con él. Inclusive, hasta quienes no lo conocieron sabrán en algún momento que Carlos Giménez forma parte sustancial del teatro porque siempre se escucharán sus pasos en la escena.

 

© José Pulido

Diseño de portada del libro: Jairo Carthy

Próximamente publicado por Ediciones Choroní

 


Y ASÍ PASÓ / LA LUZ DE CARLOS GIMÉNEZ por Jairo Carthy / 27 de Septiembre de 2026

 


Hay anécdotas extrañas y mezquinas que quedan grabadas en la memoria. Ocurrió durante mi etapa de formación en la Escuela de Teatro, en el marco del III Festival Internacional de Teatro de Caracas, con el estreno de Las Lanzas Coloradas de Arturo Uslar Pietri, bajo la dirección del maestro Carlos Giménez.

 

La expectativa era enorme. Carlos había abierto el elenco a reconocidas figuras de la televisión, lo que sumaba un atractivo magnético para el público al reunir a las estrellas dramáticas del momento. La emoción se respiraba en el aire.

 

El estreno tendría lugar en el Teatro Municipal, una de las salas más majestuosas y de mayor aforo de Caracas de aquel entonces. Cuando llegué acompañado por algunos compañeros del Laboratorio Teatral Anna Julia Rojas, nos invadió un desconcierto absoluto: el lobby del teatro estaba desierto. Sin colas, sin bullicio, casi sin nadie. Nos preguntamos si nos habíamos equivocado de día o de hora, pero al mostrar nuestras credenciales del Festival, el portero nos confirmó que sí: era la noche del gran estreno.

 

Nos recibió una sala inmensa y sobrecogedora en su silencio, con sus balcones y su platea prácticamente vacíos. En ese ambiente enrarecido comenzó la función. El montaje era deslumbrante, cargado de efectos, con una escenografía espectacular de José Salas y un juego de luces y sombras donde la penumbra misma parecía actuar.

 

A los pocos minutos, la mezquindad hizo su entrada: pequeños grupos dispersos en la platea y los balcones comenzaron a boicotear la obra con risas despectivas, ruidos e interrupciones deliberadas. De pronto, uno de nuestros compañeros del Laboratorio - un prestigioso abogado, hombre maduro, tímido y apasionado por las artes escénicas -  se puso de pie. Con una voz firme y una impostación que jamás le habíamos escuchado, encaró al teatro entero:

-¿¡Qué carajo les pasa a todos!? ¡Qué falta de respeto para con los actores que están trabajando para nosotros! ¿Acaso alguno de ustedes ha dado algo o hecho algo por este montaje para que vengan a sabotearlo sin importar el daño que le hacen a la obra y al Festival?

 

No podíamos creer la valentía de nuestro amigo saliendo en defensa del escenario. En escena, la gran protagonista, Lupita Ferrer, le hizo una reverencia profunda y le envió un beso, gesto al que se sumó el aplauso conmovido de todo el elenco. Gracias a esa intervención digna, la función pudo llegar a su fin. Los saboteadores se retiraron en silencio y los pocos que quedábamos aplaudimos con el corazón encogido, entre la energía de la resistencia y el dolor de no comprender la ausencia del público.

 

Muchos años después comprendí la trama oculta: en aquel momento, Carlos Giménez era víctima de una feroz campaña de desprestigio promovida por la envidia y el prejuicio. Pero la templanza de Carlos aguantaba eso y más. Era un hombre de teatro integral que jamás se dejó intimidar. Aunque aquel amargo episodio lo llevó a un autoexilio temporal en España, su regreso fue glorioso: le demostró al mundo, con puestas en escena desbordantes de genio y originalidad, la inmensidad de su talento.

 

Décadas más tarde, en Ediciones Choroní, tuve el honor y el privilegio de asumir el diseño y la diagramación del libro ¡Bravo Carlos Giménez!. Sumergirme en sus páginas fue una aventura entrañable. Al diagramar los testimonios de artistas de todo el mundo que elogiaban su obra, sentí que lo conocía , quizás comprendiendo su legado con una cercanía muy especial.

 

Aquellos años 90 fueron oscuros y veloces. Las personas se marchaban de repente, en silencio, envueltas en la sombra de una "pandemia" que la sociedad ocultaba por prejuicio y que arrebató a tantos creadores extraordinarios cuando aún tenían un universo por entregar. Carlos Giménez, tristemente, no fue la excepción, dejando inconclusos proyectos deslumbrantes... en uno de los cuales el destino nos habría cruzado.

 

Ocurrió tras el estreno de Los juegos prohibidos de los Ángeles, de Manuel Caballero, dirigida por Rubén Rega, donde me correspondió el papel protagónico. Roberto Stopello, diseñador de iluminación de la obra, le había hablado de mi trabajo a Carlos, y el Maestro asistió a la función. Durante el brindis me felicitó con calidez y me hizo una pregunta que me dejó sin aliento: me propuso protagonizar y sumarme al Grupo Rajatabla para el montaje de El Mercader de Venecia de Shakespeare.

 

Acepté de inmediato, emocionado. Mi amado Germán Mendieta, actor pilar de Rajatabla, daba saltos de alegría imaginando que volveríamos a compartir tablas. Quedamos en reunirnos a la brevedad. Sin embargo, esa cita jamás llegó a concretarse. Durante la espera, la luz de ese ser maravilloso se fue extinguiendo lentamente.

 

Haber trabajado en las tablas bajo la dirección de Carlos Giménez habría sido una experiencia transformadora. Sin embargo, me queda la gratitud de haberme inmiscuido en su vida a través de las páginas de su libro, honrando a ese genio indomable.

 

Muchas cosas quedaron pendientes en mi carrera como actor; ese Mercader, sin duda, es una de las ausencias más queridas.

 

Y así pasó…

 

Jairo Carthy

jcarthyc@gmail.com