Reverón en el mar Caribe, foto del documental de Margot Benacerraf "Reveron". Somos una hemeroteca de textos y otras cosas hermosas, de ayer y de hoy y de mañana también.

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Tres poemas del poemario ABRAZO DE PALABRAS de José Pulido, Premio Internacional de Excelencia “Ciudad del Galateo - Antonio De Ferrariis Italia, 2024, Ediciones Choroní, enero 2026

 

De venta en AMAZON y AUTORESEDITORES


Alberto Hernández, febrero de 2026: " Poemas para varios homenajes. Este es un libro de la amistad recorrida a través de los tantos nombres que estuvieron y están cerca de la sintaxis afectiva del poeta José Pulido. Este, en verdad, es un libro de abrazos con palabras, con la memoria intacta del afecto. El país cultural, el país humano, el país de la poesía, el del teatro, el del canto y la danza, el país recogido en el silencio de un monólogo dialogado, en la conversación poética de quien escribe como si estuviera hablando con el cosmos, con el mundo entero, a través de una habitual sinceridad que atraviesa el tiempo.

Libro de personajes, de nuestros personajes, de los más sensibles e íntimos afectos. Libro donde el abrazo es el sentido más visible de la creación. José Pulido, una vez más, escribe conversando con ese alguien visible e invisible que la poesía crea para hacernos más humanos, más próximos al calor de la existencia (...). Esta es una poesía celebratoria. (...)".



EL ESPÍRITU

 

No nos derrumbemos totalmente

las ascuas de la vida se ocuparán de eso

tratemos lo inmediato y lo posible

 

mira pasar vacíos desde tu ventana

como si te pertenecieran las alturas

como si tuvieras un nido en la torre de Babel

que el viento aloje tus historias

en calles y mercados donde ciertas angustias se alimentan

 

la gente no está ganada para creer que presenciaste

el momento en que un espíritu se volvió visible

pero debes contarlo una y otra vez porque así ha ocurrido

 

quitaste un cabello gris mal caído en su hombro

y de paso susurraste que parecía un cabello de mujer

entonces Borges sonrió desde la ceguera y dijo que sí

 

 

 

EL CUERPO DE MARÍA

 

Hay que tener oídos de aves indefensas que no pueden volar

sensibilidad para escuchar el sueño matriz de las cigarras

es difícil reconocer una voz surgida del más hondo existir

muy pocas profundidades del hombre están habitadas

 

Su corazón era una diana completamente iluminada

y la voz articulada desde los abismos acertó como flecha

No significa que la voz profunda superara en valor

a los oídos y el alma que desentrañaron el mensaje

 

Desde un principio él estaba falleciendo en sus manos

él estaba pereciendo como cuerpo ante el feroz amor espiritual

y eso hacía posible que ambos corazones envueltos en lo inútil

 

decidieron amarse hasta que no pareciera amor lo enamorado

y esto es lo que podría pensarse de manera muy sencilla

respecto a cómo padeció ternuras la señora María Kodama

 

 

 

MI GUITARRA DEL PLEISTOCENO

 

Cuando uno se rinde

es mejor no mirarse demasiado

para eso está la mente

para inventar ecocidios de amor

 

Mi primera guitarra no sabía tocar

y era del pleistoceno

no recuerdo la segunda

mi primera novia era la novia de un gentío

se llamaba Marilyn y su peor pesadilla

fue no saber que ambos existíamos instantáneamente

Ella: 35 años.

Yo: 16

Ella: nació y murió en verano

Yo: acumulaba trópicos

de viudo ficticio y todavía ignoraba

cómo exprimirle pasión a una guitarra

-manos torpes y cuerdas clitorianas: pleito obsceno-

¿cuál pasión? mi novia prestada se la había llevado toda

 

Mi novia era una revista que se casaba con puros viejos

uno que bateaba, otro que escribía

y ni siquiera adivinó con sus carnes rotundas de armonía

que yo tenía quince años

cuando los Beatles cantaban inútilmente

porque mi guitarra era puros boleros

y tuve necesidad de conseguir una segunda novia

que hablara español

y fuera todo: maravillosa, sagrada,

como una vecina voluptuosa: María Félix,

pero a María jamás la vi desnuda.

Marilyn era y seguirá siendo una guitarra de marfil

(Sonó cursi)

 

 



JOSÉ PULIDO: Poeta, escritor y periodista venezolano. Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua y del Colegio Nacional de Periodistas de Venezuela. Vive en Génova, Italia.
2024: Premio Internacional de Excelencia "Ciudad del Galateo - Antonio De Ferrariis" , Italia.
2022: Mención Honorífica del I Premio Internacional de Poesía Sor Juana Inés de la Cruz, México.
2000: Premio Municipal de Literatura, Mención Poesía,
1989: Segundo Premio Miguel Otero Silva de Novela, Editorial Planeta, Venezuela.
Ha sido invitado a festivales en Irak, Colombia, Brasil, Chile, España e Italia y su presencia es constante en el Festival Internacional de Poesía de Génova, Italia






Con cuadro de portada de de la artista plástica argentina Claudia Patricia Lopez Osornio,  fotografìa de contraportada de Gabriela Pulido Sinme  y diseño gráfico de Jairo Carthy, publicado por Ediciones Choroní, este libro del gran poeta José Pulido es imprescindible para cualquier amante de la poesía.


 De venta en AMAZON y AUTORESEDITORES en versión papel y e-Book.







MI TIEMPO CON JOSÉ IGNACIO CABRUJAS por Jairo Carthy / Caracas, 22 de Marzo de 2026

 


Las nuevas generaciones no lo conocieron y tal vez no saben quién fue él, o quizás si… pero cuando un hombre deja un legado de dimensiones tan grandes, su nombre se convierte en el norte de todas las disciplinas. Hablar de teatro, de cine o de literatura es, inevitablemente, terminar pronunciando su nombre. Fue el actor que prestó su talento, el director que dibujó mundos, el dramaturgo que nos diseccionó como sociedad, el docente generoso que entregó su saber, y ese melómano apasionado que transformó la ópera en una experiencia mística. ¿Quién reúne todas estas cualidades?  Solo él: JOSE IGNACIO CABRUJAS, el hombre de la voz gruesa y cautivante de muchos comerciales y locuciones para la televisión.  

 

Mis recuerdos son como una película que se proyecta con nitidez. Lo veo siendo el Eloy de “La Revolución” de Chocrón, o el Torbaldo en “Casa de Muñecas” de Ibsen. Pero, por encima de todo su interpretación de Pío Miranda en su propia obra, “El día que me quieras”, fueron trabajos como actor que quedan en mi mente y que en mi proceso de formación disfruté, aprendí y valoré por haber tenido la oportunidad de disfrutar.  Pio Miranda, aquel patético soñador, atrapado entre la utopía y la desolación, fue un regalo del azar el verlo a él haciendo el papel: porque fue escrito para Fausto Verdial, pero por problemas de salud, obligó a José Ignacio a saltar a las tablas para no detener el estreno de la temporada. Verlo allí fue una lección de vida; luego Fausto retomaría el papel con igual maestría, pero haber presenciado a Cabrujas habitando su propia criatura fue todo un privilegio.

 

Tenía la capacidad casi divina de escribir para sus actores, conociendo de antemano sus silencios, sus alcances y sus límites. Escribía para sus "favoritos", para esos rostros de eterna confianza que él sabía que no iban a representar un papel, sino a encarnar una verdad.

 

Recuerdo claramente aquel ensayo general de una de las Galas de Ópera que compartimos.  Se me acercó y, con esa naturalidad, me soltó una promesa que me hizo temblar: - Voy a escribir una obra para ti. Me dijo que sería sobre un escritor de telenovelas y junto a la maravillosa Irma Palmieri destacada comediante de la televisión haría pareja. En ese instante, sentí que el Rey Midas me había tocado el hombro. Para un actor, que Cabrujas te soñara en un personaje era convertirte, de golpe, en una pieza de oro reluciente.

 

La televisión, con su voracidad insaciable, empezó a devorar sus horas. Ese "monstruo" donde todo es para ayer, donde la inmediatez castiga la pausa, le robó espacio al teatro, pero nos devolvió al analista lúcido. Todos esperábamos con ansiedad su columna semanal; “El país según Cabrujas” no era periodismo, era una brújula moral. En sus letras, Venezuela se miraba al espejo, con sus miserias y sus esperanzas. Y los sábados... ah, los sábados eran de la ópera. En su casa, rodeado de miles de discos, literalmente cientos de docenas que eran su tesoro más preciado, se daban cita los amigos "operáticos" para descubrir las grabaciones más recientes del bel canto.

 

Fue en ese refugio de arias y libretos donde mi relación con él trascendió la admiración profesional para convertirse en una amistad. Mientras todos le decían "Maestro", para mí siempre fue José Ignacio. Con el respeto que da el cariño, lo tuteé siempre. Compartí su día a día, trabajando con su esposa, Isabel Palacios, en la Camerata de Caracas. Durante años, su casa fue mi oficina. Allí conocí al Cabrujas íntimo, al que pocos tuvieron acceso; el hombre detrás de la leyenda.

 

Juntos vivimos el desarrollo de la Fundación Ópera de Caracas. Al lado de Isabel, Carlos Riazuelo y Hans Neumann, José Ignacio se empeñó en demostrar que el talento venezolano podía sostener los roles protagónicos que las compañías extranjeras les negaban. Recuerdo su puesta en escena de Don Juan de Mozart como algo apoteósico: el escenario, en una metamorfosis casi imperceptible, se convertía en un altar de una iglesia, inmenso donde los personajes se transformaban en santos. Fue una era de oro de cinco años que, dolorosamente, el Estado venezolano decidió apagar al quitarle el subsidio. Un silencio repentino que nos dolió a todos.

 

Pero ese cierre abrió para mí la puerta a la cotidianidad del genio. Descubrí su pasión por la cocina: - Jairo, cocinar es lo que me gusta más, más que escribir, más que dirigir, me confesó un día entre olores a especias y sofritos. Verlo cocinar era ver un ritual de perfección. Era un chef riguroso, un alquimista que solo aceptaba ingredientes de primera calidad. Las pastas eran su especialidad. Era todo un ritual sentarse a comer lo que había preparado y degustar esa sazón única que tenía.

 

Yo colaboraba con él en muchas cosas, estaba muy pendiente de enviar su columna para que estuviera a tiempo en el periódico, A veces recibía amigos en el salón de la casa y junto a Boris Izaguirre y Perla Farías quienes trabajaban con él en algunas telenovelas comenzaba a echar cuentos y anécdotas, yo sabía que iba improvisando la historia en el momento, ya había oido otras versiones pero igual eran increíbles, uno le creía todo a pesar que a veces eran difíciles de creer.  Me ocupaba de ayudarlo en muchas cosas, a pesar de su genialidad a veces era torpe para ciertas cosas.  Su luna de miel con Isabel la dejó en mis manos;  planifiqué todo para que fuera un viaje inolvidable desde que salieran de la recepción de la boda. Y así fue, yo estuve muy satisfecho por el resultado.

 

Mientras esperaba que escribiera la obra que me había prometido, me pidió que trabajara en un montaje que iba a hacer en el Ateneo de Caracas, era una obra de Ibsen Martínez titulada “Fiero Amor”  la cual tendría de protagonista al primer actor Gustavo Rodríguez interpetando al Presidente Rómulo Betancort.  Yo tendría el rol de Pío Miranda, el mismo de su obra “El día que me quieras” era un verdadero honor para mí.  Lamentablemente, la experiencia no fue buena, para nada, muchas cosas ocurrieron en el desarrollo de ese montaje, y no guardo buenos recuerdos de esta obra.  Afortunadamente, entre José Ignacio y yo todas las asperezas se limaron y seguimos siendo los amigos que hasta ese momento habíamos sido. Amistad blindada por el respeto mutuo.

 

Luego vino la mudanza de la Camerata, su nueva oficina, y ese distanciamiento natural que imponen los nuevos espacios. Y de pronto, lo que nadie podía preveer. Su muerte inesperada... Se fue en su mejor momento, cuando el mundo entero reclamaba su pluma. Dejó proyectos a medio camino, historias sin final y un vacío que, décadas después, todavía se siente frío.

 

Se fue el escritor, el dramaturgo, el director... pero sobre todo se fue el amigo.   Fue un artista total, una llamarada de inteligencia que iluminó nuestra identidad. Hoy, al mirar atrás, solo puedo dar gracias. Qué bueno que estuve ahí. Qué bueno que pude conocerlo, disfrutarlo y aprender de él.

 

Y así pasó.

Jairo Carthy

jcarthyc@gmail.com

 

PD. Si quieres conocer los detalles de “Fiero Amor” en mi libro “Cómo soportar la vida con humor. Confesiones de un actor” los encuentras.   

 

Más artículos en: Y ASÍ PASÓ 

 


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"FLORECER CON LUPUS: Relato de una guerrera que eligió ser feliz" de Carmen Carmona: cuentos para los momentos difíciles, Ediciones Choroní, marzo 2026

 



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La particularidad de este libro de Carmen Carmona es que en él, ella no nos cuenta su batalla contra el lupus: nos regala los cuentos que la ayudaron en su momento más difícil, cuando estaba al borde de la muerte y sus pequeños hijos, Pedro y Alejandro, se turnaban para leérselos sin saber si ella los escuchaba. 

Esos cuentos que ella misma había escrito muchos años atrás y publicado con seudónimo, cuentos suyos acompañados de cuentos budistas, zen, hindúes, sufi... cuentos que nos invitan a disfrutar de la vida pese a las adversidad. Cuentos que nos dan alegría, placer, esperanza y fuerza.  

Carmen, hoy ya en remisión, ha decidido publicar este libro con su verdadero nombre para compartir su felicidad y su alegría por la vida que, con sus altibajos, siempre merece la pena ser vivida y vivida en todo su esplendor. Este libro nos habla de eso… y mucho más.

Carmen Carmona, venezolana,  fue Presidenta del Instituto de Cultura del Edo. Miranda, Directora de Cultura de la Alcaldía de Chacao, Productora del Festival Internacional de Teatro de Caracas, Productora del Ateneo de Caracas, productora de más de 100 obras de teatro en Venezuela y Estados Unidos. Obligada a abandonar su país por el chavismo, vive en el exilio en Miami, trabajando duramente para salir adelante. 

"Cuando escribí la Introducción 1 nunca imaginé que, 18 años después, que mis jóvenes hijos me leyeran mi libro los 18 días que estuve hospitalizada al borde de la muerte, sin que los médicos supieran qué era lo que me estaba matando, me iba a resultar de tanta ayuda, me iba a traer tanta paz en medio de la desesperación. (...)

Pero muchas cosas habían pasado en esos 18 años y tener que dejar mi país, Venezuela, fue, sin que lo supiera entonces, el comienzo de mi enfermedad: una se puede enfermar de dolor de patria, morir de nostalgia de patria, agonizar de exilio.

Con dos niños pequeños, divorciada, tuve que abandonar mi apartamento que tanto me había costado comprar, mi trabajo que tanto me gustaba, mi ciudad, mi gente, mi familia y partir a países amables pero extranjeros: primero España, después Estados Unidos, donde vivo actualmente. (...).

Pasaron cinco años y el Lupus entró en remisión.

Entonces me dije: tengo que volver a publicar este libro (...)  Porque si yo pude entrar en remisión, casi curarme, de una enfermedad tan terrible, tú también puedes. Y si estás pasando por algo parecido, ojalá que mi libro te sirva de ayuda como me sirvió a mí.

 Y como dijo el gran escritor argentino Julio Cortázar:

 “Nada está perdido si tenemos el valor de proclamar que todo está perdido y que hay que empezar de nuevo”.

 Gracias por leerme. Gracias por existir". Carmen Carmona, Introducción II, fragmento.

 

“A pesar de las cargas que la vida le presentó, mi hermana de la vida Carmuchi, emergió de su prueba más fuerte, más sabia, y con una profunda gratitud por la existencia misma. Este libro nos invita a reflexionar sobre lo hermoso que es vivir, sobre la importancia de cada instante compartido con aquellos a quienes amamos. Su viaje nos recuerda que, aunque algunos itinerarios pueden ser difíciles, cada paso cuenta, cada lucha tiene sentido y cada sueño es un destello que merece ser alcanzado”. Fragmento del prólogo de Karl Hoffmann.

Con prólogo del actor y productor Karl Hoffmann y diseño de portada y del libro de Jairo Carthy, el l libro puede comprarse en Amazon y en Autoreseditores.com (para América Latina es mejor comprarlo aquí porque el envío es más barato que el de Amazon). 

 

Un cuento de "FLORECER CON LUPUS: Relato de una guerrera que eligió ser feliz"

 

LA ENFERMEDAD NO ES UN CASTIGO

 

En el siglo XIX un turista muy rico visitó al

 famoso rabino polaco Hofetz Chaim 

y se quedó asombrado ​al ver que la casa del rabino 

consistía sencillamente en una habitación​ ​llena de libros.

 El único mobiliario era una mesa y un banco. 

-Rabino, ¿dónde están tus muebles?

preguntó asombrado el millonario turista. 

-Dónde están los tuyos?

respondió el rabino Hofetz.  

-¿Los míos? Pero si yo sólo soy un visitante…​ ​Estoy aquí de paso...” dijo el turista. 

-Lo mismo que yo,  ​contestó el rabino Hofetz.

 

Todas y todos estamos de paso.

La vida es finita.

Todo, absolutamente todo,

tiene un principio y un final.

Y los seres humanos no podemos

escaparnos  de esa finitud.

Para que otros seres humanos vivan

es necesario que otros mueran.

Si no, el planeta Tierra colapsaría

y nadie podría vivir sobre él.

Observa la naturaleza.

Ella es una gran fuente de enseñanza.

Podrás ver cómo los animales

se enferman y mueren.

Cómo las plantas cumplen su ciclo y mueren.

Pero no se acaba la selva.

No desaparece el bosque.

 

- ¿Y a mí que me importa

si yo ya no voy a estar viva, vivo?

puede que te preguntes.

Entonces, querido amigo, querida amiga,

la que esta moribunda es tu alma.

Y si tu alma muere, ¿crees que puedes

seguir viviendo sin ella?

 

Las personas nos enfermamos porque

de algo tenemos que morir.

Y siempre es mejor morir de enfermedad

que morir asesinado.

O morir de hambre.

O morir en un campo de concentración.

O morir en una sala de torturas.

O morir por falta de medicinas.

O morir por falta de asistencia medica.

O morir por discriminación racial, sexual,

de género… cualquier tipo de discriminación.

O morir por culpa de la ignorancia,

ajena o propia.

O morir por culpa del fanatismo.

O morir por luchar por “la verdad”.

O morir de miedo por perder

las cosas materiales.

O morir de soledad

Entonces, ¿no es más natural simplemente

morir de vida?

¡Morir de vida!

Lo cual no significa resignarse a la enfermedad 

 

Y mucho menos buscarla o incentivarla.

Ni tampoco enfermar de estar enfermo.

Ni culpar a los otros y muchos menos

culparte a ti por tu enfermedad.

Porque tú no eres culpable de tu enfermedad.

Tú no eres responsable de que la enfermedad

haya aparecido.

 

Tu enfermedad no es un castigo

por algo que hayas hecho mal.

Pero hay muchas cosas que puedes hacer

para curarte o para vivir con la enfermedad

sin que te haga tanto daño.

 

En primer lugar: no te sientas culpable

por tu enfermedad.

El sentimiento de culpa mata más que

la enfermedad.

El sentimiento de culpa

es la peor enfermedad.

 

¿Por qué vas a sentirte culpable

de haber enfermado si la enfermedad

es una integrante más de la vida?

¿Acaso te sientes culpable

de tener hijos, de tener hijas?

¿Te sientes culpable de tener hambre?

¿Te sientes culpable de reír?

¿De llorar? ¿De cantar?

La enfermedad y la salud son las dos caras

de una misma moneda llamada Vida.

Si se tiene salud, en algún momento

se puede tener enfermedad.

Porque para tener enfermedad

primero hay que tener salud.

Entonces, ¿vas a sentirte culpable

por estar viva, por estar vivo?

La enfermedad es una de las piedras

que encontramos en el camino hacia el Arcoiris.

Hay quien la salta aquí o allá.

Pero siempre, en algún momento del camino,

la piedra se atravesará.

Entonces puede que eso que llamamos

Vida se detenga. O no.

Pero de todas maneras, eso que llamamos Vida

en algún momento se detendrá.

La enfermedad no es mas

que una de las estaciones

en las que se detiene el tren de la Vida,

antes de llegar a la estación central.

 

Entonces, querida amiga, querido amigo,

¡Si estas enferma, si estás enfermo

es porque estás viva, estás vivo!

¡Alégrate de formar parte de la Vida!

Con sus dificultades, a veces terribles,

vivir es maravilloso.

 

En segundo lugar: no te resignes

a la opinión de los expertos.

Los expertos también se equivocan.

La religión se equivoca.

Las amistades se equivocan.

La medicina se equivoca.

Una y uno se equivoca.

 

La ciencia avanza y retrocede.

Lo que hoy es malo,

mañana puede ser bueno y viceversa.

No te quedes con una sola opinión.

No dejes que te enfermen

más de lo que estás.

No permitas que te entierren

antes de tiempo.

 

Hay un antiguo y sabio cuento sufi

que dice lo siguiente:

Un hombre a quien se consideraba muerto

fue llevado por sus amigos para ser enterrado.

Cuando el féretro estaba a punto de ser introducido

en la tumba, el hombre revivió

y comenzó a golpear la tapa del féretro.

Los amigos abrieron el féretro

y el hombre se incorporó:

- ¿Qué estan haciendo?

dijo a los sorprendidos amigos.

- Estoy vivo. No he muerto.

 

Sus palabras fueron recibidas con asombrado

silencio. Al fin uno de los amigos acertó a hablar.

- Amigo, tanto los médicos como los sacerdotes

han certificado que has muerto.

¿Y cómo van a equivocarse los expertos?

 

Entonces volvieron a atornillar

la tapa del féretro

Y lo enterraron debidamente.

 

Resumiendo tenemos que:

Primero no tienes que sentirte culpable

por haberte enfermado;

Segundo, no tienes que permitir

que te enferme la opinión de los expertos.

La enfermedad es un túnel.

La luz está al final del camino.

 

Cuando estés enferma,

cuando estés enfermo,

busca la mano amiga.

La primera mano amiga

esta dentro de ti, búscala.

Cuando la encuentres,

busca la mano amiga externa.

Dos manos unidas son más fuertes

que la más fuerte de las enfermedades.

Y si crees que no hay mano amiga

es porque todavía no encontraste la tuya.

O porque no puedes ver.

 

A veces la mano amiga

está mas cerca de lo que crees.

Solo tienes que saber mirar.

Pero la mano no es para que te aferres a ella.

La mano es para compartir el camino,

que en definitiva es sólo tuyo.

Una mano puede ser la mano

de un ser humano.

Pero también puede ser la mano de Dios,

el Dios de tu religión cualquiera que esta sea.

 

También puede ser un animal,

un libro, una canción,

el sol, la luna, las estrellas...

Una mano puede ser cualquier cosa que te sirva.

Porque Dios, o lo que para ti es Dios,

está en todas las cosas. Y si tienes a Dios

dentro de ti, entonces, querida amiga,

querido amigo, tú no estás sola,

tú no estas solo.

 

 

 

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