“DEBEMOS
LUCHAR CONTRA EL CHOVINISMO”
Su
voz grave y gangosa atiende el teléfono, sin intermediarios, simplemente él
levantando el tubo. Cortázar. Su voz suena seria, como la imagen que tengo de
él, una imagen de que siempre tiene 40 años: imposible imaginarle más (y sus
biografías dicen que nació en 1914). Explica que quiere ver la revista antes de
concedernos una entrevista, y ni él ni nosotros sabemos qué pasó, pero las
revistas que dejamos en el hotel jamás llegaron a sus manos. Igualmente sugiere
vernos en Parque Central, en la inauguración de la Primera Conferencia
Internacional sobre el Exilio y la Solidaridad
Latinoamericana en los años 70, en la que él participó. Y
allí estaba, llamando la atención aún sin quererlo: era el más alto de todos
los presentes. Y allí estaba, con la barba y bigotes cobrizos que lleva desde
hace tanto, con la seriedad con que aparece en diarios y revistas, con una
simpatía que no le imaginaba. Allí estaba, era Cortázar. Un ser humano como
usted y como yo, sí, con dos ojos, una boca, dos manos, virtudes, defectos,
deseos, nostalgias. La entrevista fue en un rincón del Hotel Anauco Hilton,
junto con el Asesor de Semana, Jorge Madrazo, el fotógrafo Eduardo Gamondés y
cuatro o cinco admiradores del escritor, inmersos disimuladamente –o no- en la
conversación. Él habló despacio, cálidamente y sus ojos claros recorrían los
nuestros mientras sus palabras se abrían en el centro de nuestras mentes,
quedando allí mucho tiempo después de haber sido pronunciadas. Y él se quedó en
nosotros cuando la noche llegó y nos encontró en sitios distintos. Como una
presencia invisible, deseada, siempre presente a partir del primer encuentro.
ACERCA DE LA LITERATURA Y LA POLITICA
“Bueno,
claro que me molesta ser requerido más para dar opiniones políticas que
literarias, porque soy un animal literario. Así como los franceses suelen
referirse al hombre como un animal pensante o un animal filosófico, yo soy un
animal literario. Nací para la literatura y si fui asumiendo lentamente este
compromiso de tipo ideológico que ustedes me conocen, eso fue al término de un
proceso muy lento, muy complicado y a veces muy penoso. Porque como mi vocación
profunda es la literatura, hay momentos en los que las circunstancias de tipo
político –el tener que venir a esta Conferencia, escribir artículos de
contenido político, atacar a la
Junta chilena o argentina, ocuparme de casos de
desaparecidos, muertos, torturados, contestar alguna de la enorme
correspondencia que me llega, porque la gente piensa que yo siempre puedo decir
algo y ayudar- bueno, hay momentos en lo que, lo confieso porque es verdad,
tengo un gran desánimo. Porque me digo: “bueno, ¿alguna vez voy a poder
escribir una novela?” Mi ideal sería tener un año o dos de tranquilidad, para
escribir una novela que me da vueltas en la cabeza hace mucho tiempo. Por eso es que cada vez más me convierto en
un cuentista, porque los cuentos los escribes en el avión, en tu casa, en la
calle...”
HASTA FRANCIA LLEGO EL EXILIO
“Yo
hace 28 años que vivo fuera de la
Argentina, pero nunca me consideré un exiliado hasta el golpe
de Videla. Nunca me consideré un exiliado, porque para mí el exilio es una cosa
compulsiva, y yo vivía en Francia porque me daba la gana. Porque es un país que
me gusta, donde me siento bien y donde iba escribiendo mi obra sin dificultades
ni problemas. Y de repente, a partir del golpe militar, supe que me había
convertido en un verdadero exiliado. Es decir, que ahora tengo ese sentimiento
que tienen todos los exiliados, done los aspectos negativos son muy fuertes,
pesan mucho. Eso me llevó por primera vez a reflexionar sobre el problema del
exilio. Es entonces que me di cuenta de
que si yo o cualquier otro exiliado entra en el estereotipo, en la noción
esencialmente negativa, aplastante del exilio, le está otorgando una carta de
triunfo a la dictadura que lo exiló. Entonces me planteé el problema en
términos muy claros: es una locura, es ilógico, no se puede aplicar
científicamente, pero yo en vez de estar en una marcha adelante doy marcha
atrás, invierto la velocidad y entiendo el exilio en términos positivos. Yo lo
dije en París e hizo sonreír a mucha gente, dije que es como si Videla, ahora
que me exiló, me hubiera dado una beca para escribir fuera de la Argentina. Y mi mejor
manera de contestar a ese exilio es dar el máximo de lo que yo puedo dar como
escritor, y es lo que estoy tratando de hacer. Pero al exiliado que llega
totalmente quebrado, ya sea porque él mismo ha sufrido, incluso físicamente,
antes de poder salir o porque hay un montón de muertos, desaparecidos,
torturados en torno a él, no se le puede pedir que empiece su vida de exiliado
con una sonrisa, diciendo: “esto está muy bien”. No, porque está espantosamente
mal. Cuando a todo hombre y mujer que ha salvado la inteligencia, le llegue el
momento de pensar en la nueva vida que está empezando, es en ese momento en que
yo lo incito a que en vez de caer en los estereotipos y decir “yo soy una
víctima, yo soy un exiliado, yo he sido injustamente echado de mi país”, y que
eso se traduzca poco a poco en amargura, en una nostalgia aplastante, yo lo
incito a que –salido del primer choque traumático- vuelva a sentirse un hombre
o una mujer pleno”.
SUR, PAREDON Y DESPUES...
“Sí,
porque ¿para qué sirve la nostalgia de juntarnos cinco argentinos, hacer un
asado, tomar mate, poner un disco de Susana Rinaldi, Mercedes Sosa o Gardel
(según los gustos) y complacernos en la nostalgia de un pasado al que
quisiéramos resucitar? Yo lo hago también, pero eso no me impide al día
siguiente despertar en París, y estar en contacto con un montón de gente que no
son argentinos y llevar adelante mi trabajo. De manera que es un asunto que hay
que matizarlo, no es muy sencillo, y claro, no todas las personas están
igualmente equipadas en el plano mental o intelectual. Y el obrero, que desde
el punto de vista cultural está más limitado -porque por su condición de obrero
no ha podido estudiar- ese hombre es realmente el que está más en peligro como
exiliado. Si un obrero tiene que vivir
en Suecia, nada más el problema del idioma es para él una especie de amenaza de
muerte. Y ahí la nostalgia, Gardel, sus recuerdos y sus fotos se vuelven su
única defensa. Y yo creo que todos nosotros podemos hacer mucho a través de
publicaciones, de actos, de reuniones, para hacerles sentir que no están
solos”.
EL EXILIO CULTURAL
“Lo
que para mí es y ha sido traumático, es un fenómeno en el que no todo el mundo
piensa, y que en el caso de un artista exiliado es fundamental. Lo que yo
llamaría el exilio de tipo cultural: es terrible cuando te das cuenta de que en
tu país hay una barrera de censura que hace, por ejemplo, que yo no pueda
publicar más libros en Argentina. Entonces se descubre -y esto es lo espantoso
para mí- que yo estoy exiliado, pero que del otro lado, en mi país, hay 26
millones de exiliados en relación a nosotros. Yo estoy separado de mis lectores, pero mis lectores están separados de
mí: mi último libro de cuentos no pudo salir en Argentina porque hubo dos
cuentos que le molestaron a la
Junta. Y no hago de esto una cuestión personal: están
separados de 150 magníficos escritores uruguayos, chilenos y argentinos que no
se pueden editar en nuestro país. En Chile, desde el 11 de septiembre de 1973,
una generación de jóvenes fue tomada por la Junta y metidos en una escuela fascista dirigida
por militares. Han pasado seis años y ellos vivieron la edad crítica (entre los
12 y los 18 años) bajo ese régimen, miles y miles de niños y niñas chilenas que
en estos momentos creen en la
Junta, creen en la Seguridad Nacional,
creen que todos nosotros somos traidores. Creen que Chile es un país
injustamente atacado y combatido. No es culpa de ellos, pobrecitos, porque en
seis años los han convertido en lo mismo en que Hitler convirtió a las
juventudes hitleristas, o Mussolini a los “balillas”. Bueno, eso es para mí una
de las cosas más espantosas, y nosotros no podemos hacer nada,
intelectualmente. Porque esto yo se los digo a ustedes, pero nadie lo va a
escuchar en Argentina, nadie lo va a leer, ustedes lo van a publicar y salvo
que alguien lo lleve en un bolsillo, nadie va a poder leerlo allí”.
EL ESCRITOR Y SU COMPROMISO CON LA REVOLUCION
“Yo
tengo una gran latitud de enfoque en el plano de trabajo de los escritores. Yo
creo que puede haber escritores puros, que no introduzcan ningún mensaje
político en lo que hacen. Creo que eso es posible, y que su obra puede ser
revolucionaria si es una obra creadora, que renueva, una obra bella. Lo único
que exijo en esos casos es que la persona que hace literatura pura, muestre con
su conducta personal que no es un escapista. Que si él no pone política en lo
que hace, es solamente porque -por ejemplo- su vocación es escribir un soneto
en donde la política no entre. Pero él tiene que demostrar con su conducta, con
su responsabilidad personal, que tiene derecho a escribir esos sonetos. Mira,
yo me divierto mucho en escribir literatura pura... El año que viene sacaré un
libro, que estoy terminando, donde hay uno o dos cuentos con contenido
político, los demás son cuentos fantásticos. Y creo que tengo derecho a
escribirlos, porque mis lectores saben quién soy. Entonces, ¿por qué me voy a sentir obligado a poner la política en cada
cosa que escriba? Mi literatura, entonces, sería muy mala, soy muy consciente
de esto. No todo hombre ha nacido para la acción, no todo hombre tiene a veces
¿cómo decirte? las aptitudes físicas para jugarse en un plano de acción. No
todo hombre ha nacido para ser soldado de una revolución. Puede ser un hombre
de una vida interior, de una timidez de carácter, que lo lleva a escribir
exclusivamente una obra que canta a la revolución. Pero yo no creo que se le
pueda exigir una militancia práctica a todo el mundo”.
VIETNAM Y EL MANEJO DE LA INFORMACION POR EL
IMPERIALISMO
“Yo creo que es positivo que se denuncien las violaciones de derechos
humanos ocurridas en los países socialistas, en la medida en que se tenga total
seguridad de lo que se denuncia. Porque, cuando se habla de violación de
derechos humanos en esos países yo, por principio, examino con mucho cuidado el
expediente, porque sé de sobra hasta qué punto la información del imperialismo
reforma, cambia y modifica las cosas. Yo no olvido que, por ejemplo, siguiendo
la última etapa de la revolución nicaragüense en el Herald Tribune, en París,
se podía encontrar un análisis de cómo los yankis preparaban al lector
norteamericano para que estuviera en contra del triunfo. Hablaban de Somoza
como el tirano, el dictador, pero cuando hablaban de las columnas que avanzaban
decían: “las columnas marxistas. Cada ocho o nueve párrafos te soltaban esa
palabrita, para que la buena señora que vive en Minesotta o en Detroit diga:
“¡Dios mío, los comunistas!” Entonces, cuando se habla del caso de Vietnam, yo
estoy esperando encontrarme con García Márquez, que estuvo allí haciendo una
gran encuesta, para que él me cuente a mí las cosas. Yo no me fío de los
telegramas de prensa. Pero, cuando en
Rusia y en los países de la órbita socialista hay flagrantes violaciones de
derechos humanos, yo personalmente no me callo.”
AMERICA LATINA COMO UNIDAD: ¿REALIDAD O UTOPIA?
“Lo
voy a decir de una manera sentimental, casi a lo Rubén Darío: en mi corazón, América Latina existe como
una unidad. Soy argentino desde luego (y me siento contento de serlo), pero
fundamentalmente me siento latinoamericano. Yo estoy en mi casa en cualquier
país de América Latina, siento las diferencias locales, pero son las
diferencias dentro de la unidad. Eso, en el plano personal. En el plano
geopolítico, está la nefasta política de dividir para reinar, que han aplicado
los norteamericanos desde hace tanto tiempo. Fomentando los nacionalismos, las
rivalidades entre los países para dominarlos mejor, destruyendo el sueño de
Bolívar de los “Estados Unidos de América del Sur” y creando diferentes países
orgullosos, seguros de sí mismos, dispuestos a hacerse la guerra por cuestiones
que no resisten un análisis profundo; eso es una realidad. Y yo pienso que uno
de los deberes capitales de los políticos de izquierda, de los escritores
revolucionarios, es intentar por todos
los medios de luchar contra ese chauvinismo, que hace que un niño argentino en
la escuela aprenda que él es mucho mejor y más que un niño chileno o paraguayo.
Por cierto que en mi visita anterior hablé con venezolanos de la calle y su idea
sobre los colombianos, su desprecio, su odio, me aterraron. Lo mismo, por
supuesto, ocurre en el caso inverso. Es la prueba de que dividir para reinar
funciona, que a los yankis les conviene seguir fomentándolo y que las
dictaduras locales están encantadas de hacerlo”.
ENTONCES HABLO SOBRE LA VIDA Y LA MUERTE
“Un
día en mi vida es siempre una cosa muy hermosa, porque yo me siento muy feliz
de estar vivo. No tengo ninguna
intención de morirme, tengo la impresión de que soy inmortal. Sé que no lo soy,
pero la idea de la muerte no me molesta y tampoco le tengo miedo. Le niego
existencia, entonces, eso me ayuda a vivir de una manera... ¿cómo decirlo? Bajo
el sol, solar. Yo estoy muy contento de estar vivo, y además hay una cosa
en la que poca gente piensa. Creo que es un prodigio maravilloso que todos
nosotros seamos seres humanos, que estemos en lo más alto de la escala
zoológica, por un azar puramente genético. Porque tú no eres responsable de ser
quien eres. Venimos de una larguísima cadena genética y cuando yo veo a una
gallina o una mosca que también han nacido de las mismas cadenas genéticas, me
maravillo por ser un hombre y no una gallina. Yo soy un hombre, con todo lo
bueno y lo malo que eso tiene. Y estoy contento de haber tenido una conciencia,
de haber visto lo más que una conciencia puede ver del planeta. Y no te hablo
más”.
Cuando
pronunció estas palabras hacía más de media hora que estaba con nosotros,
contándonos anécdotas y sonriendo, a veces, como un niño. Sí, él es un ser
humano como usted y como yo, para hablar necesita mover la boca en la misma
forma en que lo hacemos usted y yo. Pero él es Julio Cortázar.
©
Fotos Eduardo Gamondés
Revista
Semana
Noviembre
de 1979
Caracas,
Venezuela.
Nota:
Esta entrevista fue realizada en Caracas, en el año 1979, durante la
realización de la “Primera Conferencia Internacional sobre el Exilio y la Solidaridad
Latinoamericana en los años 70”, en la que Julio Cortázar
fue panelista junto a intelectuales de la talla de Mario Benedetti, Antonio
Skarmeta, Eduardo Galeano y Ernesto Cardenal entre muchos otros.
La
entrevista fue publicada en la revista “Semana” de Caracas y la firmé con
seudónimo: Julio Cortázar era una de los opositores más célebres de la
dictadura argentina, yo estaba exiliada y temía represalias contra mi familia
en Argentina. Cortázar, con la humanidad que lo caracterizaba, entendió mi
temor cuando se lo expliqué.
Le
envié unos ejemplares a París, donde vivía, y a vuelta de correo me llegó una
maravillosa carta manuscrita en donde me agradecía la entrevista. Nunca más
tuve contacto con él. Pero cuando muchos años más tarde Cortázar murió, lloré
su pérdida como la de un amigo entrañable. En una hora, el tiempo que duró la
entrevista, Cortázar se metió en mi corazón y se quedó en él para siempre. Ha
pasado mucho tiempo desde que ya no está con nosotros. Y sin embargo, todavía
lo sigo extrañando.
Las
fotos fueron tomadas por el fotógrafo argentino Eduardo Gamondés y son
inéditas, dado que la revista “Semana” estaba en crisis económica y no pudo
comprarlas. Gracias Eduardo por permitir reproducirlas.
Y
gracias a Araceli Otamendi, de “Archivos del Sur” por su interés en reeditar el pensamiento de uno de
los intelectuales más talentosos, humanos y consecuentes del continente.
Han
pasado veintitrés años desde que la entrevista se realizó.
Y
sin embargo, ¡qué actual que siguen siendo sus palabras!
Allí
donde quiera que estés, ¡Gracias Julio!
Por
tu infinito amor.
City
Bell, 2002
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