la rebelión consiste en mirar una rosa

hasta pulverizarse los ojos


Alejandra Pizarnik





Clarice Lispector: "Cuentos Reunidos", Ediciones Siruela





«Los cuentos de Clarice Lispector aquí reunidos constituyen la parte más rica y variada de su obra, y revelan por completo el trazo incandescente que dejó la escritora brasileña en la literatura iberoamericana contemporánea. En todo cuanto escribió está la misma angustia existencial, similar búsqueda de la identidad femenina y, más adentro, de su condición de ser humano. En sus cuentos hay, ciertamente, el vuelo ensayístico, la fulguración poética, el golpe chato de la realidad cotidiana, la historia interrumpida que podría continuar, como la vida, más allá de la anécdota. Leer a Clarice es identificarse con ella, desnudar su palabra, compartir una sensualidad casi física, entrar en el cuerpo de una obra que vibra y chispea, traducir a nuestro propio horizonte cultural su haz de preguntas lanzadas al viento, saber que, más allá de las letras, del espacio y el tiempo, hubo alguien, una mujer, que estuvo cerca del corazón salvaje y nos dejó, en su escritura y definitivamente, su soplo de vida.»
Miguel Cossío Woodward





De Clarice  (fragmento del libro)


Érase una vez 

Los cuentos de Clarice Lispector aquí reunidos constituyen la parte más rica y variada de su obra, y revelan por completo el trazo incandescente que dejó la escritora brasileña en la literatura iberoamericana contemporánea. Debe advertirse, sin embargo, que no están completos. No lo están debido a que Clarice no los reunió por sí misma, y porque tampoco tuvo tiempo –acaso interés– para organizar la compilación de los numerosos textos en los que imprimió la huella de su sensitiva visión del mundo. Desde muy temprano y a lo largo de los años, escribió unos textos poco ortodoxos que no contaban historias felices de hadas y príncipes, sino sensaciones intensas en atmósferas cotidianas, impresiones fulminantes de la realidad, trozos de vida, ardientes como carbones. Pero sus primeros relatos nunca se publicaron y muchos probablemente se perdieron en la aventura del tiempo, mientras otros andan quizás dispersos todavía en periódicos y revistas, o en ese lugar reservado que ella justamente bautizó como «fondo de gaveta», amorosamente rescatados en Para no olvidar, Crónicas y otros textos (Siruela, 2007). No están completos estos Cuentos reunidos, además, porque en su caso no es posible deslindar con precisión la arbitraria frontera que separa los géneros literarios: lo que para algunos caería en el campo de la prosa poética, o del ensayo, el artículo, la autobiografía, o la crónica periodística, para otros se apegaría más a una amplia y válida definición del término cuento
En mi opinión, la obra toda de Clarice es de una admirable unidad y coherencia, desde lo primero que publicó, hasta lo que se ha editado póstumamente. El texto, de cualquier género, es siempre para ella pre-texto y pretexto que le permite indagar en el proteico universo de las sensaciones. Su literatura es antesala y motivo de encuentro consigo misma y con la alteridad; es imagen y posibilidad de diálogo con el enigma recóndito del otro extraño e inaccesible y, quizás, con el misterio sin nombre que se ignora e intuye. En todo cuanto escribió está la misma angustia existencial, similar búsqueda de la identidad femenina y, más adentro, de su condición de ser humano. En sus cuentos hay, ciertamente, el vuelo ensayístico, la fulguración poética, el golpe chato de la realidad cotidiana, la historia interrumpida que podría continuar, como la vida, más allá de la anécdota. Pero éstas son igualmente las marcas profundas de sus novelas, que se detienen en la visión sorprendida de un momento o una situación aparentemente sencilla, donde se desencadenan en tropel las voces de una fuga infinita. Son asimismo el trasfondo de sus crónicas, libremente inscritas en el canon periodístico, que dejan flotando una interrogación no dicha sobre un algo escondido, apenas entrevisto, detrás de lo circunstancial. Son, en uno y otro caso, signos y manifestaciones no sólo de un estilo, de una voluntad artística, sino fundamentalmente y por encima de todo, de un único impulso creativo, de una pasión, de una vida que se cuenta y encuentra. 
Leer a Clarice es, por lo tanto, identificarse con ella, con el ser pleno detrás de la autora. Desnudar su palabra, compartir una sensualidad casi física, entrar en el cuerpo de una obra que vibra y chispea, algo así como hacer el amor, que es deseo, sexo y deceso. Traducir a nuestro propio horizonte cultural su haz de preguntas lanzadas al viento; entender su necesidad de entender-nos; hablar en silencio, aunque haya palabras; saber que, más allá de las letras, del espacio y el tiempo, hubo alguien, una mujer, que estuvo cerca del corazón salvaje y nos dejó, en su escritura y definitivamente, su soplo de vida. ¿Y quién fue, en su realidad, Clarice Lispector? 







Origen y destino 

Nació en Ucrania, pero no se consideró ucraniana y nunca pisó la tierra donde vino al mundo. En 1920 la familia judía Lispector, en medio de la guerra civil y el desasosiego desatados por la revolución bolchevique de 1917, huyendo de los pogroms, la violencia y el hambre, decidió emigrar a América. En su penoso y largo recorrido por la estepa, la pequeña comitiva tuvo que detenerse en Tchetchelnik –una aldea perdida que, de tan pequeña, no figuraba en el mapa–, para el nacimiento el 10 de diciembre de 1920 de una niña a quien llamaron Haía, nombre hebraico que significa vida y fonéticamente se acerca a «clara», Clarice. Mientras tanto, acaso por una de esas misteriosas casualidades de la historia, por aquellas mismas tierras otro judío, Isaak Bábel, estaba enrolado en el Primer Ejército de Caballería y, a lomos de caballo, escribía los primeros borradores de su famosa Caballería roja. ¿Qué une y a la vez separa a dos escritores de origen similar, tan extraordinarios y dispares, coincidentes por un instante en el ojo del huracán?, me pregunto al contemplar la foto de una tropa de cosacos que, en el duro camino del éxodo, le robaron a los Lispector los pocos bienes que llevaban. 
La familia llegó a Maceió, Brasil, en 1922, y más tarde se trasladó a Recife. De modo que Clarice pudo afirmar, con cierto orgullo, que ella era nordestina, de esa región que describe crudamente Graciliano Ramos en Vidas secas y de la que luego procede, ausente de cualidades, la Macabea que nuestra autora retrató en La hora de la estrella. En el hogar de los Lispector se respetaban las reglas de la Torah y las enseñanzas del Antiguo Testamento, pero ella nunca se refirió a su religión, aunque en el trasfondo de sus textos se percibe la huella mística de la cábala. El padre hablaba y leía yiddish, pero la lengua materna de Clarice, en la que amó y escribió, fue el portugués del Brasil. Desde la infancia y la adolescencia, su vocación fue la literatura, aunque escogió y cursó la carrera de derecho, que después no ejerció. En 1935 se trasladó a Río de Janeiro, donde a la par de los estudios leyó todo cuanto cayó en sus manos, como la edición brasileña de El lobo estepario, de Hermann Hesse, una obra que probablemente influyó en el descubrimiento de la ruta interior que también recorrería: «después de este libro adquirí confianza de aquello que debería ser, cómo quería ser y lo que debería hacer...». A los veintitrés años publicó su primera novela, Cerca del corazón salvaje, reconocida de inmediato por la crítica; pero Clarice nunca aspiró al éxito ni a la gloria efímera. Casi toda su obra se afinca en los ambientes y en las ciudades brasileñas, particularmente en Río de Janeiro, aunque vivió mucho tiempo en el extranjero con su esposo, un diplomático brasileño. Una parte importante de su vida transcurrió en la Europa de la posguerra y en los Estados Unidos de los años cincuenta del siglo XX, pero estuvo siempre enferma de nostalgia, pendiente del Brasil, donde cultivó con amor su raíz verdadera. Fue escritora de pura cepa, de pies a cabeza, de cuerpo y alma entera, no obstante lo cual se autodefinía como una mujer sencilla que se dedicaba a cuidar y educar a sus hijos. A su muerte, ocurrida en 1977, cuando iba a cumplir cincuenta y siete años, dejó una importante obra que es actualmente objeto de admiración, de estudio y hasta de merecido culto. Y uno se pregunta hasta dónde habría llegado, todavía más lejos, esa mujer que al final quería hacer literatura sin literatura, que rompió las rígidas formas para cifrar, como en un clavicordio, el signo musical de sus pulsaciones.  
Todo en ella es contrapunto, combinación simultánea de fuentes diversas que, no obstante, le dan a su obra y su vida una textura uniforme de persona y autora excepcional. Como se dijo, vino a América recién nacida, en la dura circunstancia de la emigración judía, y fue siempre un pájaro errante en busca perenne de su mundo interior. Se casó y tuvo dos hijos de un matrimonio que duró los casi dieciséis años de su estancia en el extranjero, pero tal vez el amor para ella fue también destierro, soledad en el acompañamiento, distancia en la cercanía, al igual que la Joana de su primera novela. Exiliada de sí misma, sobrellevó la rutina de la vida diplomática, con su carga de fingimientos, cenas de compromiso y sonrisas forzadas, mientras su yo creador, preso de angustia, se empeñaba en transgredir la palabra elegante y el falso discurso de mujer pasiva. Conoció y fue amiga de las grandes figuras de la moderna literatura brasileña, entre ellas poetas como Manuel Bandeira, Carlos Drummond de Andrade y João Cabral de Melo Neto, pero su obra no siguió corriente alguna, ni tuvo más bandera que la suya, como la flor extraña que de repente brota y perfuma el ambiente. Parejamente a João Guimarães  Rosa, aunque en otra dirección, renovó la literatura brasileña, abriendo fronteras a la indagación filosófica, al retrato psicológico y al problema de ser en el tiempo y el mundo, más allá del relato sobre el suceso y el dibujo puntual de paisaje y costumbres. Y no cesó de explorar los caminos posibles de la creación literaria, como si quisiera desarmar hasta la última pieza de su propio artificio de palabras hecho, para encontrar, bajo el texto, la cuerda que impulsa la flecha de Eros y la disciplina de Tanatos. 


Confluencias 

Desde que en 1943 apareció la primera obra de Clarice Lispector, escrita con anterioridad, cuando sólo tenía diecisiete años, la crítica quiso encontrarle influencias, modelos, patrones que explicaran el surgimiento de esa luminosa sorpresa en el escenario de las letras brasileñas. Enseguida se refirieron a James Joyce, partiendo de la relación entre el título de su novela, Cerca del corazón salvaje, y una frase del célebre escritor irlandés. En realidad, según declaró la propia Clarice, le había dicho a su amigo Lúcio Cardoso «que respiraría mejor si él le escribiese una frase» del Retrato del artista adolescente, como epígrafe y título de su libro. Pero ella, según dijo, no había leído antes a Joyce, ni a otros importantes autores con los que la identificaron. De modo que, aceptando la afirmación de la escritora, aquí nos encontramos con la magia del arte y la literatura, que produce a veces arcanos encuentros, coincidencias que trascienden el espacio, la lengua y el tiempo; convergencias de voces diferentes en marcha subterránea hacia similares expresiones de voluntad creadora. La muy joven Clarice, a través de su personaje Joana, habría podido escribir también las últimas palabras de Stephen: «Salgo a buscar por millonésima vez la realidad de la experiencia y a forjar en la fragua de mi espíritu la conciencia increada de mi raza». 
Hay, en efecto, una consonancia literaria de Clarice con Joyce, en especial con el Retrato... y, en algunos casos, con los recursos poéticos y la epifanía de sus narraciones en Dublineses. Pero, en lugar de influencias, que nadie rechaza y mucho menos cuando llevan el nombre sagrado de Joyce, habría que hablar también de confluencias de visiones artísticas, como ocurre con esas partículas que, según la física moderna, se comunican y atraen aún a grandes distancias, vulnerando las leyes que la ciencia inventó. La esencia del arte, pensaba Heidegger, está en la verdad del ser y en su revelación en la obra bella. Clarice, como Joyce, se propuso desentrañar dicha verdad, alumbrarla, hacerla patente e instalarla en la escritura, en la obra que sería su auténtica realización personal y donde nosotros, lectores, tenemos la posibilidad de una operación inversa, pero asimismo esclarecedora de nuestra esencia humana. Por otra parte, ¿no es maravilloso hallar un eco joyceano en un texto de Clarice, como quien descubre el rastro de una melodía familiar en el primer movimiento de una sinfonía? El lector registra e integra diversas experiencias estéticas y no faltará quien, en sentido contrario, lea primero un texto de la autora brasile- ña y crea encontrarla después en alguno de Joyce. 
También se le adjudicó la influencia de Virginia Woolf, pero a Clarice no le gustó la comparación que, de nuevo, presenta interesantes puntos de coincidencia, así como aspectos donde divergen. Ambas son autoras que exploran y escriben desde la identidad femenina, mostrando la complejidad psicológica, la profunda sensibilidad y la finísima percepción de la circunstancia que posee el «segundo sexo» del que habló Simone de Beauvoir. Hay en ellas, sin embargo, matices distintos y experiencias artísticas y vitales diversas que, probablemente, quiso subrayar nuestra escritora. Así, el feminismo militante de la Woolf tiene en Clarice una expresión más objetiva y ponderada, en la línea del actual post-feminismo. Es cierto que en la brasileña podemos sentir resonancias, por ejemplo, de la woolfiana Mrs. Dalloway, pero las muchachas y mujeres de Clarice están encuadradas en otra realidad, tienen vivencias diferentes y buscan su definición personal en un contexto propio. Lo importante, sin embargo, es comprobar que su obra es cada vez más reconocida a nivel internacional, al extremo de colocarla en sintonía con la de Virginia Woolf, en el concierto de relevantes mujeres que, con la literatura y el arte, empezaron a cambiar una visión maniquea de la especie humana en la que un género impone sus paradigmas al otro. Clarice Lispector, desde su realidad brasileña, tercermundista e iberoamericana, habla de un yo femenino en el universo de seres humanos que están condenados a la soledad de sí mismos y necesitan mirarse, escucharse y hablarse los unos a las otras, y entre ellos y ellas, para comprender finalmente cuanto son en verdad, simples seres humanos, macho y hembra a un tiempo, como Dios los creó. 
Hay lecturas, desde luego, que influyen y dejan su huella, evidente o velada, en la creación clariceana. Ella leyó, entre otros, a Machado de Assis, el primer escritor universal del Brasil, y a Monteiro Lobato, fundador allí de la literatura para niños; también a Dostoievski, con esa insuperable penetración psicológica sobre el crimen y el castigo, la culpa y el dolor. Conoció a la Emma Bovary que Flaubert pintó con los colores del pesimismo y el amor a la verdad, siempre dura y transgresora. Con el primer dinero que ganó trabajando, compró la edición brasileña de Felicidad, de Katherine Mansfield, con quien se identificó plenamente, una admiración que confirmó, estando en Roma, a su amigo Lúcio Cardoso tras leer la edición italiana de las Cartas de la autora neozalandesa. Reconoció también su aprecio por Julien Green, en cuyas obras predominan escenarios sombríos, donde la Gracia divina no suele evitar trágicos desenlaces. A pesar de todo, en alguna ocasión dijo no tener una amplia formación literaria, tal vez confundiendo la vastedad con la intensidad de las lecturas y su reelaboración individual. Bastó quizás un chispazo de Machado, de Dostoievski, Hesse o Mansfield, para despertar el tigre interior, de esoterismo y amor, al que cantó William Blake. ¿Qué forma, en verdad, a una escritora como Clarice Lispector? No basta con hurgar en su entorno y desarrollo individual, ni en sus posibles influencias, ni en sus lecturas declaradas, ni en las circunstancias históricas o personales. El genio, como ella lo fue, está en y tiene eso, pero además fluye, busca una realización independiente en cuyo proceso se encuentra, confluye, con quienes ayer y hoy, y también mañana, persiguen el imposible de la realización humana. De todo se nutre el escritor y todo lo reelabora y renueva en sí mismo y en su obra. Como decía Unamuno, don Quijote y Sancho no son exclusivos de Cervantes, «ni de ningún soñador  que los sueñe, sino que cada uno los hace revivir». 

Fuente: Ediciones Siruela

Compra el libro en: Ediciones Siruela


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Joan Baez- Charlie Hebdo: "To the people of France" ( 1-7-15) / "Al pueblo de Francia" (7 enero 2015), Estados Unidos


Joan Baez:  "It makes the murders, simply, heartbreaking. 

Esto hace que los asesinatos sean, simplemente, desgarradores." 






To the people of France,
I wish to send my deepest sympathy to those most closely affected by the executions at Charlie Hebdo, and to a French public in mourning. Liberals and conservatives in equal measure understand the value and importance, not to mention joy, of satire, humor, nonsense, and courage in the 21st century. Which makes the executions at Charlie Hebdo more than enraging, more than terrifying, more than shocking (as there is little left to shock us in these times). It makes the murders, simply, heartbreaking.
I ask permission to share in your grief.

Thank you,
Joan Baez


1/7/15
California, USA



Deepest sympathy to those most closely affected by the executions at & to a French public in mourning.





Note: The pictures and videos are responsibility of this blog




Cabu, Wolinski, Charb y Tignous; los dibujantes muertos por el ataque terrorista a Charlie Hebdo. Fotos: EFE.



Al pueblo de Francia:

Deseo enviar mi más sentido pésame a los afectados por las ejecuciones  en Charlie Hebdoy al  público francés de luto.  Liberales y conservadores en igual medida entienden el valor y la importancia, por no hablar de la alegría, de la sátira, del humor, del absurdo, y del coraje en el siglo 21. Lo que hace que las ejecuciones en Charlie Hebdo sean más que enfurecedoras, más que  aterradoras, más que impactantes  (y hay pocas cosas que nos impacten en estos tiempos). Esto hace que los asesinatos sean, simplemente, desgarradores.

Le pido permiso para compartir su dolor.

Muchas gracias,
Joan Baez

7 de enero de 2015
California, Estados Unidos


Fuente: Joan Baez


Nota: Las fotos y videos son responsabilidad de este blog







Charlie Hebdo. Joan Baez diffusée aux funérailles de Honoré

Le dessinateur Honoré.

Le dessinateur Honoré, tué pendant l'attentat à Charlie Hebdo, a été inhumé ce vendredi.

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Les funérailles de Philippe Honoré, le plus discret des cinq dessinateurs de Charlie Hebdo tués lors de l'attentat contre le journal le 7 janvier, se sont déroulées vendredi au cimetière du Père-Lachaise à Paris, aux accents d'une ballade de Bob Dylan chantée par Joan BaezFarewell Angelina.

« Il n'avait ni internet ni téléphone portable, ce qui m'obligeait à répondre pour lui aux demandes d'interview et ça le faisait rire », s'est souvenue sa fille unique, Hélène, devant les quelque 200 personnes venues lui rendre un dernier hommage. « Mon père aimait rire. »
Un diaporama de ses dessins a été projeté pendant la cérémonie au crématorium du Père-Lachaise.
Un morceau de piano classique a été joué avant Farewell Angelina, chanson écrite par Bob Dylan et interprétée par Joan Baez.

France 16 janvier

Charlie Hebdo. Joan Baez se escucha en el funeral  de Honoré

Le dessinateur Honoré.
El diseñador Honoré, asesinado durante el ataque a Charlie Hebdo, fue enterrado el viernes


El funeral de Philippe Honoré, el más discreto de los cinco diseñadores de Charlie Hebdo muertos en el ataque contra el diario el 7 de enero, se celebró el viernes en el Père-Lachaise, en París, con la música de una balada Bob Dylan cantada por Joan Baez.Adiós Angelina.


"El no tenía internet ni celular,  lo que me obligaba a responder por él a las peticiones de entrevistas  cosa que  lo hacía reír", recordó a su única hija, Helen, antes de unas 200 personas que llegaron a  rendirle los  últimos respetos. "A mi  padre le encantaba reír. »

Una presentación de diapositivas con sus dibujos fue mostrada durante la ceremonia en el crematorio de Père-Lachaise.
Una pieza de piano clásico se tocó antes de Adiós Angelina, canción escrita por Bob Dylan e interpretada por Joan Baez.
France 16 janvier



Jorge Luis Borges: “García Lorca siempre me ha parecido un poeta menor” / Fragmento y prólogo de Borges de “Siete conversaciones con Jorge Luis Borges” de Fernando Sorrentino, Editorial Losada, Buenos Aires 2007






“Ahora, en cuanto a Antonio Machado, desde luego tiene algunas páginas espléndidas, pero, al mismo tiempo, tiene otras en que se ve al andaluz que trata de ser castellano (….)”

 



Prólogo de Jorge Luis Borges



Paradójicamente, los diálogos de un escritor y de un periodista se parecen menos a un interrogatorio que a una especie de introspección. Para quien interroga, puede ser una tarea no exenta de fatiga y de tedio; para el interrogado, son como una aventura en que acechan lo secreto y lo imprevisible. Fernando Sorrentino conoce mi obra —llamémosla así— mucho mejor que yo; ello se debe al hecho evidente de que yo la he escrito una sola vez y él la ha leído muchas, lo cual la hace menos mía que suya. Al dictar estas líneas, no quiero desestimar su bondadosa perspicacia; cuántas tardes, hablando mano a mano, me ha conducido, como quien no quiere la cosa, a las contestaciones necesarias que luego me asombraban y que él, sin duda, había preparado.

Fernando Sorrentino es, en suma, uno de mis inventores más generosos. Quiero aprovechar esta página para decirle mi gratitud y la certidumbre de una amistad que los años no borrarán.

Buenos Aires, 13 de julio de 1972



Este libro, por Fernando Sorrentino


Con Jorge Luis Borges conversé por primera vez —cuidé de anotar la fecha— el fervoroso mediodía del 2 de diciembre de 1968. Yo, con la tristeza reglamentaria, me dirigía a mi empleo de entonces; la suerte quiso que Borges emergiera de la estación Moreno a la plazoleta que divide la avenida Nueve de Julio. Lo saludé con emoción, con torpeza; farfullé mi ignoto apellido, le dije que vivía en Palermo. Esto le agradó y, un instante después, hablábamos del arroyo Maldonado, arroyo que para mis ojos nunca fue otra cosa que un largo asfalto gris flanqueado por un terraplén y muchas bodegas. Recuerdo que le recité las primeras estrofas de su poema “El tango”, y que Borges me reprochó: “¡Qué ganas de perder el tiempo leyendo esas cosas!”.
Muchos meses después tuve la oportunidad de conversar largamente con Borges. Durante siete tardes, el hacedor de ficciones me precedió, abriendo altas puertas que descubrían insospechadas escaleras de caracol, por los gratos pasillos laberínticos de la Biblioteca Nacional, en busca de una remota salita donde no nos interrumpía el teléfono.
Estas Siete conversaciones han sido grabadas y luego vertidas al papel. El Borges que habla en este volumen es un señor cortés y distraído, que no verifica citas, que no vuelve atrás para corregirse, que finge tener mala memoria: no el terso Jorge Luis Borges de la letra impresa, aquel que calcula y mide cada coma y cada paréntesis. La heterogeneidad y el desorden que aquejan a las preguntas intentan que este libro no sea un ensayo orgánico sino exactamente lo que declara su título: siete tranquilas y casuales charlas libres de toda molesta sujeción a un plan. Resultados de esta agradable inconciencia son alguna que otra repetición, ciertas ambigüedades y unas pocas frases que adolecen de lo que la retórica denomina anacoluto. Inevitablemente, alguien deplorará la falta de preguntas sobre Gracián; otro habrá acudido al libro con el excluyente propósito de informarse acerca de Molière; un tercero se sentirá indignado al advertir que no se menciona a Hermann Hesse.
En las notas he tratado de ser lo menos fastidioso posible. Sólo se proponen relacionar a Jorge Luis Borges con su contexto literario y político. Es verdad que el lector puede, sin grave pérdida, privarse de ellas.

   Buenos Aires, julio de 1972.




Prólogo de 1996, por Fernando Sorrentino


 “… juzgo la literatura de un modo hedónico. Es decir, juzgo la literatura según el placer o la emoción que me da.”Jorge Luis Borges




Cuando realicé la serie de siete entrevistas a Jorge Luis Borges, yo no alcanzaba los treinta años, y me animaban una energía, un optimismo y un entusiasmo ilimitados, y la certeza de poder concretar cualquier sensato objetivo que me propusiera. Estas venturas me ocurrían hacia 1970.
Ahora tengo más de medio siglo de vida, bastante disminuidos la energía y el entusiasmo, y gravemente deteriorado el optimismo; en consecuencia, sustento otras ideas más modestas sobre mi capacidad para lograr objetivos de cualquier índole.
Desde que aprendí a leer, me convertí en una especie de adicto a la literatura y, muy especialmente, de adicto a la literatura narrativa.
Me encanta que me cuenten historias y que esas historias sean —en el mejor sentido de la palabra— interesantes. Por eso mismo, nunca me pareció meritorio leer libros desagradables, torpes o aburridos, ni tampoco hacerlo impulsado por algún imperativo categórico. He procurado, infructuosamente, admirar, tanto a los altruistas que redactan best sellers, como a los egoístas que se enredan en textos ilegibles.
Así, pues, en esta actitud de buscar placer, yo, sencillamente, me dedicaba a leer. Leía lo que me gustaba y abandonaba lo que me aburría. Y, según pasaban los años, empecé a advertir un proceso de decantación. Comprobé, por ejemplo: que algunos libros no requerían una segunda lectura; que otros li­­bros me cansaban y me fastidiaban al instante; que, a otros, iba olvidándolos al mismo tiempo que iba leyéndolos; que, retratado en la sintaxis y el vocabulario de otros, veía el rostro risiblemente serio de su redactor; que otros libros sólo existían en los medios de prensa y en los círculos recreativos de ideas afines, pero no en la literatura. Etcétera, etcétera, etcétera.
Pero, por fortuna, en tantos libros encontré también muy buenos amigos. Amigos que jamás me cansaban ni me defraudaban y a cuyas obras —en una suerte de enamoramiento insaciable— yo volvía infinitamente para hallar siempre nuevas riquezas y nuevos prodigios.
Uno de estos queridos amigos es, desde luego, Borges. Así lo sentí, en 1961, cuando por vez primera leí textos suyos (los cuentos de Ficciones); en aquel momento, fascinado, experimenté la sensación de estar frente a una clase única de mágica literatura, una literatura que no tenía semejantes y que, por ende, era incomparable, en la acepción absoluta del término.
Así lo sentí en 1961 y así lo ratificaron, y con creces, los treinta años largos que corrieron desde entonces. Mis lecturas de Borges han sido siempre espontáneas, siempre reiteradas, siempre placenteras. En un mundo en que todos recibimos, y entregamos, cosas buenas y cosas malas, mi principal sentimiento hacia Borges es la gratitud por todo lo bueno que me dio y que me da.
Hace veinticinco años le formulé las preguntas que me proponía —como a todo mortal— la alianza de la curiosidad con el azar. De haberlo entrevistado años más tarde, mis preguntas, en general, habrían sido más o menos las mismas, aunque excluyendo las que no despertaron su interés —que fueron unas cuantas— y agregando otras que podrían desencadenar su imprevisible fluencia de ideas (a veces certeras, erróneas, razonables, irritantes, pueriles, benévolas o crueles, pero siempre inteligentes).
Como no podría ser de otra manera, las entrevistas se reproducen, con respecto a la edición anterior, sin modificaciones (excepto la extirpación de erratas). Sí, en cambio, he agregado, eliminado y reelaborado notas, ya enmendando errores de información, ya buscando más exactitud en los datos, sin que estos afanes signifiquen que la tarea se halle concluida.
Devoto de su ilustre tío materno, a su generosidad debo no sólo precisos datos genealógicos y familiares sobre Borges sino también muchas observaciones inteligentes: conste aquí mi agradecimiento para Miguel de Torre.
Por otra parte, he podido enriquecer algunas referencias a la cultura anglohablante aprovechando las notas que, para la edición en inglés (Seven Conversations with Jorge Luis Borges, Troy, Nueva York, The Whitston Publishing Company, 1982), redactara su traductor, Clark M. Zlotchew.
Borges falleció el 14 de junio de 1986. Ya no es posible incurrir en nuevas entrevistas:* de cualquier manera, género literario sin duda menor.
Pero ahí están, y para siempre, las palabras inagotables de Ficciones y de El Aleph, de El informe de Brodie y de El libro de arena, y las de tantas otras páginas queridas, sin las cuales —acudiendo a una frase que Borges solía decir— este mundo sería mucho más pobre.


Buenos Aires, mayo de 1996.

(*En su “Prólogo” (página 7), Borges me llama “periodista”, profesión que jamás he ejercido y que, Dios mediante, jamás ejerceré.)




 SIETE CONVERSACIONES CON JORGE LUIS BORGES (fragmento) 


Fernando Sorrentino: Los ensayos que usted publicó en 1932, en Discusión, ¿los volvería a escribir con esos mismos conceptos?

Jorge Luis Borges: No. No recuerdo cuáles son los conceptos, pero sería muy triste que yo no hubiera adelantado nada, ¿no?

F.S.: Bueno, para buscar un ejemplo concreto: digamos el artículo sobre “Quevedo”, que apareció en Otras inquisiciones… ¿Usted opina de modo distinto ahora?

J.L.B.: Sí, yo creo que yo tenía una admiración excesiva por Quevedo. Y los que me curaron de esa admiración excesiva fueron dos: uno, Adolfo Bioy Casares, y el otro, el mismo Quevedo, a quien yo he tratado de releer, y que me parece ahora un literato demasiado consciente de lo que hace. Me parece, además, que hay algo duro, dogmático, en Quevedo. Al mismo tiempo, hay una afición a los juegos de palabras bobos —esa afición la comparte con Miguel de Unamuno, también—. Actualmente mi admiración por Quevedo es muy limitada… Es curioso: en aquella época, yo creía que Lugones era superior a Darío, y que Quevedo era superior a Góngora. Y ahora, Góngora y Darío me parecen muy superiores a Quevedo y Lugones. Creo que tienen cierta inocencia, cier­ta espontaneidad, que no tuvieron los otros —que tomaron todo demasiado en serio—.

F.S.: ¿En Góngora le parece que hay espontaneidad?

J.L.B.: En algunos sonetos, sí. Desde luego, en las últimas obras de él, no: en las Soledades, en el Polifemo (estas obras me parece que corresponden a una suerte casi —yo diría— de perversión literaria). Pero creo que hay sonetos —el soneto “A Córdoba”, por ejemplo, y otros— en que hay espontaneidad. Y en Quevedo es muy raro que la haya.

F.S.: Ya que acaba de nombrar a Unamuno… ¿Qué opina de él, de Azorín y de Antonio Machado?

J.L.B.: Creo que Unamuno, a pesar de sus defectos, es superior a los otros. En cuanto a Azorín, me parece un escritor absolutamente deleznable, o que sólo tiene virtudes negativas. Tiene la virtud de no haber cometido ciertos errores, de haber eludido el énfasis español… Pero, en fin, ésta es una virtud de omisión, podemos decir. Y no creo que haya ningún valor positivo en su obra.

F.S.: ¿Casi se podría decir que no es más que un periodista?

J.L.B.: Sí. Pero uno espera que un periodista sea más entretenido que Azorín. De modo que no sé si hubiera tenido éxito como periodista: posiblemente le hubieran devuelto sus crónicas. Es una persona que parece muy interesada en circunstancias mínimas: el hecho de si llueve o no llueve, etcétera. Ahora, en cuanto a Antonio Machado, desde luego tiene algunas páginas espléndidas, pero, al mismo tiempo, tiene otras en que se ve al andaluz que trata de ser castellano, que abunda en nombres propios geográficos. Realmente, creo que comparto la opinión de Cansinos Assens, que decía que Manuel Machado le parecía superior a Antonio. Desde luego, un escritor debe ser juzgado por sus mejores páginas, siempre. Y creo que las mejores páginas de Manuel no son inferiores a las mejores de Antonio. Además, creo que es muy posible que haya influido el hecho de que Antonio fue republicano y de que Manuel Machado fue franquista, y me parece absurdo juzgar a un escritor por sus opiniones políticas.

F.S.: Hablando de andaluces, si García Lorca no hubiese sido fusilado, tendría sólo un año más que usted. ¿Cómo ve a ese escritor, prácticamente coetáneo suyo?

J.L.B.: A mí, García Lorca siempre me ha parecido un poeta menor. Me ha parecido un poeta meramente pintoresco, un poeta que aplicó ciertos procedimientos de la literatura francesa de entonces a los temas andaluces. Algo así como Fernán Silva Valdés aplicó el incipiente ultraísmo a ciertos temas de la nostalgia criolla, en Agua del tiempo. Más o menos lo que después haría Güiraldes con Don Segundo Sombra. La verdad es que yo nunca he podido admirar mucho a García Lorca. O, mejor dicho, me parece que lo que él hacía en verso estaba bien, pero que no es muy importante lo que ha hecho; me parece que es puramente verbal, que se nota cierta íntima frialdad en todo lo que él escribe. Como escritor, es incapaz de pasión. Y, en cuanto a las obras de teatro, no sé si puedo juzgarlo por un pieza llamada Yerma, una pieza que yo no pude ver hasta el fin, porque me aburrió tanto, que me tuve que ir. Creo que él tuvo la suerte de ser fusilado y creo que eso contribuye, ¿no? Posiblemente, con el tiempo él hubiera aprendido a jugar a otros juegos más interesantes que los suyos. Y creo que la mía es la opinión de mucha gente en España, sobre todo en Andalucía. Creo que García Lorca ha de tener más éxito —digamos— en Castilla o en Galicia, y no en Andalucía, donde notan la falsedad de su andalucismo. Y, desde luego, tendrá aún más éxito en Francia.

F.S.: Usted me había dicho que el siglo xviii español vale poco...

J.L.B.: Más bien diría que no vale nada.

F.S.: … que el xix es una vergüenza…

J.L.B.: ¡Es que realmente es una vergüenza!

F.S.: Bien. En cuanto al siglo xx español, yo le nombré estos escritores para ver si surgía alguna figura de su agrado. ¿Juan Ramón Jiménez, tal vez?

J.L.B.: Juan Ramón Jiménez empezó escribiendo bien, pero al final se resignó a cualquier cosa. Los últimos libros de Juan Ramón Jiménez parecen puramente casuales: parece que él escribiera cualquier cosa que se le ocurriera. O no solamente cualquier cosa: cualquier palabra, cualquier conjunto de frases que se le ocurriera. Creo, en fin, que la literatura argentina contemporánea es más rica que la literatura española contemporánea.



“Siete conversaciones con Jorge Luis Borges”  
Editorial Losada, Buenos Aires 2007


Fragmento y prólogos publicados con autorización de su autor. 
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Jorge Luis Borges: Jorge Luis Borges Acevedo. (Buenos Aires, 24 de agosto de 1899 - Ginebra, Suiza, 14 de junio de 1986). Poeta, ensayista y escritor argentino.
Estudia en Ginebra e Inglaterra. Vive en España desde 1919 hasta su regreso a Argentina en 1921. Colabora en revistas literarias, francesas y españolas, donde publica ensayos y manifiestos.
De regreso a Argentina, participa con Macedonio Fernández en la fundación de las revistas Prisma y Prosa y firma el primer manifiesto ultraísta. En 1923 publica su primer libro de poemas, Fervor de Buenos Aires, y en 1935 Historia universal de la infamia, compuesto por una serie de relatos breves (formato que utilizará en publicaciones posteriores).
Durante los años treinta su fama crece en Argentina y publica diversas obras en colaboración con Bioy Casares, de entre las que cabe subrayar Antología de la literatura fantástica. Durante estos años su actividad literaria se amplía con la crítica literaria y la traducción de autores como Virginia Woolf, Henri Michaux o William Faulkner.

Es bibliotecario en Buenos Aires de 1937 a 1945, conferenciante y profesor de literatura inglesa en la Universidad de Buenos Aires, presidente de la Sociedad Argentina de Escritores, miembro de la Academia Argentina de las Letras y director de la Biblioteca Nacional de Argentina desde 1955 hasta 1974. En 1961 comparte con Samuel Beckett el Premio Formentor, otorgado por el Congreso Internacional de Editores. Desde 1964 publica indistintamente en verso y en prosa.
Borges utiliza un singular estilo literario, basado en la interpretación de conceptos como los de tiempo, espacio, destino o realidad. La simbología que utiliza remite a los autores que más le influencian -William Shakespeare, Thomas De Quincey, Rudyard Kipling o Joseph Conrad-, además de la Biblia, la Cábala judía, las primigenias literaturas europeas, la literatura clásica y la filosofía.

Publica libros de poesía como El otro, el mismo, Elogio de la sombra, El oro de los tigres, La rosa profunda, La moneda de hierro y cultiva la prosa en títulos como El informe de Brodie y El libro de arena. En estos años Borges también publica libros en los que se mezclan prosa y verso, libros que aúnan el teatro, la poesía y los cuentos; ejemplos de esta fusión son títulos como La cifra y Los conjurados.

La importancia de su obra se ve reconocida con el Premio Miguel de Cervantes en 1979.



Obra de Jorge Luis Borges
Poesía
·        Fervor de Buenos Aires (1923)
·        Luna de enfrente (1925)
·        Cuaderno San Martín (1929)
·        Poemas (1923-1943)
·        El hacedor (1960)
·        Para las seis cuerdas (1967)
·        El otro, el mismo (1969)
·        Elogio de la sombra (1969)
·        El oro de los tigres (1972)
·        La rosa profunda (1975)
·        Obra poética (1923-1976)
·        La moneda de hierro (1976)
·        Historia de la noche (1976)
·        La cifra (1981)
·        Los conjurados (1985)
Ensayos
·        Textos recobrados (1919-1929)
·        Prólogos con un prólogo de prólogos (1923-1974)
·        Inquisiciones (1925)
·        El tamaño de mi esperanza (1926)
·        El idioma de los argentinos (1928)
·        Evaristo Carriego (1930)
·        Discusión (1932)
·        Historia de la eternidad (1936)
·        Nueva refutación del tiempo (1947)
·        Aspectos de la poesía gauchesca (1950)
·        Otras inquisiciones (1952)
·        Obras completas (1960)
·        Antología personal (1961)
·        El libro de los seres imaginarios (1968)
·        Obras completas (1974)
·        El congreso (1971)
·        Libro de sueños (1976)
·        Borges oral (conferencias, 1980)
·        Siete noches (conferencias, 1980)
·        Nueve ensayos dantescos (1982)
·        Biblioteca personal (1986)
Cuentos
·        Historia universal de la infamia (1935)
·        El jardín de senderos que se bifurcan (1941)
·        Ficciones (1944)
·        El Aleph (1949)
·        La muerte y la brújula (1951)
·        El informe de Brodie (1970)
·        El libro de arena (1975)
·        25 de Agosto, 1983 (1983)
Obras en colaboración
·        Índice de la poesía americana (1926) Antología con Vicente Huidobro y Alberto Hidalgo
·        Antología clásica de la literatura argentina (1937) Con Pedro Henríquez Ureña
·        Antología de la literatura fantástica (1940) Con Bioy Casares y Silvina Ocampo
·        Antología poética argentina (1941) Con Bioy Casares y Silvina Ocampo
·        Seis problemas para don Isidro Parodi (1942) Con Bioy Casares
·        El compadrito (1945) Antología de textos de autores argentinos en colaboración con Silvina Bullrich
·        Dos fantasías memorables (1946) Con Bioy Casares
·        Un modelo para la muerte (1946) Con Bioy Casares
·        Obras escogidas (1948)
·        Antiguas literaturas germánicas (México, 1951) Con Delia Ingenieros
·        El idioma de Buenos Aires (1952) De José Edmundo Clemente
·        Obras completas (1953)
·        El Martín Fierro (1953) Con Margarita Guerrero
·        Poesía gauchesca (1955) Con Bioy Casares
·        El paraíso de los creyentes (1955) Con Bioy casares
·        Leopoldo Lugones (1955) Con Betina Edelberg
·        Cuentos breves y extraordinarios (1955) Con Bioy Casares
·        Los orilleros (1955) Con Bioy Casares
·        La hermana Eloísa (1955) Con Luisa Mercedes Levinson
·        Manual de zoología fantástica (México, 1957) Con Margarita Guerrero
·        Los mejores cuentos policiales (1943 y 1956) Con Bioy Casares
·        Libro del cielo y del infierno (1960) Con Bioy Casares
·        Introducción a la literatura inglesa (1965) Con María Esther Váquez
·        Literaturas germánicas medievales (1966) Con María Esther Vázquez, revisa y corrige el tratado Antiguas literaturas germánicas
·        Introducción a la literatura norteamericana (1967) Con Estela Zemborain de Torres
·        Introducción a la literatura latinoamericana (1967) Con Esther Zemborain de Torres
·        Crónicas de Bustos Domecq (1967) Con Bioy Casares
·        Nueva antología personal (1968)
·        Prólogos (1975)
·        ¿Qué es el budismo? (1976) Con Alicia Jurado
·        Diálogos (1976) Con Ernesto Sábato
·        Nuevos cuentos de Bustos Domecq (1977) Con Bioy Casares
·        Breve antología anglosajona (1978) Con María Kodama
·        Atlas (1985) Con María Kodama
Obra reunida
·        Poemas (1923-1953)
·        Obra Poética (1923-1964)
·        Obra Poética (1963-1966)
·        Obra Poética (1923-1967)
·        Obra Poética (1923-1969)
·        Obra Poética (1923-1976)
·        Obra Poética (1923-1977)
·        Obra Poética (1923- 1985)
·        Obras Completas (en un volumen, 1923-1972)
·        Obras Completas (en cuatro volúmenes)
o   Volumen I (1923-1972)
o   Volumen II (1952-1972)
o   Volumen III (1975-1985)
o   Volumen IV (1975-1988)
·        Obras completas en Colaboración (1979)
·        Borges en Sur 1931-1980
·        Borges. Obras, reseñas y traducciones inéditas
·        Diario Crítica 1933-1934
·        Textos publicados en El Hogar 1936-1958
·        Textos cautivos
·        Ensayos y reseñas en El Hogar 1936-1939
·        El círculo secreto (Prólogos escritos entre 1957 y 1985)
·        Textos recobrados (1919-1929)
·        Textos recobrados (1931-1955)
·        Textos recobrados (1955-1986)




©Fernando Sorrentino nació en Buenos Aires el 8 de noviembre de 1942. Es profesor de Lengua y Literatura.
Sus cuentos suelen entrelazar de manera sutil, y casi subrepticia, la realidad con la fantasía, de manera que no siempre es posible determinar dónde termina la primera y empieza la segunda. Parte de situaciones muy “normales” y “cotidianas”: pero, paulatinamente (y con toques de humor), ellas se van enrareciendo y se convierten en insólitas o turbadoras.
Algunos de sus libros son Imperios y servidumbres (1972), El mejor de los mundos posibles (1976), En defensa propia(1982), El rigor de las desdichas (1994), Existe un hombre que tiene la costumbre de pegarme con un paraguas en la cabeza (2005), El regreso (2005), Costumbres del alcaucil (2008), El crimen de san Alberto (2008), El centro de la telaraña (2008), Paraguas, supersticiones y cocodrilos (2013). Muchos de sus cuentos han sido traducidos a diversas lenguas europeas y asiáticas.
Le pertenecen dos volúmenes de entrevistas: Siete conversaciones con Jorge Luis Borges (1974) y Siete conversaciones con Adolfo Bioy Casares (1992).
Se han publicado libros suyos en Brasil, México, Estados Unidos, España, Portugal, Inglaterra, Italia, Alemania, Hungría, Rumania, Bulgaria, India, China…



Bibliografía

Su bibliografía detallada (excluidas las ediciones anotadas de clásicos, las inclusiones en antologías —tanto en español como en otras lenguas— y las colaboraciones en diarios y/o revistas) es la siguiente:

OBRA NARRATIVA

a)    LIBROS DE CUENTOS
La regresión zoológica, Buenos Aires, Editores Dos, 1969.
Imperios y servidumbres, Barcelona, Editorial Seix Barral, 1972; reedición, Buenos Aires, Torres Agüero Editor, 1992
El mejor de los mundos posibles, Buenos Aires, Editorial Plus Ultra, 1976, (2.º Premio Municipal de Literatura).
En defensa propia, Buenos Aires, Editorial de Belgrano, 1982
El rigor de las desdichas, Buenos Aires, Ediciones del Dock, 1994 (2.º Premio Municipal de Literatura).
La Corrección de los Corderos, y otros cuentos improbables, Buenos Aires, Editorial Abismo, 2002
Existe un hombre que tiene la costumbre de pegarme con un paraguas en la cabeza, Barcelona, Ediciones Carena, 2005
El regreso. Y otros cuentos inquietantes, Buenos Aires, Editorial Estrada, 2005
En defensa propia / El rigor de las desdichas, Buenos Aires, Editorial Los Cuadernos de Odiseo, 2005
Costumbres del alcaucil, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 2008
El crimen de San Alberto, Buenos Aires, Editorial Losada, 2008
El centro de la telaraña, y otros cuentos de crimen y misterio, Buenos Aires, Editorial Longseller, 2008
Paraguas, supersticiones y cocodrilos (Verídicas historias improbables), Veracruz (México), Instituto Literario de Veracruz, El Rinoceronte de Beatriz, 2013

b)    NOVELA
Sanitarios centenarios, Buenos Aires, Editorial Plus Ultra, 1979; reedición (muy reelaborada), Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 2000; reedición, Bar­celona, Ediciones Carena, 2008

c)     NOUVELLE
Crónica costumbrista, Buenos Aires, Ediciones Pluma Alta, 1992. Reeditada con el título de Costumbres de los muertos, Buenos Aires, Ediciones Colihue, 1996

d)    LITERATURA PARA NIÑOS, NIÑAS Y/O ADOLESCENTES
Cuentos del Mentiroso, Buenos Aires, Editorial Plus Ultra, 1978 (Faja de Honor de la S.A.D.E. [Sociedad Argentina de Escritores]); reedición (con modificaciones), Buenos Aires, Grupo Editorial Norma, 2002; nueva reedición (con nuevas mo­dificaciones), Buenos Aires, Cántaro, 2012
El remedio para el rey ciego, Buenos Aires, Editorial Plus Ultra, 1984
El Mentiroso entre guapos y compadritos, Buenos Aires, Editorial Plus Ultra, 1994
La recompensa del príncipe, Buenos Aires, Editorial Stella, 1995
Historias de María Sapa y Fortunato, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1995 (Premio Fantasía Infantil 1996); reedición: Ediciones Santillana, 2001
El Mentiroso contra las Avispas Imperiales, Buenos Aires, Editorial Plus Ultra, 1997
La venganza del muerto, Buenos Aires, Editorial Alfaguara, 1997
El que se enoja, pierde, Buenos Aires, Editorial El Ateneo, 1999
Aventuras del capitán Bancalari, Buenos Aires, Editorial Alfaguara, 1999 Cuentos de don Jorge Sahlame, Buenos Aires, Ediciones Santillana, 2001
El Viejo que Todo lo Sabe, Buenos Aires, Ediciones Santillana, 2001
Burladores burlados, Buenos Aires, Editorial Crecer Creando, 2006, 104 págs.
La venganza del muerto [edición ampliada, contiene cinco cuentos: Historia de María Sapa; Relato de mis travesuras; La fortuna de Fortunato; Hombre de recursos; La venganza del muerto,], Buenos Aires, Editorial Alfaguara, 2011

ENSAYOS
El forajido sentimental. Incursiones por los escritos de Jorge Luis Borges, Buenos Aires, Editorial Losada, 2011

ENTREVISTAS
Siete conversaciones conJorge Luis BorgesBuenos Aires, Editorial Casa Pardo, 1974; reedición (con notas revisadas y actualizadas), Buenos Aires, Editorial El Ateneo, 1996; nueva reedición, Buenos Aires, Editorial El Ateneo, 2001; reedición, Buenos Aires, Editorial Losada, 2007
Siete conversaciones con Adolfo Bioy Casares, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1992; reedición, Buenos Aires, Editorial El Ateneo, 2001; reedición, Buenos Aires, Editorial Losada, 2007


ANTOLOGÍAS (compilador)
35 cuentos breves argentinos, Buenos Aires, Editorial Plus Ultra, 1973
36 cuentos argentinos con humor, Buenos Aires, Editorial Plus Ultra, 1976
17 cuentos fantásticos argentinos, Buenos Aires, Editorial Plus Ultra, 1978
Historias improbables. Antología del cuento insólito argentino, Buenos Aires, Editorial Alfaguara, 2007
Ficcionario argentino (1840-1940). Cien años de narrativa: de Esteban Echeverría a Roberto Arlt, Buenos Aires, Editorial Losada, 2012


TRADUCCIONES
a)    LIBROS DE FICCIÓN
Sanitary Centennial. And Selected Short Stories. Translated by Thomas C. Meehan. Austin, Texas, University of Texas Press, 1988
Sanitários centenários [Sanitarios centenarios]. Traducción al portugués de Reinaldo Guarany. Río de Janeiro, José Olympio Editora, 1989
Von Skorpionen und anderen Alltagsgefahren. Erzählungen. Ausgewählt und aus dem Spanischen übersetzt von Vera Gerling. Gotinga, Hainholz Verlag, 2001
Attukkuttikal Allikkum Thandanai (La Corrección de los Corderos). Volumen de once cuentos en lengua tamil. Nagercoil (India), Kalachuvadu Pathippagam, 2003
Per colpa del dottor Moreau, ed altri racconti fantastici (14 racconti; traduttori: Ales­sandro Abate; Mario De Bartolomeis; Isabel Cuartero; Carlo Santulli, Marco Capelli e Eva Malagon Esteo; Luca Muzzioli). Módena, Progetto Babele, 2006
Existe um homem que tem o costume de me dar com um guarda-chuva na cabeça (18 contos; traduzidos do espanhol por António Ladeira e Helder Semmedo). Entroncamento (Portugal), OVNI, 2006
Per difendersi dagli scorpioni, ed altri racconti insoliti (20 racconti; traduttori: Ales­sandro Abate; Mario De Bartolomeis; Federico Guerrini; Renata Lo Iacono; Carlo Santulli). Macerata, Progetto Babele / Stampalibri, 2009
How to Defend Yourself against Scorpions (25 short stories; translators: Clark M. Zlotchew, Emmy Briggs, Gustavo Artiles, Michele McKay Aynesworth, Alex Patterson, Jonathan Cole, Norman Thomas di Giovanni, Susan Ashe, Donald A. Yates, Naomi Linds­trom). Liverpool, Red Rattle Books, 2013

b)    LIBROS DE ENTREVISTAS
Seven Conversations with Jorge Luis Borges [Siete conversaciones con Jorge Luis Borges]. Translation, additional notes, appendix of personalities mentioned by Borges and translator’s foreword by Clark M. Zlotchew. Troy, Nueva York, The Whitston Publishing Company, 1982
Sette conversazioni con Borges [Siete conversaciones con Jorge Luis Borges]. A cura di Lucio D’Arcangelo. Milán, Arnoldo Mondadori Editore, 1999
Hét beszélgetés Jorge Luis Borgesszel [Siete conversaciones con Jorge Luis Borges]. Fordította Latorre Ágnes. Szerkesztette Scholz László. Budapest, Európa Könyvkiadó, 2000
Borges chi si tan [Siete conversaciones con Jorge Luis Borges]. Traducción al chino de Lin Yi an. Pekín, 2000
Sapte convorbiri cu Jorge Luis Borges [Siete conversaciones con Jorge Luis Borges]. Traducción al rumano de Stefana Luca. Bucarest, Editura Fabulator, 2004
Sapte convorbiri cu Adolfo Bioy Casares [Siete conversaciones con Adolfo Bioy Casares]. Traducción al rumano de Ileana Scipione. Bucarest, Editura Fabulator, 2004
Sete conversas com Jorge Luis Borges [Siete conversaciones con Jorge Luis Borges]. Tradução: Ana Flores. Río de Janeiro, Azougue Editorial, 2009
Seven Conversations with Jorge Luis Borges [Siete conversaciones con Jorge Luis Borges]. Translated, with Notes and Appendix by Clark M. Zlotchew. Filadelfia, Paul Dry Books, 2010
Sedem radsgovora s Jorge Luis Borges [Siete conversaciones con Jorge Luis Borges]. Traducción al búlgaro de Boriana Dukova, Sofía, Enthusiast Libris, 2011
Sette conversazioni con Adolfo Bioy Casares [Siete conversaciones con Adolfo Bioy Casares]. A cura di María José Flores Requejo, Introduzione di Armando Francesconi, Tra­duzione e note di Armando Francesconi e Laura Lisi, Note alla traduzione di Laura Lisi, Pescara, Edizioni Solfanelli, 2014