la rebelión consiste en mirar una rosa

hasta pulverizarse los ojos


Alejandra Pizarnik


" Visions of Johanna": Joan Baez & Bob Dylan por A. Scaduto, 1969







"Una serie de reseñas de los conciertos en que actuasteis juntos decían que él no estaba a la altura del programa, y hubo también quejas en el Hollywood Bowl en 1963."


Joan Baez se ríe con auténtico placer cuando recuerda incidentes de entonces, de los años en que ella y Bob estaban tan próximos. Está sentada en una silla de estilo escandinavo moderno en una habitación de hotel de Nueva York. Está sujetando las rodillas con los brazos y lleva camisa de polo de rayas azules. Tiene el pelo bastante más corto de lo que siempre lo ha tenido, y uno se siente una vez más atrapado por la idea de que es mucho más hermosa de lo que aparece en sus fotografías. Sus ojos negros chisporrotean, se ríe a menudo, su sonrisa se ilumina rápidamente. Se pone seria cuando recuerda algo doloroso de aquella época. Después la sonrisa aparece de nuevo cuando recuerda algo divertido, o cuando Gabriel, hijo suyo y de David Harris, de seis meses de edad, chilla en el parque.

Pocas veces ha hablado de Bob en el pasado, explica porque "hay mucha gente que vive subsidiariamente de gente como Bobby y me parece odioso". Y, además, "por lealtad al propio Bobby". Pero una vez que empezó a recordar cómo había sido todo, su relación con Dylan, "comprendí que todos los que hablan sobre él desean hacerlo realmente con gusto porque en todas nuestras vidas hay muy pocas cosas que tengan auténtica importancia".

Hablamos durante unas tres horas en aquella habitación de hotel.




Empecemos por cómo conociste a Bobby.

JOAN: Creo que fue en el Greenwich Villaje, su nombre sonaba ya, fue en Gerde´s y él cantaba su canción a Woody. Quedé profundamente impresionada. Recuerdo que me dio la sensación de medir como uno cincuenta; me pareció flaco, muy delgado, con aquel sombrerito. Creo que volví un par de veces a oírle. Y era sencillamente asombroso. Yo estaba asombrada, totalmente absorbida por él. Pensé: "Dios mío". Su estilo y sus ojos y todo aquel aire místico,que siempre le rodeaba, y estuve pensando en él durante días. Estaba asombrada y me sentía feliz. Realmente me hacía sentirme feliz el que hubiese alguien de tanto talento. El genio es algo que me arrastra y siempre que me sucede esto me siento realmente excitada.

¿Le conociste aquella primera noche?

JOAN: El se acercó aquella primera noche. Alguien dijo: "Eh, ven a conocer a Joan", y él se acercó y yo no sabía que decir. Dije "fabuloso" o "maravilloso" y Bobby tartamudeó: "Bueno, eso es demasiado". No sé lo que él dijo, pero una estupidez así, y eso fue todo.

Háblame de los primeros días con Dylan, el primer período. ¿Estabais mucho tiempo juntos?

JOAN: Bobby siempre estaba fuera de mi alcance, lo mismo que del de la mayoría de la gente, supongo. Y no puedo recordar cómo empezó la cosa, recuerdo vagamente estar en una fiesta y que él acababa de escribir God on our side y yo no podía creer que hubiese alguien capaz de hacer algo como aquello. Había alrededor de él todo un halo místico, y también una gran reserva. Pero era dulce y divertido, sabes, lo realmente maravilloso de él es ese sentido del humor, es realmente muy divertido, y muy cínico. Y muy ingenioso, él era muy ingenioso.

Tú llevaste a Bob como invitado a muchos de tus conciertos. ¿Llegasteis a intimar mucho?

JOAN: No en realidad. Yo quería que la gente le oyera. Creo que nos gustábamos y que realmente le quería. Yo quería cuidar de él y que cantara. Quiero decir, lavarle la cabeza y limpiarle los dientes y sacarlo al escenario...

 Lo mismo dicen la mayoría de las muchachas y mujeres que le conocieron en aquella época, esta especie de atracción maternal...

JOAN: Sí, era algo muy maternal. Y después yo quería que lo oyese el mayor número de gente posible. Le pedía que apareciese conmigo porque era muy bueno. Yo le amaba, amaba su música y quería que la gente le oyera. Era eso. Quiero decir, yo quería compartirlo. Y él respondió. Se emborrachaba y tenía miedo pero respondió. Creo que el concierto que más me acuerdo fue el de Forrest Hills. Yo siempre tenía miedo por Bobby. El no parecía tener ese tipo de miedo al escenario que en general se tiene. Parecía sumergir eso y después le brotaba como una especie de paranoia de la gente, la gente que iba a pedirle autógrafos. Estaba realmente aterrado. Recuerdo, más tarde, cuando ya cantábamos juntos de forma oficial,  en aquellos conciertos en que nadie era capaz de decidir cómo debían colocarse los nombres para que el suyo no quedase por encima del mío ni el mío por encima del suyo... toda aquella basura. Después, tenía todas aquellas grandes fugas, todas planeadas; puro cuento. Creo que en cierto modo él necesitaba que la gente se subiera encima de su coche y rompiera la antena y gateara hasta la capota y demás.
Decía: "Demonios, no puedo soportar toda esta mierda". Evidentemente había otros modos de salir de un edificio. En una ocasión salimos en coche, cuando hacíamos ya conciertos juntos, y dos muchachas se pusieron a gritar: "Ahí está Bobby". Venían gritando hacia él, y él dijo: "Demonios, corramos", y yo le dije: "No seas imbécil, quédate aquí y no te muevas", y le cogí de la mano, y era como un niño pequeño y ellas llegaron todas histéricas gritando y yo dije: "Si dejáis de hacer el tonto os dará un autógrafo". Y entonces él se calmó. Las chicas se quedaron un poco desconcertadas. Fue maravilloso. Yo dije: "Habla con ellas un minuto", y lo hizo. Logró recuperar el control en cuanto vio que podía hacerlo, pero creo que realmente le aterraba gente como aquella.


 1964


Pero Bobby no tenía ninguna posibilidad de calmar así a los que se lanzaban para arrancarle la ropa.

JOAN: Yo creo que él probablemente aprendió algo de esto, pero desde luego al principio, cuando hacíamos conciertos juntos, no lo entendía. Porque hay un problema. Un conflicto. Tú quieres que la gente dé gritos, chille y te ame y trepe hasta el escenario y te tire del pelo. Quiero decir, deseas esto porque es irresistible para un ego porque el ego no lo entiende. Nada tiene que ver con el amor, no tiene nada que ver con algo auténtico. Es sólo histeria. Y tú en cierto modo alimentas esto, y, por otra parte, hay otro sector de ti que reconoce que es absurdo. Pero entonces Bobby también tenía auténtico miedo a resultar herido, yo creo, a ser destrozado. Porque uno se da cuenta de que pueden llegar a destrozarle.

¿Tenía él miedo al público? Según me ha dicho gente que lo conoció en el 61 en 
Gerd´s, tenían que darle de beber, tenían que llenarle de vino, fortalecer su ego, para conseguir que saliera y actuara.

JOAN: El tenía varias formas de manifestar este miedo. Nunca tuvo el miedo tradicional al escenario, el miedo que tengo yo, por ejemplo, que me quedo sentada y tengo diarrea y náuseas durante los cuarenta minutos anteriores al concierto. El siempre andaba tarareando por allí o escribiendo canciones. Pero la cosa se manifestaba de otro modo; por ejemplo, tuvo un súbito y rabioso berrinche porque una vez le robaron su abrigo. Probablemente hayas oído hablar de esa escena... fue increíble. Aquel espantoso abrigo. Estoy segura de que continúa pensando que se lo robé yo. Porque yo intentaba continuamente que se deshiciera de el... lo había vomitado todo por delante. Supongo que se emborrachó y se vomitó por encima. Era su abrigo favorito. Aquella cosa horrible y astrosa de un marrón sucio, hay cientos de fotografías de él con ese abrigo puesto. Olía horriblemente... era demasiado corto, tenía las mangas cortas, y le daba aspecto de colegial pobre.

Que era exactamente el aspecto que él intentaba tener.

JOAN: Sí, y yo andaba intentando realmente que se lo quitara de encima. Y una noche regresamos a los camerinos... y su abrigo no estaba. Y tuvo un berrinche; quiero decir como un niño de cinco años. Empezó a chillarle al policía y el policía se largó, y gritó a todos los que estaban allí y todos se largaron. Creo que Neuwirth estaba también. Y hubo aquella especie de tensión que yo siempre creí que tenía algo que ver con el tener que actuar. Aquella noche fue asombrosa, sin embargo, porque yo no me marché. El estaba realmente loco de ira. "Esa condenada chaqueta... alguien se llevó esa jodida chaqueta, y esos jodidos policías no estaban aquí, y tú..." Yo dije: "Oh Bobby cálmate" o algo así, y él comenzó a gritar porque nadie podía hablarle así. Y yo pregunté: "¿Estás ensayando o quieres realmente coger un berrinche?", o algo parecido, y entonces él se calmó. Me dijo: "No soy ningún loco", yo tuve la sensación de que había visto aquello en otra gente antes y, no sé cómo calificarlo, pero él se negaba a admitir que estuviese loco. El invirtió los papeles, ensayamos, hizo una brillante representación de la primera parte. En el intermedio yo dije: "Oye, deberías ensayarlo más veces", y él tuvo otra pataleta. Fue realmente terrible. El decía "no estoy loco", y yo decía "no, sólo estabas furioso, pero no quiero hablar de eso aquí".

¿Esto era su manifestación del miedo al escenario?

JOAN: En realidad no lo sé. Sucedió otras veces también, pero a mí me daba la sensación de que todo era fingido... quiero decir, sucedió otras veces en que él no actuaba. Le pasaban cosas así. Yo creo que en él estaba la tensión de tener que actuar o de tener que ser el que era.

Una serie de reseñas de los conciertos en que actuasteis juntos decían que él no estaba a la altura del programa, y hubo también quejas en el Hollywood Bowl en 1963.

JOAN: Yo creo que estaba borracho o había tomado algo, y se demoró demasiado. Siempre tenía que cantar lo que acababa de escribir, y acababa de escribir Lay dow your weary tune que duraba cuarenta y cinco minutos.

¿La que alguien llamó "guerra y paz"?

JOAN: Esa, esa. Era interminable. Por supuesto, yo me sentía muy feliz, pero también un poco inquieta. Siempre he tenido conciencia del público. Siempre procuro no cansarles, y él no se preocupaba en absoluto.

¿Bob estaba borracho cuando cantó su "guerra y paz"?

JOAN: No sé si estaba borracho. Sí, supongo que él se emborrachaba mucho. El público se cansaba, y yo debí de tenerlo más en cuenta porque no era bueno para él... la gente se irritaba con aquel jovencito que salía allí sin que lo esperaran, y se ponía a cantar aquellas canciones de cuarenta millas de longitud.

¿Cuál fue su reacción? ¿Se daba cuenta de que el público le era hostil?

JOAN: El parecía muy joven cuando sucedió esto. El parecía joven y aún más pequeño de lo que siempre parecía, y yo quería protegerle lo más posible. El diría algo así como... bueno, él nunca hablaba de esto. Pero si lo sacabas a colación, entonces lo admitía: "Sí, bueno, ya..." Hollywood Bowl es un lugar extraño. En otros sititos le recibieron de otra manera. En Boston, me acuerdo que le recibieron muy bien. Estaba borracho, sin embargo, y eso es otra cosa que yo creo que es miedo al escenario, también... si se cargaba no sentía nada. Lo hizo maravillosamente, aunque estuviera borracho. Se levantaba y cantaba estuviese borracho o no. Los conciertos eran divertidos. Quiero decir yo le miraba y me parecía la parte más divertida del concierto, y le mandaba que subiese a escena conmigo, y cantábamos sobre todo cosas suyas. Creo que cantamos Butcher boy. Pero él vino y cantó, y los más hip se volvían locos. Sencillamente estaban enamorados de él. Cantó algo solo, y luego cantamos cosas juntos. Cuando firmábamos conciertos juntos y él empezaba a montar números como el del abrigo, y a gritar que quien estaba a cargo del coche que teníamos preparado para la fuga, quién hacía esto y quien hacía aquello, yo le echaba librium en el café. No creo que se diese cuenta nunca. A veces le colaba dos pastillas y un par de veces ayudó. Cuando le veía hundirse un poco, bueno... El era un saco de nervios.

¿Y nunca se dio cuenta?

JOAN: ¿Del librium? Yo creo que no. Se habría enfadado mucho.

¿Y mejoraba el librium sus actuaciones?

JOAN: No necesitaba nada para mejorarlas. Lo único que mejoraba un poco eran mis nervios.

¿Mejoraba su presencia de ánimo en escena?

JOAN: Bueno, le relajaba algo.






 
Creo que Dick Fariña en Mademoiselle cita a Bob diciendo algo parecido a "Joannie aún sigue cantando Mary Hamilton. Y no va por ahí el rollo". Eso da la impresión de que Bob te empujó a ti a la protesta en música, en canción

JOAN: No. De eso nada. ¿El a mí? En las canciones, sí. No había qué cantar hasta que él lo escribió. El escribió como nadie había escrito. No hay muchas canciones de protesta buenas. Normalmente valen muy poco. La belleza de las cosas de Bobby estriba en lo que insinúan. Lo brillante es lo insinuado. No hay necesidad de pegar en la cabeza a la gente con ello. Aún en lo más tosco, cuando él era realmente joven, es lo bastante inteligente como para no resultar grosero o pesado. Sí, hay un sello de genio incluso en lo más discutible. Es decir, en lo más regular, lo que menos destaca.

Volviendo a aquellos públicos hostiles. Su actitud básica respecto al público, por lo que entiendo, no es exactamente la tuya. A ti te interesa y te preocupa tu público, él piensa en su obra y en si mismo más que en el público.

JOAN: No pude nunca entender exactamente qué es lo que le interesaba a él. Creo que la conversación más sincera que yo he tenido con él fue al principio de nuestra ruptura, después del último concierto que dimos juntos. No puedo recordar cuándo y dónde, fue en algún lugar de la Costa Este... pero, bueno, nos estábamos divirtiendo mucho. Había mucha gente en el hotel. Fue cuando Dan Kramer le tomó aquellas fotografías tan graciosas planchándome el pelo. Nos sentíamos muy a gusto juntos, había sido muy divertido y todo eso. Y entonces él dijo -ya sabes, uno tiene esas charlas en privado, tienes que irte y meterte en un rincón y charlar- me arrastró hasta el baño y dijo: "Ven, ven, hagámoslo en Madison Square Garden". Y de pronto tuve una sensación realmente divertida, y dije: "¿Qué es lo que vamos a hacer en Madison Square Garden?" Y él dijo: "No sé, tía, sólo ir a Madison Square Garden". Yo pensé un minuto el asunto. "Tengo miedo", dije "Creo que lo que significa es que tú serás el rey del rock-and-roll y yo seré la reina de la paz", y él siempre me hacía callar cuando yo hablaba así. Solía decirme" "Tonterías, tonterías", pero el hecho fue que aquella noche los muchachos del público habían estado pidiendo Masters of War, God on our side, cualquier canción de las escritas por él que significase algo para ellos. Y él supo inmediatamente lo que yo quería decir cuando dije que sería la reina de la paz y él el rey del rock-and-roll, y dijo: "Bueno, amiga, oí a aquellos chicos, los oí, sí. Yo no puedo ser responsable de las vidas de esos chicos". Y yo dije: "Bobby, miserable, ¿quieres decir que vas a dejarlos sólo para mí?" y él dijo: "Por mí si los quieres cógelos, pero yo no quiero ser responsable". Esto no significaba que no los quisiese, ¿comprendes? Creo que sólo tenía miedo. Pero era algo auténtico, quería decir aquello. Y esta fue la última vez que cantamos juntos.

¿Y por qué fue la última?

JOAN: Por eso. Yo creo. Aquel era el final de la gira. No continuamos. Después de aquello él vino conmigo a un par de sitios donde yo tenía que cantar.

¿Y qué me dices de Don´t loock Back. Mi impresión fue que era la última vez que cantabais juntos.

JOAN: Yo nunca canté con él. No me dejaba cantar. Para decirlo de una vez. No debí ir a aquella gira. Fue algo espantoso. Bueno, en principio yo tenía que ir a Inglaterra a una serie de conciertos, y en mitad de aquella ascensión de Bobby a la fama que se produjo tan rápido en unos cuantos meses, pensamos que podíamos ir juntos y dar conciertos los dos. Cuando llegó la hora de ir a Inglaterra, Bobby era mucho más famoso allí que yo, así que se fue solo. Quiero decir que yo ni siquiera me molesté en organizar una gira. Aunque yo pensé que él haría lo que yo había hecho con él, que me introduciría, y sería algo muy agradable para mí porque nunca había cantado en Inglaterra. Eso fue lo que yo pensé. Y cuando fuimos a Inglaterra  algo le pasó a Bobby. Nunca le vi con menos salud que en Inglaterra. Lo cierto es que nunca me pidió que saliese a escena para cantar con él. Y yo estaba muy, muy sorprendida. Muy herida, profundamente herida. Me sentía muy mal. Era una tonta de remate; debí irme. Quiero decir, dejarle después del primer concierto. Pero hay algo en una situación como esta... no sé, uno queda como colgado . Dos semanas estuve, y después salí, por la puerta en la película, nunca volví. Me fui a Francia y estuve con mis padres. Ellos vivían en Francia entonces. Pero fue una de las semanas más penosas de mi vida porque no podía comprender realmente qué demonios pasaba.

Se decía que hubo una propuesta de matrimonio por parte de Bobby en determinado momento, aproximadamente en la época que...

JOAN: Bueno, no diría yo que fuese una cosa tan formal. Bromeábamos sobre ello, ¿comprendes?  Bueno, Bobby y yo era inevitable que acabásemos juntos: príncipe coronado y Newport y demás. Inevitable. Yo estaba ligada a una gente, y él a otra y cuando por fin dejamos de lado a unos y otros y nos conocimos... entonces pasamos a estar juntos. Pero era algo que tenía que suceder en el curso de nuestras vidas.

¿Era inevitable todo el asunto aquel del rey y la reina del que hablaban los periodistas?

JOAN: Creo que los dos nos pusimos medio a bromear sobre eso y de pronto nos asustamos y dimos marcha atrás. Yo no diría que Bobby me hizo una proposición de matrimonio. No, hablamos de eso. Hablábamos de casarnos. Y bromeábamos sobre ello porque sabíamos, en cierto modo, que era algo casi inevitable, también. Pero afortunadamente ambos tuvimos el suficiente sentido para comprender que hubiese sido un completo desastre. Y creo que lo que pasó fue que yo lo dije antes que él. El hubiese echo lo mismo, probablemente, tarde o temprano. Pero entonces aún estaba en la etapa de la broma y yo dije, bueno, no funcionaría o algo así... y después de eso vino el cambio, después de eso él nunca fue... quiero decir, después de eso parecía como si estuviese intentando responderme...

Bueno, él se ha hecho una persona muy susceptible, tiene gran necesidad de aprobación.

JOAN: Y orgullo.

Y orgullo. Y evidentemente esto significaba rechazarlo.

JOAN: Sí. Yo creo que fue eso. El estaba en la Costa Este y yo estaba en la Costa Oeste cuando esto. Hablábamos por teléfono. Y después, era como si él estuviese jugando con mi alma. Pero ya ves que aún así fuimos juntos a Europa, lo que fue una tontería por mi parte porque debería haber tenido en cuenta su mentalidad y lo que iba a sentir. "Bueno, claro, claro , tú ven a Europa. Me ayudarás", fue lo que dijo, y yo pensé que quería decir que podría cantar con él, y yo creo que es muy probable que en principio planease eso y después cambiase de opinión.

¿Sabías tú por entonces, antes de ir a Europa, que él era, digamos, más conocido allí que tú?

JOAN: Sí, perfectamente, por eso cancelé mi gira. Yo estaba muy a gusto así, pensando que iría a Europa y entonces... cuando el avión aterrizó en Inglaterra, yo creo que Bobby estaba muy nervioso porque tenía miedo y quería estar a mi lado. Yo no podía darme cuenta entonces, y me quedé atrás porque pensé que no debía imponerme en el escenario. Era la gira de Bobby, y me quedé a unos tres metros por detrás de él, y absolutamente nadie advirtió mi presencia. Esto era agradable. Pero un par de veces, ahora lo pienso, me lanzó una mirada. Era como si dijese: "Socorro", y yo no pude decidir si era mejor ir y ayudarle.

¿Cuál era la situación?

JOAN: Al salir de un edificio, fuera del aeropuerto, después de la conferencia de prensa, él hizo algo así como esto (hace una seña) como diciendo "ven aquí", pero yo no quise irrumpir en su escenario. Quizás fue una modestia tonta, quizás debiera haberlo hecho, porque quizás él me necesitase entonces. Pero no quise irrumpir allí. Y esto pasó un par de veces. Luego, después de esto, jamás volvió a pedírmelo, así que desde entonces dejé de verle. Quiero decir fue como si él no me permitiese... bueno, yo iba a la habitación y demás, pero fue una escena estúpida y desagradable. Bobby colocaba el tocadiscos y ponía su disco, se sentaba dando la espalda a todos y escribía a máquina, y los demás se sentaban alrededor y comían. Algo realmente desagradable. Lo más humano fue aquella noche de la película cuando había estado escribiendo y cantamos un poco, o yo canté una canción suya que él había olvidado, y después le besé en la frente y me fui.

¿Y ese fue tu último contacto con él?

JOAN: No, le vi unos años después en un concierto. En San José. Fui a verle a San Francisco y después a San José, creo. O dos noches seguidas, sí, en San Francisco, y de noche estuve hasta tarde con él. Pero él no era nada sincero. Organizaba aquellas discusiones con la gente sobre... me acuerdo que decía: "Si bombardean Hanoi, que lo bombardeen ¿por qué coño van a bombardearlo? Quiero decir, a mí no me importa nada que lo hagan". Y no hacía más que decirme, "Hola, Joannie", creo que no podía decir nada más auténtico que eso. Y entonces ya estaba casado y no me dijo que se había casado. Sí. Esto fue muy confuso, también, y él... yo creo... yo creo que él no quería estar alrededor mío, o que yo era demasiado para que él se preocupase por mí, o que realmente no estaba ya interesado por entonces. Ahora tengo la sensación de que realmente me imponía a él sin desearlo. Debería haberme ido a casa, pero la gente no suele hacer eso. Quiero decir, cuando andas alrededor de alguien como Bobby, te impones. Quiero decir, sigues allí hasta que todo el mundo se va.

¿Por qué es eso? ¿Qué es lo que tiene?

JOAN: Carisma, probablemente.

Sí, pero ¿en qué consiste ese carisma?

JOAN: Nunca he comprendido el carisma. Hay pocas personas que tengan tanto como Bobby. Nunca vi nadie que tuviese tanto. Mi marido lo tiene, pero distinto, cuando habla. Nunca sería tan deslumbrante como el de Bobby porque él dice a la gente que haga algo determinado.

Yo supongo que lo que pasa es que David no es un maníaco como lo es Bob.

JOAN: Sí, también el encanto de Bobby es el ser un maníaco. Quiero decir que uno no puede evitar mirarlo, ver que va a hacer inmediatamente, aunque si sigues allí puedas recibir un palo en la cabeza.

¿Sentías esto desde el principio mismo?

JOAN: ¡Oh!, sí, el carisma, y además era evidente que estaba como al borde de algo. Bueno, yo creo que Bobby está más cerca de lo psicótico que de lo neurótico. Digo esto por que el par de veces que se emborrachó y se volvió contra sus amigos, sólo se volvió contra ellos, y yo me quedé asombrada. Nunca lo hubiese creído. No era real. Yo permanecía allí y me opuse a él. Creo que cuando más cuenta me di fue en Inglaterra, y me sorprende mucho ahora, que pudiese soportar tanto. Pero le quería y no podía creer, que él pudiera ser, bueno, tan cruel. E incluso cuando estaba enfermo, al final de aquella gira, cuando se puso tan malo y, Dios Santo, fue un calvario. Yo no sabía hasta que punto estaba enfermo, y no me dejaban entrar en su habitación.

¿Y de qué estaba enfermo?

JOAN: ¡Ah!, no tengo ni idea, creo que comió demasiado en Suecia; algo así. Todo el mundo dijo: "Estoy cansado de estar en Inglaterra, vayamos a un país donde haya un buen restaurante." Debieron irse a la India o algún lugar parecido, pues todos volvieron enfermos. Y yo no sabía si Bobby tenía anginas, sífilis, o sólo dolor de estómago, pero estaba muy malo y fue entonces cuando llamó a Sara. Estaba dispuesto a ver a mi madre, a ver a cualquiera menos a mí. Fui y le compré una camisa, o algo así. Es decir, yo quería indicarle que le amaba, que me preocupaba por él, que no me importaba lo que estuviese pasando ni ninguna otra cosa, y me puse contenta al saber que Sara estaba allí y que parecía cuidar de él, alguien que cuidara de él. Le compré una camisa y fui a la puerta, y no llegamos a hablar, pero supongo que fue ella la que abrió la puerta. Cogió la camisa y nada más. Fue la vez que estuve más cerca de ella. Después dejé Inglaterra.

Para mí Bobby, como revolucionario, ya al principio escribía cosas llenas de insinuaciones aunque tuviesen el molde de la protesta clásica. En determinado momento pasó de los signos a un campo más personal, introspectivo, y sin embargo especialmente más radical. ¿Hablaba alguna vez de lo que estaba haciendo, de lo que escribía, del Movimiento?

JOAN: No, él sólo negaba todo lo que había hecho antes cuando se apartó.

¿Incluso personalmente? Ya sé que negaba ante los periodistas.

JOAN: Sí, él me dijo en una ocasión una cosa... por supuesto, tengo que distinguir entre antes y después de aquella llamada telefónica. Antes era más honesto conmigo, pero me costaba a veces cuatro horas sacarle algo que yo sabía que era verdad. Y entonces él decía: "Bueno, no se lo digas a nadie, amiga. Eres la única condenada chica que me saca esto". Supongo que porque nadie tenía suficiente paciencia...

¡Qué tipo de cosas? ¿Recuerdas algo en concreto?

JOAN: Sí, una noche estuvo gritándole a Víctor. Estaba en uno de sus ataques psicóticos con motivo de... no me acuerdo por qué. Era en mi casa en Carmel, y decía: "Víctor, Víctor tú no eres más que mi chofer". Yo le dije: "Bobby, qué modo de hablar es ese. ¿Qué es lo que...?" y me contestó: "Oye, ¿por qué metes tú las narices en éste asunto?" y yo le dije que no quería oírle hablar así en mi casa. Entonces se calmó y después le dije: "Bobby, ¿cómo podías hablar de aquél modo? ¿Por qué eres tan grosero conmigo?" y él dijo: "Bueno, la única razón de que dijera lo que dije es que tú parecías dolida, ¿no?" Yo lo pensé, "¿parecía dolida? No, en absoluto". Dije: "Yo no parecía dolida, no me sentía dolida, me sentía furiosa". El dijo: "No, tenías un aire dolido", y yo dije: "Bobby yo no me sentía dolida y tú lo sabes", y el dijo: "Bueno, bueno, ya lo sé, pero no se lo digas a nadie". El dijo: "Sabes, eres la única chica que me hace decir estas cosas, sabes. No quiero oír hablar de ello, y no quiero pensar en ello". Y después se puso de buen humor y los dos nos reímos. Pero yo no podía creerlo. El hacía esto a la gente constantemente, y ellos realmente pensaban: "Bueno, debía tener un aire dolido".

Tu eras capaz de hacerle explicarse. ¿Lograste alguna vez que te explicase sus canciones, o sus ideas?

JOAN: No, nunca lo logré. Le dije algo sobre God on our side. "¿Qué pensabas cuando escribías esto?" El me dijo; "Bueno, son cosas que pueden venderse, ¿no?" y yo le dije: "Oh, Bobby hablando de vender, ¿no pensarás que yo voy a comprar eso que dices, verdad?" El dijo: "Tú ya me conoces, yo sabía que la gente compraría ese tipo de cosa ¿no? Pero yo nunca estuve metido en eso" y lo negaba todo. Yo le dije: "Bueno, podrás negarlo cuanto quieras, pero sabes que nunca me lo creeré". Nunca llevamos la cosa más allá de ahí.

¿Nunca hablaba de los radicales que conocía o de lo que pensaba de las ideas radicales?

JOAN: No, él nunca hablaba de estas cosas.

¿Ni contigo?

JOAN: Solía bromear sobre las canciones, me explicaba cosas de alguna, pero no de las radicales. Como por ejemplo Four letter word. Recuerdo que la escribió toda, y dijo: "Oye, ¿puedes entender esto?" Yo la leí, no había acabado aún el último verso. El dijo: "Apuesto a que no puedes imaginar lo que va a suceder", y yo dije: "Seguro que puedo, tú irás a la casa de la muchacha otra vez y te acostarás con ella". Y él dijo: "Zorra, ¿cómo te imaginas eso?" y yo dije: "por que eso es lo que haces siempre". No necesitaba gran inteligencia para deducirlo. Bromeaba, hacía cosas así. Pero yo no me acuerdo... porque yo no sé si Bobby sabía exactamente lo que estaba haciendo cuando escribía aquellas canciones. Pero nadie puede creer que God on our side se haya escrito pensando en lo bien que va a venderse.

1968

En tu libro Daybreak le llamas el "rey Dadá".

JOAN: Bueno, decía aquellas cosas, procuraba ser tan dadá, diciendo aquellas locuras, considerándolo todo de modo tan cómico, cínico o como quieras decirlo. Y así nunca era sincero con nadie. Quiero decir que constantemente manejaba cosas extrañas. Acababa de escribir Visions of Johanna y a mí me parecía muy extraño, muy sospechoso, porque había imágenes mías allí. Quiero decir, no puedo nunca afirmar esto públicamente. Pero él habló con Ginsberg sobre esto. El no la había cantado todavía, y Neuwirth le dijo que yo estaba allí aquella noche y él la cantó. Y era muy extraño. Yo estaba escuchando la canción y por dentro intentaba sentirme halagada, pero me preguntaba a la vez si...  quiero decir que todo el mundo cree que Bobby escribe canciones para uno, y yo me considero dentro del mismo grupo. Aunque nunca reclamaría una canción. Pero ciertas imágenes me sonaban muy extrañas. Entonces Ginsberg se acercó a mi en determinado momento y me dijo: "¿De qué crees tú que trata Visions of Johanna?" Y yo dije: "No lo sé, Ginsberg, tú supones que se refiere a mí". El dijo: "No, no ¿qué es lo que te parece a ti? Bobby dice..." y después comenzó a soltar un rollo de los suyos que nada tenía que ver con el asunto. Y yo dije: "¿Dice Bob eso o te lo inventas tú, Allen?" Y tuve la sensación de que los dos estaban como compinchados para asegurarse de que yo nunca pensara que la canción tenía que ver conmigo. Era una sensación muy clara. Y en realidad... quiero decir que Ginsberg intentaba que yo dijese que creía que la canción estaba escrita para mí, y yo jamás diría eso de ninguna de las canciones de Bob.

¿Tenías la sensación de que Ginsberg actuaba como instrumento de Bob?

JOAN: Sí, eso pensaba. Bueno, él había estado sondeando a Ginsberg. Esa es otra gran historia, una historia divertida, la de cómo conocí a Ginsberg. Y por otra parte, yo entiendo muy bien a Allen, está loco, pero lo comprendo. Fue en una fiesta. Creo que Bobby y yo acabábamos de dar un concierto. Yo me sentía muy separada de Bobby aquella noche, y Bobby intentaba ligar con una pelirroja. Se emborrachó mucho en aquella fiesta, y allí estaba charla que te charla con aquella pelirroja. Así que empecé a hablar con Neuwirth y a pasar el rato con él. Me acuerdo que Neuwirth llevaba una chaqueta azul de terciopelo. Y de pronto se acercó Ginsberg, se presentó y anunció que quería ligarse a Bobby. Y yo dije: "Bueno, muy bien, ¿y qué te detiene?" Y él dijo: "Me da vergüenza". Yo dije: "Que pena". No puedo recordar más de la charla, salvo que Ginsberg no quería hablar de otra cosa. Resultaba un poco ofensivo para mí. No me había dado cuenta al principio de que no sentía el menor interés por mí y que estaba usándome para conseguir a Bobby. Por entonces Bobby estaba completamente borracho. Lo sacamos, lo metimos en el coche, y estaba, bueno, como una cuba. No recuerdo lo que decía, pero yo le dije: "Ginsberg quiere irse a la cama contigo", y él dijo: "¡Oh!, no, eso es demasiado", y se fue. Probablemente vomitó de nuevo por encima de aquella horrible chaqueta. Bueno, cuando la gente se enamora de Bobby soporta todas estas cosas. Sólo dice: "Bobby, Bobby, Bobby"


En Daybreak dices que le has "visto fingir unas pulsaciones regulares... nos engañaba a todos pero sobre todo así mismo... un extraordinario mentiroso... una inmensa y transparente burbuja de vanidad". Tú casi te ahogabas en ella. Tú oías "Los ruegos, las explicaciones, las negativas, y casi te las creías.

JOAN: Parecía exactamente una inmensa burbuja de vanidad; quiero decir, parecía frenético y perdido, y tan preocupado por su propio yo que no podía ver nunca más allá de las narices... Bueno, de todos modos no podía sin gafas. Además, bueno, yo le había escrito una nota en la máquina de escribir de Ralph Gleason diciéndole si podía volver y verle porque así todo sería mucho más fácil para mí. Me sentía muy mal desde lo de Londres. Evidentemente, en cierto modo había algo en mí que seguía ligado sentimentalmente a Bobby. Quiero decir que es difícil romper así porque, quiero decir, no es real. Cuando alguien te ignora así, tú siempre te preguntas en qué te has equivocado y qué es lo que tienes que hacer para arreglarlo... "¿Aún te gusto, aún figuro en tu libro?" Y esto en realidad le decía con aquella nota y parece que Gleason le entregó la nota y Bobby ni siquiera la miró. Dijo: "Ah, sí", o algo parecido, y fue muy vago al respecto. "¡Oh, sí, seguro, dile que vuelva y salúdala", así que yo volví para hablar y él se fue, a mí me pareció totalmente falso. "Hola, que hay, me he enterado de que estás dirigiendo una escuela". Aún sigo preguntándome lo que piensa de mí. Suele pasarle a uno esto con alguien a quien una vez amó y que luego se separó de ti. Pero él nunca... superficialmente, él diría: "¿Separarme de ella? ¿Cómo? Ya viste que hablé con ella, que le dije: "¿Cómo te va?, creo que tienes una bonita escuela". Pero en tu interior estás preguntándote ¿qué piensa realmente Bobby? Quiero decir que la gente quiere que la amen, quiere ser aceptada y cuando sientes que alguien hace algo que equivale a abofetearte siempre quieres convencerte de que en realidad no es así. Y eso es lo que yo estaba sintiendo también. Pero hay un montón de cosas que se mezclan con el recuerdo. No puedo recordar que año fue el de una cosa y qué noche tuve aquella discusión sobre Hanoi y cuándo me fui a casa. Cuando yo escribí lo del "rey dadá" fue la vez que volví a casa. Y tuve este maravilloso sentimiento más adelante, sólo ternura, completa ternura. En realidad yo no estaba exigiendo cosas como "¿Por qué Bobby no pasa tiempo conmigo, y por qué está con esa estúpida chica del vestido de punto?", qué fue lo que pensé cuando le vi en aquella fiesta. Sólo pensaba: "Espero que alguien se ocupe de este muchacho".
  
¿Puedes recordar algo más de Bobby, personalmente y profesionalmente?

JOAN: ¡Oh!, creo que de lo que más me acuerdo es de la época de Woodstock. Fue una de las más agradables. Estábamos todos en aquella casa, en Bearsville, la gran casa, la casona encantada.

¿Cómo encantada?

JOAN: A mí me dio aquél condenado ataque de nervios. La gente hablando... bueno, yo tenía pesadillas. Ya sabes, cuando estás en un sitio y no deseas estar allí... y sucedió aquella noche. A la mañana siguiente, Dick Fariña, que aparecía siempre en ese tipo de cosas, también estaba allí. Mimi, Dick, Bobby y yo , y supongo que un grupo más de gente. Y por la mañana yo tenía un aspecto infernal. Estaba realmente demacrada. Recorrí toda la casa toda la noche en sueños, y Dick, suspicazmente, dijo: "¿Has tenido un mal sueño?" y yo dije: "Sí". Y el dijo: "Es esta casa, ¿no?" y pasó a contar aquella historia de la casa y de aquellas pinturas que había en los vestíbulos. Yo había soñado cosas de hachas, tuve sueños de gente que cortaba a hachazos a otra gente durante toda la noche, y Bobby... no podía sacarle nada a Bobby... cuando estaba ido estaba completamente ido, y yo no quería despertarle. No quería asustarle diciéndole que su casa estaba encantada ni nada parecido. Y al día siguiente, Bobby y yo fuimos a dar un paseo en moto. No puedo recordar quién conducía. Creo que conducía él. Había visto hachas en mis sueños toda la noche. Hablamos de hachas durante toda la mañana. Fuimos a aquella encrucijada de la carretera, y allí había un hacha en medio del camino. Yo estaba aterrada. Dios mío, era uno de esos sueños que no se te quita de la cabeza durante todo el día siguiente. Otra cosa que recuerdo es a Bobby hablando. Nos sentábamos allí en algún sitio de Woodstock, muchas vecescerca de las tiendas de antigüedades . Nos sentábamos en una pequeña loma. El solía ir mucho allí. Solía ir a muchos sitios en Woodstock. Esto era en los viejos tiempos, claro. Quiero decir que ahora debe ser diferente para él. Pero solíamos ir a aquel pequeño café. Lo pasábamos bien entonces. Pero él decía algo de su memoria. Decía: "Oye, te lo aseguro, tengo una memoria fantástica, jamás olvido nada". Y yo creo que probablemente es cierto. Creo que olvida lo que quiere olvidar, pero que cuando quiere recordar algo lo recuerda para siempre. Lo recordará hasta la tumba. Solía conducir yo la moto. Prefería conducir yo porque él lo hacía muy mal. Quiero decir, parecía como si estuviera escribiendo diez canciones e intentando conducir al mismo tiempo, y yo siempre pasaba miedo. Así que siempre decía: "¿Puedo conducir yo?" El era muy torpe, se tumbaba allí como un saco. Yo siempre tenía la sensación de que era la moto la que le llevaba a él, y de que si teníamos suerte y nos inclinábamos del modo correcto la moto tomaría bien la curva. Si no, sería el fin de ambos. Así que decía: "Bobby, recuerda que llevas a alguien aquí detrás contigo. Quizás eso te ayude a controlar mejor la máquina, y lo demás". Una vez que salíamos de una tienda le dije: "Déjame conducir", y él dijo: "Muy bien". Y se colocó atrás y yo conduje y pasamos un bache y él dijo: "Eh, cuidado, ¿te crees que soy una lata de tomates?" Qué tío. Y yo me reí. A veces cuando decía cosas así yo me pasaba una hora riendo. Fui riendo todo el camino hasta casa, y después él intentaba ponerse serio y yo me ponía a mirar por la ventana y pensaba en aquello y se me escapaba la risa.

¿Nunca hablaba de cuando aprendió a andar en moto en su primera época de muchacho?

JOAN: No. Pero siempre que dábamos una curva, si había saliente o algo que bloquease la visión, él disminuía la velocidad. Siempre tuve la sensación de que había tenido un accidente. Y una vez que hacía esto le dije: "¿Has tenido algún accidente?" y él contestó que como podía yo "pensar aquella estupidez". Así que no insistí, pero creo que debió tener alguno.

Sí, atropello a un niño una vez, cuando tenía dieciséis o diecisiete años. No le hizo mucho daño pero le impresionó mucho.

JOAN: Bueno, pues poco le ayudó eso a tener cuidado conduciendo. Un día se emborrachó después de una actuación. Quería conducir él. Víctor fue siempre un buen conductor, y Newirth también. Y Fariña no. Yo nunca iba tranquila con Dick. Quería ser el mejor conductor del mundo, así que iba muy rápido y nunca podía dominar del todo el coche. Pero Bobby insistía en conducir aquella noche y entramos todos en la vieja ranchera. Nos llevaba a todos desde la ciudad a Woodstock, Mimi, y Dick, Bobby y yo y quizás algún otro. Y conducía de una forma espeluznante. Estábamos todos aterrados. Era realmente aterrador. Y te daba miedo hacer algún comentario. Yo iba pensando: ¿Qué pasaría si le quitase las llaves?, pero todos decíamos: "Oh Bobby, déjame conducir a mí, ja, ja", ya sabes, controlándonos, y él lo estaba pasando muy bien. "Bueno, no entiendo por qué todo el mundo anda con tanto miedo. Yo puedo conducir, ¿no?, puedo conducir". Si se hubiese quitado las gafas no hubiese cambiado gran cosa la situación. Estuvimos a punto de matarnos. Finalmente Mimi y yo dijimos: "Por favor tenemos que ir al baño", así que él tuvo que parar y todos salimos del coche y él salió también del coche y todo el mundo se lanzó al asiento del conductor. Y él se reía al volver del baño: "Bueno, esto me parece increíble. Que todos tengáis tanto miedo. Que todos seáis tan gallina. Vaya, no puedo creerlo". Y yo le dije: "Oh, por Dios cállate", y él pasó al asiento de atrás, apoyó la cabeza en mi regazo y se durmió en menos de treinta segundos. Como un niñito bueno.



Bob Dylan y Joan Baez 1963


¿Discutíais en la primera época sobre si debíais o no ir al Sur?

JOAN: No, que yo recuerde. Yo era tan poco coherente en política por entonces. Bobby tenía una cierta actividad política, o una actividad que él consideraba política. Como cuando aceptó aquel Tom Paines Award -aquel gran fiasco- y montó aquel número. Fue un desastre para la gente. Yo supe de su fin porque eran amigos míos, los Foremans y que terrible fue para ellos. Ellos querían a Bobby, y él se levantó allí y simplemente los mandó al diablo. Yo sé que ellos vieron también el aspecto irónico, pero fue muy duro, pues eran los responsables de aquella velada. Probablemente él sólo estuviese nervioso, es lo que supongo, se emborrachó y soltó aquello. Pero me acuerdo una vez, era cuando andábamos dando conciertos juntos. Creo que fue después de la discusión sobre el Madison Square Garden, y yo le dije: "Bobby, nosotros somos semejantes hasta un punto, y después diferimos. Ambos estamos de acuerdo en que el mundo está terriblemente jodido y que es realmente una mierda, pero yo creo que se puede hacer algo y tú no". Y él hizo una larga crítica muy cínica, buena parte de la cual era cierta, de los liberales blancos norteamericanos que van a hacer campañas políticas al Sur. Me decía: "Dime, ¿cuánta gente conoces dispuesta a morir por la causa? ¿Cuántos conoces?" Y yo le nombré un par de personas.

¿De blancos?

JOAN: Sí. Quiero decir no necesariamente aquella causa, sino gente capaz de exponerse físicamente por defender sus ideas. De poner realmente el cuerpo donde las palabras. Y yo me incluí entre ellas... yo pensaba así. Quiero decir que quizás no era capaz, porque uno nunca sabe realmente hasta que llega la hora de la verdad. Pero pienso así ahora e igual pensaba entonces. Y le dije: "Yo creo que se puede hacer algo", y él dijo: "Quizás lo crees porque eres una chica", y eso fue todo lo que dijo.

¿Cuál fue su reacción a lo de las Civil Liberties? ¿Hablaba alguna vez de eso?

JOAN: Decía cosas del estilo de: "Oh, demonios, maldita sea". Sabía que había metido la pata. Se sentía mal porque Albert por su parte le decía: "Tú no tienes que preocuparte de eso, tú eres una estrella, tú no les debes nada a esos tíos". Y la conciencia interna de Bob le decía: "Realmente heriste a mucha gente", y por eso escribió aquella defensa.

Fue algo así como una defensa, pero muy especial. En gran medida seguía criticándolo lo mismo.

JOAN: Sí, desde luego, pero en el fondo, en cierto modo, intentaba arreglar las cosas. Y yo creo que la influencia de Albert fue siempre muy destructiva para él. Es muy triste, porque Albert pensaba que hacía un bien a la gente... proporcionándole dinero y fama. Quiero decir, Grossman solía decirme: "Qué es lo que quieres, a quién quieres conocer, tú eres una estrella, tú puedes conocer a quien quieras. Qué es lo que quieres, dí, te lo conseguiremos". Y yo le decía: "Albert, no me hables así. Primero porque me das náuseas. Segundo, porque es destructivo".

¿Quería decir que si querías conocer a Marlon Brando, te lo llevaba?

JOAN: Exactamente. De hecho, es muy probable que fuera de Marlon de quien estuviéramos hablando. Entonces pude darme cuenta de lo que estaba pensando Dylan.

¿Influía Albert en él de ese modo?

JOAN: Bueno, en primer lugar, todo el mundo andaba alrededor de Bobby porque era muy poderoso. Y si uno tiene algo en qué apoyarse automáticamente empieza a depender de la gente. En Inglaterra yo estaba constantemente pensando en darle una bofetada a Bobby y decirle: "¡Despierta!" Echar a todo el mundo de la habitación, y decir: "¿Quieres destruirte por completo, o quieres sólo medio destruirte? ¿Por qué no dejas ya de engañarte?" Uno sueña cosas así, pensando que es posible... Sabía que era imposible. Pero pensaba que él estaba completamente ciego, que estaba actuando como un idiota y que todo el mundo estaba alentándolo a hacerlo. Incluido Neuwirth. Lo que era muy triste.

Decías antes que tú, por entonces, no estabas políticamente formada.

JOAN: Yo tenía aquellas creencias y aquellos impulsos, pero no una situación clara.

¿Te decía Bobby por entonces: "Tú no sabes cuál es el asunto", tal como decía Fariña?

JOAN: Bobby me tenía un cierto respeto. Creo que reconocía que yo era sincera, aunque todavía no fuese clara mi actitud. Creo que me respetaba por eso.

¿Intentaba acaso que aclararas tus ideas? ¿Decía algo al respecto?

JOAN: No. Lo más que decía era, por ejemplo, lo que dijo cuando hablamos sobre el Madison Square Garden, no intentó convencerme de que yo no debía hacerme responsable de aquellos muchachos. Nunca me disuadía. Bueno, creo que sí lo hacía, pero no demasiado.

¿No precisamente convencerte  sino intentar guiarte?

JOAN: No lo creo. A veces era Neuwirth. Yo tenía la sensación de que Bobby y Neuwirth habían hablado de ello. De que yo no sabía realmente lo que estaba haciendo, o de que la no violencia no significaba absolutamente nada para ellos, y suponían que yo no lo entendía lo bastante bien como para andar predicándola.

Fariña te cita en una ocasión diciendo: "No me gusta que figure la palabra bomba en una canción, porque la gente no escucha palabras como bomba" Esto fue aproximadamente en la época en que Dylan estaba apartándose de la protesta explícita.

JOAN: Bueno, en ese momento yo no hablaba de música. Yo hablaba de los que escribían canciones de protesta malas.

Comprendo. Pero ¿fue eso en el período en que él se distanciaba de las canciones protesta?

JOAN: Bueno,  yo soy un poco puritana y rígida. No pude apreciar las cosa que él hizo que no eran de protesta hasta un año más tarde. Aún me pasa lo mismo con muchas de sus cosas porque me sentí tan abandonada cuando me dijo: "No quiero ser responsable de esos muchachos", en su música y en sus palabras. Simplemente me sentí triste, y decidí no escuchar más cosas suyas. Lo mismo que no me gustó Highway 61 hasta tres años después de que lo escribió. Me desquició aquello, me puso furiosa. Pensaba que era un montón de mentiras. En realidad no escuche las palabras. Pero sentí como si estuviese aproximándose lentamente al tema de compromiso. Bueno, estaba. Ahora es difícil determinar exactamente lo que siento al respecto porque Bobby hizo lo que tenía que hacer, y nos dejó a muchos desconcertados. Pero él no estaba hecho para lo otro, así que nadie podía presionarle. Me siento triste, comprendes. Sólo puedo seguir adelante e intentar comprender lo que hace. Mucho de lo que hace está.... su música para mí está empapada de nostalgia. Nunca puedo determinar si es una fuerza viva o una fuerza muerta.  Algunas de sus canciones, aún del estilo de Lay, Lady, Lay...  que es bella, hace a la gente evocar cosas, hace que la gente sienta nostalgia.


¿Podrías recordar algo más de aquellos conciertos en que era invitado tuyo?

JOAN: ¿Sabes cuando escribió When the Ship Comes In? Aquello fue sorprendente, la historia de aquella cancioncita. Ibamos en coche por la Costa Este, estábamos en un sitio de la costa, y yo tenía que dar un concierto. Ni siquiera sé si él cantaba conmigo por entonces, pero él y yo íbamos juntos en coche juntos y nos detuvimos. Yo dije: "Entra y mira a ver si éste es el sitio", así que él fue y salió y me dijo: "Aquí no hay ninguna reserva". Yo dije: "¿Estás seguro?" Y fui adentro y me dijeron: "Hola, Srta. Baez, estábamos esperándola". Y yo dije: "Un momento. Podría conseguirme una habitación extra, por favor". Y entonces Bobby entró, totalmente inocente, con aire ingenuo, y yo dije: "Dé una habitación a este caballero". Y ellos dijeron: "Desde luego", pero no hablaron con él. El había dicho: "¿Tiene Joan Baez una habitación reservada aquí?, y ellos le dijeron: "No". Y él se fue. Entonces se fue a su habitación y escribió When the Ship Comes In . Lo escribió aquella noche. Le llevó exactamente una noche escribirlo, estaba tan alterado: "Oye, oye he escrito algo. Oye, he escrito algo". Yo no podía creerlo, responder a aquellos idiotas tan rápido.

¿Escribió mucho en tu casa en Carmel? Alguien me decía que solía sentarse en un rincón con una botella de coca-cola y una máquina de escribir.

JOAN: Bueno, estaba escribiendo entonces un libro. Dios mío, aún tengo un montón de cuartillas. Si las quiere se las daré. Escribía sin parar. Se sentaba allí con la máquina en las rodillas tecleando sin cesar. No se movía, y fumaba y bebía vino todo el día. La única manera de conseguir que comiese era acercarse y ponerse a comer junto a él, sólo atisbar por encima de su hombro y masticar, e inmediatamente comenzaba a coger de lo que tenía yo en mi mano. Así le hacía comer. Otras veces le decía: "¿Quieres comer algo?" Y él decía: "No, no". En una ocasión en que estaba visitándome, escribió Hattie Carroll, y otra vez escribió Four Letter Word, y un par de cosas más pero escribió sobre todo la segunda vez que estuvo allí, cuando estaba haciendo su libro, Tarántula.

El siempre hablaba de ese título, de ese libro, ¿qué intentaba hacer?

JOAN: El sólo decía: "Bueno, escribo sobre mi niñez. ¿Te gustaría conocer a una chica llamada Mona?" Y escribía quince páginas sobre Mona. Escribió cosas muy bellas sobre cuando andaba encima de su casa intentando entrar en ella. Tenía que ocultarse, había algo de su madre que estaba tras la puerta y él intentaba entrar por arriba -tenía que ocultarse. Quiero decir, eran cosas muy bellas. Nunca publicó nada. No podía soportar tener que quitar algo de la frase que había escrito. Ahora pienso que al principio no quería hablar de Bobby. Pero cuando me he puesto a hacerlo comprendo que todos los que hablan de él disfrutan haciéndolo porque hay muy pocas cosas realmente auténticas en nuestras vidas. La mayoría están medio muertos y Bobby quizás esté en un viaje de muerte, pero conserva mucha vida, tiene mucho nervio, algo fuerte en su interior. Así que empiezas a hablar de él...

¿Qué es lo que hace pensar que esté en un viaje de muerte?

JOAN: Siempre me he imaginado a Bobby con una calavera y un par de tibias cruzadas en la frente. Supongo que es porque le he visto actuar de un modo destructor consigo mismo y con otros. Le he visto actuar sin cuidarse lo más mínimo.  Pero bueno, hace años que no lo veo... y es en aquellos años que yo digo que, en cierto modo,  estaba en algo así como en un viaje de muerte. Algo así como un huir de la vida, del compromiso. Esa impresión me daba siempre. Pero esto es normal en alguien que es un místico, quiero decir, uno ha de ser místico para ser santo, pero no tiene que ser santo para ser místico. Y Bobby es un místico. Quizás sea más diablo que santo, no sé, pero nos dio muchas cosas.

¿No tienes idea de dónde puede estar él ahora, a partir de tu conocimiento de entonces?

JOAN: No. Yo creo que le gustaría estar en un lugar apacible y no sé si es posible con una mente como la suya. Yo creo que está intentando esto, por lo que he oído de él. Que está intentándolo a través de una esposa y unos hijos. En realidad ojalá encuentre algo por ahí. Quizás lo tenga ya. Algunos dicen que es más feliz.

Y otros dicen que parece estar buscando algo que ha perdido en el camino. Por ejemplo, compró la casa en el Greenwich Village, y vuelve allí por que busca algo.

JOAN: Bueno, yo no puedo imaginarme a Bobby echándose atrás y diciendo: "Hola, qué hay" o "al fin he encontrado la paz". ¿Quién demonios podría decir esto, además, no siendo imbécil? Especialmente porque creo que él procura mantenerse aislado y no creo que ese sea el camino. Yo creo que siempre te sentirás culpable en ese aislamiento y que no podrás encontrar la paz. Pero no creo que se encuentre hundido y pienso que quizás algunas de las peores épocas en su vida hayan pasado ya. Como la época de Inglaterra. Creo que Inglaterra fue un infierno. Y creo que fue tan horrible para él como para los demás. El estaba hecho un lío. Estaba desquiciado. Esto es lo que yo creo. Andaba tratando a patadas a todo el mundo y gritando y aullando y con ataques histéricos.

Antes explicaste cómo amabas a Bobby, ¿puedes ampliar eso?

JOAN: Creo que es muy difícil no amar a alguien como Bobby. Para mí, quizás sea en parte por lo que he dicho de que realmente me arrastraba la gente excepcional, pero además con él había esa cosa maternal de que hemos hablado. Esa sensación de que alguien debe cuidar de él porque no hay duda de que él no se cuidará a sí mismo. Y después yo realmente amo su música. Quiero decir que realmente la amo, que deseo oírla una y otra vez, y otra, y otra. La mayor parte de lo que ha hecho.

¿Eres capaz de separar tu amor por su música y tu amor por él como hombre?

JOAN: Bueno, no sé, es una pregunta muy difícil de contestar. Quiero decir, ¿cómo puedo pensar en   Bobby sin pensar en todo lo que escribió? No sería Bobby sino lo hubiese escrito, y si no fuese un genio yo... era todo junto, ¿comprendes? Era toda la combinación lo que hacía a Bobby irresistible. Su humor, sus grandes ojos. Una vez en su época de súper-suciedad, íbamos en el coche a no sé dónde y yo miré a través de sus gafas cuando giró la cabeza. Le dije: "Dios mío, Bobby", le quité las gafas y se las limpié, y él dijo: "Bueno, en realidad puedo ver". Y yo le dije: "¿Y cómo puedes oír?" El era muy sumiso, y aquello le hizo gracia. Era de verdad un tipo sucio. Vomitó por la ventanilla aquella noche. Se emborrachó con vino, y en un túnel por allí, vomitó, tuvo el tiempo justo para avisar al que iba en el asiento de atrás de que subiera el cristal. Pero tenía aspectos realmente maravillosos. Recuerdo algunos días... creo que estábamos con Víctor y Dick y Mimi y Bobby. Nos paramos en la autopista y salimos y estuvimos bailando y corriendo... una locura. Después Bobby y yo nos quedamos dormidos en la parte de atrás de la ranchera. Fue realmente maravilloso. Porque si estás con alguien un largo periodo de tiempo, la relación acaba haciéndose calmada, más fría. Una vez me compró un abrigo bellísimo, un abrigo de pana de color verde azulado. Yo lo llevaba con un pañuelo de seda. Y le compré a él una chaqueta negra muy bonita y una camisa blanca. Recuerdo que era invierno entonces, y estábamos en el Earle en Greenwich Village. Estábamos asomados a la ventana una mañana mirando a la gente. Yo tenía la sensación de que llevaba cien años con Bobby, y de que todos aquellos muchachos que vagabundeaban por allí eran nuestros hijos. Un par miraron hacia arriba y me di cuenta de que nos reconocieron. Eran muy bellos...




Visions of Johana, de Bob Dylan

¿No es propio de la noche confundirte cuando tratas de evitarlo?
Estamos equivocados, aunque nos esforcemos por negarlo
Y Louise sostiene un puñado de lluvia, tentándote para desafiarlo
Las luces parpadean en el loft de enfrente
En esta habitación la calefacción tose

La emisora de country suena suave
Pero no hay nada de nada que apagar
Sólo Louise y su amante entrelazados
 Y estas visiones de Johanna que me asedian 
      
 En el solar donde las damas juegan a la gallina ciega con el llavero
 Y las noctámbulas murmuran escapadas en el tren “D”
 Podemos oír al sereno encender su linterna,
 Preguntarse si es él o son ellas quien está loco
 Louise está bien, tan sólo cerca
  Es delicada y se parece al espejo
     Pero deja perfectamente claro 
     Que Johanna no está aquí
     El fantasma de la electricidad aúlla en sus huesos faciales 
     Donde estas visiones de Johanna ya ocupan mi lugar 
      
     El niñito extraviado se toma tan en serio 
     Se jacta de su desgracia, le gusta vivir al límite 
     Y cuando menciona el nombre de ella 
     Menciona un beso de adiós 
     Tiene arrestos ser tan inútil 
     Soltar nimiedades cuando estoy en el salón 
     ¿Cómo lo explico? 
     Oh, es tan difícil seguir 
     Y estas visiones de Johanna, me desvelaron hasta el alba 
      
     Dentro de los museos, el Infinito va a juicio 
     Las voces repiten que a la postre así debería salvarse 
     Pero Mona Lisa debe haber sentido nostalgia de autopista 
     Se ve por el modo en que sonríe 
     Mira cómo se congela ese alhelí ancestral 
     Cuando las mujeres de rostro gelatinoso estornudan 
     Escucha a la bigotuda, “Jesús, 
     no puedo encontrar mis rodillas” 
     Oh, joyas y anteojos cuelgan de la cabeza de la mula
     Pero estas visiones de Johanna, hacen que todo parezca tan cruel
     
     El vendedor ambulante le habla a la condesa que finge preocuparse
     Diciendo, “Nombra a alguien que no sea un parásito y saldré y rezaré por él”
     Pero como Louise suele decir
     “No puedes abarcar mucho, ¿verdad, tío?”
     Y ella misma se prepara para él
     Y Madonna sigue sin aparecer
     Vemos que la jaula vacía se oxida
     Donde su capa teatral ondeaba
     El violinista se pone en camino
     Escribe que se devolvió lo debido
     En la parte trasera del camión de pescado que carga
     Mientras mi conciencia estalla
     Las armónicas tocan las llaves maestras y la lluvia
     Y estas visiones de Johanna son lo único que queda.
      



Letra y música: Bob Dylan

Fuente: Letras Libres