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Carlos Giménez, el último rapsoda en un fractal desorbitado del Paradisi: Rapsodia III / por José Augusto Paradisi Rangel, Ciudad de México, 3 de septiembre de 2021

 


Rapsodia III

Saulo tenía que caerse del caballo otra vez…

La inestable geografía de mis juveniles años procuraba cataclismos cotidianos en los grados más altos de la escala Richter de mis asombros. El mundo era cofre de sortilegios y, aunque suene cursi, estudiar siempre fue una aventura para mi en todos los ámbitos que alcanzaba a descubrir. Estallé al mundo del dibujo y la pintura con gran precocidad; después, en mi adolescencia, los estros armónicos, el olor de las librerías, los libros la eterna aventura. Todos esos asombros construyeron una sólida cámara negra de la memoria que considero mi mayor bendición. De acuerdo totalmente con Jorge Luis Borges que no se vanagloriaba de su literatura sino de lo que había leído. Todavía mis alumnos de la Universidad de la Comunicación de la Ciudad de México se ríen de mi aserto en una clase de Estética:


¡Si te vas a meter una línea que sea de poesía!


Toda esa pasión devino en crisis vocacional de un laureado bachiller en ciencias. Todos apostaron que terminaría en la NASA. En primera intención entré a la Universidad Simón Bolívar para estudiar Química. Cambié para Arquitectura. La facultad estaba muy cerca de uno de sus teatros provisionales. Casi pierdo un examen de Geometría Descriptiva en una representación de Acto Cultural de José Ignacio Cabrujas con el Nuevo Grupo de Caracas. Cátedra del mejor teatro venezolano donde me convencí del exactísimo concepto de nuestro crítico y científico del drama Leonardo Azparren Giménez: EL TEATRO, ESA PALABRA VISUAL.


En paralelo mis estudios musicales en el Conservatorio Juan José Landaeta a donde me escapaba con regla T, escalímetro y planos en desarrollo. Era inminente después de 4 años de estudios universitarios un nuevo cataclismo.


Siempre el aire límpido de Caracas rezumaba en medios impresos, audiovisuales y chismes de Radio Bemba los triunfos y hazañas estéticas de Carlos Giménez y su más bella proeza: la consolidación de la Compañía de Teatro adscrita al Ateneo de Caracas: Rajatabla, la del nombre atronador de aplausos y ovaciones de pie. La itinerancia de Carlos Giménez y Rajatabla por Venezuela, nos recuerda La Barraca de García Lorca y su meteórica carrera de éxitos teatrales desde la precocidad nos transportan de la vida musical del niño austríaco llamado Wolfgang Amadeus Mozart a la de este niño cordobés de nacimiento. El tsunami de representaciones se expandió rápidamente al continente y su fama en Venezuela eclipsaba la Beatlemanía.


Que Tu país está feliz  de Antonio Miranda causó un cataclismo que comenzó la construcción de un público voraz y de enormes amplitudes mentales;  La Orgía de Enrique Buenaventura  fue prohibida por la testa coronada de la decencia venezolana : el Presidente Rafael Caldera, quien al perdonar a Chávez y traicionar a su partido fundacional COPEI nos metió el caballo de Troya del comunismo habanorréico causante de la destrucción de mi país; Venezuela Tuya de Luis Britto García Ortiz también está en pico´e zamuro y peor Jesucristo astronauta del mismo Antonio Miranda; que toca el turno a Fiebre de Miguel Otero Silva y Las Lanzas Coloradas de Arturo Uslar Pietri; que Valle Inclán dirigido por Carlos presenta sus Divinas Palabras, ahora viene Miguel Ángel Asturias y su Señor Presidente escatología de los tiranos del continente ¡qué arrecho Carlos Giménez ya en el Espacio Cardin de Paris extendida su gira por quince días de ovaciones en principio de tres!; que la sátira de Enrique Buenaventura El Candidato nos restregará en la cara nuestra realidad de repúblicas bananeras eternas y como colofón inevitable La Muerte de García Lorca de José Antonio Rial dónde todavía lloramos la pérdida del bardo universal  y de toda la furia poética del duende gitano  nacido en Fuentevaqueros para gloria del universo. ¡Todos esos registros llegaban a mis oídos producidos y dirigidos por un cuasi adolescente argentino prodigiosamente incrustado en nuestra cultura nacional!


El nuevo cataclismo se produjo a los 4 años. Espantosa crisis vocacional. Abandoné los estudios, me enrumbé con beca de estudios del gobierno de la entonces República Popular de Polonia. Nuevo binomio de intereses: música y cultura cinematográfica. Mi memoria de asombros me facilitó el aprendizaje del idioma haciéndome orgánico y cotidiano con la cultura y el gentilicio del país. Iba tarde, mal y nunca a clases al Instituto de Lengua Polaca para Extranjeros en Lódz. La vida crepitaba en las calles lejos de cualquier guetto de nostálgicos latinoamericanos. Me incrusté en todo y más aún en teatros, cines, salas de concierto, operas. Voracidad inaudita con 20 años. Mi organicidad fue laureada con las más altas calificaciones y ramos de claveles rojos en los exámenes finales de una lengua con nueve casos de declinaciones. Y hasta allá el rumor egeo de los triunfos de Carlos Giménez, su Rajatabla en Wroclaw, Varsovia, Cracovia. Tales noticias encendían mi orgullo y trocaban el rudo invierno en la eterna primavera de Caracas, lejana y más presente todavía.


Durante mi residencia polaca se sucedieron el colosal repiqueteo de campanas en toda la nación anunciando: ¡Mamy Papiezem, on jezst polakiem y Karol Wojtyła al trono de Roma; los funerales del Cardenal Wiszynski en la Plaza del Triunfo de Varsovia; visitas a Oswiencin (Auschwitz) y otros “campos”, Encuentros Internacionales de Ballet donde vivencié la compañía principal del Bolshoi con todo su convoy de 500 personas: ¡250 gentes de la KGB!; el surgimiento de Solidaridad, Lech Walesa, la hambruna hasta la triste ley marcial del tirano Wojiech Jaruzelski.


El día que Saulo se volvió a caer del caballo sigue muy presente en mi vida. Salía del Conservatorio de soplar un oboe. Hambre y frío me acompañaban. Los adoquines azules húmedos. Súbito, los tanques rusos apostados frente a un KINO (cine). Diatriba: si llamo a mi madre a Venezuela todo cagado y con 22 años le da un infarto. ¿Qué hago? ¿Para donde apuntan los tanques? Respuesta: al KINO. Y como en “Balada para un loco” de Astor Piazzolla me dije: ¡Coraje, Che, volá que duro el oficio de vivir! ¡Si voy a morir que sea de un solo coñazo nojoda! Entré a la gélida sala de sillas rudísimas de madera. En la pantalla: Stalker de Andrei Tarkovsky. Versión íntegra de 4 horas. Al develarse la joya cinematográfica mi hambre y terrores mermaron. Los tanques jamás dispararon. ¡Tarkovsky sí, una bazooka a mi corazón! Encontré finalmente el sentido de mis afanes estéticos en su depuradísima mística: ¡me caí del caballo! Fui Saulo enceguecido por tan portentosa luz. Lo que siguió es apostolado, evangelios que busco en los poetas del mundo desde ese día.

 

José Augusto Paradisi Rangel

Ciudad de México, 3 de septiembre de 2021.

 

Carlos Giménez, el último rapsoda en un fractal desorbitado del Paradisi: Rapsodia II / por José Augusto Paradisi Rangel, Ciudad de México, 3 de septiembre de 2021

 




 

Rapsodia II

In illo tempore

Como oleaje del Piélago Egeo de los histriones del mundo llegó al recién inaugurado Teatro de la Opera Maracay, mi escenario de la adolescencia, una extensión del Primer Festival Internacional de Teatro de Caracas, cerca de 1973. Tenía 13 años número cabalístico perfecto para cualquier acto iniciático. La oferta era muy seductora para un agreste casi niño de los Valles de Aragua. Me atreví. Crucé el umbral de nuestro novedoso teatro Arte Decó de las artes multidisciplinarias. La obra que representaba a la Argentina: “El Campo”. No era un campo florido como el de nuestros redimidos paisajes en la canícula voraz del trópico. Era un campo de concentración a que nos invitaban los artistas de Teatro San Martín. Al centro del proscenio, escasas sillas y un círculo de tiza caucasiano. La noche triste de los milicos borraba en pesadilla jamás perentoria el brillo consubstancial de las márgenes del Plata, como ahora, aquí las márgenes de nuestro Orinoco. Comprendí licuados mis ojos, mi aliento acelerado, que el teatro era el más bello ritual. Las plegarias, los holocaustos emergían de una diminuta vestal de la dramaturgia continental: Griselda Gambaro. Descubrí en sus parlamentos que la más elevada virtud de la raza humana es la compasión.

Al terminar la función salido como de una gaveta a propulsión, me abracé de los histriones si mal no recuerdo, y si es imprecisión me permito la fábula, el adorado Rubén Szuchmacher me presentó ante la Gambaro, con mis abiertísimos ojos azules iridiscentes de asombro y agua. Comprendí la letra del tango “A un semejante”, mientras la abrazaba susurraba: “es un asombro tener tu hombro y es un milagro la ternura…”

Por primera vez escuché el nombre del arquitecto de nuestros festivales mundiales de teatro: Carlos Giménez. Todavía no leía La IlíadaLa Odisea, no sabía que era un rapsoda ni mucho menos el nombre de Homero, el poeta, sólo sabía del Homero aquel de Los Locos Adams y su amor desenfrenado por Morticia, cada vez que pronunciaba una frase en perfecto francés.

Carlos Giménez iniciaba el órgano barroco de mis asombros; una Tocata y Fuga en efervescencia constante de un Bach sin polvereada peluca. Todavía el volcán de mis contradicciones vocacionales estaba en franca erupción como la tenebrosa mano del acné que desgarraba mi rostro. No estaba preparado para leer la partitura de un genio.


José Augusto Paradisi Rangel

Ciudad de México, 3 de septiembre de 2021.

 Foto: Miguel Gracia

 

 

 

Carlos Giménez, el último rapsoda en un fractal desorbitado del Paradisi

 



 

Rapsodia I


De cómo el éter cibernético rescató a Mnemósine en un like


Ya no apuesto a las redes sociales como foro para mis denuncias libertarias sobre el sudario en que la geopolítica y las guerras ideológicas han trocado mi país: Venezuela, en Tierra de Desgracia. Sexalescente como soy, mi país conserva el esplendor primigenio de su gente y geografías exultantes, aquí irrenunciable en el músculo gestor de todas mis sístoles y diástoles. A cada instante paso revista a los protagonistas indelebles de mi querencia, aquellos otros, en la otredad de Octavio Paz que me dan plena existencia. Los busco y rebusco a cada instante tanto presentes como transfigurados de tantas luces que pueblan mi recuerdo, y más aún, mis pasos en este medioevo apocalíptico del Siglo XXI. A esa exploración constante ha concurrido como brújula, o más actual, como GPS incuestionable, la invención de Facebook de Mark Zuckerberg.

 

Hace unos días en mi rígida cuarentena de Coyoacán, revisando las redes sociales me encuentro en Facebook con una tablilla cuneiforme de mensajes de antiguas fisiones nucleares de mi adolescencia: ¿CARLOS GÍMENEZ, PREGUNTA QUÉ TE GUSTA DE SU PÁGINA? Y yo que vengo a este exilio renovado mexicano tras tantas marchas, contramarchas, bombas lacrimógenas, crímenes de lesa humanidad, asesinatos violentos que rebasan ya las 300 mil víctimas y toda clase de invasiones y felonías totalitarias de rojo tinte bermellón: ¡Sangre vertida no sólo en las calles sino en la vasta geografía  deVenezuela!

 

¿CARLOS GÍMENEZ PREGUNTA QUÉ TE GUSTA DE SU PÁGINA? El túnel del tiempo y regreso súbito a la mejor memoria de mi país: la Venezuela República Democrática de futuro luminoso y sistema político en perfeccionamiento federativo descentralizado. País inocente y alegre donde fuimos los más felices del continente y gozamos un imperio: el de la alegría.

 

¿CARLOS GÍMENEZ PREGUNTA QUÉ TE GUSTA DE SU PÁGINA? ¿Orfeo triunfó, durmió a los cancerberos de mi memoria, rescató a Eurídice de las fauces del Hades? Mi respuesta tajante y súbita: ¡TODO DE PIE A CABEZA!


¿Pero, quién trae a  mis encanecidas sienes al punto de ebullición más egregio de mi juventud pletórica de asombros? ¿Quién trae de nueva cuenta la accidentada geografía de mis contradicciones de un acné incisivo, canino, molar y galopante?


Seguí dándole likes a esta página hasta que un día luego de publicar una nota sobre la hija hidrocefálica del bardo comunista Pablo Neruda surgió la respuesta: Viviana Marcela Iriart de Escritoras Unidas desde Argentina.


El placer cibernético, geográficamente extremista, fue mutuo en la memoria de quien para mi fue el último rapsoda del teatro del Siglo XX: Carlos Giménez. Mi Maestro regresaba como Odiseo a la Ítaca ferviente de mi querencia. Ese carajito inquieto: carbón de Rosario, sometido a altísimas presiones en la Córdoba argentina para convertirse en cristalino diamante de la cultura de Venezuela; encendedor de faroles lo llamaría Rómulo Gallegos en su primera novela jamás editada y más aún único venezolano en justicia por decreto presidencial de Carlos Andrés Pérez.


Entramos en diálogo ferviente. Aquí tenés Viviana querida mi WhatsApp. Che, José Augusto, te propongo escribás algo para la página de Carlos. Mi respuesta súbita: Che, querida, vos desataste una tormenta cuya intensidad me sheva en éxtasis, sin referencias a drogas duras, sino orgánicas: las más saludables y pletóricas de endorfinas, serotoninas y dopaminas a escribir un nuevo y más vasto episodio de mi saga autobiográfica: Fractales del Paradisi. Vos, en venezolano radical hija ilustre de Choroní y mis selvas nubladas del Pittier, me contestaste con el desparpajo de un delincuente actual venezolano:


-¡Dale plomo, que el plomo me nutre!


Amanuense hoy por el sensible fallecimiento de mi laptop vintage HP, Sha no soy más amanuense: tengo laptop nueva pero la frase me gusta, ¿Viste? en delirio e insomnio intento este fractal de quien como mancebo núbil órfico cambió el destino del desarrollo cultural de Venezuela y más aún con corajes reforzados desempolva la memoria, troca al daguerrotipo de “instrumento de la muerte” como lo llamara mi maestro Tadeusz Kantor en un instrumento para celebrar la vida cuyo periplo fantástico palpita inherente por nuestras venas.

 

Viviana, gracias por este insomnio, por estas bienaventuranzas luego de un año trágico de murciélagos coronados chinos, Atilas espantosos contra Occidente, con batallones de nuevas cepas fermentadas en pandemias que niegan las ternezas, abrazos, besos y todas las cercanías que como seres gregarios nos son indispensables. Aspiro que mi pluma sea capaz del enorme reto. Gracias porque en esta apuesta he vuelto a Jaime Sabines, a su poemario Doña Luz, elegía a su madre y por permitirme parafrasearlo en el recuerdo de Carlos Giménez:


“Acabo de desenterrar a nuestro Carlos Muerto hace tiempo. Y lo que desenterré fue una caja de rosas frescas, fragantes como si hubiesen estado en un invernadero. ¡Qué raro es todo esto!”


(Continuará...)


José Augusto Paradisi Rangel

Ciudad de México, 3 de septiembre de 2021.





"El viaje del diapasón" de Roma Rappa, teatro: video (Caracas, 2021)


"A 45 años de un dolor infinito cuando la tragedia de Las Azores intentó ahogar el canto del canto del Orfeón Universitario de la UCV.

Aquí ofrecemos la lectura dramatizada de la obra de teatro de la dramaturga Roma Rappa como un homenaje a ese orfeón y al canto coral de Venezuela". Fuente: You Tube





4 poemas de José Pulido, de su poemario "HERIDAS ESPACIALES Y MERMELADAS CASERAS", Barralibro.editores, España, 2021

 



NADA SE SALVA DE LO ELEMENTAL


Viento afiebrado 

que las selvas y los hielos refresquen tu talante 

no me hagas ir hacia ti, mi peso es polvo 


El sol calienta el aire que respiran y que han respirado 

los de arriba y los de abajo 


el sol convierte las aguas en placenta 

hubo una vez de suma catalepsia en que los rayos se volvieron peces y 

reptiles 


Hubo millones de mujeres adoloridas y esperanzadas,

nacidas para dar a luz a multitudes

que respiran


El sol calienta la tierra donde todos los seres se convierten en harina 

de huesos, en flujo de piedras, en raíces; 

hombres, mujeres, niños, animales veloces y lentos, voladores y 

nadadores, corredores y saltarines. 

Todos respiraron y dejaron el aire aquí mismo


El sol calienta mis labios y sabe que voy a decir algo y 

entonces me pega sus barcos por el pecho 

como sacudiendo un paño mojado y me empuja hacia unas indeseadas

 lejanías de islas, de azulejos y de rocas 

el lavamanos que te asusta con su emboscada en el espejo 

el sol, andando afuera, 

me lanza el sucio lamparón del humano descuido, de las paredes agri-

etadas por el bélico paseo y la muerte de la artesanía 

-solo Dios podría ser albañil en esta calle-

El sol repite un latigazo de nubes y chillidos

inunda con mariposas incendiarias el bosque interminable de las olas 

y me hace parpadear


¿Qué es lo que quieres que yo haga? 

jamás he podido establecer comunicación con esas heridas espaciales 

supurando 

entre un bostezo nulo, un anuncio optimista y un horizonte indefinido 

no sé qué efecto tienen las carreteras sumidas en distancia 

y las voces que chocan murmurando en su ámbito de tenis 

mis otras cercanías, 

donde las cortinas cumplen una función de sicoanálisis


Nunca quise entablar comunicación 

con el cielo y el muelle en un solo y compacto momento

la orilla evocando una pescadería 

la pudrición de las neveras 

el basurero inmóvil, las algas arrumadas que de pronto 

retornan 

al útero del génesis 

esos olores para vomitar 

venidos de las profundidades sin estrellas 

deben ser como una advertencia 




El ángel William Shakespeare interrumpe lo que hace Kafka 

y le dice sin muchos miramientos “un día desaparecerán todos los

 lapiceros y los papeles en blanco y tendrás que escribir en las paredes 

de un castillo”





EL DÍA COMO VESTIMENTA 


Si haces el bien y alejas los pecados 

acumularás días que servirán en el otro mundo 

para engalanar el alma 

porque los días se convierten en prendas de vestir 

he leído eso con mucho interés 

Lunes de amor sin exigir ni un beso: camisa y pantalón 

Vestido nebuloso de amplia falda, blusa de seda, blusa


Desinteresada generosidad cada semana

te ha de vestir después cuando no tengas 

que estar contando las horas y los meses 

Nadie soportaría la desnudez del alma 

ante tantos ancestros que no se han conocido


Cuando mueras te contarán los días en que hiciste el bien 

Y esos días serán un gran ropaje 

Si llegas al otro mundo sin días buenos

 no tendrás nada qué ponerte


Los quince olores del Edén ¿cómo serán? 

dicen que a veces llegan en la ropa de alguien 

pero no es propiamente la tela lo que huele 

a quince fragancias imponentes 

es que alguien puede cargar el Paraíso sin saberlo




Esta cacerola con que voy a cocinar la harina de garbanzos 

sabe lo que es desear 

que Dios me perdone, 

dice Magdalena hablando sola




PERFIL DE UN ANTIGUO LUGAR


La intrahistoria, esa intimidad con que en mi casa 

ponían a Simón Bolívar y Lucho Gatica en la misma pared 

cuajada de recortes de figurines con la impronta de Coco Chanel


El único esfuerzo que hacía 

era sentarme en una silla a contemplar el azar 

los timadores se cuelan por todas las rendijas

las desilusiones chorrean como heridas de árbol 

anunciando la dejadez maluca de las dictaduras


había quien tenía, cómo no, su camioneta ranchera de dos tonos 

amargo de Angostura en sus veladas 

esa clase de gente sin beisbol


ah, me tengo que marchar hacia la tarde 

decía mi comadre fastidiada de tangos 

solo bastaba mirar aquel vestido y era pura rumba


yo me comprometía a soñar con unas idas a Caracas 

esta voz de cosa ajena, de poesía en peligro y de boleros 

esta complexión anatómica de perseguir los muslos que alumbraban


te vas a bailar, empolvado de trasnocho y sucios los 

zapatos 

eres nadie en un autobús que sube como alucinado

olisqueando a esa maja hacia los primeros ranchos disponibles 

a veces el cielo queda bajando las escalinatas 

las navajas ansiaban degollarte de madrugada y su boca también 

¿qué más podía proceder? Y esa es la historia, la 

intrahistoria 

que no sabré contar ni que me paguen 

porque es algo que solo yo amaré 



La ciega va llorando por toda la sala desvinculada 

de la hora del día 

porque le han prohibido en su propia familia 

que se acerque al lugar donde hacen los milagros




LETREROS EN LA PARED


 ¿Para qué resumir de otra manera? a estas alturas 

soy todas las cervezas y los cafés que he conversado 


Ya no ahondo en consejos 

solo adjunto recomendaciones 

soy como un letrero en la pared 

hable en voz baja, no tire la puerta, no asuste a los tigres 

Apenas se pierde la sonrisa de los quince años 

uno se cree la voz que clama en el desierto: pues no. 


Es mejor que no te atravieses en el camino de un anciano 

habiendo bibliotecas de papel y de vidrio 

todo ha sido concentrado en los libros: desde el origen más chocante

si quieres saber algo importante abre unas páginas

y suda como si estuvieses arando sobre lápidas


¿Han visto cómo renacen en giros bulliciosos 

los seres suspendidos en otra dimensión? 

Digamos, por ejemplo, el cosmos del sol y de las frutas 

el manantial de flores y espigas 

el temblor de las aguas y el reflejo de plumas


El uso que se le ha dado a las pasiones 

suele dejar escombros, frases de porcelana tiradas en el suelo mental 

el eco adormilado de unas voces transita las callejas

cuyas húmedas sombras se vacían más allá 

en el siguiente océano de esta última semana


Nuestras conversaciones por computadora 

suelen ser prodigiosas, nos vemos y hablamos 

de continente a continente sin transmitirnos gripes 

ni molestias 

pero la fantasía se envilece 

cuando la realidad le quita asombros


Este presente que me cansa tanto 

se convertirá en el recuerdo más bello de tu vida

tu relación con la fugaz epifanía derrochada 

luego envejecerás como periclitar en el siglo dieciocho 

arrugadísimo y serio estilo medioevo 

o robóticamente en siglos venideros


Cuando lleguen tus años de mirar hacia atrás 

serán tan arqueológicos los móviles 

que usarán sus negruras para empedrar las calles


lo regio es que no cedas a la mediocridad 

¿cómo no ser mediocre si eso es lo natural 

predominante?


Te cambiaré consejos por recomendaciones 

deja de repetir arcaicamente “no soy escaparate de nadie” 

porque lo somos: juntamos perchas para lo más querido y luego


Búscate a Søren Kierkegaard, 

Y encuentra también a la masturbadora solitaria de Anne Sexton


A Guillaume Apollinaire escribiendo

“Pastora oh torre Eiffel el rebaño de los puentes bala esta mañana”


Invoca a la dolorosa Sylvia Plath:

“¿Y si dos vidas fluyeran de mis muslos?”


y ama el poema perfecto que sustituye todo: 

Duineser Elegien, de Rainer Maria Rilke 

Pon atención al Bolero de Maurice Ravel, 

que no es un bolero, como los que cantaba Olga Guillot,

pero en su persistencia turbadora repica el alma de 

Al-Ándalus


Escucha La boda de Luis Alonso trepidando en guitarra, aunque

Gerónimo Jiménez solo creyó componer una zarzuela


El Capricho número 5 de Paganini o cualquiera de sus benditos capri-

chos


Lee a John Ashbery con su civilizada ferocidad: descubre a John Ash-

bery


Arróbate con Ana Ajmátova invocando a Hamlet 

o diciendo

“Cuando escuches el trueno me recordarás /y tal vez pienses que

amaba la tormenta"


Bueno, sí: lee a Hamlet. Shakespeare es comparable a la creación


Busca esto: Segunda consideración intempestiva

 Unzeitgemässe Betrachtungen . Vom Nutzen und Nachteil der Historie 

für das Leben. Friedrich Nietzsche, 1874 


Conéctate con Job. No te despegues de Job sin entenderlo


Lee con gripe, anhelante, bostezando, llorando, en 

perverso abandono, en compañía de sudores amorosos


Y así sucesivamente, hasta que encuentres la verdadera luz humana. 

Tal vez no combatas la mediocridad con todo eso 

-yo, por ejemplo, no he podido-

Pero habrás viajado por los cielos inverosímiles de una belleza 

que se queda guardada como ropa de espíritu



Nadie debería creer que María 

no le enseñó a Jesús cómo iniciar su camino 

ella lo tuvo, lo amamantó y le enseñó sus primeras palabras 

ella lo bañó y lo limpió 

Hubo un tiempo en que él le pertenecía, la admiraba 

y la necesitaba 

¿qué cosas heredó de su madre? ¿una mirada? ¿alguna 

sonrisa?


©José Pulido

"HERIDAS ESPACIALES Y MERMELADAS CASERAS"

Barralibro.editores


José Pulido
Poeta, escritor, periodista venezolano

Dónde seguir leyéndolo:


De cuando el Coronel se encontró con su creador en México, por José Augusto Paradisi Rangel, Ciudad de México, Agosto 7, 2021

 






Sí, sí, sí un bolígrafo negro PAPER MATE, tenía, tengo, tendré en mi bolsillo izquierdo, en mi pecho, una camisa de kaki ¡SI! Pero no tengo tiempos de conjugación. El daguerrotipo de mi memoria, flashes, golpea, estalla, crepita. Máquina de la muerte, Kantor presente, mi maestro. ¿Y TÚ, qué fuiste hacer a Polonia? Todavía preguntan. Zeus, esta madrugada a fuerza de su ira truenos, rayos centellas. Una batalla de múltiples timbales sobre este valle de apáticos que habito: Coyoacán, Ciudad de México. El istmo de cristales casa como nido para mis pinceles y mi lecho crepitan. Yo que pinto pájaros, quizás los perdidos de Piazzolla, más bien, los de mi origen: Venezuela, también perdida. No es Jung, ni los sueños: Viviana Marcela Iriart, otra vez, una fotografía, Rajatabla, ese día con Gabriel García Márquez después de revisar uno a uno los capítulos de su “Coronel no tiene quien le escriba”, asombrado de la osadía de un tal Carlos Giménez: argentino, venezolano por decreto henchido, cordobés por su altivez.

 

Soy cueva, rollos del Mar Muerto, un evangelio apócrifo aledaño a Jerusalén. No sé, me arropo, los miedos de mi infancia regresan y ya son 63.  La imagen clarísima al compás de los timbales. Rajatabla lo hizo otra vez, José, llovía sobre el escenario del Teatro de la Ópera de Maracay, lloraba lontana la voz de mi hermano Francisco José, mi escenógrafo del alma. Llovía la desolación más fuerte que nunca y PepeTejera, nuestro Pepe el coronel. ¿Qué vamos a comer, Viejo? ¡Mierda! La profecía aquí, ya. ¿Qué comemos en Venezuela? Mierda y éxodo, esperanzas indigestas. Totalitarismos otra vez, rojos come mierda. Eso.

Y llovió en los escenarios del mundo; Spoletto y Giancarlo Menotti, de ahí en adelante. ¿Sobre cuántas latitudes e idiomas la cara de Pepe Tejera escupió la desesperanza de un texto colofón de prodigios escénicos del argentino precoz y su Rajatabla, mi Rajatabla, estentóreo llovió?

No carajo, Marcela, no tengo tiempo, todo se cruza, todo es Aleph. La lengua seca, la tormenta in crescendo. Voy a otro tiempo: Ateneo de Caracas 2016, Yo Bernarda Alba, general rojo tirano y mongol, me quiebro, no me sale la profecía: ¡Yo veía la tormenta venir pero no creí que estallara tan pronto! ¡Ay , que pedrizco de odio me habéis echado sobre mi corazón, pero, todavía no soy anciana y tengo ésta casa levantada por mí padre para que ni las hierbas se enteren de mi desolación!




Regreso cerca de 1990, no lo sé, ya tengo casi 64. Era otro el teatro, no el Centro Cultural Universitario de la UNAM. El presidente Carlos Salinas de Gortari por decreto expandió la gira de Rajatabla durante una semana; en prime time del Canal De Televisión del Politécnico Nacional de México, el making up del Coronel; México: ovación de pie. Como siempre con mi carnet consular los recibía en la pata del avión, dos docenas de rosas rojas bogotanas de tallo largo en mis manos, el abrazo y dos besos rituales a mi rapsoda Carlos, el último del teatro del mundo y a sus apóstoles. Un público, periódicos ansiosos de ver el portento. Se rumora que finalmente el Gabo asistirá a la función. Mi compadre, comadre, hermano, hermana Pepe Tejera exorbitado, beso su frente. IL CORRIERE DELLA SERA todavía reverbera: A los cretinos italianos que creen ser divos de la escena se les aconseja asistan al CORONEL NO TIENE QUIEN LE ESCRIBA de Rajatabla para que vean al portentoso Vittorio Gassman de Venezuela.


No tengo tiempos exactos ¿agosto del 90? Paliativo para la ansiedad de Pepe, mi núbil hermano Héctor Bolívar: Antinoo para un Adriano Emperador con Yourcenar de la mano. La tormenta ahora arrecia. Estoy metido en un timbal, soy cuero afinado, baqueta certera que cae. Viviana, vos sos mala, tengo miedo y sin ángeles de la guarda, mis padres están arriba ¿Viste? Junto a Carlos y los chicos, yo miro a Buenos Aires desde el nido de un gorrión, afuera tremendo follón, Zeus anda arrecho como nunca.


Sí Gabo va asistir con el Primer Presidente de CONACULTA, no recuerdo su nombre, era adusto como agente funerario. Otro trueno, ya llegó el Gabo. La hiperkinesia de Carlos y Rajatabla era feroz. Más rabiosa la de mi Pepe Tejera. Mis niños, los de Carlos, en sus puestos prevenidos. Deambulo con mi PAPER MATE en el pecho por las patas de esa caja negra de los milagros llamada teatro. Diviso a Eduardo Bolívar y David Blanco estafeta en mano. Beso la frente de Pepe, le digo ¡Todo va a salir  bien! Su corazón bate como estos terribles timbales, truenos ¡qué mierdas sé sho, Marcela, Ché, Viridiana Iriart! Enloquezco tratando de apaciguar la descarga de adrenalina. Mis acentos se mezclan: ni venezolano, ni lunfardo, ni porteño, ni aragüeño. Deambulo, ojo avizor ante cualquier contingencia.


Gabo en la sala junto a Carlos. Tercera llamada: PRINCIPIAMOS. La escenografía de Rafael Reyeros: un terraplén de estiércol y láminas de zinc. Un gran chinchorro donde Pepe apenas insinuaba su rostro, afuera la jauría expectante. Mi memoria discurre todos los episodios, rezo, uno a uno la perfección de una relojería suiza en escena. A lo lejos en penumbra el rostro concentrado del Nóbel colombiano; el gallo se volvió mierda, las paredes avanzan hasta aniquilar en el proscenio a Pepe y su mujer ancianísimos, viene, viene el parlamento final. ¿Qué vamos a comer, Viejo? José Jiménez ilumina sólo sus rostros, Pepe enfático responde la única grosería que se le escuchó proferir al coronel en toda su vida: MIERDA.


El público silencio sepulcral, el Gabo espera, las paredes de zinc se recogen, otra sorpresa del genio de Carlos; la marcha de los fantasmas de las guerras intestinas eternas de Colombia, el aguacero arrecia en ambos tiempos. Una bandera sucia tricolor como la mía amarillo, azul y rojo sin estrellas incapaz de ondear, la música de Federico Ruiz, libro de Las Lamentaciones abierto. Carlitos García rapado vestido de dama antigua famélica abre su paraguas al fondo, extiende en puntas su pie izquierdo, una lombriz mexicana asciende en su tobillo, asqueado marea. Cercano diviso los ojos desorbitados de David Blanco en la cabina que la loca se va a desmayar. Me sitúo detrás de ella, la dama asqueada,  para impedir el desperfecto sin ser visto: Flaca pero muy pesada.


¡OVACIÓN DE PIE, EL GABO NO SE LA CREE!





La tormenta en tiempo presente también menguó. Pinche Marcela, otra vez insomnio. Abrazos y felicitaciones. El Nóbel al proscenio tras bambalinas. Pepe presenta al genio su relamido libro del Coronel. Yo a su lado. Un bolígrafo por favor. Mi PAPER MATE NEGRO. El creador de Macondo exclama para beneplácito de todos: Cuando Carmen Balcells  me dijo que un grupo de Teatro de Caracas llamado Rajatabla quería los derechos para llevar a escena mi coronel, yo dije que sí pero, con una apuesta: quería saber en qué momento se les iba a caer el teatrito. Recorrí hoy mi obra episodio por episodio y mi pulso se aceleraba ante la perfección escénica. Para colmo, Carlos puso un epílogo a mi obra con esa marcha desoladora de los fantasmas y la lluvia que arreciaba. No salgo de mi asombro: ¿Yo, escribí eso? Me trastabilló el alma tanta poesía en un escenario: ¡OVACIÓN DE PIE PARA CARLOS Y SU RAJATABLA!

 



JOSÉ AUGUSTO PARADISI RANGEL

Ciudad de México, Agosto 7, 2021






Venezolano residenciado en México. Artista multimedia, escritor, actor...

















A PROPOSITO DE LA CREACIÓN DE LA ASAMBLEA VENEZOLANA DE TEATROS INDEPENDIENTES, por Juan Pagés, Neuquén, Argentina, julio 2021

   

Carlos Giménez. Fuente: Juan Pagés


Un proyecto con visión de futuro para unificar y proyectar el movimiento de teatro independiente de Venezuela.


Fuente: Rodolfo Molina

Al dejar Rajatabla para instalarme en Ciudad Guayana y crear el Grupo de Teatro La Barraca, mis reuniones con Carlos se hicieron más asiduas compartiendo planes y proyectos. Uno de los tantos fue la  de aglutinar los esfuerzos de las agrupaciones teatrales, tanto del interior como de la capital con esta idea también se encontraba Rodolfo Molina

Carlos me propone que La Barraca se transforme como grupo anfitrión para proponer los derroteros que debería dar esta propuesta integracionista. Llegaron a nuestra sede en Ciudad Guayana integrantes de agrupaciones teatrales, como Theja, Rajatabla, Altof, Teatro Estable de Barcelona. Dentro de las deliberaciones y con varios puntos discutidos se propone realizar otra reunión para terminar de darle forma a la idea. La ciudad de Tovar Mérida seria la indicada y el coordinador de la misma el Director Rodolfo Molina.


Izquierda a derecha:  José Simón Escalona, Carlos Giménez  Juan Pagés y
 de espaldas Rodolfo Molina, en la Extensión 
Universitaria de la ULA, Tovar, Mérida, 1978.
Fuente: Rodolfo Molina

Carlos Giménez , a la izquierda,  Mérida, 1978.
.Fuente: Rodolfo Molina

Carlos Giménez y Marta Candia. Fuente: Juan Pagés


 

La declaración de TovarEn este acto estuvieron presentes un significativo grupo de directores entre ellos:  José Simón Escalona, Lientur CarranzaCiro MedinaFélix SalazarJuan Carlos De Petre, Jacinto Cruz, Winston RosalesRómulo Rivas, Marta Candia y otros tantos creadores solidarios que no pudieron llegar a tiempo y por supuesto, Carlos Giménez y mi persona.

 



Juan Pagés

Director de teatro. Co-fundador de Rajatabla. Fundador de La Barraca. Actor. Miembro del grupo El Juglar de Carlos Giménez. Docente.