La particularidad de este libro de Carmen Carmona es que en él, ella no nos cuenta su batalla contra el lupus: nos regala los cuentos que la ayudaron en su momento más difícil, cuando estaba al borde de la muerte y sus pequeños hijos, Pedro y Alejandro, se turnaban para leérselos sin saber si ella los escuchaba.
Esos cuentos que ella misma había escrito muchos años atrás y publicado con seudónimo, cuentos suyos acompañados de cuentos budistas, zen, hindúes, sufi... cuentos que nos invitan a disfrutar de la vida pese a las adversidad. Cuentos que nos dan alegría, placer, esperanza y fuerza.
Carmen, hoy ya en remisión, ha decidido publicar este libro con su verdadero nombre para compartir su felicidad y su alegría por la vida que, con sus altibajos, siempre merece la pena ser vivida y vivida en todo su esplendor. Este libro nos habla de eso… y mucho más.
Carmen Carmona, venezolana, fue Presidenta del Instituto de Cultura del Edo. Miranda, Directora de Cultura de la Alcaldía de Chacao, Productora del Festival Internacional de Teatro de Caracas, Productora del Ateneo de Caracas, productora de más de 100 obras de teatro en Venezuela y Estados Unidos. Obligada a abandonar su país por el chavismo, vive en el exilio en Miami, trabajando duramente para salir adelante.
"Cuando escribí la Introducción 1 nunca imaginé que, 18 años después, que mis jóvenes hijos me leyeran mi libro los 18 días que estuve hospitalizada al borde de la muerte, sin que los médicos supieran qué era lo que me estaba matando, me iba a resultar de tanta ayuda, me iba a traer tanta paz en medio de la desesperación. (...)
Pero muchas cosas habían pasado en esos 18 años y tener que dejar mi país, Venezuela, fue, sin que lo supiera entonces, el comienzo de mi enfermedad: una se puede enfermar de dolor de patria, morir de nostalgia de patria, agonizar de exilio.
Con dos niños pequeños, divorciada, tuve que abandonar mi apartamento que tanto me había costado comprar, mi trabajo que tanto me gustaba, mi ciudad, mi gente, mi familia y partir a países amables pero extranjeros: primero España, después Estados Unidos, donde vivo actualmente. (...).
Pasaron cinco años y el Lupus entró en remisión.
Entonces me dije: tengo que volver a publicar este libro (...) Porque si yo pude entrar en remisión, casi curarme, de una enfermedad tan terrible, tú también puedes. Y si estás pasando por algo parecido, ojalá que mi libro te sirva de ayuda como me sirvió a mí.
Y como dijo el gran escritor argentino Julio Cortázar:
“Nada está perdido si tenemos el valor de proclamar que todo está perdido y que hay que empezar de nuevo”.
Gracias por leerme. Gracias por existir". Carmen Carmona, Introducción II, fragmento.
“A pesar de las cargas que la vida le presentó, mi hermana de la vida Carmuchi, emergió de su prueba más fuerte, más sabia, y con una profunda gratitud por la existencia misma. Este libro nos invita a reflexionar sobre lo hermoso que es vivir, sobre la importancia de cada instante compartido con aquellos a quienes amamos. Su viaje nos recuerda que, aunque algunos itinerarios pueden ser difíciles, cada paso cuenta, cada lucha tiene sentido y cada sueño es un destello que merece ser alcanzado”. Fragmento del prólogo de Karl Hoffmann.
Con prólogo del actor y productor Karl Hoffmann y diseño de portada y del libro de Jairo Carthy, el l libro puede comprarse en Amazon y en Autoreseditores.com (para América Latina es mejor comprarlo aquí porque el envío es más barato que el de Amazon).
Un cuento de "FLORECER CON LUPUS:
LA ENFERMEDAD NO ES UN CASTIGO
En el siglo XIX un turista muy rico visitó al
famoso rabino polaco Hofetz Chaim
y se quedó asombrado al ver que la casa del rabino
consistía sencillamente en una habitación llena de libros.
El único mobiliario era una mesa y un banco.
-Rabino, ¿dónde están tus muebles?
preguntó asombrado el millonario turista.
-Dónde están los tuyos?
respondió el rabino Hofetz.
-¿Los míos? Pero si yo sólo soy un visitante… Estoy aquí de paso...” dijo el turista.
-Lo mismo que yo, contestó el rabino Hofetz.
Todas y todos estamos de paso.
La vida es finita.
Todo, absolutamente todo,
tiene un principio y un final.
Y los seres humanos no podemos
escaparnos de esa finitud.
Para que otros seres humanos vivan
es necesario que otros mueran.
Si no, el planeta Tierra colapsaría
y nadie podría vivir sobre él.
Observa la naturaleza.
Ella es una gran fuente de enseñanza.
Podrás ver cómo los animales
se enferman y mueren.
Cómo las plantas cumplen su ciclo y mueren.
Pero no se acaba la selva.
No desaparece el bosque.
- ¿Y a mí que me importa
si yo ya no voy a estar viva, vivo?
puede que te preguntes.
Entonces, querido amigo, querida amiga,
la que esta moribunda es tu alma.
Y si tu alma muere, ¿crees que puedes
seguir viviendo sin ella?
Las personas nos enfermamos porque
de algo tenemos que morir.
Y siempre es mejor morir de enfermedad
que morir asesinado.
O morir de hambre.
O morir en un campo de concentración.
O morir en una sala de torturas.
O morir por falta de medicinas.
O morir por falta de asistencia medica.
O morir por discriminación racial, sexual,
de género… cualquier tipo de discriminación.
O morir por culpa de la ignorancia,
ajena o propia.
O morir por culpa del fanatismo.
O morir por luchar por “la verdad”.
O morir de miedo por perder
las cosas materiales.
O morir de soledad
Entonces, ¿no es más natural simplemente
morir de vida?
¡Morir de vida!
Lo cual no significa resignarse a la enfermedad
Y mucho menos buscarla o incentivarla.
Ni tampoco enfermar de estar enfermo.
Ni culpar a los otros y muchos menos
culparte a ti por tu enfermedad.
Porque tú no eres culpable de tu enfermedad.
Tú no eres responsable de que la enfermedad
haya aparecido.
Tu enfermedad no es un castigo
por algo que hayas hecho mal.
Pero hay muchas cosas que puedes hacer
para curarte o para vivir con la enfermedad
sin que te haga tanto daño.
En primer lugar: no te sientas culpable
por tu enfermedad.
El sentimiento de culpa mata más que
la enfermedad.
El sentimiento de culpa
es la peor enfermedad.
¿Por qué vas a sentirte culpable
de haber enfermado si la enfermedad
es una integrante más de la vida?
¿Acaso te sientes culpable
de tener hijos, de tener hijas?
¿Te sientes culpable de tener hambre?
¿Te sientes culpable de reír?
¿De llorar? ¿De cantar?
La enfermedad y la salud son las dos caras
de una misma moneda llamada Vida.
Si se tiene salud, en algún momento
se puede tener enfermedad.
Porque para tener enfermedad
primero hay que tener salud.
Entonces, ¿vas a sentirte culpable
por estar viva, por estar vivo?
La enfermedad es una de las piedras
que encontramos en el camino hacia el Arcoiris.
Hay quien la salta aquí o allá.
Pero siempre, en algún momento del camino,
la piedra se atravesará.
Entonces puede que eso que llamamos
Vida se detenga. O no.
Pero de todas maneras, eso que llamamos Vida
en algún momento se detendrá.
La enfermedad no es mas
que una de las estaciones
en las que se detiene el tren de la Vida,
antes de llegar a la estación central.
Entonces, querida amiga, querido amigo,
¡Si estas enferma, si estás enfermo
es porque estás viva, estás vivo!
¡Alégrate de formar parte de la Vida!
Con sus dificultades, a veces terribles,
vivir es maravilloso.
En segundo lugar: no te resignes
a la opinión de los expertos.
Los expertos también se equivocan.
La religión se equivoca.
Las amistades se equivocan.
La medicina se equivoca.
Una y uno se equivoca.
La ciencia avanza y retrocede.
Lo que hoy es malo,
mañana puede ser bueno y viceversa.
No te quedes con una sola opinión.
No dejes que te enfermen
más de lo que estás.
No permitas que te entierren
antes de tiempo.
Hay un antiguo y sabio cuento sufi
que dice lo siguiente:
Un hombre a quien se consideraba muerto
fue llevado por sus amigos para ser enterrado.
Cuando el féretro estaba a punto de ser introducido
en la tumba, el hombre revivió
y comenzó a golpear la tapa del féretro.
Los amigos abrieron el féretro
y el hombre se incorporó:
- ¿Qué estan haciendo?
dijo a los sorprendidos amigos.
- Estoy vivo. No he muerto.
Sus palabras fueron recibidas con asombrado
silencio. Al fin uno de los amigos acertó a hablar.
- Amigo, tanto los médicos como los sacerdotes
han certificado que has muerto.
¿Y cómo van a equivocarse los expertos?
Entonces volvieron a atornillar
la tapa del féretro
Y lo enterraron debidamente.
Resumiendo tenemos que:
Primero no tienes que sentirte culpable
por haberte enfermado;
Segundo, no tienes que permitir
que te enferme la opinión de los expertos.
La enfermedad es un túnel.
La luz está al final del camino.
Cuando estés enferma,
cuando estés enfermo,
busca la mano amiga.
La primera mano amiga
esta dentro de ti, búscala.
Cuando la encuentres,
busca la mano amiga externa.
Dos manos unidas son más fuertes
que la más fuerte de las enfermedades.
Y si crees que no hay mano amiga
es porque todavía no encontraste la tuya.
O porque no puedes ver.
A veces la mano amiga
está mas cerca de lo que crees.
Solo tienes que saber mirar.
Pero la mano no es para que te aferres a ella.
La mano es para compartir el camino,
que en definitiva es sólo tuyo.
Una mano puede ser la mano
de un ser humano.
Pero también puede ser la mano de Dios,
el Dios de tu religión cualquiera que esta sea.
También puede ser un animal,
un libro, una canción,
el sol, la luna, las estrellas...
Una mano puede ser cualquier cosa que te sirva.
Porque Dios, o lo que para ti es Dios,
está en todas las cosas. Y si tienes a Dios
dentro de ti, entonces, querida amiga,
querido amigo, tú no estás sola,
tú no estas solo.

