la rebelión consiste en mirar una rosa

hasta pulverizarse los ojos


Alejandra Pizarnik








“Y estamos marchando todavía en las calles

Con pequeñas victorias y grandes fracasos

Pero hay alegría y hay esperanza

Y hay un lugar para ti”

Joan Báez





Violeta Parra: "estoy feliz de poder pasearme entre mi alma antigua y la vida actual" / entrevistas






"En Chile soy más conocida que las moscas"

 
Violeta Parra llega a Suiza en 1963 acompañada por Gilbert Favre, quien ha formado un grupo de música folklórica llamado Los Jairas. Conocida en Chile y en toda Latinoamérica, decide permanecer más de dos años en las principales capitales de Europa, presentando recitales (algunos junto a sus hijos), grabando discos y exponiendo su obra visual. De esta manera intenta mostrarnos la realidad de su país al igual que una embajadora menos oficial como lo fueron Gabriela Mistral y Pablo Neruda, que constituyen dos pilares de la literatura chilena.

De cierta manera, para Violeta Parra, este periplo europeo forma parte de un retorno a sus raíces. Chile es un país 95% “blanco” debido a la inmigración europea (los Indios Araucanos no se sometieron a los conquistadores españoles. Chile debe su espíritu de independencia a “las ideas francesas” – sobre todo de 1789 – adoptadas por algunos intelectuales chilenos así como algunos consejos entregados por Inglaterra a Bernardo O’Higgins (sin citar a Eduardo Frei Montalva, presidente de Chile e hijo de un inmigrante Suizo).

Violeta elige Ginebra como residencia donde realiza numerosas arpilleras y expone su obra visual. Ahí entabla muchas amistades y conquista a un público en quienes su recuerdo permanece vivo. A pesar de esto cuando regresa a Chile, está muy sola y pobre. Lo que debiera ser una bienvenida se convierte en un adiós (1917-1967).



***
Miren cómo sonríen
Miren cómo sonríen
los presidentes
cuando le hacen promesas
al inocente.
Miren cómo le ofrecen
al Sindicato
este mundo y el otro
los candidatos.
Miren cómo redoblan
los juramentos,
pero después del voto
doble tormento.
Miren el hervidero
de vigilante
para rociar de flores
al estudiante.
Miren cómo relumbran
carabineros
para hacerle premios
a los obreros.
Miren cómo se visten
cabo y sargento
para teñir de rojo
los pavimentos.
Miren cómo profanan
las sacristías
con pieles y sombreros
de hipocresía.
Miren cómo blanquean
mes de María
y al pobre negrean
la luz del día.
Miren cómo le muestran
una escopeta
para quitarle al pobre
su marraqueta.
Miren cómo se empolvan
los funcionarios
para contar las hojas
del calendario.
Miren cómo sonríen,
angelicales,
miren como se olvidan
que son mortales.

Miren cómo sonríen
letra y música Violeta Parra



***
Violeta Parra, nació el 4 de octubre de 1917 en San Carlos, Ñuble, en la provincia de Chillán, lugar que reúne tradiciones populares donde el arte araucano se mezcla profundamente con la cultura española. Hija de campesina y de un profesor de música, desde niña aprende a bordar, tejer, coser y narrar en verso y prosa las leyendas de los campesinos. Su madre que toca la guitarra le transmite sus conocimientos artísticos. Al principio con cierta reticencia: “¡Cómo puedes cantar con la voz que tienes!”. Luego le enseña cantos campesinos y proverbios que constituirán la base de sus investigaciones.

Durante mucho tiempo recorre su país, ubicado entre el Océano Pacífico y la Cordillera de los Andes, algo así como si Suiza se extendiera desde el norte de Escandinavia hasta el sur de España. Guitarra y grabadora en mano, recoge en estas cintas verdaderos tesoros de expresión popular transmitidos por narradores y campesinos, algunos mayores y analfabetos. Apasionada tanto por las conversaciones como por los cantos graba todo lo que descubre. Provista de esta herencia, esta mujer nacida músico, a pesar de no saber solfeo, compone cuecas, parabienes, tonadas populares, composiciones para guitarra y canciones populares.

Violeta Parra, intérprete, enamorada del alma de su país, se convertirá naturalmente en una cantante muy popular en Chile a través de discos, de la radio y televisión, presentándose en una taberna o en una carpa instalada en un barrio pobre de su ciudad. Obtiene el premio otorgado a la mejor folclorista de su país y su notoriedad alcanza todo el continente latinoamericano, ofreciendo numerosos recitales en las principales ciudades. Paralelamente a sus actividades musicales, pinta, borda, esculpe y expone sus obras. Para Violeta, música y expresión artística están entrelazadas pues ella dice ver “en cada canción un cuadro listo para ser pintado”.

Canciones, pinturas, tapicerías y papel maché expresan pequeñas historias de su vida atormentada, episodios de la historia de Chile, relatos de penas y glorias, y por último, su rebelión y su ternura para vivir. Y cada vez, lo que nos dice o nos muestra va dirigido a lo que hay en nosotros de esencial, y toca esa parte de creatividad que existe en cada uno más o menos escondido, disimulado por máscaras que el sicoanálisis identifica, pero de las cuales solo podemos despojarnos al expresarnos.

La totalidad de la vida y el trabajo de Violeta Parra pueden perfectamente resumirse en esta frase de Henri-Francois Rey: “La vida tiene sentido solamente si creamos. Renunciar a esto es aceptar la esclavitud y la muerte del espíritu. Aceptar cualquier cosa es renunciar a esa libertad fundamental”. Hasta el día en que ella decidió no ver la mañana. 



Violeta en su taller en Ginebra, junto a Gilbert Favre, 1964


A continuación presentamos una entrevista resumida, realizada tras una conversación sostenida en Ginebra, antes de su regreso a Chile.

- ¿De qué manera compone su música puesto que no sabe “escribirla” sobre un papel?

- A veces, mientras realizo una tapicería, una melodía me viene a la cabeza, entonces me detengo, tomo la guitarra y me sale con una facilidad… ¡como si estuviera preparando una sopa! Si usted prueba algún día, estoy segura que podrá componer canciones. Luego, para que no se me olvide, por ejemplo, ensayo toda una mañana. Antaño, cuando componía para guitarra sola, dibujaba con líneas y puntos para acordarme de las melodías y releer los dibujos que había imaginado.

- ¿Recorrió su país para encontrar ahí las canciones populares?

- Sí, durante quince años. Tengo cajas llenas de cintas magnéticas grabadas en el campo con canciones interpretadas por los campesinos a los que acompaño con la guitarra.

- ¿Usted misma grabó estas canciones interpretándolas?

- Sí, grabé alrededor de doscientas. En Chile, he grabado siete long-play. También he grabado discos en los países que he visitado, en América del sur y en Europa, sobre todo en Francia.

- Quisiera conocer un poco su forma de vivir, de enfrentar la vida cotidiana…
- La vida actual es un torbellino del cual me alejo lo más posible. Intento conservar todo lo verdadero y quedarme cerca de la naturaleza. Trabajando como investigadora musical en Chile me di cuenta que la modernidad ha matado la tradición musical del pueblo. El arte popular se va perdiendo poco a poco para los indios y los campesinos también. Compran nylon en vez del encaje confeccionado antaño en casa. La tradición se ha convertido en un cadáver. Es triste. En el fondo, el cerebro humano es tan poderoso que siento miedo…pero estoy feliz de poder pasearme entre mi alma antigua y la vida actual.

- ¿Un ojo delante y otro atrás?

- Aunque uno se considere apegado al pasado, hay que dar la cara a todo lo que ocurre. Si uno sufre, debe guardar el dolor dentro de sí, resistirlo, esto nos ayuda a vivir mejor. No creo que sea bueno drogarse, la gente triste que se aburre y toma en un bar o café, ¿no será un poco cobarde?





La cantante calva, obra de Violeta Parra, 1960. 
Yute bordado con lanigrafía.

  
- Sus pinturas y tapicerías figurativas “representan algo”. ¿Que quiere expresar con ellas?

- Hasta ahora trabajaba impulsivamente, sin ideas preconcebidas. Pero pienso que debo ordenarme. Hace algunos meses trabajo en la composición de la historia de Chile en una tapicería.

- ¿Dibuja sus tapicerías antes de realizarlas?

- No, no puedo. Tomo un trozo de tela de yute, me instalo en un rincón y comienzo a trabajar en cualquier lugar de la tela que tengo. Por ejemplo, te cuento de un Cristo que hay en una de ellas, lo comencé por el dedo de un pie y luego subo, subo… para los colores, hago lo que puedo con las lanas que tengo. Tenía solamente lanas amarillas y azules y así me las arreglé.

- ¿Y los papel maché?

- Es una búsqueda reciente. No tenía dinero para comprar pintura entonces pensé: “Debo inventar algo que no se compre en un negocio y encontrarlo en el patio”. De pronto, me acordé haber visto hace mucho tiempo confeccionar juguetes con papel. Hice la prueba con papel, quedé contenta con el resultado y seguí.

- ¿Tiene alguna preferencia: cantar, bordar tapicerías, pintar?

- Depende de los días. A veces no hago nada con la guitarra ni con la tapicería, no hago nada de nada, ni siquiera barro y no quiero ver nada. Entonces pongo mi cama delante de la puerta y me voy. Estoy triste porque siento que no he logrado transmitir la vida a través de mi trabajo. La vida es más fuerte que una tela.

- ¿Usted tiene niños?
- Tres niños (mostrando una foto): Ángel, Isabel, Carmen Luisa y yo que toco la guitarra mientras bailan. Isabel y Ángel cantan y trabajan solos en Chile, se las arreglan muy bien. Hace un año que no los veo. Me alegra volver a ver a mi hermano Nicanor, matemático y gran poeta.

- ¿No le molesta estar alejada de ellos?

- Si, por supuesto, ¡la mamá es la mamá! Es un sueño muy chileno, yo busco a mi madre y a mis hijos también. Pero no podemos dejarnos llevar por el sentimentalismo. Estar en casa es bueno, pero todo debe medirse…

- ¿Y el padre de sus hijos, su marido?

- Me separé de él. No apreciaba mi trabajo y no hacía nada cuando estaba junto a él. Quería una mujer para hacer el aseo…

- Es muy conocida en Chile, ¿se ve en televisión y se escucha por la radio?

- Sí. En Chile soy más conocida que las moscas.

– ¿Y la prensa qué piensa de usted?

- En Chile algunos periódicos no son muy buenos conmigo, sobre todo los de derecha, de la burguesía. Para ellos la palabra folklore es algo racista. Yo soy una mujer de pueblo. Cada vez que me ocupo de política, esa gente se enoja conmigo. Quisieran que sólo fuera cantante. Pero también hay gente perteneciente a la burguesía que son muy abiertos y me quieren mucho. La tarea es lograr reunir a todo el mundo. A veces los enemigos son más interesantes que los amigos.

- ¿Cómo es su relación con el público?

- No veo diferencia alguna entre el artista y el público, es el milagro del contacto. Pienso que estoy más cerca del público que el público de mí, porque canto para él y no para mí. El resultado de mi trabajo es tener un público. Debemos justificar nuestra existencia y estoy segura que cualquiera es capaz de lograrlo. A mi modo de ver es una obligación.


©  Hubert Joanneton
Foto portada: Daniel Vittet
Radio Je Vois Tout TV
Ginebra,17 de septiembre, 1970