Reverón en el mar Caribe, foto del documental de Margot Benacerraf "Reveron". Somos una hemeroteca de textos y otras cosas hermosas, de ayer y de hoy y de mañana también.

ETIQUETAS

Fragmento de "El año del mono", el nuevo libro de Patti Smith / Página 12, Buenos Aires, 5 de diciembre de 2021

 

Adelanto exclusivo de un volumen que repasa la asunción de Trump y la muerte de Sam Shepard, entre otros eventos.


Portada de la edición en castellano de El año del mono


Durante la última década, desde el exito de Éramos unos niños (2010), sus memorias de Nueva York y su romance con Robert Mapplethorpe, Patti Smith se ha reinventado como escritora, dejando prácticamente en un segundo plano su extraordinario rol como cantante. Con M Train (2015), supo mezclar sus recuerdos con anotaciones de un día a día de viajera trashumante, y luego le llegó el turno a su primera ficción, Devoción (2017), que también funciona como una reflexión sobre el acto creativo. En su nuevo libro, El año del mono, reconstruye sus idas y vueltas durante la asunción de Donald Trump en los Estados Unidos y la muerte de otro de los protagonistas de aquellos tiempos iniciáticos neoyorkinos, Sam Shepard. Este adelanto exclusivo del libro, recién traducido al castellano por la editorial Lumen, recupera uno de sus últimos encuentros. 







Patti Smith y Sam Shepard






Primero de abril, día de los Inocentes en Estados Unidos. Un bromista se peleaba con las riendas de la acción, mientras unas bolas de confusión rodaban hacia nosotros, convertidos en objetivos de unos tiradores de acero, que nos confundían, nos hacían perder el equilibrio. Las noticias palpitaban, la mente se empeñaba en intentar dotar de sentido a la campaña de un candidato que hilvanaba mentiras a tal velocidad que era imposible seguirle el ritmo o romper el hilo. El mundo se retorcía a su antojo, era rociado con una sustancia metálica, el oro de los tontos, que ya empezaba a descascarillarse. Lluvia y más lluvia; en abril, aguas mil, como dice el refrán, que cayeron por todo Estados Unidos, hacia el oeste, sobre el condado de Marin, un testigo melancólico de la lucha de Sandy. Intenté desprenderme de la incomodidad, hacer mi trabajo, rezar mis oraciones, aguardar el momento. Sobre el tragaluz repicó más lluvia, un millar de erráticos cascos de caballo, energías generosas galopando hacia la tierra.

Me senté al escritorio y encendí el ordenador, fui vadeando entre una larga cadena de peticiones. Había infinidad de mensajes, casi todos relacionados con el trabajo, y me impuse la tarea de barajar todas las propuestas, aunque me detuve emocionada más o menos por la mitad. Me ofrecían un encargo en Australia, para un año después: varios conciertos en Sidney y Melbourne, además de un festival en Brisbane. Cerré el ordenador, saqué un atlas y localicé un mapa de Australia. Era un buen trecho y todavía faltaba mucho, pero sabía muy bien qué iba a hacer, daría nueve conciertos y después, cuando la banda se marchase a casa, me montaría en un avión lanzadera hasta Alice Springs y contrataría a un chófer que me llevara a Uluru. Contesté al instante. Sí, aceptaba la propuesta, y marqué los días en el calendario de 2017, que estaba vacío por completo. Varias aes a lo largo del marzo siguiente, desde Australia hasta Ayers.

De forma inexplicable, el cartel del Dream Motel había averiguado que yo ansiaba ver Ayers Rock, igual que Ernest. Décadas atrás, mi joven hijo, inspirado por unos dibujos animados australianos que le encantaban y que solíamos ver juntos, dibujó repetidas veces esa montaña con cera de color rojo en uno de mis cuadernos, de modo que tapó las letras escritas debajo. La esperanza de viajar allí con Sam en algún momento se había desvanecido, pero me abriría paso sola y sin duda él me daría su bendición. En el armario me aguardaban mis botas, cuyas suelas estaban curiosamente manchadas con la tierra roja de un lugar que yo nunca había pisado.

Llamé a Sam unos días más tarde, pero todavía no le mencioné el gran monolito rojo. En cambio, hablamos de caballos rojizos.

–Hace unos días fue el cumpleaños de Secretariat.

–Pero ¿cómo puedes acordarte del cumpleaños de un caballo? –me preguntó entre risas él.

–Porque es un caballo al que quieres mucho –contesté.

–Ven a Kentucky. Te contaré la historia de Man o’ War, otro gran rojo. Podemos apostar en el Derby y verlo por la televisión.

–Trato hecho, Sam. Echaré un vistazo a los participantes antes de ir.

El 1 de mayo, me senté en el porche de mi casa en Rockaway. No había nada salvo las flores silvestres que crecían en mi pequeño retazo de tierra, como si el cielo mismo hubiera echado las semillas. Ahí fuera, aunque solo un trayecto en metro nos separa de la ciudad, la cosmovisión desaparece. Lo que queda es una pincelada de mariposas, dos mariquitas y una mantis religiosa. Todo se reduce a mi escritorio con un retrato de estudio de un joven Baudelaire, una secuencia de fotografías de Jane Bowles también joven, un Cristo de marfil sin brazos y una reproducción enmarcada de Alicia conversando con el Dodo. Todo se reduce a una polaroid de Sam y yo, ligeramente borrosa, en el café ’Ino hace unos años, cuando las cosas eran casi normales.

Repasé The Morning Telegraph, igual que había hecho de jovencita para imitar a mi padre, un meditativo calculador de probabilidades en las carreras de caballos. Quizá lo llevara en la sangre, pues en realidad se me daba bastante bien elegir a los caballos, sobre todo para apostar. Aun así, no tuve ninguna intuición al leer cuáles participaban, pero al final me decidí por Gun Runner. Dos días más tarde compré un billete a Cincinnati, pagué a un chófer para que me llevara hasta la frontera del estado, a una gasolinera cerca de Midland, donde me recogerían. Atisbé la camioneta blanca, cada vez más cerca. Sam y su hermana Roxanne. Con una punzada de dolor, advertí que no conducía Sam.

El último día de Acción de Gracias, Sam me había recogido en el aeropuerto en su camioneta, aunque con esfuerzo, conduciendo con ayuda de los codos. Hacía las cosas que podía y, cuando ya no podía, se adaptaba. En aquella época, él estaba corrigiendo las pruebas de Yo por dentro. Nos despertábamos temprano, trabajábamos varias horas, luego nos sentábamos a descansar fuera en sus sillas de madera Adirondack y nos dedicábamos sobre todo a hablar de literatura. Nabokov y Tabucchi y Bruno Schulz. Yo dormía en el sofá de cuero. El sonido de su máquina de oxígeno era un murmullo suave y envolvente. En cuanto se preparaba para irse a la cama, se subía la colcha hasta la barbilla y cruzaba las manos, yo sabía que era el momento de dormir y algo dentro de mí lo aceptaba.

“Todo el mundo muere”, me había dicho aquella vez, bajando la mirada hacia las manos que, poco a poco, iban perdiendo fuerza, “aunque nunca lo vi venir. De todos modos, lo llevo bien. He vivido mi vida como he querido”.

Ahora, como siempre, entramos de inmediato en el modo trabajo. Sam estaba en la recta final de la revisión de Yo por dentro. Físicamente, la tarea de escribir se le hacía cada vez más fatigosa, así que le leía el manuscrito y él valoraba si hacía falta cambiar algo. Sus últimas correcciones requerían más pensamiento que escritura, ya que debía buscar la combinación de palabras deseada. Conforme avanzaba el libro, me vi deslumbrada por el atrevimiento de su lenguaje, una mezcla narrativa de poesía cinemática, imágenes del suroeste, sueños surrealistas y su singular humor negro. Indicios de sus retos actuales emergían aquí y allá, difusos pero innegables. El título procedía de una cita de Bruno Schulz, y cuando surgió el tema de la cubierta, lo solucionó de inmediato: una imagen de la fotógrafa mexicana Graciela Iturbide que Sam y yo habíamos encajado en la esquina de la ventana de la cocina. Una mujer indígena seri de melena morena y con la falda ondeando al viento en el desierto de Sonoma, que lleva un radiocasete en la mano. La contemplamos mientras tomábamos el café y asentimos con complicidad. Desde la ventana, veíamos los caballos de Sam, que se acercaban a la valla. Caballos que él ya no podría volver a montar. Nunca decía ni una palabra al respecto.

La mañana del Derby hicimos nuestras apuestas. Iba a ser una carrera rápida y ninguno de los dos tenía la corazonada de cuál iba a ganar. Sam me dijo que marcara Gun Runner, pues tendría la garantía de recuperar lo apostado si llegaba tercero, así que lo hice. La carrera estaba prevista para las 6.51 horas del horario de verano del este, la carrera número 142 en Churchill Downs. Mientras nos apiñábamos alrededor del televisor, se me ocurrió que era el cumpleaños de mi difunto suegro, Dewey Smith. Cuando aún vivía mi marido, solíamos reunirnos alrededor del televisor en casa de sus padres para ver el Derby; me pregunté qué caballo habría preferido Dewey. Había nacido en la parte este de Kentucky y su padre era un sheriff que patrullaba el condado a lomos de un caballo, con un rifle con muescas en el costado. Para asombro de Dewey, durante tres años seguidos yo había escogido el caballo que había llegado segundo, pero en esta ocasión mi caballo Gun Runner llegó el tercero.

Después de cenar, salí a sentarme en los escalones delanteros a contemplar el cielo. La luna estaba en cuarto menguante, igual que el tatuaje que Sam llevaba entre el pulgar y el índice. Una especie de magia, susurré, era una súplica más que cualquier otra cosa.

UN REGALO SOÑADO

Unos cuantos días después de volver a casa, recibí un paquetito junto con una nota de parte de la hermana de Sam. Él había querido mandarme su navaja de bolsillo a la vez que mis ganancias, todo envuelto en papel de periódico. Coloqué la navaja en una vitrina de cristal, cerca de la taza de café de mi padre. Los días que siguieron me sentí cansada e insegura, con un ánimo muy distinto del habitual. Supuse que era simplemente un bajón, o quizá estaba incubando un resfriado, así que decidí no hacer nada.

El día 13 de mayo era la festividad de Juana de Arco, tradicionalmente un día de forzoso optimismo. Todavía me sentía tristona y la tos iba en aumento, y sin embargo, tenía la impresión de que algo borboteaba por debajo, algo estaba a punto de ocurrir, como el nacimiento de un poema o la erupción de un volcán pequeño. Esa noche tuve el sueño, uno que parecía más un regalo que una ensoñación, medicinal y puro como un arroyo ártico inmaculado.

En el sueño, estábamos solos en la cocina y Sam me hablaba del calor en el centro de Australia y del brillo color rubí de Ayers Rock y de cómo en aquella época (en aquellos tiempos, como decía él), antes de que hubiera complejos turísticos en la zona, había ido en solitario y sin guía, en jeep, y lo había visitado por su cuenta. Un carrete de recuerdos, como una película casera granulada, fue desvelándose ante mí y observamos cómo bajaba del jeep y empezaba el ascenso prohibido. Recogió las lágrimas de los aborígenes. Eran negras, no rojas, y se las guardó en una bolsita de cuero gastada, como la bolsa del talismán que se cayó del bolsillo de Tom Horn cuando lo ahorcaron por Dios sabe qué motivo.

Miré a Sam, sentado e inmóvil en su silla de ruedas eléctrica, aparcada delante de la mesa de la cocina. Su cabeza se había convertido en un diamante inmenso que giraba despacio, cuyos ojos incrustados emitían rayos de luz. Entonces todavía quedaba esperanza, pese a que todo era muy complicado. La habitación se contraía y expandía como un pulmón o como el fuelle de una gaita. Me apresuré a cumplir sus órdenes y desenchufé el oxígeno.

–¿Estás preparada? –me preguntó en el sueño.
–Pero ¿cómo vas a respirar así?
–Ya no lo necesito –contestó.
Viajamos hasta que Sam encontró el punto exacto que buscaba, entonces nos sentamos en unas cajas de madera, a esperar sin más. Apareció una mujer, que se puso manos a la obra y colocó una mesa baja de madera ante nosotros. Otra llegó con dos cuencos sin cubiertos y una tercera transportó un caldero de sopa humeante. El feto de un pollo negro flotaba en un caldo de dieciocho hierbas medicinales, junto con nueve yemas de huevo que formaban una corona alrededor de su diminuta cabeza. Un sistema solar de yema, un arco perfecto que iba de un pequeño hombro al otro.

–Es una receta antiquísima –me explicó Sam–, este caldo procede del sol. Bébetelo todo, es un regalo.

Tras ofrecerme un cucharón, las tres mujeres se retiraron. Me angustié al ver que estaba obligada a ser la que destruyera la imagen que flotaba y que ya había adquirido el aspecto de una estampa bordada.

–Tendrás que hacerlo –dijo, mirándose las manos.

Yo estaba convencida de que me provocaría náuseas, pero él me guiñó un ojo, así que bebí y al cabo de un instante apareció un camino, un camino de polvo de estrellas. Ambos nos incorporamos, pero me di la vuelta, confundida. Entonces Sam empezó a hablar, me contó la historia de Man o’ War, el mejor caballo de carreras de la historia. Y me contó que era posible amar tanto a un caballo como a un ser humano.

–Sueño con caballos –me susurró–. Llevo toda la vida soñando con ellos.

Continuamos el viaje y al final me mareé, como me había temido. Tres días más tarde, todavía sudaba y vomitaba. Me sentía seca y deshidratada, así que tuvimos que ir parando en todos los arroyos imaginables para que pudiera beber. El cuarto día, vi que Sam recogía el agua entre sus propias manos.

–¿Cómo es posible? –pensé.

–El brebaje está funcionando –me dijo, leyéndome el pensamiento.

Y, sin embargo, él tampoco hablaba. Estaba de pie al borde de un tremendo desfiladero, más grande que el Gran Cañón, más grande que el cráter de diamantes de Siberia, masticando el extremo muerto de una brizna de paja. Me senté sin mover ni un músculo. Sam escuchaba una solitaria estampida, como si saliera de la respiración de un sueño letal. Y entonces, a través de su ojo de la mente, vi el mejor caballo de carreras de la historia, con una estrella blanca en la frente y el lomo rojizo y reluciente igual que las ascuas en la oscuridad. 

©Patti Smith

El año del mono

Fuente: Página 12

Dónde comprarlo: Lumen

Patti Smith: web oficial


Teresa Selma: artículo de Carlos Giménez, El periódico del Teatro, Caracas, 23 de febrero de 1991


 Fuente: Teresa Selma






“Joan Baez foi ameaçada de morte, proibida, perseguida...”: Julio Emilio Moline, co-diretor "Joan Baez na América Latina: There But For Fortune (documentário 1981) " / entrevista de Viviana Marcela Iriart, Los Angeles, 3 de março de 2014 / fotos Joan Báez 1981: Julio Emilio Moliné







“O Brasil estava sofrendo uma epidemia de "carros-bomba" naqueles dias, (...)  e a ditadura utilizou esse fato para evitar os concertos de Joan para "proteger o público"


Joan Baez, LulaEduardo Suplicy (em pé) e  Julio Emilio Moliné (bigode),
São Paulo, Brasil, maio 1981. Foto cortesía J.E.Moliné


Depois daquela turnê histórica na que Joan Báez aterrorizou tanto assim aos ditadores da Argentina, o Chile e o Brasil, que eles  ameaçaram de morte a ela e foi proibida de cantar, entre outras coisas, a lendária cantora, compositora e pacifista dará shows este mês de março nos mesmos países onde seu canto fez tremer  aos genocidas em 1981.


Eduardo Suplecy e Joan Báez, Teatro Tuca, São Paulo, Brasil, maio 1981.

“A bela  Laura Bonaparte era uma psicanalista argentina. Em 11 de Junho de 1976, seu marido, bioquímico, foi levado de sua casa, na frente dela e nunca mais viu  a ele. Quando ela foi à procura de sua filha, que também tinha “desaparecido”, eles deram-lhe uma mão num frasco de vidro para que ela fizesse a identificação”. Joan Báez  And a Voice to Sing With  (autobiografia

 




Joan Báez Adolfo Pérez Esquivel, Buenos Aires maio 1981 / Foto: La Nación

 



"Durante a visita de Joan (...) eles colocaram uma bomba e tivemos que  desocupar a casa (...) e levar correndo a  Joan  a um bar distante  para mantê-la segura. Liguei para os bombeiros, que apareceram com um caminhão da esquadrão anti-bombas e retiraram do  balcão uma caixa com fios que eram visíveis com a bomba,  a que fizeram explorar na casa (....) a presença de Joan  na Argentina foi um grande  apoio e fortaleza para a causa em  defesa dos direitos humanos, ela nos fortaleceu em nossa luta. "  

 Adolfo Perez Esquivel ,   La Nación , Buenos Aires, 1 de março de 2014






Lula e Joan Baez, maio 1981


Graças a   Joan Báez por sua valente e amorosa turnê de 1981 para trazer consolo, alegria e esperança às vitimas das ditaduras de Pinochet, Videla e João Baptista de Oliveira Figueiredo.

Graças a   Joan Baez porque apesar de ser ameaçada de morte, perseguida, proibida, ficou ao lado de nós, nos cantou e mostrou ao mundo o horror das ditaduras no maravilhoso documentário: Joan Baez in Latin America: There but for Fortune”.

Graças a  Joan Baez porque ela deu voz, rosto e humanidade ás vítimas.

Graças a   Joan Baez por denunciar da  mesma maneira  os crimes cometidos pelas ditaduras de direita, de esquerda e as democracias.

Graças a Joan Baez por sua luta pelos direitos humanos, sua oposição às guerras, a carreira armamentista, as discriminações, os regimes totalitários.

Graças a   Joan Baez por fazer-me conhecer aos 16 anos a não-violência e a sua diferença com a passividade.

Graças a   Joan Baez porque sua luta não se limita a cantar e dar declarações à imprensa, como esse documentário e esta reportagem (entre muitos outros fatos)  provam.

Graças a  Joan Baez por sua voz, que acalma todas as dores.

Graças a  Joan Baez por ser faro e bandeira, mas também dúvida.



E graças Julio Emiio Moliné   por compartilhar parte de suas lembranças e fotos daquela corajosa turnê de Joan Baez na América Latina... cá, por fortuna.



Joan Baez Madres,  Buenos Aires, maio 1981  ©Julio Emilio Moliné

"Na Argentina, foi onde mais ameaçaram a  Joan, nos expulsaram de um hotel, jogaram bombas de gás lacrimogêneo (...) havia sempre um Ford Falcon sem placas nos seguindo por toda parte. Dentro dele estavam quatro rapazes misteriosos."






Julio, como é que você se integrou à turnê humanitária e shows que Joan Baez realizou em 1981 pela Argentina, o Brasil e o Chile para mostrar sua solidariedade com as vítimas dessas ditaduras?
 Uma manhã de segunda no final de abril de 1981 recebeu um telefonema no trabalho (eu trabalhava numa emissora de TV) do meu amigo John Chapman, um cineasta independente de São Francisco. Ele me disse: Você gostaria sair de turnê por América Latina com Joan Báez por um mês? O que você acha? Filmamos a ela e fazemos um documentário.”

Eu falo espanhol, tinha vivido muitos anos no Chile e  viajado pela Argentina, então John pensou que eu era um bom parceiro para esta aventura.  John era um cara muito interessante. Um pouco mais velho do que eu, ele tinha trabalhado em  Apocalypse Now  com Francis Coppola. Até está como figurante numa das últimas cenas do filme. Em 1978 ele foi para a Nicarágua durante a Revolução Sandinista e filmou um documentário muito bom,  Scenes of a Revolution.   Como eu também tinha filmado em Nicarágua, em seguida nos tornamos amigos.

Eu disse que sim, embora não tinha férias e teria que obter  permissão sem salário. O outro problema era  que minha esposa ficava grávida e nossa filha nasceria durante a turnê, então precisava falar com ela primeiro. Generosamente ela disse que sim. E nossa filha nasceu quando eu ficava em Buenos Aires.

Essa segunda à noite quando recebi o telefonema de John, nós nos encontramos  com Joan em um restaurante chinês em Palo Alto. Joan me deu o aval e começou os procedimentos de preparação.


Qual foi sua impressão de Joan?

Eu me lembro de estar um pouco chocado por estar comendo arroz chinês com uma pessoa tão famosa. Além de ser uma mulher muito bela, ela foi muito amigável e cálida. Ela fez muitas perguntas sobre a América Latina, algumas com boa informação e outras  não tanto e pagou pela comida.

 Ela me deixou uma impressão muito boa por sua cortesia e seu bom humor.



Que dia começou a turnê?

John e eu nos reunimos com  Joan e Jeannie em 3 de maio de 1981 na Cidade do México, onde fizemos uma entrevista à doutora argentina Laura Bonaparte (sua família sofreu muito nas mãos da ditadura), e naquela noite Joan deu um concerto e aproveitamos para testar os  equipamentos.

No dia seguinte, fomos para a Argentina, onde ficamos até o dia 15 de maio, o dia em que cruzamos a Cordilheira dos Andes para o Chile. Ficamos em Santiago até o dia 19 de maio, quando saímos para o Brasil. Ficamos em São Paulo e Rio por alguns dias e depois fomos para a Nicarágua. Daí John e eu voltamos  para os EUA e Joan e Jeannie foram-se para a Venezuela.


Essa turnê foi gravada, com exceção da Venezuela e a Nicarágua, no maravilhoso documentário "Joan Baez  in Latin America: There But for Fortune”. De quem foi a idéia de fazer o documentário? Qual era o objetivo? Como foi financiado?

O motor principal do documentário foi John Chapman, que convenceu a Joan que seria muito bom gravar sua turnê para a história. Grande parte do financiamento para a turnê veio de Diamonds & Rust, a empresa de Joan na Califórnia. Meu salário o pagou a KTEH TV, a estação de televisão onde eu trabalhava. A KTEH também emprestou os equipes de filmagem,  financiou a pós-produção e os custos editoriais. Para o coitado de John foi bastante difícil durante a pós-produção, porque ele era independente e não tinha salário.

Tragicamente, John Chapman morreu num acidente em 1983, menos de um ano depois de terminar o documentário. 


Você acha que Joan Báez imaginava que ela iria receber ameaças de morte, bombas, gás lacrimogêneo e censura de seus shows nos três países?

Não. Ela acreditava que seria difícil, mas nunca na medida em que aconteceu. Quem plantou a semente da turnê na mente de Joan foi o escritor chileno Fernando Alegria, que na época era professor de literatura na Universidade de Stanford. Ele acreditava que as coisas se estavam suavizando um pouco no Cone Sul e que a visita de Joan daria muita energia aos povos da América Latina e, especialmente, aqueles que estavam protestando contra as ditaduras.


Como fizeram para filmar o documentário quando vocês eram vigiados pelas ditaduras o tempo todo?

Foi muito difícil, porque o medo era mais comum do que o sol, e por boas razões. Muito poucos nos EUA sabiam da guerra suja na Argentina, dos esquadrões da morte no Brasil  e da  DINA / CNI no Chile, mas nós sabíamos disso.  Nos EUA isso foi totalmente ignorado pela maioria. Lembre-se que, em 1980, Reagan foi eleito presidente nos EUA com a missão de reverter muitos dos avanços liberais dos anos 70. Mas eu tinha vivido a ditadura de Pinochet e sabia que seriamos sendo observados. O mais provável era que confiscaram  nossos equipamentos no aeroporto e  seria o fim do documentário. Por esta razão, decidimos ir super leves com um par de câmeras  Elmo Super 8, gravadores de cassetes  Sony TCD 5 e uma grande mala  de filme  Kodachrome e  Ektachrome.  Tínhamos um par de luzes e um tripé e isso era tudo todo.

Muitas das cenas do documentário são interiores: concertos, apartamentos, casas de amigos, etc. Dessa maneira nós podíamos deixar fora a vigilância e filmar o que podíamos com as poucas luzes que tínhamos.  Para as cenas externas geralmente nós íamos sem Joan porque ela atraia muita atenção. 



Quem fez a equipe de Joan Báez, além de você?

Quatro: Joan, Jeannie Murphy, que era como a produtora / gerente de Joan, John e eu. Em cada país, havia muitas pessoas que nos ajudaram e tornaram possível que só quatro pessoas pudéramos fazer a turnê e o documental. Curiosamente, no Chile os tablóides deram a entender que o John e eu éramos "amigos" (namorados) de Joan e Jeannie, mas isso foi uma invenção de pessoas ao serviço da ditadura. No entanto, aos meus amigos no Chile isso lhes causou muita graça. 


Houve um país mais perigoso do que os outros ou em todos Joan Baez foi perseguido da mesma forma?

O mais perigoso foi Argentina, mas acho que os militares estavam mais interessados em que nada  acontecera  com Joan mais que  eles fazer dano a ela. É minha especulação, mas eu acho que no Chile, Pinochet ficava muito mais seguro de seu poder em comparação com os militares argentinos ou brasileiros. O Brasil então era uma casa de loucos, ou pelo menos essa foi minha impressão.

Na Argentina, foi onde mais ameaçaram a  Joan, nos expulsaram de um hotel, jogaram bombas de gás lacrimogêneo em uma reunião, etc. Além disso,  havia sempre um Ford Falcon sem placas nos seguindo por todos os lugares. Dentro dele estavam quatro rapazes misteriosos.  Em Buenos Aires foi o único lugar onde eu estava realmente com medo, uma noite cheguei a duvidar de ligar o carro, porque poderia ter uma bomba. Essa noite foi a noite em que minha filha nasceu.

No Chile, a questão foi mais sutil.  Embora Joan tampouco pôde cantar em concertos com ingressos , mas pelo menos ela pôde  cantar em público de maneira grátis. Se fomos seguidos pela ditadura, eu não o percebi, mas com certeza que eles o fizeram.

O Brasil estava sofrendo uma epidemia de "carros-bomba" naqueles dias, muitos dos quais foram atribuídos à ditadura, quando a verdade veio à tona após. Mas naquela época nós não sabíamos isso e a ditadura utilizou esse fato para evitar os concertos de Joan para "proteger o público".




Joan Baez e Zé RamalhoSão Paulo maio 1981. Foto: ZR

"A platéia lotava inteiramente as 1.200 cadeiras e todos os espaços dos corredores internos do Tuca (..)  Essa platéia ficou de pé, e aplaudiu demoradamente, quando Joan Baez finalmente entrou no palco, pouco antes das 9 da noite – não para cantar, mas para avisar que estava proibida de exercer seu ofício (...) Na realidade, ela acabaria cantando duas músicas – sem qualquer acompanhamento, sem microfone, sem alto-falante, de uma janela – para umas 50 pessoas que conseguiram chegar perto da saleta da secretaria do Tuca. Cantou “Gracias a la Vida” e “Cálice”.  Sergio VázJornal da Tarde, São Paulo, 23 de maio de 1981.



Como recebeu o povo brasileiro a Joan?
O povo brasileiro a recebeu com amor, e mesmo que ele não podia cantar, sempre que ele apareceu em público as pessoas aplaudiram a ela.

Joan se encontrou com muitos representantes do Partido dos Trabalhadores (PT).   Eduardo Suplicy,  eu acho que ele foi um deputado na época, levou-nos para muitos lugares, incluindo uma reunião com  Lula  na periferia de São Paulo na união de trabalhadores da indústria automobilística. 

Suplicy tentou obter a permissão para que Joan pudesse dar um concerto, até que eu me lembro que fomos a uma delegacia de polícia  para que Spulicy fizera os trâmites, mas sem sucesso.

Fomos a um concerto de Zé Ramalho e ele a recebeu muito gentilmente no camarim (nuvens de fumaça), mas pediram a ela de  não cantar, porque tinham medo do que poderia acontecer com as autoridades. Acho que foi a auto-censura, mas pode ter havido ameaças, isso eu não tenho certeza. Então Joan subiu ao palco e dançou entanto o  Zé cantava . O público a ovacionou.
A gravadora de Joan no Brasil Joan nos trataram muito bem, mas eles também foram muito frustrados porque  que eles perderam uma grande oportunidade para fazer propaganda de os discos do Joan no Brasil.

Joan também foi entrevistada pela  TV Globo, onde o canal não nos deixou  filmar.  Lembro-me até que o canal nem sequer queria que John e eu entráramos no  edifício. Nunca vimos essa entrevista porque eles não a enviaram como tinham prometido.


Joan  se lamentava pelas coisas que as ditaduras faziam a ela?

Nunca ouvi a ela se lamentar. Isso não é seu estilo.


Qual é o seu estilo? 

Estóico.  Sem queixar-se de suas penas  pessoais,  pois reconhece que há outros que têm penas muito maiores.



Primeira Parte da entrevista.
Entrevista completa (espanhol): vmi



Los Angeles, 3 de  março  de 2014

Fotos de Joan Báez:  Julio  Emilio Moline

Mais fotos de Joan Baez na turnê 1981: www.oilsmudge.com/recollections_3.html





Cineasta independente com sede em Los Angeles, Califórnia.   É especializado na produção, direção e edição de material de televisão nos Estados Unidos e distribuição internacional.   Moliné viveu em Santiago, Chile, desde sua infância até os seus estudos na Universidade do Chile.  Após o golpe de Estado de Augusto Pinochet, deixou o país e continuo os seus estudos na Universidade de Iowa.

O documentário “Joan Baez in Latin American: There But For Fortune” (1981) ganhou vários prêmios.

Como cineasta filmou a Revolução Sandinista na Nicarágua, o assassinato do prefeito Moscone e Harvey Milk, ea tragédia do Templo do Povo. Seu documentário de três partes  do Vale do Silício  (1986)  e é considerado como um dos mais importantes sobre a indústria de alta tecnologia da região. Inclui entrevistas com Steve Jobs e Steve Wozniak (Apple), Bob Noyce e Gordon Moore (Intel), Jerry Sanders (AMD) e outros.

Website:  Julio Emilio  Moliné  




 Joan Baez   oficial)           
Joan Baez América Latina Tour 2014 (videos): You Tube





Nota:  Os tempos mudaram. Joan Baez foi recebida em 13 de março de 2014 pela presidente do Chile, Michelle Bachelet, no Palácio de la Moneda.


Michelle Bachelet e Joan Baez, Palacio de La Moneda, 
Santiago de Chile, 13-03-  2014




Michelle Bachelet, Joan Baez e seu filho Gabriel Harris no Palacio de La Moneda,
Santiago de Chile, 13-03- 2014. Fonte: Gobierno de Chile




Joan Baez e Michelle Bachelet. Fonte: Univisión



 Joan Baez & Michelle Bachelet & Gabriel Harris, 13-03- 2014
Fonte: BioBio