Reverón en el mar Caribe, foto del documental de Margot Benacerraf "Reveron". Somos una hemeroteca de textos y otras cosas hermosas, de ayer y de hoy y de mañana también.

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CORTÀZAR Y PARÍS, por Enrique Viloria Vera



Julio Cortázar junto al Sena en una mítica fotografía de Antonio Gálvez de
 la serie 'Retratos de Julio Cortázar 1967-1972'. Fuente: 
El Pa
ís



Cuántas palabras, cuantas nomenclaturas

para un mismo desconcierto.





Cada quien puede construir su propia vivencia, su personal metáfora de esta ciudad plural, siempre inédita, que a nadie deja indiferente. Para uno es el fasto de los grandes bulevares, la trepidación del colectivo, la majestad de unas avenidas triunfales que raudas desembocan en monumentos llenos de historia y tradición para crear carrefours que propician el cruce de gente, culturas y gentilicios. Para otros, es el espectáculo nocturno, luces, plumas, candilejas, música y champán, alimentando un inmanente trasfondo voyeurista que estimulan bellas y bien formadas marjorettes que cubren precariamente sus depilados Montes de Venus con una prenda mínima e innecesaria.

Para algunos, París puede ser también estrellas que se ponderan, golosamente, en unas guías gastronómicas que generan salivaciones inmediatas, dudas acerca de cuál sabor, cuál gusto, sustentará una comida que deja de ser simple acto de supervivencia para transformarse en comentario obligado, en consejo o advertencia para aquellos amigos gurmandos que también perciben el mundo a través de las papilas gustativas.

Sin embargo, para Cortázar y sus personajes, para esos que no están esperando “otra cosa que salvarse del recorrido ordinario de los autobuses y de la historia”, París es una afrenta, la posibilidad última de ser lo que se anhela ser, de concretar una ilusión, una esperanza, que no conoce las medias tintas porque la ciudad sólo sabe de éxitos o fracasos.

Para esa compleja fauna de artistas de segunda en busca del protagonismo, de
exiliados políticos, falsos estudiantes, mitómanos y expatriados a voluntad, París es una manera de vivir, de entender la vida, lejos de recorridos turísticos, de confirmaciones del vuelo de regreso, de preocupaciones por el número de maletines de mano o por el exceso de peso del equipaje. Para esos tantos Oliveiras y Magas, la ciudad es un vagabundo circunscrito, sin nuevos o trascendentes destinos, cuya ruta la aconseja la circunstancia, una frase escuchada al azar, un súbito deseo de besarse en una plaza anónima donde aún reposan las rayuelas, “los ritos infantiles del guijarro y el salto sobre un pie para entrar en el Cielo”.


París oculto, construido de falencias y precariedades, erigido sobre la escasez de dinero y la falta de espacio, donde se tropieza con las paredes, un bidé sirve de biblioteca, y las medias sucias acompañan en la repisa de la chimenea a unas botellas vacías que atestiguan una noche de tristeza y de nostalgia por la novia o la patria lejana, por los familiares que no se felicitarán esta Navidad y, sobre todo, por la constatación de que no se es lo que se quiere ser en esta ciudad donde, en palabras de la Maga: “somos como hongos, crecemos en los pasamanos de las escaleras, en piezas oscuras donde huele a sebo”.


Ciudad limitada a las andanzas por los sitios de siempre, el Barrio Latino, el Boul Mich, Saint-Germain-des-Prés, con su miríada de callejuelas: la Rue Bonaparte, la Dauphine, la Buci con sus puestos de venta de alimentos en plena calle, en los que una pierna de ganso, unas clementinas, un filete de salmón, una porción de terrine o una secuencia de entrecôtes rojas y frescas se convierten en verdadera obra de arte, en decoración disruptiva que altera procesos fisiológicos, porque los alimentos se digieren primero con los ojos antes que con la boca. Callejuelas generosas, conectoras, como la Rue de Seine que comunica el boulevard de cemento y el bullicio de los cafés al aire libre con el de agua, el Quai de Conti, ese borde plácido, donde el Sena aporta su contribución para que París asuma ahora la forma de luz “ceniza y oliva”, reflejada en el río, de lento serpenteo de péniche, de besos apasionados y manos agarradas confirmando una promesa de amor adolescente que, por su frescura, se torna en sombra descifrable.

Imposiciones culturales transforman también la vida de los personajes de Cortázar en un conjunto de eventos que se deben presenciar por vez primera o volver a ver, simplemente porque “il le faut” : Potemkim, Mercedes Sosa, el Ciudadano Kane, Jacques Prévert leído por no se sabe quién, Moustaki, el Teatro Negro de Praga o el Quilapayún, asumen la forma de mandatos ineludibles a los que se debe asistir sin importar la lluvia, la nieve, el calor, la huelga de trenes y metro, la ausencia de acompañante, porque se trata simplemente de algo verdadero, auténtico, desinteresado.

Ciudad adulta y para adultos, en la que los niños se acarician con guantes de goma, asépticos, se encuentran prescritos y proscritos debido a que su llanto molesta a los vecinos y, en especial, a la conserje, a esa Torquemada cotidiana que juzga lo bueno y lo malo, lo oportuno y conveniente, lo socialmente aceptable que excluye, por supuesto, al bebé Rocamadour, “dientecito de ajo, nariz de azúcar, arbolito, caballito de juguete”, y, en consecuencia, a las nociones, a las realidades de padre y madre. Adultos que sólo saben hacer el amor en cuartos marchitos, en camas de jergones pretéritos, adornadas con coberturas rancias y deshilachadas, compartida por dos soledades que confunden el acto sexual, el jadeo de pie, arrodillado, parado, en cuclillas, con el verdadero amor, porque la felicidad para el escritor tiene que “ser otra cosa, algo quizás más triste que esta paz y este placer... una caída interminable en la inmortalidad”.

Urbe protagonizada por las contradicciones, hecha indistintamente de proezas y frustraciones, de éxitos rotundos y fracasos contundentes en la que los diversos personajes de Cortázar deambulan de un lado a otro, sin cumplir metas y objetivos personales, contándose sus penas, porque “es mucho más fácil hablar de las cosas tristes que de las alegres”. Ciudad incoherente, habitada por ciudadanos corrientes, en donde “sólo viviendo absurdamente se podría romper alguna vez este absurdo infinito”, razón por la cual Oliveira percibe que “yo en realidad no tengo nada que ver conmigo mismo”, porque los expatriados terminan por sentir “como una última luz que se va apagando en una enorme casa donde todas las luces se extinguen una por una”.

París desconocido por turistas efímeros, cotidiano, profundo, hecho tanto de gauloises, pastís, panaches de cerveza y limonada, cafés de quartier, hediondeces perfumadas, supositorios para cualquier enfermedad, como de suciedades permitidas, loterías de miércoles y viernes, besos franceses plenos de lengua, copas de blanco y rojo, mascotas consentidas, y de clochards que prefieren la policía al frío; habitado, en fin por una pléyade de tránsfugas, quienes, imposibilitados de regresar a sus lugares de origen, resignados, descreídos, confirman con Cortázar que “es mejor pactar como los gatos y musgos, trabar amistad inmediata con las porteras de roncas voces ... Así es como París nos destruye despacio, silenciosamente, triturándonos entre flores viejas y manteles de papel con manchas de vino...”


Poeta, crítico de arte, jurista, experto en gerencia, editor, ensayista político y director de revistas literarias. Venezolano










CORTÁZAR, Documental sobre la vida del escritor argentino Julio Cortázar, dirigido por Tristán Bauer, 1994.




CINE.AR - Cortázar




Julio Cortázar habla de su amor por París








Fragmento de la película CORTAZAR (1994) del director argentino Tristan Bauer

JOSÉ PULIDO ENTREVISTA A TADEUSZ KANTOR: "MI LIBERTAD NO ESTÁ LIMITADA AUNQUE ESO NO ES UN MÉRITO DEL ESTADO"/ El Nacional, Caracas, 28 de julio de 1981












Laura Yusem, la directora de teatro de Argentina, tembló unos segundos cuando de percató de que estaba realizando uno de sus más caros deseos: servir  de instrumento expresivo a Tadeusz Kantor, cambiar impresiones con el genio creativo del Cricot 2. Ella era la traductora de las partes en francés, que Kantor lanzaba al auditorio, mientras que una sensible muchacha polaca era la encargada, junto con otro joven, de pasar al castellano, lo que el artista dijera en su idioma natal.

Era una rueda de prensa de Babel, desarrollada en un ambiente de escenografía. Kantor parece un busto romano, pero con la nariz como una culata de revólver y dispara palabras en francés y polaco, con la sensación personal de que le están entendiendo. Puso su pequeño sombrero de pajilla en el piso, sobre una alfombra gastada. Y estaba sentado en silla de utilería, cerca de una mesa de utilería y frente a un vaso de agua verdadero. Le acompañan María Teresa Castillo, Carlos Giménez y Andrés Martínez.

Kantor hablaba, gesticulaba con las manos como un italiano, sonreía, explicaba, se ponía de pie y sacaba de su bolsillo de su pantalón un pañuelo blanco y rojo, arrugado, para secarse el sudor. A los cinco minutos no necesitaba demasiado a los tres traductores, porque sin duda alguna él es un ente comunicador que se hace entender.

Explicó que Wielopole Wielopole es un texto no acabado. “¿Qué es? No es una pieza, ni un espectáculo”, dice. “Es una prueba donde se llama a los hombres que están muertos y han vivido ese tiempo”.

“Es una especie de rito, un coloquio especial”, indica y luego comenta que la palabra rito es mal utilizada. Explica que ponerse la ropa, quitársela de nuevo, afeitarse todos los días, es algo ritual.

Manifestó que su obra es la historia de familia, pero no son acontecimientos registrados en el álbum familiar ni en el de la historia.
Kantor se desespera un poco para explicarlo y dice que algunos de sus familiares, cuando conocieron la obra, se enojaron y casi lo echan de la casa.

“Uno no puede tener éxito frente a la realidad”, expresa. “No pude explicar a mis familiares que no son exactamente ellos”.

Las lámparas que enfocan la rueda de prensa parecen arder más; recortan en el espacio la figura de Kantor, quien de pronto vuelve a hablar con apasionamiento, señalando que es feliz, porque esta noción de la realidad que tiene su obra, es la noción de la novelística latinoamericana, la noción del realismo mágico más realismo que magia “porque la realidad es más mágica que la fantasía”.

No parece vencido por el problema que se le presenta, con el indudable muro dilatador, de tres traductores que se empeñan en explicar lo que él desea expresar. Es muy difícil traducir lo que Kantor quiere comunicar.

Por eso Kantor se pones una vez más de pie y se transforma en una pantalla, en una imagen, cuyas palabras y movimientos van dando la idea, siempre remarcada por la ayuda de los intérpretes.

-¿Qué sucede en Polonia?- Cruza el espacio la pregunta como una pelota de béisbol y Kantor la atrapa:

“Hay muchas contradicciones en mi país. Antes la iglesia era algo regresivo para los intelectuales y hoy es la síntesis del progreso en el sentido político y social: es de avanzada...”, responde.

No conocerá de béisbol, pero está atento como un shorstop. A ver quién lanza la otra bola.

-¿En qué sentido nota que se coarta la libertad en Polonia? –atrapa también la interrogante en medio del suspenso:

“No lo sé, pero no estoy limitado, aunque eso no es mérito del Estado, es mi mérito... siempre digo que el Estado no tiene ningún poder para dar la libertad: soy un poco existencialista... uno puede ser libre en prisión, la libertad es un don que no se puede recibir, hay que batirse, hay que conseguirlo luchando... siempre el artista está en un infinito combate, pero no hay un país donde exista la libertad total”.

Período de Oro

Dice luego que la situación de Polonia es muy significativa “si termina bien, puede ser el período de oro para la cultura, pero depende de cosas exteriores”.

-¿Qué cosas? –silba la breve interrogante, como si fuera un roletazo de hit y Kantor repite en español “¿qué cosas?”, lo que le hace reír y contagiar su risa al auditorio.

Kantor explica: “la cosa es si va a recibir Polonia su independencia. Sólo en Polonia existe ahora noción de la verdad política, no creo que eso triunfe, pero es una revolución que los campesinos verdaderos salgan por televisión y no los robustos y optimistas... el movimiento cultural polaco es muy importante y puede ir a cualquier lado. La situación polaca es, para el artista, lo que fue Marcel Duchamp”.

Después de un paréntesis agrega: “el Estado siempre está retardado en relación con el arte. Yo estoy contra la obra de arte única, contra los valores puramente estéticos y contra el Estado Artístico”.

-¿Por qué no terminamos con la política? –pregunta ahora Kantor.

Hablando de teatro expresa que está contra la representación. “Pido perdón a la gente de teatro, porque la gente de teatro representa. El actor enfrenta la disciplina artística más grande que existe, se priva siempre de la dignidad humana, no es posible su falsificación, porque reemplaza generalmente a criaturas muertas... Hamlet ha muerto y lo representan como si estuviera vivo... no estoy contra el siglo de las luces, estamos educados en cada tradición regionalista francesa, pero es algo que en mi opinión no cuadra, no sirve... cuando uno representa una pieza uno evita ese momento, evita enfrentarse con la realidad de que el héroe o la heroína están muertos y los actores actúan como si estuvieran vivos... la escena es como un cementerio, y los actores tendrían que actuar como muertos...”.

Su obra, Wielopole Wielopole, ha llenado las salas de Polonia, porque a juicio de Kantor es la manifestación del espíritu nacional. “Es una concepción del teatro, que utiliza el rito como elementos religiosos, pero desde el punto de vista de un laico: porque yo a pesar de todo soy un racionalista”, explica.

Saca su pañuelo de nuevo y recorre la cara filosa secándose el sudor.

¿Sigue pintando? –le pregunta María Teresa Castillo y él responde que primero es pintor y luego hombre de teatro.

Recoge el sombrero de pajilla y lo coloca sobre la mesa de utilería. Toca el vaso de agua y se decide a beber un poco. Le traen café y unos pastelitos y no los desprecia, pero insiste en que hay un rito en todo esto, en lo cotidiano, en afeitarse, en hablar. Finalmente el auditorio se dispersa y todo el mundo se aleja pensando en polaco y francés, recordando al hombre dinámico y sudoroso, que con el cabello hacia delante se movía y gesticulaba buscando un idioma común.

Cuando queda acosado por unas pocas gentes de teatro, que también tiene la cabeza revuelta de polaco y francés, Kantor, de pie, con un trocito de pastel en una mano y un vaso de café en la otra, comenta en perfecto español, aprendido allí mismo, minutos antes:

-Me gusta mucho este café...

Afuera los saludos en castellano se recuperan de la maravillosa experiencia, como en un retorno a la rutina:

-Entonces mano ¿cómo está la vaina?.


©José Pulido
El Nacional
28 de julio de 1981




Foto de Gabriela Pulido

Nació en Venezuela, el 1° de noviembre de 1945.Vive en Génova, Italia.

En 1989 obtuvo el Segundo Premio Miguel Otero Silva de novela, Editorial Planeta. En el 2000 recibió el Premio Municipal de Literatura, Mención Poesía, por su poemario Los Poseídos. Ha publicado cinco poemarios y nueve novelas. Desde el 2018 el Papel Literario de El Nacional creó la Serie José Pulido pregunta y publica las entrevistas que ha realizado a creadores y artistas.
Ha fundado y dirigido varios suplementos y revistas de literatura. Si se requiere información detallada sobre estas publicaciones, favor solicitarla a este correo: jipulido777@gmail.com
Forma parte de la Antología Por ocho centurias, XXI Encuentro de Poetas Iberoamericanos, Salamanca, España, entre otras. 
Ha sido invitado a festivales en Irak, Colombia, Brasil, Chile, España y Génova. Participó, en 2012, como invitado de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos que se celebran en Salamanca. En el 2018 y en el 2019 invitado al Festival Internacional de Poesía de Génova.
Publicaciones más recientes:
El puente es la palabra. Antología de poetas venezolanos en la diáspora.
Compilación: Kira Kariakin y Eleonora Requena, para Caritas.
Poeti Uniti per il Venezuela, Parole di Libertà (Poetas Unidos por Venezuela, Palabras de Libertad) publicado por Borella Edizioni, evento respaldado por la Associazione culturale Orquidea de Venezuela, con sede en Milán.
Poemario Heridas espaciales y mermelada casera editado por Barralibro Editores












JOSÉ PULIDO ENTREVISTA A MANUEL PUIG: ”QUISIERA ESCRIBIR UNA TELENOVELA”, El Nacional, 21 de octubre de 1981.













—No tengo ropa –dice Manuel Puig con su sonriente nerviosismo habitual y muestra en ese instante una prueba fehaciente de lo que afirma: para el acto de inauguración del Congreso de Escritores se metió la guayabera por dentro y de corbata se puso un pañuelo volátil. Parece disfrutar de esa improvisación. Sonríe con la malicia de quien siempre trama algo inusitado. Sus dientes tienen roturas de anarquía infantil.

Dice que está escribiendo tranquilamente una novela en Brasil, y que pronto la terminará, pero manifiesta que no le interesa revelar el tema. Prefiere contar lo sorprendido que está con el buen recibimiento que ha tenido en España y Brasil su novela El beso de la mujer araña.

—¿Sabes que dos peruanos montaron una versión pirata sin mi permiso ni mi revisión, aquí en Caracas? —comenta Puig. “Fue un asunto muy desagradable”, dice. Luego añade que le gustaría que se conociera en Venezuela su adaptación teatral.

—El espacio narrativo es más reducido: tienes que desechar material. No es muy agradable, pero finalmente se me ocurrió una estructura narrativa para teatro, diferente a la de la novela. Es una amistad que se establece entre dos personajes con problemas de comunicación. Uno de ellos cuenta seis filmes al otro y en la adaptación al teatro dejé la narración de un solo filme... el error hubiera sido querer abarcar los seis filmes —explica como quien habla de cotidianidades: está muy compenetrado con el oficio de escribir.

Un fotógrafo se acerca casi de puntillas, como buscando sorprenderle un gesto y Puig se da cuenta, pero se limita a quedarse en silencio un instante, mientras observa una fuente moderna, donde el agua rueda infinitamente, sin belleza. Manuel Puig desborda un tic que parece originarse en la nostalgia de sus años infantiles: se ve claramente en su rostro que de buena gana se lanzaría en esa fuente a darse un baño. El fotógrafo toma la gráfica y es probable que en la foto aparezcan los ojos de Manuel Puig zambulléndose  en el agua. El escritor sonríe y sus dientes son como una hilera de piedras de dominó cayéndose.

—¿No ha pensado llevar esa obra a la televisión?

—Creo que el escritor puede acercarse al público a través de ese medio y que debe apoyar la difusión de sus novelas a través de él. Escribir para la televisión es otra historia. A mí me gustaría mucho hacerlo ¿sabes?, pero conciliar el lado comercial con lo literario no es fácil. Hacer una telenovela que no fuera de esas, interminables, sería muy interesante para mí... haría una de veinte capítulos.

Puig señala que cuando se adaptó al cine su obra Boquitas pintadas y se presentó la necesidad de resumir, "el vehículo ideal no era el cine sino una serie de televisión".

A cada rato se le acerca una mujer distinta, de cualquier edad, con maquillaje o sin maquillaje y Puig las atiende con interés. Encuentra una golosina especial en estas conversaciones.

—¿Es usted un escritor feminista?

—Sí, claro. Yo estoy convencido de que la escuela de la explotación es aquella pareja enfermiza mujer débil, hombre fuerte. Creo que el movimiento feminista es altamente positivo, sobre todo para el hombre, porque le va a permitir compartir más los problemas con su pareja y le quitará aquella máscara de macho seguro de sí mismo. Yo recuerdo que en los años 40 se llegaba a afirmar que no había placer sexual sin una sensación de dominación: la mujer sólo lograba  goce sexual si se sentía dominada por su pareja... ese era el mito, y se daba por sentado que era una ley de la naturaleza. Es un perfecto disparate.

Sobre sus inicios como novelista, respecto a la verdadera historia de esos comienzos, Puig cuenta que siempre sintió la necesidad de narrar.

—Desde niño miraba muchas películas y pensé hacer cine. Cuando pretendí expresarme, me di cuenta de que no me alcanzaba  el espacio que hay en hora y media de una película. Mis temas se adecúan más a un tratamiento novelístico que proporcione espacio para escribir con detallismo. Sin darme cuenta pasé del cine a la literatura: un guión se volvió novela.

Cuando se le toca el tema del Premio Nobel –la prensa publicó que era candidato—, Manuel Puig pasa una mano por su improvisada corbata de varios colores y dice que le incomoda eso porque “en la Academia de Estocolmo no se publican listas, son secretas y los candidatos tienen de más de 60 años y con una obra casi hecha”.

—Me sorprendió mucho eso y si hubo algo serio lo agradezco, pero no lo espero ni remotamente”, añadió. Hace el comentario de que en Latinoamérica son muchos los que se merecen ese premio, como Octavio Paz y Borges. “Supuse que este año se lo darían a Borges —apunta.

—¿Por qué no se lo habrán dado? —se le inquiere.

—Creo que por política —responde.

—¿Es cierto que tiene ocho años sin ir a Argentina?

—Tengo problemas de censura allá. Mis libros están prohibidos y hay un boicot de prensa que supongo proviene de una prohibición oficial.

—Sus libros se siguen leyendo en todo el mundo con pasión de bestsellers.

—No son bestsellers, pero vivo del oficio porque las traducciones son muchas.

Se le pregunta cuál es el secreto de su éxito, mientras mentalmente se da un baño en la fuente monótona.

—Mi caso es curioso –dice– yo trato de escribir para el lector que tiene mis mismas limitaciones. Mi órgano de atención ha sido condicionado por el cine: nací viendo cine y tengo cierta dificultad para concentrarme en la lectura. Trato de facilitar el trabajo de leer al lector, pensando en eso, intento tomar en cuenta los límites de su poder de concentración.

Se pone de pie, lo rodean más mujeres de boquitas pintadas. Sonríe a manera de despedida, mientras en el agua de la fuente se escucha un chapoteo como si alguien  estuviese saliendo a flote.

Le piden autógrafos y Manuel Puig firma libros, papeles, cuadernos y servilletas,  bañado en sudor.


©José Pulido

Poeta, escritor y periodista
El Nacional,
El Nacional, 21 de octubre de 1981.  











Nació en Venezuela, el 1° de noviembre de 1945.Vive en Génova, Italia.

En 1989 obtuvo el Segundo Premio Miguel Otero Silva de novela, Editorial Planeta. En el 2000 recibió el Premio Municipal de Literatura, Mención Poesía, por su poemario Los Poseídos. Ha publicado cinco poemarios y nueve novelas. Desde el 2018 el Papel Literario de El Nacional creó la Serie José Pulido pregunta y publica las entrevistas que ha realizado a creadores y artistas.
Ha fundado y dirigido varios suplementos y revistas de literatura. Si se requiere información detallada sobre estas publicaciones, favor solicitarla a este correo: jipulido777@gmail.com
Forma parte de la Antología Por ocho centurias, XXI Encuentro de Poetas Iberoamericanos, Salamanca, España, entre otras. 
Ha sido invitado a festivales en Irak, Colombia, Brasil, Chile, España y Génova. Participó, en 2012, como invitado de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos que se celebran en Salamanca. En el 2018 y en el 2019 invitado al Festival Internacional de Poesía de Génova.
Publicaciones más recientes:
El puente es la palabra. Antología de poetas venezolanos en la diáspora.
Compilación: Kira Kariakin y Eleonora Requena, para Caritas.
Poeti Uniti per il Venezuela, Parole di Libertà (Poetas Unidos por Venezuela, Palabras de Libertad) publicado por Borella Edizioni, evento respaldado por la Associazione culturale Orquidea de Venezuela, con sede en Milán.
Poemario Heridas espaciales y mermelada casera editado por Barralibro Editores












EL BULULÚ DE LAS NINFAS (fragmento), José Pulido, Ed. Alfa, 2007






Un cangrejito casi transparente, de esos que asumen el color amarillento de la arena, se detiene justamente entre los muslos, en las esquinas redondas de las nalgas. Está vibrando de miedo o de quién sabe qué, en el fondo de un risco y si por casualidad su mirada es amplia y ve más allá de lo que su tamañito merece, quién sabe qué impresión le dará esa parte de arriba, donde se abren unos labios de caracola revelando una gruta. El cangrejito y otros más que orillan el cuerpo, huyen ante la presencia de los pasos que se agolpan. Esta es una mañana alteradora, de hormigas buscando mieles podridas y de moscardones humanos, zumbando por todos los ámbitos, la mala nueva de una mujer que amaneció desnuda, violada y muerta, en el ensimismamiento de la playa.


Poeta, escritor y periodista-


Nació en Venezuela, el 1° de noviembre de 1945.Vive en Génova, Italia.

En 1989 obtuvo el Segundo Premio Miguel Otero Silva de novela, Editorial Planeta. En el 2000 recibió el Premio Municipal de Literatura, Mención Poesía, por su poemario Los Poseídos. Ha publicado cinco poemarios y nueve novelas. Desde el 2018 el Papel Literario de El Nacional creó la Serie José Pulido pregunta y publica las entrevistas que ha realizado a creadores y artistas.
Ha fundado y dirigido varios suplementos y revistas de literatura. Si se requiere información detallada sobre estas publicaciones, favor solicitarla a este correojipulido777@gmail.com)
Forma parte de la Antología Por ocho centurias, XXI Encuentro de Poetas Iberoamericanos, Salamanca, España, entre otras. 
Ha sido invitado a festivales en Irak, Colombia, Brasil, Chile, España y Génova. Participó, en 2012, como invitado de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos que se celebran en Salamanca. En el 2018 y en el 2019 invitado al Festival Internacional de Poesía de Génova.
Publicaciones más recientes:
El puente es la palabra. Antología de poetas venezolanos en la diáspora.
Compilación: Kira Kariakin y Eleonora Requena, para Caritas.
Poeti Uniti per il Venezuela, Parole di Libertà (Poetas Unidos por Venezuela, Palabras de Libertad) publicado por Borella Edizioni, evento respaldado por la Associazione culturale Orquidea de Venezuela, con sede en Milán.
Poemario Heridas espaciales y mermelada casera editado por Barralibro Editores



EDITORIAL ALFA. COLECCION ORINOCO. CARACAS 2007.

El corto CRAVE de Gabriel Flores (ex Rajatabla) forma parte de la 7ma. edición del Taffny Virtual Cinema de Nueva York,y se proyecta el 25 de junio: no te lo pierdas, es gratis y bueno







The Americas Film Festival NY ofrece a la audiencia la oportunidad de disfrutar y celebrar la rica diversidad de historias, idiomas y culturas de nuestros países desde la comodidad de su hogar. 
La séptima edición de TAFFNY inaugura su cine virtual del 25 al 29 de junio de 2020 y presenta siete largometrajes y más de 25 cortometrajes en línea y de forma gratuita.
E festival se creó con el gran propósito de asegurar un espacio de apreciación cinematográfica centrado en el multiculturalismo, la diversidad y las nuevas sociedades en las Américas, así como para alentar el trabajo de los nuevos directores de cine. 
Visita https://www.taffny.com para obtener el acceso gratuito a los filmes.


CRAVE puede verse e:

Junio 25 desde las 10 am a las 10 pm.

June 25th from 10:00 am to 10:00 pm.. 






Acuerdo de San José de Costa Rica: objetivos 1990-92








Carlos Giménez participó en representación de Fundateneofestival.






Fuente: Carmen Carmona / Carlos Giménez

El Festival de Cine de las Alturas de Argentina se podrá ver gratis on-line en diferentes países de América Latina del 11 al 20 de septiembre



Debido al coronavirus, la VI edición del Festival se realizará on-line y el público de Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela  podrá ver gratis las 34 películas simplemente inscribiéndose en : www.cinedelasalturas.com.ar 


Del 11 al 20 de septiembre de este año se llevará a cabo de manera online la 6ta. edición del Festival Internacional de Cine de las Alturas, con la particularidad inédita de proyectar las competencias cinematográfias vía plataforma de streaming. Esta decisión fue tomada debido a la pandemia del coronavirus.



Esta edición contará con las 3 Competencias Oficiales habituales: Competencia Internacional de Largometrajes de Ficción, Competencia Internacional de Largometrajes Documental (integradas por films de Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela), y la Competencia de Cortometrajes de la región NOA (integrado por cortometrajes de Jujuy, Salta, Tucumán, Santiago del Estero, Catamarca y La Rioja). 

Se podrá acceder a las películas del Festival desde una computadora, tablet o teléfono móvil, de manera gratuita con la creación de un usuario en la página web del Festival (www.cinedelasalturas.com.ar), esta suscripción habilitará la visualización de las 34 películas en competencia. 


El certamen tendrá un formato online de diez días y contará con una plataforma propia que permitirá a espectadores de Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela poder disfrutar del mejor cine andino en casa, brindando a su vez, la posibilidad de alcanzar nuevas audiencias regionales. 


Al respecto, los Directores Artísticos del Festival, Daniel Desaloms y Marcelo Pont destacaron: “Por causa de la pandemia, la 6ta. Edición del Festival Internacional de Cine de las Alturas tendrá un formato distinto. Y si bien no podrá producirse ese encuentro único y mágico entre público y directores en una sala de cine, la emisión vía streaming nos permitirá llegar a las casas de miles de cinéfilos de nuestro continente”. 

Los Directores Artísticos del Festival seleccionarán 12 largometrajes de ficción, 12 largometrajes documentales y 10 cortometrajes para las distintas competencias conformando la Selección Oficial para la Edición 2020. Cabe destacar que el premio para los ganadores de cada competencia internacional se incrementó a $200.000 pesos argentinos y $90.000 pesos argentinos para el mejor cortometraje del NOA. Además, en la Competencia de Largometraje de Ficción se premiará con la Estatuilla Andes al Mejor Director, Mejor Guión, Mejor Fotografía, Mejor Actuación Protagónico Masculino, Mejor Actuación Protagónica Femenina, Mención Especial del Jurado y Premio del Público.
En tanto en la Competencia de Largometrajes Documental y Cortos NOA se otorgará la Estatuilla Andes a la Mención Especial del Jurado y el Premio del Público.

Con respecto a las proyecciones con público durante el Festival, se limitará a las funciones de Autocine cumpliendo un estricto protocolo de seguridad y distanciamiento social de todos los asistentes. 

Además de las proyecciones, se realizarán charlas, capacitaciones y entrevistas con los protagonistas y realizadores audiovisuales de manera online.

El principal objetivo  del Festival Internacional de Cine de las Alturas es configurar un festival que incluya las mejores expresiones culturales y cinematográficas de esta parte del continente y que posicione a la provincia de Jujuy como epicentro de la industria audiovisual de la región, convocando a los países hermanos que integran el bloque andino y a las provincias del Noroeste Argentino, con los que por identidad étnica y proximidad geográfica, se comparten historia, costumbres y formas de ver e interpretar el mundo.



Registro gratuito: www.cinedelasalturas.com.ar


Fuente: Festival de Cine de las Alturas