Reverón en el mar Caribe, foto del documental de Margot Benacerraf "Reveron". Somos una hemeroteca de textos y otras cosas hermosas, de ayer y de hoy y de mañana también.

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Beatriz Iriart: algunos poemas y críticas de Eliahu Toker, Sonia M.Martin y Susana D. Castillo






UN TÉ

Somos
un inofensivo
té de amapolas
para enfrentarnos
a un mundo de opio


 obra: Luisa Richter









MARBELLA, HABITACIÓN 701


 No es un buen poema
lo presiento
lo palpo                                                                      
a pesar de ello
lo fundo en la piel                                                            
en la sangre
en la juventud que ya no tengo.
Y las veo hermanitas
embelesadas con febo
y las percibo
desde las penumbra
desde mi habitat
hace milenios.
Y me digo:
fuimos tan nosotras
tan dignas
tan latientes.
Opino que no es un buen poema
lo asumo
lo declaro:
Y creo que ser feliz
de vez en cuando
no está nada mal.
Lo afirmo y lo siento.


 obra: Modigliani








 EL MIEDO

Te quiero y me espanta.
Del pasado quedan
los ecos de los lamentos
y del presente
la cautela de decir:
“Te quiero” y
que no me espante.


 
obra: Van Gogh








DECRETO



Cuando partas
los cipreses no llorarán
sobre tu tumba
porque no habrá tumba
sólo recuerdos.



obra: Van Gogh
  










BACH AL AMANECER
La muerte y su amigo son dos palomas.
Ajenas al dolor
desconocen
que los jinetes nos azotan,
que hemos regresado
al Dédalo de lobreguez
donde enfrentamos a la niebla
para no danzar con la agonía
 para no dormir con lo ilógico.

 foto: Giovanni Gilli




 


 ADOPCIÓN
Aceptaste las esculturas
hijas-monstruos de un momento.
Aceptaste
entonces
la muerte marginal del poeta.


 obra:  Camille Claudel












LA MUERTE QUIERE
 La muerte quiere
que me pinte de amarillo
para opacar al sol
y danzar en penumbras
hasta que la luna
deje blancos mis huesos.

 foto: Giovanni Gilli






ALGUNAS CRÍTICAS SOBRE SU OBRA


Poeta, Argentina













"Estimada Beatriz,

sus textos son muy conmovedores y de veras poéticos sobre un tema acerca del que no
es facil hacer poesía. 

Y no se trata de un dolor judío sino de una tragedia simplemente humana.

Gracias por compartir esos textos conmigo."

Afectuosamente
Buenos Aires, 2008

ANSIAS
A los sobrevivientes
 
Te he soñado tanto
en estos días
de potaje y pan.
Te he soñado tanto
con la escarcha y la hambruna
con las cadenas lacerando los tobillos
con el terror
instalado en la barraca.
Te he soñado tanto
LIBERTAD.


 foto: Giovanni Gilli







San Diego State University,
California, Estados Unidos












Leerte es dejarnos conducir de tu mano sensible a esos resquicios que tratamos de ignorar sabiendo a plena conciencia que están allí, inmutables, acechándonos...igual que acechan las imágenes mudas y al mismo tiempo llenas de alaridos, en el video que nos incluyes, a través de los ojos desconcertados de los niños (como esquivar esas miradas??!), el estoicismo inexplicable de algunos y el desfallecer incrédulo de l@s mayores...

Tu trabajo poetico, tu examinar estos desaciertos fantasmales de la humanidad, nos compromete a estar alert@s a los procesos personales y colectivos por los que deambulamos torpemente. No es fácil, Bea, leer este hurgar en el dolor que reside en tus poemas...en ellos reconocemos nuestras cavilaciones mas intimas, nuestro perplejo cuestionar que tratamos de colocar en un estante, hasta la próxima!, y recubrirlo con la rutina incesante cotidiana... 

He leído también con atención LA MUERTE QUIERE...de la cual ya conocía una gran parte. ...es una colección exquisita, amiga MIA, de la que siempre recordaré "Mieses" y las dos "Biografías," entre otros muchos. El Prologo de Sonia M. Martin es acertado y sagaz, como es usual en todo lo que escribe. Lo he leído por segunda vez y lo aprecio cada vez más. Gracias, amiga, por este manojo de profundos sondeos con los que nos conduces a un sótano que soslayamos. 

San Diego State University, 
California, Estados Unidos 



MIESES

Te doy
mis genuinos girasoles
me das
una canción
con tus manos de matar
y ambos componemos
la melodía cruel y devastadora
de un exilio prematuro.











La Prensa-The Press, Estados Unidos


















 LO SUBLIME Y TÁNATOS

Prólogo del libro


Las cosas no son como las vemos, 
sino como las recordamos.

Ramón María del Valle Inclán




Mientras otros hombres están inmóviles frente a su dolor,
 Dios me dio el poder de expresar mi sufrimiento.

Goethe


En los anales de la poesía argentina, el lector y amante de poesía, se puede sentir atraído por muchos de sus poetas que cantan sus versos a la muerte, a lo sublime, a los mitos y a los sueños. Olga Orozco, es una de ellas que nos dice:


 “Sólo había un jardín: en el fondo de todo hay un jardín 
donde se abre la flor del sueño de Novalis.” (Mutaciones)


De esta atracción por los poetas transandinos y su magnífica poesía que se enlaza con la muerte, con Tanatos, con lo sublime, es que me sentí arrastrada por los remolinos inmoderados del placer de leer los excelsos poemas de “La Muerte quiere…” de Beatriz Iriart y la tristeza frente a esta “muerte que quiere…” y que dice… y que dice tanto y tan profundamente.

Qué camino seguir: el placer elevado del verso o caminar con Tanatos y ese coqueteo de la poeta frente a la muerte.

Leer los poemas de Beatriz, nos hacen sentirnos inmersos de alguna manera en los versos de Alejandra Pizarnik y de Sylvia Plath. No obstante, hoy, nos encontramos en el torbellino de los versos de Beatriz… y su poemario “La Muerte quiere...”

¿Mas, quién es ésta poeta sublime, que nos remite a Novalis, a Goethe con sus versos que abrazan a la muerte con brazos seductores, que al mismo tiempo expresan sufrimiento y dolor…?

Debemos presentarla tanto con su poesía, así cómo y cuándo nació nuestra amistad. 

Hace años que conozco los versos de Beatriz y quizá fue como casualidad, porque nuestra amistad –que siempre ha sido epistolar– se inició, -como es de esperarse- con una carta y de ahí pasamos a su poesía, a sus versos. Ella me enviaba sus poemas desde la Argentina a California y yo los leía sin acertar a reunir en una sola persona, a la joven que me enviaba cartas y a la talentosa poeta a quien yo le leía con embeleso, verso tras verso.

No conozco en persona a esta poeta, nuestra comunicación siempre ha sido epistolar. Y de este modo que parece tan sencillo, nació nuestra profunda amistad, la que por mi parte se transformó rápidamente en admiración al talento que muestra en sus versos Beatriz Iriart.

De los primeros poemas que le leí, recuerdo uno en especial, que era dedicado a un amigo muerto; pero no muerto de muerte natural… era una muerte política, y así, de pronto, los versos, los poemas, se enlazaron con la muerte, la muerte política, la política, la tristeza, el recuerdo, el sufrimiento y el dolor. Asimismo me fui preguntando –y le pregunte también a la poeta- por qué escribir tanto dolor, tanto sufrimiento, por qué abrazar y ensalzar a la muerte, cuando se tiene tanta vida. Y de esta manera, me fui adentrando en su poesía, que me llevaba al centro profundo del sentimiento sublime que tanto destaca el movimiento romántico alemán y que también se lee en los versos de Alejandra Pizarnik y Sylvia Plath.

De ambas leeremos algunos versos y empezaremos con Plath, no para comparar, sino que para disfrutar del estilo poético:


I was seven, I knew nothing.
The world occurred.
...
I am lame in the memory.
...
This was a man, then!
Death opened, like a black tree, blackly.

Sylvia Plath (Little Fugue)

Podemos libremente continuar con versos de Pizarnik, para sentir en ella palpitar la muerte y los recuerdos de infancia, como también se lee en el poemario de Iriart.


Con todas mis muertes
yo me entrego a mi muerte,
con puñados de infancia,
con deseos ebrios
que no anduvieron bajo el sol.
(Obra 42)



Recuerdo mi niñez
Cuando yo era una anciana
Las flores morían en mis manos
porque la danza salvaje de la alegría
les destruía el corazón.
(Obra 54)




Tanatos presente, y siempre, más coqueteo con la muerte, con lo sublime, con la infancia en las y los poetas que de alguna manera hemos traído en este prólogo a colación. No queremos hacer complicadas o enojosas comparaciones, nos queremos remitir a un cierto estilo, a un cierto amor de las poetas, por darle belleza y poesía a ciertos temas, que emergen libres y fluidos en los versos de la poeta que hoy presentamos. ¿Y por qué no leer, antes de sumergirnos profundamente en su libro “La muerte quiere…” algunos de sus versos tan sublimes como románticos?


Gaviotas

Carecemos de memoria.
Las gaviotas que desplegaron sus alas
cayeron torpemente
bajo el áspero y cruel
sonar de armas.
Carecemos de memoria.
Y afirmamos
que era la única música
para esas aves.



En este poema está presente la política, la muerte, los desaparecidos y el olvido o falta de memoria colectiva. Sólo escuchan la música para esas aves… En cambio en Mieses, (Para Silvio)…van sus mieses o girasoles del exilio, quizá en su poesía, Beatriz nos recuerde su dolor al vivir también ella, el exilio de su hermana Viviana en Venezuela.

El coqueteo de la poeta frente a la muerte política en Los Ancestros nos remite a la Historia Universal, la muerte por nuestros ideales. La siento a ella vagar por Buenos Aires taciturna, buscando junto con las Abuelas de la Plaza de Mayo, una respuesta aun….

En Tarde de Bastiones Quebrados, hay una juventud que nace, crece y madura, con tristeza política. Duelo a la vida que pasó con dolor… y así, poéticamente, Beatriz Iriart, en su libro “La Muerte quiere…” nos arrastra de la mano para mostrarnos con dolor y muerte, la Argentina que le tocó vivir a su generación.



Union City, California
La Prensa/The Press
invierno de 2003

Prólogo del libro








          Otros poemas de Beatriz Iriart






















Puerta abierta al Mar de viviana marcela iriart/ Dra. Susana D. Castillo, San Diego State University / Latin American Theatre Review, Universidad de Texas / Otoño 2007





Como parte de la trilogía escogida por el productor Benjamín Cohen para configurar el espectáculo “Tres dramaturgas del silencio al estallido,” se estrenó exitosamente PUERTA ABIERTA AL MAR de la argentina-venezolana Viviana Marcela Iriart. Este proyecto, donde se presentaban los tres montajes simultáneamente, empezó el 13 de abril y se mantuvo en cartelera por dos meses consecutivos en la sala de conciertos del Ateneo de Caracas. Las otras obras escogidas fueron LAS TIENDAS DEL SHEIK de Carmen García Vilar y CASA EN ORDEN de Ana Teresa Sosa.









PUERTA ABIERTA…, cuyo texto inédito ha llegado hasta nosotros, explora el desarraigo de sus dos personajes en diferentes planos. En un primer nivel, la obra versa sobre el re-encuentro ansioso de dos mujeres separadas durante diez años. El tipo de relación de los personajes no se aclara pero es obvio que ha existido un pasado íntimamente compartido –casi simbiótico- desde la infancia y la adolescencia. Dunia y Sandra son ahora mujeres en sus cuarenta y de aspecto profesional. Acertadamente el encuentro inicial esta coreografiado en una danza lenta en la que las dos mujeres tratan de hallarse –como en una neblina – al mismo tiempo que reprimen la exteriorización de sus conflictivas emociones. Con reserva, y tratando de reconocer la huella dejada en ellas por el tiempo, las dos mujeres empezaran un dialogo, tirante a veces, que ira desplegando las reacciones contenidas. Axial ellas pasaran - con cautela y mesura - de la evocación a la risa, del canto a la nostalgia, de la distancia….al tango! El espectador se entera de esta manera que la brecha abierta en esta pareja radica en el motivo mismo del éxodo y en el rol que cada una ha asumido como razón vital: Sandra ha cortado sus raíces de un tajo al dejar el país y llevar con ella la denuncia vehemente de los abusos del poder; Dunia se ha quedado en un destierro interno, acosada por el clima de amenaza e incertidumbre cotidiano, usando mecanismos de defensa para sobrevivir los miedos. La nota álgida surge cuando ambas partes confrontan sus versiones y expresan, con dolor, sus dudas sobre la inutilidad del sacrificio vivido. Ambas, por otra parte, se sienten acusadas y enjuiciadas por su contraparte y esa sospecha detiene el flujo del afecto, del reencuentro y de la vida que ahora las reúne. El denominador común, de estas posturas antagónicas, sale a flote cuando Sandra y Dunia cobran consciencia de que la juventud nueva “no tiene memoria” y se ha olvidado ya de ese capitulo de la historia que a ellas –y a miles de compatriotas- los marco radicalmente. Ante esta realidad, la alienación aflora simultáneamente en las dos compañeras. Y es allí donde la obra alcanza otros niveles de significación mas amplios ya que traspasa la situación especifica de caracter político para llegar a un nivel existencial donde la soledad y los recuerdos habitan sin dar tregua.






De manera magistral la autora ha intercalado, a lo largo de la obra, la voz inconfundible de Susana Rinaldi al punto que la letra de las canciones parece entretejerse con los parlamentos de la obra, y, aun mas, parece crear un tercer personaje omnisciente. El recurso de la música actúa igualmente como soporte certero, como raigambre profunda de estos seres fragmentados. El final esperanzador, que se da a través de la voz de Rinaldi cantando apropiadamente “A pesar de todo” axial como en la aceptación conciliatoria de Sandra y Dunia, atenúa tiernamente la tensión emotiva mantenida en alto a lo largo de la pieza.

Es oportuno añadir que Viviana Marcela Iriart –novelista y periodista – estuvo refugiada en el consulado de Venezuela a los 21 años, etapa en la que empezó su exilio que la llevaría a varias latitudes hasta ubicarse en Venezuela. A juzgar por el interés manifestado con el estreno de PUERTA ABIERTA…es dable augurar a la escritora Iriart muchos éxitos en sus futuras obras.


Dra. Susana D. Castillo
Latin American Theatre Review
Fall 2007
 San Diego State University
Estados Unidos







A Transatlantic Love Affair: cartas de Simone de Beauvoir a Nelson Algren, Clarín 1997 / Otra historia de amor, Tomás Eloy Martínez, La Nación, 1998




 
Otra historia de amor,  Tomás Eloy Martínez, 
La Nación, 1998


HIGHLAND PARK, N. Jersey.- ESTA vez no se trata de la ya fatigosa aventura que unió para siempre a Bill Clinton con Mónica Lewinsky, sino de una historia de amor verdadero, sin escándalos de poder ni confidentes traidores.

El personaje central de este relato es Simone de Beauvoir. El otro personaje no es Jean-Paul Sartre (o, por lo menos, no él solo) sino el novelista norteamericano Nelson Algren, al que Beauvoir estuvo ligada, entre 1947 y 1951, por una pasión absorbente, sumisa, "una pasión de esclava", como la llamó ella misma. El lenguaje de la narración es epistolar, tal como en las fabulas morales del siglo XVIII: cartas cruzadas entre los dos amantes, en inglés -una lengua que Beauvoir manejaba con maestría-, entre París y Chicago.

La historia está contada en un libro que apareció a comienzos de este mes, A Transatlantic Love Affair, en el que se muestra sólo el anverso de la medalla: las cartas de Beauvoir, y no las de Algren. Eso importa poco. En el tercer volumen de su autobiografía, La fuerza de las cosas (1963), Beauvoir dio a conocer largos fragmentos de las cartas que él le había escrito, lo cual completa el cuadro.

Beauvoir está de moda en los Estados Unidos. Un largo artículo en The New York Times, a mediados de septiembre, cita la decena de libros y ensayos recientes que han intentado demostrar hasta qué punto muchas ideas de Sartre, y en especial las de su summa filosófica, El ser y la nada, derivan en línea recta de las reflexiones de su más devota discípula.

Siempre fue un misterio la aparente dependencia que Beauvoir sentía por Sartre. Las cartas a Nelson Algren permiten entender mejor lo que pasaba entre los dos.



El contrato con Sartre
Hasta hace pocos años, la mayor parte de los biógrafos coincidía en que era Sartre el que, entre 1929 y 1930 (cuando ella tenía veintiún años y él, veinticuatro), había impuesto unas leyes que permitían a la pareja compartir el sexo y las pasiones intelectuales, contándose todo lo que les pasaba con otros amores, sin que ninguno de los dos tuviera derecho a los celos. Ese modelo de pareja exigía, por supuesto, que vivieran en casas separadas.

Durante el lapso del primer contrato, que duró dos años, Simone de Beauvoir era la relación privilegiada de Sartre, y viceversa: ambos tenían derecho a entrar en la vida del otro a cualquier hora del día y de la noche, y a conocer antes que nadie todo lo que el otro hiciera.




Estaba prohibido mentir. "La sinceridad (o la transparencia) es algo a lo que no puedo renunciar", anotó Sartre por entonces. Pero, a la vez, tenían la obligación de no preguntar. Se sobrentendía que los amores "circunstanciales" eran también fugaces y que ninguna pasión imprevista podría destruir el férreo y verdadero "amor esencial". El pacto fue renovado muchas veces, aunque no hiciera falta.

Fue Beauvoir la que divulgó los placeres y tormentos de esa pareja. Sartre, el presunto responsable de la idea, sólo habló de ella sesgadamente y no publicó nada (o casi nada) sobre el tema. Era feo, miope, torpe, en tanto que ella era muy atractiva. En las cartas a Nelson Algren se descubre que el filósofo era también un pésimo amante. Con el novelista norteamericano (autor de El hombre del brazo de oro, entre otras obras menores), Beauvoir descubrió por primera vez las felicidades del cuerpo, y así lo declara: "Te pertenezco, Nelson. Soy tu pequeño fetiche". Todo lo que podía sentir como mujer lo sintió con Algren antes que con nadie. Las cartas lo dicen.


La libertad del Castor
Durante muchos años imaginé que Beauvoir actuaba con Sartre como una especie de parásito intelectual, que vivía a la sombra de su respiración para poder convertirla en palabras. Debí haber descubierto que me equivocaba cuando el propio Sartre, en sus Cartas al Castor (a Beauvoir la llamaban "el Castor" por su energía y laboriosidad), revela que el vasallo era él y no ella, como creíamos todos.

"Yo quería afirmar mi libertad ante las mujeres -escribe Sartre-, lo cual era cómico, porque era yo el que corría detrás de ellas. Un buen día quedé atrapado. El Castor aceptó esa libertad y se la quedo para sí."

El tema de la libertad o de la falta de libertad en las parejas desvelaba al mundo occidental en los años 60. Parte de la revolución hippie y de los ideales revolucionarios en la América Latina durante esa década y la siguiente tiene que ver, precisamente, con la búsqueda de una igualdad sexual que era también un acto de justicia. El pacto de la pareja Sartre-Beauvoir insinuaba una vía de escape a las convenciones que parecía ideal: lo compartían todo y no se debían nada. Al final resultó una desilusión.

Cuando estaba enamorada de Algren (mientras el mundo entero creía que estaba enamorada de Sartre), Beauvoir escribió uno de los tratados fundacionales del feminismo: El segundo sexo, su magistral ensayo en dos volúmenes. Hasta donde se sabe, no lo discutió en absoluto con Algren. Cada vez que hablaba con él de sus libros, lo hacía al pasar, sin darles importancia, como si la avergonzaran.



Nada sin narrar
Hay allí una extraña vuelta de su condición femenina: con Sartre, que era su igual, se mostraba arrogante, caprichosa, erudita; con Algren, que era hijo de una familia proletaria de Detroit, al que Beauvoir aventajaba de lejos en curiosidad intelectual, se mostraba cortés y hasta servil, como si quisiera ser perdonada por su inteligencia. "Querido, querido mío -le escribió cuando estaba por compartir con él una cabaña en el lago Michigan-: voy a lavar los pisos, voy a cocinar todas las comidas, voy a escribir no sólo mi libro sino también el tuyo." Tal como le sucedería con Sartre, fue Beauvoir la que sacó mejor partido narrativo de esa otra relación. En 1954 publicó una novela, Los mandarines, en la que Algren aparecía casi idéntico al de la realidad aunque con otro nombre, Lewis. En La fuerza de las cosas quiso ir más lejos y contó su aventura de amor con puntos y comas. Algren trató de replicarle, indignado, en artículos publicados por Harper´s y por Playboy. Pero en ese momento (1963), ella era ya demasiado famosa y él casi se había desvanecido en la nada.

Ya se sabe lo que Beauvoir hizo con Sartre: no dejó nada de él sin narrar. Amores, combates intelectuales, trabajos, defecaciones, decrepitud: todo lo que ella supo de Sartre fue transfigurado en palabras.

Siempre me pareció sorprendente -y también terrible- que esa curiosidad casi enfermiza por la intimidad de los otros (o del otro) ocultara toda la curiosidad que Beauvoir debió de sentir por sí misma. En sus memorias no refiere ni uno solo de sus fracasos amorosos ni sus desbocamientos de placer. Así como es impúdica hasta el escándalo con sus parejas, es extremadamente pudorosa con su propia intimidad.

En ninguna obra fue tan nítido ese exhibicionismo del otro como en La ceremonia de los adioses, donde refiere sus últimos diez años junto a Sartre. El libro pretende ser piadoso: es implacable.

Allí se ve a Sartre declinar, perder la voluntad aunque no la lucidez, caer bajo el dominio intelectual de un par de advenedizos, entusiasmarse con la adulación de las adolescentes, advertir con indiferencia que ya no es capaz de controlar sus esfínteres, sucumbir a la gangrena (y a sus olores de náusea), esperar la muerte con torpeza. En cada línea, Simone de Beauvoir acecha la ruina de ese fantasma al que alguna vez amó.





Grandeza y orgullo
 Si no se hubiera publicado A Transatlantic Love Affair, nada habría alterado esa imagen de supremo egoísmo. Las cartas a Nelson Algren cambian la historia, al descubrir una Beauvoir que era capaz de suplicar, sufrir, vivir el amor de manera irreflexiva y casi adolescente, con una ternura que casi inspira compasión.

Al menos en los cuatro años que van de 1947 a 1951 -los años en que escribió Los mandarines y El segundo sexo, sus dos obras maestras-, ella se mostró tan indefensa y torpe ante el amor como cualquier otro ser humano. En ese alarde de pequeñez está mucha de su grandeza. Lo demás es sólo amor propio herido, o tal vez orgullo.

Durante el verano de 1950, en la cabaña del lago Michigan, Algren le dijo sorpresivamente que ya no la quería más. Volvieron a encontrarse en el mismo sitio, al año siguiente, y casi no se tocaron.

"Sé feliz, mi querido -le escribió ella desde el aeropuerto de Nueva York, en la carta de despedida-. Sé feliz, y guárdame un lugarcito en el desván de tu corazón." Con esa frase, Beauvoir dejaba el reino de los sentimientos y entraba en el de la pura inteligencia, donde hay menos desdichas pero también mucha menos felicidad.


© Tomás Eloy Martínez
10/10/1998



Revelan cartas secretas de Simone de Beauvoir


Se publicaron en Francia · La escritora feminista, que murió en 1986, estuvo locamente enamorada de un escritor estadounidense entre 1947 y 1964

París. AFP y ANSA).- La escritora francesa Simone de Beauvoir, uno de los símbolos del feminismo, tuvo un enamorado secreto durante 17 años con el que mantuvo un fluido contacto por correspondencia.

En esas cartas, publicadas ayer en París, también confiesa que la relación con el filósofo Jean-Paul Sartre, que comenzó en 1930, "no fue un éxito desde el punto de vista sexual, esencialmente a causa de él, que no está apasionado por la sexualidad". La editorial Gallimard, de Francia, acaba de editar Un amor transatlántico. Cartas de Simone de Beauvoir a Nelson Algren 1947-1964. Algren era un escritor realista estadounidense que murió en 1981, cinco años antes que Simone.

Según las cartas, las dos figuras dominantes dentro de los intelectuales del París de la posguerra mantenían una relación de fraternidad.

"Sartre me necesita. Exteriormente está muy aislado, interiormente muy atormentado, muy perturbado y yo soy su única amiga verdadera, la única que lo comprende de verdad y lo ayuda, trabaja con él, le aporta paz y equilibrio. Desde hace casi veinte años, hizo todo por mí. Me ayudó a encontrarme", escribió Simone en una de las docenas de cartas que le escribió, en inglés, a Algren.


Flechazo recíproco
Simone de Beauvoir y Nelson Algren se conocieron en 1947, cuando ella fue invitada a los Estados Unidos por una universidad. Ahí se conocieron y, según parece, fue un flechazo inmediato y recíproco.

Los amantes solo se encontraban de tanto en tanto. Por eso mantuvieron una correspondencia a ritmo sostenido; incluso, en algunas épocas, fue diaria.

En las diferentes cartas, Simone llama a Algren de diferentes modos: "cocodrilo", "amado esposo", "muy querido marido-sin-casamiento" o "animal soleado".

Con el tiempo, la relación se fue debilitando. En 1952, Simone escribió que el amor se fue convirtiendo en "inútil y vano amor congelado, inofensivo".

Pero el punto de ruptura definitiva se dio en 1965 cuando Simone contó la historia de amor con Sartre en el libro La fuerza de las cosas, publicado en los Estados Unidos. Algren, previsiblemente, se puso furioso. Pero guardó las cartas, que ahora están en la Universidad de Columbus, Ohio. Las que escribió él, en cambio, sus agentes se niegan a publicarlas.

 
Sartre, su primer hombre
Sobre Sartre, Simone cuenta que fue el primer hombre con el que hizo el amor, "tenía 22 años" pero "poco a poco nos pareció inútil, incluso indecente, seguir acostándonos juntos", quizá porque él mantenía aventuras con otras mujeres.

Pero eso no es una novedad. Los dos promovieron la idea de "pareja abierta" y Simone, en varios de sus libros (por ejemplo en los tres tomos de sus memorias), contó que él tenía amantes y ella mantenía relaciones con mujeres.

Como una muestra de su amor por Algren, pero sin renegar nunca de su relación con Sartre, Simone de Beauvoir pidió antes de morir que la enterraran con un anillo que le había regalado el escritor norteamericano.


Clarín
23 de febrero de 1997




 
A Transatlantic Love Affair: cartas de 
Simone de Beauvoir a Nelson Algren



"Viernes.  Cariño, he recibido tu última carta esta misma mañana. ¿Sabes una cosa? No es que te eche en falta demasiado, pero sí te echo en falta. Te voy contar un secreto, que quede entre tú y yo: cuando me encontré el lunes con tus cartas, sobre todo con esa en la que dices que a veces, por las mañanas, sientes que una especie de muerte se va asentando en ti, una muerte entre tú y yo, por estar los dos lejos, lejísimos, y durante demasiado tiempo, tuve un verdadero dolor de corazón, no un simple latigazo, sino una verdadera crispación de angustia. Olga y Bost se marchaban a Roma a la mañana siguiente, así que fuimos a beber para celebrar la última noche de Bost en París, y yo bebí demasiado, y de repente, a las dos de la madrugada, la banda de jazz tocó una melodía norteamericana que habíamos oído juntos, y eso sí me causó tal dolor de corazón que a punto estuve de desmayarme por primera vez en mi vida.

(…)

No soporto la idea de que no  nos volvamos a ver nunca más. De todos modos, como deseas venir algún día, se que vendrás. Sigo esperándote y no dejaré de esperarte hasta el día en que vengas y bebas whisky conmigo. Tenemos que hacerlo. Combato contra los dolores de corazón, pero nunca combatiré contra la alegría y la felicidad que sentiré cuando aterrices aquí.

(…)

Cariño, ten la seguridad de que aquí todo el mundo te echa de menos como mínimo dos veces al año, y de que yo no paso un solo día sin pensar en ti con todo mi amor.

He conservado todos nuestros recuerdos, no los pierdo nunca, nunca te vas de mi corazón. No habrá muerte entre tú y yo.

Tu Simone, con el corazón fiel."
 

©Simone de Beauvoir 
Cartas a Nelson Algren



"Lunes 3 de octubre
Nelson, mi amor, el sábado recibí tu carta cuando volvía de dar un largo paseo en coche, y me sentí muy complacida con los recortes que adjuntabas. Lo malo, cariño. es que tengo un serio problema, y creo que debería escribir al consultorio sentimental de un semanario para mujeres: “Querido consultorio, hace un par de años me enamore de un simpático joven de Chicago, un pobre muchacho que no andaba muy bien de la cabeza. De la noche a la mañana se ha convertido en un hombre que tiene un gran éxito internacional, es millonario, lo comparan incluso con Dostoievski. ¿Qué debo hacer para no perder su amor? ¿Acaso tendré que olvidarlo?” Tengo un poco de miedo, ya lo ves, y tu última carta era bastante corta y se te notaba muy atareado; puede que te gane el orgullo y que ya no me escribas mas. De todos modos, de momento, mientras se supone que aun me quieres, has de saber que me alegra todo lo que a ti te alegre. Oh Nelson! Soy muy feliz cada vez que te pasa algo bueno; eres un encanto cuando estas contento, querido mío.

Veo una hermosa luna sobre el mar, una luna que poco a poco se acerca a ti: dentro de cinco horas estará en Chicago. ¡Como me gustaría viajar de  la mano de la luna por el cielo plateado! Esta noche estoy triste, estoy más triste que una rata. Me da miedo volver a la Bûcherie, me da miedo que tu fantasma me esté esperando allí. Todas las noches tengo pesadillas. Recuerdo que una vez, en aquellas charlas que a veces teníamos a oscuras, en la cama, te quedaste asombrado porque te dije que la vida no me resultaba llevadera. “Pues yo pensé que tu vida era bastante fácil”, dijiste. Y a mí me asombro oírte decir tal cosa. Bueno, pues debo decirte, la verdad, que no es nada fácil.

Te anhelo de día y te anhelo de noche, no es nada fácil estar tan lejos de ti, quererte tanto, y ni siquiera tiene sentido decírtelo una vez más.

(…)
¿Que le está pasando  a mi adorable saco de basura? No te vayas, quédate conmigo, háblame como cuando me hablabas a oscuras, como cuando me hablabas también a plena luz del día. Te sigo escuchando amorosamente, te amo mucho, muchísimo, mi amor."

©Simone de Beauvoir 
Cartas a Nelson Algren









 La foto del escándalo
 
Portada del diario francés de  2008, en ocasión del centenario del nacimiento de Simone de Beauvoir.  La foto fue sacada en 1950, cuando ella tenía 42 años,  por el fotógrafo Art Shay en Chicago . "Ese día, - contó Shay, amigo de Algren - Simone, que estaba en Chicago, necesitaba tomar un baño y la llevé al apartamento de otro amigo. Ella acababa de ducharse. Fue mientras se peinaba frente al espejo cuando me sobrecogió el impulso de captar la imagen - se justificaba Shay que era fotógrafo profesional . Ella supo que había tomado la fotografía porque escuchó el clic de mi Leica que utilicé durante la guerra". "Malvado", me dijo.


La portada produjo una gran controversia en Europa por mostrar desnuda a la gran escritora y feminista francesa.




Simone de Beauvoir: No se nace mujer (documental)



Simone de Beauvoir: Entrevista