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Y ASÍ PASÓ... DORIS WELLS , MAS ALLÁ DE ANA / por Jairo Carthy - Caracas 25 de Enero de 2026

 

La película Ana, Pasión de Dos Mundos marcó un hito inolvidable en mi carrera. Fue una oportunidad de compartir escena con grandes figuras del cine. Por el lado español, el talento y la presencia de Juan Luis Galiardo y una joven adolescente que ya brillaba como estrella: Maribel Verdú. Y, representando a mi amada Venezuela, nada menos que la primera actriz Doris Wells, junto a otras actrices y actores de inmensa trayectoria.

 

En su época, esta fue la producción más costosa jamás filmada en Venezuela, una ambiciosa coproducción entre España, Venezuela y también Colombia, de este último país se sumaron dos actores de gran prestigio al elenco principal.

 

La historia nos transportaba a la fascinante década de los años veinte. Esto significó que cada pieza de vestuario, maquillaje y decoración fue confeccionada con un rigor histórico impresionante. Podría escribir páginas enteras sobre la magnitud de esta experiencia, pero hoy quiero centrarme en un suceso que lo transformó todo, cambiando mi perspectiva sobre muchas cosas.

 

El filme comienza en España, en una majestuosa casa que funge como prostíbulo. Allí reside Charo (Doris Wells), la Madame que regenta el negocio, y Ana (Maribel Verdú), la favorita de muchos clientes, incluido un rico hacendado que vive en Venezuela, Fabián (Juan Luis Galiardo). Como una de las muchas exigencias de Ana para viajar a Venezuela, es que Fabián le construya una réplica exacta de la casa española, y tenía que viajar con ella todas sus compañeras de “trabajo”.  Y así se hizo en la vida real, la producción de la pelicula la construyó en las afueras de Calabozo.  La fidelidad era tal que el equipo español, que semanas antes había rodado algunas escenas en la locación original, no podían creerlo. La casa era la protagonista, aunque en mi historia personal, la verdadera protagonista estaba por revelarse.

 

Cuando leí el guion, me sorprendió que Doris Wells aceptara el rol de Charo. Era un papel protagónico, sí, pero muy diferente a todo lo que había hecho en su extensa y respetada carrera. La trama nos lleva a Venezuela, donde las prostitutas y su Madame se aventuran a probar el “negocio más antiguo del mundo” en los llanos venezolanos.

 

La escena de la llegada era monumental. Nuestros personajes arribaban en barco al puerto de La Guaira, recreando fielmente el ambiente de los años veinte. Un bote nos llevaba a tierra firme, donde Charo y Ana desembarcaban. Allí estaba yo, interpretando a Felipe, el fiel sirviente de Don Fabián, cuya misión era convertirse en la sombra, protector y cuidador de Ana. Cien extras vestidos de época, un mercado reconstruido con minucioso detalle... todo era color y bullicio que asombraba a las recién llegadas al trópico.

 

Todo se ensayó a la perfección. Filmamos tomas secundarias y llegó el momento de la escena principal: mi encuentro con las "Damas", la bienvenida y el diálogo entre Ana y Felipe  el cual observa Charo.

- ¡Acción!

Aunque ya había filmado otras escenas, la verdad es que estaba embargado por el nerviosismo y la ansiedad de que todo saliera impecable. Marchaba bien. Doris y Maribel, se acercaban a mi y Ana me preguntaba: - ¿Y tú eres Felipe? ¿Dónde está Fabián?. Yo respondía:- ¡Ah! Usted debe ser Ana, la señorita Ana, quiero decir...

 

De repente, - ¡Corten!

 

Todo se paralizó. No entendía lo que pasaba, pero había que repetirla. Esto significaba volver a colocar a todos los extras, a las actrices en el barco... ¡empezar de cero! De nuevo, - ¡Corten! Y así, una y otra vez.

 

Con cada repetición, el nerviosismo aumentaba, y la espontaneidad inicial se desvanecía. El ambiente se tensó; era la hora del almuerzo, el calor era asfixiante bajo esos trajes y el maquillaje. La desesperación crecía al no avanzar. Cerca de la décima repetición, justo antes de dar la acción, el camarógrafo se acercó a mí y, casi gritando frente a todos, me dijo:

- Jairo, no te muevas. Di todo lo que tengas que decir aquí. Yo moveré la cámara y todo saldrá bien.

Mi rostro debió ser de total incredulidad. Él se apresuró a explicar: - La Señora te está tapando (refiriéndose a Doris Wells). No sé por qué se mueve, pero te tapa totalmente. Hagámoslo como te digo, aunque ella te tape, yo me moveré con la cámara y la escena saldrá.

Con esa sensación de desconcierto y duda, filmamos la toma.

- ¡Corten! ¡Listo, queda esa toma! - anunció el productor - ¡Corte de comida!

Yo miraba a Doris Wells; ella solo sonreía. Maribel me miraba, como diciendo: ¿Qué acaba de pasar?.

 

 

 

 La polémica escena de la película

 

 

Fui directo a hablar con el director, Santiago San Miguel. Le agradecí la oportunidad, pero fui tajante: - Ha sido maravilloso trabajar para ti, pero con esa señora no sigo. Tenemos demasiada relación como personajes, y no voy a vivir el infierno que acabo de pasar por su culpa

 .

Una muy querida amiga, quien tenía uno de los personajes pincipales y era la esposa del Director , Perla Vonasek, me tomó del brazo: - Ven acá, mi amor, cálmate. Tienes toda la razón, pero vamos a conversar y a relajarnos. Este calor es insoportable. ¿Nos tomamos una cerveza bien fría?

 

Y me convenció. No quería perjudicar la producción, pues sustituir mi personaje implicaría repetir muchas escenas. El siguiente llamado era para el día siguiente, la continuación de la llegada de las "Damas"a Venezuela.

 

Llegué a la Casa Guipuzcoana, en La Guaira, el punto de reunión, bastante nervioso. Tenía que enfrentar a Doris Wells, y sabía que no sería fácil. Apenas me vio, se acercó: -Hola, mi amor, te estaba esperando. Ven, siéntate aquí conmigo, en mis piernas, como cuando eras niño.

 

En ese instante comprendí que Perla y Santiago habían hablado con ella. Intenté excusarme, sintiendo la mirada de todo el mundo: - Disculpe, pero no me parece, no entiendo…

 

- Ven, no te dé pena. Pena me debería dar a mí por lo que pasó ayer. De verdad, no sé qué me pasó, la repetidera me parecía divertida, pero ven, siéntate.

 

Me senté en sus rodillas, para no contradecirla, y poco a poco me fui rodando hasta que quedamos compartiendo la silla.

 

- Ya sé que eres el hijo de Ramón Carthy. Me recordé que él te llevaba muchas veces a Radio Caracas Televisión cuando eras niño y siempre te sentabas en mis piernas, y conversábamos los dos. Han pasado muchos años, y ahora estamos juntos en este proyecto. Te prometo que nada parecido volverá a pasar. Lo que pueda hacer por ti, solo pídemelo y lo tendrás.

 

Y así fue. A partir de ese momento, fuimos inseparables.

 

Nos fuimos varias semanas a Calabozo para rodar en el famoso set de la casa. La  mayoría del elenco era citado a las 5 de la mañana, ella, por su nombre y trayectoria, llegaba a las 7 a.m., y yo con ella, pues mi preparación era sencilla. El trayecto hasta la locación, de una hora, se convirtió en el escenario de nuestra gran amistad. Yo le repasaba los parlamentos; ella, ¡imagínense!, me pedía consejos sobre su personaje. Durante la filmación, yo estaba atento a su bienestar. Descubrí a una mujer increíblemente divertida, de una belleza deslumbrante y con un glamour y una clase poco comunes. Era fascinante verla transformarse al actuar, encarnando a esa Madame interesada en el dinero, capaz de vender a las jóvenes al mejor postor.

 

Aprendí muchísimo a su lado. Hicimos planes, muchísimos planes. Ella soñaba hacer  una miniserie junto a Marina Baura y Carlos Mata, la que sería su despedida como actriz, y yo trabajaría con ella en la producción. Aunque siempre le recordaba: - Acuérdate que lo mío es actuar.

-Claro, Jairo, eso lo sé. Ya verás la cantidad de cosas que vamos a hacer, eres muy talentoso y con esa voz, todas las puertas se te abrirán.

 

Pero no fue así. Ninguna de esas puertas se pudo abrir.  El destino había trazado un final precipitado con una enfermedad incurable que la estaba consumiendo y no lo sabíamos.

 

Una mañana, mientras esperábamos el taxi en el lobby del hotel para nuestro encuentro diario, me dijo: - No sé qué me pasa, tengo un dolor terrible en el pecho. Seguro que dormí mal . Fui de inmediato a la cocina y pedí que le prepararan un té de anís estrellado. - Tómate esto, Doris, seguro que son gases, te va a aliviar . Y, en efecto, la alivió… por unas horas.

 

Le tocaban las escenas más fuertes de su personaje, justo cuando todo en la trama comenzaba a desmoronarse. Y el mismo drama se replicaba en la vida real, donde la enfermedad iba destruyendo lentamente a este maravilloso ser que en apenas una semanas nos habiamos hecho inseparables.  Repasábamos la letra; yo veía que por momentos le costaba respirar, pero al pararse en el set y enfrentarse a Fabián, la adrenalina hacía su magia, y la fuerza y el coraje de Charo brotaban con intensidad. ¡Cómo la admiraba! Era increíble verla, aunque por dentro, sabía que cada vez estaba peor.

 

Este texto es un humilde homenaje a un ser maravilloso, lleno de alegría, de vida, y de planes y proyectos que, con el tiempo, se volvieron sueños truncados. Un homenaje a la gran actriz, a la gran mujer. Conocí aspectos suyos que nadie sabía. Al regresar al hotel, siempre poníamos en el taxi a Wilfrido Vargas y, junto a Cristina Reyes, otra excelente actriz y amiga valiosísima, ibamos moviendonos al ritmo del merengue todo el camino.

 

Recuerdo que le alegró mucho saber que mi padre vendría ese Diciembre e hicimos planes para que se encontraran de nuevo y ver juntos la pelicula.  Pero nada de eso sucedió. Yo tenía que regresar a Caracas tres días antes de que finalizara las filmaciones.  De repente, cambiaron el plan de rodaje: un avión vino a buscarla. No quiso volver a ver a nadie.   Se fue apagando, poco a poco.  No llegó a ver su película y yo, nunca más la volvi a ver.

 

Esta no es solo una anécdota de cine; es la memoria de cómo una de las figuras más grandes de nuestra pantalla se detuvo, me miró y me tomó de la mano. Ese gesto en la silla, ese abrazo sutil después del conflicto, no fue solo un acto de disculpa, sino el inicio de una amistad genuina que me regaló las lecciones más valiosas sobre el arte, la humanidad y la fragilidad de la vida. Aún resuena en mí su voz llena de promesas y fe en mi talento. 

 

Aunque el destino le impidió concretar esos sueños, Doris Wells me abrió una puerta mucho más importante que cualquier oportunidad profesional: la puerta de la confianza y el afecto incondicional. La recuerdo con el ritmo alegre de Wilfrido Vargas, con su belleza imponente y con esa promesa de un futuro que hoy, sin ella, se convierte en el recuerdo más dulce y emotivo de un set de filmación que ya es eterno.

 

 

Y así pasó …

 

Jairo Carthy

jcarthyc@gmail.com

 

 

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Y ASÍ PASÓ... EL SILENCIO DE ADINA por Jairo Carthy / Caracas, 18 de enero de 2026

 

Les prometí contarles el dramático episodio que se vivió durante una de las funciones de "El elixir de amor" de Donizetti. Por razones profundamente personales y obvias, el nombre de la protagonista permanecerá en el anonimato. Pronto comprenderán el por qué de esta reserva.

 

El montaje en el Teatro Nacional de Caracas fue una producción especial de tres funciones. El rol protagónico de Adina se repartió entre tres sopranos distintas, una para cada noche. Para el personaje del tenor, tuvimos el honor de contar en dos funciones con el famosísimo Maestro Luigi Alva, invitado estelar, mientras que una función recayó en el talento de nuestro tenor venezolano, Eduardo Calcaño.

 

Como era tradición en la Ópera de Caracas, el elenco, a excepción del Maestro Alva, fue el resultado de rigurosas audiciones. Este montaje en particular brilló bajo la dirección escénica del maestro José Ignacio Cabrujas y la dirección musical del maestro Carlos Riazuelo.

 

Al ser una ópera bufa, ambientada en la época actual y rebosante de color y alegría, esta producción prometía momentos inolvidables y divertidos, como aquella famosa anécdota de la franela de Superman. Mi labor en la producción era doble: además de mis responsabilidades habituales, me encargaba del maquillaje de los protagonistas, una destreza que adquirí en mi carrera como actor. Me apasionaba la capacidad de embellecer, transformar y dar nueva vida a cada cantante o actor a través del maquillaje.

 

En la segunda función, Adina fue interpretada por una soprano de una dulzura inusual. Su cabello corto, por arte de la magia del postizo, se convirtió en una hermosa cabellera que complementaba su aura. Poseía una voz preciosa y un talento innegable, que la había hecho triunfar en la audición. Aunque no era una muchacha, sino una mujer de unos 32 años, su carisma la hacía perfecta para la Adina de Cabrujas.

 

El día del estreno de su función, la emoción era palpable. El éxito de la noche anterior había sido glorioso, y las entradas para esta y la última función estaban agotadas. El compromiso con la excelencia artística se sentía en el ambiente.

 

El primer acto transcurrió en perfecta armonía. Las risas y los aplausos del público atestiguaban el buen ritmo. Llegó el intermedio, de tan solo quince minutos para una transformación frenética: convertir a Adina en la anfitriona bellísima de una gran fiesta popular. El camerino se convirtió en un torbellino. María de las Casas, nuestra extraordinaria diseñadora de vestuario, se encargaba del traje y el peinado, mientras yo esperaba mi turno para los retoques de maquillaje.

 

De repente, la puerta se abrió de golpe. Apareció una figura casi espectral, como sacada de una película de terror de época. Una mujer de tez morena, con una peluca rubia ceniza y un traje ridículamente ajustado, dos tallas menos, rematado con un tapado de piel y ¡guantes! Era una aparición verdaderamente inoportuna. Con una furia contenida, se abalanzó sobre Adina y le gritó, casi al oído:

-¿Y, entonces? ¡¿Qué te pasa?! ¿Por qué estás cantando así? ¿Dónde están esos agudos maravillosos que te he enseñado? ¡Estás haciendo el ridículo, una mujer profesional como tú!

María y yo nos miramos, pasmados por la violencia de la escena. Al ver el rostro roto de nuestra soprano, María reaccionó inmediatamente: - Lo siento, señora, pero aquí no puede estar. Le ruego que salga del camerino. La mujer, fuera de sí, gritó: - ¡Yo soy su maestra de canto! ¡Vine para que reaccione, ella puede cantar mucho mejor!.

Las lágrimas de Adina brotaban sin control. Entre sollozos entrecortados, apenas pudo musitar: - Discúlpeme, Maestra... estoy muy nerviosa... es la primera vez que hago esto... de verdad lo siento...

 

Me sumé a la defensa de María: - Señora, usted podrá ser su maestra, su madre o su abuela, pero está prohibido que esté aquí.  No sé cómo ha llegado. Llamaré a los vigilantes para que la saquen.

-¡A mí no me saca nadie!, bramó la mujer. - Ya me voy, pero voy a estar pendiente a ver si a partir de ahora sacas ese papel. ¡Quiero oír esos agudos, quiero volumen, pasión, todo lo que te enseñé!.

 

María de las Casas, una mujer de carácter implacable, respetada por su trayectoria, talento e incluso por haber sido Miss Venezuela, tomó a la intrusa del brazo y la empujó hacia la salida.  - ¡Fuera de aquí! No venga a hacer daño con sus comentarios malsanos.

 

Al fin, la pesadilla se fue. Adina lloraba con una impotencia desoladora. - No le hagas caso a esa mujer, la consolaba María. - Lo estás haciendo excelente, ¿verdad, Jairo?.  --¡Claro que sí, es la verdad, y estás preciosa!, confirmé. - Ahora, por favor, cálmate y deja de llorar, porque así no puedo maquillarte.

 

Salí corriendo en busca de Isabel Palacios. Como músico y cantante, ella podría brindarle el apoyo emocional que yo, solo con palabras de ánimo, no podía darle. Le conté la tragedia mientras volvíamos corriendo al camerino. Isabel abrazó a Adina y le dijo con firmeza: - No le hagas caso a esa mujer, que no es ni maestra ni nada. Estás cantando precioso. Y esos agudos que ella te pide ni siquiera están en la partitura. Estás cantando exactamente como debe ser.

 

La logró tranquilizar. Pude, entonces, comenzar la difícil tarea de disimular sus ojos congestionados, mientras María le ajustaba un tocado. A pesar del retraso, Adina quedó bellísima. Salimos al segundo acto, donde ella y el tenor encabezaban la escena. 

 

Desde el público, yo la observaba con el corazón encogido. Se notaba su tensión, pero afortunadamente, todo iba fluyendo. Las risas y los aplausos volvieron, y la ópera se acercaba a su final. Donizetti creó un dueto sublime en la culminación, un momento para el lucimiento absoluto de la soprano y el tenor.

 

De repente, Adina comenzó a cantar su parte del dueto ¡tres tonos por encima de lo indicado! La partitura pide un crescendo emotivo y cada vez más agudo, pero ella ya lo llevaba al límite. Al intentar forzar su voz a tales alturas, perdió el control, se quedó sin aire, y en un instante de dolorosa vulnerabilidad, se detuvo. Se hizo el silencio. 

 

Carlos Riazuelo, el director, paró la orquesta. El silencio se volvió aterrador. El rostro de Adina era la imagen de la desesperación, sus ojos implorando perdón al público, a los palcos, a los balcones. La confusión del tenor era inmensa. Él le tomó las manos.

 

En ese silencio que lo abarcaba todo, se escuchó la voz de Riazuelo. Una voz dulce, tierna, amable y serena:

-¡Vamos, tú puedes! Tranquila. Yo sé que lo puedes hacer. Has cantado como nunca, y ahora terminemos como solo tú sabes, como lo hicimos en los ensayos.

 

La soprano asintió con la cabeza, el tenor la abrazó. Riazuelo dio la indicación a la orquesta, marcando el tono para evitar otro descontrol. Retomaron el dueto. Cuando llegó el hermoso agudo final, que Donizetti pide con dulzura, nitidez y volumen, Adina lo dio. Fue perfecto.

 

Al terminar, la reacción fue indescriptible. Una ovación increíble. La gente se puso de pie, aplaudía y gritaba "¡Bravo!". Adina, con una venia, agradeció la solidaridad y el apoyo de su público. Muchas personas lloraban, incluyéndome. Era imposible no emocionarse tras presenciar un acto tan profundo de apoyo humano y fragilidad. 

 

Nadie nunca más volvió a saber de esta cantante. Cuando fuimos al camerino ya no estaba. Solo estaba el traje y su partitura. No regresó nunca más a un escenario. Desapareció... como si se la hubiera tragado la tierra. No pudo superar lo que vivió esa noche.

 

Y es una lástima inmensa, porque estoy seguro de que habría tenido una carrera brillante. Por la dignidad de su recuerdo y por la pena de su adiós silencioso, es que prefiero, aún hoy, omitir su nombre.

 

Y así pasó...

Jairo Carthy

jcarthyc@gmail.com

  

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JULIO CORTÁZAR and the cultural exile in INTERVIEWS, book by Viviana Marcela Iriart: "I'm in exile, but on the other hand, in my country, there are 26 million exiles in relation to us"












"What for me is and has been traumatic, is a phenomenon in which not everyone thinks, and in the case of an exiled artist it's fundamental. It's what I would call cultural exile: it's terrible when you realize that in your own country there is a barrier of censorship that means, for example, that I can not publish more books in Argentina. Then the realization – and this is frightening for me – I'm in exile, but on the other hand, in my country, there are 26 million exiles in relation to us. I am separated from my readers, but my readers are separated from me: my last book of stories in Argentina could not get published because there were two stories that angered the Junta. And this is not just a personal matter: there are 150 magnificent Uruguayan, Chilean and Argentine writers that cannot be published in our country.

In Chile, starting on September 11, 1973 , a young generation was taken by the Junta and enrolled in fascist schools run by the military. Six years have passed and they have lived the critical age (between 12 and 18) under that regime, thousands and thousands of children and Chilean girls who, right now, believe in the Junta, believe the in the national security state, believe that all of us are traitors. They believe that Chile is a country unjustly attacked and threatened. It's not their fault, poor things, because in six years they have become the same thing that Hitler did with the Hitler Youth, or Mussolini with the "balillas". Well, that is for me one of the most frightening things, and we can do nothing, intellectually. Because here I can tell you this, but no one will listen in Argentina, nobody will read it, you can publish it but unless someone carries it in their pocket, no one can read it there. "


Excerpt from the book INTERVIEWS by Viviana Marcela Iriart





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'Joan Baez received death threats, and was banned, persecuted' : Julio Emilio Moliné, co-director of the documentary 'Joan Baez in Latin America: There but for fortune (1981)' / book INTERVIEWS by Viviana Marcela Iriart (2025)



Joan Baez , May 1981 ©Julio Emilio Moliné

After that historical tour in which Joan Baez terrified dictators from Argentina, Chile and Brazil so much that they threatened to kill her and banned her from singing, among other things, the mythical singer-songwriter and pacifist will perform in March in the same countries in which her voice made perpetrators of genocide falter in 1981.




Thank you Joan Baez, for the brave and affectionate 1981 tour to bring comfort, joy and hope to the victims of the Pinochet, Videla, and Joao Baptista de Oliveira Figueiredo dictatorships.

Thank you Joan Baez, because despite receiving death threats and being banned and persecuted, she stayed at our side, sang to us, and showed the world the horror of dictatorships in the wonderful documentary 'Joan Baez in Latin America: There but for Fortune.'

Thank you Joan Baez  for giving victims a face and a voice, and restoring their humanity.

Thank you Joan Baez for condemning the crimes committed by both right-wing and left-wing dictatorships, as well as democracies.

Thank you  Joan Baez for defending human rights, for opposing wars, arms build-up, discrimination, totalitarianism.

Thank you  Joan Baez for showing me, when I was 16 years old, the meaning of non-violence and its difference with passivity.

Thank you Joan Baez because your fight is not limited to singing and talking to the press, as the documentary and this interview (among many other facts) demonstrate.

Thank you Joan Baez for your voice, which soothes all pain.

Thank you  Joan Baez for showing the way and being a banner but also doubt.

And thank you Julio Emilio Moliné for sharing some of your memories and photos from that brave tour of Joan Baez in Latin America… here, fortunately.



How did you become part of the tour of philanthropic activities and concerts Joan Baez did in 1981 across Latin America to show her support for the victims of dictatorships there?
One Monday morning at the end of April 1981 I got a call at work (I had a job at a TV station) from my friend John Chapman, an independent filmmaker from San Francisco.  He told me: 'Hey, would you like to go on a Latin American tour with Joan Baez for a month?  We can film it and make a documentary.'

Given that I speak Spanish, and I had lived in Chile for many years and had traveled around Argentina, John thought I would be a good partner for this adventure.  Being a little older than me, he had worked in Apocalypse Now with Francis Coppola and had fallen in love with cinema during that experience.  I said yes without hesitation, though I had no holidays and I needed to get an unpaid leave at work.

Another setback was that my wife was pregnant, and our daughter was expected to be born during the tour, so I had to ask her whether she thought this was a good idea.  She generously said yes.  And our daughter Andrea was born while we were in Buenos Aires interviewing a journalist from the New York Times.

That Monday when I received John's call, we met Joan in the evening at a Chinese restaurant  in Palo Alto.   Joan gave me the go-ahead, and we started the required paperwork.


What was you impression of Joan Baez?
I remember being a little shocked at the fact that I was eating Chinese rice with such a famous person.  Besides being a very attractive woman, she was very friendly and warm.  She asked us a lot of questions about Latin America, some very well-informed and others less so, and she paid for the meal.
She made a very good impression on me, because of her kindness and good sense of humor.


On what day did the tour begin?
On May 3, 1981, John and I met with Joan and Jeannie in México City, where we interviewed the Argentinian doctor (the dictatorship had caused great suffering to her family), and that evening Joan gave a concert where we had the chance to try the equipment.

The next day we set off to Argentina, where we stayed until May 15, when we crossed the Andes in our way to Chile.  There we stayed in Santiago until May 19, when we set off to Brazil.   We spent a few days in São Paulo and Rio, and then headed off to Nicaragua.  After that, Joan and Jeannie went alone to Venezuela.

That tour was recorded—except for the trip to Venezuela and Nicaragua—in the wonderful documentary 'Joan Baez in Latin America: There but for fortune.'  Who had the idea of making it? What was the purpose? How was it funded?
The main driving force of the documentary was John Chapman, who convinced Joan of the historical value of recording her tour.   Much of the funding came from Diamonds & Rust, Joan's company in California.  My salary was paid by KTEH TV, the TV station I worked for in San Jose.  When I asked for an unpaid leave to travel around Latin America with Joan and film, Peter Baker, my executive producer, convinced Maynard Orme, the station manager, that this was an idea they needed to support.  It was an act of courage that is rarely seen nowadays, because I had been working there for less than a year (and was only 27 years old).  KTEH also lent the filmmaking equipment, and paid the post-production and editing costs. 

Tragically, John died in an accident in 1983, less than a year after finishing the documentary. 

Do you think Joan Baez imagined she would receive death threats, bombs, tear gas and censorship of her concerts in the three countries?
No. She thought it would be difficult but never to such an extreme.  The person who sparked the idea of making the tour in Joan was the Chilean writer Fernando Alegría, who was a Literature professor in Stanford.    He believed things were waning a bit in the Southern Cone, and that Joan's visit would inject a lot of energy into Latin American people, especially those who were protesting against dictatorships.


(...) 

Excerpt from the book INTERVIEWS by Viviana Marcela Iriart.


NTERVIEWS, with graphic design by Jairo Carthy, 
is available on  AMAZON in paperback and ebook versions.