Reverón en el mar Caribe, foto del documental de Margot Benacerraf "Reveron".
Somos una hemeroteca de textos y otras cosas hermosas, de ayer y de hoy y de mañana también.
La Bastardaes la obra culmine
de Violette Leduc, novela autobiográfica, desgarradora, sublime y bella, que le
abrió las puertas del éxito y la saco de la
miseria. El prólogo fue escrito por su amiga Simone de Beauvoir y
comienza con una carta que Violette le envió donde decía: “Soy un desierto que
monologa”.
Violette murió el 28 de mayo de 1972. A 40 años de su muerte el mundo literario es un monólogo desierto.
Martin Provost prepara filme sobre Violette Leduc con Emanuelle Devos
El director francés que ganó 7 premios Cèsar con su pelìcula Séraphine, también convocó a Sandrine Kiberlain para hacer el papel de Simone de Beauvoir El rodaje comenzará en septiembre
Martin Provost vient de sillonner le plateau de
Millevaches en quête de lieux de tournage pour son prochain film, Violette,
consacré à Violette Leduc et à Simone de Beauvoir. Martin Provost, pour tout
cinéphile, c’est d’abord Séraphine, un film qui a obtenu sept Césars du cinéma
en 2009, dont celui du meilleur réalisateur et celui du meilleur film. Depuis,
il y a eu Où va la nuit?? Demain, ce sera Violette dont le tournage débutera en
septembre prochain, probablement au cœur du Limousin.
Fidèle depuis toujours au Limousin
Martin Provost connaît bien le
Limousin, une terre à laquelle il est fidèle depuis l’enfance. Sa famille
maternelle est issue de Davignac où vivaient ses grands-parents. Martin est marqué à tout jamais par
les souvenirs liés à cette bourgade corrézienne. Des années après il a renoué
durablement avec le Limousin en se rendant chez son amie de toujours Micheline
Presle alors qu’elle venait d’acheter une maison de village, sur la commune de
La Nouaille, à une quinzaine de kilomètres de Felletin.
« J’ai aidé Micheline à
s’installer. J’ai
retrouvé toutes les odeurs de mon enfance. Pendant des
années, je suis venu au Montfranc, seul ou avec Micheline. Je prenais plaisir à
me baigner à Lavaud-Gelade, à être simplement dans ces paysages que
j’aime ».
Martin Provost qui, après quelques courts-métrages et
Tortilla y cinéma, a tourné Le ventre de
Juliette en 2003, a retrouvé, dès les années 1980, dans le sud de la
Creuse, Nathalie Baye, Claude Miller, Luc Béraud, Jacques Bonnaffé et d’autres
professionnels du grand écran. Il est devenu l’ami de leurs amis, en
l’occurrence l’Aubussonnais Jean-Pierre Saint-Rapt et de sa femme.
Il a pris ses habitudes dans le Sud creusois mais sans
se résoudre pour autant à acheter de maison. Martin manie la caméra mais aussi
la plume. Il a signé un roman de famille dans lequel il se dévoile (Léger,
humain, pardonnable, disponible depuis peu en collection de poche au Seuil) et
quelques autres ouvrages. Il aime aussi la scène, pendant sept ans il a
été pensionnaire à la Comédie-Française.
Lui, le Breton (il est né à Brest en 1957) qui vit en
région parisienne (où Micheline Presle l’a rejoint depuis quelques années) et qui
est amoureux du Sud creusois, est fidèle à sa ligne de conduite. Il veut croire
au merveilleux, il est désireux de questionner les vies de femmes inconnues ou
méconnues.
« C’est mon éditeur, au Seuil, René de Ceccatti,
qui m’a fait découvrir un texte splendide de Violette Leduc. Je n’avais jamais
rien lu d’elle ».
Martin Provost a établi un parallèle avec Séraphine,
une inconnue qui, dans un univers clos, a œuvré pour la libération de la Femme.
Violette Leduc s’est livrée au même combat mais en se confrontant à toutes les
expériences.
Foto: Henri Cartier-Bresson 1964
Début du
tournage en septembre
Ce film sur Violette Leduc s’inscrit dans la
continuité des précédents, en particulier de Séraphine. Il constituera le
deuxième volet d’une trilogie à laquelle le cinéaste travaille (il n’a pas
encore arrêté son choix pour le troisième personnage qui sera issu de la
littérature, de la peinture, des arts en général).
Martin a donc eu un choc en lisant Trésors à prendre
que Violette Leduc a publié en 1960.
« Elle relate son seul voyage. Sur les conseils
de Simone de Beauvoir, sac à dos, elle a traversé le Massif-Central. Elle se
fait violer dans la Drôme. Ce périple lui permet néanmoins de découvrir la
nature, ce qui sera fondamental pour elle. Alors, j’ai
immédiatement pensé à tourner mon film sur le Plateau de Millevaches. Je me sens totalement d’ici ».
Le cinéaste, accueilli par Jean-Pierre Saint-Rapt,
accompagné de son assistante Juliette Maillard, vient de sillonner le secteur à
la recherche de lieux de tournage. Il poursuit sa quête (voir par ailleurs). Il
a presque arrêté son casting. Ce film qui tourne autour de Violette Leduc et de
Simone de Beauvoir sera interprété, pour les deux rôles principaux, par
Emmanuelle Devos (Violette) et Sandrine Kiberlain (Simone). Le tournage
débutera le 10 septembre, sans doute dans le Limousin, il se poursuivra à
Paris avec quelques jours également dans le Midi.
La letra
bastarda por Aurora Venturini Página 12, Buenos Aires 2009
Violette Leduc (1904-1972), admirada por Simone de
Beauvoir, Sartre, Camus y todo el equipo existencialista y moderno de la París
de los sesenta, nunca dejó su sino trágico, ni en los gestos ni en la escritura. La asfixia, La mujer del Zorrito, La
bastarda y Taxi son algunas de
sus novelas que no por caídas en el olvido dejaron de ser imprescindibles.
Por Sus herramientas son las novelas en las
cuales campea el fantasma de una madre a quien trató de seducir, o al menos de
agradar, en vano. A lo largo de unos relatos que le acaparan todo, intenta
cavar hendedura en el muro de piedra con que el mundo la cercó a la perfección,
para evitarla.
Toda la obra de esta mujer nacida en un pueblito
francés en 1904, y que se sofocó con la trágica humareda de dos grandes
guerras, va inmersa en la amargura de despedida. La relación de Violette con el
universo circundante es neblinosa, siempre tan tétrica. Su escritura parece ser
la de una vacuidad, de esas que van llenas de fingidas alegrías, amaneramiento
contagioso. Les teme a los amores, desconfía de las amistades, se teme:
“Mi madre no me ha dado nunca la mano... Me ayudaba a
subir, a bajar las aceras pellizcando mi vestido a la altura del hombro, allí
donde las costuras de la manga es fácil de asir”, dice su personaje en La asfixia, historia de su infancia
dolorosa.
No obstante, Violette Leduc aparentaba un ser ligero
cual paloma, oscura paloma, eso sí. Resulta que luego de sufrir dos espantosas
guerras, era necesario aceptar cualquier margen viable a la posible sobrevida.
“La tumba no será, pues, bastante profunda para
tragarse a esta muchacha... Suspira con tanta convicción que descansa sobre la
almohada de todos los que duermen en una ciudad muerta. ¿En qué mundo recuerda
que descansar dejándose flotar es más agradable que dormir?”, así describe a su
personaje en La Mujer del Zorrito,
que una vez más, advertiremos, no es otra que ella misma cargando con la
pobreza de la posguerra. La mujer va a todos lados acompañada de un miserable
cuello de piel que usa todos los días y que posee como el mayor lujo desde el
día en que lo levantó de un basural. El zorrito que se muerde la cola mediante
un broche y que la mira con sus ojitos de vidrio la obnubila. Ella lo ama y le
conversa sumergidos ambos como objetos sombríos en un abandono. Ha llegado a
jurarle fidelidad eterna. La Mujer del Zorritoes una autobiografía en cien páginas escritas con suficiente maestría como
para contener un mar de penas y no desbordarse nunca. La fatalidad de haber
nacido sin ser esperada no se va nunca. Violette pide limosna con su zorrito al
cuello:
“...He pedido
limosna y qué te importa. Un estómago no es una regla de gramática, aceptemos
lo que venga de donde venga”.
El ruinoso animalito la acusa de haber intentado
venderlo, y es verdad, sólo que nadie se lo quiso comprar sino que “se
retorcieron de risa”. La dueña infiel y hambrienta tramó ganar una montañita de
oro con esa venta. Ahora le pide perdón al zorrito y lo declara tesoro
invalorable. El chal de piel al que ella llama “mi angelito” la domina, ya no
piensa en venderlo y sabe bien que no se lo comprarán, los ensueños no tienen
precio. Su angelito duerme, el hocico estirado, en paz con sus largas carreras
por la naturaleza. Dormirá siempre. Ella lo llevará siempre en torno a su
cuello. Se lo pone, lo acaricia y él la reconoce. “Duermen un sueño profundo.
No oyen el estruendo del Metropolitano ni las puertas que se cierran”.
Veo todavía a Violette Leduc en la Estación de
Strasburg y en Saint-Denis; en el departamento frente al Luxemburgo; andando
por las ramblas arboladas,barriales de Viarnes y de Belloy; eran los senderos
góticos de ojivas que formaban, al tope, las copas de la arboleda el material
de su literatura. Violette figuraba una altísima criatura portando una cartera
azul de paja y vestida por Chanel. Todavía sufría de malquerencias antiguas y
vejaciones. Ya en plena madurez podía parecerse a una tía delgadísima que
ironizaba sobre ella misma con mucha gracia: “vista de atrás, soy liceo, vista
de adelante soy museo”. Vista desde lejos parecía joven porque nunca engrosó.
Violette admiraba a la pareja formada por Simone de Beauvoir y Jean-Paul
Sartre. Su modo obsesivo de vivenciar el entorno la llevó a suponer que Jean
Paul la perseguía, bella locura que no fue... Fue una parisienne, una hija de
París irreductible. De otra ciudad no hubiera podido brotar el prodigioso genio
de los ingenios de la autora de La
bastarda, vayan a leerlo, es otra vez ella misma, uno de los libros más
tremendos que existen todavía.
"Such affairs as the book describes happen; they are
part of what makes people the way they are."
I was tempted, at first, to start this review with some clunking irony
along the lines of "Like most men, I have no prurient interest
whatsoever in contemplating a highly sexual love-affair between two pupils at
an all-girls' boarding-school, so the subject matter of this novella held
little appeal ..." But having read Thérèse
and Isabelle and been deeply moved by it, I don't think it
appropriate to make jokes; and the impulse to have done so might in itself be a
side-effect of the pornification of culture, or at least of myself.
Then again, it was horror and fear on the part of the publishers which
kept this work, first written as the opening section of Leduc's novel Ravages (1955),
unpublished in its original form until 2000 – and in French, at that. Leduc, a
friend of Simone de Beauvoir
(who also had a crush on her), had spent three years writing Thérèse and Isabelle – and
it shows, in a good way. So when Gallimard said, in effect, "no way"
in 1954 ("impossible to publish openly," said Raymond Queneau, of all
people), Leduc nearly had a breakdown. The publishers had, in De Beauvoir's
words, "cut her tongue out," and although the work was reshaped and
inserted, piecemeal, into subsequent books (and circulated in a private edition
among friends), it hasn't appeared in English before this edition.
It's a brave thing to do, and if there's one good side-effect of
prurience, it's that in the pursuit of something rude, good art can be
discovered. (I remember being steered to Les
Biches as a teenager by someone who had heard it was full of dirty
stuff; I ended up discovering the genius of Chabrol early.) And Thérèse and Isabelle is,
unquestionably, great.
And its interest in the sexual side of things is crucial. Such affairs
as the book describes happen; they are part of what makes people the way they
are; and so they have to be written about. In this country, we have a
particularly immature attitude to this kind of thing: just look at the smirking
adolescence betrayed by the inaugurators and keepers of the flame of the Bad
Sex Awards, a prize whose point has always been unclear to me – is it for good
writing about bad sex, bad writing about bad sex, or bad writing about good
sex? (The main point of the prize, it seems, is that some things simply should not be written about.)
So here we have extraordinary writing about sex; and, more importantly,
about love, and the way it makes us feel. "Now is a night of obstacles.
Her smell belongs to me. I have lost her smell. Give me back her smell."
Who has not felt like that, as the odour of the beloved evaporates from the
sheets? "'I wish you would look at me when I'm looking at you,' she said
behind me." Who has not felt a similar kind of possessiveness? "It's
too stupid. A moment ago we understood each other." Who hasn't sometimes
been astonished at the vertiginous nature of love, the way it is an unstable
equilibrium, a magical but precarious balancing act? And:
"My eyebrows brushed her eyebrows. 'It's incredible the way I'm
seeing you,' she says." I don't think I have ever
read physical intimacy better described, or evoked. (One thing that
comes across pretty quickly is that this is a damned fine translation,
that can't have been easy to pull off; and dispels any misgivings that the
translated quote in the press release, from Libération, inspires:
"Violette's prose, hirsute and grasping as always, throws itself into
faces more spiritedly than today's provocateurs ..."Eh?)
So we are, in fact, a long way from pornography, although perhaps not
too far from what pornography (written pornography, that is) tries to do: which
is to make us believe in plausible minds behind the genitals, so that there is
some agency behind the act. Anaïs Nin, obliged to write porn to make ends meet,
had a natural instinct to make it more "artistic"; here, the art is
the point. And it's funny how the people who do this kind of thing best are the
French.
Leduc, Violette. La locura ante todo. Argentina. Sudamericana, 1973. Traducción de Estela Canto.
La autobiografía
que Violette Leduc comenzó con La Bastarda llega a su conclusión
con un libro todavía más apasionado y desgarrado que se abre en el año 1944 y
se cierra poco antes de la muerte de la autora.
La locura ante todo
cuenta la amistad de la autora con Jean Cocteau, Jean Genet, Simone de
Beauvoir, y se cierra con una dramática confesión literaria:
"¿Y la
literatura? Me abruma... Estoy cercada; escribo lo que he vivido.
Doy relieve a
dramas convertidos en naderías con los años...
Escribir es dar nuestro calor.
He dado mis manos tibias a una sierra de metales en una quincallería...
Escribir es prostituirse. Es coquetear, es venderse. Es tal vez algo peor: la
prostituta no siente nada...
Escribir es empapar la pluma en agua de mar el
primer día de vacaciones.
Todo el mundo ve el cielo, todo el mundo es escritor.
Lo demás son juegos de espejos...
¿Escribir o callarse?
Escribir la palabra
imposible en la curva de un arco iris.
Julio Cortázar não teve só a
amabilidade de me dar uma entrevista em Caracas ao final de outubro de 1979,
quando eu tinha 21 anos, era uma desconhecida exilada e escrevia free-lance e
grátis para “Semana”, uma revista que estava morrendo. Também teve a imensa
generosidade de me enviar uma carta agradecendo o envio da entrevista quando saiupublicada, dizendo belas palavras que só uma pessoa maravilhosa
como ele podia escrever e que, certamente, eu não merecia.
Cortázar estava em Caracas para
participar da Primeira Conferência sobre o Exílio e a Solidariedade Latino-americana nos anos 70 (Primera
Conferencia sobre el Exilio y la Solidaridad Latinoamericana en los años 70),
que se inaugurou em Caracas e continuou depois em Mérida, que reuniu aos mais
importantes escritores do momento: Mario Benedetti, Eduardo Galeano,
Antonio Skarmeta, Ernesto Cardenal…
Eu assinei a entrevista com pseudônimo (o nome foi eleito
pelo chefe de redação) porque Cortázar era uns dos opositores mais celebres e
combativos da ditadura argentina; minha mãe e minhas irmãs viviam na Argentina
e eu temia represálias contra elas.Cortázar, com a humanidade que o caracterizava, entendeu meu medo quando
lhe expliquei.
Quando nos encontramos no lobby do
Hotel Anauco Hilton não nos demos um beijo, ao estilo argentino, senão a mão,
ao estilo venezuelano, porque isso foi a primeira coisa que tinha aprendido
depois de ter ficado muitas vezes com o beijo no ar vendo a cara de surpreso da
pessoa que ia beijar. Cortázar, que
tinha estado muita vezes na Venezuela, parecia conhecer a costume muito bem.
Ele não perguntou por que eu tinha
sido condenada ao exílio e tampouco contei-lhe.Admirava-o demais como para perder tempo
falando de mim.Só queria ouvir seu
pensamento. Ele estava com Carol Dunlop, encantadora com seus grandes olhos
ternos que olhavam maravilhados como se fosse uma menina, e teve muita
paciência comigo quando ataquei aos intelectuais que mandavam à gente a
combater e depois quando as bombas caiam se escondiam detrás de seus
livros.Não era seu caso, certamente
não, mas tinha conhecido tantos intelectuais que eram assim nos meus últimos
meses fugindo na Argentina, que sentia asco pelos intelectuais. Cortázar, como
se intuíra que eu me estava dessangrando de exílio, respondia meus ataques com
paciência e muita doçura.
Ele via-se muito jovem e atrativo (e
tinha 65 anos), mas parecia um homem muito triste, embora na entrevista eu diga
que às vezes sorria como um menino pequeno, um homem muito preocupado e parecia
estar muito cansado fisicamente.
Quando a entrevista acabou e
estávamos nos despedindo, já os dois parados, quando vi que ele começava a
caminhar e que ia embora para sempre da minha vida, tirando coragem de onde não
sei, eu que era tão tímida, o parei e lhe diz:
- Cortázar, posso lhe pedir um favor?
- ¡Claro! – respondeu com
amabilidade.
- Posso lhe dar um beijo?
Cortázar lançou uma gargalhada cheia de surpresa e alegria e
por primeira vez vi brilhar seus olhos contentes. Carol, a seu lado, olhou pra
mim sorrindo com seus grandes olhos cúmplices.
- ¡Claro!-
respondeu com um sorriso esplêndido, e
se inclinou para que eu pudesse chegar a sua bochecha.
Um beijo, uma entrevista, uma carta. Quem podia pedir
mais? Cortázar foi meu melhor presente de exílio (junto com Joan Baez, mas essa
é outra historia).
Obrigado pelo envio da "Semana". A entrevista que me fez ficou muito bem tendo em conta as circunstancias caóticas nas que a fizemos. Há tido muito em conta coisas que eu diz, e espero que os leitores sintam a autenticidade dupla de vosso trabalho e da minha palavra.
Obrigado outra vez, com um abraço muito cordial de seu amigo. Julio Cortázar”
O que Cortázar não sabia, e não tinha
por que saber e nunca soube, era que eu tinha sido condenada ao exílio por ser
pacifista e editar uma pequena revista “underground” de cultura, Machu-Picchu,
na que tinha expressado minha oposição à guerra com Chile em setembro de 1978. Isto
significou a persecução, clandestinidade, asilo na Embaixada de Venezuela em Buenos Aires e exílio, nessa ordem. E por não ter militância política era muito
ingênua ao supor que bastava um pseudônimo para me esconder da ditadura.
Porque Alberto Boixadós, escritor argentino aderente da ditadura, cujo
livro “Arte e Subversão” (“Arte y Subversión” ) tem um capítulo dedicado a atacar a Cortázar, chamado
“Gabriel García
Márquez, Carlos Fuentes, Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa. São franco
tiradores ou constituem exército regular?” (¿Son francotiradores o
constituyen ejército regular?”), pode ler-se, ¡hoje!, no blog neonazismo argentino chamadoWeltanschauungNS:
“Em entrevista formulada a Cortázar por Viviana López Osornio para a revista “Semana”, No. 581, em um canto do Anauco Hilton, com motivo da primeira Conferencia sobre o Exilio e a Solidariedade Latino-americana."
Primeiro, quanto molestavam as
palavras de Cortázar à ditadura argentina e seus aderentes, porque “Semana” era
uma revista que estava em falência (fechou aos poucos meses) e por tanto tinha
muitos poucos leitores e influência na vida política venezuelana, e a
entrevista tinha sido feita por uma pessoa completamente desconhecida e
insignificante em 1979.
Mas em 1981, quando o livro foi
publicado, eu era uma ativa combatente da ditadura desde meu trabalho
ad-honorem em Anistia Internacional e a “Coordenadora Pro-Direitos Humanos na Argentina”
(“Coordinadora Pro-Derechos Humanos en Argentina”), formada por parte do exílio
argentino na Venezuela, havia deixado de usar pseudônimo em 1979, y me havia
convertido numa pequena figura publica, igualmente insignificante mas para
aditadura qualquerpulga significava a ameaça duma erupção
gigante.
E segundo, que havia traidores no exílio
argentino em Caracas, porque só a gente de meu ambiente sabia que essa
entrevista a Cortázar a tinha feito eu, e nunca se havia republicado com meu
nome. (Por outra parte, em 1980 adotei o sobrenome materno, Iriart, e assim se
me conhece desde então.) Quem ou quemforam os
traidores?
Viver no exílio sempre foi, entre
outras coisas, como andar por um caminho minado, nunca você sabia quando podia
estourar em pedaços. Tampouco quando a mão que se estendia amiga era a mão que em
realidade queria assassina-lo.
Na entrevista Cortázar se lamenta: “Porque
isto eu digo-lhes a vocês, mas ninguém o vai ouvir na Argentina, ninguém vai poder
lê-lo, vocês vão publicá-lo e salvo que
alguém o leve num bolso, ninguém vai poder lê-lo lá”.Eu achava o mesmo. Que errados estávamos! Tínhamos nos
esquecido dos traidores, servindo nossas cabeças em bandeja de prata por
dinheiro, inveja, ambição, perversão o simplesmente ódio.
Cortázar não foi convidado à assunção
de Alfonsin quando a democracia voltou na Argentina em dezembro de 1983. E se
alguém merecia ser convidado por todo o que havia lutado, entregado, deixado de
fazer para se mesmo, sacrificado pela democracia argentina, era ele.
E eu só espero que os traidores
tenham sido castigados pela justiça ou pela vida, e senão foi assim, pouco me
interessa: nunca deixarão de ser um pedaço de merda debaixo duma bota militar
ou dum sapato democrático.
Cortázar segue sendo um dos maiores
escritores de todos os tempos, de todo o
mundo. Um dos sereshumanos mais
amados. E eu vivo em paz.
E agora que aquela carta que me
enviou em 1979, forma parte do livro ““Julio Cortázar: Cartas 1977-1984”, que em 5 volumes reúne quase todas as cartas
que Cortázar escreveu em sua vida, só
posso dizer uma vez mais: Obrigada, Cortázar, por me permitir ser parte da sua
vida.
Homenaje a 100 años de su nacimiento y 30 de su partida: 26 Agosto 1914 - 12 Febrero 1984 / Homenagem aos 100 anos de seu nascimento e 30 de sua partida: 26 agosto 1914 - 12 fevereiro 1984
En medio de la tormenta que ha dejado a la intemperie a la clase política de Venezuela y sin cauces de participación a la ciudadanía, el IX Festival Internacional de Teatro se ha convertido en un acontecimiento lleno de sentido cívico. Su director, Carlos Giménez, hace balance de la reciente edición de Caracas ’92.
Es primero de mayo en Caracas. Aún no han transcurrido dos semanas desde la clausura de IX Festival. Por la avenida México, que conduce hasta El Silencio, desfila una escuálida manifestación convocada por los sindicatos oficiales. Se escuchan consignas antigolpistas y vivas a la normalidad democrática. En el otro extremo de la ciudad abre otro desfile un retrato gigante del golpista Chávez, mientras un altavoz difunde su arenga. Tampoco hay multitudes. Cualquiera de los espectadores del Festival que tuvieron la calle como escenario reunió más participantes que las dos manifestaciones juntas. Y es que el teatro fue durante unas semanas, en medio de la crisis del país, un acontecimiento civil de primer orden. De ahí el carácter excepcional de esta IX edición del Festival de Caracas, para su director Carlos Giménez.
-La crisis que vive el país se manifiesta en una ausencia de la participación de la gente, que ha sido apartada de la construcción y el desarrollo del país. De ahí el fracaso de las últimas elecciones, o esta pequeña manifestación del Primero de Mayo, cuando antes convocaba a cientos de miles de personas, con todas las grandes figuras políticas al frente. Pero en casi todos los espacios de la vida civil la participación democrática del venezolano se ha ido debilitando. Paradójicamente con el Festival sucedió a la inversa: se multiplicó la participación de la gente y cambió la composición socio-cultural del público, se amplió a sectores mucho más populares que nunca habíamos visto participar antes. Eso generó una especie de caos y se fue de las manos de los organizadores. En las circunstancias en las que el país vivía, poner cien mil personas en la avenida Bolívar a contar La Verdadera Historia de Francia frente a las puertas del Consejo Supremo Electoral, que es una de las instituciones más desacreditadas del país, con estallidos de bombas, tanques de guerra, soldados muriendo y gente reclamando su derecho a la violencia, era toda una provocación. Y sin embargo, la gente participó civilmente, dentro de las posibilidades que el país y el Festival le ofrecían.
UN ACONTECIMIENTO CIVIL
-El Festival concentró multitudes en las puertas de los teatros, la mayoría sin entradas, exigiendo y logrando meterse en los espacios físicos. Para unos, esto es una salvajada, porque desde que el festival existe han tenido sus entradas o sus carnets privilegiados. Ese público “culto” que lo ve todo civilizadamente, que llega con su coche a su estacionamiento y sale del espectáculo casi sin aplaudir porque quiere evitarse la cola de la salida. La gente que se desplaza por los subterráneos -porque esta es la ciudad de los subterráneos: estacionamientos subterráneos, autopistas subterráneas como la del Libertador, hasta clubes de moda también subterráneos- de pronto sienten que esto no tiene nada que ver con lo que ellos entienden como cultura.
“La gran parada”, Compañía Royal de Luxe. Francia. Inauguración Popular. Av. Bolívar Caracas, 1992.
Por otro lado, hay una reacción multitudinaria de un sector de la población que tomó el Festival como vía de escape, como una de las escasas posibilidades de participación, porque han dejado de creer en determinadas cosas, pero necesitan imperiosamente participar. Yo siento que el festival fue un fenómeno más que nunca político. Fue el Festival de la incertidumbre. Durante quince días, estuvimos montados sobre un barril de pólvora, en un país que no tiene garantías constitucionales. Concentrar a miles de personas en la calle le ponía los pelos de punta a cualquiera, incluidos los propios organizadores y sin embargo los eventos más organizados, más festivos, más llenos de alegría fueron los espectáculos en las calles. Porque la gente sentía que no tenía que pasar por una puerta angosta donde señores con cara de odio, estaban dispuestos a no dejarlo entrar, después de esperar una hora y pico.
Aunque para Carlos Giménez esta edición del Festival cierra una etapa, no está pensando en replantear su modelo, absolutamente insólito.
-No tendría sentido copiar o asimilar el modelo de los otros festivales que se hacen en el mundo. En países como los nuestros con un movimiento teatral como el que tenemos, un Festival con otras características significaría imponer la rutina sobre la rutina y lo que nosotros intentamos es que el Festival produzca una sacudida, un temblor, un estremecimiento. Como cuando pasa un terremoto: siempre queda algo que reajustar y el movimiento teatral venezolano y en líneas generales el latinoamericano, ha sido reajustado. En estos 20 años yo he visto crecer una nueva generación de actores y actrices en Venezuela. He visto nacer el Centro de Directores para el Nuevo Teatro. Hemos asistido a la creación del Teatro Nacional Juvenil. A la consolidación de las instituciones y la desaparición de otras. Al surgimiento de una nueva dramaturgia.
La oportunidad bienal de recibir y de dar información dentro de un marco de fiesta, donde la exaltación es como el veneno compartido entre miles de personas, yo creo que no puede desaparecer. Lo importante es lo que el Festival puede aportar al desarrollo teatral venezolano o latinoamericano. Y en ese aspecto a lo mejor hemos sido pocos audaces. Creo que viene un momento de reflexión, de ver cómo podemos aprovechar todo lo que el Festival genera, no sólo en la ciudad. Varios sectores del país quedan como agotados, exhaustos, hablando durante semanas del Festival. Para mí el Festival es como un hábitat, que debe tratar de modificarse internamente para que su proyección sea más adecuada, pero si el Festival pierde ese carácter de fiesta, para mí es preferible que muera.
NOS FALTÓ IMAGINACIÓN
El ’92 era una fecha un poco especial para el Festival de Caracas. España ha estado bien representada, al menos en sentido numérico, con cinco espectáculos…Pero para Carlos Giménez que, como tantos latinoamericanos tiene sentimientos encontrados de amor y odio respecto a España, algo se ha perdido en esta ocasión del V Centenario.
-Creo que tanto a la parte española como a nosotros, nos faltó imaginación y audacia para enfrentar el proyecto. Lo que hemos hecho fue como una repetición de otros años. Comparado con la Operación Cargo ’92 de Francia, tan llena de imaginación, de una audacia, de un buen criterio, pensada como una oportunidad de imaginar de una manera nueva su relación con América Latina, se nos ha quedado pequeña. Ahí están los resultados; unos espectáculos concebidos para tratar de establecer un puente con la imaginación. Más de 200 personas trabajaron durante semanas con los equipos franceses, sufriendo, peleándose, pero creando un conocimiento a través del trabajo, que tuvo un resultado en una fiesta multitudinaria. La participación francesa fue como estar haciendo otro Festival dentro del festival. El importe de la operación costó 6 millones de dólares (600 millones de pesetas). (Nota del libro: pagados por el estado francés).
No va a haber en este año otra plataforma, otro escenario como el de Caracas o el de Bogotá, que reúnan entre los dos cerca de un millón de espectadores. Con España fue todo como muy institucional, pensado desde los parámetros de una concepción que yo creo que no se compadece con las verdaderas necesidades de la relación entre España y América Latina. Tuvimos colaboración, muchísima colaboración, para que las compañías vinieran. El público reaccionó entusiasmado ante el espectáculo de Els Joglars o se fascinó con Nacho Duato.
Pero, de cualquier manera, lo que nosotros pudimos hacer en conjunto debió ser mayor. Se desaprovechó el espectáculo natural del acontecimiento, que es éste, América Latina; se pudieron hacer cosas más audaces. No en el sentido de riesgo gratuito, sino para investigar en esta relación entre España y América que sigue siendo compleja, extraña, apasionante, excitante. Yo no digo que la responsabilidad sea sólo de la parte española. Yo hago también mi mea culpa.
Antes que termine este año de gracia, Carlos Giménez dirigirá un espectáculo en el Piccolo Teatro de Milán, lo que le mantendrá alejado durante unos meses de Rajatabla.
-He estado involucrado hasta ahora en muchos proyectos Institucionales de Venezuela, y por eso no he podido aceptar propuestas afuera. Ahora tengo esta oportunidad de hacer este trabajo en el Piccolo y de asumir un cierto compromiso conmigo mismo, con el fin de que varias de las instituciones en las que yo estoy comprometido, comiencen de alguna manera a desprenderse del cordón umbilical y marchen por sí solas”.