Reverón en el mar Caribe, foto del documental de Margot Benacerraf "Reveron". Somos una hemeroteca de textos y otras cosas hermosas, de ayer y de hoy y de mañana también.

ETIQUETAS

40 años sin Violette Leduc, "la bastarda" que era un "desierto que monologa" será interpretada en cine por Emanuelle Devos; Thérèse and Isabelle en Gran Bretaña; entrevista a Leduc








La Bastarda es la obra culmine de Violette Leduc, novela autobiográfica, desgarradora, sublime y bella, que le abrió las puertas del éxito y la saco de la  miseria. El prólogo fue escrito por su amiga Simone de Beauvoir y comienza con una carta que Violette le envió donde decía: “Soy un desierto que monologa”. 

Violette murió el 28 de mayo de 1972. A 40 años de su muerte el mundo literario es un monólogo desierto.










Martin Provost prepara filme sobre  Violette Leduc con Emanuelle Devos



El director francés que ganó 7 premios Cèsar con su pelìcula 
Séraphine, también convocó a Sandrine Kiberlain
para hacer el papel de Simone de Beauvoir 
El rodaje comenzará en septiembre


Martin Provost vient de sillonner le plateau de Millevaches en quête de lieux de tournage pour son prochain film, Violette, consacré à Violette Leduc et à Simone de Beauvoir. Martin Provost, pour tout cinéphile, c’est d’abord Séraphine, un film qui a obtenu sept Césars du cinéma en 2009, dont celui du meilleur réalisateur et celui du meilleur film. Depuis, il y a eu Où va la nuit?? Demain, ce sera Violette dont le tournage débutera en septembre prochain, probablement au cœur du Limousin.



Fidèle depuis toujours au Limousin
Martin Provost connaît bien le Limousin, une terre à laquelle il est fidèle depuis l’enfance. Sa famille maternelle est issue de Davignac où vivaient ses grands-parents. Martin est marqué à tout jamais par les souvenirs liés à cette bourgade corrézienne. Des années après il a renoué durablement avec le Limousin en se rendant chez son amie de toujours Micheline Presle alors qu’elle venait d’acheter une maison de village, sur la commune de La Nouaille, à une quinzaine de kilomètres de Felletin.
« J’ai aidé Micheline à s’installer. J’ai retrouvé toutes les odeurs de mon enfance. Pendant des années, je suis venu au Montfranc, seul ou avec Micheline. Je prenais plaisir à me baigner à Lavaud-Gelade, à être simplement dans ces paysages que j’aime ».
Martin Provost qui, après quelques courts-métrages et Tortilla y cinéma, a tourné Le ventre de Juliette en 2003, a retrouvé, dès les années 1980, dans le sud de la Creuse, Nathalie Baye, Claude Miller, Luc Béraud, Jacques Bonnaffé et d’autres professionnels du grand écran. Il est devenu l’ami de leurs amis, en l’occurrence l’Aubussonnais Jean-Pierre Saint-Rapt et de sa femme. 
Il a pris ses habitudes dans le Sud creusois mais sans se résoudre pour autant à acheter de maison. Martin manie la caméra mais aussi la plume. Il a signé un roman de famille dans lequel il se dévoile (Léger, humain, pardonnable, disponible depuis peu en collection de poche au Seuil) et quelques autres ouvrages. Il aime aussi la scène, pendant sept ans il a été pensionnaire à la Comédie-Française. 
Lui, le Breton (il est né à Brest en 1957) qui vit en région parisienne (où Micheline Presle l’a rejoint depuis quelques années) et qui est amoureux du Sud creusois, est fidèle à sa ligne de conduite. Il veut croire au merveilleux, il est désireux de questionner les vies de femmes inconnues ou méconnues.
« C’est mon éditeur, au Seuil, René de Ceccatti, qui m’a fait découvrir un texte splendide de Violette Leduc. Je n’avais jamais rien lu d’elle ».
Martin Provost a établi un parallèle avec Séraphine, une inconnue qui, dans un univers clos, a œuvré pour la libération de la Femme. Violette Leduc s’est livrée au même combat mais en se confrontant à toutes les expériences.



 Foto: Henri Cartier-Bresson 1964

Début du tournage en septembre
Ce film sur Violette Leduc s’inscrit dans la continuité des précédents, en particulier de Séraphine. Il constituera le deuxième volet d’une trilogie à laquelle le cinéaste travaille (il n’a pas encore arrêté son choix pour le troisième personnage qui sera issu de la littérature, de la peinture, des arts en général).
Martin a donc eu un choc en lisant Trésors à prendre que Violette Leduc a publié en 1960.
« Elle relate son seul voyage. Sur les conseils de Simone de Beauvoir, sac à dos, elle a traversé le Massif-Central. Elle se fait violer dans la Drôme. Ce périple lui permet néanmoins de découvrir la nature, ce qui sera fondamental pour elle. Alors, j’ai immédiatement pensé à tourner mon film sur le Plateau de Millevaches. Je me sens totalement d’ici ».
Le cinéaste, accueilli par Jean-Pierre Saint-Rapt, accompagné de son assistante Juliette Maillard, vient de sillonner le secteur à la recherche de lieux de tournage. Il poursuit sa quête (voir par ailleurs). Il a presque arrêté son casting. Ce film qui tourne autour de Violette Leduc et de Simone de Beauvoir sera interprété, pour les deux rôles principaux, par Emmanuelle Devos (Violette) et Sandrine Kiberlain (Simone). Le tournage débutera le 10 septembre, sans doute dans le Limousin, il se poursuivra à Paris avec quelques jours également dans le Midi.


©Robert Guinot
Francia
Abril 2012





 

La letra bastarda por Aurora Venturini 
Página 12, Buenos Aires 2009


Violette Leduc (1904-1972), admirada por Simone de Beauvoir, Sartre, Camus y todo el equipo existencialista y moderno de la París de los sesenta, nunca dejó su sino trágico, ni en los gestos ni en la escritura. La asfixia, La mujer del Zorrito, La bastarda y Taxi son algunas de sus novelas que no por caídas en el olvido dejaron de ser imprescindibles.

Por  Sus herramientas son las novelas en las cuales campea el fantasma de una madre a quien trató de seducir, o al menos de agradar, en vano. A lo largo de unos relatos que le acaparan todo, intenta cavar hendedura en el muro de piedra con que el mundo la cercó a la perfección, para evitarla.

Toda la obra de esta mujer nacida en un pueblito francés en 1904, y que se sofocó con la trágica humareda de dos grandes guerras, va inmersa en la amargura de despedida. La relación de Violette con el universo circundante es neblinosa, siempre tan tétrica. Su escritura parece ser la de una vacuidad, de esas que van llenas de fingidas alegrías, amaneramiento contagioso. Les teme a los amores, desconfía de las amistades, se teme: 

“Mi madre no me ha dado nunca la mano... Me ayudaba a subir, a bajar las aceras pellizcando mi vestido a la altura del hombro, allí donde las costuras de la manga es fácil de asir”, dice su personaje en La asfixia, historia de su infancia dolorosa. 

No obstante, Violette Leduc aparentaba un ser ligero cual paloma, oscura paloma, eso sí. Resulta que luego de sufrir dos espantosas guerras, era necesario aceptar cualquier margen viable a la posible sobrevida. 

“La tumba no será, pues, bastante profunda para tragarse a esta muchacha... Suspira con tanta convicción que descansa sobre la almohada de todos los que duermen en una ciudad muerta. ¿En qué mundo recuerda que descansar dejándose flotar es más agradable que dormir?”, así describe a su personaje en La Mujer del Zorrito, que una vez más, advertiremos, no es otra que ella misma cargando con la pobreza de la posguerra. La mujer va a todos lados acompañada de un miserable cuello de piel que usa todos los días y que posee como el mayor lujo desde el día en que lo levantó de un basural. El zorrito que se muerde la cola mediante un broche y que la mira con sus ojitos de vidrio la obnubila. Ella lo ama y le conversa sumergidos ambos como objetos sombríos en un abandono. Ha llegado a jurarle fidelidad eterna. La Mujer del Zorrito es una autobiografía en cien páginas escritas con suficiente maestría como para contener un mar de penas y no desbordarse nunca. La fatalidad de haber nacido sin ser esperada no se va nunca. Violette pide limosna con su zorrito al cuello:

 “...He pedido limosna y qué te importa. Un estómago no es una regla de gramática, aceptemos lo que venga de donde venga”. 

El ruinoso animalito la acusa de haber intentado venderlo, y es verdad, sólo que nadie se lo quiso comprar sino que “se retorcieron de risa”. La dueña infiel y hambrienta tramó ganar una montañita de oro con esa venta. Ahora le pide perdón al zorrito y lo declara tesoro invalorable. El chal de piel al que ella llama “mi angelito” la domina, ya no piensa en venderlo y sabe bien que no se lo comprarán, los ensueños no tienen precio. Su angelito duerme, el hocico estirado, en paz con sus largas carreras por la naturaleza. Dormirá siempre. Ella lo llevará siempre en torno a su cuello. Se lo pone, lo acaricia y él la reconoce. “Duermen un sueño profundo. No oyen el estruendo del Metropolitano ni las puertas que se cierran”.

Veo todavía a Violette Leduc en la Estación de Strasburg y en Saint-Denis; en el departamento frente al Luxemburgo; andando por las ramblas arboladas,barriales de Viarnes y de Belloy; eran los senderos góticos de ojivas que formaban, al tope, las copas de la arboleda el material de su literatura. Violette figuraba una altísima criatura portando una cartera azul de paja y vestida por Chanel. Todavía sufría de malquerencias antiguas y vejaciones. Ya en plena madurez podía parecerse a una tía delgadísima que ironizaba sobre ella misma con mucha gracia: “vista de atrás, soy liceo, vista de adelante soy museo”. Vista desde lejos parecía joven porque nunca engrosó. Violette admiraba a la pareja formada por Simone de Beauvoir y Jean-Paul Sartre. Su modo obsesivo de vivenciar el entorno la llevó a suponer que Jean Paul la perseguía, bella locura que no fue... Fue una parisienne, una hija de París irreductible. De otra ciudad no hubiera podido brotar el prodigioso genio de los ingenios de la autora de La bastarda, vayan a leerlo, es otra vez ella misma, uno de los libros más tremendos que existen todavía.


©Aurora Venturini
Buenos Aires
4 de diciembre de 2009





 Thérèse and Isabelle






Thérèse and Isabelle by Violette Leduc /  Nicholas Lezard
The Guardian, febrero 2012




The art of writing about love


 "Such affairs as the book describes happen; they are 
part of what makes people the way they are."  




I was tempted, at first, to start this review with some clunking irony along the lines of "Like most men, I have no prurient interest whatsoever in contemplating a highly sexual love-affair between two pupils at an all-girls' boarding-school, so the subject matter of this novella held little appeal ..." But having read Thérèse and Isabelle and been deeply moved by it, I don't think it appropriate to make jokes; and the impulse to have done so might in itself be a side-effect of the pornification of culture, or at least of myself.

Then again, it was horror and fear on the part of the publishers which kept this work, first written as the opening section of Leduc's novel Ravages (1955), unpublished in its original form until 2000 – and in French, at that. Leduc, a friend of Simone de Beauvoir (who also had a crush on her), had spent three years writing Thérèse and Isabelle – and it shows, in a good way. So when Gallimard said, in effect, "no way" in 1954 ("impossible to publish openly," said Raymond Queneau, of all people), Leduc nearly had a breakdown. The publishers had, in De Beauvoir's words, "cut her tongue out," and although the work was reshaped and inserted, piecemeal, into subsequent books (and circulated in a private edition among friends), it hasn't appeared in English before this edition.


It's a brave thing to do, and if there's one good side-effect of prurience, it's that in the pursuit of something rude, good art can be discovered. (I remember being steered to Les Biches as a teenager by someone who had heard it was full of dirty stuff; I ended up discovering the genius of Chabrol early.) And Thérèse and Isabelle is, unquestionably, great.

And its interest in the sexual side of things is crucial. Such affairs as the book describes happen; they are part of what makes people the way they are; and so they have to be written about. In this country, we have a particularly immature attitude to this kind of thing: just look at the smirking adolescence betrayed by the inaugurators and keepers of the flame of the Bad Sex Awards, a prize whose point has always been unclear to me – is it for good writing about bad sex, bad writing about bad sex, or bad writing about good sex? (The main point of the prize, it seems, is that some things simply should not be written about.)

So here we have extraordinary writing about sex; and, more importantly, about love, and the way it makes us feel. "Now is a night of obstacles. Her smell belongs to me. I have lost her smell. Give me back her smell." Who has not felt like that, as the odour of the beloved evaporates from the sheets? "'I wish you would look at me when I'm looking at you,' she said behind me." Who has not felt a similar kind of possessiveness? "It's too stupid. A moment ago we understood each other." Who hasn't sometimes been astonished at the vertiginous nature of love, the way it is an unstable equilibrium, a magical but precarious balancing act? And: "My eyebrows brushed her eyebrows. 'It's incredible the way I'm seeing you,' she says." I don't think I have ever read physical intimacy better described, or evoked. (One thing that comes across pretty quickly is that this is a damned fine translation, that can't have been easy to pull off; and dispels any misgivings that the translated quote in the press release, from Libération, inspires: "Violette's prose, hirsute and grasping as always, throws itself into faces more spiritedly than today's provocateurs ..." Eh?)

So we are, in fact, a long way from pornography, although perhaps not too far from what pornography (written pornography, that is) tries to do: which is to make us believe in plausible minds behind the genitals, so that there is some agency behind the act. Anaïs Nin, obliged to write porn to make ends meet, had a natural instinct to make it more "artistic"; here, the art is the point. And it's funny how the people who do this kind of thing best are the French.


Gran Bretaña
febrero 2012 





Violette Leduc: La Locura ante todo


Leduc, Violette. La locura ante todo. 
Argentina. Sudamericana, 1973.
Traducción de Estela Canto. 
La autobiografía que Violette Leduc comenzó con La Bastarda llega a su conclusión con un libro todavía más apasionado y desgarrado que se abre en el año 1944 y se cierra poco antes de la muerte de la autora.

 La locura ante todo cuenta la amistad de la autora con Jean Cocteau, Jean Genet, Simone de Beauvoir, y se cierra con una dramática confesión literaria:
 "¿Y la literatura? Me abruma... Estoy cercada; escribo lo que he vivido.
 Doy relieve a dramas convertidos en naderías con los años... 
Escribir es dar nuestro calor. He dado mis manos tibias a una sierra de metales en una quincallería... 
Escribir es prostituirse. Es coquetear, es venderse. Es tal vez algo peor: la prostituta no siente nada... 
Escribir es empapar la pluma en agua de mar el primer día de vacaciones. 
Todo el mundo ve el cielo, todo el mundo es escritor. 
Lo demás son juegos de espejos... 
¿Escribir o callarse? 
Escribir la palabra imposible en la curva de un arco iris. 
Todo estaría dicho."
Violette Leduc, La locura ante todo

 ©Canuto Libros






“Julio Cortázar: Cartas 1977-1984” (Alfaguara): carta a viviana marcela iriart. A história detrás da carta / viviana marcela iriart, fotos Eduardo Gamondés, 22 de abril de 2013












Julio Cortázar  não teve só a amabilidade de me dar uma entrevista em Caracas ao final de outubro de 1979, quando eu tinha 21 anos, era uma desconhecida exilada e escrevia free-lance e grátis para “Semana”, uma revista que estava morrendo. Também teve a imensa generosidade de me enviar uma carta agradecendo o envio da entrevista quando saiu publicada, dizendo belas palavras que só uma pessoa maravilhosa como ele podia escrever e que, certamente, eu não merecia. 

Cortázar estava em Caracas para participar da Primeira Conferência sobre o Exílio e a Solidariedade Latino-americana nos anos 70 (Primera Conferencia sobre el Exilio y la Solidaridad Latinoamericana en los años 70), que se inaugurou em Caracas e continuou depois em Mérida, que reuniu aos mais importantes escritores do momento: Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Antonio Skarmeta, Ernesto Cardenal…

Eu assinei a entrevista com pseudônimo (o nome foi eleito pelo chefe de redação) porque Cortázar era uns dos opositores mais celebres e combativos da ditadura argentina; minha mãe e minhas irmãs viviam na Argentina e eu temia represálias contra elas.  Cortázar, com a humanidade que o caracterizava, entendeu meu medo quando lhe expliquei. 

Quando nos encontramos no lobby do Hotel Anauco Hilton não nos demos um beijo, ao estilo argentino, senão a mão, ao estilo venezuelano, porque isso foi a primeira coisa que tinha aprendido depois de ter ficado muitas vezes com o beijo no ar vendo a cara de surpreso da pessoa que ia beijar.  Cortázar, que tinha estado muita vezes na Venezuela, parecia conhecer a costume muito bem. 

Ele não perguntou por que eu tinha sido condenada ao exílio  e tampouco contei-lhe.  Admirava-o demais como para perder tempo falando de mim.  Só queria ouvir seu pensamento. Ele estava com Carol Dunlop, encantadora com seus grandes olhos ternos que olhavam maravilhados como se fosse uma menina, e teve muita paciência comigo quando ataquei aos intelectuais que mandavam à gente a combater e depois quando as bombas caiam se escondiam detrás de seus livros.  Não era seu caso, certamente não, mas tinha conhecido tantos intelectuais que eram assim nos meus últimos meses fugindo na Argentina, que sentia asco pelos intelectuais. Cortázar, como se intuíra que eu me estava dessangrando de exílio, respondia meus ataques com paciência e muita doçura.

Ele via-se muito jovem e atrativo (e tinha 65 anos), mas parecia um homem muito triste, embora na entrevista eu diga que às vezes sorria como um menino pequeno, um homem muito preocupado e parecia estar muito cansado fisicamente. 










Quando a entrevista acabou e estávamos nos despedindo, já os dois parados, quando vi que ele começava a caminhar e que ia embora para sempre da minha vida, tirando coragem de onde não sei, eu que era tão tímida, o parei e lhe diz:

- Cortázar, posso lhe pedir um favor?
- ¡Claro! – respondeu com amabilidade.
- Posso lhe dar um beijo?

Cortázar lançou uma gargalhada cheia de surpresa e alegria e por primeira vez vi brilhar seus olhos contentes. Carol, a seu lado, olhou pra mim sorrindo com seus grandes olhos cúmplices.

- ¡Claro!  - respondeu com um sorriso esplêndido, e se inclinou para que eu pudesse chegar a sua bochecha.

Um beijo, uma entrevista, uma carta. Quem podia pedir mais? Cortázar foi meu melhor presente de exílio (junto com Joan Baez, mas essa é outra historia). 




  
“Paris, 30 de Novembro de 1979

Querida Viviana: 

  Obrigado pelo envio da "Semana". A entrevista que me fez ficou muito bem tendo em conta as circunstancias caóticas nas que a fizemos. Há tido muito em conta coisas que eu diz, e espero que os leitores sintam a autenticidade dupla de vosso trabalho e da minha palavra.

Obrigado outra vez, com um abraço muito cordial de seu amigo.  Julio Cortázar












O que Cortázar não sabia, e não tinha por que saber e nunca soube, era que eu tinha sido condenada ao exílio por ser pacifista e editar uma pequena revista “underground” de cultura, Machu-Picchu, na que tinha expressado minha oposição à guerra com Chile em setembro de 1978. Isto significou a persecução, clandestinidade, asilo na Embaixada de Venezuela em Buenos Aires e exílio, nessa ordem. E por não ter militância política era muito ingênua ao supor que bastava um pseudônimo para me esconder da ditadura. 


Porque Alberto Boixadós, escritor argentino aderente da ditadura, cujo livro “Arte e Subversão” (“Arte y Subversión” )  tem um capítulo dedicado a atacar a Cortázar, chamado Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa. São franco tiradores ou constituem exército regular?(¿Son francotiradores o constituyen ejército regular?”), pode ler-se, ¡hoje!, no blog neonazismo argentino chamado WeltanschauungNS





Portada del blog



Alberto Boixadós  escreveu em 1981 o livro “A revolução e o Arte Moderno  (“La Revolución y el Arte Moderno") e, continuando seus ataques a Cortázar, diz:



 “Em entrevista formulada a Cortázar por Viviana López Osornio para a revista “Semana”, No. 581, em um canto do Anauco Hilton, com motivo da primeira Conferencia sobre o Exilio e a Solidariedade Latino-americana."







   
 
Isto demonstra duas coisas.

Primeiro, quanto molestavam as palavras de Cortázar à ditadura argentina e seus aderentes, porque “Semana” era uma revista que estava em falência (fechou aos poucos meses) e por tanto tinha muitos poucos leitores e influência na vida política venezuelana, e a entrevista tinha sido feita por uma pessoa completamente desconhecida e insignificante em 1979. 

Mas em 1981, quando o livro foi publicado, eu era uma ativa combatente da ditadura desde meu trabalho ad-honorem em Anistia Internacional e a “Coordenadora Pro-Direitos Humanos na Argentina” (“Coordinadora Pro-Derechos Humanos en Argentina”), formada por parte do exílio argentino na Venezuela, havia deixado de usar pseudônimo em 1979, y me havia convertido numa pequena figura publica, igualmente insignificante mas para a  ditadura qualquer  pulga significava a ameaça duma erupção gigante. 

E segundo, que havia traidores no exílio argentino em Caracas, porque só a gente de meu ambiente sabia que essa entrevista a Cortázar a tinha feito eu, e nunca se havia republicado com meu nome. (Por outra parte, em 1980 adotei o sobrenome materno, Iriart, e assim se me conhece desde então.) Quem ou quem  foram os traidores?

Viver no exílio sempre foi, entre outras coisas, como andar por um caminho minado, nunca você sabia quando podia estourar em pedaços. Tampouco quando a mão que se estendia amiga era a mão que em realidade queria assassina-lo.

Na entrevista Cortázar se lamenta: “Porque isto eu digo-lhes a vocês, mas ninguém o vai ouvir na Argentina, ninguém vai poder lê-lo, vocês vão publicá-lo e salvo que alguém o leve num bolso, ninguém vai poder lê-lo lá”. Eu achava o mesmo. Que errados estávamos! Tínhamos nos esquecido dos traidores, servindo nossas cabeças em bandeja de prata por dinheiro, inveja, ambição, perversão o simplesmente ódio. 

Cortázar não foi convidado à assunção de Alfonsin quando a democracia voltou na Argentina em dezembro de 1983. E se alguém merecia ser convidado por todo o que havia lutado, entregado, deixado de fazer para se mesmo, sacrificado pela democracia argentina, era ele. 

E eu só espero que os traidores tenham sido castigados pela justiça ou pela vida, e senão foi assim, pouco me interessa: nunca deixarão de ser um pedaço de merda debaixo duma bota militar ou dum sapato democrático. 

Cortázar segue sendo um dos maiores escritores de todos os tempos, de  todo o mundo. Um dos seres humanos mais amados. E eu vivo em paz.

E agora que aquela carta que me enviou em 1979, forma parte do livro “Julio Cortázar: Cartas 1977-1984”, que em 5 volumes reúne quase todas as cartas que Cortázar  escreveu em sua vida, só posso dizer uma vez mais: Obrigada, Cortázar, por me permitir ser parte da sua vida. 


 22 de abril de 2013



 
Tradução: Alejandra Rodrigues Matias  / viviana marcela iriart
















Homenaje a 100 años de su nacimiento y 30 de su partida: 
26 Agosto 1914 - 12 Febrero 1984 / 
Homenagem aos 100 anos de seu nascimento e 30 de sua partida:
 26 agosto 1914 - 12 fevereiro 1984












Joan Baez: Un collage en apoyo al pueblo ucraniano/A collage in support of the Ukranian people, 8 de marzo 2022


 

Carlos Giménez: "Quince días sobre un barril de pólvora", entrevista de Moisés Pérez Coterillo, fotos Roland Streuli, 1992/ del libro "María Teresa Castillo-Carlos Giménez-FITC 1973-1992"(2023)

 





 

©Roland Streuli

  

 

En medio de la tormenta que ha dejado a la intemperie a la clase política de Venezuela y sin cauces de participación a la ciudadanía, el IX Festival Internacional de Teatro se ha convertido en un acontecimiento lleno de sentido cívico. Su director, Carlos Giménez, hace balance de la reciente edición de Caracas ’92.

Es primero de mayo en Caracas. Aún no han transcurrido dos semanas desde la clausura de IX Festival. Por la avenida México, que conduce hasta El Silencio, desfila una escuálida manifestación convocada por los sindicatos oficiales. Se escuchan consignas antigolpistas y vivas a la normalidad democrática. En el otro extremo de la ciudad abre otro desfile un retrato gigante del golpista Chávez, mientras un altavoz difunde su arenga. Tampoco hay multitudes. Cualquiera de los espectadores del Festival que tuvieron la calle como escenario reunió más participantes que las dos manifestaciones juntas. Y es que el teatro fue durante unas semanas, en medio de la crisis del país, un acontecimiento civil de primer orden. De ahí el carácter excepcional de esta IX edición del Festival de Caracas, para su director Carlos Giménez.

 

-        La crisis que vive el país se manifiesta en una ausencia de la participación de la gente, que ha sido apartada de la construcción y el desarrollo del país. De ahí el fracaso de las últimas elecciones, o esta pequeña manifestación del Primero de Mayo, cuando antes convocaba a cientos de miles de personas, con todas las grandes figuras políticas al frente. Pero en casi todos los espacios de la vida civil la participación democrática del venezolano se ha ido debilitando. Paradójicamente con el  Festival sucedió a la inversa: se multiplicó la participación de la gente y cambió la composición socio-cultural del público, se amplió a sectores mucho más populares que nunca habíamos visto participar antes. Eso generó una especie de caos y se fue de las manos de los organizadores. En las circunstancias en las que el país vivía, poner cien mil personas en la avenida Bolívar a contar La Verdadera Historia de Francia frente a las puertas del Consejo Supremo Electoral, que es una de las instituciones más desacreditadas del país, con estallidos de bombas, tanques de guerra, soldados muriendo y gente reclamando su derecho a la violencia, era toda una  provocación. Y sin embargo, la gente participó civilmente, dentro de las posibilidades que el país y el Festival le ofrecían.

 

 

UN ACONTECIMIENTO CIVIL

 

-        El Festival concentró multitudes en las puertas de los teatros, la mayoría sin entradas, exigiendo y logrando meterse en los espacios físicos. Para unos, esto es una salvajada, porque desde que el festival existe han tenido sus entradas o sus carnets privilegiados. Ese público “culto” que lo ve todo civilizadamente, que llega con su coche a su estacionamiento y sale del espectáculo casi sin aplaudir porque quiere evitarse la cola de la salida. La gente que se desplaza por los subterráneos -porque esta es la ciudad de los subterráneos: estacionamientos subterráneos, autopistas subterráneas como la del Libertador, hasta clubes de moda también subterráneos- de pronto sienten que esto no tiene nada que ver con lo que ellos entienden como cultura.

 



“La gran parada”, Compañía  Royal de Luxe. Francia. Inauguración Popular. Av. Bolívar Caracas,  1992. 
©Roland Streuli





Por otro lado, hay una reacción multitudinaria de un sector de la población que tomó el Festival como vía de escape, como una de las escasas posibilidades de participación, porque han dejado de creer en determinadas cosas, pero necesitan imperiosamente participar.  Yo siento que el festival fue un fenómeno más que nunca político. Fue el Festival de la incertidumbre.  Durante quince días, estuvimos montados sobre un barril de pólvora, en un país que no tiene garantías constitucionales. Concentrar a miles de personas en la calle le ponía los pelos de punta a cualquiera, incluidos los propios organizadores y sin embargo los eventos más organizados, más festivos, más llenos de alegría fueron los espectáculos en las calles. Porque la gente sentía que no tenía que pasar por una puerta angosta donde señores con cara de odio, estaban dispuestos a no dejarlo entrar, después de esperar una hora y pico.

 

 

Aunque para Carlos Giménez esta edición del Festival cierra una etapa, no está pensando en replantear su modelo, absolutamente insólito.

 

-        No tendría sentido copiar o asimilar el modelo de los otros festivales que se hacen en el mundo. En países como los nuestros con un movimiento teatral como el que tenemos, un Festival con otras características significaría imponer la rutina sobre la rutina y lo que nosotros intentamos es que el Festival produzca una sacudida, un temblor, un estremecimiento. Como cuando pasa un terremoto: siempre queda algo que reajustar y el movimiento teatral venezolano y en líneas generales el latinoamericano, ha sido reajustado. En estos 20 años yo he visto crecer una nueva generación de actores y actrices en Venezuela. He visto nacer el Centro de Directores para el Nuevo Teatro. Hemos asistido a la creación del Teatro Nacional Juvenil. A la consolidación de las instituciones y la desaparición de otras. Al surgimiento de una nueva dramaturgia.

La oportunidad bienal de recibir y de dar información dentro de un marco de fiesta, donde la exaltación es como el veneno compartido entre miles de personas, yo creo que no puede desaparecer. Lo importante es lo que el Festival puede aportar al desarrollo teatral venezolano o latinoamericano. Y en ese aspecto a lo mejor hemos sido pocos audaces. Creo que viene un momento de reflexión, de ver cómo podemos aprovechar todo lo que el Festival genera, no sólo en la ciudad. Varios sectores del país quedan como agotados, exhaustos, hablando durante semanas del Festival.  Para mí el Festival es como un hábitat, que debe tratar de modificarse internamente para que su proyección sea más adecuada, pero si el Festival pierde ese carácter de fiesta, para mí es preferible que muera.

 

 


NOS FALTÓ IMAGINACIÓN

 


El ’92 era una fecha un poco especial para el Festival de Caracas. España ha estado bien representada, al menos en sentido numérico, con cinco espectáculos…Pero para Carlos Giménez que, como tantos latinoamericanos tiene sentimientos encontrados de amor y odio respecto a España, algo se ha perdido en esta ocasión del V Centenario.


 

-        Creo que tanto a la parte española como a nosotros, nos faltó imaginación y audacia para enfrentar el proyecto. Lo que hemos hecho fue como una repetición de otros años. Comparado con la Operación Cargo ’92 de Francia, tan llena de imaginación, de una audacia, de un buen criterio, pensada como una oportunidad de imaginar de una manera nueva su relación con América Latina, se nos ha quedado pequeña. Ahí están los resultados; unos espectáculos concebidos para tratar de establecer un puente con la imaginación. Más de 200 personas trabajaron durante semanas con los equipos franceses, sufriendo, peleándose, pero creando un conocimiento a través del trabajo, que tuvo un resultado en una fiesta multitudinaria. La participación francesa fue como estar haciendo otro Festival dentro del festival. El importe de la operación costó 6 millones de dólares (600 millones de pesetas). (Nota del libro: pagados por el estado francés).

 

No va a haber en este año otra plataforma, otro escenario como el de Caracas o el de Bogotá, que reúnan entre los dos cerca de un millón de espectadores. Con España fue todo como muy institucional, pensado desde los parámetros de una concepción que yo creo que no se compadece con las verdaderas necesidades de la relación entre España y América Latina. Tuvimos colaboración, muchísima colaboración, para que las compañías vinieran. El público reaccionó entusiasmado ante el espectáculo de Els Joglars o se fascinó con Nacho Duato.

 

Pero, de cualquier manera, lo que nosotros pudimos hacer en conjunto debió ser mayor. Se desaprovechó el espectáculo natural del acontecimiento, que es éste, América Latina; se pudieron hacer cosas  más audaces. No en el sentido de riesgo gratuito, sino para investigar en esta relación entre España y América que sigue siendo compleja, extraña, apasionante, excitante. Yo no digo que la responsabilidad sea sólo de la parte española. Yo hago también mi mea culpa.

 


Antes que termine este año de gracia, Carlos Giménez dirigirá un espectáculo en el Piccolo Teatro de Milán, lo que le mantendrá alejado durante unos meses de Rajatabla.


 

-        He estado involucrado hasta ahora en muchos proyectos Institucionales de Venezuela, y por eso no he podido aceptar propuestas afuera. Ahora tengo esta oportunidad de hacer este trabajo en el Piccolo y de asumir un cierto compromiso conmigo mismo, con el fin de que varias de las instituciones en las que yo estoy comprometido, comiencen de alguna manera a desprenderse del cordón umbilical y marchen por sí solas”.

 





Fuente: Roland Streuli





 


 

LEE GRATIS EL LIBRO HACIENDO CLIK ABAJO

MARÍA TERESA-CARLOS-FITC