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Cesária Évora: “Siempre viví a mi manera”, entrevista de Anabela Mota Ribeiro, fotografía de Pedro Loureiro, Lisboa 1999



Césaria Évora y Anabela Mota Ribeiro. Fotografía  Pedro Loureiro




“Cuando un hombre me deja voy enseguida a buscar otro, ¡no hay tiempo que perder! ¡Si no se crean telarañas! ¿Entiende? ¡No hay tiempo para telarañas!”







Cesária Évora canta desde que se acuerda y también desde que se acuerda canta descalza. Ya era una mujer madura cuando la casualidad  la trajo  a Lisboa y le marcó un encuentro con José da Silva. O Djô Silva, si prefieren, productor y empresario. Fue también en esa ocasión que entró en escena el instrumentista Paulino Vieira, que, lo digo desde la altura de mi autoridad musical (que por casualidad es inexistente, pero no importa) reformuló el sonido africano y se convirtió en una pieza fundamental de los discos de Cesária. Como saben, el fenómeno explotó primero en Francia, continuó por el resto de Europa y después llegó a los  Estados Unidos.

En el Mindelo ya todos la conocen de las serenatas y de las parodias, animadas por el ponche y otras bebidas. Sabían que era hija de un hombre que se perdía en la guitarra y sobrina de un tal B.Leza,  que habría de escribirle gran parte de sus mejores canciones. Lo que no podían imaginar: que aquella voz sería a voz de Cabo Verde y que el mundo entero la reconocería al  principio de cada morna.

Ausencia es una palabra que va muy bien con ella, con Cize. Hay una morna que incluso lleva su nombre, ese pequeño nombre por el cual Cabo Verde la llama y los músicos la saludan, Bonjour Cize. Cize se lee tal cual se escribe. Como si fuese un susurro que queda guardado entre los labios. Experimenten decir en sílabas Cize y percibirán lo que quiero decir.


Hay una parte de la entrevista en que se habla del fotógrafo Pedro Loureiro. Su historia con Cize es muy bonita. Un día él la vio, en el umbral de la puerta de su casa en Cabo Verde. Tenía las llaves sumergidas en su regazo y sentenció: “Entrevista no doy, pero si quiere entrar y comer cachupa, puede comer”.  Años después ya no recordaba si había dado la entrevista o no, sólo tenía la certeza de haberlo tratado bien porque la hospitalidad es algo que heredó de su madre y de su abuela.






¿Alguno de sus collares tiene un significado especial?
 No, para nada. Compro cualquier cosa en oro, primero porque me gusta. Primero por tener dinero para comprarlo, después porque me gusta. Mañana, si tuviera alguna necesidad, puedo quitármelo y venderlo.

Una inversión, por lo tanto.
Exactamente. O para vender o para quedarmelo, las dos cosas.

Los zarcillos parecen más antiguos. ¿Fueron heredados?
Todo lo que tengo fue comprado, no tengo nada que me hayan dado. Me dieron otras cosas, pero oro… Ah, en Argentina me dieron un collarcito. Se lo di  a mi nieta.

¿Cuántos nietos tiene?
Dos, un nene y un nena. Adilson tiene 15 años, Janete tiene 8.

¿Acompañan de cerca su carrera? ¿Van a los conciertos?
Cuando son en Cabo Verde, ellos van. Janete tiene la manía de ser modelo; le gusta caminar como modelo, le gusta cantar y bailar. No sé si le va a seguir gustando mañana cuando sea más grande, ahora es muy pequeña y le gusta. A Adilson le gusta el futbol. Dice que quiere venir a jugar en el Oporto. Yo soy del Oporto y él también. Le digo: “Un día vas a jugar allá, todavía eres muy joven”.

Adilson es hijo de Fernanda, que nació de una relación que Cesária tuvo con un jugador de fútbol.
Así es.  Puede ser que salga al abuelo.

¿Mantiene alguna relación con los padres de sus hijos?
Con el padre de Eduardo no, él es un portugués que más nunca vi. Me quedé a la espera del bebé y él vino para Portugal. No sé si está vivo o muerto. Y no me interesa saber.

¿Qué edad tenía? Era muy joven.
Era muy joven. Él nació el 5 de agosto y yo cumplí 18 años el 27 de agosto. Yo, mi hija, mi hijo y mi nieto somos del mismo mes, todos de agosto.

Debe haber sido difícil ser una madre soltera hace casi 40 años.
 No. Era joven, me las  arreglaba muy bien. Mi madre me ayudaba con mis hijos. Había pobreza, pero no tanta.

¿De qué vivían?
 Mi madre era cocinera. Y yo cantaba, tenía siempre algún troquinho. Troquinho es cuando el dinero es poco. Cuando un dinero es razonable entonces le llamamos dinero.

¿Cuándo fue que pasó a tener dinero?
A partir del 88 cuando comencé mi carrera en Francia. Iba para Cabo Verde, comenzaba a contar tantos francos, cuando me cansaba decía: “Después voy  a contar el resto”.

¿Cómo es que le pagaban, le entregaban un fajo de billetes o le hacían un depósito bancario?
Las dos cosas. Llevo una parte conmigo y después hacen un depósito y retiro allá en el banco. No puedo llevar mucha cantidad conmigo porque puede ser peligroso. José [Djô da Silva] dice que no debemos andar con mucho dinero. Si pierdo una parte, tengo la otra. Siempre fue así.

¿Cómo pagó ese oro, por ejemplo?
Tengo más [oro]. Tengo cosas que nunca usé, porque son muy voluminosas, etc. y no me gusta mucho.

La primera pieza que pudo comprar deber haber sido una especie de concretización de un sueño.
Había muchos negocios portugueses em S. Vicente. Entonces, yo compraba. Anillos, collares, zarcillos, todo.  Ahora también venden, aunque ya no sea más la época colonial.

En Portugal están los negocios que venden oro en 6 o 12 cuotas con cheques de pago diferido.
¿Qué significa cheques de pago diferido?

El comprador le entrega al vendedor la totalidad de los cheques, los que van siendo descontados mensualmente.
¿Comprar a plazos?

Sí.
En Cabo Verde, en el tiempo de la colonia, se usaba eso: la persona elegía una pieza, después daba una seña y la iba pagando de la manera que pudiera.

¿Se usan cheques?
 Se usan siempre, pero no está enraizado ese sistema de los cheques de pago diferido. Se compra poco a poco, cuando se pagó todo se lleva la mercadería. Hacemos mucho eso en Cabo Verde. Pero ahora a mí me gusta pagar al contado porque tengo dinero para comprar. No voy  a guardar el dinero en casa y decir: “Vengo luego, o vengo mañana”. Las personas siempre  miran y nunca llevan. Yo no vivo así. Prefiero comprar y pagar en el momento, así no me preocupo.

¿Intentan venderle cosas porque saben que puede comprar?
Son personas amigas que no desconfían.  Quieren darme, y yo digo que no. Cuando estoy interesada compro en efectivo.

Además del oro, ¿cuáles son sus gastos?
Compro en cualquier parte, en cualquier país. Hoy ya hice una comprita, no fue mucho, pero... Tres blusas, dos faldas.

¿Alguna de esa ropa es para usar en sus espectáculos?
Tengo ropa de espectáculo. La ropa es mía, si la quiero usar. Pero la ropa de los espectáculos la tengo aparte: tiene algún brillante, o un tejido que no sirve para vestir todos los días. Entonces, yo la guardo aparte.

¿Le gusta comprar sola o tiene a alguien que le aconseja?
 No me gusta mucho el consejo de nadie. Yo sé lo que quiero y lo que no quiero. No voy a escuchar opiniones ajenas.

¿Siempre fue así?
Desde que era verde [joven], antes de volverme madura. Hoy un muchacho  que trabaja aquí me dijo: «Oh Cesária Verde, quiero un autógrafo». Y le contesté: «¡ya no estoy verde, estoy madura! Y no es Verde, es Évora» [carcajada].

¿Hubo un momento en que pasó de ser  joven e inocente a ser  una mujer madura?
 Ya estoy madura, ya tengo 57 años. Una persona va sumando edad, es en ese sentido que digo joven y madura. Siempre viví a mi manera. Desde niña tomé decisiones sobre mi propia vida. Mi madre decía que a mí no se me podía tomar en broma.  Era la hija que le hacía más cosas a mi madre: salía de casa, mi hermano mayor me iba a buscar y recibía una buena paliza; al día siguiente, ¡salía más temprano! ¡Mi madre acabó por ponerme en un orfanato! Mandé un mensaje a mi abuela diciéndole que todos los días veías fantasmas.

¿Y veia?
¡Todo mentira! Mi abuela habló con mi madre. Ella era la cocinera del doctor y la mujer era la directora del orfanato. Habló con la directora que no podía quedarme allá por causa de esas cosas. Fue así que conseguí zafarme de las monjas y de los sacerdotes  y del aburrimiento. Yo quería ser cualquier cosa, ¡quería hacer con  mi vida lo que a mí me parecía bien!

¿Cuánto tiempo aguantó?
Entré con diez y salí con 13. Salí del orfanato, me hice mujer a los 17. A los 18 tuve hijos, etc., etc., mi vida fue así. No tuve paciencia para estudiar.

¿Fue una mala alumna?
No era de las peores, ¡pero tampoco era muy buena! Mi abuela y Doña María Amelia [profesora] eran muy amigas: trataban de ponerme en el camino correcto, pero yo no quería. Antes de entrar en el orfanato yo había hecho segundo grado. En el examen para pasar a tercer grado, nunca más agarré un libro.

¿Sabe leer y escribir correctamente?
Muy poco. Escribo Cesária Évora, se hacer las cuentas del dinero.

¿Hubo alguien que tuviera control sobre usted?
Mi padre murió cuando yo tenía siete años. La madre de mi padre era muy amiga mía, la respetaba mucho. Pero no le molestaba que yo saliera de casa. Mi hermano era militar, cuando salía del cuartel iba para la casa de la abuela para saludar y ver si me había portado bien. Recibí una paliza de mi hermano que nunca más recibí en mi vida, ¡de correa! ¡Él se fue para Dakar y yo estuve contenta! [risas].  Después una va creciendo y agarrando juicio.

Su padre tocaba la guitarra y Cesária cantaba en su regazo.
Conocí bien a mi padre y me acuerdo del día en que murió. Él era estudiante: dejó los liceos para meterse en la parodia, para tocar la guitarra. Es como mi caso, heredé eso de mi padre.

¿Cómo supo que él se había muerto?
Estaba en la casa de mi abuela cuando él murió. Mi madre iba a trabajar e íbamos para la casa de la madre de mi padre. [Canta la estrofa: Mi vida fue siempre así]. Pero yo nunca lloré lágrimas de mucha tristeza, sólo por la muerte que es una cosa aparte. Ahora, ¿llorar por un hombre? No, tengo un espíritu muy fuerte, un espíritu de combate. Cuando un hombre me deja voy enseguida a buscar otro, ¡no hay tiempo que perder! ¡Si no se crean telarañas! ¿Entiende? ¡No hay tiempo para telarañas!

¿La única cosa que te sacude es la muerte?
Si es un disparate y algo mundano, no me sacude. ¿Conoce la historia de las dos viudas que se encuentran en el cementerio? Una está haciendo pipí en la tumba del marido. La otra llora y visita al marido muerto. Un día, la que estaba llorando, llamó la atención de la otra y le dijo: “Todas las veces que te encuentro en el cementerio, en vez de llorar, tú haces pipí”. Y la otra: “Cada una llora por donde siente más nostalgia!” [carcajada].

Es una historia inventada.
Sucedió con dos viudas.

¿Es así de enamoradiza?
¡Estoy viva, no estoy muerta! Cuando era más joven, sí, pero ahora… A veces hago un casamiento a la española. Depende mi espíritu.

¿Casamiento a la española?
Se casa hoy, se divorcia mañana.

Hubo algún hombre que le hubiera gustado mucho? ¿Tuvo un gran amor en su vida?
Me gustó el padre de Fernanda. Él vino para Lisboa y al principio escribía y mandaba algo para la hija.  Dejó de escribir y dejó de mandar y Fernanda creció sin la ayuda de él. Como no se dio, paciencia, nunca más pensé en él. A mí me gustaba. Era buen futbolista, tenía buen físico, parecía el tronco de un árbol. Cuando vino fue a jugar al Caldas de Rainha.

¿Desde ese momento nunca más pensó en casarse?
Ni pensar en eso.  ¡Casarse es bueno, pero no casarse es mejor! Siempre me gustó ser mi propia dueña.

Cuando era niña, ¿no tuvo el sueño de casarse y tener hijos?
Como, ¿el casamiento es un sueño? Voy a quedarme sin casar porque no creo en sueños.

¿Soñaba por lo menos ser cantante? Era una niña y ya hacía serenatas.
Iba para las serenatas,  cantaba en todos los rincones de S.Vicente. Luego fui invitada para ir a la radio a grabar y dije que no, que no iba. Terminé por ir, para Radio Barlavento y para Radio Club de Mindelo. Después, comencé a cantar para los portugueses, en la casa de ellos y en los buques de guerra. Así fue mi comienzo.

¿Cantaba para ganar un dinerito?
Yo quería ser cantante pero no tenía recursos. Cuando cantaba en los bares me daban dinero, pero los dueños de los lugares no me daban nada. Una persona para vivir tiene que tener dinero.

¿Por qué tenía recelo de  ir a grabar a la radio?
No era una cuestión de recelo. No quería ir. Cuando comencé a pensar mejor, fui.

¿No sentía que era un paso importante para su carrera?
Para mi carrera no, en S. Vicente ya todo el mundo me conocía.

¿Sintió una emoción particular cuando se escuchó en la radio por primera vez?
Ya había escuchado mi voz al cantar para la gente. Es lo mismo.

Habla como si todo eso le resultase indiferente. ¿Siente un genuino placer cuando canta?
Es mi manera de expresarme. Siempre me gustó la música. Mucho más ahora que la música da tutu [frota el dedo medio con  el pulgar en señal de dinero]. Yo canto con placer. Estoy en un medio en el que la persona que  canta siempre tiene dinero. Tengo que tener un troquinho, ¿o no? Entonces es eso.

Un dinero. Además, ya realizó su sueño de tener una casa en Mindelo.
No es cuestión de soñar. Es preocupación de cualquier caboverdiano tener una casa para dejar de pagar alquiler. Compré mi primera casa en el 94, la segunda en el 95.

¿Quién vive con usted?
Fernanda vive en una casa que el Estado me dio para vivir, nunca viví allí porque la casa era pequeñita. Mi  familia son nueve cabezas, nueve personas. Mi hijo todavía está conmigo, ya le dije que aunque sea trajera a un mongol a casa, ¡que yo lo acepto! ¿Sabe lo que es un mongol?

No.
Mongoloide. Como el más grande, ya debería tener hijos.

¿Cuál es la profesión de él?
Él es un dejado como la madre. Cocina bien porque aprendió con la abuela. Llegó a segundo año de liceo, dijo que no quería estudiar más, yo dije que era un problema de él. Y así se quedó.

¿Es verdad que Cesária hace siempre comida de más para las personas que van llegando?
Es una tradición de mi abuela. Mi abuela era una propietaria, tenía conucos fuera de la ciudad. En esa época llovía, ahora es que no llueve en Cabo Verde. En mi infancia había mucha lluvia.

Confía abiertamente en las personas.
Claro. No preciso saber quién es el padre o la madre para tratar bien a la gente.

Cuando Pedro Loureiro [fotógrafo] estuvo en su casa le dijo que entrevista no le daba, pero que si quería podía entrar a comer.
¿Le di la entrevista?

Se la dio.
¿Hablamos mucho o poco?

Mucho. Le mostró los discos de oro que estaban debajo del sofá.
Ahora los tengo en una pared. Tengo otro disco de oro que fue éxito en Estados Unidos, Besame Mucho ¿sabe? Jaqueline, ¡explica cómo es que se hizo Besame Mucho!  [Jacqueline, la traductora, cuenta: Besame Mucho fue hecho para la banda sonora de «Great Expectations». Fue disco de oro en Estados Unidos]. Disco de Oro en Estados Unidos, ¿sabe cuánto es? 500 mil.

¿Se siente muy orgullosa cuando piensa en su éxito?
Soy una persona sencilla.  No creo que sea extraño. Era lo que estaba esperando.

¿Cree en el destino?
No, ¡destino nada! Fue una puerta que se abrió para mí y para otros artistas africanos. Estuve parada diez años: no cantaba, no iba para ningún lado. Me cansé de tanto  cantar y dije: «Voy a parar». En 1985, la Asociación de Mujeres Caboverdianas me invitó para cantar en una fiesta el día 8 de marzo.  Y canté el 5 de julio, en aquel patio grande que tienen. Entonces, el primer ministro Pedro Pires me dijo que íbamos a Portugal a grabar un disco [Cesária. Zenaide, Celina Pereira, Ana Emma].
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Fue la primera vez que salió de su tierra.
Primera vez, incluso para cualquier isla. No me gustaba ir a ningún sitio. Me gustaba estar donde estaba. No hay isla más sabrosa que S. Vicente [comienza a cantar «Mindelo Pequenino»]. ¿Conoce esa morna?

La conozco. ¿Fue difícil estar diez años sin cantar?
Era también un capricho que quería mantener. Mucha gente acá afuera pensaba que estaba muerta, otros pensaban que estaba enferma. El pueblo pensaba lo que quería pensar y yo cantaba en mi casa. A veces las personas pasaban y se paraban a ver,  y yo escondía la cabeza.

¿Fue en ese período que dejó de beber?
Fue. Cigarrillos, nunca conseguí. Dejé de beber porque dejé de frecuentar bares, de ir para casas privadas o no privadas.

¿No fue especialmente difícil?
No. Ni en aquella época ni ahora que también dejé. Van a hacer 5 años. Las personas estaban con dudas: si era por enfermedad, cualquier cosa.

¿Cómo es que comenzó a beber?
En los  bares, por influencia de una cosa u otra, una persona aprende muchos vicios.

Paró  de cantar, paró de beber.
Eso.  Paré en el 75, retomé en el 85.

¿Por qué es que paró hace cinco años atrás? ¿Problemas de salud?
Si tuviese problemas de salud no tendría una trayectoria como la que tengo. Voy siempre al médico para saber si estoy funcionando bien por dentro y por fuera, principalmente por dentro. Tengo tensión normal y no tengo problemas de corazón.

¿Entonces?
Dejé por una cuestión de fastidio. Bebí mucho desde el 85 hasta el 94. Dije: «Voy a parar». Y paré.

¿Nunca más bebió?
Hasta hoy no. Puede ser que cambie de hoy para mañana, ¿no? No dije: «Nunca más», dije «voy a poner stop». En mi casa tengo toda clase de bebidas para mis amigos.

Ahora bebe leche y café.
Café, agua, de vez en cuando un refresco.

¿Fumar y cantar son sus placeres?
Y perder la noche en la parodia. Pero sin alcohol.

¿Ya no se hacen serenatas en las noches de Cabo Verde?
Muchas cosas desaparecieron, es verdad.

Teniendo la trayectoria que tiene,  si un amigo se lo pide, ¿hace una serenata?
Claro que sí, si tengo ganas yo canto.

¿Es Cesária quien escoge a los músicos que la acompañan?
Y Djô Silva [José da Silva, el productor]. Nosotros tenemos que llegar a un acuerdo, si yo quiero o no quiero. A veces puede haber una persona que no me agrade y la persona no viene. La actitud o cualquier cosa que no esté bien para mí. Eso fue lo que pasó con el grupo Bau.

El encuentro con Djô Silva cambió su vida.
La segunda vez que Bana me trajo  para Portugal, en el 87, yo cantaba en el restaurante de él. En ese momento Djô estaba con una mujer y me dijo que cuando terminase de cantar quería hablar conmigo. En el 88 yo podía tomar compromisos con él. Del 88 hasta ahora estamos juntos, y todo funciona maravillosamente.

Djô Silva era guardabarreras en el ferrocarril. ¿Tenía experiencia como músico?
Trabajaba en el ferrocarril  y ya había tenido un grupo en Francia. Era manager de los Cabo Verde Show.

¿Fue en la misma época que se cruzó con Paulino Vieira [instrumentista]?
Paulino y yo ya habíamos tocado juntos en Lisboa. Él formó un grupo que fue para Francia a acompañar a Cesária.  Estuvimos juntos algún tiempo; como él tenía trabajo, tenía el disco que hizo dedicado a su padre, tuvo que dejarme. Después fue el Bau y ahora otro grupo. Este grupo no tiene nombre, es el grupo de Cesária. Son personas abiertas: hay tres cubanos y siete caboverdianos, dos técnicos de sonido y uno de luz. Ah, y Jacqueline trabaja con nosotros.

¿Es su asistente personal?
Sí. Jaqueline, conozco a sus padres antes que a ella.

¿Tiene orgullo patriótico?
Por mi parte, ¡no voy a dar ni voy a vender! La parte que me toca es mía. Y cada quien tiene siempre un pedacito allá, un pedacito de suelo de Cabo Verde.

¿Le es indiferente estar en Francia o en Portugal?
Soy la misma persona, nunca cambié. Soy sencilla, como ahora.

¿Conoce a Amalia?
Personalmente no la conozco, pero soy una gran admiradora suya hace muchos años. También me gustaba Alberto Ribeiro, Rui Veloso, Vitorino, Sérgio Godinho, Paulo de Carvalho, Carlos do Carmo, también lo conozco.

¿Le gusta especialmente el fado?
Para decir la verdad, me gusta Carlos do Carmo y Amalia Rodrigues.

También Amalia era de una familia humilde y comenzó a cantar en las calles.
Es como mi caso: comencé a cantar en los bares y en todos los rincones de San Vicente. Todo tiene un comienzo.

¿Es verdad que va a hacer una pausa en su carrera y que puede incluso dejar de cantar?
[A Jaqueline] Cuéntale, ¡al menos haz alguito! [Jaqueline responde: Ella no tiene planes de parar. En diciembre va a descansar seis o siete meses porque los últimos años han sido extenuantes. Jaqueline prosigue: Voy a tener que pedirle que pasemos a las fotos].

¿Le gusta pintarse las uñas?
Sí. Me gusta el azul no muy claro, el negro, el marrón, son tres colores que me gustan del  esmalte.

¿Va a la manicura?
Me arreglo yo misma. Cuando puedo me gusta ir a arreglar mis pies y hacerme las manitos. Cuando no puedo ir, tengo lima, tijera y hasta lámina para quitar los callos de los pies, y tengo acetona y algodón.

¿Canta siempre descalza?
Siempre fui una cantora descalza.

¿Se siente más confortable?
No se trata de estar confortable. Me gusta, me gusta estar descalza, como siempre.

En Cabo Verde pasa los días en el umbral de la puerta con las llaves depositadas en su regazo. ¿De dónde son esas llaves?
De mis cosas importantes. Tengo dinero, tengo una joya, ¿voy a dejarlas allí arriba de la mesa, en cualquier sitio?

¿Quién es la persona que más le gusta?
Es mi madre, que ya murió.  Después, mis dos hijos. Después, hermanos: y la persona que no sea de la familia y que me trate bien, yo la trato bien también.

De sus canciones, ¿tiene alguna que le guste más que las otras?
Mar Azul y Miss Perfumado son dos mornas que forman parte de la historia. Fue el puntapié de salida en Francia. Y con el pie derecho.





©Fotografía de Pedro Loureiro
©Traducción de Viviana Marcela Iriart


(Entrevista publicada originalmente en  DNa del  Diario de Noticias, en 1999. Cesária Évora murió en 2011).










Ida Vitale, premio Cervantes 2018, por Jesús Ruiz Mantilla, foto Marina Guillén (EFE), El País, Madrid, 15 de noviembre de 2018

Ida Vitale, en una lectura de poemas en junio en Buenos Aires.  Foto:   (EFE)




La poeta uruguaya Ida Vitale (Montevideo, 1923) ha sido galardonada con el Premio Cervantes 2018. El considerado como Nobel de literatura en castellano está dotado con 125.000 euros. Inscrita en la tradición de las vanguardias latinoamericanas, Vitale, cuya obra está caracterizada por poemas cortos, una búsqueda del sentido de las palabras y un carácter metaliterario, es representante de la poesía esencialista. El premio valora "su lenguaje, uno de los más reconocidos en español".

Se rompe una regla no escrita. Desde 1996, el Premio Cervantes solía alternar un galardón español con uno latinoamericano. Pero si el año pasado lo recibió el nicaragüense Sergio Ramírez —que este año ha formado parte del jurado— esta edición ha sido para Vitale. 
Lo recogerá en abril en Alcalá de Henares (Madrid). Y, según Carme Riera, representante de la Real Academia Española (RAE) en el jurado, espera que acuda a la entrega en las mejores condiciones pese a sus 95 años. No lo decía porque la fuerza de Ida Vitale esté en duda, sino porque las pocas mujeres que hasta ahora han sido premiadas —solo cinco, incluida la poeta uruguaya—, apenas pudieron subir las complicadas escaleras de la cátedra. No lo hicieron María Zambrano ni Dulce María Loynaz, por citar dos ejemplos.
“Los españoles están igual de locos que en la época de la conquista”. Es lo que le dijo Vitale a José Guirao, ministro de Cultura, cuando le comunicó esta mañana el fallo. No hay duda de que lo recogerá, ha afirmado el ministro. “Es una mujer que responde como pocas a su apellido”. Fue la Fue la reacción de una autora verdaderamente abrumada por los premios que ha conseguido últimamente en España: aparte del Cervantes, en España ha recibido el García Lorca en 2015 y el Reina Sofía en 2016, dos reconocimientos prestigiosos para la literatura en español. Además, la semana que viene recogerá en Guadalajara (México) el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances.
Sergio Ramírez celebró la decisión del jurado y cree que es justo con Uruguay, un país de gran tradición y calidad en la poesía femenina. El escritor nicaragüense también subrayó que no se otorga el premio por ser hombre o mujer, “sino por la calidad de una obra que queda fuera de toda duda”. Y por las siguientes razones esgrimidas en conjunto: “Por su lenguaje, uno de los más destacados y reconocidos de la poesía moderna en español, que es al mismo tiempo intelectual y popular, universal y personal, transparente y hondo. Convertida desde hace un tiempo en un referente fundamental para poetas de todas las generaciones y en todos los rincones del español”.
Vitale es la quinta mujer reconocida por este premio que ha sido concedido a 40 hombres. Hasta ahora lo habían recibido las españolas María Zambrano (1988) y Ana María Matute (2010), la cubana Dulce María Loynaz (1992) y la mexicana Elena Poniatowska (2013). Además, teniendo en cuenta que este año no ha habido Premio Nobel de Literatura, el reconocimiento cobra especial relevancia para el mundo de las letras.

Compañeros de generación


Considerada miembro de la llamada Generación del 45, junto con Mario Benedetti y Juan Carlos Onetti, estudió Humanidades y se dedicó a la enseñanza. Fue profesora de Literatura hasta 1973, cuando la dictadura la obligó a exiliarse en México durante una década (1974-1984).
En México, formó parte del consejo asesor de la revista Vuelta, impulsada por Octavio Paz, y fue una de los cofundadores del semanario Uno-Más-Uno, en 1982. En 1984 regresó a Uruguay, donde dirigió la página cultural del semanario Jaque, y en 1989 trasladó su residencia a Austin (Texas, EE UU), desde donde ha vuelto recientemente a su país.
En su larga carrera literaria ha escrito: La luz de esta memoria (1949), primer poemario al que le siguieron Palabra dada (1953), Cada uno en su noche (1960), Paso a paso (1963), Oidor andante (1972), Jardín de sílice (1980), la antología Fieles(1976-1982), Elegías en otoño (1982), Entresaca (1984), Parvo reino (1984), Sueños de la constancia (1988), Serie del sinsonte (1992), Procura de lo imposible (1998), Reducción del infinito (2002), Plantas y animales (2003), o El Abc de Byobu (2005).
En septiembre de 2010, publicó en España Mella y criba (poemario). Entre sus ensayos, destacan Arte simple (1937), El ejemplo de Antonio Machado (1940), Cervantes en nuestro tiempo (1947), La poesía de Basso Maglio (1959), M. Bandeira, C. Meirles y C. Drummond de Andrade: Tres edades en la poesía brasileña actual (1963), La poesía de Jorge de Lima (1963), La poesía de Cecilia Meireles (1965).
En su visita a Madrid en junio de 2017, manifestó que "es muy importante que en una cultura haya una figura de referencia, no para acatarla; pero sí para tenerla como referencia con posibilidad de acuerdo o de discusión a buen nivel". Eso es lo que hizo Octavio Paz, explicó a Efe esta poeta, narradora, ensayista y traductora en una entrevista en la Residencia de Estudiantes, el templo de la poesía, de la Generación del 27, a cuyos autores tanto admira.


Jesús Ruiz Mantilla
El País, Madrid, 15 de noviembre de 2018


Fuente: El País

EL JURADO

Aparte de los citados, el jurado estaba integrado por el escritor Eduardo Mendoza, premio Cervantes 2016; Rafael Ángel Rivas, de la Academia Venezolana de la Lengua; Aurora Egido, por la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE); Francisco Pérez-Arce, por la Unión de Universidades de América Latina (UDUAL); Martín López-Vega, por el Instituto Cervantes; José Manuel Blecua, a propuesta del ministro de Cultura y Deporte; Concha Barrigós, por la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE); por la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP), Norma Valle y por la Asociación Internacional de Hispanistas, Christoph Strosetzki. Con voz, pero sin voto, ha concurrido Olvido García Valdés, directora general del Libro y Fomento de la Lectura.

Jean Genet: "Quizá la emancipación de la mujer moderna impulse al hombre a abandonar viejas actitudes para dirigirse a otras nuevas", Playboy, abril 1964 y Jornada, México / La bomba Genet por Jean Cocteau







"(...) me habría gustado que la editorial sacara 
el libro con una portada muy inocente, en un tiraje 
muy pequeño de trescientos o cuatrocientos 
ejemplares, y asegurarme de que cayera en
 manos de los banqueros católicos y gente por el estilo" 



En su número de abril de 1964, la revista Playboy conversó con Jean Genet. Ésta es una de las pocas entrevistas que concedió el autor de El balcón, que entonces tenía 53 años y se interesaba cada vez más por los movimientos de protesta en los Estados Unidos. La entrevista, que la revista Playboy decidió no atribuir a ningún colaborador, tuvo lugar en París, en uno de los escenarios favoritos de Genet, un barato cuarto de hotel, donde no tenía otras pertenencias que unas hojas de papel y un paquete de tabaco oscuro.






- Usted se ha referido a su identidad de homosexual, traidor, bandido y cobarde. No puede decirse que haya ocultado su personalidad. De hecho, se le ha acusado de convertir esa confesión en un alardeo con fines publicitarios. ¿Qué hay de cierto en ello? 

Es cierto que en mis escritos autobiográficos he resaltado estas cualidades, aunque hay que tomar en cuenta que los escribí hace veinte años y por razones que no siempre fueron muy puras. Me refiero a que no siempre fueron de una naturaleza poética. Así es que supongo que había un elemento publicitario en eso. Pero elegí maneras peligrosas de llevar a cabo esa publicidad; me refiero a que eran formas que me ponían en peligro. El acto de revelarme como homosexual, bandido, traidor y cobarde me colocó en una situación que no era lo que podríamos llamar "segura". Esto hizo que me fuera imposible escribir obras que la sociedad pudiera digerir con facilidad. En resumen, ese aparente alardeo de inmediato me puso fuera de alcance. Me excluí de la buena sociedad.
¿Se propuso convertirse en homosexual, traidor, bandido y cobarde, del mismo modo en que decidió publicitarse como tal? 

No me lo "propuse". No tomé ninguna decisión. Si empecé a robar fue porque tenía hambre. Después tuve que justificar ese acto, tuve que aceptarlo. En cuanto a ser homosexual, no podría decirle por qué lo soy. No sé nada acerca de ello. ¿Acaso uno sabe por qué es homosexual? ¿Acaso alguien sabe por qué alguien más elige una cierta posición para hacer el amor en la cama? La homosexualidad, por decirlo de alguna manera, es algo que me fue dado, como el color de mis ojos, o el tamaño de pies que tengo. En mi infancia estaba consciente de que me atraían los niños. Sólo después de experimentar esa atracción "decidí", elegí libremente mi homosexualidad, en el sentido sartreano de la palabra "elegir". Para decirlo de un modo más sencillo: tuve que soportarlo, aceptarlo, aunque sabía que estaba condenado por la sociedad. 

¿Alguna vez ha sentido interés por las mujeres? 

- Sí, me han interesado cuatro: la Virgen María, Juana de Arco, María Antonieta y Madame Curie. 

Nos referimos a un interés sexual. 

No, jamás. 

¿Le importaría ahondar en esto? 

No, estoy completamente dispuesto. Me gusta el tema. Estoy consciente de que ahora la homosexualidad es algo que se ve de manera favorable en los círculos seudo artísticos. Pero todavía es algo que la burguesía reprueba. Yo le debo mucho al hecho de ser homosexual. Si quiere considerarlo como una maldición es asunto suyo, pero yo lo considero una bendición. 

¿Qué papel juega la homosexualidad en su vida presente? 

Quisiera decir algo acerca de su aspecto pedagógico. No necesito contarle que me he acostado con todos los muchachos a quienes he procurado. Pero no es sólo el sexo lo que me importa. He tratado de revivir con ellos la aventura que he vivido solo y cuyos símbolos son la degeneración, la traición, el rechazo de la sociedad y, por último, la escritura. Es decir, un retorno a la sociedad pero por otros medios. La homosexualidad excluye al homosexual de la buena sociedad y por esa razón lo obliga a enfrentarse a los valores sociales. Si uno decide cuidar a un joven, no lo hace de una manera trivial. Uno le hace ver la incoherencia de la razón y la sensibilidad inherentes a la sociedad normal. El elemento femenino contenido en la homosexualidad envuelve al muchacho y quizás esto se traduce en una mayor bondad. Cuando el Consejo Ecuménico se reunió en Roma, vi un programa de televisión del Vaticano. Presentaron a unos cuantos cardenales. Dos o tres eran asexuados e insignificantes. Aquellos a quienes les gustaban las mujeres eran aburridos y codiciosos. Sólo el que se veía homosexual me pareció amable e inteligente. 

¿Considera que la homosexualidad contribuye al tan publicitado "direccionamiento" hacia una sociedad asexual? 

Aun si la virilidad estuviera en crisis, eso no me preocuparía mucho. La virilidad es siempre un juego. Los actores norteamericanos juegan a ser viriles. También pienso en Camus, quien adoptó poses viriles. Desde mi punto de vista, la hombría es una cualidad que sirve para proteger lo femenino y no para desflorarlo. Pero evidentemente no estoy en la mejor posición para juzgar. Al oponerse a una actitud convencional, el hombre rompe una concha que le permite revelar una delicadeza que de otra manera no sería evidente. Quizá la emancipación de la mujer moderna impulse al hombre a abandonar viejas actitudes para dirigirse a otras nuevas, más acordes con mujeres menos sumisas. 

En los dieciséis años que han transcurrido desde que se le absolvió de la cadena perpetua por reincidencia criminal y obtuvo su libertad, ¿sigue robando o ya se reformó? 

¿Y usted? 

Preferiríamos hacer las preguntas, si no le importa. 

Está bien. No robo de la manera en que una persona común lo hace. En todo caso, ya no robo como antes. Ahora recibo grandes regalías por mis libros, a mí me parecen grandes. Las regalías son producto de mis antiguos robos. Sigo robando en el sentido de que, en lo que respecta a la sociedad, sigo siendo deshonesto, pero la comunidad pretende que no lo soy. 

Pasó siete años tras las rejas por sus crímenes. ¿Se consideraba hábil en su oficio? 

No era inhábil. Hay un elemento de hipocresía en la operación de robar Pero me molesta su micrófono. Interfiere con mi pensamiento. Veo cómo se mueven los carretes y siento que debería ser cortés con la grabadora que se desenrolla silenciosamente, sin ayuda de nadie. Pero como le decía: el acto de robar lo obliga a uno a esconderse. Si uno se esconde, oculta parte de su acción y uno no la puede reconocer. Resulta aún más peligroso reconocerla ante los jueces. Ante ellos hay que negarlo todo. Uno tiene que negar ocultando. Cuando uno oculta lo que hace es siempre con ineptitud. Me refiero a que uno no utiliza todas sus habilidades. Por fuerza, algunas de ellas están encaminadas a negar el acto que uno emprende. 

¿Siente alguna afinidad hacia sus colegas del crimen? 

No, de ningún tipo, por la sencillísima razón de que eso me encaminaría hacia la moralidad y, por lo tanto, hacia el bien. Si, por ejemplo, existiera una lealtad entre dos o tres criminales, eso significaría el inicio de una convención moral y, por lo tanto, de inicio del bien. 

Cuando empezó a escribir en prisión, ¿la soledad de la creatividad era preferible al aislamiento del criminal? 

No, porque lo que escribí me hizo sentir aún más solo. 

¿Qué fue entonces lo que lo hizo escribir? 

No lo sé. No sé cuáles fueron las razones profundas. La primera vez que advertí el poder de la escritura fue cuando le envié una postal a una amiga alemana que vivía en Norteamérica. El lado de la postal en que yo debía escribir era blanco, con pequeñas arrugas, como la nieve. Esa superficie me hizo evocar la nieve y la Navidad. En vez de escribir un pensamiento convencional, escribí acerca de la calidad del papel. Eso fue lo que me inició. Esto no explica mi motivo, pero sí me dio mi primera probada de libertad.
Escribió su primera novela, Nuestra señora de las flores, en prisión. ¿Qué actitud tenían las autoridades hacia los esfuerzos literarios de los internos? ¿Lo apoyaron con materiales para escribir? 

Ciertamente no. Nos daban papel para hacer bolsas. Fue en ese papel café que escribí el inicio del libro. No creí que fuera a ser leído. Pensé que yo nunca iba a salir de la cárcel. Escribí con sinceridad, con fuego y furia, y con mucha más libertad porque estaba seguro de que el libro jamás sería leído. Un día fuimos de la prisión a la corte. Cuando volví a mi celda el manuscrito había desaparecido. El director de la prisión me mandó llamar. Me castigó: tres días en confinamiento solitario a pan y agua por haber utilizado un papel que "no estaba destinado a obras maestras de la literatura". El despojo del director me hizo sentir menospreciado. Ordené unos cuadernos en la cafetería, me metí a la cama, me sumergí bajo las mantas y traté de recordar, palabra por palabra, las cincuenta cuartillas que había escrito. Creo que lo logré. 

Aunque hay quienes la han aclamado como una obra maestra del erotismo, muchos críticos se han rehusado a concederle a este libro un reconocimiento literario. ¿Le gratificó el que su publicación haya causado una verdadera tormenta de elogios y protestas? 

Sí, pero me habría gustado que la editorial sacara el libro con una portada muy inocente, en un tiraje muy pequeño de trescientos o cuatrocientos ejemplares, y asegurarme de que cayera en manos de los banqueros católicos y gente por el estilo. 

¿Es usted tan indiferente a la aceptación de los intelectuales, como parece serlo ante la aprobación de la crítica y del público? 

Jamás traté de formar parte de la literatura francesa, por no mencionar el hecho de que la literatura francesa difícilmente me habría dado la bienvenida. 

Dice que no es "uno de ellos". Entonces, ¿departe en sociedad con sus ex compañeros de celda y con sus socios del crimen? 

Desde luego que no. Considere la situación. Obtengo regalías de todo el mundo. Usted viene a entrevistarme de Playboy. Mientras tanto, ellos siguen presos. ¿Cómo espera que mantengamos una amistad? Para ellos no soy más que un hombre que ha traicionado. Tuve que traicionar al robo, que es un acto individual, en beneficio de una operación más universal, es decir, la poesía. Tuve que traicionar al ladrón que era para convertirme en el poeta en el que espero haberme convertido. Pero esta "legalidad" no me ha hecho más feliz. 

Parece sentir que se le considera un paria tanto en la sociedad como en el submundo. ¿Qué piensa de esta reprobación generalizada? 

No me importa, pero es cuestión de temperamento. Me gusta ser un proscrito tal y como, con todo respeto, a Lucifer le gustaba ser proscrito por Dios. Pero es por orgullo, y ése no es mi lado bueno. 

Algunos críticos han tachado a Sartre de blasfemo por llamarlo "San Genet" en la evaluación de seiscientas páginas que escribió sobre su obra. ¿Qué opina de esta canonización intelectual? 

Mis detractores no protestarían por un San Camus. ¿Por qué objetan un San Genet? Cuando era niño me resultaba difícil imaginarme presidente de la República, general o cualquier otra cosa por el estilo, a menos, claro, que hubiera un elemento de voluntad o de determinación. Fui hijo ilegítimo. Estaba fuera del orden de la sociedad. ¿Qué podía anhelar sino un destino especial? Si quería utilizar al máximo mi libertad, mis posibilidades, mis facultades - aún no me percataba de mi talento literario ­ lo único que me quedaba era convertirme en santo, sólo eso; en otras palabras, en una negación del hombre. 

Usted ha escrito sobre la "eterna pareja" que forman el santo y el criminal. ¿Cuál es la relación que existe entre ellos? 

Ambos viven en soledad. Si examina el asunto con detenimiento, ¿no tiene la impresión de que los grandes santos parecen criminales? No existe un lazo visible entre sociedad y santidad. La santidad asusta. 

Algunos críticos lo han increpado, no sólo por ver la santidad como lo hace sino por atreverse a usar la palabra. 

Mis detractores se estremecen de que utilice cualquier palabra, hasta una coma. François Mauriac escribió una vez un artículo sobre mí en el que me pedía que abandonara la escritura. Los buenos cristianos, y particularmente mis detractores, son propietarios de la palabra "santidad": no me permiten usarla. 

Usted escribió una vez que la poesía es "el arte de usar excremento y hacer que el lector se lo coma". ¿Con esta definición quería justificar su celebrada tendencia a valerse de un lenguaje socialmente inaceptable en su obra? 

Las palabras obscenas existen. Si existen, tienen que utilizarse, si no, no se habrían inventado. Si no las utilizara, esas palabras existirían en un estado de apatía. El papel del artista es impartirle valor a las palabras. Usted se refirió a la definición que hice alguna vez de la poesía. Ahora no la definiría así. Si uno quiere tener aunque sea una mínima comprensión del mundo, tiene que deshacerse del resentimiento. Todavía estoy resentido con la sociedad, pero cada vez menos, y espero que no transcurra mucho tiempo antes de que ese sentimiento desaparezca por completo. En el fondo, me importa un carajo. Pero cuando escribí esas palabras estaba resentido; la poesía era una transformación, a través del lenguaje, de lo que se considera materia base en lo que se considera materia noble. Ahora, el problema es muy distinto. Ustedes ­ es decir, la sociedad ­ ya no me interesan como enemigo. Hace diez o quince años estaba en su contra. En este momento no estoy ni a favor ni en contra. Ambos existimos al mismo tiempo. Mi problema ya no es oponerme a ustedes sino hacer algo en lo que estemos involucrados, la sociedad y yo, al mismo tiempo. Ahora creo que si mis libros estimulan a los lectores sexualmente es porque están mal escritos: la emoción poética debería ser tan fuerte que ningún lector sintiera un estímulo sexual. En cuanto a que mis libros son pornográficos, no los rechazo por ello. Sólo respondo que me faltó gracia. 

¿Cómo evaluaría a Sartre? 

Sartre se repite. Tiene unas cuantas ideas principales que ha explotado en varias formas. Cuando lo leo voy más aprisa que él. Pero su autobiografía me sorprendió. En ella muestra su voluntad de liberarse del mundo burgués. En un mundo en el que todos tratan de ser prostitutas respetuosas, resulta agradable encontrarse con alguien que sabe que está un poco prostituido pero no quiere ser respetuoso. Personalmente, Sartre me cae bien. Su compañía es entretenida. Comprende todo sin juzgar, con risa. Él no acepta todo de mí pero disfruta cuando discutimos. Es un hombre en extremo sensible. 

¿Le complació el inigualable análisis psicológico que hizo de usted? 

Me llenó de una especie de repugnancia porque me vi desnudado: desnudado por alguien que no era yo. Me desnudo en todos mis libros, pero al mismo tiempo me disfrazo con palabras, con actitudes, con ciertas elecciones mediante cierto tipo de magia. Me las ingenio para no salir muy dañado. Pero Sartre me desnudó sin ceremonia. Mi primer impulso fue quemar el libro; Sartre me había dado el manuscrito para que lo leyera. Dejé que lo publicara porque mi preocupación fundamental ha sido siempre la de ser responsable de mis actos. Me llevó algún tiempo sobreponerme a la lectura del libro. Me fue casi imposible retomar la escritura. Podría haber producido cierto tipo de novela mecánicamente. Pude haber escrito libros pornográficos de una manera automática. El libro de Sartre creó un vacío que me produjo una especie de deterioro psicológico.
¿Cuánto tiempo duró este vacío? 

Seis años permanecí en ese abominable estado; seis años de imbecilidad, que es la materia básica de la vida: abrir una puerta, prender un cigarro. En la vida del hombre sólo existen algunos destellos. Todo lo demás es grisura. Pero ese deterioro me condujo a una meditación que finalmente me llevó al teatro. 

Pero Velatorio y Las criadas fueron escritas y producidas antes de que se publicara el libro de Sartre. 

Así es. Pero el libro de Sartre hizo que explotara algo que ya me era familiar. 

En opinión de algunos reseñistas, ese "algo familiar" es la condición de los grupos minoritarios acerca de los que escribe y con cuya marginalidad se identifica. ¿Están en lo correcto? 

Escribo teatro para cristalizar una emoción teatral, dramática. No me interesa si, por ejemplo, Los negros le sirve a los negros. Además, no creo que lo haga. Creo que la acción directa, la lucha contra el colonialismo, hace más por ellos que cualquier obra de teatro. En esas obras traté de dar voz a algo profundamente enterrado, algo que los negros y otros pueblos marginados eran incapaces de expresar. Hablando de Las criadas, un crítico dijo que "no hablan así". Bueno, sí lo hacen: pero sólo a mí, cuando estoy solo, a medianoche. Si alguien me dijera que los negros no hablan así, les contestaría que si pusieran su oído contra el corazón de uno de ellos, escucharían lo que escribí. Uno tiene que ser capaz de escuchar lo no dicho. 

¿Entonces, en sus obras, su afinidad está con las clases oprimidas y necesitadas? 

Puede ser que haya escrito estas obras contra mí mismo. Puede ser que yo sea Los Blancos, El Patrón, El Empleado, y trato de aislar los elementos de idiotez que hay en esas cualidades. 

Bueno, aquí, en esta exigua habitación, aparte de unos cuantos muebles de segunda mano, sólo vemos siete libros, un despertador, una maleta, un traje y tres camisas, además de la ropa que lleva puesta. ¿Es todo lo que posee? 

Sí. ¿Por qué habría de tener más? La mía es la pobreza de los ángeles. Las posesiones y todo lo que las acompaña no me interesan en lo más mínimo. A veces, cuando voy a Londres, mi agente me hace una reservación en el Ritz. Pero ¿qué necesidad tengo de poseer lujos y objetos? Escribo: eso es suficiente. 


Playboy, abril de 1964
Traducción de Laura Emilia Pacheco






La bomba Genet


por 
Jean Cocteau

Seis días después de recibir el manuscrito de Nuestra señora de las flores, de Genet, Jean Cocteau escribía en su Diario.



"La bomba Genet. El libro está aquí­, en el departamento, extraordinario, oscuro, impublicable, inevitable. Uno no sabe desde qué ángulo acercarse a él. Es. Será. ¿Obligará  al mundo a convertirse en lo que describe en sus páginas? Para mí­ es el gran evento de la época. 

Me disgusta, me repele, me asombra, plantea mil problemas. Llega con ligeros pies de escándalo, con pies aterciopelados. Es puro de una pureza autocontenida, una pureza entera en el sentido en el que Maritain dijo que el demonio es puro porque no puede hacer más que el mal. El ojo de Jean Genet averguenza y perturba. Él está en lo correcto y el resto del mundo está equivocado.

¿Pero qué debe hacerse? Esperar. ¿Esperar qué? ¿Qué las prisiones dejen de existir junto con las leyes, los jueces, un sentido de deshonra? ¿Acaso la verdadera grandeza consiste en hacer lo que hizo Miguel Ángel? ¿Engañar al Papa y a Dios? ¿Atestar las cúpulas de las iglesias y de los lugares públicos con sus secretos? ¿Acaso Proust sería más vasto y sólido si no mintiera? ¿Acaso su prestigio proviene de sus mentiras? 

Yo me entrego a una especie de sueño que reemplaza la inteligencia. He releí­do Nuestra señora de las flores línea por lí­nea. Todo es abominable y digno de respeto. Genet perturba, lo vuelvo a decir, y no hay nada que él pueda hacer al respecto.

Subrayo que en este libro no existe el deseo de escandalizar. La mano que lo escribe es inocente, libre de toda moderación. El poema "El hombre condenado a muerte" estaba relacionado con otros poemas. Este libro posee la soledad y la trémula luz de una estrella negra".

Jean Cocteau


Fuente: Jornada, México



Enlace relacionado:  Patti Smith busca a Jean Genet en Guyana



Canelita Medina: “El domingo se me olvidarán los dolores” / entrevista de Humberto Sánchez Amaya, El Nacional, 4 de octubre de 2018


La cantante celebrará 65 años de carrera con un concierto en el Aula Magna de la 
UCV, 11 de noviembre, en el que cantará junto a la Orquesta Sinfónica 
Gran Mariscal de Ayacucho, dirigida por Elisa Vegas. Estarán varios de sus
 amigos, lo que agradece y disfruta. La música, hoy, es su mejor medicina









Es mentira que nadie es profeta en su tierra. Lo sabe Canelita Medina.  65 años de carrera le han valido inmensas satisfacciones sobre el escenario, así como muchas amistades.









“Ha sido acá, en mi país, donde he podido ser. Un artista puede tener toda la promoción del mundo, pero sin el público, es nadie”, afirma la cantante.

El domingo 11 de noviembre “La dama del son” celebrará más de seis décadas de trayectoria en el Aula Magna de la UCV, un lugar en el que se reunirá con músicos de distintas generaciones con las que ha compartido durante años, así como con la Orquesta Sinfónica Gran Mariscal de Ayacucho, dirigida por Elisa Vegas.

—Ha dicho que en situaciones como estas se da cuenta de quiénes son sus amigos.

—Chico, fueron muchos los artistas que no fueron invitados, sino que llamaron para decir que querían estar acá por Canelita. Eso no lo hace todo el mundo. Me siento feliz y privilegiada por Dios y la Virgen.

—Usted comenzó a los 14 años…

—Ya vas a sacar cuentas. Por eso no me gusta que estén diciendo los años (risas).

—…una muchacha que a esa edad empezaba a cantar.


—Fueron años duros. Comencé como cantante de orquesta, una labor bastante difícil. En aquella época no se viajaba en avión, sino por tierra; el artista ganaba tres lochas. En el escalafón, el que menos ganaba era el cantante. Muchas veces me cambié en el autobús o tuve que dormir dos horas para seguir a otra presentación.

—Pero había voluntad, tanto así que lleva 65 años.


—Bueno mi amor, porque eso se lleva acá (se señala el corazón). Uno no siente el cansancio. Hoy estoy un poco golpeada porque tengo una rodilla mal, pero el domingo se me olvidarán los dolores.

—La música, la mejor medicina

—Claro que sí.

—¿Alguna anécdota de esos primeros años?
—Yo era muy tímida cuando comencé en la Sonora Caracas, que era la orquesta de planta de Radio Continente. Era una época en la que iba el público a las radios a ver a las actuaciones. Entonces, anunciaron que yo iba a estar allí, pero cuando comenzaron a tocar los músicos, se me fue la voz. Nunca me imaginé que eso podía pasar. Dije: "Trágame tierra". Eso me marcó mucho, pero he perdido la timidez. Ahora que venga lo que sea.

—¿Y qué la llevó al camino de los solistas?
—Yo era cantante de Federico y su Combo Latino, que estaba con Foca Records. Ellos quisieron irse antes de que se terminara el contrato, y las disqueras no se negaron, pero pidieron que yo me quedara.

— ¿Hubo algún tipo de obstáculos por el hecho de ser mujer?
—En ese aspecto, le doy las gracias a los músicos venezolanos, que son mi segunda familia. Siempre me han brindado su respeto y admiración. No hubo problemas por eso.

—Veo que algunas de sus canciones están en plataformas como Spotify.
—Bueno, de eso no te puedo hablar. Eso es asunto del manager, que lo dejé encargado de eso. Me he rodeado de gente que se mueve.

—¿Y cómo vislumbra el futuro de la salsa en momentos en los que predominan otros estilos?
—Siempre ha habido épocas en las que la salsa ha estado arrinconada. Pasó con el merengue. Me retiré ocho años a trabajar en la empresa privada, sin saber de la música. La salsa siempre tiene sus seguidores, así que llegará el momento y reinará otra vez.

—¿Qué hizo durante los años de retiro?
—Bueno, cuando llegó el merengue y el guachi-guachi, me retiré. Tenía a mi hija pequeña, fui padre y madre. Empecé a trabajar en Farvenca, una distribuidora de medicinas. Una tarde me llamaron por teléfono para preguntarme si quería formar parte de Federico y su Combo Latino. Como uno siempre tiene ese gusanito por dentro, no esperé que me lo dijeran dos veces. Con ese grupo pegué mi primer éxito: “Besos brujos”.

—Y esa hija se convirtió en cantante.
—Una gran cantante, compositora, música y arreglista.

—¿Y qué tanto influyó usted para que ella también eligiera la música?
—Siempre traté de mantenerla alejada. Ser cantante de salsa no es fácil. Uno se come tres verdes y dos maduras. Yo quería que tuviera una profesión y, si luego quería cantar, que lo hiciera. Hay gente que vio mal eso. Me decían que yo era egoísta, que no quería competencia. ¿Qué sería de mi hija si no hubiera hecho su carrera de esa forma? Estoy orgullosa de ella, y ahora está a cargo de la Dirección de Cultura de la UCV. Ella no me decía que quería ser cantante. Te voy a contar esto. Un día un músico me dijo que había visto a una negrita cantando en la pizzería La Delia, y que creía era mi hija.. Dije que no podía ser porque ella trabajaba todos los días. Pero, por curiosidad, una noche fui, me senté de última y la vi salir a cantar. Ese día dije que no podía hacer más nada, pero le pedí que terminara la carrera. Estudiaba Administración de noche y trabajaba de día.

—Una noche caraqueña que brindaba tanto.
—En aquel tiempo sí. De esa noche extraño la época de ser cantante de orquestas. Uno viajaba tanto, tuve el privilegio de alternar con tantas orquestas puertorriqueñas, cubanas, que venían. Recuerdo con nostalgia porque ya no se dará otra vez.

—¿Qué tiene de especial la salsa?
—¡Ay, mi amor! El que no baila con un tambor no tiene sangre en el cuerpo.

—¿Y ha conocido a gente sin sangre en el cuerpo?
—¡Claro que los he conocido! Es más, he conocido a salseros que no saben bailar.

—¿Cómo se siente cantar por primera vez junto a una sinfónica?
—Asustada, aunque no es la primera vez. Estuve otras veces con Oscar D' León, la Gran Mariscal de Ayacucho, en programas. Pero no es lo mismo estar uno o dos números, que tener la responsabilidad de que el espectáculo sea de uno. Pero adelante.

—Hay músicos que no pudieron estar por tener otros compromisos, como Oscar D' León. ¿Qué otros le hubiese gustado que la acompañaran?
—Muchos que se han ido, como el conguero Francisco Rojas, Luisito Quintero, tantos otros. Hay una cantante, Estelita del Llano, pero está fuera del país. Ella concursó conmigo en un programa de aficionados llamado Buscando estrellas por Ondas Populares. Ella cantó un bolero precioso, pero llegó la rumbera y le quitó el premio.

—¿Qué hará después del concierto?
—Hay una propuesta para ir a Medellín.

—¿Qué es la música?
—Todo. Yo no voy a dar la cómica en un escenario. Cuando no pueda hacerlo más, tendré que decir hasta acá llegué.


Con orquesta

El concierto por los 65 años de carrera de Canelita Medina será el domingo 11 de noviembre en el Aula Magna de la UCV, a las 11:00 am. Habrá son cubano, guajiras, guarachas y son montuno. Además de la Orquesta Gran Mariscal de Ayacucho, dirigida por Elisa Vegas, también estarán Verónica Rey, Dimas Pedroza, Alfredo Naranjo, Trina Medina, Floria Márquez, Naty Martínez, Wilmer Lozano, Betsayda Machado, El Sonero Clásico del Caribe, Goyo Reyna, Ramón "Pecheche" Mijares, Juan José Hernández “el Indio”, Katherine Coll, Ana Isabel Domínguez, Delia Dorta, Edgar Sibadas, Trío Hermanos Rodríguez y Williams Mora.

En el concierto serán interpretados los temas “Que vuelvas” y “Cenizas”, que serán grabados para subirlos luego a plataformas digitales.



Humberto Sánchez Amaya  @HUMBERTOSANCHEZ
El Nacional, 4 de octubre de 2018
Fuente: El Nacional