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Fedra López: “El único sentimiento que me provoca la fama es el de agradecimiento", entrevista de Viviana Marcela Iriart, Buenos Aires 2010

Famosa en casi todo el mundo gracias a su participación estelar en las telenovelas venezolanas, la actriz argentina que no puede caminar por las calles de Madrid, Miami, Moscú, Caracas o México sin que sus fans la detengan a cada paso, es desconocida en Argentina porque aquí sus telenovelas no se han transmitido.  De visita en el país, dice que le gustaría ser profeta en su tierra.


FEDRA LOPEZ:  “ME GUSTARÍA TRIUNFAR EN ARGENTINA”

Es invierno. Fedra y yo caminamos por la peatonal calle Florida. Ella, sin maquillaje, con el cabello lacio al viento, vestida con sencillez y elegancia, no puede evitar que la fuerza de su belleza y su gran magnetismo llamen la atención en una ciudad, Buenos Aires, donde poco llama la atención.
Caminé con Fedra en Caracas, años atrás, cuando co-protagonizaba una obra de teatro mía, y hombres y mujeres no dejaban de pararla, pedirle autógrafos, fotos, saludarla, desearle suerte. Fedra, entonces también sin maquillaje, también vestida sencillamente, dedicaba una sonrisa y un poco de su tiempo a cada persona. Me sorprendió. Porque Fedra es una estrella. Y conozco pocas que deseen ese contacto con su público.
Pero aquí a Fedra no la conocen. Y sin embargo no dejan de mirarla. Y un muchacho de unos 30 años nos para y con respeto y admiración le dice:
-          Tenés los ojos más hermosos que he visto en mi vida.
Fedra agradece amablemente el piropo sin dejar de caminar. Si hubiera sido un admirador de su trabajo, se hubiera detenido; pero éste es un admirador de su belleza. Y Fedra marca muy bien los límites.
Ahora estamos en el café del Centro Cultural Borges y la mesonera que nos atiende la mira admirada cuando ve que prendo el grabador y comienzo a entrevistarla.


“El único sentimiento que me provoca la fama es el de agradecimiento.”







¿Viniste de vacaciones o hacer contactos profesionales?
Vine a hacer diligencias personales que no tienen que ver con mi trabajo y también aproveché para hacer un poco de turismo con mi hija Betsy y mi hijo Eros. Pero estoy ansiosa por trabajar acá y en el futuro cercano voy a venir a quedarme unos meses para dedicarme exclusivamente a hacer contactos profesionales, porque uno de mis mayores sueños es trabajar y que me reconozcan en mi país.

¿Tienes familia aquí?
A la única que tengo es a mi hermana y a dos sobrinos encantadores que me preguntan porque ellos no aparecen en ninguna entrevista y yo les digo: “porque no me han hecho ninguna entrevista aquí” (y pone el acento en el “aquí” y se ríe).  Entonces mi sobrina me dice: “Yo me meto en Google y pongo tu nombre y salen tus hijos pero yo no salgo.” Entonces yo le digo que cuando venga a trabajar aquí la voy a llevar conmigo a todas las entrevistas para que aparezca en todas partes.

Dime como se llaman para nombrarlos y que se sientan contentos.
Ah, bueno, genial. Mi sobrina  se llama Mabi Riera, tiene 10 años pero parece que tuviera 50  por lo inteligente y mi sobrino  se llama Joan y tiene 6 años y es enorme. Son preciosos e inteligentes

Tú triunfaste aquí cuando eras adolescente y viniste a bailar flamenco en un teatro de la calle Corrientes. ¿No contactaste  a aquellos empresarios?
No, porque nunca tuve necesidad, porque trabajé 20 años sin parar en las telenovelas venezolanas. Y sí, cuando estuve aquí con el “Show de Juan Carlos y la Rumba Flamenca” de verdad se cerró la calle Corrientes, fue impresionante, tengo unos recuerdos preciosos de aquel momento, hubo una especie de delirio colectivo. Nos contrató Sofovich y la preproducción que hizo fue impresionante.  Jamás imaginé que la respuesta de la gente iba a ser tan grande.

Tú has hecho televisión, cine, teatro, ¿en qué ámbito te gustaría trabajar aquí?
¡En todos! (se ríe). Me encanta el cine argentino, tiene unas tramas muy interesantes, que te ayudan a crecer como persona y como artista. Tanto las películas como las series y las telenovelas que se están haciendo, me parecen fabulosas. Me encantaría  formar parte de cualquier elenco. Y teatro también. He visto unas obras increíbles.… Yo creo que aquí en Buenos Aires es rico participar en cualquier cosa que se haga.

¿Te gustaría  trabajar una temporada o quieres radicarte?
Me gustaría hacer una temporada. Porque yo tengo a mis hijos viviendo en Puerto Rico; mi hijo se irá en unas semanas  a estudiar a Nueva York y mi hija estudia en San Juan, por eso no puedo radicarme definitivamente acá, pero me sí puedo pasar un temporada larga, me encantaría.

Fedra, para una persona famosa como tú, ¿es difícil tocar puertas aquí como si fueras una principiante?  ¿Por qué no tienes manager?
No, no  es difícil. Y sí, creo que aquí es necesario tener un manager y por eso fui a ver a dos y me atendieron sus secretarias. Una fue muy cordial y la otra ni siquiera me dejó pasar, me dijo que al manager no le interesaba más nadie y me cerró la puerta en la cara (se ríe incrédula). Y eso duele porque como vos decís, bien o mal, yo tengo una trayectoria de más de 20 años, tengo un nombre en Venezuela (y en muchísimos países, agrego yoporque me consta) y que te cierren la puerta en la cara en tu país es feo, es doloroso, duele, porque es tu casa aunque como dicen, nadie es profeta en su tierra.

Me imagino que el ser famosa en otros países hace que no sientas la pérdida de que aquí, en tu país natal, no te reconozcan, ¿o sí?
A una le da como cierta cosita, porque al fin y al cabo soy de aquí, y sí, me gustaría ser reconocida aquí como lo soy en Venezuela. Pero no me puedo quejar. Mi trabajo me ha dado grandes satisfacciones y gracias a Dios las telenovelas venezolanas se venden en gran parte del mundo y a mí me ha pasado de ser reconocida en lugares que no imaginaba. Hace dos años, por ejemplo, estuve en Madrid y la gente me paraba para pedirme autógrafos en el subte, en la calle, los taxistas, en los restaurantes… no me lo esperaba y fue muy gratificante.

¿Cómo te fue protagonizando El Graduado en Santo Domingo el año pasado?
Espectacular.  Jamás imaginé que el público de ese país me quería tanto. Desde que llegué no recibí sino atenciones. Tuvimos un éxito arrollador y la obra no pudo continuar más tiempo en cartelera porque Alexander Pimentel tenía compromisos en Nueva York. Además  tuve la dicha de trabajar con Juanjo, que había trabajado en la producción de la obra en Buenos Aires, y Juanjo me llevó toda la ropa que utilizó Nacha Guevara. Así que yo estaba feliz de usar su misma ropa y cuando me la ponía me sentía como diciendo (cambia la voz, actuando): “Nacha, aquí estoy, ven”. (Ambas reímos).  Vi la actuación de Nacha en video y la verdad es que estuvo espectacular, me gustó muchísimo. Yo hice el personaje a mi manera, pero pude asimilar mucho de ella también.

Fedra, si tuvieras que elegir: teatro, televisión, cine. ¿En qué orden lo harías?
Primero el teatro. Creo que no hay nada como tener una obra de teatro en las manos y representarla de principio a fin y tener el calor del público allí, creo que es lo más hermoso que le pude pasar a una actriz, un actor. Después el cine, me encanta. Y por último la televisión… (se ríe), en donde trabajé ya no recuerdo en cuántas telenovelas, como protagonista, coprotagonista, participaciones especiales. La telenovela es mi principal fuente de trabajo  pero el teatro es lo que amo. 

Fedra, ¿por qué te interesa trabajar en Buenos Aires y no en Madrid, donde ya tienes un público?
Porque trabajar en Buenos Aires sería reencontrarme con mis raíces. Por otro lado yo siento que tengo una materia pendiente, es como cuando vas a la universidad, te gradúas y quieres hacer la maestría. Bueno, la maestría para mí sería ser reconocida acá. Yo ya he hecho mi carrera, me he graduado, casi que  quiero retirarme, pero necesito hacer una maestría y me gustaría que fuera aquí, en mi país.  Y también me gustaría para que mi hija y mi hijo, que son venezolanos, disfruten viendo a su mamá actuar en su país y se lleven algo de lo que es realmente su mamá que tiene (actúa otra vez, sonriendo pícara) “sangre de las pampas”.

¿Por qué no tienes página web?
Porque nunca la he necesitado. Los últimos 20 años yo no he dejado de trabajar tanto en Venezuela como en Miami y sentía que la página web era para buscar trabajo, para que los productores me vieran. Igual que el manager.  Pero yo nunca necesité ninguna de las dos cosas.   Tampoco me hizo falta la promoción, nunca tuve un publicista.  Mi teléfono nunca dejó de repicar: siempre me estaban llamando para trabajar. Yo estuve 12 años en un canal (Venevisión) y 8 años en otro canal (RCTV) hasta que el gobierno lo cerró. Pero ahorita, he descubierto que la web es una forma de estar en contacto con la gente que me quiere, que me sigue, así que pronto haré una.

Todo el mundo cree, y aquí también, que por tu acento eres venezolana.
Tengo una gran facilidad para los acentos, enseguida los aprendo. Pero yo soy lo  que soy: una actriz muy trabajadora, muy famosa depende de quién lo diga y en qué país, y te digo que a mi la fama no me importa, si quiero trabajar aquí es porque nací y me críe en Argentina. Trabajar aquí sería devolver a este país un poco de lo que me dio. Yo desde que comencé en esta carrera me propuse crecer como actriz y como persona,  y trabajar acá me ayudaría a seguir creciendo, porque el nivel actoral aquí es realmente impresionante. Aquí hay actores, hay actrices. En muy pocos lugares sucede algo así.

¿No te cansas de trabajar 18 horas diarias en una telenovela?
A mí me gusta mi profesión, la disfruto, y entiendo que si no trabajas esa cantidad de horas, no hay productora que sobreviva, porque los costos de hacer una telenovela son muy altos. Yo recuerdo mi primera telenovela, “Rosangélica”, donde era amiga de la protagonista, y ella se quejaba porque todos los días le daban 50, 60 escenas  y yo iba cada día y preguntaba: ¿grabo mañana? Y el que repartía las pautas me decía que no  y yo siempre me preguntaba: ¿cuándo tendré 60 escenas? Y el día llegó, e incluso grabé muchas más escenas y me encantó, porque tener una trama importante, tener un rol protagónico y que los guionistas siempre te quieran escribir y que tu trama siempre pegue, que a la gente le guste verte, es una bendición, entonces no te puedes quejar.  Y el equipo de trabajo, desde tus compañeros de elenco hasta las maquilladoras y técnicos,  se convierten en  tu familia y es muy rico.

¿Cuándo dejaste de bailar  en Juan Carlos y la  Rumba Flamenca y te dedicaste a la actuación?
La primera novela la hice cuando tenía 17 años, en Venezuela, en Venevisión. No me acuerdo el nombre.

¿Tienes alguna telenovela favorita?
¿Una? Todas. Es que me enamoro de todos los personajes.  Me encantan, por eso es que disfruto haciendo telenovelas, porque siempre me han tocado personajes que me han gustado muchísimo. Quizá la que están pasando aquí ahorita por cable, La Mujer de Judas, es la novela en la que más me divertí, porque me tocó hacer comedia. En las otras  era la protagonista y lloraba, o era la maluca y hacía maldades. En esta me divertía. Y trabajé con un gran elenco.


“La emoción que se siente antes de salir a escena es como
cuando vas a dar a luz y la alegría que tienes con el aplauso
es como cuando te entregan a tu hijo.”


Fedra en "Puerta Abierta al Mar" de V.M.Iriart.
Fotogafía: Roland Streuli


 Fedra en "Puerta Abierta al Mar"
Fotogafía: Roland Streuli






¿Cuál fue tu primera obra de teatro?
El Amante de Harold Pinter, con Julio Alcazar, que en Venezuela es un actor de la talla de Federico Luppi  y me dio mucho miedo. El director fue César Bolívar. Al principio yo rechacé el texto, porque es muy fuerte, y el director me dijo que él podía cambiar todo menos a mí. Tuvimos un gran éxito. Yo le tenía un gran miedo a la crítica, y por suerte fueron todas fabulosas. De hecho, las mejores críticas en teatro las tuve con esa obra.

¿Cómo te sentiste con el público viniendo de la televisión?
Los primeros días tenía pavor, antes de salir a escena siempre buscaba una excusa para no hacerlo y Julio me agarraba para que no me fuera.  Ese sentimiento se convirtió en algo maravilloso, en el mismo sentimiento que he tenido en los partos.  La emoción que se siente antes de salir a escena es como cuando vas a dar a luz y la alegría que tienes con el aplauso es como cuando te entregan a tu hijo. Es espectacular. Lo que siente es incomparable. No hay palabras para describir ese sentimiento.

¿Todas las noches sientes lo mismo?
Todas las noches y con todas las obras. Ahorita estuve en Caracas haciendo dos obras a la vez, terminaba una y arrancaba la otra y el sentimiento era el mismo. Las obras eran “Casa en Orden” de Ana Teresa Sosa y “Angustias de la mediana edad” de Indira Páez.

¿Cómo hacías para salirte de un personaje y  meterte en el otro?
Porque  cuando cae el telón el personaje se acabó para mí. Cuando llego al camerino la que llega soy yo, el personaje nunca se queda conmigo. Hay cosas de los personajes que se te quedan, es lógico, le estás prestando tu cuerpo, pero su sicología  no. Yo no me llevo los personajes a mi casa.

¿Te gusta más la comedia o el drama?
Las dos, pero es más fácil sacarle al público una lágrima que una sonrisa.  Por eso es mucho más difícil hacer comedia que drama. Porque además hay una raya muy delgada entre lo que es la comedia y lo que es el ridículo.

Fedra, ahorita voy a ser egocéntrica y te voy a preguntar sobre mi obra, “Puerta Abierta al Mar”. ¿Qué te motivó a actuar en ella?
Para mí fue un reto muy grande porque eran sólo dos personajes y tu obra es puro texto, tienes que decir muy bien cada palabra, darle la intención adecuada para que la gente entienda. Además tu obra trata de un tema delicadísimo, la dictadura argentina. Yo viví aquí en esa  época y aunque era pequeña vi muchas cosas, escuché muchas otras, y verlas reflejadas en tu obra y tener la oportunidad de decirlas, y de decirlas no en mi país sino afuera, que la gente sepa lo que sucedió, me pareció que era muy importante. Me dio mucha satisfacción hacerla, porque además el equipo era muy bueno: el director Aníbal Grunn,  el productor Benjamín Cohen, tú que fuiste la escritora (nos reímos)….  La obra me dio la oportunidad de conocer gente muy linda y crecer como persona, porque toca temas muy fuertes y cuando representas un papel lo que dices no es algo que te sale de la boca para afuera, lo estás viviendo. Y  revivir todas las noches esas emociones  tan fuertes, tan dolorosas, te obliga a crecer.

¿Quedabas destruida al bajar el telón? Porque yo que te veía y pensaba: pobrecita, ¿cómo hace ahora para irse a su casa? Pero por lo que me dijiste antes no, ibas al camerino, te sacabas el vestuario y chau, adiós Dunia (nombre del personaje).
Chau, adiós y me voy, pero sí, quedas agotada. Porque una cosa es que te lleves el personaje a tu casa, y yo no me lo llevaba, pero sí te llevas el cansancio por supuesto. Los personajes que son muy emotivos como Dunia te agotan físicamente mucho más que los que tienen movimiento físico. Cuando yo hacía la obra de Indira me la pasaba corriendo en el escenario de un lado para el otro, quedaba agotada pero me sentaba, descansaba diez minutos y ya estaba perfecta. En cambio con Dunia no, ese personaje me dejaba muerta, agotada, porque movía muchas emociones. Era muy fuerte.


 Fedra. Archivo RCTV

¿Futuro?
Tengo varias propuestas, en diferentes países, pero hasta que no se concrete no cuento nada. Cuando firme contrato te juro que te doy la exclusiva. (Risas)

Te tomo la palabra.  Mira Fedra, ¿cómo viviste siendo tan joven el éxito con Juan Carlos y la Rumba Flamenca?
No fue difícil porque yo estaba con mi mamá, que es la coreógrafa del grupo y Juan Carlos es mi padrastro, así que para mí fue como viajar con mi familia. No lo viví como algo excepcional. Era un trabajo.

¿Y ser famosa tan joven? ¿O no te dabas cuenta que eras famosa?
(Duda) Sí…. pero nunca le di importancia. Ser famosa nunca me hizo  sentir especial, ni más mi mejor que otras personas, el único sentimiento que me provoca la fama es el de agradecimiento. Porque pienso que cualquier artista se debe a su público, nosotros dependemos del público.  Yo no creo en la fama. Hoy la tienes, mañana no la tienes. Hoy eres muy famosa y mañana te vas a otro país y no te conoce nadie. Entonces la fama es muy relativa. El estrellato… tampoco creo en las estrellas, porque al actor lo pone y lo saca el público. Y todos somos seres humanos y somos iguales. Un actor es igual que un carnicero, que un verdulero, que una ama casa, que una ejecutiva, es un trabajador. Claro, es un trabajo donde trabajas con las emociones, tienes que ser más sensible reunir ciertas características, pero es un trabajo, sólo un trabajo.

¿Te molesta algo de la fama?
Yo siempre digo que cuando un actor, una actriz, se siente mal; no tiene ganas de  que le reconozcan; no quiere firmar autógrafos, entonces que no salga, que se quede en su casa. Porque sino vas a salir a amargarte y el público no tiene la culpa. Porque el público te da de comer al fin y al cabo, y si haces televisión, el público decide si cambia o no de canal. Así que no puedes salir con mala cara. Al contrario, tienes que acordarte siempre que gracias a esas personas estás ahí, que si no fuera por esas personas no estuvieras. Y respecto a la falta de privacidad que pierdes con la fama, yo pienso que si tú quieres hacer algo y no quieres que los medios te veas, pues hazlo donde nadie te vea. Siempre hay algún lugar.  Si los medios exponen tu vida, muchas veces es porque tú permites que ellos tengan acceso a la misma. Yo, gracias a Dios, he tenido una vida tranquila, sin escándalos, y la prensa siempre me ha tratado muy bien.




“No soy consciente si causo o no impacto en los hombres
y tampoco me interesa saberlo.”



Fedra en "El Graduado"

¿Te sientes argentina después de tantos años fuera de tu  país?
Yo me siento internacional, me siento un poquito de cada sitio. Pero nunca cambié mi nacionalidad y nunca la cambiaría. Yo me siento argentina y  me siento un poquito venezolana también, porque es el país que me ha dado un lugar y me ha querido y me ha querido muy bonito todos estos años. No tengo quejas, yo tengo puro agradecimiento para toda la gente de Venezuela.

Fedra, tú reúnes condiciones particulares: eres bella, sexy, espiritual, profunda y sencilla. ¿Cómo lo lograste?
Siempre he sido así. Pero no sé si soy lo que tú dices que soy, aunque otras personas me lo han dicho.

¿Tú no te ves así?
No sé…. En todo caso no es algo que trate de ser. Yo no me pongo en la cabeza “voy a ser sexy, voy a ser sensual”, no. Lo que tú ves es lo que yo soy. Si lo que tú dices es lo que reflejo, yo no lo sé, porque yo no me veo. Son los demás los que me ven así.

¿Tú no percibes el impacto que causas en los hombres cuando vas a una fiesta? 
Sí, pero cuando yo voy a una fiesta es por trabajo, es porque es la premier de algo que estoy haciendo en ese momento y es parte de la promoción de mi trabajo, así que soy simpática, amena, amable, pero no doy pie para más nada. Pero yo no voy a discotecas, fiestas, no salgo, salvo por trabajo, entonces… no sé… no, no soy consciente si causo o no impacto en los hombres y tampoco me interesa saberlo.

A pesar de que cualquier hombre dejaría a su esposa por ti, sus esposas te adoran tanto como ellos.
Sí, y me encanta. A mí me pasa algo que siempre le agradezco a Dios, porque a mí me piden autógrafos las abuelas, los abuelos, las esposas me piden autógrafos para los esposos, las novias para sus novios, los niños, las niñas… es riquísimo. Hay artistas que tienen un público determinado: hombres, mujeres, jóvenes. Mi público es general. No tiene edad ni sexo. Lo que despierto en la gente es algo de lo que estoy agradecida, de verdad.

¿Nunca pensaste en hacer publicidad?
La verdad que no, nunca he hecho ningún casting para nada, pero ¿por qué no? No sé, nunca se me ocurrió hacer publicidad hasta ahorita que tú me lo dices. Mira, tú me has lanzado muchas ideas en esta entrevista, ¿no me quieres representar? (risas)

Fedra, ¿cómo te gustaría vivir dentro de diez años?
A mí me encanta la montaña y tengo mi casita en la montaña donde me refugio, me cuido, me consiento. Dentro de diez años me gustaría hacer alguna obra de vez en cuando y estar en la montaña ayudando a mis hijos a cuidar a sus hijos,  mis nietos; haciéndoles tortas, cocinándoles, consintiéndoles, ayudándoles. Porque yo críe sola a mis hijos y fue muy duro, y no quiero que mis hijos pasen por eso. Entonces el día que formen una familia me gustaría estar allí, si Dios me lo permite, para apoyarlos y ayudarlos.

Fedra, muchas gracias por la entrevista y espero que el año que viene tengas aquí o en el país que sea, un gran éxito porque te lo mereces porque eres una gran persona.
Gracias. Yo espero que sea en Buenos Aires porque sé que no defraudaría a nadie. Soy una persona muy comprometida y exigente conmigo misma, jamás me comprometo con algo que sé que no puedo hacer y hace ya un par de años que tengo la ilusión de trabajar aquí, de poder montarme en las tablas en Buenos Aires, de encontrarme con ese público que no sabe que es mío y que yo soy de él. Y por eso el año que viene vendré 6 meses para que las puertas se abran.

Entonces, Fedra, hazlo por la puerta grande, no permitas más que te cierren la puerta en la cara, porque tú te mereces que te traten como lo que eres: una estrella que únicamente no brilla en el cielo del país que la vio nacer.


©viviana marcela iriart
Buenos Aires, agosto 2010



Donde verla:








Entrevista a la socióloga María C. Reina: transcribiendo el horror del Holocausto, por viviana marcela iriart

La socióloga venezolana María C. Reina realizó un histórico y doloroso trabajo: desgrabar entrevistas a sobrevivientes del Holocausto que viven en Venezuela,  realizadas en su mayoría
 por  la fundación del cineasta Steven Spielberg, Survivors of  Shoa Visual History Foundation en los años ´90. Las entrevistas formarán parte del libro Exilio a la Vida III,  que este año editará la Unión Israelita de Caracas.



"NUNCA PODRÉ OLVIDAR LO QUE ESCUCHÉ MIENTRAS ESTÉ VIVA..."

María C. Reina


¿Cómo fue que una socióloga terminó desgrabando entrevistas  realizadas a sobrevivientes del Holocausto y luego reuniéndose con ellas y ellos?

Yo había terminado  mi trabajo  como investigadora  para una  exposición llamada Una huella  en el teatro venezolano . El objetivo de  dicha exposición es  mostrar la impronta que han dejado los venezolanos de origen judío en el desarrollo del teatro contemporáneo. Este  proyecto fue realizado por Espacio Anna Frank, una fundación creada y dirigida por  Esther Dita Cohen y Marianne Beker.  La dirección del proyecto estuvo a  cargo de Ilana Beker y Rebeca Lustgarten y  en la museografía estaba JF Cantón. Nosotras hicimos (Ilana Beker, Rebeca Lusgarten y mi persona) 29 entrevistas y yo fui la encargada de hacer las transcripciones.
 Al finalizar este trabajo, mi amiga Sonia Zilzer- directora de la Biblioteca  de la Unión Israelita de Caracas-  me propuso que  transcribiera las entrevistas que le habían hecho a los sobrevivientes del Holocausto para el Tomo 3 de Exilio a la Vida.
Tal vez me  llamó para asumir esta tarea porque  yo había tenido experiencia en la trascripción de entrevistas, aunque el tema era totalmente diferente o quizás porque ella conocía mi interés en el Holocausto. Hace algunos años atrás, Sonia me invitó a participar en un Seminario  sobre El Holocausto dictado por el profesor Ariel Segal en UIC. Yo nunca pensé en ese momento que iba a trabajar en un proyecto  sobre el Holocausto, ni creo ser especialista sobre el tema, pero  sí debo reconocer que siempre me ha  interesado e interesa el horror que vivió  el pueblo judío durante la Segunda Guerra Mundial.  Así que acepté, pero con mucho miedo de enfrentarme con esas terribles historias.
Es pertinente  explicar que estas  entrevistas fueron hechas  durante el lapso comprendido entre 1996 y  1998 por  entrevistadores de Survivors of  Shoa Visual History Foundation (creada por Steven Spielberg) y por un  grupo de entrevistadores de la UIC. Con este material   la Dirección de Cultura de la UIC publica los dos primeros Tomos de  Exilio a la Vida en el 2006.  Los libros se hicieron cuando la señora Esther Dita Cohen fungía como Directora de Cultura de la UIC; ella junto a su hermana Marianne Beker y Rebeca Lustgarten fueron las promotoras y realizadoras  de este maravilloso proceso- junto a un equipo de trabajo en el cuál estaba Sonia Zilzer-  que hizo posible convertir esos vídeos en  testimonios escritos y bellamente editados. En su interior, al lado de las hermosas fotos de los sobrevivientes, están esas historias  increíbles contadas por ellos mismos..
La nueva directiva del  área cultural de la UIC, encabeza por el Emanuel Abramovits,  decide continuar con este proyecto y se realizan entrevistas a otros sobrevivientes que no estuvieron incluidos en los dos primeros tomos. También  se  utilizaron algunas entrevistas hechas  en los  90.
El   grupo de profesionales de Exilio a la Vida Tomo 3  estuvo coordinado por Sonia Zilzer,  Gerente Cultural de la UIC,  y la edición y redacción de textos- al igual que en los dos tomos anteriores- fue realizada por Jacqueline Goldberg.

¿Qué sentiste la primera vez que te reuniste con un sobreviviente?

Quiero describirte como ha sido el proceso para  hacer  el libro, de esta manera  sabrás  para qué tuve que reunirme con los sobrevivientes.  Después que  yo había transcrito las entrevistas, este documento pasaba a manos de Jacqueline Goldberg. Ella lo revisaba y hacía una edición, una historia resumida de la vida del  sobreviviente, construida con las frases que ellos habían dicho durante la  entrevista. Es así como una entrevistas de 30 o 40 páginas quedaba reducida a 7 ó 10 páginas. Un trabajo excelente porque en esas 10 páginas estaba contenido la esencia del relato del sobreviviente. Y además es la única forma de publicar 56 testimonios.
La información contenida en esas pequeñas historias  editadas por Jacqueline, debían ser corroborada o modificadas por cada uno de los sobrevivientes. Allí  es  cuando yo entro en escena. Yo me reunía con  cada uno de ellos para revisar los datos contenidos en  este relato.  Ellos los corroboraban, los modificaban y en algunos casos agregaban información. Este  procedimiento metodológico   es la validación de información, eso fue lo que yo hice, además de las transcripciones.
La primera vez que me reuní con un sobreviviente fue en UIC, yo tenía miedo y no sabía si les iba a incomodar el hecho de hablar del tema del Holocausto con  una persona no judía. Pero la verdad es que me trataron muy bien, algunos me bendecían, me decían algo muy bonito en hebreo,  que luego traducían, me felicitaban por lo que estábamos haciendo. En fin creo que fue un privilegio conocerlos y escuchar sus historias.

¿Cómo te sentiste al escuchar sus historias, al estar en sus casas?

Algunas  reuniones de validación se hicieron en UIC y otras en las casa de los sobrevivientes. Me gustaría contestarte en plural. Todas las historias me conmovieron, ellos volvían  a contarte todo y algún   hecho que no estaba en la entrevista,  alguna situación muy fuerte que  ellos vivieron y que no quisieron que apareciera publicado. Algunos lloraban mientras recordaban lo vivido, hombres y mujeres, otros se contenían, es  muy difícil   describir la expresión de sus rostros cuando leían su propia historia:  su arribo a Auschwitz, el conteo, la separación de sus padres,  el humo  de las chimeneas de los hornos crematorios y su desesperación cuando  se enteraron que sus padres habían sido gaseados y cremados
Casi todos me decían: “en este  documento hay sólo una pequeña parte de lo que pasamos”.

¿Cambió tu manera de ver la vida haber realizado este trabajo?

No lo sé, sólo te diré que a veces cuando tengo problemas- que no pueden compararse con lo que ellos vivieron- pienso en su fortaleza,  en su capacidad para sortear situaciones terribles y me digo: yo sí puedo seguir adelante. Ellos son para mí un ejemplo de vida. Después de todo lo que pasaron, se casaron, fundaron una familia,  buscaron la forma de  construir un patrimonio para sus descendientes y echaron raíces en esta Tierra de Gracia. Aún tienen una  frase agradable para decir y  casi todos dejaron un mensaje de esperanza para las nuevas generaciones.

¿Qué sentías mientras desgrababas  sus relatos?¿ Te costó emocionalmente hacerlo?

Sí, mucho. Yo pensé que no iba a poder terminar de transcribir  las entrevistas. Yo trabajaba unas  dos horas y paraba y salía a dar una vuelta y después  seguía haciéndolo. No  podía hacerlo en forma continua porque era muy difícil digerir los horrores que estaban contando.
A veces lloraba, pero yo sentía que era “mi deber “continuar  transcribiendo, para que esas historias  se divulgaran,  salieran a luz pública. Sobre todo en  este momento histórico  en el cual hay  personas que niegan el Holocausto, empezando por el presidente de Irán, que no se contenta con decir  esa barbaridad sino que  amenaza con  borrar a Israel de mapa. ¡Es algo increíble!  Nosotras sabemos, que lamentablemente, el antisemitismo sigue vivito y coleando en todo el mundo.
Me gustaría contarte que yo no sólo me limité a hacer las transcripciones “fonéticamente”. Yo busqué información sobre  la Segunda Guerra, sobre los tratados firmados, la estructura organizacional de los campos de concentración etc.
Yo no puedo estar escribiendo  algo que no entiendo muy bien y  tengo esa deformación profesional que me  impulsa a estar siempre  a la caza de datos que me permitan comprender lo que  estaba sucediendo en aquella época. Me gusta mucho investigar. Eso nunca  me lo exigieron, pero lo quise hacer. Debo reconocer la ayuda que- en ese sentido- me  dio Rebeca Lustgarten, que sí es una especialista en  el tema de Holocausto. También busque mucha información sobre el judaísmo, sus ritos, oraciones y celebración de fiestas religiosas.  Para  este aspecto tuve la asesoría de Sonia en materia bibliográfica. Era necesario,  para mí, conocer lo elemental sobre la religión judía, porque  en  todas las entrevistas a los sobreviviente se les preguntaba acerca de la vida religiosa de sus familias.

¿La mayoría de los sobrevivientes son hombres o mujeres?

 No llevo esa estadística, no lo sé. Pero sí te puedo decir que todos, hombres y mujeres fueron  desnudados, afeitados, les tatuaron un número, les pusieron como ellos decían: “un vestido o un uniforme de rayas”. Los humillaron, maltrataron,  fueron obligados a hacer trabajos forzados, fueron torturados. Tuvieron que caminar en marchas interminables de un campo a otro, denominadas “las marchas de la muerte”. Te puedo decir que al hombre o  a la mujer que se paraba, le disparaban, ahí mismo los ejecutaban. En eso los nazis “no  practicaban la discriminación de género”. Todos sufrieron el mismo trato degradante, cruel y vejatorio.

¿La mayoría habían estado en un campo de concentración en su infancia o en su juventud?

Yo creo que sí. En principio cuando los nazis ocupaban un país, decretaban las leyes antijudías, como las de Nuremberg, los judíos no podían estudiar, ni tener negocios, ni ejercer cargos públicos etc. Todos los judíos debían  llevar una Estrella de David Amarilla prendida a su ropa, para identificarlos. Podían salir a la calle solamente   durante unas horas, el resto del tiempo estaban confinados en sus casa.  Después de establecidas estas normas de segregación, los judíos  fueron despojados de todas sus pertenecías 
Un día cualquiera los nazis llegaban a sus casas y les decían que recogieran algo de ropa y   los llevaban a un gueto. Allí vivían por un tiempo. Después los deportaban  a los campos de concentración, los metían en trenes, en vagones  donde se trasladaban animales, sin ventilación, agua , ni comida. Ese  era el sistema nazi,  una forma ordenada  y cruel para eliminar al pruebo judío.
Debo decirte que en otros casos, algunos sobrevivientes estuvieron escondidos, huyeron durante la guerra  hasta lograr salir de Europa. 
En Hungría los jóvenes en edad de hacer servicio militar tuvieron que incorporarse al ejército, pero no los consideraban como soldados, no portaban uniforme, ni recibían  formación militar. Ellos hacían trabajos forzados. Algunos tuvieron suerte y no fueron a campos de concentración.

¿Cambio tu perspectiva sobre el Holocausto después de hacer este trabajo?

Claro que sí. Ni los textos que leí  sobre el tema, ni en las películas que he visto- por más crudas que sean- se comparan con el hecho de escuchar a través de la voz de sus protagonistas esas  historias tan  terribles y espantosas como las que  los sobre vivientes contaron. Es impresionante  verlos y escucharlos...

¿Cuánto tiempo duró el trabajo?

Dos años.

 Ahora que el trabajo terminó ¿ cómo te sientes?¿ Piensas en los sobrevivientes a menudo?

Yo creo que nunca podré olvidar  lo que escuché mientras esté viva y tenga memoria.
Ahora me siento muy afectada todavía por  el trabajo. Pero me siento satisfecha porque sé que de alguna manera contribuí  con este importante proyecto que pretende preservar la memoria de uno de los episodio más horrendo de la historia del pueblo  judío y de la humanidad.

 





María C. Reina es socióloga graduada en la Universidad Católica Andrés Bello, especialista en gestión cultural. Trabajó en el Conac, Consucre, Espacio Anna Frank, Fundación Acción Solidaria, Unión Israelita de Caracas, Cendes, Cenamec, Visor, entre otras instituciones.


© viviana marcela iriart
Caracas diciembre 2010




" Visions of Johanna": Joan Baez & Bob Dylan por A. Scaduto, 1969







"Una serie de reseñas de los conciertos en que actuasteis juntos decían que él no estaba a la altura del programa, y hubo también quejas en el Hollywood Bowl en 1963."


Joan Baez se ríe con auténtico placer cuando recuerda incidentes de entonces, de los años en que ella y Bob estaban tan próximos. Está sentada en una silla de estilo escandinavo moderno en una habitación de hotel de Nueva York. Está sujetando las rodillas con los brazos y lleva camisa de polo de rayas azules. Tiene el pelo bastante más corto de lo que siempre lo ha tenido, y uno se siente una vez más atrapado por la idea de que es mucho más hermosa de lo que aparece en sus fotografías. Sus ojos negros chisporrotean, se ríe a menudo, su sonrisa se ilumina rápidamente. Se pone seria cuando recuerda algo doloroso de aquella época. Después la sonrisa aparece de nuevo cuando recuerda algo divertido, o cuando Gabriel, hijo suyo y de David Harris, de seis meses de edad, chilla en el parque.

Pocas veces ha hablado de Bob en el pasado, explica porque "hay mucha gente que vive subsidiariamente de gente como Bobby y me parece odioso". Y, además, "por lealtad al propio Bobby". Pero una vez que empezó a recordar cómo había sido todo, su relación con Dylan, "comprendí que todos los que hablan sobre él desean hacerlo realmente con gusto porque en todas nuestras vidas hay muy pocas cosas que tengan auténtica importancia".

Hablamos durante unas tres horas en aquella habitación de hotel.




Empecemos por cómo conociste a Bobby.

JOAN: Creo que fue en el Greenwich Villaje, su nombre sonaba ya, fue en Gerde´s y él cantaba su canción a Woody. Quedé profundamente impresionada. Recuerdo que me dio la sensación de medir como uno cincuenta; me pareció flaco, muy delgado, con aquel sombrerito. Creo que volví un par de veces a oírle. Y era sencillamente asombroso. Yo estaba asombrada, totalmente absorbida por él. Pensé: "Dios mío". Su estilo y sus ojos y todo aquel aire místico,que siempre le rodeaba, y estuve pensando en él durante días. Estaba asombrada y me sentía feliz. Realmente me hacía sentirme feliz el que hubiese alguien de tanto talento. El genio es algo que me arrastra y siempre que me sucede esto me siento realmente excitada.

¿Le conociste aquella primera noche?

JOAN: El se acercó aquella primera noche. Alguien dijo: "Eh, ven a conocer a Joan", y él se acercó y yo no sabía que decir. Dije "fabuloso" o "maravilloso" y Bobby tartamudeó: "Bueno, eso es demasiado". No sé lo que él dijo, pero una estupidez así, y eso fue todo.

Háblame de los primeros días con Dylan, el primer período. ¿Estabais mucho tiempo juntos?

JOAN: Bobby siempre estaba fuera de mi alcance, lo mismo que del de la mayoría de la gente, supongo. Y no puedo recordar cómo empezó la cosa, recuerdo vagamente estar en una fiesta y que él acababa de escribir God on our side y yo no podía creer que hubiese alguien capaz de hacer algo como aquello. Había alrededor de él todo un halo místico, y también una gran reserva. Pero era dulce y divertido, sabes, lo realmente maravilloso de él es ese sentido del humor, es realmente muy divertido, y muy cínico. Y muy ingenioso, él era muy ingenioso.

Tú llevaste a Bob como invitado a muchos de tus conciertos. ¿Llegasteis a intimar mucho?

JOAN: No en realidad. Yo quería que la gente le oyera. Creo que nos gustábamos y que realmente le quería. Yo quería cuidar de él y que cantara. Quiero decir, lavarle la cabeza y limpiarle los dientes y sacarlo al escenario...

 Lo mismo dicen la mayoría de las muchachas y mujeres que le conocieron en aquella época, esta especie de atracción maternal...

JOAN: Sí, era algo muy maternal. Y después yo quería que lo oyese el mayor número de gente posible. Le pedía que apareciese conmigo porque era muy bueno. Yo le amaba, amaba su música y quería que la gente le oyera. Era eso. Quiero decir, yo quería compartirlo. Y él respondió. Se emborrachaba y tenía miedo pero respondió. Creo que el concierto que más me acuerdo fue el de Forrest Hills. Yo siempre tenía miedo por Bobby. El no parecía tener ese tipo de miedo al escenario que en general se tiene. Parecía sumergir eso y después le brotaba como una especie de paranoia de la gente, la gente que iba a pedirle autógrafos. Estaba realmente aterrado. Recuerdo, más tarde, cuando ya cantábamos juntos de forma oficial,  en aquellos conciertos en que nadie era capaz de decidir cómo debían colocarse los nombres para que el suyo no quedase por encima del mío ni el mío por encima del suyo... toda aquella basura. Después, tenía todas aquellas grandes fugas, todas planeadas; puro cuento. Creo que en cierto modo él necesitaba que la gente se subiera encima de su coche y rompiera la antena y gateara hasta la capota y demás.
Decía: "Demonios, no puedo soportar toda esta mierda". Evidentemente había otros modos de salir de un edificio. En una ocasión salimos en coche, cuando hacíamos ya conciertos juntos, y dos muchachas se pusieron a gritar: "Ahí está Bobby". Venían gritando hacia él, y él dijo: "Demonios, corramos", y yo le dije: "No seas imbécil, quédate aquí y no te muevas", y le cogí de la mano, y era como un niño pequeño y ellas llegaron todas histéricas gritando y yo dije: "Si dejáis de hacer el tonto os dará un autógrafo". Y entonces él se calmó. Las chicas se quedaron un poco desconcertadas. Fue maravilloso. Yo dije: "Habla con ellas un minuto", y lo hizo. Logró recuperar el control en cuanto vio que podía hacerlo, pero creo que realmente le aterraba gente como aquella.


 1964


Pero Bobby no tenía ninguna posibilidad de calmar así a los que se lanzaban para arrancarle la ropa.

JOAN: Yo creo que él probablemente aprendió algo de esto, pero desde luego al principio, cuando hacíamos conciertos juntos, no lo entendía. Porque hay un problema. Un conflicto. Tú quieres que la gente dé gritos, chille y te ame y trepe hasta el escenario y te tire del pelo. Quiero decir, deseas esto porque es irresistible para un ego porque el ego no lo entiende. Nada tiene que ver con el amor, no tiene nada que ver con algo auténtico. Es sólo histeria. Y tú en cierto modo alimentas esto, y, por otra parte, hay otro sector de ti que reconoce que es absurdo. Pero entonces Bobby también tenía auténtico miedo a resultar herido, yo creo, a ser destrozado. Porque uno se da cuenta de que pueden llegar a destrozarle.

¿Tenía él miedo al público? Según me ha dicho gente que lo conoció en el 61 en 
Gerd´s, tenían que darle de beber, tenían que llenarle de vino, fortalecer su ego, para conseguir que saliera y actuara.

JOAN: El tenía varias formas de manifestar este miedo. Nunca tuvo el miedo tradicional al escenario, el miedo que tengo yo, por ejemplo, que me quedo sentada y tengo diarrea y náuseas durante los cuarenta minutos anteriores al concierto. El siempre andaba tarareando por allí o escribiendo canciones. Pero la cosa se manifestaba de otro modo; por ejemplo, tuvo un súbito y rabioso berrinche porque una vez le robaron su abrigo. Probablemente hayas oído hablar de esa escena... fue increíble. Aquel espantoso abrigo. Estoy segura de que continúa pensando que se lo robé yo. Porque yo intentaba continuamente que se deshiciera de el... lo había vomitado todo por delante. Supongo que se emborrachó y se vomitó por encima. Era su abrigo favorito. Aquella cosa horrible y astrosa de un marrón sucio, hay cientos de fotografías de él con ese abrigo puesto. Olía horriblemente... era demasiado corto, tenía las mangas cortas, y le daba aspecto de colegial pobre.

Que era exactamente el aspecto que él intentaba tener.

JOAN: Sí, y yo andaba intentando realmente que se lo quitara de encima. Y una noche regresamos a los camerinos... y su abrigo no estaba. Y tuvo un berrinche; quiero decir como un niño de cinco años. Empezó a chillarle al policía y el policía se largó, y gritó a todos los que estaban allí y todos se largaron. Creo que Neuwirth estaba también. Y hubo aquella especie de tensión que yo siempre creí que tenía algo que ver con el tener que actuar. Aquella noche fue asombrosa, sin embargo, porque yo no me marché. El estaba realmente loco de ira. "Esa condenada chaqueta... alguien se llevó esa jodida chaqueta, y esos jodidos policías no estaban aquí, y tú..." Yo dije: "Oh Bobby cálmate" o algo así, y él comenzó a gritar porque nadie podía hablarle así. Y yo pregunté: "¿Estás ensayando o quieres realmente coger un berrinche?", o algo parecido, y entonces él se calmó. Me dijo: "No soy ningún loco", yo tuve la sensación de que había visto aquello en otra gente antes y, no sé cómo calificarlo, pero él se negaba a admitir que estuviese loco. El invirtió los papeles, ensayamos, hizo una brillante representación de la primera parte. En el intermedio yo dije: "Oye, deberías ensayarlo más veces", y él tuvo otra pataleta. Fue realmente terrible. El decía "no estoy loco", y yo decía "no, sólo estabas furioso, pero no quiero hablar de eso aquí".

¿Esto era su manifestación del miedo al escenario?

JOAN: En realidad no lo sé. Sucedió otras veces también, pero a mí me daba la sensación de que todo era fingido... quiero decir, sucedió otras veces en que él no actuaba. Le pasaban cosas así. Yo creo que en él estaba la tensión de tener que actuar o de tener que ser el que era.

Una serie de reseñas de los conciertos en que actuasteis juntos decían que él no estaba a la altura del programa, y hubo también quejas en el Hollywood Bowl en 1963.

JOAN: Yo creo que estaba borracho o había tomado algo, y se demoró demasiado. Siempre tenía que cantar lo que acababa de escribir, y acababa de escribir Lay dow your weary tune que duraba cuarenta y cinco minutos.

¿La que alguien llamó "guerra y paz"?

JOAN: Esa, esa. Era interminable. Por supuesto, yo me sentía muy feliz, pero también un poco inquieta. Siempre he tenido conciencia del público. Siempre procuro no cansarles, y él no se preocupaba en absoluto.

¿Bob estaba borracho cuando cantó su "guerra y paz"?

JOAN: No sé si estaba borracho. Sí, supongo que él se emborrachaba mucho. El público se cansaba, y yo debí de tenerlo más en cuenta porque no era bueno para él... la gente se irritaba con aquel jovencito que salía allí sin que lo esperaran, y se ponía a cantar aquellas canciones de cuarenta millas de longitud.

¿Cuál fue su reacción? ¿Se daba cuenta de que el público le era hostil?

JOAN: El parecía muy joven cuando sucedió esto. El parecía joven y aún más pequeño de lo que siempre parecía, y yo quería protegerle lo más posible. El diría algo así como... bueno, él nunca hablaba de esto. Pero si lo sacabas a colación, entonces lo admitía: "Sí, bueno, ya..." Hollywood Bowl es un lugar extraño. En otros sititos le recibieron de otra manera. En Boston, me acuerdo que le recibieron muy bien. Estaba borracho, sin embargo, y eso es otra cosa que yo creo que es miedo al escenario, también... si se cargaba no sentía nada. Lo hizo maravillosamente, aunque estuviera borracho. Se levantaba y cantaba estuviese borracho o no. Los conciertos eran divertidos. Quiero decir yo le miraba y me parecía la parte más divertida del concierto, y le mandaba que subiese a escena conmigo, y cantábamos sobre todo cosas suyas. Creo que cantamos Butcher boy. Pero él vino y cantó, y los más hip se volvían locos. Sencillamente estaban enamorados de él. Cantó algo solo, y luego cantamos cosas juntos. Cuando firmábamos conciertos juntos y él empezaba a montar números como el del abrigo, y a gritar que quien estaba a cargo del coche que teníamos preparado para la fuga, quién hacía esto y quien hacía aquello, yo le echaba librium en el café. No creo que se diese cuenta nunca. A veces le colaba dos pastillas y un par de veces ayudó. Cuando le veía hundirse un poco, bueno... El era un saco de nervios.

¿Y nunca se dio cuenta?

JOAN: ¿Del librium? Yo creo que no. Se habría enfadado mucho.

¿Y mejoraba el librium sus actuaciones?

JOAN: No necesitaba nada para mejorarlas. Lo único que mejoraba un poco eran mis nervios.

¿Mejoraba su presencia de ánimo en escena?

JOAN: Bueno, le relajaba algo.






 
Creo que Dick Fariña en Mademoiselle cita a Bob diciendo algo parecido a "Joannie aún sigue cantando Mary Hamilton. Y no va por ahí el rollo". Eso da la impresión de que Bob te empujó a ti a la protesta en música, en canción

JOAN: No. De eso nada. ¿El a mí? En las canciones, sí. No había qué cantar hasta que él lo escribió. El escribió como nadie había escrito. No hay muchas canciones de protesta buenas. Normalmente valen muy poco. La belleza de las cosas de Bobby estriba en lo que insinúan. Lo brillante es lo insinuado. No hay necesidad de pegar en la cabeza a la gente con ello. Aún en lo más tosco, cuando él era realmente joven, es lo bastante inteligente como para no resultar grosero o pesado. Sí, hay un sello de genio incluso en lo más discutible. Es decir, en lo más regular, lo que menos destaca.

Volviendo a aquellos públicos hostiles. Su actitud básica respecto al público, por lo que entiendo, no es exactamente la tuya. A ti te interesa y te preocupa tu público, él piensa en su obra y en si mismo más que en el público.

JOAN: No pude nunca entender exactamente qué es lo que le interesaba a él. Creo que la conversación más sincera que yo he tenido con él fue al principio de nuestra ruptura, después del último concierto que dimos juntos. No puedo recordar cuándo y dónde, fue en algún lugar de la Costa Este... pero, bueno, nos estábamos divirtiendo mucho. Había mucha gente en el hotel. Fue cuando Dan Kramer le tomó aquellas fotografías tan graciosas planchándome el pelo. Nos sentíamos muy a gusto juntos, había sido muy divertido y todo eso. Y entonces él dijo -ya sabes, uno tiene esas charlas en privado, tienes que irte y meterte en un rincón y charlar- me arrastró hasta el baño y dijo: "Ven, ven, hagámoslo en Madison Square Garden". Y de pronto tuve una sensación realmente divertida, y dije: "¿Qué es lo que vamos a hacer en Madison Square Garden?" Y él dijo: "No sé, tía, sólo ir a Madison Square Garden". Yo pensé un minuto el asunto. "Tengo miedo", dije "Creo que lo que significa es que tú serás el rey del rock-and-roll y yo seré la reina de la paz", y él siempre me hacía callar cuando yo hablaba así. Solía decirme" "Tonterías, tonterías", pero el hecho fue que aquella noche los muchachos del público habían estado pidiendo Masters of War, God on our side, cualquier canción de las escritas por él que significase algo para ellos. Y él supo inmediatamente lo que yo quería decir cuando dije que sería la reina de la paz y él el rey del rock-and-roll, y dijo: "Bueno, amiga, oí a aquellos chicos, los oí, sí. Yo no puedo ser responsable de las vidas de esos chicos". Y yo dije: "Bobby, miserable, ¿quieres decir que vas a dejarlos sólo para mí?" y él dijo: "Por mí si los quieres cógelos, pero yo no quiero ser responsable". Esto no significaba que no los quisiese, ¿comprendes? Creo que sólo tenía miedo. Pero era algo auténtico, quería decir aquello. Y esta fue la última vez que cantamos juntos.

¿Y por qué fue la última?

JOAN: Por eso. Yo creo. Aquel era el final de la gira. No continuamos. Después de aquello él vino conmigo a un par de sitios donde yo tenía que cantar.

¿Y qué me dices de Don´t loock Back. Mi impresión fue que era la última vez que cantabais juntos.

JOAN: Yo nunca canté con él. No me dejaba cantar. Para decirlo de una vez. No debí ir a aquella gira. Fue algo espantoso. Bueno, en principio yo tenía que ir a Inglaterra a una serie de conciertos, y en mitad de aquella ascensión de Bobby a la fama que se produjo tan rápido en unos cuantos meses, pensamos que podíamos ir juntos y dar conciertos los dos. Cuando llegó la hora de ir a Inglaterra, Bobby era mucho más famoso allí que yo, así que se fue solo. Quiero decir que yo ni siquiera me molesté en organizar una gira. Aunque yo pensé que él haría lo que yo había hecho con él, que me introduciría, y sería algo muy agradable para mí porque nunca había cantado en Inglaterra. Eso fue lo que yo pensé. Y cuando fuimos a Inglaterra  algo le pasó a Bobby. Nunca le vi con menos salud que en Inglaterra. Lo cierto es que nunca me pidió que saliese a escena para cantar con él. Y yo estaba muy, muy sorprendida. Muy herida, profundamente herida. Me sentía muy mal. Era una tonta de remate; debí irme. Quiero decir, dejarle después del primer concierto. Pero hay algo en una situación como esta... no sé, uno queda como colgado . Dos semanas estuve, y después salí, por la puerta en la película, nunca volví. Me fui a Francia y estuve con mis padres. Ellos vivían en Francia entonces. Pero fue una de las semanas más penosas de mi vida porque no podía comprender realmente qué demonios pasaba.

Se decía que hubo una propuesta de matrimonio por parte de Bobby en determinado momento, aproximadamente en la época que...

JOAN: Bueno, no diría yo que fuese una cosa tan formal. Bromeábamos sobre ello, ¿comprendes?  Bueno, Bobby y yo era inevitable que acabásemos juntos: príncipe coronado y Newport y demás. Inevitable. Yo estaba ligada a una gente, y él a otra y cuando por fin dejamos de lado a unos y otros y nos conocimos... entonces pasamos a estar juntos. Pero era algo que tenía que suceder en el curso de nuestras vidas.

¿Era inevitable todo el asunto aquel del rey y la reina del que hablaban los periodistas?

JOAN: Creo que los dos nos pusimos medio a bromear sobre eso y de pronto nos asustamos y dimos marcha atrás. Yo no diría que Bobby me hizo una proposición de matrimonio. No, hablamos de eso. Hablábamos de casarnos. Y bromeábamos sobre ello porque sabíamos, en cierto modo, que era algo casi inevitable, también. Pero afortunadamente ambos tuvimos el suficiente sentido para comprender que hubiese sido un completo desastre. Y creo que lo que pasó fue que yo lo dije antes que él. El hubiese echo lo mismo, probablemente, tarde o temprano. Pero entonces aún estaba en la etapa de la broma y yo dije, bueno, no funcionaría o algo así... y después de eso vino el cambio, después de eso él nunca fue... quiero decir, después de eso parecía como si estuviese intentando responderme...

Bueno, él se ha hecho una persona muy susceptible, tiene gran necesidad de aprobación.

JOAN: Y orgullo.

Y orgullo. Y evidentemente esto significaba rechazarlo.

JOAN: Sí. Yo creo que fue eso. El estaba en la Costa Este y yo estaba en la Costa Oeste cuando esto. Hablábamos por teléfono. Y después, era como si él estuviese jugando con mi alma. Pero ya ves que aún así fuimos juntos a Europa, lo que fue una tontería por mi parte porque debería haber tenido en cuenta su mentalidad y lo que iba a sentir. "Bueno, claro, claro , tú ven a Europa. Me ayudarás", fue lo que dijo, y yo pensé que quería decir que podría cantar con él, y yo creo que es muy probable que en principio planease eso y después cambiase de opinión.

¿Sabías tú por entonces, antes de ir a Europa, que él era, digamos, más conocido allí que tú?

JOAN: Sí, perfectamente, por eso cancelé mi gira. Yo estaba muy a gusto así, pensando que iría a Europa y entonces... cuando el avión aterrizó en Inglaterra, yo creo que Bobby estaba muy nervioso porque tenía miedo y quería estar a mi lado. Yo no podía darme cuenta entonces, y me quedé atrás porque pensé que no debía imponerme en el escenario. Era la gira de Bobby, y me quedé a unos tres metros por detrás de él, y absolutamente nadie advirtió mi presencia. Esto era agradable. Pero un par de veces, ahora lo pienso, me lanzó una mirada. Era como si dijese: "Socorro", y yo no pude decidir si era mejor ir y ayudarle.

¿Cuál era la situación?

JOAN: Al salir de un edificio, fuera del aeropuerto, después de la conferencia de prensa, él hizo algo así como esto (hace una seña) como diciendo "ven aquí", pero yo no quise irrumpir en su escenario. Quizás fue una modestia tonta, quizás debiera haberlo hecho, porque quizás él me necesitase entonces. Pero no quise irrumpir allí. Y esto pasó un par de veces. Luego, después de esto, jamás volvió a pedírmelo, así que desde entonces dejé de verle. Quiero decir fue como si él no me permitiese... bueno, yo iba a la habitación y demás, pero fue una escena estúpida y desagradable. Bobby colocaba el tocadiscos y ponía su disco, se sentaba dando la espalda a todos y escribía a máquina, y los demás se sentaban alrededor y comían. Algo realmente desagradable. Lo más humano fue aquella noche de la película cuando había estado escribiendo y cantamos un poco, o yo canté una canción suya que él había olvidado, y después le besé en la frente y me fui.

¿Y ese fue tu último contacto con él?

JOAN: No, le vi unos años después en un concierto. En San José. Fui a verle a San Francisco y después a San José, creo. O dos noches seguidas, sí, en San Francisco, y de noche estuve hasta tarde con él. Pero él no era nada sincero. Organizaba aquellas discusiones con la gente sobre... me acuerdo que decía: "Si bombardean Hanoi, que lo bombardeen ¿por qué coño van a bombardearlo? Quiero decir, a mí no me importa nada que lo hagan". Y no hacía más que decirme, "Hola, Joannie", creo que no podía decir nada más auténtico que eso. Y entonces ya estaba casado y no me dijo que se había casado. Sí. Esto fue muy confuso, también, y él... yo creo... yo creo que él no quería estar alrededor mío, o que yo era demasiado para que él se preocupase por mí, o que realmente no estaba ya interesado por entonces. Ahora tengo la sensación de que realmente me imponía a él sin desearlo. Debería haberme ido a casa, pero la gente no suele hacer eso. Quiero decir, cuando andas alrededor de alguien como Bobby, te impones. Quiero decir, sigues allí hasta que todo el mundo se va.

¿Por qué es eso? ¿Qué es lo que tiene?

JOAN: Carisma, probablemente.

Sí, pero ¿en qué consiste ese carisma?

JOAN: Nunca he comprendido el carisma. Hay pocas personas que tengan tanto como Bobby. Nunca vi nadie que tuviese tanto. Mi marido lo tiene, pero distinto, cuando habla. Nunca sería tan deslumbrante como el de Bobby porque él dice a la gente que haga algo determinado.

Yo supongo que lo que pasa es que David no es un maníaco como lo es Bob.

JOAN: Sí, también el encanto de Bobby es el ser un maníaco. Quiero decir que uno no puede evitar mirarlo, ver que va a hacer inmediatamente, aunque si sigues allí puedas recibir un palo en la cabeza.

¿Sentías esto desde el principio mismo?

JOAN: ¡Oh!, sí, el carisma, y además era evidente que estaba como al borde de algo. Bueno, yo creo que Bobby está más cerca de lo psicótico que de lo neurótico. Digo esto por que el par de veces que se emborrachó y se volvió contra sus amigos, sólo se volvió contra ellos, y yo me quedé asombrada. Nunca lo hubiese creído. No era real. Yo permanecía allí y me opuse a él. Creo que cuando más cuenta me di fue en Inglaterra, y me sorprende mucho ahora, que pudiese soportar tanto. Pero le quería y no podía creer, que él pudiera ser, bueno, tan cruel. E incluso cuando estaba enfermo, al final de aquella gira, cuando se puso tan malo y, Dios Santo, fue un calvario. Yo no sabía hasta que punto estaba enfermo, y no me dejaban entrar en su habitación.

¿Y de qué estaba enfermo?

JOAN: ¡Ah!, no tengo ni idea, creo que comió demasiado en Suecia; algo así. Todo el mundo dijo: "Estoy cansado de estar en Inglaterra, vayamos a un país donde haya un buen restaurante." Debieron irse a la India o algún lugar parecido, pues todos volvieron enfermos. Y yo no sabía si Bobby tenía anginas, sífilis, o sólo dolor de estómago, pero estaba muy malo y fue entonces cuando llamó a Sara. Estaba dispuesto a ver a mi madre, a ver a cualquiera menos a mí. Fui y le compré una camisa, o algo así. Es decir, yo quería indicarle que le amaba, que me preocupaba por él, que no me importaba lo que estuviese pasando ni ninguna otra cosa, y me puse contenta al saber que Sara estaba allí y que parecía cuidar de él, alguien que cuidara de él. Le compré una camisa y fui a la puerta, y no llegamos a hablar, pero supongo que fue ella la que abrió la puerta. Cogió la camisa y nada más. Fue la vez que estuve más cerca de ella. Después dejé Inglaterra.

Para mí Bobby, como revolucionario, ya al principio escribía cosas llenas de insinuaciones aunque tuviesen el molde de la protesta clásica. En determinado momento pasó de los signos a un campo más personal, introspectivo, y sin embargo especialmente más radical. ¿Hablaba alguna vez de lo que estaba haciendo, de lo que escribía, del Movimiento?

JOAN: No, él sólo negaba todo lo que había hecho antes cuando se apartó.

¿Incluso personalmente? Ya sé que negaba ante los periodistas.

JOAN: Sí, él me dijo en una ocasión una cosa... por supuesto, tengo que distinguir entre antes y después de aquella llamada telefónica. Antes era más honesto conmigo, pero me costaba a veces cuatro horas sacarle algo que yo sabía que era verdad. Y entonces él decía: "Bueno, no se lo digas a nadie, amiga. Eres la única condenada chica que me saca esto". Supongo que porque nadie tenía suficiente paciencia...

¡Qué tipo de cosas? ¿Recuerdas algo en concreto?

JOAN: Sí, una noche estuvo gritándole a Víctor. Estaba en uno de sus ataques psicóticos con motivo de... no me acuerdo por qué. Era en mi casa en Carmel, y decía: "Víctor, Víctor tú no eres más que mi chofer". Yo le dije: "Bobby, qué modo de hablar es ese. ¿Qué es lo que...?" y me contestó: "Oye, ¿por qué metes tú las narices en éste asunto?" y yo le dije que no quería oírle hablar así en mi casa. Entonces se calmó y después le dije: "Bobby, ¿cómo podías hablar de aquél modo? ¿Por qué eres tan grosero conmigo?" y él dijo: "Bueno, la única razón de que dijera lo que dije es que tú parecías dolida, ¿no?" Yo lo pensé, "¿parecía dolida? No, en absoluto". Dije: "Yo no parecía dolida, no me sentía dolida, me sentía furiosa". El dijo: "No, tenías un aire dolido", y yo dije: "Bobby yo no me sentía dolida y tú lo sabes", y el dijo: "Bueno, bueno, ya lo sé, pero no se lo digas a nadie". El dijo: "Sabes, eres la única chica que me hace decir estas cosas, sabes. No quiero oír hablar de ello, y no quiero pensar en ello". Y después se puso de buen humor y los dos nos reímos. Pero yo no podía creerlo. El hacía esto a la gente constantemente, y ellos realmente pensaban: "Bueno, debía tener un aire dolido".

Tu eras capaz de hacerle explicarse. ¿Lograste alguna vez que te explicase sus canciones, o sus ideas?

JOAN: No, nunca lo logré. Le dije algo sobre God on our side. "¿Qué pensabas cuando escribías esto?" El me dijo; "Bueno, son cosas que pueden venderse, ¿no?" y yo le dije: "Oh, Bobby hablando de vender, ¿no pensarás que yo voy a comprar eso que dices, verdad?" El dijo: "Tú ya me conoces, yo sabía que la gente compraría ese tipo de cosa ¿no? Pero yo nunca estuve metido en eso" y lo negaba todo. Yo le dije: "Bueno, podrás negarlo cuanto quieras, pero sabes que nunca me lo creeré". Nunca llevamos la cosa más allá de ahí.

¿Nunca hablaba de los radicales que conocía o de lo que pensaba de las ideas radicales?

JOAN: No, él nunca hablaba de estas cosas.

¿Ni contigo?

JOAN: Solía bromear sobre las canciones, me explicaba cosas de alguna, pero no de las radicales. Como por ejemplo Four letter word. Recuerdo que la escribió toda, y dijo: "Oye, ¿puedes entender esto?" Yo la leí, no había acabado aún el último verso. El dijo: "Apuesto a que no puedes imaginar lo que va a suceder", y yo dije: "Seguro que puedo, tú irás a la casa de la muchacha otra vez y te acostarás con ella". Y él dijo: "Zorra, ¿cómo te imaginas eso?" y yo dije: "por que eso es lo que haces siempre". No necesitaba gran inteligencia para deducirlo. Bromeaba, hacía cosas así. Pero yo no me acuerdo... porque yo no sé si Bobby sabía exactamente lo que estaba haciendo cuando escribía aquellas canciones. Pero nadie puede creer que God on our side se haya escrito pensando en lo bien que va a venderse.

1968

En tu libro Daybreak le llamas el "rey Dadá".

JOAN: Bueno, decía aquellas cosas, procuraba ser tan dadá, diciendo aquellas locuras, considerándolo todo de modo tan cómico, cínico o como quieras decirlo. Y así nunca era sincero con nadie. Quiero decir que constantemente manejaba cosas extrañas. Acababa de escribir Visions of Johanna y a mí me parecía muy extraño, muy sospechoso, porque había imágenes mías allí. Quiero decir, no puedo nunca afirmar esto públicamente. Pero él habló con Ginsberg sobre esto. El no la había cantado todavía, y Neuwirth le dijo que yo estaba allí aquella noche y él la cantó. Y era muy extraño. Yo estaba escuchando la canción y por dentro intentaba sentirme halagada, pero me preguntaba a la vez si...  quiero decir que todo el mundo cree que Bobby escribe canciones para uno, y yo me considero dentro del mismo grupo. Aunque nunca reclamaría una canción. Pero ciertas imágenes me sonaban muy extrañas. Entonces Ginsberg se acercó a mi en determinado momento y me dijo: "¿De qué crees tú que trata Visions of Johanna?" Y yo dije: "No lo sé, Ginsberg, tú supones que se refiere a mí". El dijo: "No, no ¿qué es lo que te parece a ti? Bobby dice..." y después comenzó a soltar un rollo de los suyos que nada tenía que ver con el asunto. Y yo dije: "¿Dice Bob eso o te lo inventas tú, Allen?" Y tuve la sensación de que los dos estaban como compinchados para asegurarse de que yo nunca pensara que la canción tenía que ver conmigo. Era una sensación muy clara. Y en realidad... quiero decir que Ginsberg intentaba que yo dijese que creía que la canción estaba escrita para mí, y yo jamás diría eso de ninguna de las canciones de Bob.

¿Tenías la sensación de que Ginsberg actuaba como instrumento de Bob?

JOAN: Sí, eso pensaba. Bueno, él había estado sondeando a Ginsberg. Esa es otra gran historia, una historia divertida, la de cómo conocí a Ginsberg. Y por otra parte, yo entiendo muy bien a Allen, está loco, pero lo comprendo. Fue en una fiesta. Creo que Bobby y yo acabábamos de dar un concierto. Yo me sentía muy separada de Bobby aquella noche, y Bobby intentaba ligar con una pelirroja. Se emborrachó mucho en aquella fiesta, y allí estaba charla que te charla con aquella pelirroja. Así que empecé a hablar con Neuwirth y a pasar el rato con él. Me acuerdo que Neuwirth llevaba una chaqueta azul de terciopelo. Y de pronto se acercó Ginsberg, se presentó y anunció que quería ligarse a Bobby. Y yo dije: "Bueno, muy bien, ¿y qué te detiene?" Y él dijo: "Me da vergüenza". Yo dije: "Que pena". No puedo recordar más de la charla, salvo que Ginsberg no quería hablar de otra cosa. Resultaba un poco ofensivo para mí. No me había dado cuenta al principio de que no sentía el menor interés por mí y que estaba usándome para conseguir a Bobby. Por entonces Bobby estaba completamente borracho. Lo sacamos, lo metimos en el coche, y estaba, bueno, como una cuba. No recuerdo lo que decía, pero yo le dije: "Ginsberg quiere irse a la cama contigo", y él dijo: "¡Oh!, no, eso es demasiado", y se fue. Probablemente vomitó de nuevo por encima de aquella horrible chaqueta. Bueno, cuando la gente se enamora de Bobby soporta todas estas cosas. Sólo dice: "Bobby, Bobby, Bobby"


En Daybreak dices que le has "visto fingir unas pulsaciones regulares... nos engañaba a todos pero sobre todo así mismo... un extraordinario mentiroso... una inmensa y transparente burbuja de vanidad". Tú casi te ahogabas en ella. Tú oías "Los ruegos, las explicaciones, las negativas, y casi te las creías.

JOAN: Parecía exactamente una inmensa burbuja de vanidad; quiero decir, parecía frenético y perdido, y tan preocupado por su propio yo que no podía ver nunca más allá de las narices... Bueno, de todos modos no podía sin gafas. Además, bueno, yo le había escrito una nota en la máquina de escribir de Ralph Gleason diciéndole si podía volver y verle porque así todo sería mucho más fácil para mí. Me sentía muy mal desde lo de Londres. Evidentemente, en cierto modo había algo en mí que seguía ligado sentimentalmente a Bobby. Quiero decir que es difícil romper así porque, quiero decir, no es real. Cuando alguien te ignora así, tú siempre te preguntas en qué te has equivocado y qué es lo que tienes que hacer para arreglarlo... "¿Aún te gusto, aún figuro en tu libro?" Y esto en realidad le decía con aquella nota y parece que Gleason le entregó la nota y Bobby ni siquiera la miró. Dijo: "Ah, sí", o algo parecido, y fue muy vago al respecto. "¡Oh, sí, seguro, dile que vuelva y salúdala", así que yo volví para hablar y él se fue, a mí me pareció totalmente falso. "Hola, que hay, me he enterado de que estás dirigiendo una escuela". Aún sigo preguntándome lo que piensa de mí. Suele pasarle a uno esto con alguien a quien una vez amó y que luego se separó de ti. Pero él nunca... superficialmente, él diría: "¿Separarme de ella? ¿Cómo? Ya viste que hablé con ella, que le dije: "¿Cómo te va?, creo que tienes una bonita escuela". Pero en tu interior estás preguntándote ¿qué piensa realmente Bobby? Quiero decir que la gente quiere que la amen, quiere ser aceptada y cuando sientes que alguien hace algo que equivale a abofetearte siempre quieres convencerte de que en realidad no es así. Y eso es lo que yo estaba sintiendo también. Pero hay un montón de cosas que se mezclan con el recuerdo. No puedo recordar que año fue el de una cosa y qué noche tuve aquella discusión sobre Hanoi y cuándo me fui a casa. Cuando yo escribí lo del "rey dadá" fue la vez que volví a casa. Y tuve este maravilloso sentimiento más adelante, sólo ternura, completa ternura. En realidad yo no estaba exigiendo cosas como "¿Por qué Bobby no pasa tiempo conmigo, y por qué está con esa estúpida chica del vestido de punto?", qué fue lo que pensé cuando le vi en aquella fiesta. Sólo pensaba: "Espero que alguien se ocupe de este muchacho".
  
¿Puedes recordar algo más de Bobby, personalmente y profesionalmente?

JOAN: ¡Oh!, creo que de lo que más me acuerdo es de la época de Woodstock. Fue una de las más agradables. Estábamos todos en aquella casa, en Bearsville, la gran casa, la casona encantada.

¿Cómo encantada?

JOAN: A mí me dio aquél condenado ataque de nervios. La gente hablando... bueno, yo tenía pesadillas. Ya sabes, cuando estás en un sitio y no deseas estar allí... y sucedió aquella noche. A la mañana siguiente, Dick Fariña, que aparecía siempre en ese tipo de cosas, también estaba allí. Mimi, Dick, Bobby y yo , y supongo que un grupo más de gente. Y por la mañana yo tenía un aspecto infernal. Estaba realmente demacrada. Recorrí toda la casa toda la noche en sueños, y Dick, suspicazmente, dijo: "¿Has tenido un mal sueño?" y yo dije: "Sí". Y el dijo: "Es esta casa, ¿no?" y pasó a contar aquella historia de la casa y de aquellas pinturas que había en los vestíbulos. Yo había soñado cosas de hachas, tuve sueños de gente que cortaba a hachazos a otra gente durante toda la noche, y Bobby... no podía sacarle nada a Bobby... cuando estaba ido estaba completamente ido, y yo no quería despertarle. No quería asustarle diciéndole que su casa estaba encantada ni nada parecido. Y al día siguiente, Bobby y yo fuimos a dar un paseo en moto. No puedo recordar quién conducía. Creo que conducía él. Había visto hachas en mis sueños toda la noche. Hablamos de hachas durante toda la mañana. Fuimos a aquella encrucijada de la carretera, y allí había un hacha en medio del camino. Yo estaba aterrada. Dios mío, era uno de esos sueños que no se te quita de la cabeza durante todo el día siguiente. Otra cosa que recuerdo es a Bobby hablando. Nos sentábamos allí en algún sitio de Woodstock, muchas vecescerca de las tiendas de antigüedades . Nos sentábamos en una pequeña loma. El solía ir mucho allí. Solía ir a muchos sitios en Woodstock. Esto era en los viejos tiempos, claro. Quiero decir que ahora debe ser diferente para él. Pero solíamos ir a aquel pequeño café. Lo pasábamos bien entonces. Pero él decía algo de su memoria. Decía: "Oye, te lo aseguro, tengo una memoria fantástica, jamás olvido nada". Y yo creo que probablemente es cierto. Creo que olvida lo que quiere olvidar, pero que cuando quiere recordar algo lo recuerda para siempre. Lo recordará hasta la tumba. Solía conducir yo la moto. Prefería conducir yo porque él lo hacía muy mal. Quiero decir, parecía como si estuviera escribiendo diez canciones e intentando conducir al mismo tiempo, y yo siempre pasaba miedo. Así que siempre decía: "¿Puedo conducir yo?" El era muy torpe, se tumbaba allí como un saco. Yo siempre tenía la sensación de que era la moto la que le llevaba a él, y de que si teníamos suerte y nos inclinábamos del modo correcto la moto tomaría bien la curva. Si no, sería el fin de ambos. Así que decía: "Bobby, recuerda que llevas a alguien aquí detrás contigo. Quizás eso te ayude a controlar mejor la máquina, y lo demás". Una vez que salíamos de una tienda le dije: "Déjame conducir", y él dijo: "Muy bien". Y se colocó atrás y yo conduje y pasamos un bache y él dijo: "Eh, cuidado, ¿te crees que soy una lata de tomates?" Qué tío. Y yo me reí. A veces cuando decía cosas así yo me pasaba una hora riendo. Fui riendo todo el camino hasta casa, y después él intentaba ponerse serio y yo me ponía a mirar por la ventana y pensaba en aquello y se me escapaba la risa.

¿Nunca hablaba de cuando aprendió a andar en moto en su primera época de muchacho?

JOAN: No. Pero siempre que dábamos una curva, si había saliente o algo que bloquease la visión, él disminuía la velocidad. Siempre tuve la sensación de que había tenido un accidente. Y una vez que hacía esto le dije: "¿Has tenido algún accidente?" y él contestó que como podía yo "pensar aquella estupidez". Así que no insistí, pero creo que debió tener alguno.

Sí, atropello a un niño una vez, cuando tenía dieciséis o diecisiete años. No le hizo mucho daño pero le impresionó mucho.

JOAN: Bueno, pues poco le ayudó eso a tener cuidado conduciendo. Un día se emborrachó después de una actuación. Quería conducir él. Víctor fue siempre un buen conductor, y Newirth también. Y Fariña no. Yo nunca iba tranquila con Dick. Quería ser el mejor conductor del mundo, así que iba muy rápido y nunca podía dominar del todo el coche. Pero Bobby insistía en conducir aquella noche y entramos todos en la vieja ranchera. Nos llevaba a todos desde la ciudad a Woodstock, Mimi, y Dick, Bobby y yo y quizás algún otro. Y conducía de una forma espeluznante. Estábamos todos aterrados. Era realmente aterrador. Y te daba miedo hacer algún comentario. Yo iba pensando: ¿Qué pasaría si le quitase las llaves?, pero todos decíamos: "Oh Bobby, déjame conducir a mí, ja, ja", ya sabes, controlándonos, y él lo estaba pasando muy bien. "Bueno, no entiendo por qué todo el mundo anda con tanto miedo. Yo puedo conducir, ¿no?, puedo conducir". Si se hubiese quitado las gafas no hubiese cambiado gran cosa la situación. Estuvimos a punto de matarnos. Finalmente Mimi y yo dijimos: "Por favor tenemos que ir al baño", así que él tuvo que parar y todos salimos del coche y él salió también del coche y todo el mundo se lanzó al asiento del conductor. Y él se reía al volver del baño: "Bueno, esto me parece increíble. Que todos tengáis tanto miedo. Que todos seáis tan gallina. Vaya, no puedo creerlo". Y yo le dije: "Oh, por Dios cállate", y él pasó al asiento de atrás, apoyó la cabeza en mi regazo y se durmió en menos de treinta segundos. Como un niñito bueno.



Bob Dylan y Joan Baez 1963


¿Discutíais en la primera época sobre si debíais o no ir al Sur?

JOAN: No, que yo recuerde. Yo era tan poco coherente en política por entonces. Bobby tenía una cierta actividad política, o una actividad que él consideraba política. Como cuando aceptó aquel Tom Paines Award -aquel gran fiasco- y montó aquel número. Fue un desastre para la gente. Yo supe de su fin porque eran amigos míos, los Foremans y que terrible fue para ellos. Ellos querían a Bobby, y él se levantó allí y simplemente los mandó al diablo. Yo sé que ellos vieron también el aspecto irónico, pero fue muy duro, pues eran los responsables de aquella velada. Probablemente él sólo estuviese nervioso, es lo que supongo, se emborrachó y soltó aquello. Pero me acuerdo una vez, era cuando andábamos dando conciertos juntos. Creo que fue después de la discusión sobre el Madison Square Garden, y yo le dije: "Bobby, nosotros somos semejantes hasta un punto, y después diferimos. Ambos estamos de acuerdo en que el mundo está terriblemente jodido y que es realmente una mierda, pero yo creo que se puede hacer algo y tú no". Y él hizo una larga crítica muy cínica, buena parte de la cual era cierta, de los liberales blancos norteamericanos que van a hacer campañas políticas al Sur. Me decía: "Dime, ¿cuánta gente conoces dispuesta a morir por la causa? ¿Cuántos conoces?" Y yo le nombré un par de personas.

¿De blancos?

JOAN: Sí. Quiero decir no necesariamente aquella causa, sino gente capaz de exponerse físicamente por defender sus ideas. De poner realmente el cuerpo donde las palabras. Y yo me incluí entre ellas... yo pensaba así. Quiero decir que quizás no era capaz, porque uno nunca sabe realmente hasta que llega la hora de la verdad. Pero pienso así ahora e igual pensaba entonces. Y le dije: "Yo creo que se puede hacer algo", y él dijo: "Quizás lo crees porque eres una chica", y eso fue todo lo que dijo.

¿Cuál fue su reacción a lo de las Civil Liberties? ¿Hablaba alguna vez de eso?

JOAN: Decía cosas del estilo de: "Oh, demonios, maldita sea". Sabía que había metido la pata. Se sentía mal porque Albert por su parte le decía: "Tú no tienes que preocuparte de eso, tú eres una estrella, tú no les debes nada a esos tíos". Y la conciencia interna de Bob le decía: "Realmente heriste a mucha gente", y por eso escribió aquella defensa.

Fue algo así como una defensa, pero muy especial. En gran medida seguía criticándolo lo mismo.

JOAN: Sí, desde luego, pero en el fondo, en cierto modo, intentaba arreglar las cosas. Y yo creo que la influencia de Albert fue siempre muy destructiva para él. Es muy triste, porque Albert pensaba que hacía un bien a la gente... proporcionándole dinero y fama. Quiero decir, Grossman solía decirme: "Qué es lo que quieres, a quién quieres conocer, tú eres una estrella, tú puedes conocer a quien quieras. Qué es lo que quieres, dí, te lo conseguiremos". Y yo le decía: "Albert, no me hables así. Primero porque me das náuseas. Segundo, porque es destructivo".

¿Quería decir que si querías conocer a Marlon Brando, te lo llevaba?

JOAN: Exactamente. De hecho, es muy probable que fuera de Marlon de quien estuviéramos hablando. Entonces pude darme cuenta de lo que estaba pensando Dylan.

¿Influía Albert en él de ese modo?

JOAN: Bueno, en primer lugar, todo el mundo andaba alrededor de Bobby porque era muy poderoso. Y si uno tiene algo en qué apoyarse automáticamente empieza a depender de la gente. En Inglaterra yo estaba constantemente pensando en darle una bofetada a Bobby y decirle: "¡Despierta!" Echar a todo el mundo de la habitación, y decir: "¿Quieres destruirte por completo, o quieres sólo medio destruirte? ¿Por qué no dejas ya de engañarte?" Uno sueña cosas así, pensando que es posible... Sabía que era imposible. Pero pensaba que él estaba completamente ciego, que estaba actuando como un idiota y que todo el mundo estaba alentándolo a hacerlo. Incluido Neuwirth. Lo que era muy triste.

Decías antes que tú, por entonces, no estabas políticamente formada.

JOAN: Yo tenía aquellas creencias y aquellos impulsos, pero no una situación clara.

¿Te decía Bobby por entonces: "Tú no sabes cuál es el asunto", tal como decía Fariña?

JOAN: Bobby me tenía un cierto respeto. Creo que reconocía que yo era sincera, aunque todavía no fuese clara mi actitud. Creo que me respetaba por eso.

¿Intentaba acaso que aclararas tus ideas? ¿Decía algo al respecto?

JOAN: No. Lo más que decía era, por ejemplo, lo que dijo cuando hablamos sobre el Madison Square Garden, no intentó convencerme de que yo no debía hacerme responsable de aquellos muchachos. Nunca me disuadía. Bueno, creo que sí lo hacía, pero no demasiado.

¿No precisamente convencerte  sino intentar guiarte?

JOAN: No lo creo. A veces era Neuwirth. Yo tenía la sensación de que Bobby y Neuwirth habían hablado de ello. De que yo no sabía realmente lo que estaba haciendo, o de que la no violencia no significaba absolutamente nada para ellos, y suponían que yo no lo entendía lo bastante bien como para andar predicándola.

Fariña te cita en una ocasión diciendo: "No me gusta que figure la palabra bomba en una canción, porque la gente no escucha palabras como bomba" Esto fue aproximadamente en la época en que Dylan estaba apartándose de la protesta explícita.

JOAN: Bueno, en ese momento yo no hablaba de música. Yo hablaba de los que escribían canciones de protesta malas.

Comprendo. Pero ¿fue eso en el período en que él se distanciaba de las canciones protesta?

JOAN: Bueno,  yo soy un poco puritana y rígida. No pude apreciar las cosa que él hizo que no eran de protesta hasta un año más tarde. Aún me pasa lo mismo con muchas de sus cosas porque me sentí tan abandonada cuando me dijo: "No quiero ser responsable de esos muchachos", en su música y en sus palabras. Simplemente me sentí triste, y decidí no escuchar más cosas suyas. Lo mismo que no me gustó Highway 61 hasta tres años después de que lo escribió. Me desquició aquello, me puso furiosa. Pensaba que era un montón de mentiras. En realidad no escuche las palabras. Pero sentí como si estuviese aproximándose lentamente al tema de compromiso. Bueno, estaba. Ahora es difícil determinar exactamente lo que siento al respecto porque Bobby hizo lo que tenía que hacer, y nos dejó a muchos desconcertados. Pero él no estaba hecho para lo otro, así que nadie podía presionarle. Me siento triste, comprendes. Sólo puedo seguir adelante e intentar comprender lo que hace. Mucho de lo que hace está.... su música para mí está empapada de nostalgia. Nunca puedo determinar si es una fuerza viva o una fuerza muerta.  Algunas de sus canciones, aún del estilo de Lay, Lady, Lay...  que es bella, hace a la gente evocar cosas, hace que la gente sienta nostalgia.


¿Podrías recordar algo más de aquellos conciertos en que era invitado tuyo?

JOAN: ¿Sabes cuando escribió When the Ship Comes In? Aquello fue sorprendente, la historia de aquella cancioncita. Ibamos en coche por la Costa Este, estábamos en un sitio de la costa, y yo tenía que dar un concierto. Ni siquiera sé si él cantaba conmigo por entonces, pero él y yo íbamos juntos en coche juntos y nos detuvimos. Yo dije: "Entra y mira a ver si éste es el sitio", así que él fue y salió y me dijo: "Aquí no hay ninguna reserva". Yo dije: "¿Estás seguro?" Y fui adentro y me dijeron: "Hola, Srta. Baez, estábamos esperándola". Y yo dije: "Un momento. Podría conseguirme una habitación extra, por favor". Y entonces Bobby entró, totalmente inocente, con aire ingenuo, y yo dije: "Dé una habitación a este caballero". Y ellos dijeron: "Desde luego", pero no hablaron con él. El había dicho: "¿Tiene Joan Baez una habitación reservada aquí?, y ellos le dijeron: "No". Y él se fue. Entonces se fue a su habitación y escribió When the Ship Comes In . Lo escribió aquella noche. Le llevó exactamente una noche escribirlo, estaba tan alterado: "Oye, oye he escrito algo. Oye, he escrito algo". Yo no podía creerlo, responder a aquellos idiotas tan rápido.

¿Escribió mucho en tu casa en Carmel? Alguien me decía que solía sentarse en un rincón con una botella de coca-cola y una máquina de escribir.

JOAN: Bueno, estaba escribiendo entonces un libro. Dios mío, aún tengo un montón de cuartillas. Si las quiere se las daré. Escribía sin parar. Se sentaba allí con la máquina en las rodillas tecleando sin cesar. No se movía, y fumaba y bebía vino todo el día. La única manera de conseguir que comiese era acercarse y ponerse a comer junto a él, sólo atisbar por encima de su hombro y masticar, e inmediatamente comenzaba a coger de lo que tenía yo en mi mano. Así le hacía comer. Otras veces le decía: "¿Quieres comer algo?" Y él decía: "No, no". En una ocasión en que estaba visitándome, escribió Hattie Carroll, y otra vez escribió Four Letter Word, y un par de cosas más pero escribió sobre todo la segunda vez que estuvo allí, cuando estaba haciendo su libro, Tarántula.

El siempre hablaba de ese título, de ese libro, ¿qué intentaba hacer?

JOAN: El sólo decía: "Bueno, escribo sobre mi niñez. ¿Te gustaría conocer a una chica llamada Mona?" Y escribía quince páginas sobre Mona. Escribió cosas muy bellas sobre cuando andaba encima de su casa intentando entrar en ella. Tenía que ocultarse, había algo de su madre que estaba tras la puerta y él intentaba entrar por arriba -tenía que ocultarse. Quiero decir, eran cosas muy bellas. Nunca publicó nada. No podía soportar tener que quitar algo de la frase que había escrito. Ahora pienso que al principio no quería hablar de Bobby. Pero cuando me he puesto a hacerlo comprendo que todos los que hablan de él disfrutan haciéndolo porque hay muy pocas cosas realmente auténticas en nuestras vidas. La mayoría están medio muertos y Bobby quizás esté en un viaje de muerte, pero conserva mucha vida, tiene mucho nervio, algo fuerte en su interior. Así que empiezas a hablar de él...

¿Qué es lo que hace pensar que esté en un viaje de muerte?

JOAN: Siempre me he imaginado a Bobby con una calavera y un par de tibias cruzadas en la frente. Supongo que es porque le he visto actuar de un modo destructor consigo mismo y con otros. Le he visto actuar sin cuidarse lo más mínimo.  Pero bueno, hace años que no lo veo... y es en aquellos años que yo digo que, en cierto modo,  estaba en algo así como en un viaje de muerte. Algo así como un huir de la vida, del compromiso. Esa impresión me daba siempre. Pero esto es normal en alguien que es un místico, quiero decir, uno ha de ser místico para ser santo, pero no tiene que ser santo para ser místico. Y Bobby es un místico. Quizás sea más diablo que santo, no sé, pero nos dio muchas cosas.

¿No tienes idea de dónde puede estar él ahora, a partir de tu conocimiento de entonces?

JOAN: No. Yo creo que le gustaría estar en un lugar apacible y no sé si es posible con una mente como la suya. Yo creo que está intentando esto, por lo que he oído de él. Que está intentándolo a través de una esposa y unos hijos. En realidad ojalá encuentre algo por ahí. Quizás lo tenga ya. Algunos dicen que es más feliz.

Y otros dicen que parece estar buscando algo que ha perdido en el camino. Por ejemplo, compró la casa en el Greenwich Village, y vuelve allí por que busca algo.

JOAN: Bueno, yo no puedo imaginarme a Bobby echándose atrás y diciendo: "Hola, qué hay" o "al fin he encontrado la paz". ¿Quién demonios podría decir esto, además, no siendo imbécil? Especialmente porque creo que él procura mantenerse aislado y no creo que ese sea el camino. Yo creo que siempre te sentirás culpable en ese aislamiento y que no podrás encontrar la paz. Pero no creo que se encuentre hundido y pienso que quizás algunas de las peores épocas en su vida hayan pasado ya. Como la época de Inglaterra. Creo que Inglaterra fue un infierno. Y creo que fue tan horrible para él como para los demás. El estaba hecho un lío. Estaba desquiciado. Esto es lo que yo creo. Andaba tratando a patadas a todo el mundo y gritando y aullando y con ataques histéricos.

Antes explicaste cómo amabas a Bobby, ¿puedes ampliar eso?

JOAN: Creo que es muy difícil no amar a alguien como Bobby. Para mí, quizás sea en parte por lo que he dicho de que realmente me arrastraba la gente excepcional, pero además con él había esa cosa maternal de que hemos hablado. Esa sensación de que alguien debe cuidar de él porque no hay duda de que él no se cuidará a sí mismo. Y después yo realmente amo su música. Quiero decir que realmente la amo, que deseo oírla una y otra vez, y otra, y otra. La mayor parte de lo que ha hecho.

¿Eres capaz de separar tu amor por su música y tu amor por él como hombre?

JOAN: Bueno, no sé, es una pregunta muy difícil de contestar. Quiero decir, ¿cómo puedo pensar en   Bobby sin pensar en todo lo que escribió? No sería Bobby sino lo hubiese escrito, y si no fuese un genio yo... era todo junto, ¿comprendes? Era toda la combinación lo que hacía a Bobby irresistible. Su humor, sus grandes ojos. Una vez en su época de súper-suciedad, íbamos en el coche a no sé dónde y yo miré a través de sus gafas cuando giró la cabeza. Le dije: "Dios mío, Bobby", le quité las gafas y se las limpié, y él dijo: "Bueno, en realidad puedo ver". Y yo le dije: "¿Y cómo puedes oír?" El era muy sumiso, y aquello le hizo gracia. Era de verdad un tipo sucio. Vomitó por la ventanilla aquella noche. Se emborrachó con vino, y en un túnel por allí, vomitó, tuvo el tiempo justo para avisar al que iba en el asiento de atrás de que subiera el cristal. Pero tenía aspectos realmente maravillosos. Recuerdo algunos días... creo que estábamos con Víctor y Dick y Mimi y Bobby. Nos paramos en la autopista y salimos y estuvimos bailando y corriendo... una locura. Después Bobby y yo nos quedamos dormidos en la parte de atrás de la ranchera. Fue realmente maravilloso. Porque si estás con alguien un largo periodo de tiempo, la relación acaba haciéndose calmada, más fría. Una vez me compró un abrigo bellísimo, un abrigo de pana de color verde azulado. Yo lo llevaba con un pañuelo de seda. Y le compré a él una chaqueta negra muy bonita y una camisa blanca. Recuerdo que era invierno entonces, y estábamos en el Earle en Greenwich Village. Estábamos asomados a la ventana una mañana mirando a la gente. Yo tenía la sensación de que llevaba cien años con Bobby, y de que todos aquellos muchachos que vagabundeaban por allí eran nuestros hijos. Un par miraron hacia arriba y me di cuenta de que nos reconocieron. Eran muy bellos...




Visions of Johana, de Bob Dylan

¿No es propio de la noche confundirte cuando tratas de evitarlo?
Estamos equivocados, aunque nos esforcemos por negarlo
Y Louise sostiene un puñado de lluvia, tentándote para desafiarlo
Las luces parpadean en el loft de enfrente
En esta habitación la calefacción tose

La emisora de country suena suave
Pero no hay nada de nada que apagar
Sólo Louise y su amante entrelazados
 Y estas visiones de Johanna que me asedian 
      
 En el solar donde las damas juegan a la gallina ciega con el llavero
 Y las noctámbulas murmuran escapadas en el tren “D”
 Podemos oír al sereno encender su linterna,
 Preguntarse si es él o son ellas quien está loco
 Louise está bien, tan sólo cerca
  Es delicada y se parece al espejo
     Pero deja perfectamente claro 
     Que Johanna no está aquí
     El fantasma de la electricidad aúlla en sus huesos faciales 
     Donde estas visiones de Johanna ya ocupan mi lugar 
      
     El niñito extraviado se toma tan en serio 
     Se jacta de su desgracia, le gusta vivir al límite 
     Y cuando menciona el nombre de ella 
     Menciona un beso de adiós 
     Tiene arrestos ser tan inútil 
     Soltar nimiedades cuando estoy en el salón 
     ¿Cómo lo explico? 
     Oh, es tan difícil seguir 
     Y estas visiones de Johanna, me desvelaron hasta el alba 
      
     Dentro de los museos, el Infinito va a juicio 
     Las voces repiten que a la postre así debería salvarse 
     Pero Mona Lisa debe haber sentido nostalgia de autopista 
     Se ve por el modo en que sonríe 
     Mira cómo se congela ese alhelí ancestral 
     Cuando las mujeres de rostro gelatinoso estornudan 
     Escucha a la bigotuda, “Jesús, 
     no puedo encontrar mis rodillas” 
     Oh, joyas y anteojos cuelgan de la cabeza de la mula
     Pero estas visiones de Johanna, hacen que todo parezca tan cruel
     
     El vendedor ambulante le habla a la condesa que finge preocuparse
     Diciendo, “Nombra a alguien que no sea un parásito y saldré y rezaré por él”
     Pero como Louise suele decir
     “No puedes abarcar mucho, ¿verdad, tío?”
     Y ella misma se prepara para él
     Y Madonna sigue sin aparecer
     Vemos que la jaula vacía se oxida
     Donde su capa teatral ondeaba
     El violinista se pone en camino
     Escribe que se devolvió lo debido
     En la parte trasera del camión de pescado que carga
     Mientras mi conciencia estalla
     Las armónicas tocan las llaves maestras y la lluvia
     Y estas visiones de Johanna son lo único que queda.
      



Letra y música: Bob Dylan

Fuente: Letras Libres