la rebelión consiste en mirar una rosa

hasta pulverizarse los ojos


Alejandra Pizarnik








“Y estamos marchando todavía en las calles

Con pequeñas victorias y grandes fracasos

Pero hay alegría y hay esperanza

Y hay un lugar para ti”

Joan Báez





El FITC era una fiesta de diversidad y democracia: VIII Festival ´90y el Caracazo/ por Viviana marcela iriart, City Bell, 28 de febrero de 2014




 





El VIII Festival Internacional de Teatro de Caracas  fue patrocinado por la Presidencia de la República de Venezuela, presidente Carlos Andrés Pérez; el Consejo Nacional de la Cultura (Conac), presidente honorario y Ministro de Estado de la Cultura, Maestro José Antonio AbreuFundateneofestival, presidenta María Teresa Castillo,  y  empresas privadas como el Banco Mercantil y Ford Motors. Contó con el apoyo de la Embajada de Yugoslavia, el Instituto Venezolano-Italiano de Cultura, la Escuela Militar de Venezuela y  la Comandancia de la Marina. El Festival fue dirigido por María Teresa Castillo y Carlos Giménez.

Un año antes había ocurrido la tragedia del Caracazo. Para quien no lo sepa: gente pobre y trabajadora enardecida de injusticia pidiendo inclusión social y salir de la pobreza. Fueron masacrados. Hoy, 25 años después, siguen condenados a vivir en los mismos ranchos con la misma pobreza.

Una de las razones de la perpetuación de esta injusticia la explicó muy bien Héctor Rodríguez, Vicepresidente para el Área Social,  el pasado 25 de febrero en el taller  “Campaña para erradicar la pobreza extrema”  "No es que vamos a sacar a la gente de la pobreza para llevarla a la clase media y que después aspiren ser escuálidos". 


Pero el Festival Internacional de Teatro de Caracas era un foro de inclusión, libertad, divergencia, tolerancia. Un espacio donde convergían todas las ideas; donde no había censura política ni discriminación económica, racial, sexual, religiosa, nacional, orientación sexual...

Allí se encontraban y compartían la gente de teatro víctima de las dictaduras militares de derecha con la gente de teatro víctima de las dictaduras de los países comunistas y con la gente de teatro contestataria de países democráticos, capitalistas y socialistas, como Estados Unidos y Suecia. Allí se encontraban la gente de teatro de Israel con la gente de teatro de los países árabes. La gente de teatro de los países europeos esclavistas con la gente de teatro de los países esclavizados. La gente de teatro del explotado Tercer Mundo con la gente de teatro del explotador Primer Mundo.  Y nadie se peleaba.

De las dictaduras de derecha llegaban grupos disidentes. De las dictaduras de izquierda grupos sometidos.

A las víctimas de las dictaduras de izquierda, eso sí,  nadie las llamaba víctimas (igual que ahora) porque la diferencia entre las dictaduras de derecha y las de izquierda es que las víctimas de las dictaduras de izquierda no tienen dolientes. Como si la tortura doliera menos cuando te la aplica un fascista comunista que un fascista derechista.



Foto: gentileza José Pulido



El Festival Internacional de Teatro de Caracas, que  fue creado en 1973 por María Teresa Castillo (presidenta del Ateneo de Caracas) y Carlos Giménez (director del Grupo Rajatabla),  fue dirigido por ambos hasta la muerte de Carlos Giménez en 1993, cuando su cargo lo pasó a ocupar Carmen Ramia. María Teresa Castillo siguió siendo su presidenta hasta su muerte en 2012.

Los espectáculos de teatro y danza que se presentaban se caracterizaban por ser una denuncia del poder político, las democracias corruptas, los regímenes dictatoriales, la pobreza, la injusticia social, la persecución por diferentes motivos (políticos, religiosos, sexuales …); la falta de libertad, la opresión, la discriminación.


El Festival se realizaba en Caracas y en ciudades del interior del país. Tenía entradas más económicas para estudiantes y era política del Festival dejar entrar gratis a las personas que no habían podido comprar su entrada, si había lugar en las salas, y después de que ingresaban las personas con entradas.  Civilizadamente se formaba una cola paralela y, en los años que fui espectadora y/o empleada del Festival, nunca las personas con entradas se quejaban porque se dejara pasar a personas que no habían pagado la suya y, más bien, se apretujaban para que más gente pudiera disfrutar del espectáculo.

El Festival Internacional de Teatro de Caracas era una fiesta en la que compartían por igual, y del mismo plato, las personas ricas con las pobres, las negras con las blancas, negras, amarillas, indígenas; las heterosexuales con las homosexuales, lesbianas, travestis; los hombres con las mujeres. El Festival nos volvía, por 15 días,  iguales.

Y entonces ocurrió el Caracazo.

Las palabras de Brecht que María Teresa Castillo y Carlos Giménez ponen al inicio del catálogo de este Festival  hablan por sí solas del espíritu que les embargaba en aquel tiempo tan doloroso.

“¡Realmente vivo en tiempos oscuros!
La palabra sincera es una locura, la frente pura
revela insensibilidad.
Los que ríen no han oído aún
el terrible anuncio.
(…)
Nosotros que quisimos en la tierra
edificar la  benevolencia
no pudimos ser benévolos
pero ustedes, cuando llegue la hora
en que el hombre sea el amigo del hombre,
piensen en nosotros con indulgencia”.


Las palabras de Carlos, una declaración de principios:

”(…) Un espectador conmovido por la universalidad del hombre, 
por la diversidad de los temas que lo aquejan, por la pluralidad 
de respuestas a una sola expectativa común:
un mundo mejor.” (…)


Ojalá que podamos construir una Venezuela mejor, codo a codo y no codo contra codo, en este otro momento trágico que vive nuestro país.



28 de febero de 2014
City Bell