la rebelión consiste en mirar una rosa

hasta pulverizarse los ojos


Alejandra Pizarnik








“Y estamos marchando todavía en las calles

Con pequeñas victorias y grandes fracasos

Pero hay alegría y hay esperanza

Y hay un lugar para ti”

Joan Báez





Diane Denoir (Diana Reches): La musa de ojos tristes / entrevistas de Martín Pérez, Página 12, (2005) y Diego Manso, Clarín ( 2008)




Autora de unas de las más hermosas y famosas canciones que interpretó Mercedes Sosa, "Como un pájaro libre", compuesta junto a  Adela Gleijer; musa del mítico músico Eduardo Mateola también cantante que vivió exiliada en Venezuela donde la conocimos como Diana Reches,  es entrevistada por Martín Pérez de Página 12  (2005)  y Diego Manso de Clarín (2008)




 La musa de ojos tristes 




Hasta ahora, Diane Denoir era un placer de pocos que circulaba en ediciones piratas y copias truchas. Pero en un rescate que hace justicia (histórica y poética), un sello independiente acaba de editar en compact Diane Denoir, su único long play y fascinante eslabón perdido entre la bossa nova y la chanson francesa. Más de treinta años después (durante los que no cantó en público porque, en los ’80, la gente para la que trabajaba no quería verla en los diarios, y en los ’70 hubiese significado delatar su ubicación a la dictadura militar), Diane Denoir levantó el teléfono en Mallorca y habló con Radar de cómo fue ser la musa en la que se inspiraron algunas de las canciones más hermosas del Río de la Plata, y que ella cantó con tanta tristeza en los ojos como en la voz.




Apenas media hora. Eso es lo que duran los doce temas de un disco que había desaparecido, que ya no estaba ahí, que era un ilustre ausente, escondido en los pliegues de la historia de la música popular uruguaya de la segunda mitad del siglo pasado. Pero, con la flamante y sorprendente reedición en compact realizada por el sello independiente argentino Indice Virgen, Diane Denoir –primer y único long play solista de aquella Lady Beat de la escena montevideana de los años ‘60– le gambetea al olvido y se instala como un clásico instantáneo de esa música que coqueteaba con la juventud de los ‘60 antes de que Los Beatles y luego el rock lo conquistasen todo e invitasen a más de una generación a dejarse crecer el pelo, y las ideas y el mundo se reprodujeran a su imagen y semejanza.
Sin embargo, ahí está la media hora y los doce temas de Diane Denoir, reclamando su lugar como eslabón perdido entre la bossa nova y la canción francesa, reviviendo justo cuando las nuevas generaciones –así como el rock supo buscar en el tacho de basura del sistema– buscan en el tacho de basura del rock y escuchan, por ejemplo, a Astrud Gilberto y a las musas de Serge Gainsbourg, y reinventan incluso cantantes de época a medida y bien actuales. Moderno y nuevo entonces, pero con tres décadas de historia encima, en el disco en el que Diane Denoir grabó por primera vez las canciones de ese gran mito de la música rioplatense que fue Eduardo Mateo –que fue, de alguna manera, su propio Gainsbourg del candombe beat, pero sin las dotes promocionales de aquél– también se dejan escuchar aires de aquel primer disco de Almendra, y un aroma al Río de la Plata ilustrado en los arreglos de cuerdas de Gustavo Beytelmann y Alberto Núñez Palacio, y Río de la Plata a secas en los del propio Mateo, completando un aleph de posibilidades que allá lejos y hace tiempo terminaron al costado del camino y hoy parecen retomar su marcha.
Pero, además de la música, la reedición de Diane Denoir también recupera la leyenda de aquella musa perdida en el tiempo, para la que un Mateo antes de ser mito compuso gemas de su repertorio desde entonces y para siempre, como “Esa tristeza” o “Mejor me voy”, incluidas en el disco con arreglos de su autor. Paradojas de la vida discográfica rioplatense, su reedición en compact resulta también la primera edición de este lado del charco ya que, según confiesa Diane Denoir al teléfono desde Mallorca, donde reside desde hace dos años, en su momento ella no permitió que el sello Discos de la Planta editase el álbum en Buenos Aires. “La idea era editarlo allá, pero yo no quise que saliera porque me pareció que había quedado espantoso. Como había muy poco presupuesto, lo grabé todo en menos de una hora, y un tema estaba un tono más arriba y otro más abajo. Pero desde entonces y hasta ahora pasaron muchas cosas, así que cuando treinta años más tarde me propusieron reeditarlo me encantó primero que fuese un sello de jóvenes, y además independiente. Pero también, viste, el revival de la memoria a veces es mucho más generoso que en el momento preciso en que suceden las cosas. Así que pensé: ¿por qué no? Si en realidad no está tan mal, y uno hizo las cosas con un sentido. Además, ya bastante la vida nos truncó muchas cosas... ¿no te parece?”




ESA TRISTEZA

Allá a mediados de los años ‘60, Diane Denoir bajó literalmente del cielo para instalarse en la escena musical de Montevideo. “En medio de los Conciertos Beat comenzaban a bajar y subir plataformas, y Diane bajaba en una plataforma de la nada, desde el cielo, muy flotante, muy delicada, suelta. Era impresionante”, recuerda el venerado musicólogo Coriún Aharonian en el libro Razones locas, la fundamental biografía de Mateo que escribió Guilherme de Alençar Pinto. Según el libro, Diane pasó del desconocimiento absoluto a ser tratada por la prensa como una nueva estrella. Y al lado de ella, desde el primer momento, estuvo Eduardo Mateo. “Yo crecí rodeada de música, en una casa en la que todo el tiempo sonaba jazz y música clásica, y dice mi mamá que ya cantaba antes de hablar”, recuerda Diane, que estudió piano durante nueve años, como una buena chica. Pero que pasó a rascar apenas la guitarra cuando todo el mundo hacía poco más que eso, y así fue que la escuchó Enrique Del Campo, que le propuso sumarse a los fundacionales Conciertos Beat que estaban organizando junto a Bernardo Bergeret. Según la describe Alençar Pinto en su libro, Diane entonces tenía diecinueve años y unos preciosos ojos verdes, estudiaba arquitectura y artes plásticas, admiraba las películas de Alain Resnais y la ropa de Courreges y Chanel. Así fue como debe haberse plantado ante esos músicos que tocaban junto al legendario Manolo Guardia en el bar del Hotel Lancaster, donde alguien le había dicho que encontraría el guitarrista que necesitaba para acompañarla en los Conciertos. “Fui, los vi, me gustó cómo tocaban y, mocosa total, me acerqué cuando terminaron y le propuse a Mateo, porque se trataba de él, si no quería acompañarme para una posibilidad que me había surgido en el Solís. ‘¿Querés que probemos?’, le pregunté. Y él me dijo que sí. Vino a casa, y listo, todo bien. Nos entendimos de entrada.”
A partir de entonces, Mateo se transformó en el acompañamiento musical de Diane, que grabó varios simples mientras duró esa primera época de su carrera. Y todos los días, ensayasen o no, pasaba por su casa, donde Diane le hizo escuchar a Debussy, entre otras cosas. Allí también fue donde Mateo le hizo escuchar un día la primera canción que escribió para ella, “Mejor me voy”. “Alguna vez, Mateo le dijo a Jaime Roos que yo fui su musa, y que compuso para mí canciones como ‘Y hoy te vi’ y ‘Esa tristeza’. Pero a mí eso no me lo dijo nunca”, cuenta hoy Diane. “Para mí, la única canción que es mía es ‘Mejor me voy’, porque Mateo me dijo que ésa era yo. Sucedió así: yo solía ir con mi novio a verlo tocar a Mateo con Orfeo Negro, y bailaba un poco y después me cantaba un tema. Una noche me peleé con mi novio y caí por ahí, y Mateo me decía: ‘Cantate una’, y yo le decía que no, me preguntaba qué te pasa y yo le decía nada y así estuvimos un rato. No canté nada, no le dije nada, y debía tener muy poca sonrisa esa noche. Al día siguiente, como todas las tardes, a eso de las tres cayó Mateo por casa y me dice: ‘Vo, ésta sos vos’. Y me cantó ‘Mejor me voy’. Así que ésa soy yo, porque es el cuento mío y me la hizo para mí, no hay ninguna duda. Las otras, es cierto, las cantaba y las grabé antes que él. Pero el pillo nunca me dijo que yo lo había inspirado.”



Y HOY TE VI

Además del valor que encierra por sí mismo, si hay algo por lo que un disco como Diane Denoir también debe ser venerado es porque, gracias a su grabación, llegó a existir esa piedra fundamental de la discografía beat rioplatense que es Mateo solo bien se lame. “Ese disco es como el Album blanco de Los Beatles: ahí está todo, che”, asegura Diane.
La posibilidad de grabar su primer y único larga duración le llegó a Diane Denoir al regreso de un largo viaje por Europa. La historia oficial cuenta que, con un repertorio que abandonó la canción francesa y la bossa nova de su primera época –inmortalizada en el disco Inéditas, que recopila las grabaciones que utilizaban para los playbacks de televisión– y está principalmente integrado por canciones de Mateo, Diane viaja a Buenos Aires para grabarlo en un fin de semana. Pero, como los arreglos realizados por Beytelmann y Núñez Palacio son incapaces de encontrarle el ritmo a algunos temas, Diane convence al heroico Carlos Píriz de que la deje volver a Montevideo para traer a Mateo. “Todos los temas del disco son orquestados, menos tres temas en los que Mateo toca todo, que son ‘Y hoy te vi’, ‘El adiós’ y ‘Mejor me voy’”, recuerda Diane. “Y a partir de ese viaje es que Mateo arregló con Píriz para grabar su propio disco. Yo habré estado apenas en un par de jornadas de grabación en Buenos Aires, pero todas esas canciones se estaban gestando cuando tocábamos juntos.” Uno se imagina que Diane Denoir debe estar harta de verse obligada a hablar de Mateo cada vez que habla de su carrera artística. “Pero para nada, che”, dice ella. “Si él se lo merece. Y, además, me encanta hablar del Mateo músico, y no de todas esas cosas que se dicen de él, que te pedía plata y eso. Porque para mí Mateo nunca fue un tipo raro. Todo eso es anecdótico, porque Mateo era una persona riquísima, espiritual y musicalmente. ¡Y con un sentido del humor bárbaro!”
Es más: cuando se le pregunta si al volver de aquel viaje se sorprendió al encontrar a otro Mateo, uno más taciturno y encerrado en sí mismo, el personaje de la leyenda, digamos, ella dice que no, que él seguía siendo el mismo, que ese cambio más radical tal vez sucedió a fines de los ‘70 y comienzos de los ‘80, cuando ella dejó de verlo porque estaba en su exilio venezolano. “Al volver de mi viaje, Mateo no había cambiado, la que había cambiado era yo”, recuerda Diane. “Porque quería cantar canciones más politizadas, y Mateo no quería saber nada con eso. Eran canciones que había compuesto con Adela Gleijer, ‘Como un pájaro libre’, que luego grabó Mercedes Sosa. O canciones de Víctor Jara o de la Guerra Civil Española. Pero no porque fuese contrarrevolucionario sino porque no le interesaban musicalmente. Para él seguro que eran demasiado simples. Y a mí lo único que me molestó de su actitud es que tenía que tocarlas yo, que siempre fui muy mala con la guitarra.”



MEJOR ME VOY

Cuenta la leyenda que Diana Reches pasó a llamarse Denoir de golpe y casi sin aviso. Se vio obligada a cambiar de nombre cuando su padre se enteró de que su hija iba a cantar en público y puso el grito en el cielo: pensó que su apellido iba a quedar así demasiado expuesto. “Me acuerdo de que estábamos haciendo la primera nota anunciando el primer concierto, y me enteré de que no podía llamarme Reches. Y enseguida se me ocurrió Denoir, así, todo junto, para que no pareciera De Negro. Aunque siempre me vestía de negro”, cuenta Diane.
Ese nombre elegido de apuro la acompañó durante toda su vida artística, que se continúa hoy en Mallorca, donde canta junto a su actual pareja, el Lobito Lagardé, hermano menor del Lobo Lagardé, uno de los integrantes de aquel trío iniciático que lideraba Mateo. “Hago bossa nova, pero mecho temas de Mateo. Medio que los engaño un poco, pero la verdad que son temas eternos. Los músicos de allá, cuando los escuchan, se vuelven locos. Y a mí me encanta cantarlos.” Fanática de los temas de Mateo, pero según aclara también de los de Iván Lins, Diane cuenta que le gusta mucho lo que hace Drexler, el grupo No Te Va A Gustar... “¡Y Jaime Roos, por supuesto!”
Además de soñar con grabar un disco como Diane Denoir hoy, a Diane también le gustaría grabar un álbum con todas esas canciones que nunca llegó a grabar, y que la acompañaron durante su exilio en Buenos Aires primero, y en Venezuela después. Cantó poco y nada durante esa época, primero porque cantar en Buenos Aires significaba alertar sobre su presencia allí, y luego, cuando volvió a Montevideo durante los ‘80, porque a la gente de la Comunidad Europea para la que trabajaba no le gustaba verla aparecer en el diario. “Eran peores que mi viejo, que aunque me prohibió usar el apellido, se transformó en mi mejor fan. Pero a estos tipos casi les da un soponcio cuando me vieron en el diario, eran mediocres que sólo querían aparecer ellos ahí. Así que me hicieron prometerles que no volvería a cantar”, cuenta la musa de negro de Eduardo Mateo, que hacia el final de la charla insiste en que nunca supo que lo fue.
¿Tampoco fuiste novia?
–¡No, no! Nunca me pudo. Nunca logró que llegáramos a más. Pero lo intentó, eh. Y, una vez... ¡beso robado!
¿En serio?
–Sí, pero no te vistas que no vas...
Entonces de alguna manera supiste que eras su musa...
–Bueno, pero yo nunca lo supe. ¿Es obligatorio saber esas cosas? A mí nunca me lo dijo... Y me encanta que nunca me lo haya dicho, ¿sabés? Porque entonces todo el resto para mí es especulación. Dejalo ahí, es más lindo. ¿Por qué hay que explicarlo todo?
Martín Pérez 
Página 12
17 julio 2005

Fuente: Página 12






La musa de las canciones tristes



Su figura, ligada a la del compositor uruguayo Eduardo Mateo, encarna uno de los mitos más recurrentes de la música popular rioplatense. De vuelta al ruedo, Diane Denoir repasa su leyenda.




Diane Denoir existe. Alguna vez fue un misterio, acaso una imagen sepia petrificada en el cartón de un disco: aquella donde aparece quitándose el pelo de la cara, como si esa mirada de ojos verdes que apunta hacia el frente fuese apenas la contingencia de un gesto desprevenido. Esa imagen que parecía creada para el mito, construyó al fin uno: el de la muchacha montevideana de belleza lánguida que grabó, durante el transcurso de un fin de semana del año 72, un puñado de canciones tristes que el músico uruguayo Eduardo Mateo escribió pensando en ella, en esos susurros que, inexplicablemente, de pronto resuenan como aullidos en la noche inmensa de la soledad.

Lo que siguió después fue el silencio. Y la leyenda, claro. Los pocos ejemplares que quedaron de aquel disco se convirtieron, de pronto, en piezas de coleccionismo. Llegaron a circular, en ferias de Buenos Aires y Montevideo, casetes pirateados de la obra. ¿Qué había sido de la vida de aquella chica que algunos supieron comparar con Françoise Hardy y otros con Astrud Gilberto? ¿Qué sucedió con ella? El dolor, nada menos.

Sin embargo, luego de casi cuatro décadas, Diane Denoir ha vuelto a grabar un disco, tal vez animada por la enorme trascendencia que alcanzó la reedición en 2005 de su única producción. El nuevo material se titula Quién te viera, como una composición de Eduardo Mateo que, junto a "As vitrines" de Chico Buarque, "Caramba" de Otilio Galíndez y "For no one" de Lennon y McCartney, configura uno de los puntos altos del álbum. Al tiempo, una edición con las grabaciones inéditas de Diane y Mateo (donde se incluyen dos versiones que superan a las ya conocidas de "Esa tristeza" y "Mejor me voy") está por salir a la venta en estos días.

"Canto igual o mejor que antes. Al momento del primer disco, no sabía nada de técnica vocal", dice Denoir. "Siempre canté en este estilo. Siempre fui una diseur, y nunca me interesó cantar ni con vibrato ni desarrollar el histrionismo. Aplaudo a quien lo hace, pero no soy yo, que vengo de la música de Gilbert Becaud, de la canción francesa. Lo mío es la sobriedad, salvo cuando canto 'Carmina Burana'. Yo cantaba 'Carmina Burana' con dos tapas de olla en mi casa".


- ¿En qué momento de su vida conoce a Mateo?

-Los productores Enrique del Campo y Bernardo Bergeret inventaron los "Conciertos Beat" en Uruguay, donde se mezclaba música clásica y popular con textos de Boris Vian y de humor negro. Me invitaron a participar y yo necesitaba unos músicos para que me acompañaran. Entonces me enteré de que en el Hotel Lancaster de Montevideo, en la plaza Cagancha, había unos músicos que tocaban en el bar que estaba debajo. Ahí me encontré con Mateo, que tocaba la guitarra, el Lobo Lagarde, que tocaba el contrabajo y Roberto Galletti, que era baterista. Y me quedé con ese trío. Muchos temas que grabé con ellos para programas de televisión, son los que están en el disco Inéditas.


-Usted graba, entonces, su primer disco en Buenos Aires... 

-Sí, pero yo no quería que saliera en Argentina. No me sentía muy identificada con ese disco, me parecía que había sido grabado muy rápido, que estaba lleno de desprolijidades... 


No obstante, esas desprolijidades de las que habla Diane –notables diferencias de tono entre las musicalizaciones y la voz de la cantante, por caso– tal vez hablen del encanto de aquel disco iniciático. "Pero gracias a él pude venir a cantar a Buenos Aires cuando tuve que rajar de Montevideo", dice.


- ¿Cómo fue eso?

- Estaban llevando preso a todo el mundo que yo conocía. Entonces resolvimos con mi compañero de entonces venir para Buenos Aires por una semana. Pensábamos que iba a ser breve, que la dictadura no duraría... Eso fue el 29 de abril del 74, me adelanté diez días antes de que me fueran a buscar a mi casa. Cuando quise volver, Mario Benedetti me pidió que me quedara una semana más, por las dudas...

- ¿Militaba en alguna agrupación en ese momento?

- Yo cantaba y firmaba contra la tortura, por los derechos humanos...

- ¿Pero tenía una militancia partidaria concreta?

- Bueno, sí. Participaba en actos del Frente Amplio. Para las elecciones de 1971, había una lista de cien intelectuales que apoyaban al Frente Amplio, que yo firmé. Después, en el año 72 estuve en el acto que se llamó "Canto por la libertad"... A partir de ahí me marcaron... Estaba requerida por subversiva.

- ¿Y en Argentina cuánto tiempo estuvo?

- Hasta el 76. Ya era insoportable. Mataron a mi querido (el político uruguayo exiliado en Argentina) Héctor Gutiérrez Ruiz y ahí decidí irme... Así que me fui para Venezuela, donde viví quince felices años, donde recuperé la tranquilidad. Ahí trabajé en una empresa de arquitectura, después estuve dos años en la Universidad musicalizando programas de actualización de docentes... Luego pasé un concurso y entré en la delegación para América Latina de la Comunidad Europea...

- ¿Y ahí no tenía ganas de cantar?


- No. Estaba triste... El exilio es bravo y la mejor manera de sobrellevarlo es demostrarles a aquellos que te expulsaron que no te rompieron... Me tuve que rearmar a mí misma.


- ¿Vive con arrepentimiento el no haber cantado esos años?

- Para nada. Viajé por toda América Latina, conocí gente maravillosa, descubrí lugares extraordinarios de este continente... Echaba de menos cantar, quizás, pero no me arrepiento de haber hecho lo que hice...

-¿En Venezuela entra en contacto con otros artistas?

- Sí, claro. A principio de los ochenta conocí a Alí Primera. Me hice amiga de Cecilia y Roberto Todd... El ambiente musical de allá es maravilloso, muy rico... 


Diane no volvió a vivir en Montevideo sino hasta 1992, con un cargo de la Comunidad Europea y el deseo de acompañar los últimos años de su madre. Antes, su canción "Como un pájaro libre" (escrita junto a la exquisita actriz Adela Gleijer) se convirtió en paradigma del repertorio de Mercedes Sosa luego de la última dictadura.

- Mercedes me dijo en Caracas que quería grabar esa canción. Me pidió que se la grabara y yo no tenía ganas, hacía dos semanas que se había muerto mi papá... "Como un pájaro libre" se trata de lo que le pasa a una madre cuando quiere que su hijo despliegue alas, pero que la situación hace que ella sufra por su seguridad...Yo debería grabar un disco con todas esas canciones que escribí en los setenta. Debería llamarse "Lo que no me dejaron cantar"...

- Usted siempre ha dicho que nunca supo que era la musa de Mateo, que en todo caso no le importaba... 

- Es que yo nunca lo supe, eso es algo que vino después. Nosotros ensayábamos con Mateo en una boite de Carrasco... Un día que yo estaba triste porque me había peleado con mi novio, él insistía para que cantara algo, "Garota de Ipanema", esas cosas que hacíamos. "Cantate una", me decía. Y yo: "no tengo ganas". Sin embargo, él insistía... Al día siguiente viene a casa –venía todos los días– y me dice: "mirá, esta sos vos" y me canta "Más que ternura tienen tus ojos tristes...", que son los primeros versos de "Mejor me voy"... Pero yo nunca tuve una relación con Mateo como hombre, él jodía con eso, pero a mí nunca se me pasó por la cabeza. En todos esos años una vez me robó un beso...

- ¿Y cómo es un beso robado?

- Te ruborizás e inmediatamente cambiás de tema.

- ¿Cuándo usted vuelve del exilio se reencuentra con Mateo?

- En los 90 yo vuelvo a Montevideo con una exposición de la Comunidad Europea y (la cantante) Laura Canoura me cuenta que Mateo está mal, que está internado. Fui a verlo al hospital y esa conversación, te juro, fue como si no hubiesen existido dieciséis años de distancia. Me fui tarde, le dije Vuelvo mañana. Y esa madrugada se murió. Alguien me dijo que él me esperó para morir. Y yo se lo agradezco. 

- Pero era algo más que una relación musical la de ustedes... 

Teníamos una buena comunión, éramos los dos muy beatleros. Se trataba de un buen encajamiento... Era lindo. ¿Viste que siempre se vuela más alto de a dos?...


Diego Manso

Clarín
15 noviembre 2008

Fuente: Clarín