la rebelión consiste en mirar una rosa

hasta pulverizarse los ojos


Alejandra Pizarnik








“Y estamos marchando todavía en las calles

Con pequeñas victorias y grandes fracasos

Pero hay alegría y hay esperanza

Y hay un lugar para ti”

Joan Báez





"Gente a Vista" sátira cuasi musical de viviana marcela iriart / Ed. Escritoras Unidas & Cía. Editoras, abril de 2015






Fragmento

Sátira cuasi musical en 13 escenas, un acto y ningún apagón

.
La acción parece que transcurre en 1492 pero, como esta no es una obra realista, nadie puede asegurarlo. Lo que sí se afirma es que el vestuario es actual; la escenografía, sencilla y ambigua. Tan sencilla y ambigua como esta historia que parece que comienza ahora y que termina con la palabra "telón" y que en realidad comenzó hace mucho tiempo atrás y nadie sabe cuándo va a terminar.
Escrita para cuatro actrices y cuatro actores que representarán, sin querer parecerse al estereotipo de nadie, a los siguientes PERSONAJES:
Los Principales: FERNANDO, CARLOS, AMÉRICO, JUAN, AMÉRICA, LUNA, ISABEL Y MARÍA.
Los No Menos Principales: CURA, ÁNGELA, SAN PUERTAS, MARINE, GURKA, CONQUISTADOR ESPAÑOL, CONQUISTADOR FRANCÉS, CONQUISTADOR PORTUGUÉS, UNA INDIA, UN INDIO, OTRA INDIA, OTRO INDIO.
Música:
Bravo  Celia Cruz
Piel Canela  Celia Cruz
Usted  abusó  Celia Cruz
Ojalá que llueva café  Juan Luis Guerra
Ropa blanca  Susana Rinaldi
Réquiem de Madre  María Elena Walsh
Coca-Cola música del jingle del año 1960
"Tú me acostumbraste" Soledad Bravo
Visa para un sueño Juan Luis Guerra y el 4:40
Libertango" Piazzolla.
ESCENA I: TIBURÓN
El escenario está vacío. Son las primeras horas de la tarde de un maravilloso día de sol en la mitad del Océano Atlántico. Fernando y Carlos, conquistadores españoles de mediana edad, de aspecto agradable y simpático, están en el lateral izquierdo simulando estar en una carabela. Carlos está remando.
FERNANDO (Cantando al tiempo que mira el horizonte con unos prismáticos)  
"La mar astaba sarana, sarana astaba la mar..." [1]
CARLOS     
"La mar astaba sarana, sarana astaba la mar. ¡Con e!"
FERNANDO (Con más ímpetu, como si fuera un cantante de ópera.)
"Le mer estebe serene, serene estebe le mer, le mer estebe serene..." (Se interrumpe abruptamente)... "serene...  estebe..." estaba... porque... (Enmudece por la impresión)
CARLOS (Dejando de remar)
 Deje el suspenso y hable de una buena vez. Que esta es una obra histórica no de misterio.
FERNANDO (Algo nervioso)
¡Remad! ¡Remad con más fuerza!
CARLOS (Remando con visible esfuerzo. Al público)
Este se cree que yo soy un motor de diez caballos de fuerza. (A Fernando, hablando con acento italiano). ¡Remo, Remo! ¡Siempre Remo! ¡Ma Rómulo, ¿dónde está?!
FERNANDO (Lo mira, alarmado)
Mira, que te estás confundiendo de historia, Rómulo y Remo no tienen nada que ver en esta obra.
CARLOS (Avergonzado).
¿Ah, no?
FERNANDO 
No, así que rema, que para eso te traje. ¿O tú te creíste el cuento ese de "Vacaciones gratis en las Indias"?
CARLOS     
Eso decía el folleto que nos entregaron en la agencia de viajes. No veo por qué no tiene que ser verdad.
FERNANDO 
¿Y qué agencia era esa?
CARLOS     
La "Expedición a Las Indias S.R.L".
FERNANDO 
¡Ah! Claro, es la agencia que creó la reina para encontrar voluntarios. Pero dime una cosa, tú, que imagino te conoces muy bien a tú mismo, ¿crees que te mereces un viaje gratis? ¿gratis por qué? ¿como premio a qué? No, señor, no. Y déjame decirte una cosa, por si no lo sabes y que no se te olvide: lo único gratis en la vida es la muerte. ¡La muerte! Más no así el entierro. Así que  rema, que para eso te trajimos, que quiero ver qué es eso que se acerca.
"Eso" son Américo y Juan, dos "futuros conquistados" de mediana edad, también de aspecto agradable y simpático, quienes se acercan a la carabela simulando estar en una canoa.
JUAN (Mirando por unos prismáticos)
Oh, sorpresa: visitas.
AMÉRICO (Aburrido)
¿Otra vez? ¿Pero será que esos piratas ingleses no tienen otra cosa que hacer? ¡Vaya grandeza la del reino que no produce nada y que todo lo que consume es producto del robo!
JUAN 
No son ingleses.
AMÉRICO   
¿Cómo lo sabes?
JUAN
Elemental, mi querido cacique. No están tomando té ni whisky. Caminan como hombres, no como señoritos. No clavan su bandera en cuanta ola o pájaro se les atraviesa, pretendiendo adueñarse de lo que es de todos. No, ingleses no son. Y como dice el dicho, mejor malo conocido que bueno por conocer. (Hablando por un moderno transmisor) ¡Atención, atención! ¡Ponerse en sus puestos de combate! ¡Objeto nadador no identificado a la vista!
Mientras, en la carabela, los ánimos no están muy tranquilos que digamos.
FERNANDO (A Carlos, que apunta a la canoa con una ametralladora muy moderna).
Tranquilo, Carlos, tranquilo. Recuerda que, si bien el sonido de las armas es mejor que el de las palabras y la invasión mejor que la colonización, no está demás darle una chance a... (Canta en inglés algunas estrofas de "Denle un chance a la paz" de John Lennon).... démosle un chance a la paz. No olvides que los buenos modales de la diplomacia no se contradicen con los de las armas.
CARLOS     
Completamente de acuerdo con usted, capitán. Pero a veces la diplomacia necesita uno que otro refuercito... Porque no existe paz si no ha existido primero guerra. Paz y guerra no existen por separado. Sin la una, la otra desaparece.
En la canoa, mientras tanto, Juan recela de los nuevos visitantes y los apunta con arco y flecha. Carabela y canoa quedan una frente a la otra.
FERNANDO (A Américo y Juan, mirándolos con curiosidad y recelo)
¡Buenas tardes, gentiles caballeros! ¡Qué sorpresa encontrar gente por acá!
AMÉRICO (En la misma actitud de Fernando)
¡Buenas tardes, queridos amigos! La sorpresa es nuestra. No esperábamos encontrar a nadie en nuestras aguas territoriales.
FERNANDO (Absolutamente sorprendido)
¿Sus aguas territoriales?
AMÉRICO (Amable)
¿Tienen ustedes permiso de navegación?
FERNANDO 
¿Permiso de navegación? (Encogiéndose de hombros). No, claro que no.
AMÉRICO (Amable)
Entonces, lamentándolo mucho, no podrán continuar. Supongo que sabrá que las leyes internacionales sobre navegación nos amparan.
FERNANDO (Amablemente amenazante)
No me dejó terminar. Permiso no tenemos, no, pero tenemos armas. Y, por lo que estoy viendo, mucho más modernas y poderosas que las suyas.
AMÉRICO (Sopesando la situación y viéndose en desventaja)
En ese caso... (Exageradamente amable, haciendo una reverencia)... nuestras aguas... son sus aguas. (A Juan) Sobre todo, el agua de la olla en donde los vamos a cocinar. (A Fernando). ¿Andan perdidos? ¿Podemos ayudarlos en algo?
FERNANDO 
¿Ayuda? ¡Faltaba más! ¿Cuándo los poderosos de la Tierra han necesitado ayuda de los débiles? No lo vi ni lo veré jamás.
AMÉRICO   
Disculpe usted, yo sólo decía. Es que es raro encontrar gente por estos lugares.
FERNANDO (Simpáticamente pedante).
No me sorprende. Ningún pueblo tiene el valor del nuestro. Sólo nosotros nos atrevemos a realizar una expedición a... ¿a dónde? A ver, trate de adivinar usted, buen hombre.
AMÉRICO   
Bueno...
FERNANDO (Interrumpiéndolo)
¡Ya ve usted! No puede adivinar. Es lógico, no se sienta usted acomplejado por eso. Porque no se adivina lo que no se sabe, lo que no se conoce. Y nosotros, ¡nosotros! ¡el pueblo más bravo y más valiente de la Tierra! ¡pueblo de hombres tan machos como el más macho de todos los toros! Nosotros, decía, vamos hacia las... ¡sí! ¡Las Indias!
AMÉRICO   
Pues verá usted, si es para las Indias que van, déjeme decirle que mal enrumbados van.
FERNANDO 
¿Mal enrumbados? ¿Y se puede saber cómo usted se atreve a decirme eso? (A Carlos)  Pobrecito, con esa pinta de subdesarrollado que tiene y pretende darnos lecciones de geografía a nosotros... ¡a nosotros! que hemos dibujado la geografía del planeta.
AMÉRICO (Exageradamente amable)
Con toda humildad, gentil caballero, tenemos un tratado de asistencia recíproca con las Indias: intercambio comercial, cultural, deportivo.... En fin, ¿no ha oído hablar del tratado Sur-Sur? Últimamente ha salido muchísimo en los diarios.
FERNANDO (Burlándose)
¡Oh, sí, claro! ¡Cómo no! Ayer justamente vi algo sobre eso en la televisión por cable. Y, seguramente, ustedes son los descubridores de las Indias, ¿verdad?
AMÉRICO   
¿Descubridores? ¿Acaso se descubre la estatua cuando se la muestra por primera vez al público y se deja caer la tela que la cubre? Se destapa, se hace visible a nuevos ojos, pero descubrir, no se descubre, porque la estatua ya existía debajo de la tela.
FERNANDO (Irónico).
¿No me diga? No me había dado cuenta... Yo siempre dije que viajar cultiva el espíritu. (Pausita). ¿Y se puede saber hacia donde van los "señores"?
AMÉRICO   
¡A Europa!
FERNANDO Y CARLOS  (Al unísono)
¡¿A Europa?!
AMÉRICO   
Más precisamente, a España.
FERNANDO
¿A España? ¿Ha dicho usted España? Dígame una cosa, ¿no pretenderán, por casualidad, quedarse a vivir allá, verdad? Porque en España ya somos demasiada gente, y de inmigrantes estamos hasta los... hasta los... ¡hasta los Pirineos!
AMÉRICO   
¡Oh, no, faltaba más! Vacaciones de agosto simplemente.
FERNANDO
¡Ah, bueno! Haberlo dicho antes, hombre. En ese caso puedo regalarle una guía turística. De España y de las futuras colonias que pensamos conquistar.
CARLOS (Para sí)
El capitán está muy amable, ¿qué se traerá  entre manos? (Pausa). Porque desarrollados y subdesarrollados nunca se han amado. ¿O será que tantos meses de navegación le han hecho perder la chaveta? Si sigue así, tendré que  mandarle un e-mail  a la reina Isabel.

ESCENA 2: TED, CAROL & FRED Y ALICE.
Américo y Juan, en la canoa, arreglándose para partir. Américo se pone un colgante de oro en el cuello y agarra una flor. América, su esposa, una mujer de fuerte personalidad, de 40 años aproximadamente y Luna, esposa de Juan, una muchacha de no más de 30 años, algo tímida, divertidas y curiosas, no pierden detalle de la actividad de los hombres.
AMÉRICO (Deshojando la flor)
Voy, no voy, voy, no voy...
JUAN (Emocionado)
Llevaré mi grabador y le haré un reportaje a ese catirote espectacular. ¡La bomba que me daré en la tribu cuando me lo publiquen en "Crónicas de las Europas, volumen III"!
AMÉRICA (Imitando a Américo, sarcástica)
Voy, no voy, voy, no voy. ¡Vamos mijito! ¡Vamos! Porque nosotras también vamos.
AMÉRICO (Saca un pétalo)
En primer lugar, no fueron invitadas. (Lo arroja. Saca otro). En segundo lugar, ¿se puede saber desde cuando las mujeres participan en actividades propias de los hombres? (Arroja el pétalo).
AMÉRICA
¡Cosas de hombres! ¿Y se puede saber quién ha dicho que ir a conocer gente de otros lugares es cosa de hombres?
AMÉRICO   
¡Ay, niña! ¡Qué mal educada eres! (Pausa)  ¡No vas y no vas! ¿Acaso no ves quién lleva el guayuco en esta canoa?
AMÉRICA (Haciendo que no entiende)
 ¿Y qué importa que lo lleves tú?
AMÉRICO (Solemne)
 Soy la autoridad.
AMÉRICA
¿Únicamente porque usas guayuco? Es más fácil de lo que pensaba entonces: usaré guayuco desde ahora. Ni mandas tú ni mando yo, mandaremos ambos.
AMÉRICO   
Bueno... no solamente por el guayuco.
AMÉRICA
¿En qué quedamos?
AMÉRICO   
Bueno... también por... por lo que hay dentro... dentro de... (Señala el interior del guayuco).
AMÉRICA
Bueno, yo también tengo algo (Imitándolo)... algo dentro... dentro de...
AMÉRICO   
¡Tú eres una mujer!
AMÉRICA
Y tú un hombre ¿y?
AMÉRICO   
¿Tú no sabes que vas a sufrir mucho por no aceptar las limitaciones que la naturaleza te impuso por ser mujer?
AMÉRICA
¿Y tú no sabes que las limitaciones, la mayoría de las veces, no las impone la naturaleza sino la propia gente? ¿Y no recuerdas además lo que dijo Bolívar, que si la naturaleza se opone...? ¡La venceremos! No hay naturaleza que pueda obligarme a ser la espectadora, y no la protagonista, de mi propia vida, ¡toda la vida!
AMÉRICO   
Se me hace tarde, amor mío. Cuando regrese seguimos hablando ¿sí? ¡Lo juro! Y por favor... ¡no se olviden de preparar la cena! (A Juan) ¡Vamos! No hagamos esperar a la Historia.
AMÉRICA Y LUNA 
¡Machistas! ¡Ya verán cuando llegue el Siglo XX!
Celia Cruz canta "Bravo". América y Luna hacen mímica con mucho humor, simpatía y ternura.

                    CELIA CRUZ

                    “Bravo, permíteme aplaudir
                    por la forma de herir mis sentimientos.
                    Todo aquello que sentí en nuestra intimidad,
                    tan bello, quién diría que lo ibas a convertir en sufrimiento.
                    Bravo te vuelvo a repetir
                    por tus falsos e infames juramentos.     
                    Te odio tanto que yo misma me espanto
                    de mi forma de odiar, deseo que después que te mueras
                    no haya para ti un lugar.
                    El infierno resulta un cielo
                    comparado con tu alma y que Dios me perdone
                    por desear que ni muerto tengas calma.
                    Bravo, permíteme aplaudir.”




[1]  Anónimo

© viviana marcela iriart
Gente a Vista
(fragmento)
Caracas 1992


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Gente a Vista