la rebelión consiste en mirar una rosa

hasta pulverizarse los ojos


Alejandra Pizarnik








Gabriel García Marquez: “Hemingway me dio los mejores consejos que me han dado para escribir “ / entrevista de José Pulido, La Habana, septiembre 1981 / fotos Sara Facio







Porque lo admiraba como todas las personas que lo leyeron, les dejo aquí hoy la primera entrevista que le hice al Gabo. Ni siquiera se imaginaba que iba a ganar el Premio Nobel. Y yo, que me alegraba con sus novelas, no pensaba que un día me sentiría triste por él. Bueno: es muy del Gabo eso de morirse en Semana Santa.

Caracas 17 de abril de 2014

Hay una elite intelectual  que considera imposible  popularizar la literatura. “Crónica de una muerte anunciada”, tiene letras grandes para los que carecen del hábito de la lectura”, explicó. En español ha vendido dos millones de ejemplares
En el epicentro de una ventolera de playa, se desarrollaba uno de los tantos congresos de escritores que organizaban en La Habana. Gabriel García Márquez era el imán que atraía a periodistas de varios continentes, pero ninguno había logrado entrevistarlo. Como vieron que yo andaba con Miguel Otero Silva y el Gabo se la pasaba hablando con él, un entreverado grupo de periodistas latinoamericanos, españoles y franceses me insistió: “¿por qué no le haces unas preguntas y las compartes con nosotros?”. Yo no cargaba grabador. Sólo una pequeña libreta. Un rato después me acerqué a Gabriel García Márquez y Miguel Otero, quienes tomaban café negro y hablaban de todo menos de literatura. Le dije al Gabo, tratando de no parecer irrespetuoso “Si usted no me da aunque sea un entrevista pequeñita, el dueño de El Nacional, que usted conoce muy bien, me va a mandar de regreso a Caracas”. Miguel Otero asintió poniendo cara de jefe terrible, tornándose cómplice de mi planteamiento. Y así comenzó la primera entrevista que le hice a Gabriel García Márquez. Luego, gracias también a ese otro escritor fabuloso que era Otero Silva, sostuve otras emocionadas y desatinadas conversaciones con el autor de Cien años de soledad y todos los demás títulos que nadie ignora.


La entrevista
El primer lote de mil ejemplares de “Crónica de una muerte anunciada” puesta a la venta por Casa de las Américas, se vendió en La Habana en menos de dos horas.
Gabriel García Márquez firmó más de doscientos de esos ejemplares, mientras conversaba con viejos conocidos, de los que tuvieron el privilegio de ser sus amigos cuando era un pendejo que nadie quería entrevistar.
Eso ocurría en La Habana, durante los primeros días de septiembre de 1981. En una mesita apartada, García Márquez habla con Otero Silva sobre sus días de pesca con Fidel Castro y otros cubanos y se recrea explicando por qué es un furibundo admirador de Hemingway.

-Hemingway me dio los mejores consejos que me han dado para escribir –dice el Gabo.- Me enseñó que la obra literaria es como un icebreg, del cual sólo se ve una octava parte de su volumen, pero lo que sustenta lo visible son las siete partes que están bajo el agua... Me enseñó que muchos escritores se rompen la cabeza tratando de hacer diálogos que se parezcan a la vida real, porque no saben que los diálogos en la literatura sólo son reales cuando son literarios.

Vestido con bragas de mecánico y con la canas cenicientas ganándole terreno a los cabellos negros, García Márquez trata de zafarse de la firma de libros y de las entrevistas: “¿Para El Nacional? ¿Por qué no le dices a Otero Silva que me pague la entrevista?, fíjate que en Moscú me las pagan”, bromea.
Insistiendo en que es un hemingwayano, García Márquez enfatiza: “Hemingway me enseñó también que se puede hacer una literatura revolucionaria sin necesidad de pregonarlo en la misma literatura”.

Se levanta con ganas de alejarse. Está reacio a cualquier entrevista, pero accede a responder porque es como una conversación y no aparece a la vista ningún grabador. Sin embargo desconfía de la libreta y apunta:

-Tú no vas a entender nada de lo que estás escribiendo ahí...
-¿Exactamente cuántos ejemplares se han vendido de Crónica de una muerte anunciada hasta ahora? ¿es cierto que será llevada al cine?- (preguntas desesperadas).

-En español se han vendido dos millones de ejemplares... ¿Me preguntaste si la iban a llevar al cine?. Esa es una manía de los cineastas, pero hasta ahora no hay nada en concreto... es una manía perfectamente válida, por los demás.
-¿A qué se debe el éxito de su último libro?. Se ha dicho que está “hinchado” con letras grandes, que no es en realidad una novela. (Pregunta de novato patán).

El Gabo despliega su bigote de taxista, también harto ceniciento, cuando sonríe ante lo que seguramente ha sido una crítica permanente, respecto a “Crónica de una muerte anunciada”. (Si la letra es chiquita la gente se queja. Si es grande, se queja igual).

-La Crónica… está en la calle, con los cigarrillos, frente a los cines, en los estadios y los quioscos, con un precio bajo. Y la letra es grande para que la lean personas que carecen del hábito de la lectura. Yo sostengo que la literatura sí le interesa a la gente... Hay quienes se inhiben de ir a las librerías, que son como templos y cuando ven un libro así en la calle lo compran.
-Si uno se echa a la calle y escribe para muchos lectores, entonces el resultado es ese: dos millones de ejemplares vendidos en español –añade García Márquez.

Está que se va, como si le hubieran soltado las amarras, pero continúa hablando:

-Esa es la eterna lucha entre la buena y la mala literatura: disputar el mercado. 

El viento entra con fuerza por un ventanal abierto, da vueltas entre cortinas y se lleva varias servilletas de las mesas como bailando un vals de Strauss. Un segundo después se ha ido. El Gabo parece recordar que no desea ser entrevistado. Pero tiene ganas de decir algo y quizá el periodista que tiene por dentro le ha hecho una pregunta.

-Hay un pequeño grupo de intelectuales de élite que considera imposible popularizar la literatura. Yo creo que lo malo es hacer concesiones para ensanchar ese mercado, pero uno no debe renunciar a estar en la onda popular... Yo estoy en esa onda...

En el Encuentro de Intelectuales, García Márquez fue el escritor más asediado y besado por las damas. A cada rato interrumpían la entrevista para abrazarlo y mancharle la cara con boquitas y bocotas de rouge. Olía a varias y distintas fragancias femeninas.

-En Europa hubo una edición “pirata” de la Crónica… y dicen que se agotó. ¿Eso es cierto?

García Márquez se ríe verdaderamente divertido por eso: “Yo soy partidario de los editores piratas-, porque gano lectores, que es lo que más le interesa a un escritor cuando ya tiene dinero con qué comer. Quien pierde es el editor legítimo”.

Se le pregunta respecto al comité de los siete que respaldaría la proyección cultural francesa, en la búsqueda de una estrecha relación con los pueblos latinoamericanos, y responde que a su juicio este organismo funcionará con mayor agilidad que otros.

-No será oficial, se mantendrá autónomo. Se reunirá cada año y tendrá un secretario general. Yo espero quedar en ese comité: es el sueño de mi vida.

-¿Qué ha pasado con la demanda de los personajes de la Crónica…?

El Gabo parece estar a punto de decir “no me preguntes eso”, pero comenta, desganado, que la demanda es contra unos periodistas.
- Yo no tengo nada que ver con eso –especifica.

Ahora sí se distancia, no hay posibilidad de tirarle el anzuelo de otra interrogante, pero sin embargo, antes de alejarse con su paso rápido, se asoma a la libreta de apuntes como un niño que desea ver lo que hierve en una olla y repite su comentario inicial, aderezado ahora con unas cuantas obscenidades de Aracataca. 

-A mí me parece que tú no vas a entender un coño de esa vaina.



La Habana
Septiembre 1981