la rebelión consiste en mirar una rosa

hasta pulverizarse los ojos


Alejandra Pizarnik


El Diario de Anna Frank, parte 12





Viernes 14 de agosto de 1942.


Querida Kitty:


Ha pasado un mes desde que te deje, pero no había suficientes novedades para contarte cada día algo divertido. Los Van Daan llegaron el 13 de julio. Los esperábamos para el 14, pero como los alemanes empezaron a asustar a mucha gente entre el 13 y el 16 con citaciones a diestra y siniestra, los Van Daan prefirieron adelantar un día para mayor seguridad. El primero en aparecer a las nueve y media de la mañana, cuando estábamos tomando desayuno fue Meter, el hijo de los Van Daan. Meter acaba de cumplir dieciséis años, es un demonio bastante fastidioso y tímido, que llegó con su gato, Mouschi. No espero gran cosas de él como compañero.
El señor y la señora llegaron media hora mas tarde. La señora nos provocó un ataque de risa cuando saco de su sombrero un gran orinal.

-Sin ésto, en ninguna parte siento que estoy en mi propia casa
-declaró.

Fue el primer objeto que tuvo sitio fijo, debajo del diván-cama. El señor no había traído orinal, sino una mesa plegable para el té. Durante los tres primeros días comimos juntos en un ambiente de cordialidad. Después de estos tres días, todos sentíamos que nos habíamos transformado en una gran familia. Era evidente que los Van Daan, que habían tenido contacto con el exterior durante toda la semana, tuvieran más cosas que contarnos. Entre otras, lo que nos interesaba profundamente era saber qué había pasado con nuestra casa y con el señor Goudsmit.

Esto fue lo que nos contó el señor Van Daan:

-“El lunes por la mañana, el señor Goudsmit me telefoneó para preguntarme si podía pasar a su casa, lo que hice inmediatamente. Estaba muy preocupado. Me mostró una cartita que habían dejado los Frank, y me preguntó si había que llevar al gato donde los vecinos. Yo le dije que pensaba que sí. El señor Goudsmit temía una investigación, lo que nos hizo examinar a grosso modo todas las habitaciones poniendo en ellas un poco de orden. También despejamos la mesa.
De repente vi sobre el escritorio de la señora Frank un block de notas en el cual estaba escrita una dirección en Maestricht. Aunque sabía que la había dejado intencionalmente, simulé sorpresa, rogando al señor Goudsmit que quemara aquel comprometedor papel lo antes posible. Fingí ignorar todo el tiempo cualquier cosas relacionada con la desaparición de ustedes, y cuando hube visto aquel trozo de papel se me ocurrió una cosa.
- Señor Goudsmit – le dije- , creo recordar algo que podría tener relación con esta dirección. Ahora me acuerdo de que un alto oficial se presentó un día en la oficina, hace uno seis meses. Aquel oficial estaba adscrito a la región de Maestricht, y parecía ser una migo de juventud del señor Frank, a quien había prometido protección si llegara a necesitarla.
Exprese que era muy probable que aquel oficial hubiera mantenido su palabra, facilitando de una u otra manera el paso de la familia Frank a Suiza, a través de Bélgica. Le pedí que contara eso a los amigos de los Frank que pidieran noticias acerca de ellos, aunque sin hablar necesariamente de Maestricht.
Luego me marché. La mayoría de sus amigos han sido puestos al corriente. Lo he sabido por diversos conductos”.

A nosotros nos divirtió esta historia y nos reímos de la poderosa imaginación de la gente, según nos demostraban otros relatos del señor Van Daan. Así hubo quien nos vio al amanecer, a los cuatro en bicicleta. Una señora pretendía estar segura de que habíamos sido introducidos en una auto militar en plena noche.
Tuya,
Anna.

Anna Frank
El Diario de Anna Frank