Reverón en el mar Caribe, foto del documental de Margot Benacerraf "Reveron". Somos una hemeroteca de textos y otras cosas hermosas, de ayer y de hoy y de mañana también.

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Cinco Autógrafos: 1º Autógrafo: Pablo Neruda, por Susy Dembo

Pablo Neruda y Miguel Otero Silva.


Corrían los años sesenta y para ese momento, en Caracas, era el Yoga la actividad de moda. Los venezolanos siempre estamos al día de lo que sucede en los predios espirituales de modo que a nuestro local de entrenamiento en la práctica hindú, acudían intelectuales, artistas, cantantes de ópera y gente del mundo cultural; llegaban para compartir sus habilidades con el pueblo venezolano, que se deleitaba con todas las demostraciones de los visitantes, que bañaban la avidez característica que tenemos en Caracas, por todo lo bello,y exquisito.
Fueron tiempos que dejaron huellas profundas en nuestra vida de amantes de la cultura, huellas imposibles de borrar, que han quedado para siempre como recuerdo de algo glorioso, que por más que nos reinventamos en nuestros mágicos momentos ,hay recuerdos vívidos testigos de ese bello ayer.

La ópera traía representantes famosos del mundo entero. Nuestros músicos amantes del bel canto se destacaban igualmente en funciones repletas de público, fascinante por la elegancia, sin duda impecable.
A nuestra gente de teatro se le hacía justicia en el Teatro Municipal de Caracas y en el Teatro Nacional; los actores casi no cobraban: recuerdo que me decían que lo hacían por “amor al arte”. Obras de teatro realizadas espectacularmente, como Hamlet, Doña Rosita la Soltera, que tuvo cincuenta funciones: algo insólito para esa época, 1964; Marat Sade, un ejemplo de gran teatro; La Dama Boba que se presentó con Juana Sujo; las puestas en escena estaban a cargo de directores como Horacio Peterson, Alberto de Paz y Mateos, nuestro querido Carlos Giménez y Román Chalbaud: eran respaldados por organizaciones culturales sin fines de lucro como Amigos del Teatro. Carlos Gorostiza hace milagros con su interesante obra El Pan de la Locura, realizada en el Teatro Los Caobos. Actores de gran talla realizaban obras clásicas como Volpone, Tric Trac de Isaac Chocrón, La casa de Bernarda Alba. Al morir Alberto de Paz y Mateos aparece El Nuevo Grupo, que se distingue por obras inolvidables como La Revolución, verdaderamente revolucionaria, que no pudo presentarse en Madrid por estar vetada por la censura franquista.

María Teresa Otero Castillo y Carlos Giménez crean el Festival Internacional de Teatro de Caracas. Inolvidables experiencias en el mundo teatral se daban cita en diferentes teatros y en las calles llenas de energía teatral; corríamos del Ateneo, donde se distribuían las entradas, hasta el Teatro Nacional, el Municipal y otras salas de la capital, donde presentaban las obras. Al final del “corre-corre” diario nos reuníamos en los cafés y restaurantes para comentar las obras del día. Sí, inolvidables momentos.
El Nuevo Grupo y otras tantas salas se llenaban de un público ávido de ver obras provenientes de remotos países como los nórdicos; muchos de ellos traían a los festivales trabajos de calle, con fuegos artificiales; todo era gran esplendor y algarabía en las calles candentes de la ciudad.

Un grupo de amigas nos reuníamos para la clase magistral de Yoga dictada por una profesora yugoslava, que tenía una gran fama como experta en artes marciales; éstas se realizaban en la casa de Miguel Otero Silva y de María Teresa Castillo de Otero: una mansión, hermosa, diferente. María Teresa cuidaba de su mantenimiento impecable, minuciosa en su arreglo; la naturaleza que rodeaba la mansión le aportaba una energía serena, creando el ambiente preciso para la meditación requerida por este arte tan benigno para la salud física y mental, que es el Yoga.

Esas horas de concentración llegaron a ser mi actividad preferida. Las fascinantes clases de Hatha Yoga que minuciosamente nos daba la gran maestra se realizaban tres veces a la semana; tratábamos de no faltar ni un solo día, llegamos a ser alumnas excepcionales y disciplinadas al máximo. Con una técnica sumamente prolija.

Nuestra maestra se llamaba Simona Liebman; una mujer que, según ella decía, había vivido intensamente. Era alta, delgada, devota del ejercicio y de las artes orientales. Sus historias favoritas se referían a la suerte que había corrido en la Segunda Guerra Mundial: a su alegría por haber salvado la vida. Era una persona que ayunaba por lo menos dos veces a la semana, como forma de mantenerse delgada, joven y bella; además de hacerlo en cumplimiento de una promesa hecha por haber logrado su nuevo destino fuera del horror de la guerra, en esta tierra que acogió con amor a los desamparados.

María Teresa hacía unos arreglos florales en gigantescos floreros de inigualable belleza. Yo siempre me preguntaba si esas flores, tan exóticas, provenían de otros países; pero no: eran de Venezuela esas joyas de la naturaleza, fabulosas, raras, de múltiples colores. María Teresa, armaba y preparaba los ramos con una gracia particular que sólo ella tenía.
 Había plantado alrededor de la casa papiros de delgados tallos; esbeltas plantas que le daban un aire totalmente diferente al ya interesante ambiente. Ese hogar-museo, lleno de obras de arte maravillosas, me daba la sensación de un refugio seguro para el aprendizaje y la magia de la palabra, María Teresa siempre nos daba la bienvenida característica suya: su bella figura bailaba alrededor de nosotros para indicarnos los sitios en los que recibiríamos la lección de Yoga.
La piscina estaba rodeada de obras de arte que se reflejaban en el azul del agua, en una doble y sugestiva imagen.

Miguel Enrique, su hijo, nos veía con curiosidad, y creo haber percibido en él unas sonrisas de apoyo a nuestras actividades meditativas; y recuerdo que Mariana, su hija, y Miguel Otero, participaban de una manera menos rígida con nosotras, las afortunadas de entonces. Miguel Otero Silva tenía una animada conversación, llena de humor, que destacaba su gran presencia y ponía de relieve su intelectualidad de escritor y su calidad de ser humano fuera de serie.
A las ocho de la mañana, en la frescura de Sebucán, tres veces a la semana hacíamos con fervor creativo esa clase magistral conducida por Simona; seguía a la sesión un desayuno criollito; para mi placer, consistía en casabe, café con leche, quesos diversos y otras delicias mañaneras muy venezolanas.


 Susy Dembo, artista plástica.


Cierta mañana todo fue diferente; para mi mayor asombro, veo en el piso, con las piernas cruzadas en posición de loto, al admirado Pablo Neruda. Me lo presenta, así como a su esposa Matilde. Yo no lo podía creer: Pablo Neruda, el autor de Veinte poemas de amor y una canción desesperada, un libro que siempre me hizo vibrar en mi adolescencia; lo leía y releía con mucho entusiasmo romántico. No veía la hora del final de la clase, para salir corriendo a mi casa, a hurgar en mi biblioteca en busca de ese ejemplar del poemario, que había conservado conmigo a lo largo de muchos años; mi pequeña joya perdida en los estantes aún medio vacíos de mi colección de libros que empezaba a construir.
Llegué emocionada a mi casa, y, en efecto, el libro que buscaba estaba esperándome; lo hallé muy subrayado, por mí o por otros lectores que compartieron conmigo en algún tiempo línea por línea los preciosos poemas.
En la siguiente clase de Yoga, con Veinte poemas de amor en mi bolsillo, orgullosa de tenerlo todavía, y más aún, de poder escuchar y compartir una conversación con su autor. Neruda hablaba con entusiasmo de todo lo que a él le gustaba; recuerdo sus comentarios sobre la comida maravillosa de la mesa de María Teresa, que lo tenía arrobado; hablaba de su pasión por la vida, de su gusto por los viajes, del arte, y recreaba los objetos que eran queridos para él: sus sueños de juventud, la lucha por la justicia, sin dejar de mencionar sus escritos más amados. A mis sentidos de joven mujer, todo lo que Neruda decía me impresionaba; sentí admirarlo más ahora, habiéndolo conocido personalmente, a ese ser sencillo, genial, amoroso con su esposa, y gentil con nosotros, los que lo rodeaban disfrutando de su personalidad cautivadora.

En el desayuno de esa mañana el libro vibraba, quería salir de su escondite; pero algo no me permitió interrumpir la charla en la mesa; no me atreví a sacarlo del bolsillo, esboscé una sonrisa íntima, sólo para mí, pensando que tenía el libro escondido, y bien oculto se quedó esperando otra oportunidad.
Esta no tardó tanto en producirse; vino a otra clase y yo tenía listo el libro para pedirle una firma, o sea un autógrafo al maestro, pero, como algo raro, tampoco esta vez logré sacarlo de su escondite entre mis costillas.
Ese día para mi sorpresa y alegría, Pablo me pidió llevarlo a él y a Matilde a Sabana Grande, donde tenía el propósito de hacer unas compras. Me puse a su servicio de inmediato, por supuesto. Resultó que Matilde, su bella esposa, había visto un aparato algo complicado: una caja de rollos que se calentaban y se colocaban en la cabeza para formar bucles, de modo que en un santiamén cualquier peinado laborioso se hacía fácil y terminaba como hecho en la peluquería por manos muy expertas.

María Teresa, burbujeante siempre como la champagne, dirigía con amor y dedicación el Ateneo de Caracas, que era por sí mismo otro lugar de excepción donde sucedían eventos de gran calidad. Debido a sus ocupaciones en el Ateneo, María Teresa no pudo acompañarnos, de modo que a la excursión de compras por Sabana Grande fuimos Pablo Neruda, Matilde y yo. Recuerdo, como si fuera hoy, a ese hombre complaciente y gentil, tan dedicado a su esposa; me llamó la curiosidad el que ambos mostraron especial interés en objetos que realzaban la belleza femenina. Neruda le hizo varios regalos a Matilde, entre ellos los famosos “rollos calientes” tan en boga para esa época.

Por mi parte, disfruté haciéndoles de Cicerón a los Neruda, les conté respecto a los detalles de lo que entonces era una agradable y vibrante zona comercial de Caracas, de los negocios que estaban a la vista y de los más ocultos y mágicos: esos que cobran forma después del atardecer.
Les dije, por ejemplo, que cerca de la entrada de  Sabana Grande existía la Gran Avenida, un sitio que fue como el primer centro comercial horizontal de Caracas, había en él una librería sensacional: Edime “la librería de las librerías”; al lado un negocio llamado “La Porcelana Inglesa” lucía lleno de obras de arte del mundo entero, también “Merle Norman”, que pertenecía a mi familia, una tienda algo extraña de cosméticos y de joyas de fantasía que eran muy especiales. Seguía la tienda de muebles “Deco Dibo”, donde veíamos al entonces joven y hoy gran artista de fama mundial Cornelius Zitman modernizar los muebles.

Al principio de la avenida, o muy cerca,  se encontraba el “Todo París”; era un interesante cabaret internacional que me tenía curiosa y fascinada. Una de las características de nuestra Caracas que se conserva desde esa época, es que al lado de una funeraria puede haber un restaurante, un burdel, un motel, o cualquier otro establecimiento, sin que compaginen unos con otros. Surrealista como ninguna la bella Caracas. El restaurante “Páprika”, con sus Smorgarbords, en bandejas enormes, redondas, llenas de charcutería, pepinillos y repollo agrio, y más adelante los cafés de Sabana Grande, el “Piccolo”, el “Gran Café”, el famoso “Chicken Bar”, de comida austríaca: su bella dueña manejaba con gracia muy femenina al animado sitio. Allí se reunían a comer los poetas y pintores, muchos de ellos dejaron en las sillas, manteles, mesas y biombos autógrafos y palabras de amor, cadáveres exquisitos, juegos poéticos de entonces, quedaron bien grabados para la posteridad en esas maderas que recordaban al Tirol de Austria, pero sus palabras impresas en la madera eran del corazón de Venezuela.
Las librerías “Suma”, y “Cruz del Sur” que Cristina Guzmán atendía con responsabilidad y conocimientos, eran sitios estupendos donde se reunían grandes escritores criollos y extranjeros: en ellas se bautizaban sus libros y compartían con los asistentes. Un digno bautizo en las librerías de entonces, con vinitos y pasapalos, que saturaban de alegría a Sabana Grande. La recuerdo como una larga calle llena de diversos establecimientos; en ellos se conseguía de todo, en medio de una atmósfera tropical, y se podía ver en ella a personajes típicos de nuestra Venezuela. Las tiendas tenían la elegancia precisa, y se podía caminar muchas cuadras admirando siempre novedades en las vitrinas. Sabana Grande fue el espacio precursor de las grandes tiendas y centros comerciales que vendrían más tarde...

Eran asunto corriente las exposiciones de arte en las librerías; se trataba de muestras sencillas pero bellas que daban a conocer las tendencias del arte que estaban de moda; por lo general, los sitios estaban repletos de gente interesada.
Sabana Grande era un panal de cultura.
Claro, no podía faltar un sitio peligroso: el Callejón de la Puñalada, así llamado por razones que pueden intuirse, no obstante, todos íbamos a esa calle estrecha entre la avenida principal de Sabana Grande y la Avenida Casanova, llena de un vicioso encanto; en cierto pequeño establecimiento llamado “Perlita’s Grill Bar” cantaba Yelitza, vestida de frae, cantaba en perfecto alemán haciendo copia exacta de Marlene la rubia Dietrich. Cerca estaba el “Key Club”, exclusivo para socios adinerados, cada uno de los cuales disponía de su propia llave particular; era muy chic. El “Tony” de la Plaza Venezuela, en donde las negritas en carnaval, desnudaban su cuerpo cubierto solamente con una capa negra: en un movimiento zas-zas abrían con sensualidad la capa que guardaba el secreto, la abrían y la volvían a cerrar en un segundo.
Realmente, no nos dimos cuenta de lo que vivimos. También habían una florista que deambulaba por los locales nocturnos; a veces todavía la veo por allí, vendiendo flores en los restaurantes, hoy ya con otra energía, vestida con el mismo tailleur  blanco que entonces usaba, quizás una talla mas grande, pero se ve igual, con la misma sonrisa de antes: es la misma, la chica que iba de sitio en sitio con sus flores hablando francés, ofreciendo con dulzura su olorosa mercancía.
Los caricaturistas llenaban los cafés, y los artistas que eran famosos y vivían en el exterior, ocasionalmente se dejaban ver por ahí y nos llamaban la atención. Nuestra vida tenía un rumbo de alegría y cordialidad venezolana.
Todo esto se lo conté a Pablo Neruda y a Matilde, asombrados de nuestra modernidad.
Volví a tocar mi librito del “Poema veinte”, y de nuevo, paralizada, no pude pedirle lo que quería: su autógrafo, de su puño y letra, encabezando mi viejo ejemplar de su famosa colección de poemas.
Nunca llegué a pedírselo, y no me acuerdo cuándo ni cómo el poeta se fue de Venezuela pero no lo vi nunca más. A su mujer, Matilde, la volví a ver años después con mi amiga Fifa Soto; Pablo ya había fallecido.
Hace unos años vi una película italiana llamada “El Cartero”, ganadora de premios, presenta la vida de Pablo Neruda y de su esposa Matilde en Italia, el actor que interpretaba a Neruda se le parecía físicamente y captó su personalidad humana y tierna. Salí conmovida de la película, y entonces me dije que realmente una firma dentro de ese libro tan querido no significaba nada comparada a las horas pasadas con Pablo y Matilde, Miguel Otero y María Teresa en esa bella quinta Macondo, en donde disfruté de conversaciones y momentos deliciosos entre una clase de yoga y el desayuno criollo, ameno y cultural, en la Caracas maravillosa de los años sesenta.

©Susy Dembo
Caracas, 10 de Mayo 2008.


Bernard-Henri Lévy: SAKINEH: la movilización no debe pararse




PON TU FIRMA POR FAVOR. UNA FIRMA POR UNA VIDA, POR LA LIBERTAD Y LA DIGNIDAD. GRACIAS!!!! :  http://laregledujeu.org/2010/08/16/2616/signez-la-petition-il-faut-empecher-la-lapidation-de-sakineh/ -->

Texto tomado de la revista francesa "La Regle du Jeu", traducido al español con el traductor automático de Google, que ya se sabe es bastante malo, pero ya que  no consigo que nadie me haga las traducciones gratis, por lo menos da una aproximación de lo que se quiere decir.

"La movilización por la no lapidación de Sakineh logró sus frutos. Naturalmente es sólo un principio. Un principio muy tímido. Pero hace unos minutos al confirmar  que "suspendían" la ejecución por lapidación de Sakineh y  que iban a  "reexaminar" su veredicto, las autoridades iraníes mostraron que no eran totalmente sordas a la ola de protesta ciudadana que se expande por todas partes del mundo  y, en particular, en Francia.

La revista Las Reglas de Juego en donde  la petición, puesta en on-line  el pasado  17 de agosto está llegando a  las cien mil firmas, se regocija por eso. Esto señala una vez más que la insurgencia puede sacudir la conciencia del fanatismo obstinado y comenzar a reducir la  fría mecánica de la injusticia.

La lucha, sin embargo, está lejos de ser ganada. Queda por conseguir que este "examen" de su caso lleve a un indulto y su  liberación. La movilización continúa. La presión debe, por nada del mundo, debe parar. Necesitamos conseguir rápidamente  200. 000 firmas. Los jueces iraníes tienen la oportunidad de mostrar que la voz de la sabiduría, y de la clemencia, no les es completamente extraña.


©Bernard-Henri Lévy
"La Regle de Jeu"
París, 8 de septiembre de 2010

Isabelle Huppert: Resiste Sakineh, te lo ruego


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 Esta es una mala traducción del francés, pero lo importante es que el mensaje llegue.

"Liberación, la revista ElleLas reglas del juego  nos unimos para publicar todos los días una carta de apoyo a Sakineh. Artistas, intelectuales y lectores se turnan para escribirle a la mujer iraní condenada a morir por lapidación. Hoy presentamos  la carta de Isabelle Huppert (3 de septiembre de 2010)."

La Regle du Jeu, París, Francia:





"Estimada Sakineh:
En principio una carta es escrita para ser leída por su destinatario.
Queremos asegurarnos de que todas las cartas te lleguen. Sabemos por tus hijos que no es así.
Queremos que sepas que no queremos seguir siendo letra muerta.
Queremos que estas palabras enfurecidas, sorprendidas, aturdidas, lleguen a ti atravesando el silencio insoportable del muro que te separa de nosotros y del mundo
Espero que te lleven a ti y a tus hijos un poco de dulzura y esperanza en medio de la pesadilla que tú estás viviendo.
Que estas palabras te protegan.
Resiste Sakineh, te lo ruego."

Isabelle Huppert
3 de septiembre de 2010

Original en francés

"Chère Sakineh,
En principe une lettre est écrite pour être lue par son destinataire.
On aimerait être sûr que toutes celles écrites pour vous le soient. On peut craindre que non. On me dit et on m’assure quelles le sont par vos enfants.
On aimerait qu’elles ne restent pas lettres mortes.
Puissent ces mots, ces mots enragés, scandalisés, abasourdis, vous arrivent dans le silence insupportable des murs qui vous séparent de nous et du monde.
Puissent-ils vous apporter à vous et à vos enfants un peu de douceur et d’espoir dans le cauchemar que vous vivez.
Puissent-ils surtout vous sauver.
Résistez Sakineh, je vous en prie."


Isabelle Huppert



Carla Bruni : diario iraní la condena a muerte por defender a SAKINEH / artículo de viviana marcela iriart, 3 de septiembre de 2010




Por expresar solidaridad con una mujer condenada en la república islámica a ser lapidada por adulterio, el diario de línea dura Kayhan calificó a Bruni de "prostituta", cuyo estilo de vida la hace merecedora de un destino similar al de la iraní.

Teheran.- Un periódico iraní dijo el martes que Carla Bruni, esposa del presidente de Francia, merece morir por expresar solidaridad con una mujer condenada en la república islámica a ser lapidada por adulterio.

El diario de línea dura Kayhan calificó a Bruni de "prostituta", cuyo estilo de vida la hace merecedora de un destino similar al de la iraní que fue condenada a morir apedreada por adulterio.

Carla Bruni fue una de los franceses famosos que publicó cartas abiertas a la mujer, Sakineh Mohammadi Ashtiani, cuyo caso ha generado malestar internacional y mostrado que la lapidación se usa como pena capital en Irán.

La esposa del presidente Nicolas Sarkozy escribió: "¿Derramar su sangre, privar a sus hijos de una madre? ¿Por qué? ¿Porque has vivido, porque has amado, porque eres una mujer, una iraní? Cada parte de mi se rehusa a aceptar esto".

Kayhan, cuyo director es designado por el líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei, divulgó la carta de Bruni el sábado bajo el titular "Prostitutas francesas entran en la gresca de los derechos humanos".

El martes volvió a hablar sobre el asunto, criticando "las relaciones ilícitas con varias personas" de Bruni y culpándola de haber causado el divorcio de Sarkozy de su segunda esposa.

"Si se estudia el pasado de Carla Bruni se ve la razón por la que esta mujer inmoral respalda a una mujer iraní que ha sido condenada a muerte por cometer adulterio y ser cómplice del asesinato de su marido y, de hecho, ella misma merece morir", dijo Kayhan.

No ha habido reacción oficial de Francia, donde los medios han prestado muy poca atención al asunto.

En su conferencia de prensa semanal, el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores iraní Ramin Mehmanparast pidió que los medios usen un lenguaje más moderado.

"Insultar a las autoridades de otros países y usar palabras inapropiadas es algo que no acepta la República Islámica de Irán", dijo cuando se le preguntó por el tema.

"Las políticas, las formas y los comentarios de funcionarios de otros países, los criticamos, hacemos objeciones y pedimos que revisen sus acciones, pero no pensamos que usar palabras inapropiadas e insultantes sea lo correcto", añadió.

Ashtiani, madre de dos niños, ha recibido 99 latigazos por haber mantenido una relación ilícita con dos hombres. La pena a ser lapidada ha sido suspendida a falta de una revisión judicial, pero aún puede llevarse a cabo, dijo un funcionario iraní.
El asesinato, el adulterio, la violación, el robo a mano armada, la apostasía y el narcotráfico son delitos castigados con la muerte por la ley islámica, o sharia, que está en vigor desde la Revolución Islámica de 1979.

Irán es el segundo país del mundo, después de China, en el número de ejecuciones que lleva a cabo, según Amnistía Internacional.

El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, que ha desarrollado lazos estrechos con su colega iraní, Mahmoud Ahmadineyad, ha ofrecido asilo a Mohamadi Ashtiani, lo que ha generado un embarazoso rechazo público por parte de Irán.

Martes  31/08/2010 - 12:28



En defensa de Carla Bruni condenada a muerte por un diario iraní por defender a Sakineh / por viviana marcela iriart, 3 de septiembre de 2010

Junto con Carla Bruni también  el diario llamó prostituta y condenó muerte a la actriz Isabelle Adjani y, sin nombrarlas, a las miles de mujeres que firmaron la solicitada, entre las cuales se encontraban talentosas y celebras personalidades como Catherine Deneuve, Jeanne Moreau, Simone Veil, Victoria Abril, Isabelle Huppert, Monica Belluci, Mia Farrow...

También había, por suerte, firmas de hombres solidararios: Gerard Depardieu, Jacques Chirac,   Placido Domingo, Valéry Giscard d’Estaing, Costa Gavras, Peter Brook ,  , Jeremy Irons,  Frédéric Mitterrand, Claude Lelouch, Bob Geldof... 

A los hombres, por supuesto y por suerte, no se los acusó de nada. 

Y el gobierno de Francia apenas solicitó una disculpa por el insulto y condena a muerte de su Primera Dama. 

Cuando el gobierno de Irán condenó a muerte al escritor indo-inglés Salman Rushdie, condena que todavía pende sobre su cabeza, el gobierno inglés presentó inmediatamente su reclamo y el mundo entero se escandalizó y condenó a Irán. 

Pero Carla Bruni es tan sólo una mujer. 
También en Europa.
Aunque sea la Primera Dama.
Y después que me digan que el feminismo está trasnochado.

3 de septiembre de 2010.

Artistas del mundo con SAKINEH: Carla Bruni, Gérard Depardieu, Catherine Deneuve, Mia Farrow, Bob Geldof











Súmate a la campaña por la liberación de Sakineh firmando en el link de abajo. Gracias!
La Régle de Jeu


"Sakineh Mohammadi Ashtiani  está esperando en la prisión de Tabriz, en el oeste de Irán, donde languidece desde hace  cinco años, la respuesta a una solicitud de reconsideración de su caso - programada originalmente para el 15 de agosto.

Su "crimen" (que, recordemos,  ella confesó bajo tortura, es haber tenido según sus acusadores  dos relaciones amorosas fuera del matrimonio) ya había sido castigado con 99 latigazos administrados en presencia uno de sus dos hijos.

Pero ahora una nueva  y tenebrosa acusación pende sobre ella, hace unos meses la sentenciaron a muerte, pero no cualquier pena de muerte, ¡una muerte por lapidación!

La opinión pública internacional, impresionada  por el horror de esta amenaza a Sakineh, esperó la revisión de este bárbaro veredicto cuando, el 11 de agosto pasado en  la noche, se produjo en la televisión iraní un show mediático que ya está comenzando a ser habitual en ese país: en una transmisión en horario estelar, mostraron a la joven y sus  supuestas “confesiones”; la víctima,  cubierta por un chador negro que sólo le dejaba ver su nariz y un ojo, con una hoja de papel entre las manos,  y hablando como si estuviera recitando una lección mal aprendida, mientras  una voz en off en persa cubría su propia voz hablando en su idioma nativo, el azerí, confesó su presunta “complicidad” en el asesinato de su marido.

Su actual abogado, Hutan Kian, dijo que la confesión era nuevamente producto de la tortura a la que había sido sometida y que el terrible espectáculo televisivo  había dejado  "completamente traumatizados" a los hijos de Sakineh.

Por otro lado no se puede saber la verdadera identidad de la mujer oculta bajo el chador que apareció esa noche en la televisión, no sólo porque no se le vio la cara ni se escuchó  su verdadera voz, sino también  porque lo que ella dijo es absolutamente contrario a lo que había  declarado a The Guardian la semana pasada: que en 2006 las autoridades iraníes ya habían desestimado ese cargo y que ahora las autoridades y  la “justicia” iraníes querían condenarla  recurriendo a mentiras, para sembrar confusión y preparar a la opinión pública y los medios para que aceptaran su lapidación, únicamente  “porque ella es una mujer”  y vive "en un país donde a las mujeres se les niegan los derechos más elementales.”


Qué Sakineh está privada de sus derechos básicos, es evidente ya que ni siquiera tuvo el derecho de escuchar el veredicto en su propio idioma  ("cuando el juez pronunció la frase ", dijo a The Guardian, “yo ni siquiera sabía que iba a ser lapidada hasta la muerte porque no sabía lo que significaba esa palabra, rajam"; se me pidió que firmara la sentencia, lo que hice, y cuando volví a la cárcel y mis compañeras me dijeron que iba a ser lapidada, inmediatamente me desmayé ").  Esto es confirmado por su desventurado   ex abogado, Mohammad Mostafaei, el mismo que atrajo  la atención internacional a su caso y que fue amenazado por eso con la cárcel (se salvó viajando a Turquía, donde espera la visa para Noruega – pero no así su esposa,  Fereshteh Halimi,  que fue secuestrada y encarcelada). Sin querer entrar en detalles más escabrosos, en Irán la familia tiene el “derecho” de pedir la lapidación de una mujer integrante de la misma, pero no es este el caso de Sakineh ni de su familia, por supuesto.

Pero más allá de estas consideraciones en las que no tenemos ni la inclinación ni  ahora realmente el tiempo para debatir es urgente intervenir para evitar un asesinato que las personas preocupadas por la situación  de Sikaneh tememos ocurra en cualquier momento.
También hay una necesidad urgente de responder a la llamada de los hijos de  Sakineh, Fasride y  Sajjad Mohammadi Ashtian, implorando que no dejemos que asesinen a su madre  y que no permitamos  que su "pesadilla  se haga realidad."

Es urgente exigir a las autoridades iraníes que renuncien a cualquier forma de ejecución de Sakineh, que la liberen sin demora y que se la declare inocente.

Miles de mujeres, cada año, son condenadas en Irán  a la flagelación, la lapidación y otros tratos crueles y degradantes: es urgente, incluso más allá del caso de  Sakineh,  que la ONU le exiga al  régimen de los mulás las promesas realizadas  en 2002 y 2008, por la abolición de dicha pena.
La vida de una mujer está en juego.
La libertad y la dignidad de miles de personas también.
Y finalmente está el honor de un gran país con una cultura memorable y magnífica, y que puede desintegrase ante los ojos del mundo, ante la cara ensangrentada, los ojos reducidos a pulpa, de una mujer lapidada hasta la muerte.
Pobre Sakineh. "


Primeros firmantes:
Elisabeth Badinter, Juliette Binoche, Rachida Dati, Sussan Deyhim, Mia Farrow, Bob Geldof, Ayaan Hirsi Ali, Milan Kundera, Bernard-Henri Lévy, Patrick Modiano, Taslima Nasrin, Yann Richard, Ségolène Royal, Marjane Satrapi, Jorge Semprun, Wole Soyinka, Simone Veil, Jody Williams.

Primeras personas en apoyar la solicitada:
Carla Bruni-Sarkozy , Catherine Deuneuve, Isabelle Adjani,  Gérard Depardieu, Isabelle Huppert,  Victoria Abril,  Jacques Chirac, Monica Bellucci,  Placido Domingo, Jeanne Moreau, Valéry Giscard d’Estaing, Costa Gavras, Marianne Faithfull,  Peter Brook , Jane Birkin , Rossy De Palma, Jeremy Irons, Carmen Moravia, Sylviane Agacinski, Juliette Gréco, Charlotte Rampling, Françoise Hardy, Frédéric Mitterrand, Claude Lelouch, Josiane Balasko , Nana Mouskouri,  Woody Allen,  Armand Amard, Maria De Medeiros , Armin Arefi, Martine Aubry, Fernando Arrabal, Ariane Ascaride, Yvan Attal, Edouard Baer, ,Sylvie Vartan,  Christophe Barratier, Marie-Christine Barrault, Kate Barry, Guy Bedos, ,Samuel Benchetrit, Yamina Benguigui,Pierre Bergé, Charles Berling, Stéphane Bern,Yann-Arthus Bertrand, , Marie-Louise Bischofberger, Biyouna, Dominique Blanc, Bertrand Blier, Luc Bondy, Romane Bohringer, Carole Bouquet,  Valéria Bruni-Tedeschi, Sophie Calle, Philippe Calvario, Jean-Claude Carrière, Robert Carsen, Arlette Chabot, Alain Chamfort, Cali,  Patrice Chereau, François Chereque, Jeanne Cherhal,  Julien Clerc, Hans-Peter Cloos, François Cluzet, Nicole Croisille, Olivier Corpet, Marion Cotillard, Antoine De Caunes,  Vincent Delerme, Martial Di Fonzo Bo, Laurent Dispot, Claire Diterzi, Lou Doillon, Arielle Dombasle, , Léa Drucker, André Dussolier, Brigitte Engerer, Enzo Enzo, Golshifteh Farahani, Mylène Farmer, Thomes Fersen, Jean-Louis Foulquier, Sami Frey, Charlotte Gainsbourg, Nicole Garcia, Christophe Gayral,  Grand Corps Malade,  Arthur H, Jacques Henric, Anne Hidalgo, Lucas Hemleb, Jacques Higelin, , Angélique Ionatos, Marianne James, Agnès Jaoui, Elfriede Jelinek, Lionel Jospin, Gérard Jugnot, Marthe Keller, Ludovic Lagarde, Valérie Lang, Matthias Langhoff, Chantal Lauby, Bernard Lavilliers, Roch Leibovici, Micha Lescaut, Michael Levinas, Justine Lévy, Didier Long, Ibrahim Maalouf, Amin Mahdavi, Abd Al Malik, Noël Mamère, François Marthouret, Kad Merad, Macha Méril, Daniel Mesguich, Julia Migenes, Radu Mihaileanu, Patrick Mille, Catherine Millet, Claude Miller, Misia, Yann Moix, Mathilde Monnier, Wadji Mouawad, Anna Mouglalis, , Isabelle Nanty, Catherine Nay, Florence Parisot, Laurent Pelly, Nicole Philibert, Michel Piccoli, François Pinault, Denis Podalydès, Patrick Poivre d’Arvor, Michel Portal, Robin Renucci, Natacha Regnier, Dominique Reymond, Jean-Michel Ribes, Laurent Ruquier, Emmanuelle Seigner, Sanseverino, Véronique Sanson, Dominique Sopo, Alain Souchon, Marie Vialle, Lars Von  Triers, Elie Wiesel, Lambert Wilson, Gabriel Yared, Roschdy Zem


Texto tomado del blog francés La Règle de Jeu

FIRMA  POR UNA VIDA :  La Règle de Jeu




Nepal "Colores al Cielo", exposición fotográfica de Beatrice Valenti, Nepal 2008

©Beatrice Valenti

“¿Por qué?”
“Gente del Himalaya, Nepal,
donde sus espíritus vagan en la inmensidad
y detengo ese instante preguntándonos
¿por qué?”
Beatrice Valenti



© Beatrice Valenti
Nepal   2008  


 © Beatrice Valenti
Nepal   2008  



 © Beatrice Valenti
Nepal   2008  



© Beatrice Valenti
Nepal   2008  



 © Beatrice Valenti
Nepal   2008  



© Beatrice Valenti
Nepal   2008  



© Beatrice Valenti
Nepal   2008  



© Beatrice Valenti
Nepal   2008  



© Beatrice Valenti
Nepal   2008  



© Beatrice Valenti
Nepal   2008 


Beatrice Valenti y un nepalí, Nepal 2008
©Alberto Camardiel


Calendarios y videos,  Los Roques, Venezuela














Beatrice Valenti, fotógrafa venezolana radicada en Caracas, ganó en 2004  un premio National Geographic “Luces de América”, con una  fotografía en blanco y negro sacada en Nepal titulada “¿Por qué?”.

A raíz del premio, el prestigioso diario venezolano El Universal  la entrevistó y realizó  un interesantísimo Fotoreportaje virtual:   Nepal Morada de los Dioses (http://www.eluniversal.com/2004/07/02/cul_frep_02A481507.shtml).

Desde entonces Beatrice participó y ganó premios en otros concursos; mostró sus fotos en exposiciones colectivas; realizó tres calendarios no turísticos del archipiélago venezolano Los Roques y dos videos fotográficos como legado a “las niñas y los niños del pueblo, para que no pierdan su pasado”.

Mientras prepara el calendario Los Roques  2011 al mismo tiempo organiza su primera exposición individual en Augusta, Sicilia, Italia,  ““el pueblo de mi mamá, porque quiero transmitir, primero, cómo Venezuela acogió a los inmigrantes en aquella época y luego, mostrarles a los italianos cómo es la vida del mar del otro lado del océano, en otro pueblo de mar como Los Roques”. Esta exposición, programada para el próximo año, tiene pasaje de ida y vuelta: primero se mostrará en Augusta y luego en Los Roques y luego... el mundo la espera.

Desde que ganó el prestigioso premio Beatrice sigue escalando las montañas de Nepal, actividad que realiza desde mediados de los años ´90 y sigue sacando fotos, actividad que realiza desde niña, exactamente desde el día en que le regalaron un cámara fotográfica y supo, sin saberlo, que ya no necesitaba palabras para expresarse: las imágenes hablan por ella.

© viviana marcela iriart
agosto 2010




Para mayor información sobre Beatrice Valenti,  leer: http://escritorasunidas.blogspot.com/2009/04/beatrice-valenti-damiata.html



Murió Hugo Guerrero Marthineitz, el peruano que marcó la radio argentina, por Adriana Schettini / Clarín 22 de agosto de 2010

Tuvo tres hijos, fama y mucho dinero. Falleció pobre, en el Hospital de Clínicas.

Irreverente, el “Negro” Marthineitz, con su sonrisa de siempre.


Vaya paradoja: lo llamaban “El peruano parlanchín”, pero él supo construir su prestigiosa carrera radiofónica con los ladrillos del silencio. En un medio donde la ausencia momentánea de sonido tiene tan mala prensa que hasta la denominan “bache”, Hugo Guerrero Marthineitz era capaz de quedarse callado un segundo, dos, tres, cuatro... los que juzgara necesarios para tensar la cuerda del suspenso hasta lograr que la atención ajena se le entregara, cargada de deseo, ávida de escuchar la palabra siguiente. Irreverente, dueño de una voz grave manejada a su antojo y un sarcasmo afilado.
Ayer, la voz de el “Negro” se convirtió en recuerdo: Hugo Guerrero Marthineitz murió, a las ocho de la mañana, en el Hospital de Clínicas de la ciudad de Buenos Aires, de un paro cardiorrespiratorio. Tenía 86 años, y las ganas de reír se le habían consumido bastante antes en la hoguera de las penurias cotidianas. De las cuantiosas sumas de dinero que alguna vez le deparó su oficio de locutor estrella no había quedado nada.
Nacido en Lima, comenzó a trabajar en Perú y, luego, pasó a Chile y Uruguay, pero el gran reconocimiento lo consiguió en la Argentina, donde dejó su huella con ciclos como El club de los discómanos , Splendid Show , El show del minuto y el ciclo televisivo A solas en el que hacía entrevistas en un tono intimista. En 1987, fue distinguido con el Premio Konex de Platino Radial; en 2007, con el Premio Eter a la trayectoria. En 1976, publicó su primer libro De hastío, los gatos y los días , y veinte años más tarde, Pasto de sueños .
Tuvo muchas parejas y siempre fueron mujeres a las que les llevaba muchos años y les compraba ropa en la Quinta Avenida, en Nueva York. De tres matrimonios distintos, nacieron sus hijos: Diego, María Gabriela y Hugo.

Su vida no fue un río tranquilo: junto con el carnet de locutor había sacado el de rebelde. Decidido a avanzar a contra marcha, fundó una nueva forma de hacer radio. Podía pasarse dos horas entrevistando a Jorge Luis Borges o concederse la licencia de sacar al aire oyentes antes de que el recurso se le hubiera ocurrido a otro.
Pero al peruano irreverente, temerario, orgulloso de la sólida formación que adquirió como autodidacta, y de a ratos insolente, no le alcanzaba con transgredir. Tenía debilidad por decir lo que pensaba. Y puesto a ejercer su profesión de esa manera, muy poco le importaba que sus exitosos ciclos sufrieran la censura de los gobiernos de turno o fueran levantados por las autoridades de las distintas emisoras. El se reía e ironizaba: decía que en épocas sucesivas lo habían acusado de ser de izquierda, de la CIA, amigo de los militares, de los jesuitas o de los masones.
Y así fue, de ciclo en ciclo, hasta que, un día, la estrella de su suerte se empezó a eclipsar, paulatina e inexorablemente. Acorralado por el desempleo, el prócer de la radio habitaba un monoambiente, y un día tuvo que rematar sus tesoros tecnológicos para pagarse el pan: consola de sonido, minidisc, micrófonos. Después, ya no alcanzó y allá por 2007, a los 83 años, se ofreció para dar charlas a domicilio por lo que quisieran pagarle. Entonces, le contó a Clarín lo que disfrutó cuando un anfitrión le dio 500 pesos: “Hacía un año que no veía tanta plata junta”, se sinceró. Más tarde, no hubo forma de pagar el alquiler, y lo desalojaron. Durmió donde podía, hasta que el mes pasado se lo encontró malnutrido e internado en un hospital neuropsiquiátrico: triste, solitario y final. Pero, nunca es el desenlace el punto que define la existencia de un hombre. Tampoco la de Hugo Guerrero Marthineitz, el peruano que anduvo de romance con la vida, a su manera.

© Adriana Schettini

Clarín, domingo 22 de agosto de 2010, Buenos Aires,  Argentina.


Elomire, Hipocondríaco, artículo de Carlos Giménez, Revista Primera Fila, 1984, Caracas





Camino del Teatro Palais Royal a su casa, Moliere, asume “la triste hora de la vida”.

Viernes 17, febrero de 1673. Ha sido interminable la ultima presentación del “Enfermo Imaginario” y su Argan no entiende porqué es tan desoladora y fúnebre esta noche de París. Levanta con esfuerzo su mano para correr el visillo del carruaje y verlos allí, reunidos como espectros en las sombras de la calle Richelieu: Lulli, el florentino; la Señorita Du Parc; los actores del Hotel de Borgoña; los curas Lenfant y Nechaut –preparados para negarles la confesión- y el mismo Rey Sol preguntando en secreto al oído de Boileau ¿quién es el más grande Francia?

Es el rito del horror. ¿Por qué tanto odio,  pregunta  Jean Baptiste Poquelín?  Y las voces amigas son siempre las mismas: su amado Barón, Armanda y Magdalena Béjart (que ha muerto un año antes), su pequeña Esprit Magdalena, el Señor De la Grange.

Sus enemigos lo persiguen después de muerto: “no recibió la confesión”, “no puede ser enterrado en camposanto”; vuelve la moda del infame libelo que sin poder con su obra arremete contra su vida: ELOMIRE, HIPOCONDRÍACO. Son muchos y podía ser uno sólo: Lulli, viviendo de la caridad de Moliere, y luego –obtenido el favor del Rey- quitándole los músicos; la traición de la Señorita Du Parc que, estimulada por Racine, deja el Teatro de Moliere para irse con los más poderosos del Hotel de Borgoña. Es toda la hipocresía del “Hombre de los Bigotitos” que 250 años después, descubrirá César Vallejo en París, acurrucado tras las bambalinas, esperando en la puerta de los camerinos para sembrar el veneno de la insidia.

Es el atardecer de febrero de 1673. No, ya es de noche. Jean Baptiste quiere ir al cuarto del Barón porque tiene frío; le ofrecen sopa y pide queso de parma. Están junto a él los de siempre, sus amores de siempre. El sabe que su ALCESTE querido resurgirá en su Palais Royal, y también que los débiles preparan sus maletas para mudarse al Hotel de Borgoña. Ya no puede competir con LULLI que goza de todo el favor del Rey Estado; Jean Baptiste Poquelin se ha quedado solo con nosotros y con la historia. Ya olvidará las conjuras secretas organizadas por Lulli, con la complacencia de Racine y la humillación que provoca el odio del poderoso. Lulli ha conseguido darle económicamente un golpe mortal a MOLIERE. Los decretos reales conceden al florentino una fuerza incompatible.

Y los recuerdos vuelven como escenas que no terminan de encontrar su punto exacto: la prohibición de “Tartufo” por el Señor de Lampginon; los 26 años de amistad y dolor con el gran actor de La Grange (titular del libro registro de la Compañía); los amores de Magdalena y Armanda Béjart; la pasión y el odio; el fracaso y el éxito y toda la traición de la que es capaz esa droga oscura del teatro.
El 21 de febrero mediante de la autorización del Arzobispo de París puede entrar en un camposanto “sin pompa alguna, fuera de las horas diurnas y sólo con dos sacerdotes”. Entra por las sombras a la sombra de la carne.

Ya vendrán los libelos y los epitafios. Nosotros recogemos el del padre jesuita Bouhours:

“Moliere nada a tu gloria faltaría,
si entre los defectos que también descubriste,
hubieras incluido tan negra ingratitud”.



© Carlos Giménez
Caracas, diciembre 1984.
Revista Primera Fila