Reverón en el mar Caribe, foto del documental de Margot Benacerraf "Reveron". Somos una hemeroteca de textos y otras cosas hermosas, de ayer y de hoy y de mañana también.

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¿Por qué Carlos Giménez? por Myriam Pareja, Caracas 1998

 Carlos Giménez y Paco Rabal.



Carlos Gimènez, importante hombre de teatro, fundador del Grupo Rajatabla, del Festival Internacional de Teatro, Taller Nacional de Teatro (TNT), Teatro Nacional Juvenil de Venezuela (TNJV), Centro de directores para el Nuevo Teatro (CDNT), ASITEJ (Asociación Internacional de Teatro para la Juventud) y el IUDET (Instituto Universitario de Teatro) y de Rajatabla Danza, y los que se quedaron en el papel esperando ser aprobados. Tiene en su haber más de 60 montajes en el país como en el extranjero.

Desarrolló una de las actividades más sobresalientes del teatro latinoamericano. Entre sus trabajos de mayor proyección internacional están, "Señor Presidente", versión teatral de la novela de Miguel Angel Asturias, "Bolívar" y "La muerte de García Lorca" de José Antonio Rial y "El Coronel no tiene quien le escriba" adaptación teatral de la novela de Gabriel García Màrquez, Premio Nobel de Literatura. Montó obras de Shakespeare, Calderón de la Barca, Lope de Vega, Valle-Inclàn, García Lorca, Beckett, Durrenmatt, Brecht, Tolstoi, Chejov, entre otras.

El teatro de Carlos Gimènez ha sido siempre un teatro polémico. Por todo lo expresado anteriormente, y por la siguiente afirmación hecha por el periodista venezolano Edgar Moreno Uribe, en el libro CARLOS GIMENEZ, TIEMPO Y ESPACIO, que "se quiera o nò, la historia del Teatro en Venezuela se divide en antes y después de Carlos Gimènez", me apasiona estudiar un poco la obra de este hombre de teatro y de esta forma poder esclarecer cuales son sus aportes a nuestra cultura en general.

Comúnmente se ha oído hablar de un estilo y de una estética gimeniana. En este trabajo pretendo vislumbrar una investigación, como ha sido el teatro de Carlos Gimènez, como ha sido su dirección teatral.

Al respecto, Javier Vidal, Profesor de la Escuela de Comunicación social de la Universidad Católica Andrés Bello y director de Teatro, afirma que "en 20 años muchas fueron las obras que montó sobre la escena. El rango internacional que acaparó Gimènez lo estrelló hacia una estética muy particular y difícil de confundir" (18-4-93). El Universal, Cuerpo 4, p. 2.

Además, daré a conocer el trabajo y por lo tanto algunos de los aportes que Carlos Gimènez dio al teatro venezolano a lo largo de veinte años de trayectoria.

No pretendo hacer un análisis de las obras dirigidas por Carlos Gimènez, ni definir la especificidad de su teatro, ya que no me siento capacitada en el área de la critica teatral, entendiendo esa área como el conocimiento de la historia del teatro, sus movimientos, sus tendencias, sus autores, el teatro contemporáneo mundial y la semiología, entre otras cosas; o como dijo Carlos Gimènez: "La crítica es como la cátedra en donde debe discutirse el camino del teatro en su más alto nivel. Fija precedentes en lo estético, en lo artístico, en lo social y en lo político. Es la crónica que hará la historia de nuestro trabajo, por eso le exijo rigor."

El motivo por el cual seleccioné el tema "¿Por qué Carlos Giménez?", visto de una manera general, responde a la gran admiración y respeto que me inspira el talento creador y la capacidad de trabajo de este insigne maestro. Participé en el Primer Taller de Formación Teatral del Grupo Rajatabla, antes de que se convirtiera en Taller Nacional de Teatro, en el año 1977 y fue el propio Carlos el que me inscribió, ya que el encargado de hacerlo que era Francisco Alfaro, se encontraba de gira por el interior, con el Grupo Rajatabla.. Fui la primera secretaria de Gimènez, y aquí empecé a conocer y a admirar a este incansable trabajador teatral. Luego participé en la obra "Señor Presidente", y en algunas otras que hizo para la Televisión, y por motivos personales que no vienen al caso, me retire, pero nunca me desligue del Grupo. La recopilación de este trabajo lo vengo haciendo desde hace años, a través de documentos, de sus escritos, programas de mano, entrevistas, críticas, videos y demás datos recopilados, los cuales no tendré la oportunidad de expresar en su totalidad ya que se extendería a más de las páginas requeridas para este trabajo.

En su oportunidad, hice especial énfasis en las entrevistas realizadas de figuras relevantes en el área de teatro, principalmente en críticos de este arte, como Rubén Monasterios, Edgar Moreno Uribe, quienes son para el momento los especialistas más autorizados para generar una reflexión de lo que fue el teatro de Carlos Gimènez, y en personas involucradas en el quehacer teatral y en la cultura en general como el dramaturgo Isaac Chocrón, la periodista Miriam Fletcher, y los directores de teatro Javier Vidal y Virginia Aponte y a los actores, Francis Rueda, Natalia Martínez, Francisco Alfaro y Daniel López.





EL ARTE DE LA CREACION

"…Lo que me interesa como director y como hombre de teatro es poder llevar 
los grandes textos con un preciso criterio de la contemporaneidad, 
basado en una lectura múltiple y que, justamente en esa universalidad de la lectura,
el público se conmueva, se emocione, se altere… 
cuando haya que reír; irrumpa en llanto cuando los personajes lloran."
Carlos Giménez.

 "Señor Presidente"

Desde la creación del mundo y a lo largo de toda la historia, el hombre ha buscado la manera de expresar sus emociones, deseos, necesidades y transmitirlas a otros, y para esto necesitaba un medio. A nuestro parecer, el teatro es el medio a través del cual muchos creadores han manifestado los sentimientos de la humanidad. Es la forma vivida de contar y hacer sentir algo por medio de una representación, es crear una realidad dentro de otra realidad.

"Pretender dejar al teatro en el ejercicio verbal es negarle toda su capacidad 
de integración, de recuperación e interpretación de los actos de la vida, 
que se nutren palabra y gesto, de luz, de color de olor, de acciones en silencio, 
de gritos y pausas. De inmensa quietud o revoluciones insondables. 
El teatro se parecería más a un relato oral, o en el caso de los ejercitantes de la lectura 
al disfrute del drama como género literario". 
Carlos Giménez. 1991. Ensayo sobre teatro


Esta afirmación hecha por Carlos Giménez, guarda relación con la del crítico teatral Rubèn Monasterios, quien piensa que el teatro, en toda su historia, ha tenido que ver con el show, con el asombro, con el truco. Giménez creía y admiraba este teatro, donde de repente, por intermedio de artificios teatrales, el público podía ver y disfrutar algo que estaba sugerido en la escena.

Según el dramaturgo Isaac Chocrón, "a Carlos le interesaba muchísimo el espectáculo, esto no quiere decir que el omitía el texto, sino que lo enriquecía con imágenes. Aquellos que prefieren el teatro espectáculo, lo hacen porque les gusta presentar más que texto, imágenes que comuniquen tanto como las palabras puedan comunicar". (1993. Entrevista).
Para Monasterios, el teatro de Carlos Giménez se basa en dos ideas: espectacularidad combinada con profundidad en determinados conceptos claves.

A Gimènez "siempre se le criticó que tenía un teatro basado en la espectacularidad, lo aparatoso, el espectáculo espectacular, valga la redundancia, donde había un deliberado propósito de realizador de originar una suerte de fascinación en el espectador". (1993. Entrevista).

Consideramos que esta fascinación y este asombro tiene por finalidad involucrar al público en la realidad creada en escena, en esa que viven los personajes de la obra. Al respecto. Carlos Giménez sostiene que "la base de una dirección teatral está signada por algunas pautas que he intentado desarrollar, casi siempre contra una corriente que califica mi trabajo como efectista, espectacular, reñido con el trabajo interno de los actores a los que transformo en marionetas, según ellos, de mis objetivos puestistas. Creo que es imposible hablar de crear el cuerpo teatral sin haberle creado el alma. Ese alma necesita un paisaje, una geografía, unos límites que desaparecen en la medida que la obra crece por la voluntad de los artistas. Por ello busco, en primer lugar, las contradicciones, las líneas enfrentadas que surgen del teatro y las traslado al seno del elenco. Para que éstas contradicciones produzcan un efecto provocador, incisivo, que abra heridas y construya cicatrices, es imprescindible un elenco sensible, un actor que se aleje del oficio para alcanzar la interpretación, el temblor auténtico de la creación. Ello es inventar un alma más que un cuerpo. Lo que llamo paisaje es en el orden práctico la escenografía o el dispositivo como se prefiera llamarlo". 1991. (Ensayo sobre la dirección teatral, pág. 6).

El teatro no se puede quedar sólo con el texto, descartando el resto de los recursos. Gimènez creaba una atmósfera teatral utilizando todo lo que tenía a su alcance para justificar y repotenciar el texto según su óptica y su forma de interpretarlo. "Descartar todo esto es disminuir al teatro, intelectualizarlo, y en consecuencia hacerlo distante de un público tendencialmente más masivo". ( Rubèn Monasterio. 1991. Entrevista).

Esta reflexión se apoya en la afirmación realizada por Jaques Copeau la cual dice que la estructura física del teatro puede mejorar el concepto intelectual de la obra, o en su defecto destruirlo. De esta forma, una obra que por si sola no es atractiva, con la creatividad del director teatral puede convertirse en una excelente pieza, o de manera inversa.

Carlos Giménez mantuvo un inteligente equilibrio entre la propuesta intelectual para una élite pensante y la propuesta espectacular que cautivaba a un público multitudinario, lo que caracterizo el clima teatral de sus montajes. "Su teatro atrapaba amplìsimos sectores, entre ellos el juvenil, que se deslumbraba ante aquello pero que también recibían un planteamiento conceptual en medio de aquel despliegue escénico". (Rubèn Monasterio 1991, Entrevista).



 "Tu país está feliz", Ateneo de Caracas 1971


El espectador era sumamente importante al momento de crear su puesta. Le preocupaba llegar tanto a su mente como a sus sentidos. La presencia del público para Gimènez era "energía modificadora. Acción viva que se proyecta sobre el trabajo del actor y el mundo creado por el director".

Es por esto que se puede entender, cómo un montaje se ganaba la atención de un público campesino como de uno cosmopolita, de pronto gustaba tanto en Venezuela como en Argentina, en Australia, en Italia o en la ex-Uniòn Soviética. El clima de sus montajes generaba un especial fervor en el público.

Como ejemplo tangible está el artículo publicado por José Antonio Rial en El Nacional, en el cual refiriéndose a la visita de "Bolívar" a la ex-Uniòn Soviética, expresa: "Carlos había aproximado mi Bolívar al sentir de aquella gente… Esta aproximación de la obra al público de cualquier raza, país o idioma, era instinto infalible de Gimènez. Gracias a esa virtud, a ese adivinar el estado de espíritu de gente cuya habla ignoraba, pero no su angustia colectiva, logró que Carlos obtuviera que nuestro teatro venezolano fuese invitado a Florencia, a Nueva York a Berlín…a España." (El Instinto de lo teatral". El Nacional. Cuerpo A. pàg. 5).

La magia de Carlos Gimènez consistió en universalizar sus montajes, hacerlos comprensibles para todo el mundo, que el público lo sintiera y se identificara con ellos, Ese era su objetivo y no le importaba lo que dijeran o pensaran los dramaturgos al respecto. Tal aseveración se puede ilustrar en el artículo antes mencionado donde Rial comentó que "Gimènez tenia su creación montada sobre la creación del autor -mejor si estaba muerto y no podía intervenir- y él sabía equivocarse o desbordarse a su placer, pero el público enloquecía". Al principio Rial no estaba de acuerdo con el montaje de "Bolívar", pues no era su Bolívar. Pero al ver el éxito de la pieza, entendió la intención y la creación de Giménez.
Esa característica de Giménez, que para muchos es no respetar el texto, es el resultado de múltiples lecturas las cuales llevan intrínsecas: imaginación, creatividad y teatralidad. "Sostengo que la gloria mayor de una obra está en sus infinitas lecturas. Ellas la mantienen en el tiempo, la hacen provocadora, incitan la imaginación y amplían el horizonte de los personajes que por ella existen. Creo en la teatralidad, y la defino como el don de inventar la poesía de la escena". (Carlos Gimènez. Ensayo sobre la dirección teatral, pàg. 5).
 
Un ejemplo claro de lo que es una lectura múltiple lo constituyen los dos montajes de "La Tempestad" de William Shakespeare que fueron dos propuestas diferentes. El primero en 1987 con la Compañía Nacional de Teatro, y el segundo con Rajatabla en 1991, presentado en el New York Shakespeare Festival.







La primera oportunidad permitió que "un director, torpemente calificado de frívolo y de ser únicamente un puestista, haya dado una lección de cómo se debe llevar a la escena un clásico, sin destruir la esencia de la pieza y acentuando aquellos aspectos por los cuales, precisamente, una obra puede tener vigencia a pesar del paso de los años". Giménez llevó a las tablas un clásico con un enfoque moderno.( Moreno Uribe. (13-3-87). "La Tempestad tiene un mensaje político". El Diario de Caracas, p. 30).

En la segunda propuesta, por ser estrenada en el mencionado festival, la intención del director fue mostrar cómo un latinoamericano podía ver a Shakespeare. El montaje hacía referencia a un paisaje tropical, insinuando un lugar latinoamericano. Esto se puede observar en la escenografía donde el laboratorio de Próspero era una cabeza tolteca enterrada en la arena, y en los guayucos de los personajes.

Rubèn Monasterios señala que en la mayoría de sus obras "Giménez plantea la acción escénica en un espacio tendencialmente abstracto, en el sentido de no encontrarse en ella un señalamiento exacto de país ni de época, pero numerosos datos en sus puestas teatrales hablan de Latinoamérica". ( La estética del poder, Periódico del teatro. pàg. 8).

Giménez pretendía crear un paisaje teatral y que el público lo aceptara y disfrutara porque era poesía dentro del teatro. El no aceptaba que el actor se moviera en un espacio no creado, que el espectador tuviera que imaginarselo sólo porque el personaje lo dice:      "Debo aceptar que el mismo espacio, con la misma luz, la misma textura visual, es primero palacio, luego campo de batalla, costa de mar? Debo aceptar ésto sin ninguna transformación visual?…" (Carlos Gimènez, s/f Ensayo sobre la misión del director teatral). Gimènez consideraba que de esta forma la acción se convertía en una narración insípida carente de poesía.



LA ESTETICA GIMENIANA


Su obra creó lo que comúnmente se denomina "Estética Gimeniana". Entendemos por estética el concepto esencial que se maneja en función de una creación (antiguamente de la belleza), mientras que el estilo es el filtramiento personal de aquellos conceptos, es decir, detalles particulares que cada creador le imprime a esa estética. Por lo tanto, de una misma estética surgen muchos estilos que son variantes particulares de esa estética.

Quién mejor para hablarnos de una Estética Gimeniana que el propio Giménez, que consideraba "que el principio básico es que el teatro debe intentar interpretar y poetizar la vida, no copiarla. Poetizar la vida desde el escenario quiere decir extractar los temas que son importantes para el hombre y hacerlos ver desde una perspectiva del arte… Nosotros intentamos interpretar la vida y sobre todo trabajar con ciertos signos que determinan la permanente traslación de la geografía teatral sobre el escenario… Sentimos también una necesidad imperiosa de relacionar, de manera cruel si se quiere, el tiempo y el espacio, porque el espacio es para nosotros una geografía definida: el país, la familia, la ciudad que habitamos. En cambio, el tiempo es una mentira, una ficción; este momento que vivimos ya pasó, nosotros somos el pasado de los que van a nacer mañana…" (Carlos Gimènez. 19-5-1991. Diario La Prensa. Bogotá Colombia).

La geografía teatral es lo que ve el espectador, es el espacio en el escenario. Dentro de este ámbito, Gimènez creaba una atmósfera escénica que involucraba al público. El negaba la existencia de un paisaje teatral estático. Consideraba que el espectador para convencerse del paso del tiempo o cambio de lugar, debía percibirlo.

La escenografía es el marco documental de la obra. Su finalidad primordial es la de situar la acción y crear el ambiente en que la misma se desarrolla, sitúa al espectador en tiempo y espacio. "La mayor preocupación de Carlos dentro de su trabajo era resolver este problema. Lo primero que él se preguntaba era dónde sucede la acción, en que espacio y tiempo". (Daniel López, 1993 . Entrevista). Por lo tanto, trabajaba para que la escenografía y el dispositivo escénico lo ayudaran en ese objetivo. Estos dos parámetros, tiempo y espacio, juegan un papel importante en lo teatral, por lo tanto todos los códigos deben manejarse dentro de ellos.

Cada creador inventa su lenguaje, crea unos términos, los combina y los genera de una manera muy particular. Esto forma su código.

Carlos Gimènez inventó términos y los combinó de manera particular, le dio significados diferentes. Es una simbología que tiene un sentido, no es mera espectacularidad sino que simboliza algo en la pieza, y en cada pieza será diferente. Como ejemplo podemos mencionar el fuego de "La Celestina", y el fuego en "La vida es sueño", que es el mismo recurso utilizado para expresar diferentes sensaciones; la campanita en "Señor Presidente", la maqueta en "La honesta persona de Sechuan"; la música en "Bolívar"; la luz en "La muerte de García Lorca"; la arena en "La Celestina"; el agua en "El Coronel no tiene quien le escriba"…


 
 Pepe Tejera en "El Coronel no tiene
quien le escriba"


En el caso de "El Coronel…" el elemento del agua es de vital importancia, es como el aire, como la tierra. Gimènez hubiese querido hacerlo más persistente, "que llegara un momento en que la gente no soportara la presencia del agua, porque creo que es un elemento obsesivo, y que así como lo percibe el coronel debería percibirlo el espectador…" (Carlos Gimènez . 2-12-1990, Rajatabla es una familia mafiosa. Feriado. Magazine de El Nacional. Pàg. 12).

Una constante en el trabajo de Giménez es recurrir a los elementos de la naturaleza como elementos escénicos, así, la arena, el agua, la tierra, el fuego, constituyen una forma de crear poesía en el escenario con elementos vivos. En el montaje de "La vida es sueño" se prescindió de la luz de los reflectores del teatro para utilizar solamente la luz que produce el fuego. Estos elementos adquieren tanto valor dentro de la puesta que constituyen un personaje más de la obra. "es como si hubiera un diálogo entre los actores y los elementos que utilizan, los actores y la luz, los actores y la música. Inclusive entre la música y la luz y los elementos escenogràficos". (Carlos Gimènez. 19-5-1991. "Carlos Gimènez". Diario La Prensa Bogotá. Colombia).

En "Señor Presidente", la luz no era un simple elemento de iluminación, sino que buscaba a los personajes para intensificar un momento. Es lo mismo que la escenografía, la cual sirve para definir un espacio y es un elemento vivo, dinámico. La escenografía no es un decorado, es un ambiente, un color; participa en la obra y de la misma forma que la luz, es prácticamente un personaje más. Estas características son casi permanentes en los montajes de Carlos Giménez. Como la interpretación y el texto, la luz y la escenografía tienen que ser elementos integrados a la totalidad que es la puesta en escena.

Siguiendo con la importancia de la luz cabe señalar la opinión de uno de los representantes más importantes de la corriente simbolista en el teatro: Adolpho Appia, para quien la iluminación "es en si, un elemento cuyos efectos son ilimitados y una vez que se libera, llega a ser lo que la paleta es para el pintor. Todas las combinaciones de colores se vuelven posibles. Mediante reflectores simples o complejos, estacionarios o móviles, mediante obstrucciones parciales, o mediante diferentes grados de transparencia, etc., podremos lograr modulaciones infinitas… El actor ya no camina entrente de las luces…se sumerge en una atmósfera que está destinada para él". (Adolphe, Appia. Luz espacio y tiempo. pàg. 176).







Pero no es sólo el agua o la luz. Para Gimènez los símbolos tenían que ser claros; los actores los conocían y sabían por qué los utilizaban o por qué estaban allí. "Nada estaba porque sí, cada cosa tenía su significado. El hacía que el actor se relacionara con el objeto sabiendo lo que ese objeto significaba para el personaje. Tú no tenías un vaso en la mano porque era un vaso, tu tenías un vaso porque significaba algo, tu le estabas diciendo al mundo algo". (Natalia Martínez. 1993, actriz. Entrevista).

Otro personaje dentro de la puesta es la "música", la cual crea pautas, perceptivas que involucran al espectador en la acción que se desarrolla. Cada puesta exige un tipo de música particular. Así en "Fuenteovejuna" por ejemplo, "la columna musical era más ostentosa en comparación con otros montajes de Rajatabla hasta reducirse a lo esencial: el repiqueo de campanas y las vocalizaciones de uno de los personajes; mientras que en "La Tempestad" -presentada en Nueva York- se creò música de una exuberancia impresionante, ya que el montaje así lo requería." (Federico Ruiz. (2-3-1991)."Lo mío son las partitutras y los escenarios". Periódico del Teatro pàg. 2).

  
En "Bolívar, el elemento musical cobra mayor importancia. En esta obra la síntesis de música, texto, elementos plásticos, actuación y acción escénica forman un conjunto indivisible que le da fuerza y calidad al discurso, generando emoción, desesperación y agresividad.

La propuesta estética de Gimènez no está disociada en su propuesta ideológica. El consideraba que debía enfrentarse al texto abiertamente aportando elementos creativos a la obra del dramaturgo. "Este es el principio básico de la libertad creadora: si ésta no existe, el creador desaparece y le hace un flaco favor a su colega dramaturgo". (Carlos Gimènez. (5-11-1979). El teatro y la vida. El Universal Cuerpo 4, p. 1).

Giménez no escogió sus obras al azar. Siempre mantuvo una coherencia intelectual en su programación, lo que le permitió su desarrollo estético. Un rasgo resaltante en la carrera de este director es que junto a su grupo Rajatabla, trabajó temas que se desarrollaron dentro de la estructura de la trilogía.





Revisando la cronología de los montajes de Giménez, podemos mencionar la trilogía de Miguel Otero Silva que comienza en 1974 con "Fiebre", adaptada por Napoleón Bravo; "Casas muertas" en 1987 adaptada por Carlos Fraga. Este montaje introdujo nuevos elementos en el trabajo del director en cuanto a dispositivos escénicos se refiere. La escenografía subía y bajaba simulando una especie de zoom in y de zoom back utilizados en el cine. Eran aparentes planos cinematográficos. "Oficina número uno" de Larry Herrera, en 1992 completó esta trilogía, llamada por Carlos Gimènez "trilogía de la venezolanidad" que era una reflexión que hace el grupo sobre el país a través de la historia nacional de principios de siglo.

"La muerte de García Lorca", en 1979; "Bolívar" en 1982; y "Cipango" en 1989, las tres piezas pertenecientes a José Antonio Rial, conforman la trilogía sobre la soledad del hombre ante el poder.

El poder fue una suerte de fascinación persistente dentro de la creación de Carlos Gimènez. "Señor presidente" de Miguel Ángel Asturias, en 1977; "El candidato" de Larry Herrera en 1978 y "El héroe nacional" de Friedrich Dürrenmatt en 1980, forman la trilogía sobre el poder.

José Vicente Rangel y Rubén Monasterios coinciden en que "Carlos Giménez trató el poder político de tal forma, que nos lo hizo sentir como un fenómeno al mismo tiempo repulsivo y fascinante". (Las cinco patas del gato. Diario de Caracas. 31-3-93) El problema del poder, el poder político, el poder corrupto, ese poder lleno de maldad, está presente en todas las puestas de Giménez, aun en las que podían parecer más lejanas al problema político.

Según Rubén Monasterios, Carlos Giménez adoptó una Teoría del Poder Político de la cual se puede extraer la hipótesis de que el poder no es del todo gratificante para quien lo ejerce, ya que debe pagar una cuota de dolor. Cuando mayor es el poder mayor es el distanciamiento con las personas. Una segunda hipótesis dice que el poder envilece y que esto se extiende a todo el sistema de relaciones sociales. "En la obra de Gimènez la acción escénica discurre como un ritual del poder, liturgia misteriosa, plena de símbolos que ponen de manifiesto la dinámica de la dominación absolutista". (2-3-1991. La estética del poder. Periódico del teatro. pàg. 9).

Giménez muestra en sus montajes los mecanismos del poder. Estos contenidos conceptuales nunca se expresan verbalmente, muy por el contrario, lo hace a través de símbolos. Trata de penetrar en la conciencia del publico y a través de un lenguaje simbólico propio.

Espacio, tiempo y poder son constantes que forman la estética gimeniana, junto con los recursos escénicos mencionados anteriormente, la actuación, el lenguaje y el texto, entre otras cosas.

Como había mencionado, la estética es el concepto, mientras que el estilo es el filtramiento personal de aquellos conceptos, que organizados y coordinados por el director, le dan un sello personal al montaje, es algo así como la firma del director.

Isaac Chocròn afirma que "el estilo no se muestra en el primer montaje dirigido, sino que a lo largo de una serie de puestas el público y los interesados se van dando cuenta que esa persona tiene una manera particular de ver el mundo, y en la medida que esa persona haga más y más cosas su apellido se va convirtiendo en un adjetivo: Gimeniano" (1993. Entrevista).

Ejemplificamos la estética y el estilo gimeniano con un montaje realizado por Rajatabla pero dirigido por Raúl Brambilla "Las triste historia de la cándida Erèndira y su abuela desalmada". Las personas que asistimos al teatro pudimos apreciar la similitud en algunos aspectos de la puesta con los montajes de Giménez.. El público salió de la sala comentando que la obra pertenecía a la estética gimeniana. Podemos decir que el concepto utilizado para la creación de la puesta era el de Gimènez, pero había una diferencia, notable para algunos, y era el tratamiento que le dio el director, que es su estilo. De esta forma podemos llegar a la conclusión que "La cándida…" tenia una estética gimeniana con el estilo de Brambilla.

La estética gimeniana es una "estética que ha girado invariablemente (ascendentemente) en dos direcciones: como la lectura critica de lo polìtico-social latinoamericano y como percepción y expresión de lo puramente formal; es decir, una propuesta ideológica fuertemente imbricada a una forma de resolución escénica que logra combinar armoniosamente, a veces brillantemente, forma y contenido". (Ricardo Torrealba (1-4-1993. Carlos Giménez in memoriam. El Nacional Cuerpo C. pág. 14).

A pesar que los montajes de Carlos Giménez no se ceñían literalmente a la pieza del autor, mantenían un equilibrio entre la propuesta escénica y el texto. "Unir el concepto y la plástica. La idea y la forma en un equilibrio del cual y sobre el cual surge la obra de arte. Esta es para mí la tarea del director. Como afirma el estudioso Andrè Gervais: el director es esencialmente el lazo entre estos dos polos: la creación espiritual y su traducción escénica, si desaparece el uno, arrastra necesariamente la desapariciciòn del otro". (Carlos Gimènez. s/f. Ensayo sobre la misión del director teatral).

La misión del director teatral constituye una suma y coordinación, es el equilibrio entre la obra y la realización, donde se armoniza la palabra, el movimiento con las tonalidades, las atmósferas luminosas y sonoras, los fondos musicales etc.

El director es el interprete y el organizador del pensamiento del autor y la plástica del montaje. Debe traducir plásticamente en el escenario el concepto de la pieza para que llegue al publicó como una obra de arte.

"El Coronel no tiene quien le escriba" es considerada por muchos como la puesta "más redonda", término utilizado por Miriam Fletcher e Isaac Chocròn, de Carlos Gimènez.

Para Daniel López "El Coronel… es el espectáculo más logrado de Carlos, en todos los sentidos. La síntesis escénica que logra Carlos en esta pieza, con tan pocos elementos escenogràficos, contar una historia tan complicada y hacer sentir al público esas sensaciones… para mí es una obra maestra, magistral". (1993. Entrevista).

El montaje de Carlos Gimènez logra trasmitir el mensaje del hombre latinoamericano al punto de hacer llorar al público, aun en países que desconocen nuestro idioma.

En esta puesta, el compendio de recursos son la tierra, la lluvia, los gallos, el órgano, el piano, la armónica, los truenos, la procesión, los paraguas, la imagen de la muerte. "El personaje de la muerte es más que un sueño, es como las viejas fotografías de personas que murieron y siguen habitando en nuestras casas en el recuerdo, en el pensamiento, en los insomnios", definió el director. (Moreno Uribe. 1993, Carlos Gimènez, tiempo y espacio. Pàg. 102).

La versión realizada por Carlos Gimènez de "El Coronel no tiene quien le escriba" es una notable traslación desde la literatura de García Marques hasta el lenguaje dramático teatral. El mismo Gimènez consideraba que dicho cambio generaba limitaciones pero a la vez abría nuevas posibilidades.

Cuando el montaje de Carlos Gimènez se presentó en México, Gabriel García Márquez asistió a la función, y declaró en el diario Las Jornada de México: "No reconocí a los personajes, los conocí ahora. Yo imaginaba como eran, pero nunca los había visto. Ahora los vi de veras". (Pablo Espinoza. 24-8-89. "Complace a García Márquez la versión teatral de El Coronel…" La Jornada México. Cultura. Pàg. 20).


"Carlos dirigía el alma de los actores"


Frecuentemente Giménez era acusado de prestar poca atención a sus actores, al trabajo de ellos, al punto de considerarlo un "puestista", pero las entrevistas dijeron otra cosa. Las actrices Francis Rueda y Natalia Martínez coincidieron en que Carlos Giménez era un director preocupado por el trabajo del actor. Para la preparación del montaje de "Hamlet", que no llegó a efectuarse, los actores realizaron un taller muy interesante y completo, con charlas dictadas por Giménez sobre el autor y su obra. También trabajaron ejercicios puros para el actor y ejercicios físicos como gimnasia y esgrima.

En la investigación previa, Giménez realizaba un trabajo de análisis muy profundo. Analizaba todo el libreto, texto por texto, frase por frase, tratando de entender todo su significado. De esta forma, ningún actor se montaba en el escenario sin saber lo que estaba haciendo y por qué.

Los actores debían investigar su personaje, estudiarlo, indagar sobre su contexto, ya que lo que el deseaba era tener a su lado un actor que participara, que fuera capaz de proponer, y de esta forma lograr juntos el personaje. "En La Tempestad de Nueva York, yo le propuse la idea de hacer una Miranda diferente a la que todos conocen, que fuera una especie de India. A Carlos le encantó, la tomó y la enriqueció. Cada ensayo era una aventura nueva". (Natalia Martínez (1993). Entrevista).

Como dijo Daniel López, "Carlos dirigía el alma de los actores". López y Martínez comentaron que Giménez establecía relaciones muy especiales con cada actor, tenía habilidad para conocerlos, los analizaba y sabía como era cada persona, como reaccionaba, y los dirigía dependiendo de la personalidad de cada uno. El indicaba, señalaba, dejando un margen de libertad para la creación del actor.

Carlos Gimènez podía pasar horas dirigiendo a un solo actor en una sola escena, guiándolo hasta que el personaje le aflorara. Al finalizar cada ensayo hacía una reunión con todos los actores, planteaba su visión de ese ensayo y le decía a cada actor lo que le había parecido su trabajo. Lo hacía en público para que todos lo escucharan ya que era una enseñanza para todos. Decía tanto las cosas buenas como las malas. Era un trabajo en equipo pero personalizado. Personalmente, afirmo que Carlos le sacaba a una piedra lo que esa piedra pudiera tener de sensibilidad en su alma, y la hacía aflorar. Además era muy intuitivo, él sabía que tu podías dar más y hasta que no te liberaras totalmente y surgiera lo que había en el fondo de cada uno, no se quedaba tranquilo, lo digo por experiencia propia. Era una sensación mágica, como si te rasgara las vestiduras de la personalidad y dejara a tu ser desnudo, puro, limpio, para que se manifestase. Eso hacía, y para lograrlo a veces, nos decía del mal que íbamos a morir, pero era infalible su táctica. Recuerdo que a Pepe no le salía el papel del Coronel, y se llevó no sé cuantos gritos, improperios y regaños, hasta que sacó ese personaje con el cual se inmortalizó.

Giménez era un director muy apasionado, y esa misma pasión lo llevaba a ser un director integral. Cuidaba todos los detalles de su puesta: desde e l protagonista hasta el personaje de menor peso en la obra, desde el dispositivo escénico hasta el último elemento de la utilería.

Carlos Giménez era un creador de proceso, es decir, a medida que iba creando iba cambiando. Una puesta de escena de Gimènez comenzaba triangular y podría terminar cuadrada, y al paso de los años si esa misma pieza se reponía, podía ser rectangular.

A Giménez le preocupaba mucho el aspecto de la intemporalidad del teatro, ya que éste no es un video ni es una película, más bien, es algo transitorio. Sabemos que cuando termina el espectáculo, esa función no volverá a repetirse nunca más.

Creación y pasión van de la mano.

Como dijo Manuel Malaver, "Querido, odiado, abucheado, aplaudido, alabado, injuriado, rechazado, solicitado, pero nunca ignorado". (2-12-1990. Rajatabla es una familia mafiosa. Feriado, Magazine de el Nacional. Pàg. 10).

Referirse a la labor de Carlos Giménez y no tocar aspectos de su vida personal es inevitable. Muchos lo veían como un tipo dominante, como el característico director déspota, gritón, histérico. "Lo vi tirar patadas, alaridos, era el director que perdía los estribos cuando las cosas no iban saliendo. Él trabajaba con el actor, lo guiaba, le indicaba una, dos, tres veces lo que tenía que hacer, pero ya a la cuarta se arrechaba y empezaba a vociferar". (Rubèn Monasterios. 1993. Entrevista).

Son comunes y bien conocidas por todos las historias del carácter de Giménez, de sus impulsos incontrolados, de las tiradas de máquinas o teléfonos por las ventanas. A Giménez le desesperaba la apatía y la pérdida de tiempo, cosas que lo podían sacar de sus cabales.

Para la dramaturga Ethel Dahbar, Carlos Gimènez fue un hombre que nació para el teatro "igual que se nace para ser orfebre o poeta, y como tal era un creador. Llevaba el teatro en la sangre y en el pensamiento, y se movía y manejaba su vida al son de él. Como todo creador fue un hombre polémico, tuvo críticos furibundos y muchos que lo ensalzaban. Algo que siempre admiré en él, además de su gran capacidad para el trabajo, era verle resurgir al día siguiente de alguna critica demoledora, reuniendo a su grupo y pensando en el nuevo montaje que allí, ya en ese momento, se comenzaba a crear". (1993. Entrevista).

Giménez era un director creativo, un hombre de ideas. Para Isaac Chocrón era muy emocionante ver sus montajes porque estaban llenos de sucesos, de una serie de cosas que pasaban todo el tiempo; era una dirección que asombraba porque estaba llena de ocurrencias. La periodista de el Nacional. Elizabeth Araujo apoya la idea de Chocròn pues a su parecer, este director transformaba el escenario en una tribuna para la reflexión, sin dejar de invitar al publicó a recorrer el difícil camino de la imaginación.

Armando Gotta, director de teatro, define a Carlos Giménez como un creador. "Aparte de sus grandes valores gerenciales, organizativos, de su increíble capacidad de trabajo, lo que lo hacía único era su loca e inacabable posibilidad de crear, hasta de la nada. Utilizando un lugar común, era una maquina de producir ideas. Conversando con él, surgían mil ideas, proyectos, formas de concebir y realizar las cosas" (1993. Entrevista).






A Giménez no se le escapaba un sólo detalle. Era un hombre de teatro integral. La dirección no era su única preocupación, pues además como productor general cuidaba y supervisaba permanentemente todo su equipo. Su creación no sólo fue artística, también fue un creador de estructuras administrativas, gerenciales, promocionales. Alrededor de él giraron numerosas instituciones. Entre ellas está la creación, organización y dirección de las primeras nueve ediciones del Festival Internacional de Teatro de Caracas.

El Festival Internacional de Teatro de Caracas es un evento en el cual trabajan miles de personas con el único objetivo de lograr el disfrute de un publico masivo. "es una retribución al cariño que Venezuela me ha dado a mi". Carlos Gimènez.

Hablar de Carlos sería no terminar de hacer nunca este trabajo, para mí Carlos Giménez es un "Creador de Imposibles" y para las personas que tuvimos el honor y la gran suerte de conocerlo y más aún trabajar con él, con seguridad permanecerá su recuerdo por siempre vivo en nuestra mente y corazón. Te quiero mucho Carlitos...


Miriam Pareja
(1998)
Actriz; ensayista; fundadora y profesora de la "Cátedra Gimeniana" que dicta en la Fundación Rajatabla, Caracas.

Fuente:  Dramateatro





 Links


Libro homenaje, prólogo de José Pulido, 
textos de Carlos Giménez, entrevistas de viviana marcela iriart


Carlos Giménez: Página web




Recordando a Alma Ingianni, por Viviana Marcela Iriart / Prólogo de Dra. Susana D. Castillo, Universidad de California, al libro "Alma por Alma" de Rubén Rega / Fragmento del libro / marzo 2007




 Arnaldo André y Alma Ingianni en la telenovela Rafaela, Caracas.



Alma en Divinas Palabras dirigida por Carlos Giménez, 1976,
su consagración en Venezuela a poco de llegar al país.

Carlos Giménez y Alma Ingianni ensayando La Gaviota,
Sala Anna Julia Rojas, Ateneo de Caracas, 1983.
Foto y fuente: Viviana Marcela Iriart


Alma Ingianni y Alejo Felipe en Medea, Sala de Conciertos, Ateneo de Caracas




Alma Ingianni en su espectáculo "Alma por Alma", Sala Rajatabla, Caracas


Conocí a Alma en los años 80. Ella era una reconocida actriz de teatro y televisión, hermosísima y carismática, y yo una principiante en el mundo del teatro. Nos unió el Río de La Plata, el exilio y el teatro. Ella era, creía yo, sobreviviente de la dictadura uruguaya, y yo de la argentina. Y las sobrevivientes en aquella época, e incluso ahora, nunca hablábamos de los que nos había sucedido.

Pero un día de sol, después de muchos años de amistad, estaba visitándola en su apartamento de Los Palos Grandes y, no sé porqué,  Alma me contó su historia. Lo hizo de un tirón, sin puntos ni comas, ni sorbos de agua ni respiros. Lo hizo como si tuviera un pedazo de carbón ardiendo atravesado en su garganta.

He aquí lo que me contó y perdón si olvidé, o recuerdo erróneamente, algunos detalles.

En 1972 Alma tuvo que exiliarse para salvarse de la dictadura uruguaya y se va a Chile. En 1973 la agarra la dictadura chilena y, después de varios meses de clandestinidad, se exilia en Argentina. Allí consigue trabajo en telenovelas hasta que en 1976 la agarra la dictadura argentina y no metafóricamente: es detenida.

Camino a la comisaría Alma intentó, una y otra vez, convencer a sus captores de que ella no era la persona que ellos creían que era. Ya en la comisaría siguió insistiendo, tanto, que logró que el comisario le diera “audiencia”. La puerta de su despacho se abrió; el comisario, sentado, la miró con sus ojos fríos y le dijo:

- Yo a usted la conozco.

Alma iba a comenzar otra vez con su alegato de la confusión pero él, haciéndole un gesto con la mano para que se sentara, le dijo:

- ¡Usted es la actriz de la telenovela x! ¡Fulanita de tal! (y la nombró por su personaje).

Y para sorpresa de Alma, el comisario muy sonriente comenzó a contarle que él y su familia no se perdían la telenovela (el gran éxito de ese momento) por ningún motivo y que le encantaba su personaje. Como todo mortal, aunque fuera un genocida, él también sentía fascinación por la televisión y allí estaba Alma, su personaje de todos los días, joven, hermosa, frágil, su prisionera.

De repente el comisario se puso serio, suspiró y le dijo:

- Voy a hacerle una propuesta, por los buenos momentos que me hizo pasar su personaje. Usted hoy no estuvo aquí, no fue detenida. Le doy 24 horas para que se vaya del país. Después de ese plazo, si no se pudo ir, yo no voy a poder hacer nada para salvarla.

Alma le agradeció efusivamente y salió corriendo a buscar su maleta, siempre lista, voló al aeropuerto y compró un pasaje para el primer vuelo que saliera del país. Así llegó a Caracas.

Cuando terminó de hablar Alma se puso un poco triste, miró al suelo y cambió radicalmente de tema.

Yo, paralizada de dolor y horror por su relato, la miraba con profunda tristeza, preguntándome cómo, si yo no podía vivir con el dolor de un exilio, ella vivía con el dolor de tres exilios sin que jamás se le notara.

Entonces entendí mejor su carácter, que a veces era explosivo. Pero como una herida no puede curarse con otra herida sino con un médico, muchas veces pasamos largos períodos sin vernos. De hecho, cuando murió, hacía por lo menos 2 o 3 años que no nos veíamos (salvo ocasionales encuentros en el teatro). Es más, yo ni siquiera conocí su apartamento, el que por fin había podido comprarse después de tantas angustias, luchas, sacrificios, junto a su esposo Miguel.




Alma Ingianni, Viviana Marcela Iriart. Gonzalo Velutini (sentado), Noel Llovera y Carolina Leandro.
 Ensayo "A Puerta Cerrada",  Sala de Conciertos, Ateneo de Caracas.







Recordar esto me puso triste, pero no quiero recordar a Alma con tristeza, porque eso no era lo que la caracterizaba. Alma era una diva italiana; una actriz maravillosa, de esas que te ponen los cabellos de punta; una mujer sencilla, hermosa, que siempre llamaba la atención sin proponérselo; una amiga solidaria; un carácter a veces volcánico; una risa que era una cascada. Alma era….. simplemente un alma.




Caracas, marzo 2007
Publicado en el libro
“Alma por Alma  de Rubén Rega
Uruguay 2008







"Teatro de la Ciudad": grupo teatral creado por Alma Ingianni y Gonzalo Velutini


Programa de Mano "Intermedio" del Ateneo de Caracas





Sentada Alma, Ingianni, adelante José Jiménez, detrás Carmen Carmona, Juan Arias, 
Antony, Isabel Hungría, Luis Fernández, Alejo Felipe y Rubén Rega.
Ensayos de Medea, Sala de Conciertos, Ateneo de Caracas. Fuente: C.Carmona



 
Hubo otro montaje con Franklin Virguez e Isabel Hungría en los papeles de Jasón e Nordriza.


 Alma Ingianni y Franklin Virguez

 Alma Ingianni y Luis Fernández

Luis Fernández e Isabel Hungría

Fuente programa y fotos de Medea: Carmen Carmona






Alma por Alma

biografía de la actriz 
Alma Ingianni




Prólogo
Susana D. CastilloSan Diego State University, San Diego, California


Con creciente interés he repasado el texto de “ALMA POR ALMA”. Sus páginas, enhebradas prolija y tiernamente por el director Rubén Rega, forman un valioso documento que proyecta la destellante trayectoria de Alma Ingianni, apasionada y controvertida actriz uruguaya que impactó (en escena y fuera de ella) a todo quien la conoció.

El acierto del texto, amén del valor intrínseco del estudio, es la multiplicidad de enfoques sobre el tema central y la orquestación armoniosa de los mismos en un afán de plasmar - en la memoria del tiempo- la incandescente figura de la Ingianni desde variados ángulos. Así, Rega nos lleva de la mano para darnos un esbozo biográfico de tono intimista que predominará en gran parte de la narración y que dará unificación al texto en su totalidad. Hay, por ejemplo, momentos candorosos como los referentes a los inicios de la actriz y más adelante, instantes fugaces de viajes - capturados al vuelo - y vívidas memorias - gestos, ademanes, actos espontáneos, registrados como por una lente fotográfica - durante sus giras internacionales y sus presentaciones en escenarios lejanos. Esa voz va cobrando vigor a medida que la Ingianni, exiliada no sólo de la dictadura militar de su país natal sino también de la de Chile y Argentina, llega en la década de los setenta a Venezuela por azar, según anota la dramaturga Viviana Iriart en una sorprendente anécdota aquí incluida. Fue el “fatum” de Alma no sólo llegar a Venezuela sino involucrarse directamente en una institución cultural del renombre del Ateneo de Caracas. Y no le será fácil incursionar en ese medio. Será un volver a empezar... Pero su garra, su extraño magnetismo, su disciplina y su tenacidad, demostrados en uno y otro programa televisivo o proyecto teatral caraqueño empezarán a abrirle las puertas del éxito. Su repertorio, por eso, llegará a ser variado y exquisito. Sin embargo, según la opinión de la misma actriz y la de la crítica más exigente, la apoteosis de su habilidad interpretativa se pondrá de relieve cuando surge el binomio Rega-Ingianni. El autor es muy discreto sobre este punto por ser un creador muy pudoroso, pero hay suficiente documentación que atesta a esta aseveración nuestra. “CASTA DIVA”, de Ethel Dahbar y “ALMA POR ALMA” de la misma Ingianni/Rega (1984), incluidas en la presente edición, fueron dos espectáculos unipersonales aclamados sin reserva por la crítica. “Un regalo del Arte” les llamaron. “Impecable y sugestiva mise en scène,” dijo al unísono la crítica. Más específicamente, el dramaturgo y psicólogo Johnny Gavloski resumiría este logro en una frase: “Alma por Alma fue la obra que definió su carrera. Quizá su vida.” En realidad, el libro capta ese insólito proceso de dos seres al encontrarse, descubrirse y reconocerse a través de una sensibilidad estética afín. Tal parecía que esta actriz, de dilatada trayectoria, hubiese descubierto nuevas dimensiones en sus conflictivos personajes bajo la sensibilidad exquisita de Rega. Así lo declaraba ella en repetidas entrevistas. “Reconozco que soy fuerte de carácter, pero Rega ha logrado manejarme como quiere, insinuándome cosas que él supo desde el principio y que yo descubro ahora.” Por su parte, Rega empezó su experiencia como director teatral al asumir la dirección de “CASTA DIVA” para lo cual consideró necesario dimitir sus funciones administrativas en el Círculo de Críticos teatrales de Venezuela, CRITVEN. Un sincronismo creativo fortuito que dejaría profundas huellas en ambos artistas y que se proliferó en proyectos que ambos planearon en complicidad a través de los años y la distancia.  

El tono intimista del narrador de “ALMA POR ALMA” se diluye un tanto para dar paso a otras voces: la de los amigos y compañeros que evocan instantes compartidos con la Ingianni. Aún más, y esto sí que es crucial, leeremos las declaraciones de la misma Diva en una breve sección dedicada a sus desenfadadas e insólitas declaraciones a la prensa.

El texto adquiere un tono evaluativo cuando el autor cede la palabra a la Crítica. Para ello presentará una variada selección de reseñas organizadas cronológicamente. Interesante polifonía ésta en la que se escuchan estruendosos aplausos, alabanzas y una que otra nota discordante. La llamaron Diva, acercándola inconscientemente al sentido etimológico de perfección y divinidad que conlleva el término, para referirse a ese especie de encantamiento o hechizo que parecía emanar de sus creaciones. Y la llamaron también diva, con «d» minúscula, cuando presenciaron sus exabruptos y sus protestas hacia todo lo que ella consideraba injusticia. Nada de esto es incongruente. Por el contrario. Nos parece un acierto tener todo este material crítico así organizado. La personalidad misma de la Ingianni fue compleja y conflictiva, un rasgo que se reveló desde que se inició en su país natal donde llevaba un estilo de vida que fascinaba y extrañaba a la vez. Por eso, al leer los comentarios de su carrera, ahora que el círculo se ha cerrado, nos queda la polifacética imagen de una libérrima Alma: genuina, espontánea, fuerte, audaz, bella, ingeniosa, franca, enigmática, desenfadada, temperamental. Su manera frontal y directa de abocar las situaciones, su tono fuerte y contundente al resolver la vida sonaba tal vez a prepotencia. Pero de allí salían también «sus queridas otras,” las reencarnaciones que tanta fascinación y arrobamiento causaron en los escenarios del mundo por varias décadas. Alma, la que no tuvo formación teatral, se daba -visceral e intuitivamente- en toda su intensa desnudez en cada uno de sus roles. Es de especular que su sensibilidad era tal que podía comunicar una carga electrizante de auténtica emotividad a una muchedumbre. Intuitiva, sagaz, Alma podía salir y entrar de sus personajes, extasiando a su público y desconcertándolo a la vez, al dejarle al descubierto quizá resquicios del mundo interior que éste ignoraba 

Para concluir, es indispensable recordar que el hecho teatral está dado dentro de un contexto específico. Y de ahí que este homenaje a la Ingianni esté enmarcado apropiadamente por un esquemático recuento de los procesos sociales. Los precisos análisis de Rubén Rega junto a la lúcida visión de la crítica Sonia Murillo-Martin dan buena cuenta de la situación política de América del Sur durante las últimas tres décadas del siglo XX y en especial, de los regímenes militares en los países del Cono Sur con el consiguiente exilio masivo. Asimismo, Rega menciona -con toques impresionistas-  el estado de alucinación que presentaba la sociedad febril de Venezuela, generoso país receptor de la diáspora sureña. Nuestros fuertes y antiguos vínculos afectivos con el anchuroso país de Venezuela nos convierte en un testigo poco parcial para comentar esta compleja etapa de dolorosas y conflictivas situaciones surgida a raíz de la llegada de la diáspora del Sur. Sólo es digno recordar que la condición alienante del venezolano de ese entonces tenía raíces muy profundas que podrían trazarse a sus circunstancias históricas mismas, acentuadas - eso es obvio- por la fortuita aparición del petróleo en 1914 en las riberas del lago Maracaibo que se abriera, como bien ha señalado Arturo Uslar Pietri, “inmenso en el aire como una palmera de azabache... como una inmensa rúbrica de tinta que firmara sobre el cielo un decreto de revolución.” El surgimiento vertiginoso de la industria petrolera violentó el proceso transformacional de la sociedad venezolana. Y esa falta de transición o proceso evolutivo es lo que más asombraba a cuanto exiliado llegaba, en la etapa mencionada, a esta pródiga y anchurosa tierra. Las secuelas emocionales del exilio, el proceso de adaptación, fueron también vivencias de Alma Ingianni. “Todo ha sido posible porque logré integrarme a Venezuela. Amo y respeto a este País como a mi misma patria. Son tantas las cosas que uno tiene que pasar para adaptarse, satisfacciones y sufrimientos y una inmensa alegría por haber superado el costo de la adaptación. Pienso que pronto seremos una Sudamérica integrada....” Tal vez el sueño de Alma tardará en realizarse pero la amplia generosidad de Venezuela se comprueba con cada extranjero que decide quedarse a pesar de que los obstáculos de retorno a otros lares hayan desaparecido. Alma Ingianni murió en la ciudad de Caracas una mañana de abril del 2004 dejándonos con ello más desprotegidos ante nuestra orfandad existencial.


San Diego State University, San Diego, California




FRAGMENTO DE "ALMA POR ALMA"




Dejadme entrar!    



                   “¡Dejadme entrar! ¡Dejadme entrar! ¡Dejadme entrar!!!”
                   “que bien puedo en concejo  de los hombres,”
                   “que bien puede una mujer, sino dar gritos, dar voces?”
                   “Vosotros sois hombres nobles? Vosotros padres y”
                   “deudos, que no se os rompen las entrañas de verme “
                   “tantos dolores?”
                   “Ovejas sois, bien lo dice de Fuenteovejuna el nombre!”
                   “Gallinas, hilanderas, amanerados,  cobardes!”
                   “Mujeres de la villa!!! ….Acudid todas para que se cobre,”
                   “Vuestra honra!!!….Acudid todas….” 


“(La actriz cae al suelo)….ay que alivio!…no, no me lastimé. (Pausa. Mira al público) Hola, que tal,….no, no estoy loca, soy actriz, bueno más o menos, cuando una está en esta profesión, es que   estoy ensayando una parte del monólogo de Laurencia, de la obra Fuenteovejuna del dramaturgo español Lope de Vega….(pausa pequeña, se para, mira a todo el público)…No me conocen? pero qué han estado haciendo todos estos últimos años?, porque yo he andado por todas partes, yo o mis personajes, o mis otras, a mí me gusta llamarlas mis queridas otras… Me llamo Alma Ingianni, con doble ene…”

                                                           “Alma por Alma” de Alma Ingianni / R. Rega
.


Así, irrumpía Alma, en el despojado escenario de cualquier teatro o espacio, para hacer su monólogo “Alma por Alma”, e  inmediatamente caía esa temida cuarta pared y se comunicaba con los espectadores, como si estuviera charlando con sus amigos, produciéndose  esa mágica simbiosis teatral. Era una actriz, como le gustaba llamarse. pero además de su intenso talento histriónico, poseía una belleza física que destacaba su presencia.  En el escenario, no pasaba jamás inadvertida, era un imán  y tenía el poder de transformarse en su personaje sacando de su interior sus “queridas otras”, que bajaban cuando ella las invocaba, ante ese rito cultural mágico y teatral, que solo poseen las Primeras Actrices. Movía sus brazos y sus manos instintivamente, denotando una precisa estética corporal que en momentos y de acuerdo a sus personajes parecían aladas como en “Casta Diva”, garras poderosas, fuertes, letales en “Medea”, dulces y tiernas interpretando a la “Tía Luisa” en “La muerte de García Lorca”, precisas y teatrales en su  diva rusa, “Irina Arkadina” de “La Gaviota”, delicadas, finas, ejecutivas en la “Sra. Croft” de “El asesinato de la Enfermera George”, rebeldes, jóvenes y enérgicas en su “Casandra” de “Las Troyanas”, suaves y pasionales en “Picnic”, perturbadas, nerviosas en la “Catherine” de “De Repente en el Verano”, viejas , gastadas y de pronto jóvenes como “Madeleine” en “Savannah Bay”, prohibidas y tormentosas en “A puerta cerrada” y totalmente diferentes en sus otras interpretaciones o debiéramos decir “reencarnaciones”.   Sus actuaciones siempre fueron muy destacadas tanto en Venezuela, el extranjero y en su lejano Montevideo.


Montevideo que lindo te veo...


Alma no había estudiado arte dramático en ninguna escuela, tampoco había tomado clases con ninguna actriz. Su talento para la interpretación era innato, al igual que su belleza. De su niñez, solamente sabemos que completó Primaria y Secundaria y un curso de secretaria. No hemos encontrado en la investigación,  personas que nos informaran al respecto.  Eso sí, desde joven, decía,  le gustaba recitar y recuerdo que me contó que estudió declamación con una profesora amiga, allá en Montevideo.  Trabajaba como secretaria en ANDA, Asociación Nacional de Afiliados, una Sociedad Privada, con varios servicios de ayuda a sus miembros. Ya, en esa temprana edad, presentía que algo aleteaba fuertemente dentro suyo. Sin duda debía ser ese Ave de Fuego que signa a los grandes artistas y que luchaba por nacer.   

El prodigioso parto, surgió cuando acudió, alguien la invitó, a la Sala de Teatro del Grupo “La Máscara” para ver por primera vez una obra de teatro A puerta cerrada” de Jean Paul Sartre, interpretada por una de las más grandes actrices de Uruguay  tocada por ese hálito de pasión: Nelly Weissel.  “Fue tal el impacto de escuchar y ver actuar aquél “monstruo sagrado”, que decidí, ese mismo día que quería ser actriz” me dijo, “no podía apartar mis ojos de Nelly, estaba como hipnotizada por su impecable actuación, y recuerdo que aplaudí hasta que las manos me quedaron coloradas”. Declaraba también que estaba casada y con su esposo formaban la pareja 10, ella misma lo incluye en una parte del monólogo “Alma por Alma”, luego se separaron. 

Y al poco tiempo, el director Atilio Acosta, director del antes mencionado grupo, ya vinculado con Alma e impactado por sus naturales condiciones artísticas, le ofreció un papel protagónico en la obra de Noel Coward “Los ángeles caídos” y debutó con los más grandes auspicios. Fue el “boom” de la temporada teatral, la prensa especializada, destacó su presencia y dominio escénico, amén de su belleza.  Una “estrella” había nacido en ese país pequeño del Cono Sur, -ya con el sino de Diva-. Siempre fue una mujer atractiva, de fuerte carácter y personalidad, y con rasgos muy destacados: dos expresivos y grandes ojos negros, mirada profunda, intensidad en el lenguaje, y una enigmática sonrisa. 

Con el grupo “La Máscara” bajo la dirección de Atilio Acosta, continuaron otros importantes títulos, con actuaciones como “Las de Caín” de J. Álvarez Quinteros, en 1961, “Programa Salinas” de Salinas, “Tres sombreros de copa” de Mihura, “La oscuridad en lo alto de la escalera” de W. Inge.  En 1962 “Los invisibles” de La Ferrere“La fuente del arcángel” de P. Salinas,  “Picnic” de W. Inge “De repente en el verano” de T.Williams.  En 1963, “Los cuatro perros” de  J.C.Legido, “El asesino sin sueldo” de E. Ionesco,  y “La lección” de Ionesco dirigida en estas dos oportunidades por Sergio Otermin, quien se convertiría en su gran amigo.  En ese mismo año también la dirige Bernardo Galli en “La idiota” de Marcel Achard.  En 1966 la dirige nuevamente J.A. Acosta en “Así que pasen 5 años” de F.García Lorca, y “La Malquerida” de J. Benavente.  En 1967 hace “El Embrujado” de Valle Inclán, dirigida por Roberto Fontana y la “La cabeza del bautista”. En 1968, Sergio Otermin, la llama para hacer  “Las troyanas” de Eurípides versionada por él mismo y  en 1970 “El amor castigado” de J. Anouilh. “Espíritu burlón” de N. Coward, “Divinas palabras” de Valle Inclán, “Sueño de una noche de Verano” de W. Shakespeare. El director Alberto Restuccia la dirige en “Guay Uruguay de M. Schinca y “En Familia” de F.Sanchez en l973. Y en ese mismo año, la dirige Laura Escalante en “No hay que jugar con fuego” de Strindberg, “Un largo adiós” de T. Williams“La más fuerte” de Strindberg.


La prensa opinó: 


Sobre la comedia de M. Achard. “La idiota”
 “…cabe agregar a los mejores momentos de la obra, la estupenda irrupción de Alma Ingianni en el segundo acto, inmejorable…”  J.C.Cravea/25/6/65
                                                                                                            



Sobre “Oscuridad en lo alto de la escalera” de W. Inge.

“…en el montaje se destacó totalmente, la fina sensibilidad en la actuación de Alma Ingianni…”      Diario “El Sol”/s.f./s.f. 

                                                                                                     

Artículo sobre varias de sus actuaciones


“La joven actriz Alma Ingianni, viene actuando con singular éxito en dos obras simultáneamente. Interviene en la primera parte de “Asesino sin sueldo” de Ionesco en el Teatro La Máscara y en los dos últimos actos de “La Idiota” de Achard en el Teatro Odeón.  La temperamental actriz que también trabajó en la televisión uruguaya, logró el gran espaldarazo cuando se le confió el principal papel en la obra “Pic Nic”.  Volvió a destacarse al interpretar a la protagonista de “De repente en el verano” de T. Williams. Desde entonces sus actuaciones y éxitos se han venido acrecentando en su meteórica carrera artística.”   El DIA/s.f./s.f

                                                                                                          

Artículo sobre “El Embrujado”

Un artículo con foto de Alma y Atilio Acosta, en una escena de “El Embrujado” de Valle Inclán, dirigida por Roberto Fontana en la sala del Ateneo Popular, anuncia “La obra y Alma Ingianni, constituye uno de los platos fuertes de la cartelera teatral montevideana." El País/s.f/s.f.
                                                                                                                 

Así opinaron sobre “Las Troyanas” de Eurípides


“Alma Ingianni, locura en dos planos” “Las Troyanas”de Eurípides en el Odeón más que un noble esfuerzo…Una Casandra (Ingianni) de evidentes dotes naturales, transmuta los aspectos visionarios, litúrgicos de su desvarío y sale satisfactoria y brillante en el conjunto, irradiando una luz propia...”  M.R.M
                                                                                                                             .

Sobre “De repente en el Verano” de T. Williams

“De repente en el Verano” T. Williams en La Máscara…en cuanto a Alma Ingianni que ya nos había dejado una impresión grata y favorable en “Pic Nic”, superó la misma, con gran soltura, expresión, gesto oportuno, y excelente voz, es sin duda una estrella nata…” Manlio Vitale d’Amico/”El Plata”/24/4/64
                                                                          



Un viejo programa del teatro “La Máscara”, de setiembre/octubre del año 1961 con la foto de Alma en la portada, junto a otras actrices anuncia “Las de Cain”, comedia en tres actos de S. y J. Álvarez Quintero, dirigido por Atilio Costa, con un extenso elenco que incluía a Hugo Frasca, Claudio Goeckler, Ana Ma. Casó, Susana Castro, Norberto Guerra, Yuki Valdes, entre otros. 

Otro viejo programa del Teatro del Centro, del año 1970, anunciaba a la Cia. Martínez Mieres, Margara Willat, en su Temporada 1970, “El amor castigado” de Jean Anouilh, dirigido por Sergio Otermin, el glamoroso vestuario de Guma Zorrilla y la actuación de Alma Ingianni junto a los cabeza de compañía, y con Villanueva Cosse, Roberto Jones y Adriana Lagomarsino, quienes brillaron en la cartelera montevideana de ese año.

La mayoría de los directores querían trabajar con ella y era  un hecho poco frecuente en el teatro independiente de los años 65', en el que Alma tuvo que actuar simultáneamente en dos obras, “La idiota” y “El asesino a sueldo”, en una ciudad donde su población acudía masivamente a ver las obras de teatro que ofrecía la engrosada cartelera teatral con la Comedia Nacional y el auge del Teatro Independiente donde se la veía correr de un teatro al otro, y se convirtió en un clásico ver pasar aquella hermosa actriz, veloz por la transitada Avenida l8 de Julio. Esa Avenida, era la principal de la pequeña ciudad de Montevideo que poseía el encanto y el bullicio cultural, con sus misteriosos cafés como el “Sorocabana” ubicado en una de las esquinas de la Plaza Cagancha, hoy Plaza Libertad concurrido por intelectuales y público en general; los cines enormes como el “Censa”, el “Trocadero”, el “18 de Julio”, el “Ariel”, el “Rex” y los adyacentes “Ambassador”, “Metro” todos anunciando la era del Cinemascope; el famoso y tristemente derrumbado Café Tupí Nambá, frente al Teatro Solís, que era el escenario de la vida bohemia, encuentros de espectadores y noctámbulos que acudían antes y después de las funciones de teatro o cines, lugar donde las discusiones continuaban hasta altas horas de la mañana, y hasta agresiones entre algún cónyuge de una actriz quien le lanzó un café a un crítico de teatro conocido por sus punzantes comentarios, que había despreciado la actuación de la primera actriz en su reseña.  Resonaban aún los ecos de los triunfos futbolísticos obtenidos por Uruguay en dos lejanos Campeonatos Mundiales y los fanáticos acudían a los clásicos partidos entre los equipos de “Peñarol” y “Nacional” en el Estadio Centenario;  los Desfiles de Carnaval por la Av. 18 de Julio, totalmente iluminada con miles de lámparas de colores que resaltaban el paso de  las multicolores carrozas alegóricas con movimientos mecánicos y manuales. Murgas, comparsas de negros y lubolos, humoristas, gigantes y cabezudos, desfilaban  envueltos en una nube de volátiles serpentinas, papelitos, y el penetrante aroma de los pomos lanza perfumes.

Los bailes en el Teatro Solís con Xavier Cugat y su Orquesta, y otras invitadas, eran un clásico imperdible; las ya famosas “llamadas” de la raza negra que partían del Conventillo del Viejo Mundo, también derrumbado,  con sus comparsas que iban llamando a las otras con un contagiante repique de tambores y al ritmo de sus febriles toques, bailaban y brillaban, envueltas en grandes tocados de plumas y ya en esos años con minúsculos bikinis, las vedettes Marta Gularte y Rosa Luna entre otras, con los fanáticos de cada comparsa, danzando tras de ellos; los corsos de barrios con divertidos juegos de agua y escenográficos tablados, montados en las diversas esquinas con creativos diseños  y realizaciones espectaculares que congregaban cientos de personas en cada barriada, incluso eran premiadas las tres mejores; los Cines de barrio con sus matinés, vermouth y noche, con una duración de casi 8 horas donde uno acudía en grupo con sándwichs y café con leche, los divertidos corsos de agua, que no eran tan divertidos para  los transeúntes que pasaban por esas calles, sin saber que les caería encima  un chorro de agua, más tarde se reglamentaron.

Los grandes espectáculos teatrales  que venían del llamado “Primer Mundo” como el TNP de Francia con María Casares, The Old Vic, de Londres con Vivian Leigh, la inolvidable “Scarlet” del film “Lo que el viento se llevó”, el Piccolo Teatro de Milano, dirigido por el joven Giorgio Strheler, el Theatre Guild, de Estados Unidos, con Helen Hayes, June Havoc, Leif Erickson y Roy Scheider que posteriormente se hizo famoso con los filmes “Tiburón” y “All that Jazz”.  En fin, la “Dolce vita” de Fellini en pleno,  que hacía de Montevideo,  casi, “el sueño de una ciudad cosmopolita”. Pocos años después comenzaría el oscurantismo, en la pequeña tacita de plata, en el paisito de M. Benedetti, allá, oprimido geográficamente por los gigantes limítrofes, Brasil y Argentina, en un rinconcito del Cono Sur.

En un país tan pequeño, donde todo se centraba en su capital y Punta del Este,  que ya iba adquiriendo un prestigio internacional, por sus hermosas playas de blanquísimas y finas arenas y sus famosos Festivales de cine con la presencia de destacadas estrellas de cine mundial como Silvana Pampanini, Gerard Phillipe, etc..

Alma logró volverse mediática. Se hablaba de ella, de su impactante presencia, de su gestalt, de sus silencios poblados de palabras, era admirada y asidua a una hermosa playa de moda playa Honda” de la costa montevideana, donde acudía con su esposo y un grupo de amigos entre ellos su infaltable y querido Otermin y el actor Roberto Fontana.  Recuerdo que muchos años después, por la década de los finales del 72'  en Caracas, donde la conocí personalmente, le pregunté en una entrevista “por qué, cuando vivía en Montevideo, se la veía tan lejana, casi antipática, era  debido, quizá por el éxito que estaba teniendo?”.  Abrió desmesuradamente sus grandes ojos y me respondió  “Fíjate tú, que no era antipática, era tímida, y ante aquella avalancha de buenas críticas y halagos, que te cuento los creí en un cincuenta por ciento, pues  lo que a mí me interesaba, era superarme cada día, todo era un reto a enfrentar. En fin, era el comienzo de una carrera, por la cual abandoné casi todo”.

Pero volvamos al Montevideo de los 70', ya en los inicios de su convulsión social, ante una política que no miraba hacia los necesitados y donde las fuerzas conjuntas militares, ya se preparaban para tomar el Gobierno que culmina con el Golpe de Estado y la Dictadura Militar... que se instaló en el país, disolviendo las Cámaras el 27 de Junio de l973 hasta que los uruguayos dijeron “basta” en el año 1985…por otra parte habían aparecido los polémicos Tupamaros, movimiento guerrillero que luchaban clandestinamente por los derechos humanos y la reinstauración de la Democracia. La gente veía menguar sus salarios, y la libertad de expresión y el derecho de reunirse o congregarse en grupos cada día  iba haciéndose más complicado.  Comenzó el segundo “Éxodo” del pueblo oriental, muchos emigraban hacia otros países en busca de oportunidades de trabajo y libertad, bajo la mirada indolente de presidentes  como Bordaberry, quien actualmente está siendo cuestionado por el nuevo Gobierno de izquierda, elegido democráticamente por el pueblo uruguayo en el año 2004, con la Presidencia del Dr. Tabaré Vázquez.

Ante una invitación del Dr. Carlos González Naranjo, Embajador de ALALC  -actualmente ALADI- de visitar su país Venezuela, luego de una estadía de casi dos años en Toronto, Canadá, me fui a Caracas donde viví por muchos años, quizás los más felices de mi vida en ese generoso, grande y bello país, habitado por una gente expresiva  y amistosa que me hicieron sentir como otro venezolano más.

Mientras tanto, me llegaban los ecos de Alma, quien paralelamente al teatro independiente,  comenzó a hacer televisión en programas unitarios llevada de la mano de Otermin y en el programa “Primer Plano” la dirige en: “Un largo adiós” y “De repente en el verano” de T .Williams, donde vuelve a interpretar una magistral “Catherine” según la prensa televisiva, y siguieron otros personajes en obras como “La señorita Julia”, que más tarde interpretará nuevamente en Caracas, “La más fuerte” de Strindberg, “La cabeza del Bautista” de Valle Inclán, “Sueño de una noche de verano” de W. Shakespeare.

Una mujer progresista, humana ante el sufrimiento de la gente, rebelde ante la Dictadura Militar, que ya habían tomado el Poder en “su paisito”, como ella lo llamaba también, luchó contra esa fuerza aterradora participando activamente y junto con el director y amigo Restuccia, participantes del Partido Frente Amplio, hacían labor social llevando sus obras a las fábricas y frigoríficos. Casi impotente ante el dolor, los amigos desaparecidos y la muerte en forma de “desaparecidos” que rondaba entre los ciudadanos progresistas, toma la decisión más tarde, ante la persecución de los militares, con su poderío amenazador, contra quienes discrepa abiertamente decide abandonar, huir de Uruguay hacia  Buenos Aires, Argentina, cuando le  fue informada que estaba en la lista negra de la Dictadura.  En Argentina de inmediato incursiona en el teatro y la televisión, Canal 9, compartiendo cartel con figuras importantes como Rodolfo Bebán con quien ya había compartido cartel en la puesta al aire de un programa llamado “Torneo de Otoño”, los lunes en el Canal 4 de Montevideo, donde un artículo del Diario “El País” destacaba “sin alardes ni poses Alma Ingianni demuestra que  es una muy buena animadora y estupenda comediante”. Luego con Arnaldo André, el eterno galán, donde nace una sincera amistad que luego volverá a renacer en Caracas, entre otros primeros actores y actrices del ambiente artístico argentino, con apariciones especiales en episodios de “Alta Comedia” una serie televisiva de gran calidad y exitoso rating.

Pero el destino, en forma de Empresario, capta su talento, y le ofrece un importante contrato para trabajar en la Televisión Chilena donde estelariza y comparte telenovelas con Walter Kliche, otro actor uruguayo que vivía en Santiago. Comienzan los proyectos teatrales con la Cia. Kanda Jaque presentando la obra “Espíritu Burlón” de Noel Coward, acompañada por Núbel Espino, Eliana Simpson, Armando Fenoglio, Martha Euneus y Julia Pou. Otra vez feliz de poder trabajar en lo que la apasionaba, comienza a escucharse su nombre, le hacen entrevistas, triunfa, la miman y se siente muy cómoda, cercana siempre de su sufrido país, pero, sucede lo nefasto, lo impensable, tras el golpe militar al Presidente Salvador Allende, electo democráticamente por el pueblo chileno, liderado por el tristemente famoso General Augusto Pinochet y apoyado por potencias como los Estados Unidos con la ya instaurada “Operación Cóndor”, masacran al democrático y progresista gobierno de Allende… Alma, devastada ante el horror, protesta abiertamente desconforme con lo ocurrido, que le recordaba lo que pasaba en su Uruguay, se siente perseguida, hace otra vez sus maletas y viaja hacia Buenos Aires nuevamente a rehacer sus contactos artísticos, comienza a trabajar y la Dictadura instalada en ese país la detiene, pero su cartel profesional la salva. El Comisario la reconoce por su participación en la Telenovela en que trabajaba y le da 24 horas para irse del País. Ligera de equipaje, compra un boleto de avión de ida a un  promisor destino, un país en pleno proceso democrático: Venezuela.


La  Tierra  Prometida  

En la bella Caracas, llamada “la sucursal del Cielo”, custodiada por su gigante verde y multicolor Avila, año 1974, Alma descubrió la exuberante naturaleza geográfica del Valle de la Eterna Primavera, como un Boticelli tropical, bordeada de un realismo mágico y encantada por lo que vio se quedó. Me contó, tomándonos un “marroncito” (café con poca leche) en el concurrido “Gran Café” de la Avenida más transitada, Sabana Grande: 

“Comencé a luchar de nuevo, de abajo, aquí nadie me conocía y  empecé a buscar trabajo.  El primero fue, en el Ateneo de Caracas no como actriz, sino como secretaria, con el Profesor Porte Acero, un gran hombre luchador infatigable y ateneista a muerte. Aquí conocí a una gran mujer, la señora María Teresa Otero, Presidenta del Ateneo de Caracas, cuando se separó de su esposo volvió a ser conocida como María Teresa Castillo,  a Miguel Otero Silva, el gran poeta y escritor, director y dueño del Periódico “El Nacional”  y más tarde a Carlos Giménez, director famoso y polémico creador, con un grupo de jóvenes del grupo “Rajatabla”,  pero esa es otra historia”  me respondió con su inefable sonrisa.

Rubén Rega
Uruguay, Abril 2008

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